MEMORIAS DE GETXO

miércoles, 18 de abril de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO19 EN GETXO -XXXII-



En la anterior entrada veíamos que, estando ya encima las fiestas locales, se trabajaba para darles gran vistosidad con festejos populares, quema de vistosos fuegos artificiales y toros embolados. Otro de los atractivos de las fiestas iban a ser las regatas Internacionales del Club Náutico de Bilbao, que se celebraron en ambas márgenes de la ría. En esta entrada veremos cómo varios vecinos de Las Arenas se dirigían al Ayuntamiento solicitando permiso para construir un camino arbolado desde las casas de D. Álvaro García y de la Sra. viuda de Anduiza hasta enlazar con la calle que se dirigía a la Capilla de Santa Ana.


A primeros de octubre de 1882 varios vecinos de Las Arenas se dirigían al Ayuntamiento solicitando: “...«permiso de esta corporación para construir a costa de los mismos, un camino arbolado desde las casas de D. Álvaro García y de la Sra. viuda de Anduiza, hasta enlazar con la calle que se dirige a la Capilla de Santa Ana»...” El consistorio accedió con la condición de que el camino fuera de propiedad municipal y se realizara de acuerdo con las indicaciones del maestro de obras D. Francisco Ciriaco de Menchaca.

Como en todas las épocas los pequeños diablillos de Algorta, durante las fiestas de julio y agosto, se habían dedicado a romper unos farolillos de papel, que el Ayuntamiento había colocado para engalanar las zonas festivas e iluminar las mismas. Así que a los pequeños alborotadores, la autoridad municipal impuso unas multas para resarcir sus destrozos. Multas que en la totalidad alcanzaron los 123 reales.


En octubre de 1882 se encontraba acuartelado en el Fuerte las Canteras de Aiboa, el 5º Regimiento de Artillería. El consistorio venía suministrando al regimiento pan y aceite de forma regular, por lo que el Ayuntamiento decidió reunir todos los recibos firmados por el responsable del acuartelamiento para reclamar a la administración militar el pago de los suministros.

En esas fechas, la maestra de la Fundación de Niñas Pobres de San Martín solicitaba al Ayuntamiento, diferentes libros y objetos para la enseñanza. Por lo que el consistorio decidió enviarle media docena de paquetes de polvos para hacer tinta, otra media de cajas de plumas, además de hilo blanco; así mismo autorizaba a la maestra, con cargo al municipio, a suscribirse al periódico “La Guirnalda”. Este periódico que se publicaba quincenalmente, se empezó a editar en 1867 por el profesor de estudios católicos de Madrid D. Vicente Oliveras, para “ampliar la cultura de la mujer” sobre las bases de la propiedad y el catolicismo más acendrado. Y como decía en su portada estaba destinado “Al bello Sexo”. Sus artículos recogían figurines, patrones y bordados; el precio de la suscripción era de 7 pesetas al trimestre.


Para finales de octubre de 1882, el responsable del mantenimiento de los faroles de Algorta era D. Matías Cuevas, el cual desempeñaba su cargo por ocho reales diarios. Al parecer esa cantidad no era suficiente para su sustento por lo que solicitaba al consistorio que: “...«Se le cedan sin pago las latas vacías donde trae la esencia para el alumbrado»...”

Los derechos de abacería de aquel mes de octubre, por degüello de cerdos, había supuesto para las arcas municipales la cantidad de 2359 reales.

A principios de noviembre de 1882 la estrada de Píñaga, debido a los derrumbes ocurridos en los terrenos circundantes como consecuencia de las fuertes lluvias acaecidas, se encontraba intransitable. Uno de los vecinos, D. Ramón de Guerediaga, que habitaba en Piñaga-Erdikoa, solicitaba ayuda al consistorio para reparar dicha estrada. El Ayuntamiento acordaba reparar aquella estrada junto a las que conducían a los caseríos de Telletxe y Elorri.

El 3 de noviembre de ese año era nombrada maestra de la Escuela de primeras letras de Santa María de Getxo Dña. Andresa Goñi y Zabalza

Días más tarde, el 9 de noviembre, se daba curso a una petición de los testamentarios de Dña. Francisca Antonia de Mugica, que presentaban D. Luciano de Alday y D. Jose E. de Gorrondona, reclamando el pago de 50.000 reales, que adeudaba el Pueblo de Getxo a dichos testamentarios.


Por otro lado, los primeros vigías del Semáforo de la Galea D. Miguel Morales (Jefe del Semáforo) y el segundo vigía agregado D. Ricardo Sarachaga y Arteaga, solicitaban ser exentos del pago de derechos municipales de consumo. El 12 de octubre se había abierto al público dicha estación electro-semafórica.

A mediados de noviembre se trabajaba en la ejecución de los desmontes y terraplenes de los solares del barrio de Algorta que llamaban de “Alangüetas” para realizar las rasantes de las calles para edificar en dichos solares. El consistorio pedía a los propietarios de esos terrenos que tapiaran los limites de sus propiedades a fin de hacer que las obras de rasantes fueran: “...«Más perfectas y evitar cuestiones de deslindes»...” A la vez se proyectaba realizar una carretera desde Amorotoena (junto a la plaza de Jardingana) hasta el barranco del Castillo, en el punto denominado Arrigunaga. Formaban parte de esas obras la continuación de las que se estaban realizando desde el Casino hasta Jardingana, que iban a continuar hasta San Martín. También en dicho proyecto se incluía otra que iba desde la encrucijada de Jauregi hasta la Iglesia de Andra Mari, en Getxo.

