MEMORIAS DE GETXO

jueves, 8 de diciembre de 2016

EL PUENTE DE LAS LAVANDERAS



El puente de las lavanderas, así llamado, era la pasarela bajo la que las mujeres de Romo y Las Arenas hacían la colada. Estaba situado cerca del puente del ferrocarril de Las Arenas a Plentzia, frente a las escuelas de Romo, fue construido en terrenos de Matias Romo, propietario de la Vega de Santa Eufemia, que sí era como denominaban en esos años a la Vega, para acceso a sus propiedades. La construcción de dicho puente fue autorizada por el Ayuntamiento de Getxo a condición de que fuera de uso público. No fue el único puente con lavadero público del municipio, pero eso es otra historia. Ese puente y lavadero, fue uno de los elementos urbanos que provocaron conflictos, de forma continua en el barrio de Las Arenas. El principal responsable de aquella discusión no fue otro que el terrateniente de quien el barrio tomó nombre (Romo).

Dicho hacendado causo problemas con sus vecinos al poco de construirlo, ya el 15 de septiembre de 1898 aparecía recogido en el libro de actas municipal los siguientes hechos: “...los vecinos habitantes de la Vega de Santa Eufemia, radicante en el barrio de Las Arenas de esta anteiglesia, manifiestan haber sido cerrado con pared a cal y canto por D. Matias Romo, el paso público que ha existido en dirección del río Gobelas, cerca del puente del ferrocarril...” A esa queja se sumaba el vigilante de obras municipal, quien afirmaba que las reclamaciones de los vecinos eran ciertas. Las mismas disposiciones municipales, indicaban que el paso de servidumbre a lo largo del río debían de respetar una anchura libre de paso de al menos tres metros.


El Ayuntamiento de Getxo envió un oficio, al anteriormente indicado hacendado, ordenándole que: “...dentro de los ocho días, a lo más tardar, contados desde el que este acuerde, se le comunica que deberá quitar la cerradura de la pared, dejando libre la circulación por los margenes del citado río...”

Años más tarde aquel problema seguía enquistado, y el 13 de septiembre de 1901, otras reclamaciones venían a unirse a las anteriormente citadas. Una cerradura seguía impidiendo el paso en la Vega de Santa Eufemia, a través del cauce del rio Gobela. Esto, llevó nuevamente a varios vecinos a presentar un requerimiento ante el Ayuntamiento de Getxo.

Como ya decía al principio, sus terrenos ocupaban parte de esa vega, y había colocado un candado en la puerta que daba acceso al cauce del río, la cual impedía el paso por el lateral del río, a pesar de que el Ayuntamiento de Getxo le había ordenado que debía de dejar expedito aquel paso. No parece que Matias Romo estuviera de acuerdo y solicito al ayuntamiento practicar un deslinde, el cual se realizó el día 6 de octubre de 1901. A dicha operación asistieron el arquitecto municipal y el procurador del Sr. Romo, Sr. Vega Bilbao, dejando el terreno tal cual estaba, cerrado al paso de los vecinos.

En aquel conflicto intervino también el Gobernador Civil, ordenando que se suspendiera todo procedimiento, y se le cursara un informe del conflicto. La Alcaldía, recordó al Gobernador que con fecha del 10 de octubre de 1898 ya le habían sido enviados los acuerdos municipales, referidos al paso solicitado por los vecinos, y manifestándole que a pesar del tiempo transcurrido: “...hasta el día de hoy 18 de mayo de 1901 no se ha tenido noticia alguna...” El consistorio envió un escrito al Ingeniero Jefe de Obras Publicas de la provincia, solicitando se tomara en consideración el acuerdo tomado por la autoridad municipal, ya que aquel paso era necesario para los vecinos.

El conflicto lejos de solucionarse se agravó, ya que Matias Romo para presionar a los vecinos, solicitaba dos años más tarde, el 22 de junio de 1903, que regulara el paso de los carros por un puente que se había construido en su propiedad de Santa Eufemia; “...ya que las excesivas cargas que, en carros vienen pasando por el puente de mi propiedad, de 2.000 a 2.500 kilogramos de resistencia, siendo de paso público, bien pudiera venirse a bajo ocasionado alguna desgracia...” Y planteaba que por el mismo solamente transitaran: “...personas, caballerías y carros de mano...” El consistorio, finalmente, adoptó una solución salomónica, estableciendo que, por el citado puente, no pasaran carros cuya carga fuera superior a los 2.500 kilogramos. Para ellos colocó rótulos indicadores sobre el puente.


Bajo el mismo, era frecuente ver a las vecinas de Romo lavando sus ropas, mujeres arrodilladas sobre las pilas de cemento, tablas de lavar o raspador, donde restregaban con sus propias manos y jabón, de grasa animal, o bien sosa mezclada con grasa que sobrante de la matanza del cerdo, sus viejas y raídas ropas, que a veces era blanqueada con la cenizas del hogar, también la solían añadir añil (una pasta que se elabora macerando los tallos y las hojas de ciertas plantas) para blanquear la ropa. Luego llegaría aquel !Bendito jabón Chimbo!, que fabricara la “Jabonera Vizcaina” en el barrio de Zorroza, del que se decía: “...Lava bien y cunde mucho...” En aquellos lavaderos más de una mujer rompió aguas, mientras lavaba sus ropas, y con el balde sobre la cabeza, justo llegó a tiempo de dar a luz, !Eran otros tiempos!.

La colada era transportada desde casa al río, por las mujeres, que anteriormente habían dejado a remojo en grandes baldes de cinc, los cuales transportaban sobre un rodete (trapo o una toalla) a la que denominaban “solkixa”, que era colocado sobre la cabeza para amortiguar el peso y la dureza del balde. La ropa ya lavada, se colocaba en la rivera del río, sobre la hierva, para que el sol se hiera cargo de su secado. Todo tenía sus rutinas, se separaba la ropa blanca de la de color, también la de lana, algunas como las de color o lana requerían un proceso de lavado hasta dos o tres veces.


