MEMORIAS DE GETXO

lunes, 21 de enero de 2019

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -76-



En la anterior entrada veíamos cómo el pleno municipal de Getxo trataba, a solicitud del regidor D. Mateo Ajuria, uno de los asuntos que venía para modificar el aspecto exterior e interior del Abra, su Puerto exterior.

El 18 de septiembre de 1887 fue la fecha en la que el pleno municipal, tras la vista al concesionario de la estación telefónica de Bilbao y conocer las tarifas y bases que para el enganche estipulaban, decían: “...Con fecha del 15 del actual, y obligándose bajo las mismas bases a establecer una estación telefónica en esta población. Y teniendo en cuenta las ventajas que traería la instalación de dicho aparato en esta localidad, acordamos autorizar a los señores regidores Diliz y Aldecoa, presentándose ante la empresa concesionaria, traten de arreglar y concertar el medio más conveniente para el establecimiento de una estación telefónica en este Pueblo...” El 22 de septiembre, los regidores encargados de entrevistarse con la compañía: “...Tras la entrevista mantenida con el Director de la red telefónica de la Villa de Bilbao, informaban en el pleno, acordando que cuanto antes se instalara dicha red en esta población...”

El 18 de septiembre de 1887 D. Juan Bautista Cortina, vecino de Bilbao, como testamentario de su finada hermana Dña. Rogelia Cortina, solicitaba permiso para establecer un colegio en el Puerto Viejo de Algorta: “...Para construir en el punto llamado Mugaburu-ondo de esta población, un colegio para niños y niñas pobres por encargo que tiene de su citada difunta hermana...” El Ayuntamiento de Getxo concedía la autorización para realizar dicho colegio de acuerdo con los planos presentados.


A la vez que en esos mismos días, la comisión de obras estudiaba si la colocación de baldosas en las aceras del municipio era más barata y funcional que la que se había venido colocando con anterioridad, de piedra de las canteras de Durango.

Las carreras de caballos tan de moda en la época en la vega de Lamiaco, que por la prensa era llamada de Las Arenas, que se venían celebrando desde hacía tiempo, iban a ver su repetición el día 25 de septiembre de 1887. En la zona y los pueblos cercanos había gran animación, hasta el punto que un tal Sr. Solano dueño de uno de los equinos que iban a competir de nombre “Lucero”, era el motivo de las apuestas que ya se estaban cruzando. Incluso los trenes de Bilbao a Las Arenes veían alterar su horario, ampliándolo desde las 14:30 hasta las 19:30 con parada en el apeadero del Hipódromo de Lamiaco, con una frecuencia de media hora entre esos horarios. Incluso la compañía del tranvía iba a participar con un caballo llamado “Perla” que había sido el vencedor de la anterior edición. En la primera carrera el caballo vencedor fue “Polvorilla” de D. Tomás de Zubiria, mientras que en el llamado match de los de los 10.000 reales (apuestas) fue ganado por “Nicot” de D. Benigno Chavarri, que tuvo cómo jinete a D. Carlos Levison.


A veces la solicitud de obras de algún vecino era aprovechada por el consistorio para obtener alguna prebenda que abaratara sus siempre mermadas arcas. Ese fue el caso de la solicitud de D. Francisco Elorriaga, que habitaba en el Puerto Viejo de Algorta, a quien el 22 de septiembre de 1887 se le decía lo siguiente: “...De acuerdo con el convenio firmado, y habiendo solicitado el abono de 30 pesetas por haber realizado pesebres para caballos en su casa de Arechondo, tiene la obligación de alojar en dicha casa a la caballería de la fuerza armada de artillería cuando venga a este pueblo a sus ejercicios de tiro, no pudiendo presentar más reclamación que la de quedarse con el estiércol de dichas caballerías...”

La iluminación pública por aquellas fechas era escasa. Se realizaba mediante faroles de petróleo, hasta el punto que doce vecinos de Algorta encabezados por D. Juan Manuel Ugarte solicitaban al Ayuntamiento de Getxo: “...La colocación de un farol de alumbrado público entre las casas “Ugarteba-Nueva” y “Bastinchuena...” Y era en esa fecha el 22 de septiembre de 1887 cuando ya se hablaba de la próxima llegada del servicio eléctrico a uno de los barrios de Getxo, un tal “Norbait” escribía en el “Noticiero Bilbaino”: “...Se trata de establecer el alumbrado eléctrico. El Iniciador de este proyecto es el dueño de la fabrica de cementos, mosaicos y baldosas fundada en esta población hará cosa de dos años. Parece ser que el Ayuntamiento ha recibido con gran satisfacción la propuesta presentada por el citado fabricante. Así pues, todo hace creer que pronto tendremos el alumbrado eléctrico, siendo en este caso Algorta el primer pueblo de Vizcaya que disfrutará de esta incomparable iluminación…” Por otro lado la idea de mejorar las comunicaciones se habría paso: “...Se trata también de Instalar una estación telegráfica y dos correos diarios. En un principio se pensó en establecer un centro telefónico, pero esta idea va perdiendo terreno en vista de que es más ventajosa la comunicación telegráfica, al menos para Algorta...”

