MEMORIAS DE GETXO

lunes, 22 de mayo de 2017

ITXAS GANE, LOS PARTES DE MONTAÑA -II-


Siguiendo con las actividades montañeras de “Itxas Gane”, en esta entrada iremos viendo algunas de las salidas, que conseguirían coronar algunos montes bizkainos.

Otros montes de mayor altitud también fueron protagonistas de aquellas salidas montañeras. Y su duración era de mayor tiempo, para todo el día, fue el caso del “Concurso de travesías”, que el domingo 13 de mayo de 1956, transcurrió entre Sodupe y Areta, con la ascensión a los picos “Galarraga” (901) y “Goikogane” (702). Fue uno de los partes de montaña, que con más lujo de detalle y descripción llenaron, Koldo Urresti, Joseba Cortina (+) y Josu Zubiaur. Esa travesía comenzaba a las 7:33 de la mañana, con salida desde la estación de Algorta; el siguiente tren partiría desde Bilbao hacia Sodupe a las 8:30 horas, llegando a esta última estación a las 9:10 horas. La travesía comenzó a las 9:15 horas, partiendo de dicha estación, camino de los caseríos de Elubarri, para comenzar la ascensión hacia el alto de Sagarminaga; la llegada al alto fue a las 9:40 horas, desde allí avanzaron hacia las faldas del monte Galarraga. El horario de la ascensión estaba perfectamente detallado en aquel parte de montaña, el último tramo, que iniciaron a las 10:25 tenía según describían: “...una durísima pendiente...” Hicieron cumbre a las 11 horas, habían invertido desde su salida de Sodupe 1 hora y 45 minutos. Tras una hora de travesía hicieron un descanso para reponer fuerzas: comieron un bocadillo y partieron a las 12:30 hacia las faldas del monte “Kamaraka” (782), a cuyo buzón llegaron a las 12:45, tras descender un trecho para situarse en las faldas del “Goikogane” (692), hicieron la última cumbre de la travesía a las 13:10. Desde ese alto se podían divisar a sus pies dos pueblos de la orilla del Nervión, Miravalles y a su derecha Areta punto final de la travesía, para llegar a este último pueblo descendieron por un camino que atravesaba un gran pinar, situado en la falda derecha del monte, mirando hacia Miravalles. A Areta llegaron a las 13:45 tras haber realizado una travesía de 4 horas 35 minutos.


Algunas de aquellas travesías tenían comentarios poco edificantes para los delegados de montaña, como la que efectuaron el día 15 de julio de 1956, desde Algorta a Loyola. Recorrido que realizaron Jon Landeta y Jon Nikolas, pasando por el Monte Oiz (1.032). La descripción de este último sobre el recorrido es casi novelesca. Comienza el relato con sus sensaciones antes del amanecer: “...Inquieto por el tiempo me levanté temprano, eran las cuatro y cuarto de la mañana del día 14 de julio, durante toda la noche había diluviado abundantementeA las cinco de la mañana partí con Jon Landeta para una travesía que iba a durar dos días… El camino por la carretera de Fadura hacia Jolaseta no nos reservó ninguna sorpresa, por ser bastante conocido para nosotros...” Para evitar mojarse caminaron por la carretera en lugar de hacerlo por el monte como habían pensado en un principio. Su primera parada fue en una tasca de Zamudio donde desayunaron, eran las ocho de la mañana, desde allí continuaron hasta Larrabetzu, por la carretera de Morga, desde donde por la carretera de Morga llegaron a Goikolexea, mucha sed debían de tener, puesto que hicieron una nueva parada, esta vez en la tasca de Loroño. Desde ese punto, y para evitar subir por la carretera al Bizkargi !no entraba en sus planes acceder a esa cima!, siguieron por detrás de la iglesia por un camino de carros por la que se subía hasta los últimos caseríos de Larrabetzu. Al final de dicho camino, les indicaron que para seguir hacia Garaitondo, que era la mejor vía para llegar al alto de Autzagane, debían de bajar una barranca que atravesaba el río, estaba próximo a una carretera vecinal que conducía hacia Amorebieta.