Lejos quedan aquellos lavaderos públicos, como el que existía en el cauce del Gobela a su paso por las calles Ibaigane o Salsidu, pero esto sera tema a tratar en otra entrada. Algunos puentes del Gobela fueron desapareciendo poco a poco, como el de Matias Romo, pero aún quedan algunos en la Anteiglesia de Getxo.


Estos datos están sacados, entre otros, de los libros de actas del Ayuntamiento de Getxo: Expedientes Código 1.2.0.7 Signatura 4476-2 y Código 1.2.0.7 Signatura 3191-1.

lunes, 5 de diciembre de 2016

EL CUENTO DE NOVIEMBRE DE J.J. RAPHA BILBAO



Ya está entre nosotros, tarde como siempre, el cuento de noviembre de J.J. Rapha Bilbao, VIDAS EJEMPLARES.

Con la gracia que le caracteriza, nos cuenta la historia vivida de Moncho y Ramona, dos hermanos pertenecientes a una familia de “vida ejemplar”. Y aunque sus cuentos, no son siempre simétricos, como los hermanos, hay que tener ingenio para crear la probeta que lleva a la concepción de la fábula, pero para eso, como escribe al final del cuento, es necesario estar presente mientras tu hijo está siendo concebido. Hay escritores que son así.

Que lo disfrutéis como lo he disfrutado yo !Merece la pena!.

jueves, 1 de diciembre de 2016

BAÑOS DE MAR BILBAINOS



Baños de mar, lúdica moda que surge de manos de la familia de Máximo Aguirre, tras el fallecimiento del patriarca en 1863, que en su día recibieron el nombre de “Baños de Mar Bilbaínos” (1869) y que sería regentado por D. Andres Tuffli, D. Andres Larrazabal Telleria con su esposa Dña. Petra Silleiro Giri y Mr. Wolf. Estuvieron situados en la zona que hoy ocupa el “Club Marítimo del Abra”. 

No fue el único establecimiento de esa clase, que se asentó en Areeta-Las Arenas, pero sí el más afamado de la época. Junto a él, en la misma playa, estaba el de la familia de D. Ángel Urresti (finales del siglo XIX). Los baños de mar tuvieron en esta localidad varios impulsores, entre ellos los ya citados con anterioridad y el de Dña. Felipa Bustingorri (1888). Los baños de mar calientes “Las Delicias” (1900), situados en la calle Urquijo de Areeta-Las Arenas, propiedad de D. Angel Urresti. Todos ellos fueron frecuentados por lo más selecto de la burguesía bilbaina, madrileña y a la aristocracia.


Pero ciñámonos a la desembocadura de la ria, que hasta mediados del Siglo XIX había estado formada por vegas bajas, marismas y juncales de titularidad comunal, charcas y fangales inútiles para la agricultura y perjudiciales para la salud, que la marea cubría con sus aguas en las pleamares. Por las que tan solo transitaba el rio Kresaltzu ó Gresalchu (Gobela). Rio del que se decía: “...Rio Gobela, el que según se ha observado es el motor principal de la formación de la Barra por las arenas que arroja y se acarrean por las corrientes que siguen lo largo...”


Aquella extensa área, antaño difícil de cruzar, que dificultaba la comunicación con Algorta y el resto de Getxo, se iba a convertir en vegas de cúltivo y grandes pinares. La familia de D. Máximo Aguirre, aprovechando la desamortización de Mendizabal, adquirió una enorme superficie de terrenos, la mayor parte de ellos marismas, arenales y dunas situadas entre el río Udondo y la Avanzada, con distintas iniciativas, llevaron al desvío del río Gobela. Al urbanizar aquella vega, se crearía una nueva urbe Areeta-Las Arenas y como consecuencia de ello, vería la luz su afamada casa de “Baños de Mar Bilbainos”. Y lo hacía en medio de los aplausos de la prensa madrileña, el diario “El Liberal”, titulaba en su cuarta pagina del 16 de julio de 1870: “...Inauguración de Baños de Mar Bilbaínos en Las Arenas...” Los elogios que el público y la prensa habían tributado s este magnífico establecimiento lo calificaban como el primero de España y lo comparaban con los mejores del extranjero, decían: “...Se ha confiado su dirección al acreditado fondista D. Andres Tuffli...” 


El establecimiento estaba formado por tres grandes edificios, unidos entre sí por galerías. El tranvía llegaba hasta la puerta de entrada. Estaba rodeado de fondas y chalets. Según una descripción que realizó D. Jose Gil (cirujano mayor del Hospital Civil de Bilbao) en 1879, en su capitulo VII, destinado a “Arenas de Lamiaco”, en la “Guía hidrológico-Médica de Vizcaya”, decía del mismo que estaba formado por: Un pabellón central denominado “El Casino” y dos laterales denominados “Algorta y Portugalete”. Este último fue ampliado en 1883, elevando un piso su altura, pasando a tener tres pisos. Fue en diciembre de ese mismo año, cuando se sacó a subasta las obras del camino que conducía del Balneario hasta la Ermita de Santa Ana. En 1884 se instaló en el pabellón “Portugalete” el servicio telegráfico.

El pabellón central denominado “El Casino, era el más elevado, disponía de 32 dormitorios, contenía el salón de social, comedor, sala de billar, curiosamente decían disponía también de un salón para “Juegos Lícitos”, gabinete de lectura, habitaciones amuebladas con el mayor lujo y una terraza que miraba al mar. El pabellón Portugalete” disponía de 52 dormitorios. El pabellón “Algorta” disponía de 36 dormitorios, un comedor principal con capacidad para 200 personas y dos comedores más pequeños. Ambos estaban adelantados hacia el mar disponía de un espacioso salón de descanso: “...con bueños cuartos donde desnudarse y tomar baños templados y chorros...” Existía un pabellón adosado que disponía de capilla, salas de juegos, cuarto de plancha, deposito de muebles, cuadras, cocheras y dormitorios para el servicio. Los precios de las habitaciones eran de 30 a 34 reales por persona, incluida manutención; y las habitaciones especiales, de mayor lujo, de 40 á 50 reales.