El 29 de septiembre de 1887 acordaba la corporación municipal: “...Asistir este Ayuntamiento en Corporación, el día 1 de octubre, a la misa mayor que se celebrará en la iglesia de Santa María, con motivo de la inauguración del traslado de la feria y romería de ese día, que hasta la fecha se venía celebrando el 1 de marzo, asistiendo a dicha misa el organista de San Nicolás de Bari de Algorta con algunos cantores...”

Así mismo se informaba en el pleno de la invitación del cura ecónomo de San Nicolás de Bari, invitando a la corporación a la procesión del santo Rosario, que iba a tener lugar el día 2 de octubre a las cuatro de la tarde.

También en esa fecha se daba cuenta de la multa puesta por el Gobernador a todos los componentes de la corporación municipal del año 1886: “...Por haber declarado soldado sorteable y no prófugo, sin estar presente en el acto, al mozo D. Juan Arnabar Aguirre...” Por ello debía abonar también, con arreglo a lo establecido por la ley, la cuarta parte de la multa el secretario municipal.

La cuenta de gastos e ingresos del primer trimestre del ejercicio 1887-88 daba un saldo positivo de 20.597,99 pesetas.

El 6 de octubre de 1887 D. Juan Arechavala y otros vecinos de Las Arenas solicitaban al consistorio de Getxo la reposición de un camino que comenzaba en Gobela y terminaba en Saconeta, se trataba de una estrada de carácter rural de escaso transito.


Algunas veces el Ayuntamiento de Getxo y el cabildo eclesiástico de San Nicolás de Bari entraban en conflictos, seguramente motivados por el exceso de celo respecto de sus pertenencias del segundo. Aquel 6 de octubre las actas municipales recogían una de aquellas desavenencias relacionada con unos locales situados en los bajos de la iglesia. El cura ecónomo de la citada parroquia se dirigía al consistorio: “...Que esa corporación manifieste si reconoce la pertenencia a esta parroquia de los locales que se hallan situados en el piso bajo del comulgatorio, sacristía y el pasillo de transito intermedio entre esta y aquel...” A lo que el consistorio respondía: “...Acuerda este consistorio significar al expresado cura ecónomo que desde el año 1864, época de la bendición de esta iglesia, viene haciendo uso el Municipio de los locales que se trata para depósito de bancos, necesarios para colocar en la plaza contigua y otros útiles, sin que en ningún tiempo se haya puesto impedimento alguno por sus dignos antecesores; por lo cual y por la completa independencia del templo y sus dependencias en los mencionados locales, cuyas puertas únicas dan a la plaza cubierta de este Pueblo, que cedió gratuitamente el terreno para la edificación de dicho templo, cree esta corporación que fueron construidos expresamente para el objeto a que se destinan. Además su conservación ha merecido siempre la atención de parte de la Municipalidad, como prueban la obras ejecutadas a sus expensas para conducir al caño general las sustancias fecales del retrete de la sacristía...” La utilización de los citados bancos era para los días en que se celebraba el mercado en la plaza.

En la próxima entrada seguiremos con estas historias de la vida municipal de Getxo, y de cómo el vecino de Erandio D. José María Aramberria solicitaba construir la casa que más tarde sería el “Hotel Aramberria” de Las Arenas.

jueves, 17 de enero de 2019

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -75-



En la anterior entrada veíamos cómo los cadáveres del municipio también requerían de instrumental para realizar la autopsias y una de las fiestas tradicionales de Santa María de Getxo, la romería del Ángel, cambiaba de fecha de celebración.

El 18 de agosto de 1887 el pleno municipal de Getxo trataba, a solicitud del regidor D. Mateo Ajuria, uno de los asuntos que venía para modificar el aspecto exterior e interior del Abra, su Puerto exterior. La construcción del Puerto fue obra del D. Evaristo Churruca, a su regreso de la Habana en 1873, y hacerse cargo en 1877 de la construcción del mismo y la canalización del río Nervión, obras que finalizaron en 1904. Aquella obra tuvo su réplica de manos del antedicho regidor, quien recogía las inquietudes de algunos vecinos de Getxo, ante una obra de la que aún desconocían su alcance y cómo iba a afectar a sus vidas, sobre todo la de los más cercanamente afectados, la de Cofradía de Mareantes del Puerto Viejo, pilotos y prácticos de Algorta. 


Por ello decía en su propuesta de agosto de 1887: “...Todo proyecto que se intente llevar a cabo en un Pueblo, por más que tienda al mejoramiento del mismo, como es la formación de un Puerto, que tantas ventajas traerá a la navegación y a todo lo con él relacionado, por cuanto trata de realizarse por una corporación extraña a este municipio, deber es de este de enterarse hasta en sus menores detalles, examinando su transcendencia y el alcance de su influjo, y coadyuvar con sus recursos a su realización si con el se obtienen ventajas, o si por el contrario resultara un prejuicio inmediato protestar en debida forma y en su tiempo, haciendo valer nuestros derechos...” Por ello reclamaba la necesidad de: “...Hacerse iluminar por facultativos, sociedades y gremios competentes para que se ponga en conocimiento del autor o corporaciones que hayan proyectado los informes, las opiniones de este Pueblo…” Señalaba que tenían sobre la mesa las memorias que el Ingeniero Director de las obras del Puerto, D. Evaisto Churruca, había publicado en el año económico de 1885-86: “...Y de las mismas se desprende que se trata de encerrar cierta extensión de esta Abra, a fin de formar un antepuerto para fondeadero y mejora de la ría, con un espigón que parte desde Arriluze o Punta Begoña, en dirección caso N.O., hasta una distancia de 1.072 metros. Si bien con este proyecto se abriga y mejora mucho el barrio de Las Arenas, creemos los que suscribimos esta propuesta que los barrios tan populosos como Algorta y Guecho sufrirán prejuicios considerables, especialmente el actual Puerto de Algorta, que casi se puede decir es el sostén del núcleo principal de la feligresía de Algorta.

