MEMORIAS DE GETXO

martes, 28 de mayo de 2013

NAUFRAGIOS A LO LARGO DE LA HISTORIA EN GETXO - I -


A lo largo de su historia la barra del Abra y Getxo han sido espectadores involuntarios de grandes naufragios, muchos de ellos se saldaron con las vidas de los infelices tripulantes. Me he permitido la licencia de utilizar una foto ilustrativa de la fogosidad de aquellas mares de mi buen amigo Ruben de las Hayas del Bolg el "Mareometro" de Portugalete, que espero me disculpe (Ver foto inferior).


Entre 1841 y 1878 se llegaron a detectar, en las crónicas de prensa, un total de 48 naufragios o accidentes marítimos, provocados por un lado por la fuerza de la mar, oleajes y marejadas de un Abra natural, sin sus actuales protecciones, por los bancos arenosos y zonas rocosas, y por la tristemente, aunque bella, “Barra de Portugalete” (ver foto inferior), situada justo a la entrada de la bocana de la ría, que conducia hacia el interior, movible e inestable; aunque no fuera el unico sitio donde numerosas naos embarrancaron, perdiendose vidas y mercancias.


Tal era la peligrosidad de aquellas mares que ya a principios del siglo XVII, se dieron instrucciones, para que los buques que entraban en la barra de Portugalete, echasen la piedra y lastre que traían hacia la parte de Getxo y Leioa, con el fin de que los muelles existentes por aquella parte no se perdiesen sin remedio.

No seria hasta el 10 de Enero de 1898 cuando se pondria la primera piedra de las obras para la construcción del Puerto Exterior de Bilbao, con los contramuelles de Arriluze (Punta Begoña) y Santurtzi.


Fruto de aquellas dificiles circunstancias para la navegación la prensa de la época recogia algunos de aquellos naufragios, hechos que casi ponian los pelos de punta, por su viva descripción.

En el periodico madrileño del Partido Liberal “La Época” del Lunes 2 de Enero de 1849, nos hablaba de uno de aquellos desgraciados accidentes, asi se referia en su pagina Nº 3 a aquel suceso “... acabamos de saber por el telégrafo el desastre marítimo que ha ocurrido en este momento en los arenales de Guecho. Un bergantín inglés en lastre arrollado por las durísimas ráfagas del Nordeste que soplan con violencia todo el dia de hoy, ha sido echado a la costa, sin que sepamos si se ha salvado la tripulación. Este buque parece que se hallaba de arribada en Castro y habia ido ido a cargar trigo en Limpias, pero asaltado por la dura galerna que reina en este instante, no ha podido maniobrar empujado por el viento. El buque se halla en muy mala situación, y quedará probablemente en breve hecho pedazos. El vicecónsul inglés y el capitan de puerto parten en este instante para el lugar del desastre. Todas las lanchas de Porlugalete han salido a darle auxilio...”.


No quedaban hay los naufragios en aquel aciago Siglo, el 5 de Diciembre de 1854, el tambien diario madrileño “Clamor Publico”, curiosamente propiedad del mismo partido que el del anterior naufragio, nos relataba un nuevo suceso, esta vez se trataba de la Goleta Catalana “Emilia”, y en sus paginas nos lo describia con gran profusión tipografica y belleza narrativa de la siguiente manera “...la mañana del 17 de Noviembre después de una noche tempestuosa, fué arrojada á la playa de Guecho la goleta catalana nombrada Emilia que procedente de la Coruña se dirigía á Santander, cuyo puerto no pudo tornar impelida por el recio temporal que la condujó á embarrancar en la Mogijonera, punto el mas peligroso de la citada playa.

Envuelto el buque en espantosas mares se veía perdido írremisiblem'inte, pero no era esto lo peor; el pueblo entero apiñado en el muelle contemplaba con dolor a diez hombres que con suplicantes manos imploraban un auxilio que las circunstancias hacian casi imposible poderles prestar. ¡Momento solemne estar viendo diez hombres alli tan próximos, cuyas vidas iban á concluir asi que una ola deshiciese el buque ya resentido!.

Tres lanchas estaban dispuestas para aprovechar el primer momento en que la mar mas aquietada permitiese abordar el buque; pero lejos de esto cada vez rugía y se embravecía mas como impaciente por sumergir aquellas victimas.

El peligro crecía, apenas restaban ya algunos minutos, D. Manuel Fuegos, patrón de la falúa del resguardo, dirigió al cielo una mirada de desesperación, él que en distintas ocasiones ha prestado grandes servicios á náufragos en casos iguales, tenia que cruzar por las amarguras del momento en que veía perecer á aquellos desgraciados cuyas vidas no podría salvar.

Presenciando el espectáculo el señor oficial de carabineros D. Agapíto Hernández, le pegunta: ¿dejaremos á esos hombres morir? —Señor, contesta aquel; el querer salvados es caminar á una muerte segura.

Entonces vimos con asombro á dicho señor Hernández pasar á bordo, y cogiendo un remo cual simple tripulante decir: vamos alIa, Al oír Fuegos esta voz, lleno de abnegación como siempre, endereza la proa al buque. Vano esfuerzo: la lancha tuvo que retroceder envuelta por una ola que á poco la sumerge. Sin arredrarse por esto vuelve á acometer de nuevo y de nuevo otra vez la repele; mas á la tercera tentativa, después de inauditos esfuerzos, se acercan al buque.

Seis náufragos pasaron á la lancha, cuando una ola embravecida la separa de aquel y la arroja medio anegada a la playa, arrebatando al mismo tiempo al mencionado oficial que, embuelto en ella, puede á duras penas salir a tierra.

El triunfo no se habia conseguido sino a medias, pues faltaban cuatro hombres que la lancha sumergida no podia ya salvar. Entonces a la voz del piloto mayor de barra y señor alcalde de esta villa, cuya actividad y celo son dignos de todo elogio, acude Braulio Carranza, bizarro patrón de una lancha de eesta cofradía, y con su inteligente disposición salva la vida de estos infelices, esponiendo la suya, puesto que el peligro no habia decrecido, y tan á tiempo que á los pocos momentos quedó completamente sumergido y despedazado el buque...”

Aquel diario dedicaba encendidas alabanzas a aquellos heroicos salvadores entre exclamaciones de “...¡Loor eterno y merecida gratitud a los que con noble desínteres atraviesan inminentes peligros esponiendo sus vidas por salvar las de sus semejantes!...”.


Habia un viejo poema que me ha hecho recordar aquellos duros días de navegación:

...Si las nubes van corriendo,
Las lanchas vienen orzadas
Y no pueden coger puerto.
El viento sopla furioso,
La galerna va a estallar,
Sálvelos, Virgen del Carmen,
No les
dejes naufragar...”.


En proximas entradas seguire con aquellas noticias que merced aquellos naufragios, hablaban de hechos acaecidos en nuestro Pueblo, que llenaron de tristes días y de heroicos hechos nuestra costa.

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