En la próxima entrada veremos la importancia que se daba a los fondos municipales y las necesidades de información administrativa y legal parece que anidaban en nuestro munícipes. Y cómo trataba la prensa en agosto de 1882 al barrio de Las Arenas, del que decía la prensa que hacía veinte años, tan solo había en él no más que dos ó tres edificios, y aquella llanura era toda arenales y dunas sin ninguna vegetación. Y en ese año estaba cubierta de bosques y jardines frondosos, entre los que se alzan multitud de lindos y suntuosos edificios.

domingo, 15 de abril de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO19 EN GETXO -XXXI-



En la anterior entrada veíamos cómo la preocupación por el aprendizaje de algunos idiomas llegaba a ciertos sectores de la población. Y cómo ante la inminencia de la llegada del próximo verano, los propietarios de las casetas de baño, y el propio municipio, comenzaban a estudiar la colocación de pequeños cobertizos móviles, para que los recatados bañistas pudieran cambiarse. En esta entrada observaremos cómo estando ya encima las fiestas locales se trataba de darles gran vistosidad, con festejos populares, quema de vistosos fuegos artificiales y toros embolados. Otro de los atractivos de las mismas iban a ser las regatas Internacionales del Club Náutico de Bilbao, que se celebraron en ambas márgenes de la ría.

A mediados de julio, por primera vez, se pensaba en: “...«la urgente necesidad de establecer un meadero en la Plazuela de Las Arenas (actual Bizkaiko Zubia Enparantza)»...”

Y ya estaban encima las fiestas locales, por lo que se decidía dotarlas de gran vistosidad. Para ello se acordaba que: “...«se celebren los festejos con el mayor lucimiento posible, se quemen vistosos fuegos artificiales a las diez de la noche de los días 31 del corriente, y 11 y 13 del próximo, quemando los primeros en la plaza se San Ignacio y los demás en el Puerto; así como se correrán dos toros en Las Arenas los días 26 y 30 del actual, otros dos el día 31 del corriente y el 6 de agosto con motivo de la celebración de San Ignacio, dos más el 1 y 3 días de San Nicolás, en el Puerto y uno más el día 16 de agosto en el barrio de Santa María; se celebrá regata y cucañas el día 12 de agosto. En la plaza de Las Arenas tocará la música el día 30 de julio por la noche, sin perjuicio de que los haga también por la tarde como en años anteriores»...” Los toros que se corrieron aquel año eran del vecino de Orozko D. Ignacio Ibarrondo.


Aquellas fiestas iban a contar con otro atractivo: las regatas Internacionales del Club Náutico de Bilbao, que animaron a ambas márgenes de la ría, ya que en esos días también se celebraban las fiestas de Portugalete. Éstas, como decía la prensa del 18 de agosto: “...«como de costumbre en semejantes días, contando con el sonoro ruido de las campanas volteadas, y el estampido del cañón»...” Las cucañas y juegos de patos en la ría animaron a los vecinos de ambas poblaciones hermanas. Mientras la anunciada regata calentaba motores con el ambiente que iban creando los chicos del Club Náutico: “...«Gran animación se notaba desde las primeras horas de la mañana entre los propietarios y patrones de las balandras de recreo, o sea entre los yachtmen como ahora les llaman, y los individuos del C.N. de Bilbao que andaban de uno a otro lado luciendo la característica boina roja del país con la estrella blanca del Club»...” A pesar del cariz aturbonado a indeciso del tiempo, hacia las nueve de la mañana dio comienzo la regata ante un inmenso gentío que ocupaba los mutiles de ambas orillas del Abra. Respecto de los premios ofrecidos por el municipio el Ayuntamiento acordó: “...Se adjudique a la lancha de codaste que primero dé la vuelta a la boya el premio de 400 reales, a la segunda 200 reales y al primer bote 100 reales»...” Sin embargo, por una cuestión de cortesía, el consistorio protestó respecto de su presencia en el campo de regatas, ya que los billetes para presenciarla desde una posición de dignidad, llegaron después de realizada la misma. Pero el transcurso de la regata y sus incidencias, quizá sea motivo de otra entrada.


Para el 16 de julio de 1882, las obras del tranvía hasta el casino ya habían concluido, por lo que se instó al Director de la empresa del Tranvía para que fijara la fecha de inauguración.

A finales de julio tomaba cuerpo la escuela de idiomas de Getxo, el 27 de julio se procedía a nombrar el tribunal que iba a seleccionar a los profesores de Inglés y Francés. El mismo estaba compuesto por el mayordomo de la Cofradía de Mareantes D. José Antonio de Uriarte, y el también cofrade D. Martín de Berreteaga; también formaron parte de la misma D. José Ramón de Aqueche, D. Antonio Arrarte; todos los miembros del tribunal formaban parte de la Junta de Primera Enseñanza de Getxo. Para dar forma a la escuela de idiomas se firmó una escritura, que estaba de acuerdo con lo establecido anteriormente, en otra otorgada a la Cofradía: “...«En vista de la escritura otorgada entre el Ayuntamiento y la Cofradía de Mareantes de este pueblo, y de conformidad a lo que ella determina para el caso de que desapareciera la Escuela de Náutica, como así ha sucedido»...”