Y como quiera que a su entender, la obra, colocaba al Municipio de esta Anteiglesia en una posición tan insegura al no saber si resultaría ventajoso o perjudicial dicho proyecto para ambos barrios y siendo el deber de los concejales atender y velar por los intereses del gremio de mareantes y la propiedad del Pueblo en general, proponían a este Ayuntamiento lo siguiente: “...En primer lugar nombrar un ingeniero facultativo que informe de la trascendencia del proyecto, de las transformaciones que pudieran sufrir la playa de Ereaga y el Puerto de Algorta y si otro posible proyecto no reportaría más ventajas a esta Anteiglesia sin que sufra daño la ría y la barra del Nervión. En segundo lugar que informe y de su opinión la Cofradía del Puerto de Algorta, con la colaboración de los pilotos y prácticos tanto de este barrio como de las Cofradías de Portugale y Santurce….” El Ayuntamiento en pleno tomó en consideración aquella propuesta: “...A fin de practicar las diligencias conducentes a cerca de negocio tan trascendente que expresa dicha propuesta...”


En aquel pleno se daba cuenta de una instancia de D. Augustus Levinson, secretario de la comisión organizadora de las carreras de caballos que se iban a celebrar en el hipódromo de Las Arenas el día 25 de septiembre de 1887. El hipódromo estaba situado en la Vega de Lamiaco, entre Axpe y Las Arenas. El organizador de la carrera Sr. Levinson solicitó ayuda económica para tal evento. El Ayuntamiento decidió dar para aquel acto 125 pesetas. Desde días antes ya aparecía anunciado el acontecimiento en la prensa, en el “Noticiero Bilbaíno”, el día 24 de agosto se anunciaban en dicho diario las carreras que se iban a disfrutar y los premios: “...La primera carrera era de 2.250 metros; la segunda, con el premio más alto 250 pesetas, era de una distancias de 3.000 metros y la última de 2.250 metros. Los precios para acceder al hipódromo eran: Entrada de coche al hipódromo 5 pesetas; Tribuna de preferencia 2 pesetas; Tercera y segunda tribuna 1 pesetas y la entrada general al hipódromo costaba 0,50 céntimos. En dicho medio de comunicación del día 25, aparecía la noticia de que iba a participar el caballo “Perla” propiedad de la compañía del Tranvía que había ganado el primer premio de la primera carrera el año anterior...” Sin embargo, aquel año dicho caballo salió a correr en la segunda carrera pero se despistó en la última vuelta. Otro de los caballos del Tranvía, este de nombre “Lebrel” participó montado por el organizador de dicho evento.


El miedo a los peligros de los baños por las corrientes que en alguna zona de la playa de Las Arenas y que, en alguna ocasión, provocó fallecimientos, esta inquietud llegaba hasta el Gobernador de la Provincia a través de una carta enviada al “Noticiero Bilbaíno” el 23 de agosto de 1887 tras el fallecimiento de un turista francés: “...Por mucho que la hayamos sentido, no nos ha cogido de sorpresa la desgracia ocurrida anteayer tarde, no en la playa de Las Arenas, sino en la derivación de aquella playa a la ría. La playa es extensa, llana, suave, de oleaje moderado y de tales condiciones de seguridad, que verdaderamente es imposible en ella el peligro sin una gran imprudencia por parte del bañista o del que le guía en el agua. Lo único que constituye peligro, y peligro inminente, es que los bañistas vayan hacia el canal, o sea hacia el alcance de la resaca. Este peligro desaparecería por completo, sólo con poner una maroma que a la vez sirva como asidero del bañista y para señalar donde se inicia el peligro...” Ante la misiva, el Gobernador ordenaba al Ayuntamiento de Getxo el 24 de agosto de 1887: “...Que con motivo de haberse ahogado un ciudadano francés el día 21 del actual, disponga que durante la temporada de baños se sitúe una lancha con su tripulación correspondiente con objeto de que en caso de accidente pueda acudir rauda al rescate...” El consistorio con una parafernalia de acato pero no obedezco, aclaraba al Gobernador que: “...Que es imposible que ninguna lancha o embarcación menor resista las mareas en aquel punto aún en los días de calma y buen tiempo, y mucho menos cuando los vientos frescos de fuera, que suelen soplar con frecuencia, estarían expuestos a perecer los tripulantes, que los bañistas...” Finalmente el consistorio, tras una visita al Gobernador, logró convencerlo de la inutilidad de la colocación de una lancha en aquella corriente y acordaron se extremaran las medidas de vigilancia y seguridad para evitar nuevos accidentes.

La contabilidad municipal al 31 de agosto de 1887 daba un resultado de 15.414,53 pesetas en la caja. No sabemos si este balance era escaso, pero el Ayuntamiento necesitado de hacer caja, acordaba cobrar por medio del alguacil los derechos de instalación de casetas en las playas de Getxo, a razón de 10 reales por caseta.