Siempre sin perder la altitud caminaron por la crestería próxima al Bizkargi pasando por un pinar, junto al que había varios caseríos. Desde allí fueron hasta un grupito de casas que conformaban el pueblo de Garaitondo. Bordeando los montes que se hallaban frente al Bizkargi, pasaron junto a una trituradora de tierra caliza, que estaba situada en la cima de la carretera que unía Amorebieta con Gernika. Llegaron al alto de Autzagane a las doce del medio día, la lluvía intermitente les obligo a para en dicho punto, lo que aprovecharon para almorzar en una pequeña tasca. A la una y veinticinco continuaron el camino, atravesando varios pinares, en dirección al monte Oiz, por la carretera que unía Meñaka con las faldas de dicho monte. Evitaron seguir caminos que iban dando vueltas, y para acortar decidieron seguir todo recto hacia la cima del monte. Por culpa de la intensa lluvia que estaba cayendo, tuvieron que cobijarse en una iglesia, desde la dos y diez hasta las seis de la tarde, pero ni el agua ni la niebla les arredraron, y decidieron seguir el camino, pero finalmente fue la intensa niebla que se estaba echando la que les hizo tomar la sabia decisión de bajar. La zona por la que transitaban, llena de zarzas, espinos, arroyos y barrancos, así hacía aconsejar. Se estaba echando la noche encima, su cielo se abrió al divisar a lo lejos una chabola de pastores, pero no disponía de un lugar donde hacer fuego, era de dimensiones muy reducidas, y en el exterior era imposible debido a la lluvia. Para orientarse subieron hasta una cima cercana, la del monte “Jaundiolamendi”, desde la cual se veía Berriz, pero esa población no entraba en su ruta, por lo que optaron por retornar a la chabola. Mientras bajaban, vieron a varios individuos. Les llamaron a gritos Al ver que les contestaban, se dirigieron hacia su posición para pasar la noche en la chabola, en la que cenaron. Sintieron durante toda la noche como la lluvia caía sobre el maltrecho tejado. Tras pasar la noche, iniciaron la ascensión al monte Oiz, hicieron cumbre a las 7 de la mañana. Desde donde afirmaban: “...El paisaje que se divisa es como para continuar describiendo detalles de tanta grandeza en sentida loa por la naturaleza que le rodea...” Si embrago, mostraban prisa por llegar para entregar los partes de montaña, afirmando que: “...tengo prisa por entregar estos partes, ya que los delegados de excursiones y montaña son unos pijos, me reservo mi propio éxtasis para dulcificar mi propio anhelo...” Siguiendo siempre hacia las crestas que tenían enfrente, llegaron encima de la carretera de Ermua, donde a través de un pésimo camino se dirigieron hacia Eibar. Tardaron en llegar media hora, y como era costumbre en la época, tras oír misa, siguieron carretera por Elgoibar hacia Azpeitia. Continuaron hacía su objetivo final: Loyola. Llegaron a las tres y diez de la tarde. Esta fue una travesía accidentada por la inclemencia del tiempo, que realizaron dos solitarios montañeros de Itxas Gane.


Los montes libres era una de las especialidades del concurso de montaña. A ella dedicaron su tiempo muchos montañeros de Itxas Gane. Una de esas salidas fue la realizada el día 22 de julio de 1956, el monte elegido fue el “Ganguren” (479). En la misma participaron: Nati Arzubiaga, Blanqui Hinojal, Julita Intxausti, Miren Bilbao, Mari Luz Learra, Begoña Ezkurdia, Mari Asun Tubet, Mertxe Izkoa, Begoña Uriarte, Emili Uranga, Aintzane Solozabal, Juan José Gainza, Eukeni Gallastegi, José Etxaniz, Koldo Urresti, Iñaki Uria, Luis Jesús Saitua, Jon Landeta, Jon Nikolas, Juan Mari Lores, Javier Aginako y Rafael Artabe. Aquel día la expedición salió de Algorta en tren a las 15:23 horas. Llegaron a Santa Marina a las 15:45, hicieron cima en el buzón del Ganguren, depositando su tarjeta, a las 16 horas.

Algunos de estos montañeros fueron los que ascendieron, poco tiempo después, un 26 de agosto de 1956, al macizo por antonomasia de Bizkaia, el monte Gorbea (1.475). Formaban parte de aquella expedición: Maria Ángeles Huerga, Miren Bilbao, Mari Asun Tubet, Mari Luz Learra, Nati Arzubiaga, Mari Cruz Manso, Begoña Ezkurdia, Iñaki Uria, Iñaki Amas, Jose Etxaniz, Vicente Huerga y Koldo Urresti. El itinerario y sus tiempos quedaron reflejados en el parte de montaña, que entregaron a su llegada a Itxas Gane: Salieron desde Villaro a las 7:20 de la mañana, pasaron por Karkabitxueta a las 8:35, con buen paso llegaron al refugio de Zabal-Ugarte a las 8:45, desde donde salieron tras realizar un pequeño refrigerio a las 9:50, a las 10:40 pasaban por la Campa de Arraba, llegando a Egiriñao a las 11:05, tras descansar veinte minutos partieron hacia la cima, llegando a la Cruz del Gorbea a las 11:50.


Pero siguiendo con las travesías y la literatura que algunos mendizales, realizaban sobre ellas, otra de las que merecen ser recordadas, por lo detallado del plano del recorrido, es la que realizaron el 3 de marzo de 1957. Se trataba de una marcha desde Zeanuri hasta Abadiño, pasando por el monte “Saibigain” (937). En la misma participaron: para el concurso de travesías, Imanol Sopelana, Juanjo Gainza, Joseba Cortina, Eukeni Gallastegi, Jon Nikolas, Josu Zubiaur; para el de montes fijos, Nati Arzubiaga, Mari Luz Learra, Jasone Agirre y Maria Asun Tubet; y para el de metros libres, Patxo Jimenez. El recorrido y los tiempos de paso por los distintos puntos de la marcha quedaban recogidos en el parte de montaña: Salieron de Zeanuri 10:10 por el camino que condece a la escrita de Alzusta, donde llegaron a las 10:45: de allí partieron a las 11:45 hacia el alto de Altungane, cerca ya de la cima desayunaron junto a una caseta; bordeando una pequeña colina se dirigieron hacia la carretera que lleva de Dima a Otxandio, paso que cruzaron a las 12:15; continuaron tras cruzar un riachuelo a las 12:40 camino de la cima del monte Saibigain (937), donde llegaron a las 13:10; tras abandonar la cima se dirigieron a Urkiola, donde llegaron algo antes de las 14:00. Tras descasar para comer, partieron de esta localidad a las 17:00. El recorrido Urkiola-Abadiño lo realizaron por separado, pasando por Intxalde sobre las 18:20, el paso de Atxarte lo cruzaron a las 18:50, siguiendo hacia Mendiola donde llegaron a las 19:00 y finalmente recalaron en Abadiño a las 19:30. Habían invertido en el recorrido un total de 4 horas y 5 minutos. Junto al parte de montaña dejaron un croquis del recorrido que parecía un plano de cartografía.



