MEMORIAS DE GETXO

sábado, 31 de marzo de 2018

ABERRI EGUNA 2018



Aberri Eguna, conmemoración que la mayoría del Pueblo Vasco celebra en diferentes lugares del mundo. Y que este año, nuevamente, quienes creemos en una Nación Vasca, desde posicionamientos políticos diversos, celebraremos en diferentes lugares, este día tan señalado. Muchos ante la división de convocatorias, lo harán en sus hogares. Pero en el corazón de todos estará la vieja reivindicación de que LOS VASCOS FORMAMOS PARTE DE UNA ÚNICA NACIÓN.


!!GORA ABERRI EGUNA!!


miércoles, 21 de marzo de 2018

EL ÁNGEL DE NEGRAS ALAS



Ahora que algún clérigo dice que “el demonio ha metido un gol”, y teniendo en cuenta los derroteros violentos que este deporte arrastra en las últimas fechas, viene a cuento recordar los tiempos en las que “El ángel de Alas Negras” y la “violencia” oratoria de los mismos, daba a nuestras calles un aspecto tenebroso.

El ángel de negras alas, así denominaban en 1898, a uno de los días más lúgubres en el santoral católico, el Viernes Santo. Fecha en que ni las campanas anunciaban desde la cercana iglesia, con su tañer, el aviso de la misa, ni el giro sonoro de la veleta en su torre dejaba su anuncio. Conmemoración en la que hasta las sombras ocultaban las estrellas.

La cuaresma y la llamada Semana Santa de la que D. Agustín de Villoslada dijera en 1870: “...«La Cuaresma con su abstinencia, la Semana Santa con sus sublimes tristezas y alegrías, son los aniversarios más faustos, que asaltan y se apoderan del corazón de todo hombre, nos obligan a todos a un inventario universal. Ninguna fecha, ningún aniversario puede pasar sin traernos un contingente de recuerdos»...” Y algo de eso hay en esta entrada, los recuerdos de lo vivido durante los años en los que esa fecha nos marcaba, de alguna forma nos atemorizaba con aquellos “ejercicios espirituales, que algunos clérigos lanzaban contra nuestro aún, inocente intelecto.

Los centros religiosos, las iglesias, ofrecían a comienzos de los años 40, a los asistentes, oficios y maitines, que en los diversos barrios eran atendidos por predicadores, a veces llegados de otros pueblos. La iglesia de San Nikolas de Bari de Algorta contaba con el P. Mezquita del Corazón de María; la de Las Mercedes de Las Arenas era atendida por D. Atanasio Goioechea y la de los Trinitarios de Algorta corría a cargo del P. Felix de San José. La circulación rodada quedaba suspendida desde las 18 horas del jueves hasta las 24 horas del viernes, exceptuando los entierros, vehículos sanitarios y los de abastecimiento. El viernes, durante todo el día, era obligatorio guardar ayuno y abstinencia, incluso para los que disponían de “Bula”.

Incluso en los 60, durante esos días, en que oscuros capirotes, cual procesión de embozados de Tennessee, llenaban nuestras calles, dando a las mismas un aspecto lúgubre. Días en los que hasta la música callaba, el cine cerraba sus puertas, y un manto de silencio cubría las calles. En los que en la mayor parte de los pueblos, o se optaba por el monte o se seguía la “piadosa” costumbre de visitar las llamadas “Estaciones”, durante la tarde-noche del Jueves al Viernes Santo. En ese intervalo se producía el llamado sermón de las “Tres horas”, que iban desde las doce del mediodía hasta las tres de la tarde-noche. De las cuales decía la prensa de la época: “...«¡Tres horas mortales que parecen no acabar nunca!»...” Se referían al drama del Gólgota.

Entre los personajes que acudieron a nuestros barrios para celebrar la Semana Santa, cabe mencionar que en 1963, llegaba a la iglesia de los trinitarios el monarca Belga Balduino. A quien esperaba a la entrada del templo el superior de la orden de los Trinitarios P. Andrés de Cristo Rey, que le acompaño al coro para evitar que fuera visto.


Fechas que sin embargo, al menos para los más jóvenes, se hacían eternas, sepulcrales. Hasta las gentes parecían enfadadas, serias y taciturnas. En esos días ellas iban cubiertas con negras mantillas, ellos con sus mejores trajes de color oscuro. La diversión había quedado prohibida. Hasta la prensa callaba. La música y los espectáculos (cine) también. Los conciertos sacros, venían a sustituir las canciones de Chuck Berry o Elvis Presley. La propia radio veía enmudecer sus espacios musicales, emitiendo “música” religiosa. Se prohibían los bailes y cerraban los escasos teatros de Bilbao. El único sonido permitido era el de las sonoras carracas del Viernes Santo, que decían servían para matar al “Ángel de Negras Alas”.

Incluso bien entrados los año 60, y con la TVE en funcionamiento, los espacios que retransmitían eran de corte religioso, con viacrucis y procesiones desde diferentes lugares de la geografía del estado. Y no hace tanto tiempo, en 1970, los espectáculos públicos, incluidos los cabarets, eran suspendidos por la autoridad gubernativa, desde el jueves hasta el amanecer del domingo; en esas fechas se levantaba la veda a los espectáculos cinematográficos, siempre que fueran películas autorizadas para menores de 18 años.

Hasta las tabernas estaban prohibidas. Y como decían anteriormente solo quedaban dos opciones, acudir a ver los “Monumentos”, conocidos como “Estaciones”, especie de altares, cubiertos por un dosel de terciopelo de color granate, rodeados de flores y candelabros, que en la parte superior, a la que se accedía por una escalinata central, tenía una especie de retablo-altar. En ese espacio, el aroma del incienso lo embargaba todo, en medio de un silencio atronador de mantos morados, dando al mismo un aspecto sepulcral. Un “espectáculo”, en el que al menos podíamos ver y socializar nuestro aburrimiento, que nos permitía alegrar algo nuestro tedio, con la visión de nuestros amores juveniles.