En la próxima entrada veremos cómo el pleno municipal, tras la vista al concesionario de la estación telefónica de Bilbao y conocer las tarifas y bases que para el enganche acordaban establecer una estación telefónica en esta población.

martes, 15 de enero de 2019

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -74-



En la anterior entrada veíamos cómo se inauguraba, aunque provisionalmente, la Iglesia de Nuestra Señora de Las Mercedes de Las Arenas.

El 4 de agosto de 1887 D. Juan Ramón Mota solicitaba permiso para edificar su vivienda en Alango. Por aquel entonces preocupaba al consistorio la limpieza de las fachadas. Estábamos en verano y la afluencia de visitantes a nuestra localidad era importante. El Ayuntamiento ordenó que se encalaran los edificios para mejorar su aspecto exterior.

A mediados de agosto y a pesar de la canícula, la existencia de aguas en el depósito municipal, tras las obras de traída realizadas, era afortunadamente abundante por lo que el consistorio decidía abrir al servicio público los dos lavaderos del barrio de Algorta.

El Ayuntamiento encargó la compra de instrumental médico para realizar las autopsias que supusieron un gasto de 44,75 pesetas. Como el responsable de ordenar las intervenciones a los difuntos era el Juez Municipal, acordaron informarle del nuevo instrumental: “...Que tendrá a su disposición cuantas veces precise en la Casa Consistorial, bajo la custodia del alguacil primero...”

Tras los exámenes realizados a los alumnos del Colegio San Bernardo en el mes de julio y vistos los excelentes resultados obtenidos por los pequeños, el Ayuntamiento felicitaba a su director D. Juan Dourte.
El 18 de agosto de 1887, el Sr. Alcalde leía una carta remitida por los hijos del finado D. Máximo Aguirre, dando las gracias por haber puesto el nombre de su padre (Avenida de Máximo Aguirre) a una calle del barrio de Las Arenas.


Las relaciones entre el Ayuntamiento y la Compañía del Tranvía de Bilbao a Algorta, que en épocas pasadas no fueron muy cordiales, parece que en agosto de 1887 habían mejorado; al menos eso se desprende de lo descrito en el acta municipal del 18 de ese mes. En ella se daba cuenta de de un oficio del gerente de dicha compañía: “...Manifestamos que esta compañía no tiene ánimo de cobrar el carruaje que hace pocos días puso a disposición de esa corporación para conducción de algunos pobres de solemnidad a Bilbao...” El consistorio, además de agradecer a la compañía el gesto, nos daba en aquel acta un dato interesante en cuanto a cómo era la tracción de los tranvías en aquel momento: “...Esta corporación agradecería mucho que siempre que sea posible disponga es compañía, que los carruajes del tranvía en el trayecto desde la plazuela de la antigua carnicería hasta el Casino vayan con poca velocidad, a trote natural de los caballos, con el fin de evitar cualquier desgracia que pudiera ocurrir por la estrechez de aquel camino...”


Antes de tocar el siguiente punto referido a la “Fiesta del Ángel de la Guarda” recordar que según D. Juan Ramón de Iturrizar en su obra “Historia General de Vizcaya”, dicha festividad, en cuyo día se celebraba una feria de ganado, se estableció en el año 1780. Esa fiesta iba a ver cambios importantes, y es el 18 de agosto de 1887, cuando una de las fiestas tradicionales de Santa María de Getxo “El Ángel de la Guarda”, que hasta entonces se venía celebrando en fechas próximas a la Semana Santa, verá cambiar el día de celebración gracias a la intervención de algunos influyentes vecinos para quienes las licencias festivas de la juventud de la época podían ser obra del propio Satanás. En aquel pleno municipal se dio cuenta de una instancia firmada por D. Juan Bautista Aguirre, D. Dámaso Ibarra y D. Roque Zabala y otros vecinos de la feligresía: “...Solicitamos que por las poderosas razones que pasamos a exponer, suplicamos a esta corporación suprima la feria y romería que en la misma se vienen celebrando anualmente por los días del Santo Ángel de la Guarda, el 1 de marzo, y trasladarla al 1 de octubre, el argumento era que con motivo de la Fiesta del Ángel se venían cometiendo grandes irreverencias…” Algunos, como ellos mismos se definían, “Amantes de conservar los buenos usos y costumbres”, vigilantes de la moral publica y de las buenas costumbres, alegaban que: “...Si en el transcurso del tiempo estas costumbres pierden su primitiva forma, tal y como “se las legaron sus antepasados”, vienen a ser “lazos de Satanás y de profanación de algunos días sagrados”...” Advertían respecto a la fiesta que: “...Aunque caían con rara excepción dentro de la Semana Santa, las juventudes de aquí y de las proximidades “se reúnen con pretexto de la Feria de Ganado”, del barrio de Santa María, y se entregan con una “desenvoltura poco edificante”, a una diversión “impropia del Santo tiempo de Cuaresma”, que nos invita a “llorar nuestros pasados extravíos...” Y añadían que: “...La feria de ganado que se celebra en Santa María, no tiene excesiva importancia, ya que con las ferias que se hacían de forma quincenal en Las Arenas eran suficientes...” ¡Dios! ¿Qué cosas harían aquellos libertinos jovenzuelos para tener que expiar así sus excesos? La carta motivó a que la Corporación getxotarra adoptara la siguiente decisión: “...Enterados con agrado del contenido de dicha instancia y haciéndose todos los concejales participes de los mismos sentimientos e ideas, acordamos trasladar la Fiesta del Santo Angel de la Guarda al 1º de Octubre, anualmente, día en que la Iglesia celebra la fiesta del Santo Angel Custodio del Reino”...” Este acuerdo fue refrendado el 18 de Agosto de 1887 por la corporación municipal, entonces encabezada por el Alcalde de Getxo D. Pedro Amezaga. A la celebración de ese primero de octubre, a fin de solemnizar el acto, acordaba el Ayuntamiento acudir en pleno junto a la banda de música.



