MEMORIAS DE GETXO

jueves, 29 de noviembre de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -67-



En la anterior entrada veíamos cómo a principios de año un nuevo Colegio Inglés comenzaba a funcionar en Algorta y se ordenaba que en el plazo de dos meses se llevara a cabo la revisión de la rotulación de calles y plazas, así como la numeración de las casas y demás edificios enclavados en el municipio.

El 10 de febrero de 1887, aparecía recogido en el libro de plenos, la instalación de cañerías, llaves, fuentes y otros elementos para la conducción y suministro de agua en el barrio de Las Arenas, obra que estaba realizando el contratista D. Simón Aberasturi. Otro vecino de este barrio, de oficio panadero, D. Ángel Lorente, trataba de construir una caseta donde almacenar las harinas que utilizaba para la fabricación del pan. Permiso que fue denegado: “...Porque la corporación municipal tiene que atenerse a lo establecido en el plano de edificación de Las Arenas...”

Y cómo los salarios de los maestros no les permitían vivir con cierta dignidad. El maestro de Santa María de Getxo solicitaba permiso para hacer un corral donde criar cerdos y gallinas. Sin embargo, el 17 de febrero el Ayuntamiento le respondía: “..Que no procede, porque al igual que ocurrió anteriormente, cuando existía contra esa casa un pequeño cortijo, fue motivo de humedades y malos olores...”


Mientras, uno de los caseríos del barrio de Hormaza de Santa María de Getxo, “Hormaza Goicoa”, iba a ser inscrito en el registro de la Propiedad por Dña. Dolores Cortina y Gorrondona.

Días más tarde, el 17 de febrero, era D. Antonio Arecheta quien solicitaba permiso para extraer piedra en la playa de Ereaga: “...Para extraer la piedra necesaria, en las peñas sitas enfrente (de) donde la gente suele bañarse en la playa de Ereaga, para construir un Balneario en esa playa...” El consistorio le concedió el permiso siempre y cuando de forma inmediata, tras la extracción de la piedra, procediera a la construcción de dicho balneario.

Las obras de traída de aguas también generaban quejas por parte de los vecinos de Algorta. El día 24 de febrero, una comisión de estos se dirigía al consistorio solicitando: “...Se reponga el camino desde la casa Cadena a Villabotas por haber quedado este intransitable por la traída de aguas...”

Y los vecinos de Algorta continuaban con el enganche de sus aguas sucias a la red municipal de reciente construcción. En esas fechas era demandado el enganche por D. Pedro Bonifacio Sarria: “...Para ingresar en el caño últimamente construido por el Ayuntamiento, en la calle Tetuán, frente a las casas de doña Tomasa y doña Petra Galdos, las aguas sucias y sobrantes de su casa llamada “Calzada”...” Recibía el visto bueno del consistorio: “...Previo pago de 183,50 pesetas para alivio de las obras ejecutadas del caño municipal...” No era el único que lo solicitaba; también optaban por la modernidad otros vecinos, algunos de ellos ya habían hecho uso del derecho a engancharse al caño municipal, sobre todos los comprendidos entre las calles que iban desde San Martín a Mantequena, y desde la casa nueva de D. Miguel de Uria entrando por Tetuán (actual Avenida Basagoiti) hasta Calvetena, que estaba en el N.º 30 de la Avenida.


A veces las propuestas del barrio de Las Arenas tenían cierto componente artístico. Es el caso de las tareas que deseaban encomendar al nuevo alguacil del barrio varios de estos vecinos, que el 24 de febrero solicitaban de la alcaldía: “...Que habiendo quedado vacante la plaza de alguacil de este barrio, se sirva en cubrir la citada plaza con una persona que sepa tocar el tamboril...” Justificaban aquella petición diciendo: “...Porque sería en beneficio de los recursos del municipio, a causa de que aumentarían los consumos con atracción de gente...” El Ayuntamiento, muy proclive en la época a la creación de comisiones especiales para tratar cualquier asunto, decidía: “...Para que dicha comisión proponga el modo y forma de establecer en dicho barrio un tamborilero, además con la obligación de desempeñar el cargo de alguacil y el cuidado del alumbrado...” Uno de los ediles encargados de aquella selección fue el vecino del barrio D. Andrés Larrazabal. Cuando sacaron al publico el anuncio del puesto, el 17 de marzo de 1887, ya le habían asignado otra función más al “Tamborilero-Alguacil, la de cuidado y gobierno del alumbrado público. Cómo ahora dirían, ¡estaban flexibilizando el mercado!.

El 24 de febrero de 1887, el Ayuntamiento de Getxo acordaba realizar escritura de las expropiaciones realizadas a los dueños de los molinos: “... “Lanzaco” y “Goicoerrota” de Berango, que eran alimentados por las aguas de los manantiales “Basarte”, “Arechabale” y “Jauncoerreca”, por cuyas propiedades pasa las conducciones de aguas para Algorta y Las Arenas…”

Ya desde esas fechas el paseo entre la “Fonda San Ignacio” (comienzo de la Cuesta de Suárez) y el Casino Algorteño era muy frecuentado por propios y visitantes, pero al parecer la caja del tranvía presentaba un estado lamentable por acumulación de arenas y otros residuos, por lo que el Ayuntamiento exhortaba a la Compañía del Tranvía a: “...Que no puede tolerar su estado actual, por ser contraria al ornato público, por cuanto se acerca el verano y la calle donde se halla dicha vía es la más concurrida, dedicada al paseo y expansión de la gente, especialmente la forastera, por lo que se hace presente a dicha Compañía del Tranvía proceder cuanto antes a la reposición de la misma...” Tampoco el llamado monte “Satistegui” era muy respetado en esos días. Decía el Ayuntamiento: “...De un tiempo a esta parte, algunos vecinos, tomando la abusiva libertad de echar las barreduras, otras porquerías y basuras de sus casas en la cima del monte “Satistegui”, próximo al camino público que se dirige desde “Ochonecolanda” hacia la casa de Dña. Gavina Arteta, siendo este abuso contrario a la higiene y salubridad pública del vecindario. Acuerda este Ayuntamiento que en lo sucesivo se abstengan los vecinos de echar en ese punto ninguna clase de porquería ni basura, bajo la multa de 15 pesetas, sin prejuicio de hacerles retirar dichas basuras...” El Ayuntamiento decidía fijar un punto del monte donde depositar las basuras vecinales.

El 10 de marzo de 1887 se recibía un oficio del Ingeniero Jefe de Obras Publicas, indicando que el día 8 de marzo habían sido recepcionadas las obras de conducción de aguas a esta Población.


Y como ya estaba próxima la época de siembra, y los olores desagradables del estiércol molestaba a la vecindad, el Ayuntamiento ordenaba que: “...Aproximándose la época de sembríos y siendo preciso que desaparezcan los depósitos de estiércoles procedentes de la hierba de mar, que se halla en los puntos llamados Arrigunaga y Ereaga, los dueños de estos residuos deberán retirarlos conduciéndolos a sus heredades o sitios alejados de la población, hasta el día 31 de marzo en que comienzan las siembras...”