El edificio tenía dos fachadas, una que miraba al mar y otra a la carretera. La que miraba al mar era descrita de la siguiente manera: “...tiene en medio un terrado poco elevado desde donde el bañista contempla este inmenso piélago y respira la fresca brisa...” A decir del autor era una de las estancias más agradables del balneario. Disponía también de sala de esgrima, 3 bodegas, y 3 cocinas. La que daba a la carretera disponía de columpios para los niños y juegos de rana, tenía en su frente un jardín inglés con abundante vegetación y arbolado,: “...en la que el bañista sentado a la sombra pasa algunos ratos del día...” Dos egregias estatuas presidían aquel balneario en su frente de la playa. Estaban situadas sobre el murete que separaba las instalaciones balnearias de dicha playa, ambas eran de mármol blanco, y descansaban sobre unas pilastras que sobresalían del muro, estaba colocadas a ambos lados el edificio principal.


Dichas esfinges fueron ofrecidas por D. Ramón Coste, presidente de la sociedad “Club Náutico del Abra” (Club Maritimo), al Ayuntamiento en junio de 1903. Para entonces el edificio balneario había pasado a ser propiedad de esta última sociedad. El Sr. Coste explicaba su oferta con los siguientes argumentos: “...al no tener objeto en aquel lugar por la transformación del edifico, la sociedad ha resuelto donarlas al consistorio...” El deseo del Sr. Coste era que quedara expresamente recogido en el acta del pleno, que la cesión de las estatuas se hacía por parte de D. Enrique Aguirre y sobrinos, antiguos propietarios del balneario, para ser colocadas en un punto de Las Arenas. Al parecer, cuando el responsable municipal paso a revisarlas y curso el informe de su situación, lo hizo indicando que las mismas estaban deterioradas, por lo que el consistorio declinó la donación. 

La temporada de baños empezaba el 10 de julio y terminaba oficialmente hasta el 30 de septiembre, aunque era habitual que aún permaneciera abierto durante el mes de octubre. Durante el tiempo que permanecía abierto tenía para su clientela servicio de correo diario, telégrafo y se recibían los principales diarios. El servicio de hospedaje corría a cargo de los señores Wolf y Larrazabal, que contaban con un jefe de cocina, cuya escuela había sido la corte, dos ayudantes, treinta doncellas y dos cocineras especificas para los platos del país. Además de un esmerado servicio de lavandería, costura y plancha.


En la prensa madrileña de julio de 1878 se podía leer en cuanto a sus servicios: “...En este establecimiento de Las Arenas el afamado fondista Mr. Wolf, cuya mesa se cita hoy entre las mejores de España, en su afán por hacer agradable la estancia de sus huéspedes ha Introducido la gran novedad de alumbrar el jardín del establecimiento, que ha quedado convertido en un delicioso paseo nocturno, durante las noches que no se celebran bailes ni toca la música. No satisfecho con esta mejora, el inteligente fondista proyectaba la construcción de un teatrito en el que se representaran comedias y zarzuelas con objeto de amenizar aún más las soirées de los Baños de Mar Bilbaínos...” 


Este era un lugar donde, como decía anteriormente, se alojaron durante la estación estival las familias más distinguidas de la Corte y del interior de la península. Tenía capacidad para más de 200 clientes, disponía de hermosos salones, corredores y zonas ajardinadas, protegidas del viento marino. Disponía de salón de baile y otros destinados a biblioteca, en la que se podía disponer de prensa nacional y extranjera, también tenía espacios dedicados al restaurante para 200 cubiertos, gabinetes particulares, sala de billar, sala de armas y gimnasio. El juego de «crokett» en la playa, era parte de sus atractivos, los paseos a pie, a caballo y en carruajes, las carreras a caballo y en asnos por la playa, permitían a los acomodados bañistas tener todas las distracciones que hacían de sus instalaciones, una de las más atractivas de todo el litoral.

Los gabinetes de baños disponían de pilas de mármol, para el disfrute de “baños templados y calientes” de agua dulce o marina, también se podía disfrutar de baños de algas marinas, salvado y mostaza. Sus salones eran frecuentados por gentes de aspecto “gomoso” que hacían ostentación de sus mejores galas, de amplios y atusados bigotes, personajes, afectados, de voz hueca, que hablaban de todo y de nada. Además disponía el establecimiento de un servicio propio de castas de baño movibles, conocidas como “de las de Ostende”, las cuales eran conducidas hasta la orilla de la playa por un tiro de animales.


Entre los ilustres huéspedes que acudieron a los “Baños de Mar Bilbaínos”, en 1881 se citaban, entre otros, a los siguientes señores: Francisco Dumont, Martin Ojanguren, Luis Villabaso, Tomas Lopez Doriga, Maria Urcullu, Jose Guardamino, Andres Aguirre, Josefa Aute de Hoppe, Carlos de Enterria, Catalina Usera, Escolástica Salazar, Marquesa de Selva Alegre, Capitán General Moltó, Carmen Gomucio, Lepoldo Moyua.

Pero en la época, no todas la creencias eran bien recibidas, ya que en abril de 1883, un pastor protestante y su esposa, allí alojados, pretendieron dar un baile en el salón del Balneario, permiso que les fue denegado.

El tranvía eléctrico (1881) y el ferrocarril (1887), promovido por los Aguirre, vino a dar servicio a aquel balneario, junto a lujosos carruajes, vapores y ómnibus, que partían desde Bilbao hacía la lujosa población arenera. Los carruajes de un solo caballo, aptos para dos personas, costaban por cada hora de carrera 0,50 pesetas; los de dos caballos, aptos para tres o cuatro personas, costaban por cada hora de carrera 2,50 pesetas.

Durante la segunda guerra carlista, el balneario sirvió como acuartelamiento de las tropas del Gobierno, durante más de seis meses. La llegada de aquellos militares provocó la perdida de gran parte del arbolado, y dejando maltrechos los espléndidos jardines, en los que lucieron emblemáticas estatuas de inmaculado y blanco mármol. Tras finalizar la última guerra carlista en 1876, el gobierno se vio obligado a indemnizar a los propietarios con cerca de 100.000 reales. En 1884 una orden general de la plaza de Bilbao, de primeros de agosto, conservada por el Cuerpo de Miñones, se comunicaba la reducción del precio de los baños de mar calientes en el balneario a los enfermos de la clase de tropa, así como el de los servicios de casetas de la playa de Areeta-Las Arenas para todo individuo de tal clase; el encargado de dar asistencia facultativa a aquella tropa fue el medico militar D. Ricardo Pérez y Rodríguez. Los servicios de baños de mar calientes, durante las dos últimas décadas del Siglo XIX, fueron ofrecidos para los pobres de la villa bilbaina, repartiendo tarjetas de baños templados a los más necesitados.