Al finalizar agosto de 1882, la Compañía del tranvía sentía la necesidad de atraer a gente de otros municipios a Las Arenas, sobre todo de Bilbao, ya que se estaban acabando las fiestas veraniegas, y el barrio empezaba a perder sus visitantes. A fin de cuentas su negocio era el transporte de los visitantes. Para ello se ideó la celebración de una “Fiesta Veneciana” en la Plazuela de dicho barrio (actual Bizkaiko Zubia Enparantza). Se argumentaba que: “...«La Compañía del Tranvía ha decidido celebrar una fiesta Veneciana el 2 de septiembre, de siete a once de la noche, con el fin de retener a la gente forastera y atraer a dicha concurrencia; considerando que la fiesta ha de beneficiar a los fondos municipales, porque con la concurrencia y estancia de dichas gentes se consumirán más artículos sujetos al pago de derechos municipales»...” El consistorio colaboro en aquella fiesta con 500 pesetas.

La seguridad de los fondos y documentación municipal era algo que preocupaba a nuestros ediles. Uno de los artículos de la Ley Municipal, el 159, era el que establecía la obligatoriedad de que: “...«Todos los fondos del Municipio se guarden en una caja de hierro con tres llaves»...” Por ello a mediados de septiembre de 1882 se autorizaba a D. Robustiano Larrondo para gestionar en Bilbao la posible adquisición de una de ellas para: “...«custodiar en ella los fondos municipales»...”

En la próxima entrada veremos cómo varios vecinos de Las Arenas se dirigieron al Ayuntamiento solicitando permiso para construir un camino arbolado desde las casas de D. Álvaro García y de la Sra. viuda de Anduiza, hasta enlazar con la calle que se dirige a la Capilla de Santa Ana.

jueves, 12 de abril de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO19 EN GETXO -XXX-



En la anterior entrada veíamos cómo marzo de 1882 comenzaba con una curiosa guerra de faroles y cómo en la tarde del 19 de febrero de 1882 se celebraba la primera feria de ganado en la campa de Alango. En esta veremos cómo la preocupación por el aprendizaje de algunos idiomas llegaba a ciertos sectores de la población.

La preocupación por el aprendizaje de algunos idiomas llegaba a ciertos sectores de la población. El día 9 de abril de 1882, varios vecinos de la Anteiglesia presentaban al consistorio una instancia para que los niños pudieran estudiar en otros idiomas. Rápidamente el Ayuntamiento creo una comisión para: “...«interesarse si en Bilbao u otro pueblo un maestro que posea los idiomas de Francés e Ingles, con el fin de ver si esta corporación puede establecer un colegio, que enseñe esos idiomas a los jóvenes del municipio que deseen seguir la carrera de comercio»...” Se dirigieron a los profesores de francés D. Melchor Munárriz y al de inglés D. José Cristóbal.
Ante la próxima instalación del Semáforo en nuestra localidad, y con él la llegada de la línea telegráfica, el 17 de mayo de 1882, el Ayuntamiento decidía: “...«que sería muy útil al vecindario establecer una estación telegráfica en este Pueblo, por lo que queda nombrada una comisión para que recabe los datos necesarios a fin de llevar adelante esa iniciativa»...”


Y como ya estaba próximo el verano, los propietarios de las casetas de baño, y el propio municipio, comenzaban a estudiar la colocación de esos pequeños cobertizos móviles, para que los recatados bañistas pudieran cambiarse. Los propietarios de las casetas de baño D. Esteban Pazos y D. Enrique G. Riera, solicitaban les fuera rebajada en 5 céntimos de peseta la retribución de diez céntimos que cada caseta venía pagando desde el verano anterior, cosa que el Ayuntamiento denegó. Pero algunos hechos relacionados con la mar, a veces causaban problemas a los bañeros, en aquel primero de junio de 1882, un buque que había naufragado en la playa de Las Arenas, causaban problemas para la instalación de las casetas y suponían un peligro para los bañistas; el buque náufrago era propiedad de un vecino de Deusto D. Apolinar Alzaga, y se le demandó para que hiciera desaparecer los resto de aquel naufragio.

A primeros de junio ya empezaban los movimientos para la preparación de una de las atracciones festivas más demandadas de la época, los toros embolados, que se solían correr en las playas del municipio. Tras recibir la autorización del Gobernador Civil, que había sido solicitada por la alcaldía de Getxo para: “...«dar corridas de toros embolados en esta localidad todos los días festivos, durante la próxima estación de verano, se adoptarán cuantas medidas se crean necesarias para prevenir desgracias personales»...”

Mientras la zona comprendida entre las barreras de Amesti y Piñaga eran motivo de queja de algunos propietarios de Algorta, ya que el continuo trasiego de ganado por aquel punto molestaban a los mismos. El Ayuntamiento no intervino porque afirmaba que no era de su competencia impedir el paso de aquellos ganados.