En la próxima entrada de esta serie veremos cómo algunas tradiciones religiosas recibían la invitación para que nuestros ediles acudieran a la función religiosa que se celebraba en la parroquia de San Nicolás de Bari de Algorta. Y cómo el cura párroco insistía en la necesidad de que los niños de las escuelas acudieran a los sermones.

lunes, 26 de noviembre de 2018

AQUELLOS VIEJOS CACHARROS DEL ARENAS



Uno de los equipos históricos del fútbol, el Arenas C.F., que comenzó sus días de gloria gracias a la iniciativa de un grupo de amigos en los campos de Lamiako allá por 1901, no solo dejó para el recuerdo días de victorias contra clubs hoy punteros, si no que nos obsequió gracias a la prensa, de comienzos del siglo XX, algunas estampas imborrables.

De eso trata esta pequeña entrada, que busca rememorar algunos de los viajes de nuestro centenario Club, uno de ellos a campos madrileños. Del resultado la prensa local decía el 28 de enero de 1930: “…Espléndida victoria del Arenas sobre el Athletico Madrid...” Con una tarde extremadamente desapacible, se celebró el encuentro del campeonato de Liga entre el Arenas de Guecho y el Atlético de Madrid en el Stadium Metropolitano. El diario deportivo “Excelsior” decía al habla del tiempo en Madrid: “...Lluvia, viento, balón escurridizo y suelo resbaladizo, parecía que todo se había conjurado para que no se pudiera jugar al fútbol. Y en realidad apenas se jugó, el tiempo y el suelo no lo permitieron, lo poco encomiable que en el campo hubo, corrió a cargo del Arenas…”


El mal tiempo no solo era cosa de Madrid, en Las Arenas aquel día fue también infernal, decía el diario “Euzkadi” del 28 de enero, en su sección de “Bilbao al Abra”: “...Durante todo el día de ayer el tiempo ha sido francamente malo, con fuerte temporal de viento y lluvia, lo que ha reducido al mínimo la circulación por las calles. En la calle de la Estación, en el trozo final comprendido entre Zugatzarte y el muelle, hemos podido observar un caso demostrativo de la violencia con que soplaba el viento, a las dos de la tarde algunos, que deseaban acercarse al muelle para presenciar el estado del mar no lo han podido conseguir sino avanzando de lado. Después, al regresar hacia Zugatzarte empujados por el ventarrón acanalado, han corrido más de lo que pretendían...” Pero eso no fue impedimento para que los del barrio expresaran su alegría por las noticias que llegaban desde Madrid.

Respecto del estado del terreno decía el “Liberal” del 28 de enero de 1930: “....El Arenas en la “salsa” que ayer era el Stadium, lejos de desmoralizarse por el ambiente y el terreno, se creció por momentos, y precisamente en la segunda parte, cuando la luvia arreció, los de Guecho se desenvolvían con la misma naturalidad que si estuvieran pisando un terreno firme...”

Encuentro en el que los Areneros vencieron por tres goles a uno. Con un Arenas que ofreció la siguiente alineación: Zarraonaindía; Llantada, Arrieta; Cílaurren, Urresti, Bilbao; Rivero, Saro, Gurruchaga; Menchaca y Juanito. Con goles metidos por Llantada, Bilbao y Gurruchaga.

La revista madrileña “Crónica” decía antes del partido: “...«Hoy el Arenas va a mostrarse a la afición matritense. Es un equipo, rociado de entusiasmo, lleno de juventud, voluntarioso y difícilmente enervado, de juego varonil y despierto»…” Y es que a pesar de que como decía al principio fue un día frio intenso, acompañado de una persistente lluvia, el diario madrileño “La Nación” decía respecto del encuentro: “...«El Arenas se impone y manda en el encuentro»...” Respecto de su juego, la “Voz” de Madrid decía: “...«Se acabó aquello del equipo de fibra que iba tras el balón con la sola virtud del ciego entusiasmo. Y que sus maneras de jugar lo diferenciaban de otros. Ahora es otro; más pulido, más elegante, más señorito; poseedor de aquella destacable personalidad, con otros aditamentos ya imprescindibles para ser catalogado entre los equipos de clase»...” El último gol del encuentro lo metió Gurruchaga desde una distancia de 30 metros. Los mejores de aquel encuentro, según el diario bilbaíno “La Tarde”, resultaron ser Llantada, Bilbao y Gurruchaga.

Al finalizar el partido el jugador del Arenas, vecino de Algorta, Ricardo Llantada, decía refiriéndose al mismo, que habían perdido contra ese equipo anteriormente: “...«Estoy contento. Nos hemos quitado el mal sabor del domingo anterior»…” Incluso el capitán del equipo madrileño, Santos, afirmaba: “...«Han ganado porque debían hacerlo, pues han jugado mucho mejor que nosotros»...” La prensa local, el “Nervión”, sentenciaba: “...«El Arenas, en plan de desquite del resultado del domingo anterior, ha puesto desde el primer momento de la lucha todo el ardor de que es capaz el equipo de Guecho»...”


El Club arenero fue un conjunto de grandes jugadores, y a pesar de que algunos agoreros decían que: “...El día en que desaparezcan Jáuregui, Vallana, Careaga y Peña, el Arenas se habrá acabado...” El 2 de febrero de 1930, en el diario ”El Noticiero Bilbaíno” escribían: “...Hicieron falta defensas al encontrarse “viejos” Vallana y Careaga, y surgieron Llantada y Arrieta. Necesitó delanteros, y aparecieron Gurruchaga y Menchaca. Quedó en cuadro su línea media, y vinieron José Luis y “Emery” a sustituir a los antiguos elementos. Todavía anteayer, en su último partido, el Arenas lanzó dos nuevos jugadores que brillaron con luz propia, los medios alas, Bilbao y Cilaurren. ¡Admirable secreto el de los guechotarras! ¿ Es posible que se acabe un Club que se halla en posesión de tal cantera? ¡No, rotundamente no!...”

Y es precisamente en el momento de la vuelta desde Madrid cuando surge la imagen de uno de aquellos viejos cacharros con los que nuestro equipo viajaba en aquellos días, el cual podemos ver en la fotografía superior, gracias a la publicación del diario bilbaíno “El Liberal” del 2 de febrero de 1930, con el equipo Getxorra Arenas CF. retornando a nuestro barrio, eufóricos por la vitoria conseguida, elegantes trajeados, con sus gabardinas y abrigos para protegerse del frío reinante. Volvían en un un “viejo cacharro”, un Pulman, que a decir del diario, eran de los denominados “Federales”, pertenecía al “Garaje Alemán”, era un pequeño autobús de matricula BI-7627.

jueves, 22 de noviembre de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -66-



En la anterior entrada veíamos cómo un naufragio, en medio de un salvamento marítimo, costó la vida a seis arrantzales del Puerto Viejo de Algorta. Y cómo la terminación de las obras e inauguración de la traída de agua potable a Getxo estaba cercana.