O salir al monte, opción que nos alejaba del silencio fúnebre, que parecía haber cubierto nuestras calles, con salidas a lugares, más o menos próximos, los tiempos no daban para grandes aventuras. La Arboleda era uno de esos espacios, en los que el silencio se rompía, los controladores no nos amonestaban, y algunos pequeños destellos de alegría salía de nuestras voces y de alguna guitarra, dando rienda suelta a nuestras ganas de diversión. Cualquier espacio abierto, alejado de inquisitoriales guardas, era bien venido. Pero hasta el tiempo parecía empeñado en estropear aquel ansía de música y libertad, el jueves y viernes eran unos días, a los que muchas veces la lluvia acompañaban.

Hasta nuestros escasos hábitos alimentarios eran modificados, siendo sustituidos por el ayuno y la abstinencia, que los más pudientes, durante la cuaresma, habían logrado salvar, pagando aquella recaudación eclesiástica llamada “La Santa Bula”.


Días de silencio que solo eran rotos por el tañer de las campanas del sábado a la noche, que anunciaba el nuevo día, lleno de colorido y fiesta, en el que por fin se habían acabado algunas de las prohibiciones, los cines volvían a abrir y los bailes en las plazas publicas se llenaban de jóvenes. Sólo las mujeres, con su estigma coqueto, estrenaban zapatos o un trajecito de verano, mientras que ellos solo lucían un novedoso blanco pañuelo en la solapa, para anunciar la Resurrección del Señor. Pero eso sucedía el Domingo de Resurrección.

Y cómo en estos días, muchos aprovechamos para hacer salidas al monte, visitar poblaciones cercanas, y otros viajan a otros lugares, dejaré descansar mis páginas hasta el próximo martes día 3 de abril.


!DESCANSAD, DISFRUTAR Y CUIDADO CON LA CARRETERA!

lunes, 19 de marzo de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO19 EN GETXO -27-


En la anterior entrada veíamos cómo el contrabando de vinos, licores y aguardiente iba en aumento y dañaba a las mermadas arcas municipales; y cómo las procesiones y su transcurrir a veces causaba algunas discrepancias entre vecinos.

En octubre de 1881, un grupo importante de vecinos, unidos en torno a la reivindicación de que se construyera el camino que enlazaba San Martín con la carretera provincial que iba hasta Urduliz, solicitaba al Ayuntamiento: “...«Se construya por el Ayuntamiento el trozo de carretera desde el punto llamado San Martín al Ángel, pero que antes la Diputación lo haga desde Urduliz al punto llamado el Ángel»...” El ayuntamiento añadía: “...«Haciendo saber los derechos que sobre esta carretera asisten a este Pueblo, teniendo siempre presentes los grandes sacrificios que se han hecho para construir a costa de este Ayuntamiento la carretera existente, desde el referido punto de San Martín hasta empalmar con la del Gobierno en el Muelle de Las Arenas»...” Consultaron con tres abogados para garantizar que la decisión que iban a tomar, en su día beneficiara al municipio.

El 13 de octubre de 1881, el Ayuntamiento, previa aceptación del Gobernador Provincial, recepcionaba las obras de la nueva Casa Consistorial de san Nicolás: “…«Acto continuo pasó el Ayuntamiento con la asistencia del secretario municipal a la nueva Casa Consistorial, y una vez instalado en la misma, certificó que la misma se halla de acuerdo a los planos y condiciones, y puede este Ayuntamiento recibirla con las formalidades debidas. A continuación indicó el Alcalde que la mesa colocada en el Salón Mayor, pasara al lado opuesto del mismo, y que se separara del resto con un enverjado o barandillado de madera, por delante del local de la presidencia. Así mismo acordaron que mientras el Ayuntamiento no disponga de otra cosa, queden independientes esta nueva Casa Consistorial y el Juzgado, destinándose el antiguo salón de sesiones a oficinas de dicho Juzgado»...”

Los haberes de la Fundación Cortina, que habían sido depositados en cien obligaciones de primera serie del ferrocarril de Tudela a Bilbao, depositadas en el Banco Bilbao, y que fueron depositadas por Dña. Rogelia de Cortina y D. Luciano de Alday el día 24 de marzo de 1879, habían vencido a primeros de aquel mes, y fueron depositadas en el Banco, autorizaba el Ayuntamiento retirar los intereses de las mismas, para atender las necesidades de la Escuela de Niñas Pobres.


Era mediados de octubre y el alumbrado público volvía a primera línea de las necesidades municipales. La persona que se iba a hacer cargo del mismo era D. Saturnino Cruz de Azcorra. El Ayuntamiento convino con dicho rematante lo siguiente: “...«desde el día de mañana 14 de octubre de 1881: El combustible o esencia mineral para el alumbrado, que tiene en existencia el Ayuntamiento, será tomado por el rematante, y será abonado cuando reciba el importe del primer trimestre, debiendo poner una fianza del 5%»...” Pero el fuerte viento de aquel otoño, en la noche del 20 de octubre, acabaría dejando todos los cristales de la farolas rotos, parecía que hubiera pasado una banda de jovenzuelos alborotada.

Finalizaba octubre de 1881. Una nueva amenaza en forma de enfermedad se cernía sobre nuestros vecinos, la temida Viruela. El consistorio, con el fin de cortar su propagación por nuestro Pueblo, tomaba medidas, iniciando una campaña de vacunación para niños y de revacunación para mayores. La vacuna la trajo desde Bilbao D. Antonio San Martín.