HOTEL ARAMBERRIA

A su lado fueron apareciendo nuevos negocios balnearios, algunos instalados directamente sobre la playa, se multiplicaron los centros de reunión y de esparcimiento: fondas como “La Napoleona”, “Cecilia”; hoteles como el “Aramberria” o el “Antolin”; casas de baños calientes como el de los “Urresti” y salones de recreo como el de “Santos Larrazabal”, construido en un terreno de su madre Dña. Felipa Bustingorri; restaurantes como el “Lazurtegui” que disponía de pastelería, y estaba junto a la estación del tranvía, cerca del “Hotel Antolín”.


La playa de Las Arenas, antes amenazada por la fuerza del mar, veía sus últimos días de esplendor, a partir de 1895, la actividad turística de Las Arenas entró en una rápida y definitiva decadencia. Los precios oscilaban, contando con la comida, entre las 7 y 10 pesetas diarias. Pero ante los embates del mar, que en numerosas ocasiones dañaron algunos de los establecimientos balnearios, entre ellos el de la familia Urresti, se vio la necesidad en 1889 de proceder a la construcción del puerto exterior. Ello, junto a la construcción del muelle de Portugale, provocó un desplazamiento de las corrientes, que poco a poco fueron socavando la playa de Las Arenas, y el balneario de los Aguirre, antaño promotor de un estilo de vida, probablemente inspirado en la mejor tradición británica, veía llegar su desaparición en 1898. Su espacio iba a ser ocupado en 1903, por el Club Marítimo del Abra. Las instalaciones balnearias se trasladarían a Algorta, a la playa de Ereaga, al establecimiento balneario de Igeretxe, en 1912.

Estos datos han sido obtenidos: Los relativos a las estatuas del Archivo Municipal de Getxo expedientes: (Código 1.2.0.7 Signatura 3191.1, del libro de actas de 1902-1904, paginas 237-238). Y los relativos a la descripción de las instalaciones de los libros de viajes de D. Mariano de la Torre de 1878 y de la “Guía hidrológico-Médica de Vizcaya” del cirujano mayor del Hospital Civil de Bilbao D. Jose Gil DE 1879.

lunes, 28 de noviembre de 2016

GENTES Y HECHOS, RELACIONADOS CON EL MAR, DE GETXO



Los hechos y gentes de mar en Getxo vienen de tiempos inmemoriales, incluso los relacionados con nuestra jurisdicción territorial. La misma fue objeto de pleito entre Getxo y Portugalete, ya que la Villa Jarrillera sostenía su derecho de jurisdicción sobre la ria y costas de Getxo, finalmente tuvo que intervenir la Cancillería de Valladolid en 1583 para ordenar que la línea de linde entre ambas poblaciones se establecía en el medio de la ria, de ella ya hablé en mi entrada del viernes 26 de septiembre del 2014 “1889 Los lindes de Getxo”.

Entre los hechos citaré algunos por su carácter histórico: Uno de ellos referido a nuestros arrantzales: Ya desde 1570 algunos marineros de Getxo se dirigían a Terranova para realizar la pesquería del bacalao. Otro se refiera a las invasiones de corsarios. Esta era una de las preocupaciones de nuestros gobernantes. En abril de 1639 se tenía constancia escrita de uno de los expedientes guardados en el Archivo Foral de Bizkaia. Fue en relación con informaciones relacionadas con una posible invasión francesa a nuestras costas. En aquella carta el Licenciado D. Jerónimo Quijada Solórzano, Corregidor de Bizkaia, escribía: “...se tenía noticia de que el enemigo francés hacía muchas prevenciones de barcos y lanchas y se recela de que se le ocurra hacer con ellas alguna invasión en los puertos del Señorío y en particular en el de Portugalete y ría de esta villa y quemar los galeones de nueva fábrica...”


Se dio orden de fortificar con artillería el puerto de Portugalete y establecer una guarnición de 300 hombres, así como apostar otros 100 en los arenales de Getxo frente a la barra del Abra. Pero ante el temor de que pudieran también desembarcar lanchas en el puerto de Algorta y atacar por la espalda, se acordaba protegerlas desde las cumbreras fortificadas de Santurce. Así como defender con hombres el Puerto de Ciervana. También se decía: “...en el puerto que llaman de Algorta se pongan cuatro medio cañones de a dieciséis libras de bala y que estén en el puerto veinticinco hombres...” En el faro del Abra se colocaban dos medios cañones de a dieciseis y veinticinco hombres. Se cubrían lugares de defensa otros como Luchana, San Bartolome Y Meñacoz. Una de las defensa de la costa fue el Castillo del Príncipe, que se construyo rodeado de un foso en 1742. En la guerra de la Convención en 1795 lo ocuparon los franceses y en 1827 lo destruyeron los ingleses.

Entre ellos algunas referencias de los pilotos lemanes existentes en 1699, aparecen nombres como: Vicente de Echeandia, Francisco de Arteaga, Andrés de Basarte, Martín de Zugasti, Pedro de Zabala, Esteban de Arrigunaga, José de Arrigunaga (propietario del navío “Viejo Atrevid”) y Sebastian de Hormaza. Las lanchas y su situación fue otro de los frentes de batalla de los vecinos de Algorta. En abril de 1775 D. Carlos de Uria, apoderado de los mayordomos y mareantes del Puerto de Algorta solicitaba se facilitara a D. Manuel de Ibarra Zobaran, constructor de lanchas y vecino de Ibarranguelua, todo el material necesario para la construcción de varias lanchas, que deseaban encargar algunos propietarios de barcos de Algorta, ya que las tenían muy deterioradas.