Así, daba comienzo 1887. A principios de año un nuevo Colegio Ingles comenzaba a funcionar en Algorta, según aparecía en un anuncio de “El Noticiero Bilbaino.” Estaba situado en la casa Uriarte de la Avenida Basagoiti.

En las actas del 5 de enero de 1887, se reflejaba la solicitud de una nueva casa en la zona de Ereaga. Se trataba de: “...Una instancia de D. Vicente Suárez para hacer una casa, en su propiedad, cerca de la de D. Quirino Gimeno...” tan solo constaba otra edificación en la entonces “Carretera de Ereaga” y esta era la de Isasi, un edificio de tres plantas que tenía tejabana y cochera.

En esa misma fecha era D. Luciano de Alday quien solicitaba permiso, y le ere concedido, para plantar árboles plátanos en un terreno de propiedad municipal en Jardingana.

El municipio de Getxo, a través del Boticario D. Miguel García Salazar, expendía medicinas gratis a los pobres de la localidad. A lo largo de 1886 se habían expendido dichos medicamentos por un valor de 37,75 pesetas. Sin embargo, había una partida que resultaba cuando menos curiosa en sus suministros: “...Una partida de cuatro docenas de chorizos, para perros, por valor de 36 pesetas...”

Las plazas de peón caminero eran muy demandadas por algunos vecinos de Getxo. Sus estipendios, en la época, ascendían a 730 pesetas anuales. Para atender a aquellos infortunados, un equipo compuesto por los tres médicos y farmacéutico titulares del municipio, a quienes atendían y suministraban medicamentos gratis, elaboraban periódicamente las listas de necesitados de Getxo.

El “Arca de las tres llaves”, esa caja de los secretos y valores del municipio, cada cierto tiempo era nombrada en las actas municipales. En esta ocasión en ella se iba a depositar: “...Para evitar extravíos, las seiscientas obligaciones del empréstito de la traída de aguas, junto a cien impresos de resguardos, que se habían de entregar a los tenedores de dichas obligaciones, junto a un timbre y sello que se iba a estampar e los mismos...”

Para el 13 de enero de 1887, eran algunos hacendados, propietarios de los molinos que estaban dentro de las obras de abastecimiento de aguas, quienes reclamaban a la Ayuntamiento de Getxo: “...Se dio cuenta de un oficio remitido por D. Vicente Martínez, administrador de la Exma. Marquesa viuda de la Torrecilla, se de curso anterior inmediatamente a las aguas tomadas por este Ayuntamiento para su abastecimiento, pertenecientes al molino de “Itze”, sin que hayan precedido las formalidades legales al efecto...” Finalmente se acordaba celebrar una reunión en casa del arquitecto D. Casto Zavala, el día 31 de enero de 1887, para intentar llegar a un acuerdo con los propietarios perjudicados. En aquella reunión que se celebró finalmente el 9 de febrero de 1887, se decidió que: “...A D. Dionisio Zubiaga, propietario de dos molinos “Goico-Errota” y “Lanzaco” de Berango, se le paguen 5.000 pesetas; y a Dña. Luisa Olega, por su molino Errotachue”, se le paguen 1.750 pesetas…”
Y como se acercaba el momento de proceder a la elección de los nuevos componentes de cabildo municipal, acordaba el Ayuntamiento: “...Se formen las listas electorales para el nombramiento de concejales, para ser expuestas al público, desde el día 1 al 15 de febrero...”


La fuerza de la mar muchas veces jugaba malas pasadas a algunas barcas que fondeaban en el Abra, y eran arrojadas a nuestras playas. Fue el caso, según relataba el día 8 de enero de 1887 “El Noticiero Bibaíno”, de un barca inglesa: “...Después de dos días de permanecer fondeaba en el Abra, cerca de Santurce, a media tarde de ayer, a las cuatro de la tarde, encalló en la playa de Las Arenas la barca inglesa “Albuera”, llegaron a tierra en dos botes los marineros del citado buque, cuya tripulación se componía de doce personas. Quedando completamente destrozado este buque por la violencia de la marejada…”

En la Escuela de Niñas Pobres, de la Fundación Cortina, se producían novedades. El día 20 de enero de 1887 se nombraba una nueva directora: “...La Junta de Instrucción Pública de la Provincia, a través del Director General de Instrucción, con fecha del 13 del actual, ha nombrado a Dña. Matilde Núñez y Cuevillas como maestra, con plaza en propiedad, para la Escuela de Fundación de Niñas Pobres de Algorta, con un haber anual de 1.000 pesetas y casa…” El consistorio de Getxo consideraba que dada la carestía de los alimentos en nuestro Pueblo, dicha cantidad era insuficiente para poder vivir dignamente la maestra, por lo que ponían a consideración de la Junta elevar dicha remuneración. Pocos días más tarde, el 27 de enero, el maestro de la escuela pública de niños de Algorta, planteaba la necesidad de realizar un censo de los niños pobres que asistían a la misma para suministrarles todo el material necesario para su escolarización. El consistorio encargaba la realización de la lista a una comisión formada por el primer teniente de Alcalde Sr. Diliz y al Síndico Sr. Amezaga. Finalmente resultaron ser 9 los niños cuyas familias se encontraban en estado de pobreza.

El 3 de febrero de 1887, se informaba en el pleno de la Real Orden del 5 y 13 de enero, por la que se ordenaba: “...Que en el plazo de dos meses en todas las provincias se lleve a cabo la revisión de la rotulación de las calles y plazas, así como de la numeración de las casas y demás edificios enclavados en el territorio de las mismas...” El Ayuntamiento acordaba: “...Que teniendo en cuenta la necesidad de una nueva rotulación y numeración en esta localidad por hallarse incompleta y borrada la que se hizo ya hace bastantes años, dando principio a las operaciones preliminares el próximo lunes...” Para ello se dividió el Pueblo en zonas y se puso al frente de cada comisión a dos concejales: “...Por las zonas de Algorta, la primera abarcaba las calles de (San Nicolás, Carreras del Castillo, Cuesta de San Ignacio, Puerto, Arechondo, Peligro y Calleja), se puso al frente de ella a los concejales Sres. Diliz y Valle; la segunda abarcaba las calles de (Tetuán y Tánger) al frente de las misma estaba los Sres. Amezaga y Sarria; para las zonas de Alongüetas y Govela, lo estuvieron los Sres. Uria y Uriarte. Dejaban pendiente los barrios de Santa María y Las Arenas a los que dispusieran sus habitantes…” El resultado de aquella nueva rotulación de calles aparece recogido en el expediente (4628.4) del Archivo Municipal de Getxo y se volvería a completar en 1897 expediente (2510.15).


Por esas fechas, 3 de febrero, el camino de Lejona hacía Las Arenas, junto al puente del Gobela, se encontraba muy deteriorado, por lo que el Alcalde de la primera localidad presentó la queja al de Getxo. El consistorio de Getxo tomó la decisión de acometer la obra de forma urgente, tanto del camino como del puente porque uno de los estribos del mismo se encontraba en mal estado, y de paso colocar una barandilla de hierro como protección.