Aquel verano el responsable del Balneario de la playa de Las Arenas, vecino de Bilbao D. Eladio Berriatua, solicitaba al consistorio poder ampliar en 16 ó 20 unidades las casetas de baño de dicha playa.

Los fuegos de artificio lanzados en las fiestas de Las Arenas y Algorta, durante los días 26 al 31 de julio y el 13 de agosto, habían sido lanzados por la pirotecnia de la Viuda e hijo de Hernández. Se habían gastado en aquellas maravillas pirotécnicas 609 pesetas.

Otro de los acuerdos de aquel 18 de agosto fue nombrar Alcalde del barrio del Puerto a D. Victor Zarraga. Y cómo la presencia y decencia de los símbolos de poder de nuestras primeras autoridades, requerían de cierto boato, el pleno acordaba: “...Que no hallándose en decencia como se requiere en un Pueblo como éste, los bastones e insignias de los Sres. Alcalde y Tenientes de Alcalde, se arreglen dichos bastones como corresponde, con puños dorados o de oro y borlas nuevas...”

En la próxima entrada veremos cómo la proximidad de la construcción de un puerto nuevo hacía que nuestros ediles reaccionaran ante la posibilidad de que las decisiones fueran tomadas por personas extrañas.

jueves, 10 de enero de 2019

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -73-



Tras estos días festivos, y la entrada relativa a la inauguración del ferrocarril de Bilbao a Las Arenas el 30 de junio de 1887, vuelvo con estas historias del último cuarto del Siglo XIX. En esta iremos viendo cómo se iban produciendo en el pueblo nuevas obras e inauguraciones.

Y metidos en inauguraciones el 14 de julio de 1887 el Ayuntamiento de Getxo acordaba: “...Asistir a la bendición de la nueva iglesia de Las Arenas, que según noticias tendrá lugar dentro de pocos días...” A dicho acto acudió la banda de música de Algorta con su director D. Pablo Arzuaga al frente, aquella actuación supuso para las arcas municipales un gasto de 21,35 pesetas. Un día más tarde en el “Noticiero Bilbaíno” anunciaban: “…El domingo próximo se inaugurará, aunque provisionalmente, la hermosa Iglesia de Nuestra Señora de Las Mercedes, construida en el centro de aquella hermosa y a populosa población, que tiene sobre la generalidad de los puertos marítimos la inapreciable ventaja de haber sucedido, a los antiguos, áridos y abrasados arenales donde no brotaba una planta, una exuberante vegetación de toda especie, y sobre todo a dado paso a dilatados pinares donde casi no penetra un rayo de sol...” Así describían cómo tras la desecación de las marismas un extenso bosque de pinos cubría la zona, ejemplares que aun sobreviven majestuosos en Zugatzarte, Lertegi y Cristobal Valdes.

Por la descripción que hacían de nuestro barrio parecía que estuvieran hablado del paraíso: “...Es Las Arenas un lugar donde al rumor de las brisas que se agitan en su espeso y fresco ramaje, se unen al constante rumor de las olas del mar, que se desvanecen en la ancha, dorada y segura playa, al pie de la que se levantan ricos y hermosos edificios, que se hallan interpuestos entre ella y los sombríos pinares, perfumados por los siemprevivos lirios marinos que esmaltan y tapizan el suelo. Hasta los plátanos y emparrados con los que hace algunos años se procuro amenizar la plazuela de Las Arenas, han adquirido una lozanía y desarrollo que realzan notabilísimamente la belleza y comodidad de ese pueblo...” Dicho acto inaugural tuvo lugar el domingo 17 de julio de 1887.


A finales de julio de 1887 se publicaba en la prensa bilbaína la cuota que correspondía a cada pueblo de Bizkaia, para cubrir el déficit del Presupuesto Provincial, que alcanzaba las 524.556,40 pesetas, de las cuales a Getxo le correspondían abonar la cantidad de 6.757,91 pesetas. El total de déficit partía tomando por base el producto de los Arbitrios municipales, sobre el Vino, Aguardiente, carnes, abacería y licencias de construcción y reforma de fincas, del ejercicio económico de los años 1886-87.

Las travesuras de nuestros jóvenes de 1887, si vivieran hoy más que centenarios, eran castigadas con la perrera, y más que por la importancia de los hechos porque seguro que cómo en cada época la tolerancia alcanzaba hasta donde las gentes pensantes consideraban debía estar el límite. Entre aquellas travesuras se encontraba la de un mozalbete, que provisto de una caña de pescar, cogía con su anzuelo ropas que se encontraban tendidas al sol en un balcón del barrio; otras de aquellas travesuras era, algo ya clásico de los jóvenes de varias generaciones posteriores, arrojar piedras al paso de las unidades del ferrocarril, desde puntos elevados sobre la vía o colocar clavos en los raíles para hacer hinques.