La financiación de nuestro pueblo y la provincia fue otro de ellos. En 1793 un decreto de la Diputación de catorce de septiembre disponía un servicio de Marina de doscientos veinte hombres de mar. Se trataba de una la solicitud hecha por D. Antonio de Piñaga, vecino de Algorta y mayordomo de su Cofradía de Mareantes para que los Fieles y mareantes de la localidad colaborasen con él en la recogida del cupo, y de la de los puertos vizcaínos para que se igualen los gastos de las levas.

En 1832 el Cólera iba a ser otra de las preocupaciones de nuestro Puerto. El 4 de abril la Junta Superior de Sanidad del Señorío de Vizcaya enviaba una circular advirtiendo de que se debía de tomar medidas preventivas debido a la epidemia de cólera surgida en Gran Bretaña, dado el peligro que existía por las relaciones de comercio con los puertos del mar Báltico, y considerando al Puerto de Getxo lugar de posible propagación de la enfermedad, entre otros, como punto de arribada de barcos procedentes de aquellas latitudes.


Otras de las actividades de nuestro pueblo que estuvieron relacionadas con la mar. Y que aparecerán en 1588 son las de un piloto mayor, que resultaría ser uno de nuestros vecinos, D. Pedro de Alango de Algorta, y se refiere al nombramiento más antiguo de esta clase, se produjo el 14 de julio de aquel año. En 1652 otro de nuestros vecinos, D. Francisco de Arteaga, natural de Algorta, se examinaba ante un tribunal designado por el consulado de Bilbao para el cargo de piloto leman. Para 1699 ya ejercían dicho cargo 79 vecinos de Algorta.

Entre 1890 y 1800 aparecían con la denominación de maestres, algunos vecinos de Getxo: Al frente del Nuestra Señora de Guadalupe estaba D. Manuel del Valle, quien tripulaba un barco de 160 toneladas; al frente de Nuestra Sra. de la Ria estaba D. Ramón de Diliz, vecino de Getxo, con un barco de 200 toneladas; al frente del Nuestra Sra. de los Ángeles estaba D. José de Iturriaga, también vecino de Getxo, el navío era de 190 toneladas y al frente del Nuestra Sra. de los Dolores estaba el vecino de Algorta D. José Ramón de Zalduondo, que navegaba en un barco de 200 toneladas. Es precisamente en esos años, en 1857, cuando se hará una relación detallada de la gente de mar de la Cofradía del Puerto, que contaba con los siguientes oficios: Entre los oficiales segundos había 29 pilotos de altura; entre los de tercera clase eran 13 los pilotos de altura; el número de oficiales prácticos se elevaba a 10 y el de marinería a 37.

Estos son algunos de los hechos escogidos en relación a las defensas y gentes de mar, que a lo largo de los siglos acaecieron en nuestra Anteiglesia, denominación que en los libros de actas de 1797 a 1847, se citara de forma constante.

Algunos de estos datos están sacados de los Expedientes del A.F.B.: J-01438/011-013, AJ01654/023, AQ00695/043 y AJ01265/027; además de los libros de actas y algunas microfichas, probablemente elaboradas por el Alcalde D. Juan Bta. Merino, del A.M. de Getxo.


jueves, 24 de noviembre de 2016

EL VERANO DE 1886 y -II-



Siguiendo con las evoluciones de nuestro pueblo durante los días del verano de 1886, hoy veremos algunas actividades y sus fiestas.

Mientras la playa de Las Arenas veía aparecer su nombre en la prensa anunciando las casetas de baño, su propietario D. Nicasio Román las anunciaba, ofreciendo abonos para nueve baños con derecho a caseta y bañero, al precio de 12 pesetas incluyendo viaje de tranvía de ida y vuelta. Además ofrecía al bañista por un precio módico “elegantes trajes de baño y esmerado servicio”. Los abonos se podían adquirir en la administración del tranvía o en Bilbao en la Pastelería Suiza en la calle Correo. Sobre los entonces pintorescos trajes de baño había quien decía de sus usuarios de ambos sexos: “...Más bien parecen arlequines...” El “Café Isadora”, cercano a la playa de Las Arenas, era otro de los locales que alquilaba camas por 5 ó 7 reales y comidas por 4 reales para aquellos veraneantes, que aún acudían a la playa de dicho barrio.

Las fiestas era otro de los atractivos de aquel verano. Se prodigaban por todos los barrios del municipio. Las de Santa Ana, que se celebraron los días 26 de julio y 1 de agosto, contaban con las entonces renombradas romerías de ese barrio de Las Arenas. Se iniciaban con una solemne misa a las diez de la mañana en la capilla dedicada a la santa, música y tamborileros por la mañana y tarde. Quien las glosaba en la prensa era un tal “Juan de Bilbao”, lo hacía en “El Noticiero Bilbaíno”, y lo hacía bajo el titulo “Santa Ana en Lamiaco”. Y lo hacía diciendo “...Es costumbre en algunos Estados de Norte-América que han nacido al soplo vivificador de la inteligencia y del trabajo conmemorar en las reuniones que celebran sus habitantes a la manera de nuestras romerías, el recuerdo del hombre que plantó el primer árbol, o construyó la primera casa, o fundó el primer edificio..., Algunas de las ciudades llevan el nombre del fundador, o algo que no le deja en olvido...” Por lo que seguía ensalzando al creador de las también conocidas como “Lagunas de Lamiaco”, recordando que tan solo 26 años antes era una inmensa y abandona laguna, de la que se apoderaba el mar dos veces al día. Y fantaseaba en que el deseo del creador era: “...convertirlas en un fértil y hermoso campo donde creciera la verde caña de maíz y la dorada espiga del trigo...” Nada más lejos de la realidad. Aquellas extensiones de terreno ganadas a las marismas iban a ver crecer la especulación urbanística, lo cual no merma el mérito de sanearlas para la vida ciudadana, pero seguro que no estuvo en el pensamiento de D. Máximo Aguirre, que fueran lugares de pasto y labranza. Y sí respondía más al pensamiento que más adelante su pluma escribía: “...trocados los extensos arenales de Guecho en el plantel de una nueva ciudad del mar Cantábrico...”