Era noviembre de 1881 cuando se le concedía al Cartero, que administraba la valija municipal, el permiso para abrir la valija en el salón del Casino Algorteño: “...«Como lugar muchísimo más decente y seguro que el que antes se abría»...” Solo que surgió un pequeño problema, el cartero oficial cayó enfermo y le suplió el peatón D. Antonio San Martín: “...«quien desde el primer día comenzó a abrir la valija en su propia casa»...” Cosa que a decir de lo descrito en las actas municipales:“...«causó un gran malestar entre algunos sectores del vecindario, por lo impropio que es el que la valija sea abierta en la casa del referido peatón»...” El primer teniente de Alcalde había preguntado al cartero suplente que:“...«¿Con quién había contado para tomar tal determinación?, a lo que el referido peatón contestó de una manera impropia diciendo que ¡continuaría abriéndola en su propia casa!»...” El primer teniente de Alcalde, puesto que iba a otros asuntos del municipio a la Capital, aprovechó para informar de esta circunstancia al Administrador de Correos Provincial, quien dio orden de que dicha correspondencia, desde aquel mismo día, se abriera en el Salón del Casino. La función del correo peatón era la de recoger y llevar la valija a los vecinos, llevándola a pie hasta Bilbao. Pocos años más tarde, en 1884, una carta remitida desde Algorta al “Noticiero Bilbaino” decía:“...«que debe emplear en el trayecto de cuatro a cinco horas (se entiende, a pie)»...” Un poco más tarde, en 1886, la pieza del salón del Casino Algorteño, actual bar, tomaba forma gracias a alguna sugerencia de D. Vicente Arana, colaborador habitual de “El Noticiero Bilbaino”, que entre las recomendaciones que realizaba para el barrio de Algorta incluía el 21 de agosto de ese año: “...«trasformar en despacho de refrescos la pieza inmediata al salón de baile del Casino algorteño…, Mejorar el servicio postal entre Bilbao y Algorta»…”


El 7 de diciembre de 1881 se solicitaba autorización para instalar un horno de pan en la casa Tatoena de Algorta.

A mediados de noviembre de 1881 el fraude y la introducción fraudulenta de bebidas espiritosas eran causa de la intervención municipal. Tanto que fueron la causa de la destitución de uno de los vigilantes municipales: “...«Por haber colaborado en la introducción fraudulenta de media pipa de caña, y nombrando un nuevo vigilante D. Francisco Lapresa, a quien se le aumentaron hasta 10 reales el sueldo»...”

A mediados de diciembre de 1881, parece que el tema del fraude en el pago de impuestos de bebidas era alarmante, a decir de la decisión que tomaron el día 22 de dicho mes: “...«la compra de dos revólveres para proveer de ellos a dos vigilantes, para que no se haga fraude a los fondos municipales, con la introducción de vinos y aguardientes, sin pago de los derechos correspondientes»…” Los revólveres fueron comprados en el establecimiento bilbaíno de D. Bonifacio Galdasoro. Se pagó por ellos 172 reales.

Cuando ya estaba a punto de finalizar el año, el 24 de diciembre de 1881, siguiendo la tónica de los meses pasados, y quizá con motivo de las fechas navideñas, la introducción fraudulenta por la noche, lo que dificultaba su localización, de bebidas como el vino, era un goteo constante. Esto preocupaba a nuestros ediles, ya que quienes cometían aquellos actos dificultaban lo que verdaderamente preocupaba a nuestros mandatarios, el cobro de los impuestos municipales.

Y aunque ya quedaba lejos la última guerra, que había terminado el 29 de febrero de 1876, las demandas de pagos de suministros de guerra seguían llegando: “...«Una carta de D. Baldomero Burreros, vecino de Madrid, referente a suministros hechos a las tropas del Gobierno por este municipio, durante la última guerra»...” No se supo si algunas de aquellas demandas respondían a suministros realizados, o formaban parte de la picaresca de algunos de los que se beneficiaron de aquellos hechos bélicos. Pero lo que si se sabe es que nuestro municipio contestó: “...«que ninguna razón ni datos se encuentra en las oficinas de la Comisaría de Guerra, de la Diputación de esta Provincia, sobre dichos suministros, por lo que no procede dicho pago»...”

La seguridad de nuestros prácticos volvía a estar en la palestra, y se recordaba las disposiciones contenidas en el Boletín Oficial de la Provincia, que exigían la utilización de chalecos salvavidas, a quienes se dedicaban a la actividad del practicaje.

En la próxima entrada veremos cómo se exigía a los médicos y farmacéuticos, que se hicieran cargo de la atención de las familias pobres; y cómo algunas obras del municipio iban concluyendo, entre ellas el Puente de Larrañazubi.

jueves, 15 de marzo de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO19 EN GETXO -26-



En la anterior entrada íbamos desgranando los aconteceres de aquellos días de 1881. En ésta veremos cómo el contrabando de vinos, licores y aguardientes iba en aumento y dañaba a las mermadas arcas municipales; y cómo las procesiones y su transcurrir a veces causaba algunas discrepancias entre vecinos.

En agosto de 1881, con el fin de atraer visitantes al barrio de Algorta, el consistorio decidía que «Se celebren dos ferias de ganado mensualmente en la campa denominada de Alango, señalando para su celebración los primeros y terceros domingos de cada mes, desde las dos de la tarde hasta la puesta de sol. La noticia se publicó en el diario “El Noticiero Bilbaíno”»

Durante el mes de agosto, con motivo de las fiestas locales, el horario de bares y tabernas se relajó, permitiendo cerrar a estos establecimientos a las once de la noche.

El contrabando de vinos, licores y aguardientes iba en aumento, y dañaba a las mermadas arcas municipales, por lo que a mediados de agosto de 1881, el consistorio decidía: «Con el fin de perseguir por todos los medios, el contrabando de vinos, licores y aguardientes sujetos al pago de derechos, autoriza a todos los vecinos para que puedan vigilar y aprehender todos los artículos que se pretenda introducir fraudulentamente en este Pueblo, abonando al aprehensor la mitad del genero capturado, abonando igual cantidad a los denunciantes»

Las relaciones entre la iglesia, a las que dedicaban importantes ayudas económicas, y el Ayuntamiento no parecían transcurrir con fluidez, ya que en esos días el consistorio señalaba al párroco de San Nicolás: “...«El desagrado con que se vio que el día 11 del actual, que antes de colocarse el Ayuntamiento en su banco de dicha iglesia, había empezado la celebración de la misa mayor, además de la falta de cortesía del subordinado y los monaguillos, que al cantarse el Evangelio se sentaron de espaldas al banco que ocupaba el Ayuntamiento»...” Por lo que decidieron: “...«Encararse con el cura de la parroquia de San Nicolás, encargando a los Sres Ansoleaga e Inchaurtieta que arreglaran el asunto de los bancos y algunos otros negocios relacionados con la Iglesia»...”