El 21 de julio de 1887 el Ayuntamiento decidía dieran comienzo los exámenes de las clases de solfeo. Los mismos se realizaron en Algorta, corríendo a cargo del organista de San Nicolás de Bari de Algorta D. Pablo Mujica. Pero cómo quiera que dicha academia carecía de instrumental para realizar las pruebas pidieron ayuda al Casino Algorteño, al que solicitaron les dejara el piano y el salón del centro recreativo. Así mismo se decidía comprar algunos dulces en Bilbao para repartirlos como premio a los alumnos de solfeo, cosa que realizó D. Idelfonso Arrola y que supuso para las arcas públicas un gasto de 15,75 pesetas.


En esas mismas fechas se acordaba realizar mejoras en el camino que iba desde Alango a los depósitos de aguas. El contratista que realizó dicha obra fue el vecino del Algorta D. Juan Bautista Eguia.

A finales de julio de 1887 teniendo en cuenta que la canícula apretaba el consistorio de Getxo decidía: “...Teniendo en cuenta la decencia que deben reunir en la presente estación los vestidos de los alguaciles y empleados vigilantes de las aguas, se les proporciones trajes delgados de verano...” Y es que aquellos largos trajes de paño no eran lo más apropiado para los calores del estío.

La caseta del fielato de Las Arenas presentaba en esos días un aspecto deplorable, su techo estaba prácticamente desvencijado y las aguas caían en su interior, cómo si de una ducha se tratara. Por lo que decidieron retejar dicha caseta, pero esta vez con un tejado de zinc.


Agosto de 1887, comenzaba con un nuevo libro de actas, que era firmado por su Alcalde D. Pedro Amezaga y el secretario municipal D. José de Abarrategui. Y en su primer acta se daba cuenta del sorteo de asociados, que cómo recordaba en agosto de 1884 iban a formar parte de la Junta Municipal, de rentistas y propietarios que por su poder económico, coadyuvaban a tomar decisiones y financiaban en ocasiones, las obras para las que el municipio no disponía de recursos propios. Entre los elegidos por sorteo para aquella Junta figuraban:

Por la Primera Sección: D. José Camiruaga, D. Manuel Eguia, D. Antonio Alcorta y D. José Bilbao.

Por la Segunda Sección: D. Eulalio Madariaga, D. Juan José Unibaso, D. Fausto Gorordo y D. José Antonio Icaza.

El día 3 de agosto de 1887 aparecía en el Boletín Oficial de la Provincia una circular del Gobierno Civil, recordando a los alcaldes el deber del cumplimiento de la Real Orden relativa a la revisión en las respectivas localidades de la rotulación de las calles y plazas, así como de la numeración de las casas y edificios que la tuvieran ya establecida, disponiendo se pusiera de nuevo esta en los puntos donde no existiera o se encontrara incompleta. Para ello se daba un plazo de 15 días. El Ayuntamiento de Getxo acordaba: “...Nombrar para ejecutar esta orden a D. Irineo ramón Diliz y D. Eladio Sustacha por Santa María y Algorta, y a el primer teniente de Alcalde D. José María Aizpiri por Las Arenas...” Fue este el primer callejero del municipio que aún se conserva en un expediente municipal (signatura. 4.628-4). En el aparecían, sobre todo en Algorta y Santa María, los nombres de las casas, su uso y el estado físico de los edificios.

Así en Algorta: en la calle San Nicolás en el número 2 aparecía señalada la ermita de San Martín en ruinas y en el número 1 un lavadero público; en la calle Mayor (antes Tetuán) en el 21 en la casa “Malvena Nueva” existía una farmacia; en el número 45 estaba la tahona de Hermoso y en el 44 la Sociedad Casino. En la Plaza de la Constitución en los números 1, 2 y 3 aparecían respectivamente la Casa Consistorial, las Escuelas Públicas de Primera Enseñanza y la ermita San Ignacio de culto católico. En la calle de la Carretera en el número 45 estaba la Alhóndiga y en el 105 el depósito de carbón de “Dos Amigos”. En la calle “Alangüetas” en el número 43 el depósito y Servicio Municipal de Aguas, en el 54 una fortificación militar y en el número 57 aparecía el Matadero Municipal. En la calle Carretera del Tranvía en el número 1 figuraba la Gran Fonda San Ignacio. En Las Arenas, que tan solo contaba con 77 números, en el número 1 estaba la Fonda de Epalza; en el 30 la estación de Ferrocarril, en el 54 la Iglesia de Las Mercedes; en los números 55 y 71 aparecían los Balnearios de Bustingorri y el Hotel de los Aguirre. Mientras que en Santa María con 140 números, aparecían en el número 102 el Faro de la Galea, en el 110 las Escuelas Públicas, en el número 111 la Iglesia de Santa María, en el 113 la ermita del Ángel de la Guarda, en el número 113 la vivienda y taberna del Ángel y en el 143 el semáforo de la Galea. En la zona de Baserri, tan solo con 19 números, aparecían el Molino de Bolusarreta en el número 4, la ermita de Santa Columba en el 6 y el Molino de Cucullaga en el número 11.