Las fiestas de Algorta en 1886 se celebraron los días 31 de julio (San Ignacio) y el 8 de agosto (Octava de San Ignacio). El primer día (31), a las tres y media de la tarde con “Encañadas” y el juego de la “Samaritana” en la plaza de San Ignacio. A las cinco romería en el mismo punto con asistencia de la banda de música y tamborileros. A las diez de la noche se quemaron vistosos fuegos artificiales en dicha plaza. El segundo día (8), a las tres de la tarde se corrió un novillo embolado en la playa de Algorta; a las cinco de la tarde romería en la Plaza de San Ignacio y de diez a doce de la noche baile en la misma. El anuncio lo realizaba el Alcalde D. J. Antonio de Aldecoa el 27 de julio de 1886.

Durante esos días de fiesta el munícipe D. Santiago Diliz anunciaba en la prensa el comienzo de los bailes en el Casino Algorteño. Dieron comienzo el mismo día de la festividad de San Ignacio y se iban a celebrar hasta el 1 de septiembre; el anuncio de los mismos se colocaba en un cartel en el salón del Casino y en el café de dicho establecimiento. Los bailes habían estado suspendidos por “algunas dificultades”, a decir del Sr. Diliz, quien recordaba que era su deseo: “...proporcionar a la juventud, ávida siempre de diversiones, algún recreo...” A los cuales, un avispado “Alma muerta” en una columna que titulaba “Cuentos de Algorta”, dedicaba en el diario “El Norte” de Bilbao, con cierto gracejo, preguntas puntillosas, acerca de su comienzo.

Durante las romerías de San Ignacio, en Algorta, y Santa Ana, en Las Arenas, a pesar de que la prensa las situó en Lamiako, el servicio de vapores, que la “Compañía de Tranvías” de Bilbao-Las Arenas-Algorta fletaba, a las que acudía numeroso publico bilbaino, tenía sus salidas desde Bilbao hacia Las Arenas a las 8,10 y 11 de la mañana y a las 15,30 y 16 de la tarde; mientras que el retorno se hacía a las 8, 9'30 y 12 de la mañana y a las 18,45, 19 y 19,15 de la tarde. El precio del pasaje era de 75 céntimos de peseta, las salidas de mañana de ambos destinos hacían escala en Portugalete.

Durante los días 11 al 13 de agosto se anunciaban fiestas en Algorta. El día 11 de agosto (San Nicolás), tras las consabidas celebraciones religiosas, se celebró una romería en la campa del Castillo a las cinco de la tarde. Por la noche, a las diez, le tocaba el turno al denominado “baile campestre” bajo la casa del consistorio, en la plaza de la Constitución. Al día siguiente le tocaba el turno al Puerto Viejo, con cucaña de patos y romería en la misma plaza del día anterior. El día 13, a las nueve de la mañana, en la ensenada del Puerto, era el momento de correr un novillo embolado; a las cinco de la tarde le llegaba el turno a la romería, que esta vez se celebraba en la Avanzada; por la noche se dispararon unos vistosos fuegos de artificio.


En la fonda San Ignacio, que se abrió al publico en 1882, su propietario fue D. Migel Uria y estuvo regentada por Dña. Gabina Lesaca. Estaba situada en el nº 99 de la entonces calle de la Carretera (Algortako Etorbidea). En ella el martes 17 de agosto de 1886, se celebró una soireé musical, que dio inició con una interpretación al piano por la Sta. Julia Patrón, que ejecutó una composición alemana de Lange, titulada “La canción de la flor del capullo”, le acompañaban Laureano de Eguia y Victor Patrón en el violín y Emilio Icaza en la flauta, actuando como director Emilio Huarte. También intervino Paquita Romero, interpretó “Lasciate mi morir”; el periodista Vicente de Arana, interpretó la canción cómica inglesa “Ten little nig gres”, a la que había adaptado una letra de su propia creación; los vals de J.B. Pagano corrieron por cuenta de Dña. Clementina Arjona de Maidate, que interpretó la obra “Nathalie” de J.B. Pagano. Otra de las obras interpretadas por los Srs. Eguia, Patrón y Huarte, y los niños Echevarria la Llana y Zabalo, fue la zarzuela “La Sevillana”, interpretada por el jovencísimo Jose María Zabalo. La fiesta termino con el coro de señoras, acompañadas al piano por Dña. Clementina Arjona de Maidate y sus hijas Clementina y Margarita de Maidate, que interpretaron “La canción del abanico”, seguido del una danza de origen francés, el “Rigodón”. Era ese año, 1886, la reforma de la pieza contigua al salón de baile del “Casino Algorteño”, que fue transformada en despacho de refrescos (bar). Para el año 1885 había pasado a estar regentada por D. José Valle y Toyos y su dirección facultativa estaba en manos del Dr. D. A. de Barrera

En Andra Mari (Getxo), tras los actos litúrgicos tuvieron lugar el día 15 de agosto (Nuestra Señora) y 16 (San Roque) romerías. Por la tarde en la campa de la iglesia, y por la noche bajo la casa consistorial.

Las costumbres festivas, al parecer, también eran cosa de critica, ya que en una carta al periódico “El Noticiero Bilbaíno” del día 29 de agosto de 1886, alguien que firmaba como “Ogaitnas” decía: “...Ya han pasado las fiestas de San Ignacio, San Nicolás, Santa Ana, Santa María y San Roque, que anualmente celebran en esta anteiglesia..., hay algunos que calzan guantes, visten levita y comen en manteles de lino..., que al ver bailar al son de la popular porru-salda en las fiestas por la mañana, por la tarde y por la noche..., no dudan esos mirones en afirmar “No todos los locos están en Zaragoza”. Pero, amigo director, este es el mundo. Mientras unos brincan y danzan desesperadamente, otros califican este modo de divertirse de locura o cosa parecida..., y sin embargo, este pueblo es más feliz que otros a los que llana dichosos...” Según el firmante los bailes de los soportales de la plaza de San Nicolas iban perdiendo adeptos, trasladándose estos a los salones particulares, como el Casino Algorteño. El tiempo parece que tampoco acompañó esas fiestas, pues resultó metido en aguas, ya que al finalizar su carta decía: “...Pronto nos veremos envueltos en el oscuro celaje del invierno...” Y las fiestas se trasladaban a la villa de Plentzia, para celebrar sus San Antolines.