En la próxima entrada seguiremos viendo otras ascensiones a los montes de aquel concurso.

miércoles, 17 de mayo de 2017

ITXAS GANE, LOS PARTES DE MONTAÑA -I-


Itxas Gane, los partes de montaña es un relato de la actividad montañera del “Patronato Aldai”, que desarrolló la “Sociedad Itxas Gane”, que durante muchos años tuvo su sede social en un edificio singular, situado en la calle Caridad de Algorta.

Itxas Gane nace hacia finales de los años 40 en un edificio propiedad del Patronato Aldai, en la calle Caridad nº 3 de Algorta. En marzo de 1.954 escribió su primer reglamento que daba nombre a la sociedad como “Grupo Artístico-Excursionista Itxas Gane O.A.R.” (Organización Atlético Recreativa). Tenía entre sus actividades, tal y como figuraba en el artículo XXVII del mismo, un Grupo de Dantza, Teatro, Coro y otro dedicado a Excursiones y Montañismo. Fueron presidentes de esta sociedad en sus primeros tiempos: Juanjo Gainza, Jon Larrinaga, Eukeni Gallastegi, Josu Zubiaur, Txispi Uriarte, José Urrutia, etc. De esta sociedad ya hablé en mis entradas de junio del 2012 “Patronato Aldai, una historia de Algorta”.

Como decía, una de sus actividades estuvo ligada a la montaña. De ella surgieron grupos como el Scout y Etorkizuna, que dedicaron largas jornadas a la actividad montañera, y que muchos de sus socios y amigos, algunos de ellos ya ochentones, que protagonizaron aquellos días de estrecho contacto con la naturaleza, aún guardan en el recuerdo.


Una de las actividades relacionadas con la montaña eran los concursos llamados de “Los Cien Montes”, el de “Metros Libres” y el de “Travesías”. El Concurso de Cien Montes consistía en la realización de cien ascensiones a otros tantos montes diferentes, incluidos en el Catálogo de Cimas de Euskal Herria, el de Metros libres era una acumulación de metros de diversas cumbres, en el que valía realizar, incluso, varias ascensiones seguidas a un mismo monte “Serantes”. En estos concursos se realizaban unos despachos llamados “Partes de Montaña”, en los que se incluía una abundante toma de datos: Fechas de salida a la montaña, monte elegido, personas asistentes, recorridos y tiempos. En ellos, algunos imaginativos montañeros, describían el recorrido con todo lujo de detalles, incluso en algunos casos, con un plano detallado de la travesía. Estos concursos, recogidos en los partes, solían tener, al cabo de un año, un premio para los mejores; que en ocasiones fue repartido en la plaza de San Nikolas de Algorta.

Los partes y la actividad montañera, a la que voy a referirme, corresponden a los años 1955 a 1959 Componen un grupo de más de 340 ejemplares, y fueron realizados por miembros de “Itxas Gane”. Se han conservado estos partes gracias a un algorteño de pro, que los rescató de la basura.

El primero de ellos, que fue escrito ya hace 62 años, tuvo como protagonista uno de los montes de Triano el “Pico Mayor” (742), al que su autor Jon Nikolas adjudicaba 747 metros de altitud. La salida montañera se realizó la tarde del 13 de enero de 1955, en la misma participaron los socios Jon Arrinda, Jon Nikolas, Joseba Cortina (+), Koldo Urresti, Koldo Bengoa, Juanjo Gainza y Josu Zubiaur. Partieron desde Portugalete a las 15:45, y por la hora de llegada al Valle, debieron de llevar un ritmo frenético, o bien cogieron el autobús, ya que tal y como reflejaban en dicho parte, llegaron a las 16 horas y el recorrido es de 3,5 kilómetros aproximadamente. Koldo Bengoa, que se indicaba en el parte, realizó el recorrido a pie. Llegó al pie del funicular a las 17 horas. A partir de ese punto, juntos, subieron siguiendo la vía del funicular hasta la Reineta, recorrido que realizaron en 35 minutos; llegando al pie del pico “Peñas Negras” a las 17:20 horas, tan solo 25 minutos más tarde ya estaban junto al buzón de “Pico Mayor” desde donde, debido al fuerte viento, pasaron escasos minutos, iniciando el retorno a Algorta. Al pie del texto del parte, dibujaron un pequeño plano, con el recorrido que siguieron desde “Peñas Negras” hasta “Pico Mayor”, dejando a la izquierda el que denominaban como “camino nuevo”.