En la próxima entrada veremos como a pesar de la canícula, la existencia de aguas en el depósito municipal tras las obras de traída realizadas era abundante, y se decidía abrir al servicio público los dos lavaderos del barrio de Algorta.

lunes, 7 de enero de 2019

LA INAUGURACIÓN DEL FERROCARRIL DE BILBAO A LAS ARENAS



Tras unos día en el dique seco, por una avería en el ordenador, vuelvo a estas paginas con nuevos temas sobre la historia de Getxo.

Cuando hace días se celebraba, en la nueva Aula de Cultura de Romo, la llegada del ferrocarril a Plentzia, recordaba que ya han pasado algo más de 131 años, desde que el ferrocarril de Bilbao a Las Arenas llegara a nuestro barrio. Y que tan solo 6 años más tarde lo haría a la Villa de Plentzia, dicho ramal se puso en marcha el 3 de septiembre de 1893.

Fue una obra memorable para sus tiempos, no exenta de poder especulativo, ya que para los propietarios de aquellas enormes extensiones de terreno, la familia de D. Maximo Aguirre, las que antes fueran marismas y terrenos incultivables, ahora eran una oportunidad de negocio. Los mismos que tras la desecación de las tierras y sus inicios urbanísticos habían concebido el inicio de una gran urbe, que iba a suponer en esos campos, el futuro lugar de expansión de las gentes económicamente pudientes de la Villa de D. Diego, además de un colofón para sus inversiones, las cuales verían bonificadas revalorizando sus terrenos.

Este medio de transporte, el ferrocarril, vendría a sustituir a la hasta entonces única vía de transporte urbano existente por tierra, el tranvía. Llegaba para unir a Bilbao con nuestro Pueblo, llegando por primera vez con sus maquinas de vapor a Las Arenas un 30 de junio de 1887.

La familia Aguirre (D. Ezequiel, D. Eduardo y D. Enrique), una vez obtenida la concesión en 1884, abrió una suscripción pública que alcanzo la cifra de 2.000 acciones de a 500 pesetas. Con ese capital se fundaba la Compañía del ferrocarril-Económico de Bilbao a Las Arenas. La misma se inició con un capital de un millón de pesetas, sin tener en cuenta las subvenciones de la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Bilbao. Dichos hermanos que desde hacía años venían estudiando la construcción de ese ferrocarril, ya avanzaban en la culminación del mismo, habían encomendaron los estudios a los renombrados Ingenieros, D. Adolfo Ibarreta y D. Laureano G. Santa María y la ejecución de las obras a los contratistas Sres. Arambarria, Iriondo y Ortueta.


El trazado de aquella línea ferroviaria tenía una longitud de 11.516 metros. Arrancaba en la villa bilbaína, en los terrenos ya ruinosos del que fuera convento de de San Agustín. Para ello tuvieron que construir una plataforma elevada de 12 metros sobre el nivel de la Sendeja, cerca del lugar que poco antes, en 1874, había visto los estruendos de las baterías de la última guerra Carlistas. Para salvar las encrespadas laderas del barranco de Arcocha, tuvieron que construir cuatro túneles de 60 metros de longitud y 17 de alto. Un puente de hierro, sistema Rowstring de 32 metros, sobre el río Asua; un paso a nivel en Axpe y por último otro puente metálico sobre el río Udondo.

El material que utilizaron para la construcción de las vías fue traído de la fabrica alemana “Bochum Tercin Fur”, y las locomotoras de la “Jhon Cockerill” de Sercing (Bélgica). Los coches tenían todos ellos un balconcillo exterior que servía para comunicar las unidades. Decían en la época que eran para que: “...Los viajeros pudieran admirar la hermosa perspectiva que ofrecía la ría bilbaína...”

Aquel magno acto de inauguración, toda una fiesta en el barrio de Las Arenas, se celebró a las 11 de la mañana del 30 de junio de 1887, con la salida y bendición desde la estación de San Agustín en Bilbao. La misma resultó cómo si fuera el disparo inaugural de los negocios de actividad playera y balnearia, que los hermanos Aguirre detentaban en el barrio. La unidad preparada al efecto tenía como viajeros de honor al Arcipreste Sr. Castañares, los coadjutores de la parroquia de San Antonio Abad Sres. Recalde y Salvador. En medio de un ensordecedor estruendo de voladores, con la música del regimiento de Garellano y con una estación lujosamente engalanada con banderas y gallardetes, se produjo la bendición.

Una vez producido aquel acto religioso, a los invitados que sumaban 74 personalidades, Gobernador Civil, Comandante de Marina, Presidente de la Diputación provincial y Diputados, les acompañaban en aquel viaje inaugural el Administrador de Correos, Directores de diversos ferrocarriles de la provincia y del Estado, individuos de la Cámara de Comercio y de otras corporaciones, los alcaldes de Deusto de Erandio y el de Getxo, D. Pedro de Amezaga, ademas de los corresponsales de la prensa bilbaína.
A las 11:34 en medio de un ensordecedor estruendo de voladores y petardos, el tren arrancaba rumbo a Las Arenas. Las unidades, lujosos coches, iban adornadas con banderas y follaje. Durante el recorrido, los viajeros pudieron disfrutar de, hoy, olvidadas vistas, cómo las fértiles y bien cultivadas vegas de Deusto, los fondeaderos de San Nicolás y el Desierto ocupados por grandes buques, las impresionantes fabricas de Altos Hornos, San Francisco y La Vizcaya, pasando por la extensa vega de Lamiaco y los impresionantes pinares de Las Arenas.