El 23 de agosto de 1881 se celebraron las regatas internacionales de vela en el Abra. La competición era para embarcaciones de menos de once metros de eslora y también para botes de cuatro remos y un timonel. Se desarrollaron en la desembocadura de la ria. El gentío en Las Arenas era incalculable, decía la prensa, solamente de Bilbao se trasladaron miles de personas a Las Arenas, en tranvía, coches de plaza y particulares.

Los intentos de ahorrar en impuestos llegaban a personas de toda condición, tal era el caso del administrador de las casetas de baños de la afamada Galería de “Baños de Mar Bilbaínos” D. Enrique Gómez y Riera, que en agosto de 1881, solicitaba se le eximiera del pago de 10 céntimos que venía abonando al consistorio. Petición que obviamente fue desestimada por el pleno del Ayuntamiento.

Comenzaba septiembre de 1881 con obras en uno de los lugares más alejados de la población, en la zona de Baserri, en Larrañazubi. El puente de dicho barrio se encontraba en una situación calamitosa, por lo que el consistorio decidió rehacerlo para que los vecinos pudieran acceder al resto de los barrios del municipio sin dificultad.

El vino era uno de los artículos que parece eran más demandados en el pueblo, ya que los decomisos por introducirlo de forma ilegal para evitar impuestos, así lo acreditaban en esas fechas. Unas veces era un pellejo de vino blanco que trató de introducir en Las Arenas el vecino de Bilbao D. Francisco Maguregui, en un vagón: “...«el pellejo llegó en un vagón, sin rellenar las formalidades debidas, y además nadie se hizo cargo del mismo»...” Otras se trataba de cántaras de vino de Mudela que el vecino de Las Arenas D. Marcos Zamacona trató de pasar y solicitaba: “...«se le devuelvan 13 cántaras de vino que le han sido decomisadas»...” Las retenciones también afectaban a los aguardientes; en este caso a los introducidos por dos vecinos de Getxo Dña. Julia de Cortina Oriosolo y D. Ramón de Basagoiti, aunque no parece que dicha bebida tuviera mucha graduación para ser considerada aguardiente, ya que tan solo tenían 16º y 16,5º.

Los cerdos y su matanza era otra de las cosas que, por salubridad y ornato público, preocupaba a los representantes de los vecinos de Getxo. Pero a decir de las actas del 7 se de septiembre de 1881, sobre todo lo hacía en Algorta: “...«Se da cuenta de una comunicación de la Junta de Sanidad de esta localidad, se ordena a los dueños de los cortijos de cerdos, que trasladen las puertas de dichos cortijos, a parajes que no den a la vía pública, en seguida de que sean matados los cerdos. Esta orden solamente será aplicable a los cortijos situados en las calles San Nicolás, cuesta de San Ignacio, Tánger (hoy Ribera), Puerto, Calleja, Arechondo, Peligro, Tetuán (hoy Avda. Basagoiti) y Carretera; sin que el municipio crea necesario extender esta orden al resto del Pueblo»...” Incluso se pasó por las casas anunciando aquella orden, que parece que situaba la cría de cochinos y la falta de ornato, solamente en ése área de Algorta.

A veces, la forma de pedir a las altas instancias de la administración no carecía de ingenio. En septiembre de ese mismo año, el consistorio solicitaba fuera instalado un estanco en la Venta del Ángel de Getxo (Andra Mari): “...«la barriada de Santa María de Guecho de esta Anteiglesia, que consta de 150 vecinos por lo menos, carece de un estanco, teniendo que concurrir sus vecinos al barrio de Algorta, situado a 1,5 kilómetros por lo menos, por lo que se hace indispensable establecer un estanco en dicho barrio. Porque además de ser beneficioso a los vecinos, redundará en buena tajada para el Estado, porque cuanto mas cómoda sea la compra del genero que en el se expende, tanto mayor será el consumo»...” Esa petición iba dirigida al Jefe de la Administración Económica del Estado.


Las procesiones y su transcurrir, a veces causaban algunas discrepancias entre vecinos, presbíteros y Ayuntamiento. La de la llamada “Procesión del Rosario” que se estableció en Algorta, en la iglesia de San Nicolás, por primera vez en 1880, causaba algún malestar por su recorrido, mientras que el cura de San Nicolas solicitaba: “...«El próximo día 2 de octubre se celebra la procesión de la Santísima Virgen con procesión y rosario por los lugares que viene siendo costumbre»...” El consistorio respondía: “...«Con el fin plausible de evitar en el vecindario toda desavenencia que con motivo de la carrera, que recorrerá la procesión pudiera ocurrir, teniendo en cuenta que la misma se estableció por primera vez en 1880, y que se dirigía saliendo de la Iglesia de San Nicolás, Altamira, siguiendo por la calle San Nicolás a la de Arechondo, y volviendo por esta hacía la Iglesia. Que en el presente año transcurra saliendo desde la Iglesia, por la calle Tetuán hasta un punto próximo al nuevo Casino, donde dando la vuelta por la carretera vuelva a la expresada Iglesia, y que en los próximos años, mientras no se establezca otra procesión, además de las tres que están en uso, alterne cada año la procesión del rosario por ambos recorridos que quedan demarcados»…” La procesión transcurrió por el recorrido indicado por el consistorio la tarde del domingo 2 de octubre de 1881 con asistencia del Alcalde D. Manuel de Zalduondo.

En la próxima entrada veremos cómo un grupo importante de vecinos se unía en torno a la reivindicación de que se construyera el camino que enlazaba San Martín con la carretera provincial que iba hasta Urduliz; y cómo se recepcionaban las obras de la nueva Casa Consistorial de San Nikolás.

lunes, 12 de marzo de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO19 EN GETXO -25-



En la anterior entrada veíamos cómo el juego de pelota en el frontón de la Casa Consistorial de San Nicolás de Algorta, veía peligrar su continuidad; y los socios del Casino Algorteño veían necesario instalar un buzón para recoger y enviar su correspondencia. En ésta seguiremos desgranando los aconteceres de aquellos días de 1881.