El 7 de junio de 1882 el consistorio, satisfecho por el resultado obtenido en años anteriores, durante la celebración de exámenes generales para todos los alumnos de las escuelas públicas, de niños de ambos sexos, y para seguir con la costumbre establecida en años anteriores para estimular a los pequeños, estableció unas cantidades para la compra de premios, en función del numero de niños y niñas de los respectivos barrios: “...«Para la escuela de niños de Algorta 200 reales, para las niñas 160 reales; para los niños de Santa María 100 reles y para las niñas 80 reales. Así mismo se destinaron 160 reales para la escuela de niñas pobres de San Martín»...” Pero estos últimos se pretendía salieran de los fondos de negocio de dicha fundación.

La procesión del Corpus, según venía siendo costumbre, se iba a celebrar con la presencia de todos los corporativos en la misma, a excepción del capitular de Santa María de Getxo D. Roque de Zavala.

El 22 de junio de 1882, los maestros de Las Arenas D. José de Azcarate y D. Paulino Mendivil, solicitaban una subvención para poder establecer una escuela de niños, por su cuenta, en el barrio de Las Arenas.

El 28 de junio de 1882 se procedía al derribo de la antigua casa matadero. Decían: “...«por no producir renta ninguna al Municipio, y ofrecer un aspecto repugnante al ornato público, en el paraje más céntrico de la población»...” Solicitaron autorización al Gobernador de la Provincia para su derribo: “...«con el fin de aprovechar los materiales para la nueva casa de despacho de carnes»...”


En julio de 1882, como venía siendo costumbre, al acercarse la festividad de los patrones de Algorta y Santa María, el consistorio acordaba: “...«como viene siendo costumbre abonar esta corporación, a los que a los que prediquen aquellos días, se autorice a los párrocos de aquellas para que proporcionen predicador»...”

En la siguiente entrada veremos cómo estando ya encima las fiestas locales, se trataba de darles gran vistosidad con festejos populares, quema de hermosos fuegos artificiales, y toros embolados. Otro de los atractivos de las mismas iban a ser las regatas Internacionales del Club Náutico de Bilbao, que se celebraron en ambas márgenes de la ría.

lunes, 9 de abril de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO19 EN GETXO -XXIX-



En la anterior entrada conocíamos cómo los médicos y farmacéuticos se hacían cargo de la atención de las familias pobres; y cómo las obras del municipio iban concluyendo.

Comenzaba marzo de 1882 con una curiosa guerra de faroles, la discusión empezó con el farol de la casa de D. Miguel de Uria, el dilema era si colocarlo más alto o más bajo. Se sometió a votación recibiendo el voto contrario del Síndico Sr. Larrondo, por lo que quedaba aprobado por mayoría absoluta la propuesta de bajarlo. Sin embargo, aquella propuesta derivó en una mezcla de contrapropuestas. Nadie quería dar el brazo a torcer, sobre si era un farol el que debía bajarse o si se debía modificar la situación de otros faroles del alumbrado público. Si el método de votación era el correcto, o si el farol de la discusión se debía trasladar a la calle de la Carretera (actual Algortako Etorbidea), contra la cochera del Sr. Sopelana. Intervino también D. Manuel de Zubiaga, opinando que dicho farol estaba mejor si se situaba al comienzo de la calle Tetuán (actual Avenida Basagoiti). Y ya solo faltaba la intervención del primer teniente de Alcalde, quien sentenció: “...«Que de ninguna manera consentía que aquel farol, ni ningún otro, fueran movidos del lugar en el que se encontraban»...” También la Comisión de Policía y Fomento intervino en el lance, colocando faroles en Altamira, otro frente a la Escuela de Náutica, otro en Mugaburu, otro frente a la casa del cura Sr. Artega en el Bulevar y otro en aquel punto antes mencionado de la calle Carretera. Finalmente tras sucesivas discusiones acordaron: “…«Que salvo el farol de la casa del Sr. Uria no se muevan de lugar el resto de los faroles»...” Aquellas disputas, no se sabe si por rencillas, envidias, o falta de temas sobre los que discutir, dieron para mucho, ya que en los libros de actas ocuparon cinco páginas. Y, ¿Quién sabe?, si como consecuencia de ello, o de los hábitos de algunos traviesos duendecillos de Algorta, más de 42 faroles terminaron con sus cristales rotos.

Por eso, quizá para evitar más tormentas que enturbiaban los ya caldeados ánimos, se decidía colocar un pararrayos en la torre de la iglesia de Santa María de Getxo, decían que: “...«Con el fin de evitar consecuencias desagradables y desgracias personales»...”


El 9 de marzo de 1882, eran las obras del tranvía las que volvían a las páginas de plenos. La proximidad de la primavera, pero sobre todo la cercanía del verano, y con él los visitantes que tantos dividendos dejaban en nuestros barrios, hacían que sus obras se acelerasen para ver llegar el tranvía hasta el Casino Algorteño: “...«se aproxima el verano, y la llegada del tranvía hasta el Casino, traerá beneficios al vecindario, con un aumento de los recursos municipales, por lo que es necesario que los forasteros se interesen en el Pueblo, lo que se conseguirá con la terminación de las obras mencionadas»...”