En la próxima entrada veremos cómo se empezaban a colocar en el barrio de Las Arenas las cañerías, llaves, fuentes y otros elementos para la conducción y suministro de agua a la población.

lunes, 19 de noviembre de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -65-



En la anterior entrada veíamos cómo el Pueblo estaba creciendo, los servicios eran escasos y los enfrentamientos con los barrios y el Gobierno de la Provincia también eran frecuentes. Y cómo los precios de la carne en nuestros barrios requerían la intervención de nuestros ediles.

El día 2 de noviembre de 1886 se anunciaba en un pleno de Getxo la Exposición Universal de Barcelona. La misma se celebraría en 1888.“El Noticiero Bilbaíno” decía: “...El 20 de mayo de 1888, a las cuatro de la tarde, entre salvas lanzadas desde el castillo de Montjüic, y con la presencia de una numerosa escuadra compuesta por buques de Austria, Francia, Italia y Reino Unido, que llenaban el puerto, se inauguraba oficialmente la Exposición Universal de Barcelona. Ocupaba la Exposición una vasta superficie de 178.000 metros cuadrados para jardines y vías, y 100.000 metros para la parte edificada...”

Otra de las necesidades a la que el Ayuntamiento de Getxo acudió raudo fue en ayuda de los vecinos del Puerto Viejo, que el día 4 de noviembre habían perdido sus vidas en un triste naufragio. El diario “El Noticiero Bilbaíno” daba la noticia en sus páginas al día siguiente “...Al salir esta mañana el vapor Ingles Raleihgs Cros cargado de mineral, al llegar a la barra una ola lo echó sobre el banco del N. E.; el salvavidas que estaba en la punta de la torre del Piloto Mayor para tomar a los náufragos del vapor, una lancha folio 2, compuesta por seis tripulantes del practicaje de Algorta, al pasar por la barra un golpe de mar volcó la lancha, ahogándose seis de los tripulantes de la misma, salvándose otros cuatro, gracias a la intervención de los remolcadores Sansón y Volador...” En el mismo diario se abrió una suscripción para ayudar a las familias afectadas, entre los donantes se encontraban D. Evaristo de Churruca, D. Eduardo de Sarria, D. Luciano de Alday, Dña. María de Urcullu. Entre otras entidades que acudieron en su ayuda, con suscripciones, estaban la Comandancia de Marina de Portugalete y el Club Náutico. Al de un mes la cifra recaudada alcanzaba las 5.630,37 pesetas. La cofradía de Mareantes de Algorta, de su caja, puso 685 pesetas. Además de las 7.204,47 que recaudó la Cofradía de Mareantes de Santurce. Para el 18 de noviembre la mar ya había devuelto a las playa tres de los cadáveres desaparecidos en el naufragio, el día 19 aparecía otro de los cadáveres en el Puerto. Según relataba el día 14 de diciembre “El Noticiero Bilbaíno”: “...Se celebró ayer en la comandancia de marina la reunión convocada por el señor Comandante D. Manuel Pasquia con objeto de acordar la forma en que han de distribuir las siete mil y pico pesetas recaudadas en suscripción pública para socorrer a las familias de los náufragos. Acordando dar 1.000 pesetas a las familias de Pedro Carrandi y Vicente Mota, prácticos; a Juan Zuazo, José Antonio Landaida y Eugenio Amechazurra, lancheros, y 25 pesetas para lutos a las primas del lanchero Juan Antonio Arechavaleta...” Aquel dinero sirvió también para ayudar a la viuda de otro arrantzale del Puerto Viejo: “...En vista de la conmovedora comunicación del Alcalde y el cura párroco de Algorta, sobre el triste estado en el que se encuentra la viuda Carmen Soltura, que en marzo del último año perdió a su marido José María Maguregui y a su hijo Francisco, ambos pescadores, quedando en la miseria con siete hijos menores, se acordo auxiliarla con otras 1.000 pesetas...”


En algunas obras no se ponían fácilmente de acuerdo Ayuntamiento y la Compañía del Tranvía, por ejemplo en la que dicha compañía proyectaba realizar en la Plazuela de La Arenas (Bizkaiko Zubia). El 25 de noviembre de 1886, la empresa de transportes a través de un oficio remitido por su Director Gerente solicitaba al Ayuntamiento: “...Hacer una torre por la misma compañía sobre el urinario proyectado por el Ayuntamiento en la Plazuela de Las Arenas, para colocar sobre dicha torre un reloj con dos esferas, aunque previamente el consistorio debía abonarle 750 pesetas...” Sin embargo el 7 de diciembre aparecía en “El Noticiero Bilbaino” la siguiente noticia: “...La Compañía del Tranvía nos manifiesta que tiene que retirar el reloj de Las Arenas por haber vendido la casa en que está colocado; que antes de retirarlo ha tratado de colocar el reloj en una torre en el centro de aquella plazuela, para cuya construcción hizo una oferta al ayuntamiento de Algorta, y que si no se lleva a cabo este proyecto no es por culpa suya; pues si el ayuntamiento hubiera aceptado la oferta, los vecinos de Las Arenas seguirían disfrutando del beneficio del reloj...” En el fondo parecía que hubiera una guerra latente entre los de Algorta y Las Arenas, hasta la prensa al referirse al Ayuntamiento lo nombraba como el del primer barrio.

En esa misma fecha solicitaba inscribir en el registro de la propiedad la mitad del lado Norte de la casa denominada “Larrazabal-Aurrekoa y pertenecidos, D. Lorenzo Urrutia de Moreaga.

La terminación de las obras e inauguración de la traída de agua potable a Getxo estaba cercana. A finales de noviembre de 1886 el Ayuntamiento de Getxo hacía los preparativos para solemnizar el acto: “…Siendo muy conveniente que el día de inauguración de las obras ejecutadas para la traída de aguas potables a esta Anteiglesia, su deposito, fuentes y lavaderos, se celebre con toda solemnidad dentro de poco tiempo como un acontecimiento extraordinario, beneficioso y de muchos interés para el vecindario. Para celebrarlo se traerá una charanga de música, y se invitará a todas las autoridades de la Provincia. Se preparará un convite en esta Casa Consistorial, dando una limosna a los pobres de la localidad...” A mediados de mayo de 1887, un columnista habitual de “El Noticiero Bilbaíno”, “Ignotus”, escribía en una carta que titulaba “Carta de Algorta”: “...Entre las varias obras de consideración que ha llevado a cabo últimamente este municipio, se cuenta como la más notable el abastecimiento de ricas y abundantes aguas potables a los populosos barrios de Algorta y Las Arenas. El importe de estas obras ronda los 40.000 duros. Así lo han debido comprender sin duda los socios del Casino Algorteño, puesto que tratan de celebrar tan fausto suceso con un suntuoso banquete. Hasta ahora Algorta ha sido considerado como un pueblo exclusivamente veraniego, pero parece que pronto se lo conocerá también como pueblo industrial, digo esto a propósito de la fábrica de cementos, baldosas y mosaicos que acaba de montar el laborioso y rico propietario D. Miguel de Uría. También ha construido otra fábrica de ladrillos huecos y tejas de diferentes formas el conocido contratista de obras D. Robustiano Larrondo...” Y por fin llegaba el gran día. Se celebró la inauguración el día 1 de junio de 1887, al día siguiente lo recogía en sus paginas “El Noticiero Bilbaíno”: “...Ayer fue para la Anteiglesia de Guecho uno de esos días que pasará a la posteridad gravado con buril de oro en la historia municipal de los pueblos. Los vecinos de Algorta. congregados en amigable consorcio en el hermoso Hotel de los Aguirre, en Las Arenas, celebraron con una suculenta comida la inauguración de la llegada de las aguas potables a su municipio, que el día anterior fueron bendecidas solemnemente por un sacerdote. En dicha reunión se juntaron todas las clases sociales, marinos, comerciantes, artesanos y labradores. Estaban también en esa celebración los Sres. Aguirre, Chavari, Uriarte y Alvarez, los dos primeros diputados a Corles, el tercero diputado provincial, y el redactor de “El Noticiero Bilbaíno” el último...” A los brindis tomaron la palabra: “...El Sr. lnchaurtieta, presidente del “Casino Algorteño”, a quien siguieron en el uso de la palabra Ios Sres. Aguirre, Santa María, Aldecoa, Chavarri, Alvarez, Sangroniz, José María Isasi, Munarriz, Zugazagoitia, Ansolega, Cortina, Diliz, Sustacha, Dourte, Larrondo y Andrés Isasi...”