El convoy compuesto por 5 coches, uno de primera y dos de segunda, tras su paso por el apeadero de Deusto, llegaba a la estación de Luchana pasados 15 minutos. Posteriormente, a los 20 minutos de su salida, llego al Desierto (Erandio) donde fueron recibidos con arcos de triunfo y cohetes, continuando hacía el apeadero de Axpe, para finalmente arribar a la estación final de Las Arenas al de 30 minutos.

Una vez en Las Arenas, donde fueron recibidos en medio de un estruendoso volar de cohetes y petardos, en medio de una estación profusamente galardonada por banderas y gallardetes, se celebro el evento con los acordes de la banda municipal de Getxo.

Transcurrida una hora desde la llegada de los expedicionarios, y seguramente ya con los estómagos pidiendo algo que llevarse a la boca, tras las emociones del viaje. Se dirigieron, !Cómo no!, a las instalaciones balnearias de los patrocinadores del evento, los Aguirre, donde fueron ocupando el lujoso comedor del establecimiento de Baños de Mar Bilbaínos, situado junto a la playa de Las Arenas (a la altura del actual Club Marítimo del Abra). La presidencia del acto fue ocupada por el Presidente del Consejo de Administración del Ferrocarril, D. Ezequiel Aguirre, ocupaba a su lado un destacado lugar el Gobernador Civil. Dicen que la comida fue suculenta, aunque no la mencionaban, y fue servida por cocineros a las ordenes de D. José y D. Andrés Larrazabal.

Una vez con los estómagos llenos, enardecidos por el acto, y seguramente por los gratificantes caldos que se sirvieron, empezaron los brindis. Al descorcharse la primera botella de champan las personalidades asistentes comenzaron sus brindis, empezando por el Presidente del Consejo de Administración del Ferrocarril D. Ezequiel Aguirre, le seguirían en el uso de la palabra el Gobernador Civil; los comandantes de carabineros y de marina, este último realizó el brindis en verso, cosa que repitió cuatro veces; Arteche y Álvarez que lo hizo en nombre de la prensa bilbaína; D. Federico Echevarria en nombre de la Cámara de Comercio; por la Diputación el Sr. Alzola; le siguieron el resto de los hermanos Aguirre (Eduardo y Enrique); el Alcalde de Getxo; todos loaron sobre la prosperidad que iba a traer aquella nueva vía férrea, a la vez que enaltecieron la figura del patriarca de los Aguirre, a quien se iba a dedicar una calle. A las seis de la tarde la comitiva bilbaína partía de la estación de Las Arenas, en medio de los acordes de la banda de música de Getxo.


Los precios de aquellos primeros viajes desde Bilbao a Las Arenas en primera clase eran de 0,75 pesetas y de 0,50 en segunda; existían unas tarjetas de abono mensual que permitían viajar en todo el recorrido, sin limite de viajes, en primera clase el precio era de 22,50 pesetas y 15 en segunda.

El escaso volumen de mercancías transportadas obligó esta compañía a concentrar sus recursos en el trafico de pasajeros, lo que provocó que algunos años más tarde, en 1901, fuera absorbida por la Compañía del Ferrocarril de Bilbao a Santander.

Para esta entrada he respetado la transcripción de los nombres de localidades, tal y cómo aparecían en la prensa de la época. Hoy su grafía ha cambiado y euskaldunizado.

lunes, 24 de diciembre de 2018

NAVIDAD, UNA FECHA CONTROVERTIDA



Navidad, una fecha controvertida, agradable para unos porque sus costumbres desde niño les animan a una celebración de grato recuerdo. Detestada por otros porque la falta de seres querido o amigos le hace rechazarla.

No siempre, como se suele decir, “fecha de guardar”, porque dependiendo los tiempos en los que busquemos se trabajaba hasta bien tarde. A veces porque era más importante llevar la soldada a casa que el deseado descanso, cómo sucedió en las navidades de 1893, en las que unas estibadoras: “...Ocupadas en la descarga de un vapor surto al pie de los descargaderos de la Diputación, en Sestao, tuvieron unas diferencias sobre si debían o no guardar Fiesta con motivo de ser víspera de Navidad, y terminaron todas a remojo…” Aunque cabe pensar que los que si la celebraban por todo lo alto eran los comerciantes que, a pesar del frio de la época, hacían el “agosto”.Y siempre fechas en las que los paganos venían a nuestras calles guidos por la larga vara del pavero.

Y cómo a pesar de sentimientos encontrados, en mi casa seguimos esas viejas tradiciones de juntarnos la familia y hacer algunos “pequeños excesos”, voy a dejar unos días descansar a mis páginas, hasta el 7 de enero del 2019, para dedicarlos a preparar variadas recetas gastronómicas y empezar el año nuevo con una reparadora dieta.

En estas fechas recordar a los ausentes que por uno u otro motivo no estarán junto a nosotros. Y para no ponerme sentimental desearos a todos unas felices fiestas y mejor año nuevo.

!Zorionak eta Urte Berri On!

ONDO PASA