El 16 de marzo de 1882 dimitía el profesor de la escuela de Náutica de Algorta D. Eusebio Echaniz por haberse quedado con un solo alumno. Otro de los motivos fue que ante la escasez de alumnado, presentó una solicitud en el Asilo de San Mamés de Bilbao, que le fue aceptada. El domingo día 26 de febrero se celebró un acto de inventariado de los haberes de dicha escuela.

En la tarde del 19 de febrero de 1882 se celebraba la primera feria de ganado en la campa de Alango. Dejaban para próximas fechas: “...«El domingo día 16 del mes de abril la feria inaugural en dicha campa, con toda la pompa que requieren dichos actos»...” El día 14 de abril de 1882 se insertaba el anuncio, firmado por el Alcalde D. Manuel de Zalduondo, de la celebración de dicha feria en el diario “El Noticiero Bilbaíno”: “...«Acordado por el ayuntamiento que presido que en los primeros y terceros domingos de cada mes se celebre en Algorta feria de ganados, en la campa titulada Alango, empezando a las dos de la tarde, pongo en conocimiento del público que con asistencia de la banda de música de este pueblo, que tendrá lugar el domingo 16 del actual»...” Para aquel evento se imprimieron carteles y lanzaron cohetes anunciadores.


A finales de marzo, el día 30, se acordaba crear una escuela de primera enseñanza para niños y niñas, en el barrio de Las Arenas, dotándola de presupuesto económico debido: “...«a la gran distancia que tienen que recorrer, para asistir a las escuelas públicas de la población. Asignando para el maestro se le asignen 1.000 pesetas para gastos de casa y material escolar, y para la maestra 900 pesetas. Anunciando para conocimiento de todos los maestros y maestras interesadas, que están vacantes dichas plazas»...” Muchos de los pequeños, hasta entonces, recibían la enseñanza en Algorta, y otros a través del cura de Santa Ana (Las Arenas) D. Cipriano de Charroalde. Aquel fue el comienzo de la primera escuela pública del barrio que, sin embargo, precisó de un aumento de 500 reales para el sueldo de la maestra, a fin de no grabar a lo padres con aportaciones particulares.

En esas misma fechas el camino de la Rivera hacia de Askanpe (Puerto Viejo de Algorta), se hallaba muy deteriorado: “...«tanto para el paso de personas como de carros, a la playa de Ascampe, por debajo de la Avanzada»...” La llamada playa de Askanpe de Algorta era la rivera, que se encontraba tras el murallón del Puerto Viejo, donde tenía la salida el Kakaleku. Lugar que ya era denominado así por la prensa bilbaína (El Noticiero Bilbaíno) que ya en 1883 anunciaba la aparición de un cadáver en: “... jurisdicción de la anteiglesia de Guecho, en el intermedio del balneario de las Arenas y del punto denominado Ascampe, donde apareció el cadáver de un hombre sin identificar»...”

En abril de 1882 todos los acuerdos municipales eran publicitados en el pórtico de la iglesia de San Nicolás de Bari de Algorta. Mientras que el Ayuntamiento reclamaba que: “...«Al igual que no tenía parte de los beneficios de los objetos que el mar arrojaba a sus costas, tampoco le fueran grabados los repetidos gastos que provocaba la asunción de las costas de conducción y entierro de los cadáveres que el mar arrojaba a las mismas»...”

No habían pasado dos meses desde la iniciativa para establecer una escuela para niños y niñas en el barrio de Las Arenas, cuando la Junta de Enseñanza realizaba la recomendación de que la misma fuera un hecho por los mismos motivos que anteriormente se habían dicho: “…«La excesiva distancia desde el barrio hasta otras escuelas del municipio y la carencia de una escuela en el barrio»...” Pero al carecer el Ayuntamiento de recursos suficientes, acordaba solicitar ayudas gubernamentales a tal fin.


En ese mismo mes de abril se trataba sobre las condiciones de los arbitrios municipales: “...«para la administración de los vinos y demás bebidas, los derechos de abacería y degüello de cerdos, así como los asientos del mercado y puestos de poncheras»...” Los puestos de poncheras eran de venta de bebidas y dulces.

En la próxima entrada veremos cómo la preocupación por el aprendizaje de algunos idiomas llegaba a ciertos sectores de la población; y cómo ante la llegada del verano, los propietarios de las casetas de baño y el propio municipio, comenzaban a estudiar la colocación de esos pequeños cobertizos móviles para que los recatados bañistas pudieran cambiarse.


jueves, 5 de abril de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -XXVIII-



En la anterior entrada veíamos cómo en octubre de 1881, un grupo importante de vecinos se unía en torno a la reivindicación de que se construyera el camino que enlazaba San Martín con la carretera provincial que iba hasta Urduliz y cómo en octubre de 1881, el Ayuntamiento recepcionaba las obras de la nueva Casa Consistorial de san Nicolás.