Dentro del Concurso de Monte Libres, es destacable por la extensa narración que realizó Jon Nikolas, muy dado a la literatura descriptiva, en el parte de montaña, de la salida del domingo día 22 de abril de 1956. El monte elegido, de carácter puntuable fue el Bizkargi (564 mts.). Los montañeros que participaron en aquella salida fueron Jon Nikolas y Javier Aginako. Como era habitual en la época, y así lo solían hacer constar en algunos partes, empezaban el día: “...Los mencionados participantes, después de oír la misa de la Adoración en la Iglesia de los R.R. P.P. Trinitarios de Algorta, salimos a las 5:30 horas de la mañana hacia Martiartu...” Pasaron junto al castillo a las 6:30, encaminándose a continuación hacía el monte Unbe (301), a cuyo alto llegaron a las 7:25. Desde su cima se podía ver perfectamente el camino a seguir, marcharon bajo unos árboles que marcaban la bajada hacia Lauro, pasaron junto a un grupo de caseríos, de esta población a las 7:45, camino del alto de Artebakarra (300) por cuya cima pasaron a las 8:15, desde allí bajaron a la carretera de Mungia, siguiendo el camino del monte Berreaga (363), en cuya ladera izquierda aprovecharon, según sus propias palabras: “...de 9 a 9:05 disimulamos el hambre con medio bocadillo, ya que había que hacer buena administración de los tres que teníamos entre ambos…, por hacer caso de Javi, dimos una vuelta más que regular entre espinos y zarzas, que me dejaron las patas hechas cisco por los arañazosCon un hambre que me atenazaba el estomago, que no era la mía, sino mucho mayor, sin apenas poder saborear el paisaje porque era difícil digerirlo de tanto color verde, llegamos a la cruz del “Gaztelumendi” (323) a las 10:10, donde dieron cuenta de otro de los bocadillos. Seguía la descripción: “...Cinco minutos de reposo y de oración para no desfallecer del apetito durante el resto de la marcha y en media hora bajamos a la carretera de Morga, frente a la ermita de San Salvador...” A partir de ese punto comenzaron la subida hacia el monte Bizkargi, donde llegaron a las 11:30. Estaban ateridos por la fina niebla que envolvía la cima. En veinte minutos saborearon el último bocadillo que les quedaba: “...a chupaditas para que durase más. Este era de queso. A las 11:50, en compañía de un bertsolari de Amorebieta, bajamos en dirección al pueblo de Garcia Ariño, escuchando los bertsos de un “veje bonachón” de sesenta y tres años, que nos iba recitando en un euskera erderizado para que nos fuera más fácil de coger el sentido, ya que le dijimos que estábamos estudiando la lengua de nuestros bisabuelos...” Tras mantener una breve conversación en euskera con su acompañante, quien le indicó la mejor forma de llegar a casa, llegaron a Amorebieta a las 13:15, allí cogieron el tren de las 13:50 para Bilbao. La nota más característica del día, a decir Jon fue: “…!Hambre…, hambre..., mucha hambre!…”



En la próxima entrada seguiremos viendo otras ascensiones a los montes de aquel concurso.

lunes, 15 de mayo de 2017

ENTRE DOS MUNDOS


Entre dos mundos. Este es el mundo de un artista de Getxo, más concretamente de Algorta, nacido en la calle San Martín, frente al convento de los trinitarios. Y aunque titulo entre dos mundos, uno la medicina y otro la pintura, me faltaría más de uno, pero sobre todo uno del que al final hablaré.

Dio sus primeros pasos en el mundo de la pintura en la llamada “Campa del Muerto” (Antiguo Cementerio de Algorta), aunque su relación con los cementerios ha sido larga, como contaré más adelante. Se suele decir que “de la casta le viene al galgo” y nunca mejor dicho. Se podría afirmar que a nuestro artista local, Joserra Elorriaga, parte de su inquietud le viene por vía paterna, que fue contagiada a todos los hermanos, aunque con diferente constancia y no todos continuaron con ese mundo.


Su padre, Antón Elorriaga, ya desde los 20 años había adquirido la costumbre de realizar apuntes de todos sus recorridos por Getxo. Uno de sus trabajos fue la casa del escultor Vicente Larrea, que estaba en la calle Obispo Etxeandia. Su pintura era impresionista, a decir de Joserra: “...fue mi maestro del color…, la habilidad y la viveza que tenía mezclando colores…, era capaz de descomponer en su cuaderno un color en veinte tonos...”

Los primeros dibujos de Joserra pertenecían al reino animal, de niño sus mejores trabajos fueron: “...las cabezas de caballos que pintaba en los escudos de contrachapeado que utilizábamos en nuestros juegos...” Él asistió a la academia Bidegorri, y algunos de sus amigos iban a Gaztelueta, allí les ponían deberes de dibujo: “...solíamos ir a Fadura, en el lavadero de la carretera que va hacia Simón Otxandategi; dediqué muchas horas a pintar el entorno del río...” Pero donde de verdad empezará a desarrollar las técnicas del color fue en el Colegio Santa María de Portugalete; y donde aprenderá las técnicas del dibujo fue en el Colegio San Agustín de Las Arenas, de la mano del profesor D. José Etxaniz.


Su juventud se desarrolla en torno a Itxas Gane (Scout), de donde adquirirá su afición a la montaña, la cuadrilla de la plaza y “Villa Danelis” con los guateques serán otros de sus referentes juveniles.

A los 18 años marcha a Valladolid para cursar la carrera de medicina. Al llegar a la universidad, tiene que elegir un sitio barato, nos estrenamos en el barrio de los lupanares de Valladolid, y allí: “...empiezo a decorara la pensión en la que vivíamos, eran casas del siglo XVII, de paredes tristes, empapeladas, con water único para cuatro pisos y un corral. Me junté con estudiantes de arquitectura y recorrimos la ciudad pintando sus rincones...” Allí contactó con el mundo de las exposiciones: “...había un movimiento artístico importante, muchas galerías, mi tendencia natural fue acercarme a pintores y galeristas. En esa época pintaba paisajes, edificios, todo lo que veía. La cátedra de anatomía hace una selección de dibujantes para ilustrar las clases de cada día; había que pintar cadáveres en pizarras de tres cuerpos, según las indicaciones del catedrático, que les indicaba la orientación “ ¡El hígado cogido desde esta vista!” A las tardes estaba horas y horas en la sala de disección de anatomía dando color a las pinturas de aquellos cuerpos...”