La taberna del Ángel fue otra de las concesiones que se realizaron en aquellos días. La adjudicataria fue la viuda Dña. Juana de Ibarra. Y por primera vez, teniendo en cuenta su condición de viuda, se le arrendó sin renta. Los vinos y licores le eran servidos por el propio Ayuntamiento previo pago, siendo la ganancia de la venta a beneficio de la misma; se le autorizaba la venta de chacolies en la taberna; también se le permitía establecer un estanco en la misma, pero sin que el consistorio interviniera en la concesión.

El 7 de julio de 1881 se nombraban los Alcades de barrio de Las Arenas y Santa María, quedando mentados para el cargo D. Juan Domingo de Echevarria por Las Arenas y D. Gervasio de Vidaurrazaga por Santa María.

Y como la iglesia, las fiestas y aquella Alcaldía, por los hábitos de la época, parecían inseparables, poco antes de llegar las fiestas de Algorta, el Alcalde de Getxo, contactaba con el capellán de Las Arenas para que le facilitara un buen predicador para la festividad de San Nicolás de Bari de Algorta. En esta parroquia parece que el lugar que venía siendo reservado al Ayuntamiento no era del agrado, o de suficiente dignidad, para nuestros ediles, por lo que crearon una comisión que negociara, un sitio más acorde dentro de la iglesia.

Preocupados el consistorio y gobernador, a primeros de julio de 1881, por el orden, la vigilancia de playas y el contrabando de bebidas, decidieron contratar a tres vigilantes. Nombramientos que recayeron en las figuras de un carabinero licenciado, otro jubilado de la misma arma y un tercero licenciado del ejercito, enseguida constataron la poca robustez y fortaleza física de las personas elegidas por su edad, ya que iban a tener que soportar largas vigilias nocturnas, sobre todo durante las gélidas noches del invierno. Para soportar aquellas largas vigilias se les proveyó de un traje adecuado y gorra que indicase su dignidad, también se le dotó de armamento para sus rondas nocturnas, comprándoles tres revólveres con sus respectivos cinturones y fundas de cuero. Pero sobre todo en el pensamiento de los ediles se encontraba el contrabando de bebidas, que dañaba seriamente a las arcas municipales. Ya que no pagaban los arbitrios. Para facilitar la vigilancia en el barrio de Las Arenas colocaron nuevos faroles, que facilitaran la visión nocturna de aquellos vigilantes. Y aprovechando que el verdadero objetivo era la cobranza de los arbitrios, negociaron con la compañía del tranvía, que el cobrador de dichos impuestos, pudiera viajar en el tranvía controlando los trasiegos de vinos y aguardientes, en el trayecto que iba desde el Balneario de los Aguire (Las Arenas) hasta la casa del Sr. Careaga (La Avanzada).

Y como la economía apretaba a la corporación, ya que los ingresos municipales seguían siendo más bien escasos, y salían de la recaudación de arbitrios, que consistían básicamente en vinos y licores, abacería (aceite, vinagre, bacalao), carnes y materiales de construcción (piedra de las canteras municipales). Hicieron hincapié en las “cedulas personales”, que como decía en mi entrada del 16 de noviembre del 2017: “...«cada vecino tenía una, eran de diferentes clases, dependiendo de la riqueza contributiva y económica de sus propietarios...»” Y eran las que realmente permitía cubrir las necesidades económicas del Ayuntamiento.

Para dar un pequeño respiro a tantos asuntos económicos, comentar un acontecimiento, de los tira y afloja de las mujeres de Algorta con los hombres, por preservar algunas parcelas de poder. Lo indicaba el conflicto por los bancos de la iglesia de San Nikolas, en 1881. Al parecer eran estas quienes ocupaban todos los bancos de la iglesia, a decir de lo escrito en las actas de ese año: “...las mujeres habían invadido todos los bancos de la Iglesia...” Obviamente algunos hombres, de cierto predicamento en el Consistorio, acudieron al Alcalde pidiendo su intervención ante el Párroco, el Ayuntamiento se posicionó a favor de estos, enviando un exhorto al responsable eclesiástico diciendo: “...excitamos su celo para a fin de impedir este abuso, deberán de colocarse letreros en los bancos de la iglesia, que digan !Para hombres, !Para mujeres!...” En ese mismo año se desmantelaban las troneras y parapetos de la campa del Castillo.

A mediados de julio de 1881, el Puerto Viejo de Algorta, era uno de los lugares en los que se fabricaba yeso, material que ya era utilizado desde los tiempos de Catón en la antigua Roma. Dicho material era usado en nuestro pueblo para varias aplicaciones. Se utilizaba dicho mortero para la confección de masas simples, para la ejecución de tabiques, enlucido de interiores, pero también para mejorar las tierras de cultivo como abono y desalinizador. El fabricante era un vecino de dicho barrio D. Martín de Arispe. Y por aquello de aparentar, el consistorio para iluminar de blanco las casas decidía que: “...«como una medida de higiene y ornato público se excite el buen celo de los vecinos para que proceda a blanquear las fachadas que den frente a la calle o vías públicas»...”

Y como ya era la hora de las fiestas del Pueblo: “...«las de Santa Ana, San Ignacio, San Nicolás y Nuestra Señora (Andra Mari), se creó una comisión para que confeccionara el calendario festivo para el mayor lucimiento, tanto de las funciones religiosas como de festejos y bailes nocturnos. Durante la romería se correrán cuatro toros ensogados, siendo tres de ellos por cuenta del rematante de carnes frescas, y el cuarto será sorteado el día 26 de julio, por la tarde, en la romería del campo de la ermita de Santa Ana. La aparición de aquellos toros iba a ser sorteada para el resto de fiestas: Las de los día de San Ignacio y San Nicolás se iban a celebrar en la playa de Ereaga, la primera a las cuatro de la tarde y la segunda a las nueve de la mañana; la de Andra Mari en la campa de la iglesia; todos los toros se iban a correr embolados...»” De los refrescos y cervezas, durante las fiestas del Puerto, se encargó el vecino de Bilbao D. Simón de Orbea. Por otro lado, se nombraba como Alcalde del barrio del Puerto Viejo a D. Manuel Ignacio Ugarte. Los fuegos de artificio fueron otros de los protagonistas de aquellas fiestas, hasta el extremo que muchos vecinos felicitaron al Ayuntamiento, por la vistosidad de los mismos.