La picaresca también hacía su aparición en la alimentación, los huevos, artículos de gran consumo, eran traídos desde Galicia de contrabando. Al parecer había vendedoras que se disfrazaban de baserritarras. Uno de estos cargamentos fue descubierto en el barrio bilbaíno del Cristo. La prensa local decía con cierto gracejo: “...¿Cómo los huevos traídos por mar de Galicia y Asturias, que pueden estar frescos allí, pero para recoger y completar cada cargamento se necesita el trascurso de unos meses?...” Y afirmaba: “...!El único que está fresco es el que gasta su dinero en huevos de esta procedencia, que no sabemos con qué fácil procedimiento químico toman la apariencia exterior de los acabados de poner por las gaIlinas!...”

Es curiosa la asociación de ideas que se producía en la época, en cuanto al nombre del Pueblo, ya que la publicidad de las regatas de vela en el Abra de agosto de 1886, entre lanchas de lemanaje que tuvieron un recorrido de seis millas, se celebraron con esta confusión. Entre los suscriptores de premios aparecía el Ayuntamiento de Getxo, y la prensa local decía: “...El Ayuntamiento de Algorta ofrece un premio de 125 pesetas...” ¡Estos de Algorta ya se habían hecho con la capitalidad!.


Era habitual por aquellos días ver anuncios en la prensa ofreciendo “Amas de Cría” y/o “Nodrizas”, generalmente jóvenes de unos 26 años, recién paridas, para amamantar a hijos de familias pudientes. Y la “kukurruku-estul” la tos ferina, ya acechaba a nuestros niños.

Y a pesar de no ser la principal actividad, en aquellos momentos el turismo veraniego, sí era una de las actividades comerciales más importantes de la temporada. El valle del Nervión ya contaba con establecimientos fabriles e industriales, además de la zona minera. La multiplicación de vías de comunicación de Bilbao al mar, que pronto iban a aumentar con dos ferrocarriles por ambas márgenes de la ría, crearían una zona de gran atracción turística. Aquel verano se había visto la zona y Bilbao tan lleno de forasteros que apenas bastaban las instalaciones hoteleras para su hospedaje. Se hacía necesario, decían, crear atracciones para los turistas, igual a las que ya disfrutaban otras poblaciones extranjeras o del nuestro mismo litoral. Se creía conveniente que los ayuntamientos de Bilbao y del resto del Abra, nombraran comisiones encargadas de idear y preparar con tiempo suficiente, nuevos atractivos para la temporada estival de 1887. Se planteaba que: “...Hay puertos en el litoral cantábrico que algún tiempo estuvieron muy concurridos de bañistas y veraneantes y perdieron por completo ese beneficio por matar la gallina de los huevos de oro...”


El servicio de tranvías durante el mes de septiembre ofertaban su servicio para los amantes del teatro, que acudían a Bilbao. Los jueves, domingos y festivos salía un carruaje para Las Arenas y Algorta, siempre que lo demandara un número mayor de diez personas y fueran hasta el punto más lejano del recorrido. Las lanchas dedicadas al servicio de mercancías entre Las Arenas y Portugalete efectuaban las salidas de Las Arenas a la llegada de los coches de Bilbao y de Portugalete cada cuarto de hora, a tiempo para alcanzar la salida del tranvía para Bilbao. El precio del pasaje era de cinco céntimos por persona.


Las mejoras en nuestro pueblo habían comenzado a producirse. La traída de aguas desde Berango evitaba malos olores en varias zonas de Algorta; la actividad de la Fonda San Ignacio, en la que se reunían todas las noches los bañistas y familias distinguidas de Algorta; la actividad tranviaria y las obras del Abra exterior venían a presagiar nuevos cambios, que iban a convertir nuestro pueblo en un lugar de referencia para los visitantes, a pesar de que, como decía al comienzo, se perdería la bella playa de Las Arenas. 

lunes, 21 de noviembre de 2016

EL VERANO DE 1886 -I-




El verano de 1886 se presentaba alegre, bullicioso y con gran afluencia de visitantes en Algorta. De hecho el barrio comenzaba a salir de su habitual monotonía con la llegada del verano. Aquella hermosa estación era esperada “cual náufrago en triste y apartada isla al buque salvador”. Se preveía que la afluencia de bañistas iba a mejorar la de años precedentes, al menos así lo indicaba la demanda de habitaciones, que familias procedentes de Madrid, Zaragoza y otras poblaciones del interior, estaban alquilando. Esto se percibía como una evidencia del crédito y renombre que la población estaba empezando a adquirir como puerto de baños, aunque Getxo tan solo contara con 2129 habitantes.

Tras la decadencia de Las Arenas como lugar de baños, debida fundamentalmente a la pérdida de su inmensa playa por las obras, que de la mano de Evaristo Churruca, verían nacer los contramuelles. Poco a poco irían desapareciendo sus emblemáticos establecimientos veraniegos (Baños de Mar Bilbaínos, Felipa Bustingorri, Las Delicias...), los hoteles y fondas que cubrían la demanda veraniega, verían también mermar su demanda.

Empezaban a ganar terreno los algorteños; primero en 1886 “La Perla” y más tarde en 1913 “Igeretxe”, según se escribía en la época “debido a los altos precios de los de Las Arenas”. Sus fondas y hoteles (“La Fonda San Ignacio”, “Hotel de Justo Ugarte”...) y las casas particulares venían a mejorar la oferta. La compañía de tranvías de Bilbao a Algorta estableció un servicio diario de carruajes con salidas desde Algorta a las 9,30 de la mañana y 6,30 de la tarde. El precio del transporte era de 2 pesetas.


Por otro lado sus nuevas obras de conducción de agua potable desde los cercanos montes de Berango, se estaban ejecutando con extraordinaria rapidez y los depósitos así como las conducciones estaban llegando a su fin. Se preveía que su puesta en marcha fuera para últimos de agosto de 1886. El proyecto de la traida de aguas potables llegaba hasta el barrio de La Arenas, lo que ayudaba a mejorar los servicios para esta población. El consistorio contrató aquel verano una “renombrada charanga” para que animara el ambiente en el barrio. La prensa decía “...para alegrar el concurrido y lindo paseo de La Avanzada...”