Teníamos una vespino y con ella empezamos a desplazarnos a pueblos de Valladolid. Volvía un poco sobrecogido, el paisaje de los alrededores de la capital es duro, muy desértico, era difícil encontrar un elemento que te rompa el horizonte, nos costaba mucho interpretar el paisaje, los pintores de intemperie ponemos siempre en el fondo un tope, pintamos contra algo, y en Castilla se pinta encima de algo. Teníamos que buscar aldeanos segando, los de la trilla, todo lo que estaba sobre la tierra.


Casi al final de su carrera empieza a vender pintura a los profesores para las semanas culturales vascas que se celebraban allí, hacía los carteles propagandísticos: “...llevábamos a gente muy importante de la cultura vasca (Caro Baroja, Andoni Cayero, Goyo Monreal, Xabier Lete…)...” El delegado del gobierno temía mucho a las letras de las canciones: “...no las entendían, no era su idioma, hacíamos unas traducciones muy peculiares para que pasaran la censura. El jefe de la policía, que ya nos conocía, decía: “¡Ustedes me están engañando!” No se fiaba. A aquellos actos acudían 600, 700 personas. Así que llegó a la conclusión de que para que no hubiera problema “¡Usted se queda aquí durante todo el festival, en comisaría, y si no hay problemas se va para casa!...”


Hace la mili en Sevilla: “...Coincido con un Catedrático de Historia del Arte, visitaba todos los museos con él, me empapaba de los artistas sevillanos, de su arte. Pinté en Sevilla en las orillas del Guadalquivir, y ahí es donde empecé a utilizar los cuadernos de viaje, que pinto a la acuarela, en los que hacía apuntes de los paisajes. A partir de ese momento, me acompañarán siempre! Tuve bien en cuenta todo lo que mi padre me enseñó para pintar en pie.”

Estando en la mili, trabaja como médico en la capital hispalense, más tarde, tras casarse, lo haría en La Puebla de la Barca, donde su esposa, también médico, consigue plaza: “...ejercíamos en la plaza de un médico, dos...” Tuve la experiencia de vivir en plena naturaleza. Eran médicos las veinticuatro horas del día; hacían guardia en pueblos que estaban hasta cincuenta kilómetros de distancia. Allí escribí y pinté mucho al natural.


Volvemos a Algorta y hago sustituciones hasta que me afianzo como médico en Berango. Estuve once años en esa población. Para entonces habíamos hecho unas tentativas de asociación artística llamada “Ateak Zabalik”, entre Potxo Onandia, Adolfo Martín y José Fernández; aún no teníamos sede y las reuniones las hacíamos en cualquier sitio. Hicimos una primera exposición con motivo de la inauguración del Aula de Cultura de la Plaza del Mercado de Algorta. José Fernández elaboró unos manifiestos para consolidar un colectivo que promoviese una especie de Escuela de Oficios, al estilo de la que hubo en sus tiempos. Así surgió el colectivo “Antzezaleak” del que fui presidente. Disponíamos de unos fondos muy precarios, gracias a los constructores hermanos Zabala de Andra Mari, que habían comprado el chalet del Doctor Diliz, de la calle Torrene, enfrente de la tienda de las Learra. Logramos tener nuestra primera sede. Es en ese momento cuando usaré las técnica de tintas a granel (Pinceles gruesos con mucha tinta) aplicándola directamente sobre el lienzo.


Se fue incorporando nueva gente: Iñaki Miro (Ceramista), Solana (Acuarelista), Rosa Calzada (+). Todos los años hacíamos una exposición en el Aula de Cultura de los miembros del colectivo. De Torrene pasaríamos a la Avenida Basagoiti, a la casa “Manene”. Lo bueno de los colectivos es que vas viendo a otros, lo que a ti en un óleo te lleva mucho tiempo, el acuarelista lo resuelve en veinte minutos: “...En el momento que me encuentro como pintor creo que he tocado todos los palos. Curiosamente mis primeros dibujos de paisajes son del cementerio de Getxo. Para el año 66-67 ya andaba por los cementerios, de tal manera que alguno decía que estaba totalmente loco. Cuando preguntaban a mis amigos dónde está Joserra, les decían !Estará en el cementerio!…, El cementerio tiene unas esculturas muy buenas. A la tumba de los Basagoiti le puedes estar dibujando desde veinte ángulos un año entero y no has parado...” Pintó muchos paisajes de Getxo: “...Al principio no quieres que la gente te vea, así que empece a ir a Areatxu, Kantarepe, Arrigunaga, Azkorri, y caseríos ya desaparecido como Sagutxune…, es raro el año que no me paso por Túnel Boka, la Salvaje, tomando apuntes...”


Como decía al principio otra de sus facetas es la de escritor. Escribe sistemáticamente, tanto en sus cuadernos sobre viajes como otro tipo de literatura. Pero quizá la que mejor se acerca a su mundo interior , es la que surgirá tras la llegada a Frúniz: “...Vinimos a vivir en 1988, y es aquí donde empecé a desarrollar un mundo mágico que posteriormente convertiría en un libro, que publiqué en el 2011 “Berroiales”. Este cuento surge a partir de nuestra llegada a la “aldea”. Queríamos criar a los hijos en contacto con la naturaleza, y una de las oportunidades que tenemos los que hemos sido padres , es que los niños te trasladan a un mundo que a medida que te vas haciendo adulto lo pierdes, pero que es rescatable, si pones un poco de atención, porque ellos te lo descifran perfectamente.