El resto del año, hasta finalizar 1886, pasaba escaso de asuntos de interés en las actas de plenos municipales. Salvo alguna discusión sobre las conducciones de aguas y los propietarios a quienes afectaban las expropiaciones, sobre todo por la merma de aguas a sus molinos, como fue el caso de el molino “Rotachu,” De Berango; y las reclamaciones que el Ayuntamiento de Getxo hacía al Gobierno Civil para que fuera la Diputación quien corriera con los gastos que los numerosos cadáveres, arrojados por el mar a nuestras playas, ocasionaban al consistorio, no ofrecían mayor atracción informativa.

En la siguiente entrada iremos viendo cómo el interés por los idiomas llegaba a nuestro Pueblo. Y cómo nuestro municipio se preocupaba de que la atención sanitaria y las medicinas llegaran a los más indigentes.

jueves, 15 de noviembre de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -64-



En la anterior entrada veíamos cómo el rugir de los cañones volvía a sonar sobre los cielos de Getxo. Y cómo los prófugos en Getxo y las aplicaciones de la Ley, provocaban situaciones cuando menos chirenes

El Pueblo estaba creciendo, los servicios eran escasos y los enfrentamientos de los barrios y el Gobierno de la Provincia también eran frecuentes. Algunos vecinos de Las Arenas, D. Juan Vidaurrazaga y D. Francisco Orube, habían acudido al Gobernador, y éste había instado al consistorio: “...Para que incluya en el presupuesto municipal del próximo año 1887-1888, la cantidad necesaria para la ejecución del alcantarillado del barrio de Las Arenas...” El Ayuntamiento consideró que esta obligación era perjudicial para las cuentas municipales y que no era facultad del gobierno de la Provincia, ese aspecto, por lo que decidieron recurrir al Ministro de la Gobernación. Fue el abogado D. Benigno Goldaracena el encargado de llevara a efecto aquel recurso.

Las cédulas personales, que eran utilizadas como medios de control para policía y reparto de contribuciones y cargas, (en ellas se recogían toda clase de datos relativos a los vecinos nombre y apellidos paterno y materno, estado, profesión, domicilio, provincia a la que pertenecía; las cédulas de vecindad, por la Ley de Presupuestos de 8 de junio de 1870, fueron convertidas en un impuesto con el nombre de cédulas de empadronamiento). Durante el año económico 1885-1886 se repartieron en nuestro municipio un total de 1.667 cédulas por un valor de 1.330,50 pesetas.

A finales de septiembre de 1886, al igual que durante años precedentes, las solicitudes de socorro de familias pobres llegaban a nuestros ediles. Era el caso de una ama de casa de nuestro pueblo, que planteaba su critica situación: “...Soy viuda y vecina de esta localidad, solicito se me conceda algún socorro para aliviar mi triste situación, por haber dado a luz una niña hace pocos días. Soy enteramente pobre y sin recursos, sin poder ganar dinero alguno debido a mi reciente alumbramiento...” El consistorio decidía: “...Señalar a favor de dicha señora, para poder atender a la criatura, la cantidad de 180 pesetas para un año, con la condición de que si en ese plazo falleciera la niña, en es momento cesará el socorro que se concede...” Este hecho nos da una idea de las difíciles condiciones de supervivencia de los niños, sobre todo en familias pobres.


Por esos días, era D. Robustiano Larrondo, quien deseando construir una casa frente a la estación de Las Arenas, solicitaba del consistorio que se le autorizara a conducir materiales desde los muelles de dicha localidad con carros hasta el punto expresado.

El 7 de octubre de 1886, se daba cuenta de los beneficios obtenidos aquel verano por las casetas de baño establecidas en las playas de Getxo, los cuales ascendían a 298,35 pesetas.

Los precios de la carne en nuestros barrios requerían la intervención de nuestros ediles. Ya que mientras en Bilbao el medio kilogramo costaba 60 céntimos de pesetas, en el barrio de Las Arenas por ese mismo peso se estaba cobrando a 75 céntimos de peseta. Por lo que exigían al rematante de abastos justificara aquel sobre precio. Parece que los precios ya desde entonces hacían de nuestro municipio un lugar muy caro para la vecindad.

El día 10 de octubre de 1886, aparecían en “El Noticiero Bibaíno” bajo el titular “El Puerto del Abra”, las memorias del progreso de las obras de la ría de Bilbao entre 1880-1881. En dicho artículo, escrito por un vecino de Algorta, D. Dioniso de Zubiaga, se indicaba que: “...En el año 1886, el ingeniero D. Evaristo de Churruca, solicitó de las cofradías de los puertos de Algorta, Portugalete y Santurce, informaran sobre dicho proyecto: “...Para la formación de un Puerto, solicitado por los inteligentes pilotos de Algorta y Guecho. Siendo en aquella fecha mayordomo de la Cofradía del Puerto de Algorta D. José Antonio de Uriarte, padre del nuevo Diputado electo. Por ello los inteligentes marinos de las cuatro cofradías de este Abra, para que como marinos y prácticos del Abra, emitan su informe, sobre el lugar idóneo para la construcción de dicho Puerto. Dichos marinos me han transmitido su pesar por no haber sido consultados en esta ocasión...” En aquel artículo, como contestación a otro publicado por “El Porvenir Vascongado”, se decía: “...No hay duda que el puerto del Abra va preocupando a la opinión pública, si nos hacemos cargo del estado tan lastimoso en que quedaríamos sumidos, y lo que sucede con los esfuerzos de cerca de seis siglos, de los infatigables de esta localidad, con la prolongación de los muelles de la ría, consiguiendo solo un aumento del fondo en la desembocadura, gastando inmensos caudales para conseguir un fondo de 23 pies. Quedaríamos en un estado lastimoso al igual que el puerto de Sanwich, en algún tiempo muy notable en Inglaterra…” Y proponía al otro diario que hicieran un paralelismo entre el Puerto que entonces se proyectaba y el de 1863.