Las fiestas en su vertiente religiosa eran un lugar de conflicto entre las mujeres y hombres asistentes. De los tira y afloja de las mujeres de Algorta con los hombres dan cuenta lo recogido en las actas municipales de mediados de julio de 1881, ya que algunos hombres, de cierto predicamento en el Consistorio, acudieron al Alcalde pidiendo su intervención ante el Párroco, para preservar algunas de sus parcelas de poder: “...«se acordaba excitar el buen celo del señor cura de la parroquia de San Nicolás, pues a pesar de que se habían colocado bancos en sitios destinados a los hombres, las mujeres habían invadido todos los bancos de la Iglesia»...” El Ayuntamiento se posicionó a favor de estos, enviando un exhorto al responsable eclesiástico diciendo: “...«excitamos su celo para a fin de impedir este abuso, deberán de colocarse letreros en los bancos de la iglesia, que digan !Para hombres, !Para mujeres!»...” Como si fuera un símbolo para acabar con esa guerra incruenta, en esas mismas fechas se desmantelaban las troneras y parapetos de la campa del Castillo.

Y como era menester, el consistorio de Getxo veía hecha realidad su situación de preeminencia en la Iglesia de San Nicolas de Bari de Algorta. El 21 de julio de 1881 se realizaban las obras de reforma del presbiterio de la iglesia: “...«el maestro de obras D. Francisco Ciriaco de Menchaca, dirigía las obras de la reforma del presbiterio, a fin de poder colocar en él a la Corporación Municipal en las festividades y actos religiosos. Y ejecutar las obras lo más tardar para el próximo día 11 de agosto, festividad del patrón de la parroquia»…” El reloj de la torre era cuidado por el alguacil D. Juan Antonio Miragaray, por lo que recibía 200 reales anuales, trabajo que venía realizando desde 1878.

En esa misma fecha se decidía realizar la explanación del trazado del tranvía, hasta llegar al nuevo Casino o Amesti.

En la próxima entrada veremos cómo, con el fin de atraer visitantes al barrio de Algorta, el consistorio decidía que se celebraran dos ferias de ganado mensualmente en la campa denominada de Alango; y cómo en agosto de 1881 se celebraron las regatas internacionales de vela en el Abra.

jueves, 8 de marzo de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -24-



En la anterior entrada veíamos cómo daba comienzo el año 1881, y cómo arreciaban los problemas con el barquero de la ría; también cómo el alumbrado público era otro de los asuntos que preocupaba a nuestros ediles. En esta seguiremos con otros aconteceres de aquellos días.

A principios de abril de 1881, el juego de pelota en el frontón de la Casa Consistorial de San Nicolás de Algorta veía peligrar su continuidad. El Consistorio decía: “...a fin de evitar algunos abusos y falta de respeto a los divinos oficios, que puedan resultar del juego de la pelota, construida en el piso bajo de la Casa Consistorial, lugar destinado a mercado o plaza en los días lluviosos. Acuerda este Ayuntamiento: «Se fije un Bando prohibiendo terminantemente jugar a la pelota en dicho local mientras se están celebrando los divinos oficios»...”!No parece que al prelado de San Nicolás le gustara mucho el juego de la pelota, o quizá no viera con buenos ojos la falta de asistencia de aquellos deportistas a sus funciones!. Si embargo, el Ayuntamiento, quizá haciendo obediencia de las recomendaciones del cura, avisaba con un oficio a los maestros y maestras de las escuelas de Algorta: “...que espera concurran con los niños de las escuelas a la procesión del Viernes Santo...”

El 23 abril de aquel año, el puente de Larrañazubi presentaba un estado lastimoso, por lo que los vecinos de Baserri solicitaron al consistorio, se rehabilitara dicho puente ya que era esencial para las comunicaciones de dicho barrio con el resto del municipio. El Ayuntamiento encargó al maestro de obras que valorara la construcción del mismo con madera y piedra.

La hidrofobia volvía a traer de cabeza a nuestros vecinos, mientras que en febrero el Ayuntamiento había decido retirar los bozales a los perros por la ausencia de signos de hidrofobia en los alrededores. Nuevamente en abril volvían los rumores de la amenaza hidrófoba. El Ayuntamiento acordaba: “...«se publique por medio de tamboril y anuncio al público, que todos los perros sean amarrados o recogidos por los dueños en sus casas, de día y noche, y el que se encuentre en la calle, con bozal o sin el, sea matado por los alguaciles, desde mañana a las diez en adelante, proporcionado escopetas y munición por cuenta del Ayuntamiento»...” No obstante uno de los regidores, el Sr. Berasaluce, trató de poner cordura a aquella decisión, aunque sin lograrlo, su propuesta era: “...«en lugar de matarlos en la calle sean recogidos, los que así se encuentren, con lazos u otros medios, y llevados a una perrera, y sacrificados si no aparecieran sus dueños»...” La obsesión por la enfermedad hacía que de un mes a otro cambiaran las condiciones. En mayo volvía el tamborilero a hacer sonar su atabal, anunciando que los perros quedaban en libertad para andar por las calles. Aunque más tarde, en junio, la aparición de un can desconocido con síntomas de rabia, volvería a levantar las alarmas.


Los socios del Casino Algorteño veían necesario instalar un buzón para recoger y enviar su correspondencia, por ello el Presidente de la entidad solicitaba al Ayuntamiento el día 28 de abril de 1881 la instalación de uno en su fachada. El consistorio accedía a las pretensiones a condición de que estuviera bien protegido y abierto día y noche para todo el público. No todos los ediles estuvieron de acuerdo. D. Feliciano de Ansoleaga cuestionaba la iniciativa, ya que la distancia que separaba el Casino de la llamada “Casa Carnicería” (parada del tranvía) era de escasos metros, y en ella existía otro buzón. A pesar de que acordaron suprimir el buzón de la carnicería, pocos días más tarde cambiaban de parecer y dejaban los dos.