En la soledad de esta aldea, con las inclemencias del tiempo, sin calefacción. Todo esto estaba salvaje, eran todo huertas y había un molino enfrente de nuestra casa. El misterio de las nieblas, la noche y los animales del bosque, los jabalíes venían y nos levantaban la huerta. Vivíamos en plena naturaleza y se va desarrollando una magia que iba a dar lugar esta historia.


Me comprometí con mis hijos a contarles un cuento todas las noches, antes de dormir, siempre que se hubieran portado bien durante el día. Habíamos descubierto un mundo nuevo donde vivían esos personajes. A la vez que les contaba el cuento yo iba diseñando los personajes. Eran del tamaño de un palmo, ese mundo nuevo era la intimidad del molino abandonado. El molino aún funcionaba, el agua corría por su túnel, la antepara se llenaba de agua, las ruedas giraban en el mismo, en las noches de invierno surgía un misterio, les hice creer que allí se movían unos personajes, que cuando les mirábamos se escondían, mimetizándose con la vegetación del molino, porque tenían un color verdusco…”


Así el cuento iba avanzando, y llenaba las noches de invierno con la fantasía de aquellos seres, poco a poco su hábitat, sus costumbres, sus personalidades empezaron a surgir: “...De vez en cuanto oíamos un sonido, un !Chop! en el agua, que la gente dice que son ranas, pero nosotros sabíamos que eran ellos. En ese misterio de los helechos, berros, del agua cristalina, de este río Butrón que movía el molino, aún sin contaminar, lleno de kiskallus y truchas, existían nuestros personajes.

En él desarrollo un mensaje ecológico. Estos personajes sólo podían vivir de los berros, y estos solamente se dan en aguas puras y cristalinas, describo con ellos la solidaridad, el altruismo, la bondad y la alegría. Manejé estos cuatro parámetros, para que su civilización, son una tribu que vive bajo tierra, y el sito más seguro que habían encontrado para vivir era bajo los molinos y las ferrerías. En los demás sitios corrían riesgo porque se labran las tierras, se hacen entresacas de árboles, crece el bosque y las raíces les entran en sus viviendas. Tanto convivir con ferrones y molineros llegan a tener con ellos una comunicación invisible, de tal manera que el molinero sabe que existe un problema en la parte más íntima del molino que se resuelve sola, llevando unas velas a la iglesia y rezando unas oraciones, pero eran los “Berroiales”, quienes arreglaban aquellos problemas...”


De esta manera Joserra Elorriaga crea un cuento que como he dicho anteriormente publicaría más tarde. Entre estos sucesos aconteció un hecho lamentable y doloroso que le llevó a crear una de sus múltiples esculturas, quizá la más sentida, una fuente estanque en memoria de uno de sus hijos, que falleció en un accidente de tráfico: “...Le hice ese estanque que está sin terminar como él, está lleno de vida, con peces, su estructura nos recuerda algo sin terminar, y viene a ser una lágrima roja, el estanque tiene esa forma, orientada hacia una media rueda de molino, dirección norte-sur...”

Sus cuadernos de viajes, que mencionaba anteriormente, son una auténtica maravilla de relatos y dibujos, en los que independientemente de ver muchas piedras y paisajes, va reflejando los lugares por los que pasa, y que le sirven, como apuntes en el tiempo, para desarrollar alguno de sus cuadros: “...El cuaderno es una cosa más viva que la fotografía, te hace estar más tiempo saboreando los viajes, la foto es un resultado instantáneo, sin embargo, el apunte al natural recoge “un momento”. El cuaderno te pide al llegar a tu alojamiento, donde estés, un desarrollo, sus historias, sus colores, es una ilustración entera...” En ellos, de sus recuerdos de Algorta ha ido describiendo lo que era más singular del barrio, sus rincones, sus gentes y costumbres:“...Empieza por las escaleras del tximbito, los bloques, el farero, la grúa Titan…” En definitiva una mina para una historia del barrio, contada por uno de sus vecinos.


Respecto a sus últimas incorporaciones de técnicas pictóricas responde que: “...Constantemente estás ensayando, también salen materiales nuevos, por ejemplo hay un óleo al agua, parece una contradicción y, sin embargo, se puede trabajar con ambos elementos. Los empastes que se pueden dar a un cuadro para que adquiera un relieve y otros efectos especiales comprenden toda clase de productos y químicas. Siempre me pregunto qué harían aquellos artistas del Renacimiento con los materiales y utensilios de hoy día En definitiva nuevas técnicas que para los profanos es “hebreo”, pero que para este artista getxotarra es el pan nuestro de cada día, que se puede resumir en su frase de despedida: “…..Como en la vida estás aprendiendo continuamente...”. Pero sus acuarelas hablan de su apego a nuestras playas, a nuestros rincones, a nuestro Pueblo.


Hasta aquí una entrevista con un hombre polivalente (otros dicen polimata), médico, pintor, literato, agricultor, montañero y algorteño de pro. Quedan muchas cosas que decir en el tintero, pero así es Joserra Elorriaga, el de la “Campa del Muerto”.

jueves, 11 de mayo de 2017

EL CUENTO DE ABRIL DE J.J. RAPHA BILBAO


A veces algunas personas nos dejan abandonados cuando más necesitamos su ayuda, no es el caso de J.J. Rapha, que cada mes nos ofrece el refugio de esas increíbles piernas de madera, que son sus sorprendentes cuentos. Esta vez bajo el sugerente titulo de “El Requien de Verdi”, nos contará como se produjo el chispazo más tierno de amor entre Marichén e Indalecio el zapatero.