Finalizaba octubre de 1886 con una intervención de los vecinos de la empinada calle San Nicolás de Algorta. Los vecinos reclamaban al Ayuntamiento que: “...La fuente que se trata de colocar, según nos hemos enterado, junto a la casa llamada Uriena, se coloque junto a la casa Ficaena, en la misma calle…” El consistorio decidía: “...Colocar dicha fuente junto a la casa donde se halla establecida la cátedra de Francés y Comercio, por el lado de la calle Tánger (hoy Ribera)...” Se trataba del edificio que antes había sido Ermita de San Nicolás al final de dicha cuesta.


La verdad es que las obras de traída de aguas a Algorta daban mucha guerra al consistorio. Los carros y carretas que transitaban desde la calle Carreta a Alango, lo hacían en medio de un barrizal que en sus laterales se encontraban las tuberías de conducción de aguas, ya que éstas eran de barro y resultaban dañadas. En vista de ello y de la solicitud del rematante de la obra, D. José Miguel Bilbao, el Ayuntamiento decidía: “...Colocar tablero con la indicación prohibido el paso de carros mientras duren las obras...” Por otro lado, para evitar el deterioro que el paso de los carros venían produciendo, sobre todo en los cruces de las calles, el Ayuntamiento acordaba colocar encachados de piedra adoquinada en todos los cruces de las calles del municipio, quitando las aceras existentes. Así como arreglar la calzada que iba desde la Iglesia de Santa María hasta la casa llamada Trampena, cercana a dicha iglesia; y el camino de carros que iba desde Jauregi hasta la Taberna del Ángel de Getxo.

Durante los meses de septiembre y octubre, en que la fuerza de artillería había estado acantonada en el Fuerte las Canteras, el industrial de Algorta, D. Máximo Llanta, suministró a dicha fuerza 3,225 raciones de pan, cuyo coste unitario fue de 22 céntimos de peseta.

Y se procedía al sellado de la puerta de la parte Norte de la Escuela de Niñas Pobres, con un tabique de ladrillo dejando en su parte superior un ventanuco, porque los vientos y aguaceros procedentes de esa latitud así lo aconsejaban.

En la próxima entrada veremos un hecho luctuoso, que afectó a los vecinos del Puerto Viejo de Algorta, desatando la solidaridad de toda la Provincia.

lunes, 12 de noviembre de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -63-



En la anterior entrada veíamos cómo el Alcalde de Getxo presentaba en el pleno los documentos correspondientes a la venta y compra de las acciones que la Escuela de Niñas Pobres de la Fundación Cortina tenía en el Ferrocarril de Tudela a Bilbao.

Para el 16 de septiembre de 1886, el rugir de los cañones volvía a sonar sobre los cielos de Getxo. El Ayuntamiento se daba por enterado de un oficio remitido por el Gobernador Militar sobre la llegada a nuestro municipio de la 1ª Batería del 2º Regimiento de Artillería de Montaña, que había venido para realizar ejercicios de tiro al blanco con cañón. Por lo que el consistorio les hacía entrega del Fuerte las Canteras para alojarse.

Y como no todo iba a ser fuerza y armas y la preocupación por la enseñanza y los locales donde impartirla eran de frecuente inquietud para nuestras autoridades, en esos días, el Ayuntamiento de Getxo, acordaba empezar los expedientes para solicitar al Gobierno: “...La subvención legal para la construcción de locales y casas destinadas a escuelas de 1ª Enseñanza...” Pero no era ese el único tema que afectaba a nuestro Pueblo. El 28 de septiembre de 1886, en “El Noticiero Bilbaíno”, trataban sobre una de las obras emblemáticas del Abra, el Puerto: “...No necesitamos encarecer la importancia del estudio de un puerto en el Abra de Bilbao, que ha emprendido el Ingeniero D. Evaristo de Churruca...” Obra que era alabada por el vecino de Algorta D. Dionisio de Zubiaga, propietario de las casas de Algorta “Ochoena” y “Zubiagabarri”, en un encendida carta a aquel diario: “…La necesidad de un puerto interior, abordable a todas horas y en todos tiempos, un puerto de excelentes condiciones marineras; su posición geográfica es tan ventajosa, que aunque no contara Vizcaya con tan magnífica Abra, su historia, el carácter de sus habitantes, compuestos en gran parte de marinos y comerciantes, hace necesaria un área abrigada que la proteja...” Era una obra que no solo iba a transformar el Abra, si no que haría casi desaparecer una de las playas más bellas del litoral, la Playa de Las Arenas.


Por aquellas fechas, el vecino de Algorta D. Juan Dourte Azcarate, (padre del que luego fuera uno de los más importantes fabricantes de órganos, D. Juan Dourte Zalduondo), que era director del Colegio San Bernardo de Algorta, solicitaba utilizar la casa consistorial para realizar el reparto de premios de dicho colegio.

Algunas trampas en los votos a Diputados a Cortes se realizaban por aquellos días. Parece ser que el peón caminero de Getxo, a quien se le había encomendado entregar tres sobres que contenían las actas de la elección, que se había realizado en nuestro municipio el pasado 5 de septiembre: “...Se hizo presente por varios concejales y la presidencia, que en la tarde del día 5 del actual después de concluir las operaciones de la elección de Diputados Provinciales, con fin de dar cumplimiento en lo previsto en la ley, ha sido encargado por la Mesa al peón caminero del municipio, conducir a Bilbao tres pliegos cerrados que contenían documentos y actas de la elección, uno de ellos para el Gobernador Civil de la Provincia, otro al Sr. Alcalde Presidente de la Comisión Inspectora del censo Electoral del Distrito de Bilbao y el tercero al Sr. Administrador del Correos para dirigirlo al Excelentísimo Sr. Ministro de la Gobernación, con mandato expreso que les hiciera entrega de la documentación a dichas autoridades. El resultado fue, que según se hizo ver a la mesa el día seis, no hizo entrega de los dos primeros sobres a las autoridades a quien iban dirigidos si no a otra u otras personas distintas por que los votos consignados en el acta original fueron transformados y raspados...” Aquel amaño electoral le costó el puesto al peón caminero, pero seguro que no fue cosa suya el que se desviara dicha documentación a los tramposos.