El 30 de abril dimitía el músico mayor (director) de la que en las actas llamaban Banda o Charanga, D. Idelfonso Arrola, Era nombrado director de la misma, de forma provisional hasta que se nombrara otro, al músico y sacristán de la parroquia de San Nicolás D. Juan Bautista Larrazabal.

Era el mes de mayo de 1881 cuando se trataba de la situación de la calle que recibía el nombre de “Peligro” en el Puerto. La descripción que realizaban de la misma daba razón al nombre: “...«está en muy mal estado y es muy peligrosa, sobre todo por la noche, el poco tránsito de persona por la Calle Peligro, desde el punto junto a la casa Padrena hasta encontrarse con la calle Tánger (actual Ribera), cerca de Mugaburu Nueva»...” decidían arreglar dicha calle en un plazo breve de tiempo. Obra que saldría a remate en julio de aquel año.


El Consistorio creía llegado el momento de que el tranvía llegara hasta el Casino Algorteño, y comisionaba el 12 de mayo a los concejales Sres. Beeretega y Ansoleaga para realizar las gestiones a fin de que gestionaran ante la Compañía del Tranvía dicho objetivo.

A finales de mayo, los baños de mar venían a ocupar el tiempo a nuestras autoridades locales, ya que de dicha actividad dependía una parte importante del presupuesto municipal. Ordenaban la calle que iba desde la ermita de Santa Ana hasta el muelle de la playa, dividiendo en 16 lotes de sesenta pies de fondo el espacio que quedaba desde el callejón próximo al muelle hasta el pretil del mismo, para la colocación de las casetas de baños de mar.

Se publica en el Boletín Oficial de Vizcaya del 4 de junio de 1881, una noticia referida a la emigración de: “...«jóvenes del bello sexo a las Américas y otras sobre perros atacados de hidrofobia»...” El consistorio decidía colocar anuncios en los lugares de siempre y enviar una copia a la Parroquia de San Nicolás para que la publicitara el párroco.

El día primero de julio de 1881 se nombraba nuevo Alcalde en la figura de D. Manuel de Zalduondo; y como tenientes de Alcalde a D. Jose Ramón de Ansoleaga y D. Evencio de Cortina.

A principios de julio de 1881 se establecían las condiciones para los responsables de la Alhóndiga de Las Arenas: “...«El administrador de arbitrios de vinos, aguardientes y demás licores o bebidas de esta Anteiglesia, lo hará bajo las siguientes condiciones: 1ª Será responsable de todas las cantidades que reciba en la alhóndiga, tanto de vinos y licores como de las demás bebidas sujetas al pago de derechos. 2ª Tendrá obligación de conducirlas a las tabernas o casas de venta en todo el municipio y cantidades que le sean pedidas. 3ª Podrá expenderlas al menudeo en cantidades que no pasen de un azumbre de vino y aguardiente y botellas de licores. 4ª Se fija como precio máximo de venta 5 reales por cantara de vino, un real en cada azumbre de aguardiente y medio real por botella de licores. 5ª Será obligación del administrador de la alhóndiga, presentar diariamente al Regidor D. Ángel Zavala los recibos que acrediten la venta. 6ª Será también obligación del administrador de la alhóndiga, tomar nota de los chacolíes que se hallen a la venta, quedando prohibido al administrador tener a la venta chacolíes en la alhóndiga»...” 


Aquel año la administración de la Alhóndiga quedo al cargo del ayuntamiento por no haberse presentado nadie que cubriera las dos terceras partes de la base de puja establecida. Por ello decidieron que para evitar los abusos que se estaban produciendo en la introducción de bebidas y precios, que lesionaban los intereses municipales: “...«en el vino común solo se podrá introducir en el pueblo, cada vez, la cantidad de cinco cántaras siendo en pellejo, y seis cuando se introduzcan en barriles; en aguardiente un azumbre; en licores solamente seis botellas cada vez y en cerveza un barril o cuatro docenas de botellas»…” Días más tarde el consistorio, tras rebajar las condiciones del arbitrio, veía presentar dos propuestas para hacerse cargo de la Alhóndiga Municipal de Las Arenas. Los solicitantes fueron D. José María Ordeñana y D. Idelfonso Arrola, quedando este último seleccionado para la administración de aquel local de bebidas.

En la próxima entrada veremos cómo en la taberna del Ángel, además de vender chacolíes se empezaba a negociar con tabacos; y como surgía un conflicto por culpa de los bancos de la iglesia de San Nikolas de Bari de Algorta.

domingo, 4 de marzo de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -23-



En la anterior entrada veíamos cómo la lactancia para niños de pecho era una de las ayudas municipales; y cómo, ya cercanas las fiestas de San Nicolás, el Ayuntamiento las preparaba con diligencia. Con esta daremos entrada al año 1881.

Año 1881. Empezaba bajo la presidencia de D. José Ramón de Arecheta. Con una noticia referida al Barco del Pasaje, al parecer de acuerdo con lo convenido, el barquero se negaba a transportar a personas que no fueran de los tres pueblos contratantes Getxo, Leioa y Berango, pero al parecer el contrato no impedía que personas ajenas a esto pueblos, pudieran utilizar el barco o lancha para realizar el pasaje de la ría. Por lo que los tres Ayuntamientos decidieron: “...que considerando que la ría tiene el carácter de ser libre el paso, no es justo que a ninguna persona se le impida el paso en la barca. El Ayuntamiento acuerda autorizar y autoriza al rematante que siempre que en su barca o lancha tenga sitio, después de embarcar a los de los referidos pueblos, pueda pasar a cualquier persona extraña a ellos, cobrándoles el pasaje...”

A mediados de enero de 1881 la viruela hacía acto de presencia en el Puerto. Definía el consistorio al barrio de pescadores como: “...Uno de los más poblados de esta Anteiglesia...” Se referían a la densidad de población. Con un afectado: un pequeño. Decidieron poner dos personas en el exterior de la vivienda para controlar que: “...nadie salga de la misma ni entre ningún extraño...” Para finales del mes la enfermedad ya se extendía por todo el municipio y el Ayuntamiento convocaba una reunión en sus locales a la Junta de Sanidad Municipal. El miedo se extendía entre la población hasta el extremo de que incluso en las escuelas, por orden municipal, no eran admitidos los niños que habían pasado la citada enfermedad, salvo que el medico local certificara que había pasado el peligro de contagio.