Para enlace cliquear: 

miércoles, 10 de mayo de 2017

BASOZALEAK, EL BOSQUE ANIMADO



Basozaleak, un mundo animado donde encontraras todo tipo de duendes y criaturas amantes de la naturaleza, es ese bosquecillo animado que nos aleja del ruido de la ciudad, adentrándonos en misterio del bosque, los olores, colores, animales y platas, que se ocultan dentro de él.

Es un grupo dedicado a la botánica y micología, que todos los años nos regala una visión espléndida de los frutos del bosque y las praderas. Y que de vez en cuando, nos sorprende con sus fotografías, exposiciones y publicaciones, también con recetas gastronómicas.

En esta ocasión nos presentan una nueva publicación “Micología y Botánica, 150 plantas y setas”. En ella recogen, en unas bellas fotografías, 79 especies de setas y 71 de plantas silvestres, comestibles, toxicas y medicinales, de nuestro entorno próximo. Es un libro que recoge las especies micológicas más comunes del ámbito de Euskal Herria y zonas limítrofes, en botánica nos ofrecen diversas especies de Uribe Kosta, recogidas por la zona de la Galea.


Que forman parte de unas jornadas dedicadas a la fauna de Getxo y la influencia de los suelos en platas y setas. Que comenzará el próximo sábado día 20 de mayo, con una salida para catalogar y recoger platas; le seguirá el domingo día 21 de mayo la “XX Exposición Botánica de Getxo”, en la plaza de Tellagorri, en la que presentaran platas frescas y secas, tanto comestibles como medicinales, especies toxicas y mortales, troncos de árboles, arbustos y una sugestiva colección de fotografías. Completaran esta semana con unas interesantes conferencias sobre la evolución de la fauna en Getxo, las plantas y setas, y las plantas en un entorno salino, que tendrán lugar los días 22, 24 y 31 de mayo, en los locales del Aula de Cultura de Villamonte.

Animaros a acudir !Merece la pena!.


Zorionak Basozaleak

lunes, 8 de mayo de 2017

HOTEL VENTURA, SUS OTRAS ACTIVIDADES



Este hotel de Las Arenas parece que en su día fue objeto de un uso, con el que las fuerzas vivas del barrio no estaban de acuerdo, pues la moral y las buenas costumbres de esa época no aceptaban la practica del Oficio más viejo del mundo, a la vista de los habitantes de un barrio tan señorial.

Pero previamente, y ajeno a la actividad anteriormente citada, afirmar que el nombre de dicho establecimiento venía dado por una de sus regidoras y propietaria, que ya en 1921 anunciaba en las paginas de la prensa, que en dicho establecimiento se ofrecían a la carta convites y bodas. Se trataba de Dña. Ventura Grandes.

Siguiendo con el escabroso asunto de las otras actividades, que dicho establecimiento llegaría a tener, ajeno a la administradora anteriormente citada, decir que el 26 de Noviembre de 1923, el Secretario del Ayuntamiento, en sesión celebrada en dicho día, certificaba que se adoptaba el siguiente acuerdo: “...El Sr. Olabarria manifesta que en el barrio de Las Arenas vienen funcionando clandestinamente dos casas de mala nota, las que según tiene entendido, por existir disposiciones oficiales que lo prohíben, no pueden dedicarse a lo que en la actualidad se dedican y propone se designe una Comisión Compuesta por el Sr. Alcalde y el Párroco de Las Arenas, para que realice cuantas gestiones sean necesarias para conseguir la clausura de la citada casa...”

El Ayuntamiento aprobó, de conformidad con las manifestaciones del Sr. Olabarria, esta propuesta, dando a dicha comisión amplias facultades para tramitar cuantas diligencias estimara necesarias. La Inspección de Sanidad, a petición del Gobernador, cursó visita, se supone que por intervención de dicha comisión, y concluyó que tras la misma, el Hotel Ventura cuyo propietario era D. Luis Villalba: “...no es un Hotel sino una casa de prostitución...” A continuación, tras comprobar que dicha casa no se dedica a la industria de Hotel, si no a una actividad menos confesable, en un escrito dirigido al Sr. Gobernador, se requirió al Sr. Villalba para que manifestara si pensaba seguir dedicándose a esta actividad, ya que sujetándose a las disposiciones sanitarias y profilácticas de las enfermedades venéreas, debiera de darse de baja como tal, retirándose el rótulo anunciador.

En un escrito dirigido a la Inspección de Sanidad del 12 de diciembre de 1924, se indicaba entre otras cosas que: “...El terreno donde se levanta dicho Hotel se encuentra al final de una calle donde juegan niños..., que en el centro de la plaza situada al final de dicha calle se encuentra un templo, Santa Ana..., El punto donde se levanta dicho Hotel está muy poblado de villas ocupadas por personas dignísimas, para las que seria muy violento tener que convivir con una actividad así....”

El Sr. Villalba contestó al Ayuntamiento con un escrito en el que negaba la denuncia el 14 de noviembre de 1923. El 17 de diciembre de 1923 el Gobernador Civil de Vizcaya comunicaba su decisión de prohibir la actividad a D. Luis Villalba. No obstante el asunto fue llevado hasta el Directorio Militar. Y finalmente las fuerzas vivas del pueblo, lograron que la moral y las buenas costumbres fueran preservadas, por lo que el hotel ceso en dicha actividad.