A finales de septiembre de 1886, había cierto número de prófugos en Getxo. Entre los mismos se advertían apellidos conocidos del Pueblo: “Aurrecoechea, Zuazo, Astica, Aresti y otros”. El Ayuntamiento, por la obligación que le imponía la Ley de reempalzos de 11 de julio de 1885, declaraba a los mismos, prófugos. Echando un vistazo a aquella ley, se podían observar algunas cosas que llamaban la atención: “...Ya que podían exentos aquellos mozos que fueran hijos únicos de padres y/o madres pobres, sexagenarios y viudas, también contemplaba aquella ley los casos de hijos expósitos, naturales y nietos; la cual eximía del servicio a los profesores de las Escuelas Pías y novicios que llevaran más de seis meses. Aquellos a quienes se declarara prófugos estaban penados con dos años de servicio en ultramar. A los Ayuntamientos que no hubieran hecho para finales de abril el expediente de prófugos se les castigaba con multas que iban desde 50 a 200 pesetas. A las personas familiares a quienes se les considerara cómplices, podían ser penados con multas de 100 a 500 pesetas. El aspecto económico no pasaba desapercibido ya que aquellos, que teniendo posibles, desearan redimirse del servicio ordinario lo podían hacer pagando 1.500 pesetas y 2.000 cuando fueran destinados a ultramar, bastaba con presentar en cualquier delegación de hacienda la carta de pagos...” Pero si estas cosas llamaban la atención no lo eran menos otras circunstancias que hacían que el mozo fuera declarado no sujeto a servicio y que hablaban de inutilidades físicas: “...Falta completa de ambos ojos. Perdida completa de la nariz, orejas o lengua, de todos los dientes. Jorobas o torceduras del espinazo monstruosas. Pérdida de los órganos genitales. Sífilis, Caquexia escorbútica, Herpes de aspecto repugnante y Reumatismo crónico. Desarrollo excesivo de la cabeza, tumores voluminosos, hermafroditismo, tisis, lepra, albinismo, obesidad general, dedos supernumerarios, ser patizambo. También otras por nacimiento imbecilidad, idiotismo, sonambulismo, baile de San Vito, tartamudez permanente, sordo-mudez y gota crónica...” Esta última parecía especialmente dedicada a salvar del servicio a las familias bien o clases nobles. Sin embargo, algunos mozos de la localidad que reunían algunas de las condiciones exigidas por la Ley, ser hijos de padres pobres y sexagenarios o tener madres viudas, veían el apoyo del municipio para evitar el servicio activo. Mientras, se daban casos que a todas luces resultaban cuando menos paradójicos, era el caso de Idelfonso Aurrecoeche, quien a pesar de vivir en la República de Chile, era considerado prófugo: “...Sin que haya puesto cantidad alguna en deposito para responder de su suerte…” Menos mal que dentro de las diligencias sus padres resultaban exonerados: “...Conminándole al pago de los gastos que ocasione su busca y captura y su conducción ante la Exma. Diputación Provincial...” Parecía que lo importante para el Estado era garantiza sus arcas.


La banda de música de Getxo estaba disuelta a finales de septiembre de 1886. Por ese motivo un músico vecino de Bilbao, D. Rudesindo Orcajo, se puso en contacto con el consistorio para ver la posibilidad de hacerse cargo de dicha banda. El Ayuntamiento le indicó las condiciones económicas que hasta esa fecha, la banda había venido disfrutando por si continuaba interesado: El Ayuntamiento abonaba a su director 250 pesetas anuales y al conjunto de la banda de 1.250 a 1.500 pesetas, siendo los instrumentos de propiedad municipal. Y le indicaba si: “...Puede acercarse a esta localidad para tratar de reanudar la banda de música, bajo las condiciones que se fijen al efecto...”

Por aquellas fechas, D. Pablo Mugica, era organista de la parroquia de San Nicolás de Bari de Algorta, actividad que compaginaba con la de profesor de la clase de solfeo.

En la próxima entrada veremos cómo el Pueblo estaba creciendo, los servicios eran escasos y los enfrentamientos con los barrios y el Gobierno de la Provincia también eran frecuentes. Y cómo las solicitudes de socorro de familias pobres llegaban a nuestros ediles.

jueves, 8 de noviembre de 2018

LA PLAYA Y EL MURO DE DEFENSA DEL MUELLE DE LAS ARENAS y -IV-



Con esta entrada finalizo esta historia sobre la Playa y el muro de defensa del muelle de Las Arenas. En la anterior entrada veíamos cómo se hizo un examen comparativo para ver los efectos del dragado de la ría en el Abra. Los efectos desnudativos de la playa y dunas, provocados por mareas, vientos y dragados. Y las reflexiones que, acerca de casos similares, había hecho el Gobierno Francés en San Juan de Luz y la Gascuña, donde la mar también atacó sus playas y dunas. En esta avanzaremos hasta finalizar con esta historia del Muro de Defensa de la Playa de Las Arenas.

El presupuesto de obras, aprobado por R. O. del 14 de agosto de 1893, que tenían aplicación al llamado “Muro de defensa y camino de servicio de la Playa de Las Arenas”, alcanzaba la cifra de 463.897,03 pesetas.

Sin embargo, el 20 de agosto de 1899, se firmaba el acta de replanteo del muro de defensa, en la que se decía: “...Reunidos el 20 de julio de 1899 los señores D. Evaristo de Churruca (Jefe Director de Obras del Puerto de Bilbao), Juan Antonio Sanz y Gallego (Ingeniero afecto a las Obras) y D. Cerdán Correas y D. Felix Allende (Contratistas de las Obras). Se procedió a replantear el muro de defensa, comprendido entre el Balneario de aquella playa, próximo a los perfiles N.º 2 y 3 de la playa, hasta donde el invierno último han llegado los grandes socavones y el N.º 75 último de las obras. Es de observar, que el terreno donde se han hecho estas operaciones varía de altura con las arenas, que por el efecto de los vientos y mareas, de acumular a veces y desaparecer otras, cuyos efectos se notan donde hay escolleras, habrá que crear nuevos perfiles laterales por pequeños trozos, conforme se vayan haciendo las zanjas...” El paseo interior desde el muro, según un croquis que aparecía en aquellas actas, iba a tener 6 metros de anchura.


A la hora de ejecutarlo, dado que la zona más socavada se encontraba entre Balanar (la Bola) perfil P-76 y el perfil P-35, que estaba a la altura del actual embarcadero de Las Arenas, decidieron realizar ese primer tramo de muro, dejando el resto (hasta Churruca), hasta que la experiencia demostrara si era necesario acometer esa parte de obra. Las obras avanzaban. Ya en octubre de 1899 de aquel mismo año hubo que suspenderlas, debido a la fiereza de las envestidas del mar. Pero gracias a la eficacia de la escollera que se había colocado, la zona resistió los envites del mar.

Incluso en la prensa de 1899 se hablaba de las acometidas de las mareas, y de las soluciones que para evitar sus efectos de adoptaban. El 23 de septiembre de ese año, en el diario “Nervión”, informaban: “...«Se nos dice que ha desaparecido todo peligro que, a causa de las mareas pudiera correr el chalet del señor Hurtado, sito sobre la playa de Las Arenas, pues la Junta de Obras del puerto se apresuró a defenderlo de las acometidas de las mareas equinociales de estos últimos días, por medio de grandes bloques de piedra acumulados delante de la casa»...”

Los temporales provocaron nuevos socavones y se decidió acometer otro tramo más de obra, esta vez hasta el perfil P15 que se hallaba más o menos a la altura del callejón de la pulmonía (actual José Luis Ugarte Kalea). Para el verano de 1899 la obra había avanzado hasta llegar a una longitud de 659 metros.