En diciembre de 1881 se exigía a los médicos y farmacéuticos que se hacían cargo de la atención de las familias pobres, un listado de las familias que necesitaban de su atención, y a quienes, se suministraban los medicamentos gratuitos por su condición de pobreza. Al parecer ya desde octubre de 1873, el reglamento provincial de atención sanitaria a familias pobres, establecía que hubiera un medico cirujano para la atención de estas familias en poblaciones de menos de 4.000 vecinos, así mismo por cada grupo de 300 familias pobres era suficiente con que hubiera una oficina de farmacia para dicha atención, la cual tenía asignados 1.000 reales anuales para dicho fin. Las listas fueron elaboradas por los facultativos D. Manuel Hormaeche y D. Antonio Barrera, así como por el farmacéutico D. Miguel Garcia Salazar, aunque los suministros de medicinas para los más necesitados los realizaban de forma semestral entre el primero y otro farmacéutico de Algorta, D. Cándido Zugazagoitia. A su vez los pobres del Puerto eran atendidos por la Cofradía de Mareantes, quien pagaba la asistencia facultativa y las medicinas. La lista de estos desamparados también fue solicitada al Mayordomo de la Cofradía.

Comenzaba el año 1882 con una “sana discusión” sobre si debiera repartirse el suministro entre los dos farmacéuticos o si debiera ser uno solo quien suministrara las ayudas a las familias pobres. D. Asensio Inchaurtieta había planteado que el suministro lo realizara el farmacéutico Sr. Garcia Salazar, mientras que el primer teniente de Alcalde D. José Ramón de Ansoleaga planteaba que fueran los dos farmacéuticos quienes lo hicieran. Al parecer eran celos comerciales, adornados de quien fue el primero en instalar la farmacia, los que mediaban en la discusión. El Sr. Ansolega apoyaba sus argumentos en que no existían derechos adquiridos, y era un derecho del consistorio el revocar los acuerdos con los farmacéuticos, además de que: “...«En la vecina Portugalete dos son las farmacias que suministran medicamentos a los enfermos pobres, y la población de Vergara se halla en idéntico caso»...” Tras un largo debate el Ayuntamiento decidió aprobar su acuerdo anterior, por lo que fueron los dos farmacéuticos quienes suministraron los medicamentos.


A mediados de enero de 1882 algunas obras del municipio iban concluyendo: El Puente de Larrañazubi, que había realizado el finado D. Domingo de Aurrecoechea; la colocación de faroles en la calle de la Carretera (actual Algortako Etorbidea). Mientras que otras generaban polémica, era el caso de la carretera de Urduliz al Ángel de Getxo; varios vecinos de la Anteiglesia escribían a la Diputación Provincial solicitando: “...«Se digne acordar que desde el Ángel continúe la carretera por el camino actual de carros, a empalmar en San Martín»...” El Ayuntamiento se retrotraía un informe que había elaborado en 1881, dando el asunto por zanjado.

No todos los barrios disponían de alhóndiga municipal, por lo que algunos fondistas solicitaban poder descargar, pesar y almacenar los vinos que introducían en el Pueblo en sus propios almacenes, era el caso del vecino de Las Arenas D. Miguel París. Romo, en esa época, también pertenecía a ese barrio. La condición establecida por el consistorio fue que: “...«Careciendo el municipio en dicho barrio de deposito y pesas, deberá facilitar gratis su bascula para pesar cuantos vinos se introduzcan en el barrio»…"

En esas mismas fechas se plantaban tamarises en la playa de Ereaga, y en otras zonas de litoral del municipio. El empedrado del camino de Las Arenas lo realizaba D. Francisco Mezo, con cantos procedente del la playa de Arrigunaga.


A primeros de febrero de 1882 se terminaba de confeccionar el padrón de ese año. Los responsables de confeccionarlo fueron los vecinos de Getxo D. Manuel Ugarte y D. Emilio Saliquet.

El 9 de febrero de 1882 quedaban nombrados, por el cabildo de Getxo, como mayordomos de la Iglesia de Santa Maria, para el año 1882 D. Juan Bautista de Sarria y para el año 1883 D. Juan Bautista de Ayo.

Algunos vecinos solicitaban al Ayuntamiento la utilización de terrenos comunales para la labranza. En la zona de Alango, uno de dichos solicitantes fue D. Francisco de Guerediaga, a quien se le concedieron siete peonadas, en el punto de Iturribarri, cerca del matadero.

En esa misma fecha el Ayuntamiento recibía un oficio del Alcalde de Gernika anunciando que con fecha del 8 de enero se había producido la unión de Luno a dicha Villa.

A mediados de febrero de 1882 el tranvía avanzaba hacía el centro de Algorta. El maestro de obras (Arquitecto municipal) D. Ciriaco de Menchaca acordaba con el director de la Compañía del Tranvía de Bilbao a Algorta los trabajos de rasantes necesarios para que dicho transporte llegara desde la plazuela de la Carnicería, junto a la esquina de la casa de D. Cipriano Urquiola, hasta el Casino de Algorta. Las aceras fueron realizadas con piedra procedente de Santo Domingo y Enecuri.


El 9 de febrero se inscribía en el registro de la propiedad la casa llamada “Alango Mayor”, situada en Algorta, en la campa del mismo nombre. El Alcalde de Getxo disponía la colocación de mojones para delimitar dicha plaza, ya que era de propiedad municipal: “...«Una vez que sean colocados los mojones, se proceda a igualar dicha campa a fin de establecer en ella la feria de ganado»...”