Algún vecino señalaba como prioritarias las obras a realizar para realzar el barrio. Decía de la playa de Ereaga : “...¿Porqué se tiene tan olvidada, o mejor dicho, tan abandonada la playa de Ereaga?...”También animaba al consistorio a emprender las obras de la carretera desde Algorta al Semáforo (La Galea), criticando que se invirtieran dos mil duros en la realización de la carretera que conducía a la playa de Arrigunaga. No parecía que el referido sujeto fuera amante de las diversiones mundanas, ya que al referirse a la celebración aquel año de la festividad de San Antonio en Martiartu, que había visto transcurrir en medio de un desapacible tiempo, comentaba: “...el día de San Antonio en Martiartu, donde se venera en humilde ermita al “Martillo de los herejes”..., tuve ocasión de ver a la mayor parte de las señoritas de este pueblo, rindiendo culto, primero con especial fervor al santo de Padua , y después a “Terpsicore” !contrastes de la Vida!...” Relataba la vuelta a casa tras la romería: “...se efectúa por estrechas veredas, interrumpidas por riachuelos. Esto hace que los “pollos” rivalicen en finura y galantería con las damas. ¡Qué cuadros tan pintorescos y animados!...” Añadiendo a continuación una aseveración que hoy resultaría incomprensible: “...los que ya somos casi viejos...”, y citaba a Espronceda: “...!Treinta años! Funesta edad de amargos desengaños...” Parece la crónica de un joven convertido en viejo prematuro.

En 1879 se había publicado una guía médica de Bizkaia. “El Noticiero Bilbaino” hacía referencia a la misma en julio de 1886. En ella se hablaba sobre la antigüedad y utilidad de los balnearios marítimos y terrestres en el tratamiento de enfermedades. Aquella guía fue elaborada por el Dr. Gil y Fresno. El galeno afirmaba que se remontaban a la más oscura antigüedad, fabulaba sobre Venus, diosa del amor: “...surgiendo resplandeciente y hermosa del fondo de los mares...” Para justificar sus aseveraciones recurría a Platón quien: “... a su paso por Egipto con objeto de ver a los adivinos, cayó enfermo, y los sacerdotes le curaron con los baños de mar...” Y añadía: “... Lava el mar las dolencias del hombre...” Tras hacer un recorrido por los balnearios y playas de Bizkaia (Pobeña, Zierbena, Portugalete, Plentzia, Baquio, Bermeo y Ondarroa...) llegaba a los de Getxo. Las Arenas ocupaba el primer lugar: “...Frente por frente con Portugalete se ha creado en nuestro tiempo una estación balnearia..., indudablemente es la primera de Vizcaya por la seguridad de su extensa playa..., por la hermosura de los edificios que la pueblan y sobre todo por Ia particularidad, rarísima, a orillas del mar, de los dilatados, sombríos y frescos bosques que casi tocan con su playa. El magnifico establecimiento que lleva el nombre de “Baños de Mar Bilbainos”, la galería balnearia adjunta, las fondas y casas de huéspedes que allí abundan, y la gran comodidad y seguridad de la playa hacen de Las Arenas un lugar recomendable como balneario..., se esta terminando, también en su centro, un teatrito, donde no tardara en actuar un cuadro de modestos artistas..., las comunicaciones entre Bilbao y Las Arenas son cómodas y baratas por medio del tranvía de Bilbao a Algorta y los vaporcitos que ya, merced a las grandes obras de mejora de la ría, pueden hacer el viaje sin necesidad de esperar a la pleamar...”


En ella se mencionaba el barrio de Algorta, del que se decía: “...la populosa, blanca, limpia y hermosa Algorta, de ricas y abundantes aguas potables. Se asienta en una planicie que se extiende hasta la punta de la Galea. Es una población naciente compuesta de elegantes y cómodas casas colocadas sin orden de alineación, edificadas en su mayor parte por navegantes que, cansados de romper mares, han venido a establecerse en este punto con el fin de pasar tranquilos el resto de sus días. Casi todos los edificios de Algorta son de purísimo color blanco. El forastero encuentra en este puerto todas las comodidades que puede apetecer. Playa de menuda arena y suave declive, resguardada de los vientos. Algorta no ha cesado de progresar en población, en embellecimiento ni en comodidades. La bajada y subida de la playa, que eran algo penosas, no tienen ahora aquel inconveniente, porque acaba de hacerse un hermoso camino, por el que transitan cómodos carruajes que por un insignificante precio facilitan la bajada y la subida. La gran fonda de San Ignacio los tiene propios para los que se hospedan en ella. En cuanto a hospedajes para el forastero, los tiene Algorta arreglados a todos los gustos y fortunas...” La Fonda San Ignacio era un establecimiento muy acreditado en los medios bilbaínos, disponía de habitaciones y mesas de comedor con vistas al campo y mar, salón de baile con dos pianos; disponía de hermosos jardines con frondoso arbolado; el tranvía de Bilbao pasaba junto al establecimiento. El fondista era el D. Jose Valle Toyos.

Tras un largo repaso de todos ellos concluía: “...Causan buenos resultados en las indisposiciones del aparato gastrointestinal, digestiones difíciles, gastralgias, infartos del hígado y bazo, de las vías genitourinarias como litiasis renal, cistitis crónicas, espasmos del cuello de la vejiga, cólicos nefríticos, enfermedades de los órganos respiratorios. como laringitis, catarros bronquiales y pulmonares...”

La propia Compañía del tranvía de Bilbao a Las Arenas mejoraba su oferta veraniega, poniendo al servicio de los viajeros desde el día 5 de agosto, su cochecito salón de diez asientos, haciendo un viaje diario, cuya salida de Bilbao tenía lugar a las cinco do la tarde, y el regreso de las Arenas a las diez de la noche. El precio del billete de ida era de dos reales. Aunque al parecer, en los días de lluvia, se mojara uno dentro del coche, tanto como si fuera en el exterior.


En la próxima entrada seguiremos viendo los cambios y costumbres de aquellos días del verano de 1886.