Tampoco las huelgas de los trabajadores fueron ajenas a aquellas obras. En mayo de 1900 estallaba una huelga de los canteros que trabajaban en el muro de la playa de Las Arenas.


Ya para 1901, en el diario bilbaíno “El Nervión”, se hablaba de los rumores de desaparición de la afamada playa: “...No se quién, pero no sería mirando con buena intención, ha propalado la especie de que la anchurosa playa ha quedado inservible con motivo de las obras del puerto exterior. Nada más lejos de la verdad. La playa de Las Arenas ha ganado en comodidad y seguridad...” Pienso yo, que quien esto escribía lo hacía defendiendo los intereses de los balnearios existentes, ya que la enorme playa anteriormente ofrecía un espacio más cómodo y salvaje, aunque su orografía tuviera mayores desniveles, siendo desde el embarcadero actual hasta su final en la bola más acusados. Entre aquellos balnearios estaban “Baños de Mar Bilbainos” regentado por Dña. Petra (viuda de Andres Larrazabal), “La Fonda Vizcaína” de Sotero Bernaola y el “Balneario de Felipa Bustingorri” ambos situados en el paseo del muelle de Las Arenas y el establecimiento de baños de mar calientes “Las Delicias” de la familia Urresti situado en la calle Urkijo.

En julio de 1902, en la primera plana del diario “El Noticiero Bilbaíno” se decía: “...«Las grandiosas obras del Puerto Exterior hacen desaparecer la gran playa de Las Arenas, dejándola en tan solo un pedacito de playa»...” Obras que provocaron que en nuestro barrio y en su playa sucedieran contenciosos entre vecinos y trabajadores de la Junta de Obras. Los trabajos de trasiego de restos silíceos de la playa de Las Arenas, que estaban realizando unos trabajadores, trasladando las arenas con gabarras hacía la ría, provocó la intervención de los bañeros que veían cómo su esplendida playa iba desapareciendo, lo que ponía en peligro la continuidad de su trabajo: “...«Un conjunto de cargadores que ascendían a unos veinte hombres, realizaban tranquilamente sus faenas en sitio prohibido, lo que excitó a los bañeros que no pudieron hacer respetar la ley, pues aquellos corpulentos cargadores no hacían caso de sus manifestaciones»...” Ante el cariz que iba tomando el conflicto intervino el Presidente de la Junta de Obras del Puerto Sr. Coste Villoslada, quien para evitar el conflicto que se avecinaba, requirió la presencia del Alcalde de Getxo. El regidor no acudió y envío a los municipales, ante el enfrentamiento de los gabarreros y los municipales, y ya que los primeros se resistían a obedecer sus ordenes, tuvo que intervenir el Comandante de Marina, ante cuya autoridad, los cargadores dejaron de realizar el trasiego de arenas. El 7 de septiembre de 1902 se colocaba el último bloque del contramuelle de Arriluze.

El 3 de febrero 1903 el Boletín Oficial de la Provincia publicaba la relación de propietarios de Las Arenas, a quienes se iba a expropiar terrenos para la construcción del muro de defensa y camino de servicio de la playa de Las Arenas.

El muro de defensa del paseo del muelle de Areeta-Las Arenas, que va desde el Monumento a Churruca hasta la Playa Balanar (La Bola), fue un diseño de D. Evaristo de Churruca, que plasmó en un plano en 1904. En el diseño de 1904, se podían apreciar 76 perfiles (secciones), dichos perfiles estaban numerados y distanciados cada 20 metros aproximadamente. El perfil número P-1 comenzaba junto a las casas de Solaegui y Vilallonga, en la esquina de la mojijonera; en la zona más próxima a la playa de Las Arenas, entre los perfiles P-16 y P-24, junto al muelle, se alzaba el impresionante establecimiento de “Baños de Mar Bilbaínos”, propiedad de la familia Aguirre. Entre los perfiles P-23 y P-28 se encontraba el Balneario que resultó destruido durante el invierno de 1899 por la socavaciones que provocaron las mareas durante el mes de noviembre. Y finalizaban en las esquina de la playa “Balanar” (la Bola) con el P-76. En dicho plano se puede apreciar que Las Arenas, así la llamaré en este relato, porque entonces ese era su nombre oficial, era un pequeño núcleo con escasas edificaciones, en el que destacaban tan solo 8 calles: La de la Carretera (actual Zugatzarte Etorbidea), la calle Mayor, la calle Las Mercedes (que entonces se dividía en dos calle Nueva y Las Mercedes), la calle La Estación, Urquijo, María Cristina y Amistad.

Las ansias especulativas hacían presencia en nuestra costa. Ya en 1904, en los informes de los programas de obras, se advertía de las intenciones de algunos particulares por ganar terrenos al mar: “...La playa de Las Arenas, que tuvo en su momento de mayor esplendor 1500 metros de longitud, debe de dejarse en la situación en la que se halla, para que en ella rompa y se desvanezca la agitación marina que en el puerto entre. Prohibiéndose allí toda concesión que tienda a ganar terrenos al mar...”


Y no obstante, a pesar de haberse realizado el contramuelle, el 14 de noviembre de 1905, la fuerza del viento y la mar volvían a golpear el muro de defensa de Las Arenas, y así era recogido por el diario bilbaíno “El Nervión”, en su primera plana: “...El temporal que se desencadenó ayer sobre nuestras costas fue imponente, la mar presentaba terrible aspecto. Las olas, empujadas por el huracanado viento que reinaba, rebasaban los muelles de Las Arenas, Portugalete y Santurce. Era tal estado del mar, que las olas rebasaban el rompeolas de Algorta, cosa que no se había visto nunca. Al romper las olas contra el muelle de Las Arenas, nubes de agua llegaban a los tejados y terrazas de las casas. La carretera de Algorta, cercana al contramuelle, se hallaba inundada. El alero del tejado de la casa de los hijos de Gorbeña, por la parte que da al mar, se rompió y fue a parar a la vía del tranvía. La fuerza del viento arrancó en el Club Marítimo del Abra, la ventana central de la “serre”, que mide tres metros de largo por uno y medio, de alto, y la hizo pedazos. Numerosas embarcaciones fueron lanzadas a las escolleras. El paso por los muelles y lugares descubiertos se hacía imposible, la fuerza del viento arrojaba al suelo a las personas...” Un temporal similar se había desarrollado años antes, en 1903.

La gran Playa de Las Arenas ya desaparecida y su salvaje y maravilloso paseo marítimo, dio paso al muro de contención y calzada, gracias a la cual hoy podemos disfrutar de saludables paseos. Sirva este trabajo como aportación a la historia de nuestra playa y su paseo. Las fuentes consultadas para este trabajo han sido: Archivo Municipal de Getxo, Revista de Obras Públicas y la Autoridad Portuaria de Bilbao. Gracias a esta última entidad y a la amabilidad de uno de sus responsables D. Mario Hernaez podemos conocer algo más de lo acontecido en nuestro Pueblo.