En febrero de 1882 volvía a la palestra las buenas costumbres y la decencia de nuestros jóvenes en los días festivos, sobre todo en los de la Semana Santa. A instancias del Alcalde D. Manuel Zalduondo, la corporación abordaba el vidrioso tema: “...«Aunque hasta ahora no ha sido costumbre, lo útil e imprescindible es, que el día que en la plaza pública haya jóvenes de ambos sexos, ahora que llegan los días festivos de la Cuaresma entrante, puedan divertirse en ella con la decencia que requieren la santidad de esos días. Así por ese medio poder evitar toda indecencia y escándalo, que por experiencia se ha visto en años anteriores, marchando dichos jóvenes a puntos que no puedan ser vigilados como en la plaza»...” Por lo presentado por el Alcalde, y tomando en consideración todo lo relacionado, acordaba el Ayuntamiento: “...«Que durante los días festivos de la cuaresma, y después de terminar los divinos oficios de la iglesia, toque el tamborilero en la plaza pública, para que en ella se diviertan los jóvenes honestamente, teniendo la correspondiente vigilancia para que así se efectúe»...” Dicho acuerdo tuvo su replica en el diario bilbaíno “Beti-Bat” (Diario católico fundado en Bilbao en 1880), un 8 de febrero de 1882. Al parecer, la corporación municipal se vio agraviada por los comentarios que en él se hacían por: “...«Haber mandado tocar el tamboril en la plaza pública, los días de fiesta de cuaresma, con el fin de evitar que se promuevan escándalos en rincones ocultos»...” Lo que llevó a insertar un artículo de rectificación defendiendo la propuesta municipal, incluso el primer teniente de Alcalde propuso suprimir el pasacalle y toque de tamboril después de la misa, durante la cuaresma, incluso: “…«El balsear según acostumbran aquí los que asisten al toque del tamboril»...”

Y como los tiempos eran de división de sexos, como decían en las actas “por su clase”, a las niñas pobres de la escuela de la “Fundación Cortina” (San Martín) de Algorta, se les asignaba uno de los roles de la época destinados a las mujeres: “...«Que en la escuela de la Fundación de niñas pobres de esta localidad, se compre el periódico titulado “La Azucena”, para que las niñas de la misma aprendan a hacer los bordados correspondientes a su clase, se autoriza a la maestra directora para que pueda suscribirse al citado periódico»...”

En la próxima entrada veremos cómo comenzaba marzo de 1882 con una curiosa guerra de faroles y cómo las obras del tranvía volvían a las páginas de plenos.

sábado, 31 de marzo de 2018

ABERRI EGUNA 2018



Aberri Eguna, conmemoración que la mayoría del Pueblo Vasco celebra en diferentes lugares del mundo. Y que este año, nuevamente, quienes creemos en una Nación Vasca, desde posicionamientos políticos diversos, celebraremos en diferentes lugares, este día tan señalado. Muchos ante la división de convocatorias, lo harán en sus hogares. Pero en el corazón de todos estará la vieja reivindicación de que LOS VASCOS FORMAMOS PARTE DE UNA ÚNICA NACIÓN.


!!GORA ABERRI EGUNA!!


miércoles, 21 de marzo de 2018

EL ÁNGEL DE NEGRAS ALAS



Ahora que algún clérigo dice que “el demonio ha metido un gol”, y teniendo en cuenta los derroteros violentos que este deporte arrastra en las últimas fechas, viene a cuento recordar los tiempos en las que “El ángel de Alas Negras” y la “violencia” oratoria de los mismos, daba a nuestras calles un aspecto tenebroso.

El ángel de negras alas, así denominaban en 1898, a uno de los días más lúgubres en el santoral católico, el Viernes Santo. Fecha en que ni las campanas anunciaban desde la cercana iglesia, con su tañer, el aviso de la misa, ni el giro sonoro de la veleta en su torre dejaba su anuncio. Conmemoración en la que hasta las sombras ocultaban las estrellas.

La cuaresma y la llamada Semana Santa de la que D. Agustín de Villoslada dijera en 1870: “...«La Cuaresma con su abstinencia, la Semana Santa con sus sublimes tristezas y alegrías, son los aniversarios más faustos, que asaltan y se apoderan del corazón de todo hombre, nos obligan a todos a un inventario universal. Ninguna fecha, ningún aniversario puede pasar sin traernos un contingente de recuerdos»...” Y algo de eso hay en esta entrada, los recuerdos de lo vivido durante los años en los que esa fecha nos marcaba, de alguna forma nos atemorizaba con aquellos “ejercicios espirituales, que algunos clérigos lanzaban contra nuestro aún, inocente intelecto.

Los centros religiosos, las iglesias, ofrecían a comienzos de los años 40, a los asistentes, oficios y maitines, que en los diversos barrios eran atendidos por predicadores, a veces llegados de otros pueblos. La iglesia de San Nikolas de Bari de Algorta contaba con el P. Mezquita del Corazón de María; la de Las Mercedes de Las Arenas era atendida por D. Atanasio Goioechea y la de los Trinitarios de Algorta corría a cargo del P. Felix de San José. La circulación rodada quedaba suspendida desde las 18 horas del jueves hasta las 24 horas del viernes, exceptuando los entierros, vehículos sanitarios y los de abastecimiento. El viernes, durante todo el día, era obligatorio guardar ayuno y abstinencia, incluso para los que disponían de “Bula”.