A comienzos de febrero, el día 3, y a pesar de la temida enfermedad, el consistorio autorizaba la postulación de Santa Águeda: “...queriendo acatar una costumbre que viene celebrándose desde tiempos inmemoriales, autoriza a que se pida por las calles la limosna que se llama de Santa Águeda en la noche de mañana...”

El ahorro en combustible para los faroles también era algo que el consistorio tenia en cuenta. Para ello recurría a las fases de la luna para aprovechar la luminosidad de la misma: “...el encargado del encendido de los faroles de calle, solo deje encenderlos los días de cuarto creciente de la luna hasta el de la llena y uno o dos más, apagando lo siguientes a dicha luna, cuando ésta aclare los puntos de los faroles...” El encargado de la limpieza de los mismos era el Sr. Lapresa, con sus propios trapos. Debía mantener los cristales diáfanos para que aquella tenue luz iluminara nuestras somnolientas y mortecinas calles de escasos y dispersos faroles.

Los juegos de los pequeños, al igual que los de hoy en día, eran algo que los adultos no soportaban, porque con sus pequeñas travesuras dañaban enseres municipales y parroquiales: “...se haga saber al maestro de la escuela pública de Algorta, tenga a bien adoptar las medidas que estén a su alcance para evitar que sus discípulos hagan daño,. Varias veces se les ha visto con sus gorras y piedras en la mano, lanzándolas contra los cristales de las escuelas y sacristía, así como sobre el tejado de dichas escuelas...” !Si los cristales hablaran, cuántas historias de pequeñas batallas, dejarían nombres de los antes y hoy adultos “inquisidores”!


La hidrofobia y las mordeduras de los perros infectados por esa enfermedad era otra de las preocupaciones de nuestros ediles en febrero de 1881. Se habían producido ataques de perros enfermos en poblaciones cercanas como Plentzia y Gorliz. Por ello el Ayuntamiento de Getxo se anticipó para prevenir la enfermedad: “...Adoptar las medidas conducentes a prevenir la enfermedad. Para ello se acuerda: Fijar anuncios en los parajes acostumbrados, ordenando a todos los dueños de perros que los mantengan atados en sus casas, colocarles bozales bien fijados...” Adoptaron también medidas muy expeditivas: “...que publicada sea la orden todo perro que se encuentre suelto y sin bozal sea sacrificado por los empleados municipales...”

A finales de febrero de 1881 se produjeron los amojonamientos de los limites de Getxo con Leioa, debido a que esas señales con forma tronco-piramidal no estaban visibles, y los lindes eran difíciles de precisar. El responsable por el Ayuntamiento de Getxo de llevarlas a cabo, fue el maestro de obras (Arquitecto) D.Francisco Ciriaco de Menchaca. Se requirió al consistorio de Leioa que acudiera: “...el Alcalde o una comisión a un lugar frente al salchichero de la localidad, a fin de comenzar las operaciones trayendo un perito de su confianza...”

A principio de ese año el Ayuntamiento ordenaba derribar las paredes de la casa en ruinas de las hermanas Sustacha, edificio que tenía por nombre “Quinquena” (Kinkena) Estaba situado en la calle Tánger (actual Avd. Basagoiti), cerca de la Escuela de Náutica.


Las relaciones entre los vecinos y la alcaldía no siempre eran buenas. A veces las órdenes ejecutorias, muchas de ellas consecuencia del Bando de buen Gobierno aprobado meses antes, provocaban situaciones, que vistas desde otro contexto, creaban situaciones chirenes. Fue el caso de una vecina de Algorta, que al recibir un oficio del Ayuntamiento, que le fue entregado por el alguacil, según relataba el diario de sesiones: “...Habiendo entregado el alguacil, ante testigos, el oficio, dicha señora le contesto: «se lo devuelva al Alcalde para limpiar el trasero. Luego tiró a tierra el oficio, para más enseguida se levantó haciendo con la mano un ademán escandaloso. Dijo que lo ponga sobre el fandango de una viuda de la casa Maurosa de Urduliz, y volvió a arrojarlo al suelo»...” Decidió el consistorio presentar denuncia y se le impuso una multa, los viajes a Bilbao de nuestros ediles para declarar en el juicio, supusieron para las arcas municipales la cantidad de 120 reales.

En esos días las multas derivadas del “Bando de buen Gobierno eran cuantiosas. Hasta los músicos de la banda fueron castigados con una. Se trataba de los miembros de la banda (D. Ignacio Abascal, D. José Luis Bilbao, D. Antonio Elustondo, D. Leonardo Zarraga y D. Dontao Llona), por lo que durante unos días no sonó la música en Algorta. Incluso la casa de algún concejal llegó a ver apedreados los cristales de su vivienda, a decir del mismo: “...seguro que por haber procurado en días anteriores que se cumpliera el Bando de buen Gobierno...”

El día 10 de marzo de 1881, el rematante de la nueva Casa Consistorial de la plaza de San Nicolás solicitaba al Ayuntamiento que se realizara la medición, por estar concluidas las obras. Dicha recepción quedó pendiente de la aprobación de obras del Gobernador Civil.


El 24 de marzo de 1881 se trataba en el Ayuntamiento dar autorización a la vecina del Puerto Dña. Francisca de Incera para la apertura de una pulpería, en la calle del Puerto de Algorta.

En la sesión municipal de esa fecha se trató también sobre la nueva iglesia que se iba a erigir en “Alanguetas” (se referían a la de San Ignacio) se acordaba: “...dirigirse al Sr. Obispo de Vitoria, en súplica de que lo recaudado durante el año actual en esta Anteiglesia por Bula, sea destinado a continuar las obras de la citada iglesia, que se hallan paralizadas por falta de fondos...”

En la próxima entrada veremos cómo el juego de pelota en el frontón de la Casa Consistorial de San Nicolás de Algorta veía peligrar su continuidad. Y cómo los socios del Casino Algorteño veían necesario instalar un buzón para recoger y enviar su correspondencia.