Incluso en los 60, durante esos días, en que oscuros capirotes, cual procesión de embozados de Tennessee, llenaban nuestras calles, dando a las mismas un aspecto lúgubre. Días en los que hasta la música callaba, el cine cerraba sus puertas, y un manto de silencio cubría las calles. En los que en la mayor parte de los pueblos, o se optaba por el monte o se seguía la “piadosa” costumbre de visitar las llamadas “Estaciones”, durante la tarde-noche del Jueves al Viernes Santo. En ese intervalo se producía el llamado sermón de las “Tres horas”, que iban desde las doce del mediodía hasta las tres de la tarde-noche. De las cuales decía la prensa de la época: “...«¡Tres horas mortales que parecen no acabar nunca!»...” Se referían al drama del Gólgota.

Entre los personajes que acudieron a nuestros barrios para celebrar la Semana Santa, cabe mencionar que en 1963, llegaba a la iglesia de los trinitarios el monarca Belga Balduino. A quien esperaba a la entrada del templo el superior de la orden de los Trinitarios P. Andrés de Cristo Rey, que le acompaño al coro para evitar que fuera visto.


Fechas que sin embargo, al menos para los más jóvenes, se hacían eternas, sepulcrales. Hasta las gentes parecían enfadadas, serias y taciturnas. En esos días ellas iban cubiertas con negras mantillas, ellos con sus mejores trajes de color oscuro. La diversión había quedado prohibida. Hasta la prensa callaba. La música y los espectáculos (cine) también. Los conciertos sacros, venían a sustituir las canciones de Chuck Berry o Elvis Presley. La propia radio veía enmudecer sus espacios musicales, emitiendo “música” religiosa. Se prohibían los bailes y cerraban los escasos teatros de Bilbao. El único sonido permitido era el de las sonoras carracas del Viernes Santo, que decían servían para matar al “Ángel de Negras Alas”.

Incluso bien entrados los año 60, y con la TVE en funcionamiento, los espacios que retransmitían eran de corte religioso, con viacrucis y procesiones desde diferentes lugares de la geografía del estado. Y no hace tanto tiempo, en 1970, los espectáculos públicos, incluidos los cabarets, eran suspendidos por la autoridad gubernativa, desde el jueves hasta el amanecer del domingo; en esas fechas se levantaba la veda a los espectáculos cinematográficos, siempre que fueran películas autorizadas para menores de 18 años.

Hasta las tabernas estaban prohibidas. Y como decían anteriormente solo quedaban dos opciones, acudir a ver los “Monumentos”, conocidos como “Estaciones”, especie de altares, cubiertos por un dosel de terciopelo de color granate, rodeados de flores y candelabros, que en la parte superior, a la que se accedía por una escalinata central, tenía una especie de retablo-altar. En ese espacio, el aroma del incienso lo embargaba todo, en medio de un silencio atronador de mantos morados, dando al mismo un aspecto sepulcral. Un “espectáculo”, en el que al menos podíamos ver y socializar nuestro aburrimiento, que nos permitía alegrar algo nuestro tedio, con la visión de nuestros amores juveniles.

O salir al monte, opción que nos alejaba del silencio fúnebre, que parecía haber cubierto nuestras calles, con salidas a lugares, más o menos próximos, los tiempos no daban para grandes aventuras. La Arboleda era uno de esos espacios, en los que el silencio se rompía, los controladores no nos amonestaban, y algunos pequeños destellos de alegría salía de nuestras voces y de alguna guitarra, dando rienda suelta a nuestras ganas de diversión. Cualquier espacio abierto, alejado de inquisitoriales guardas, era bien venido. Pero hasta el tiempo parecía empeñado en estropear aquel ansía de música y libertad, el jueves y viernes eran unos días, a los que muchas veces la lluvia acompañaban.

Hasta nuestros escasos hábitos alimentarios eran modificados, siendo sustituidos por el ayuno y la abstinencia, que los más pudientes, durante la cuaresma, habían logrado salvar, pagando aquella recaudación eclesiástica llamada “La Santa Bula”.


Días de silencio que solo eran rotos por el tañer de las campanas del sábado a la noche, que anunciaba el nuevo día, lleno de colorido y fiesta, en el que por fin se habían acabado algunas de las prohibiciones, los cines volvían a abrir y los bailes en las plazas publicas se llenaban de jóvenes. Sólo las mujeres, con su estigma coqueto, estrenaban zapatos o un trajecito de verano, mientras que ellos solo lucían un novedoso blanco pañuelo en la solapa, para anunciar la Resurrección del Señor. Pero eso sucedía el Domingo de Resurrección.

Y cómo en estos días, muchos aprovechamos para hacer salidas al monte, visitar poblaciones cercanas, y otros viajan a otros lugares, dejaré descansar mis páginas hasta el próximo martes día 3 de abril.


!DESCANSAD, DISFRUTAR Y CUIDADO CON LA CARRETERA!