Años más tarde pasó a llamarse “Bar Recreo”, un lugar de culto para los Areneros.

miércoles, 3 de mayo de 2017

EL ANCLA DE JENARATXU



El ancla de Jenaratxu, y de como llego allí, es de lo que va a tratar esta entrada. Nunca antes un ancla había tenido un periplo tan agitado, normalmente se hundían con el barco y ya está. Pero esta no siguió ese curso, la fuerza del mar la acercó a la cala de “Tunel Boka” y ahí comenzó su pequeña historia. Cuentan que ya algunos la conocían allí depositada desde hacía más de cincuenta años, pues en las bajamares se la podía ver.

Más de 150 años de historias de naufragios en nuestro litoral, como decía un escritor vasco en “Nuestro pequeño triangulo de la Bermudas”, durante los meses de enero y febrero, cuando más azotaban las mares. Hasta cinco embarcaciones se cuenta que embarrancaron o hundieron en esas afiladas rocas de la Galea azotadas por un furioso mar Cantábrico.

¿Quizá esa ancla fuera de alguna lancha lemán o quizá se trataba de una embarcación de la guerra de convención del Siglo XVIII?. En cualquiera de los casos esa ancla quedó depositada por la marea frente a “Tunel Boka”.


En la semana santa de 1974, un grupo de aguerridos jóvenes, vecinos de Algorta, decidieron rescatarla y conducirla hasta el lugar con más tradición marinera, el “Puerto Viejo”. No uno sino varios fueron los intentos para rescatarla, cada uno de los presentes planteaba soluciones, alguna de ellas disparatada, como la de izar el ancla hasta la cumbre de esa cala. Los esfuerzos por levantarla, amarrada por una maroma a pulso, resultaron un fracaso. Así, entre discusiones, decidieron remolcarla hasta Arriluze por mar. Esperaron a que la bajamar facilitara las labores para reflotarla, lo hicieron amarrando a sus lados unos bidones, y con el “Ana” un barco de un viejo pescador del Puerto, Román Deusto “Faneka”, poco a poco fueron remolcándola hasta la rampa de esa ensenada de la Sociedad de Náufragos.

Una vez desembarcada procedieron a subirla, con una pequeña grúa al camión de otro vecino del Puerto “Matias”, este vecino tenía una tiendita frente a la plaza del Arrantzale, pero solo pudieron llegar hasta el final de la calle Aretxondo, así que el resto del recorrido, hasta llegar a “Jenaratxu”, que fue el lugar destinado a depositar el áncora, tuvo que realizarse arrastrándola por la calles empedradas del puerto. Resulto un trabajo engorroso y agotador, las aletas (mapa) de los brazos del ancla, carcomidas por el salitre y melladas por los golpes del mar, se iba clavando en los adoquines de las callejas, al llegar frente a el bar de “Carola”, aquel áncora que presentaba evidentes signos de fragilidad, tanto en la caña como en la cruceta, en la que se podían apreciar sendos cortes, se rompió por la caña. Dicen que aquellos cortes fueron hechos quince años antes por otro vecino de Algorta “Seco el Huevero” para venderla al kilo.


Así con menos peso al estar troceada, fue conducida hasta la cuesta de Usatategi, y depositada en el parque de “Jenaratxu” junto al bloque que en su parte superior tiene la placa que recuerda Jenara Echevarria, quien tenía allí su huerto y de quien recibió esa zona el nombre. Esta vecina del puerto era la madre de tres recordados vecinos ya fallecidos Carola, Miren y Eduardo Larrea “Karolo”. En ese lugar junto a las grandes placas de arenisca fue colocada, y sus trozos unidos, por Gil un soldador del barrio que trabajaba en “Talleres Uribarri”, quien le coloco una abrazadera.

En la fotografía que encabeza este artículo, obra de Emilio Zaldunbide, podemos ver al grupo de intrépidos rescatadores, entre ellos el promotor de la idea Joserra Elorriaga, quien aparece junto a los otros artífices de la “épica”: Roman Deusto, Joserra Elorriaga, Jaime Muniz, Jose Javier Basagoiti, Agustin Martinez “Tintxu”, Josu Elorriaga, Martin Landa, Gotzon Elorriaga, Santi Gezuraga, Bilbatua e Iñaki Elorriaga.



Hoy ese ancla, antes espléndida y erguida, ahora yace casi enterrada y troceada, duerme bajo los acantilados de Jenaratxu, escondida entre la tierra y hierba, ignorada por propios y extraños, igual que esa pequeña historia que narra el día que la trajeron desde “Tunel Boka” hasta el Puerto Viejo de Algorta.

lunes, 1 de mayo de 2017

1º DE MAYO



Primero de mayo, conmemoración reivindicativa de los trabajadores de todo el mundo. Ya desde su establecimiento como fiesta en 1886 costó sangre de los trabajadores que luchaban por el establecimiento de la jornada de ocho horas. Entonces la prensa de derechas decía: “...Las huelgas para obligar al cumplimiento de las ocho horas pueden hacer mucho para paralizar nuestra industria, disminuir el comercio y frenar la renaciente prosperidad de nuestra nación, pero no lograrán su objetivo...”

Años más tarde, en 1911, la prensa de derechas bilbaína decía: ...La Fiesta del Trabajo al implantarse en Vizcaya tuvo aspectos verdaderamente tumultuosos, dando origen a colisiones y huelgas, que amedrentaban a los espíritus apocados y enardecían a los “elementos” obreros…” Con el pretexto de guardar el orden público, muchas veces los gobernantes limitaban el derecho de manifestación. Los intransigentes patronos, a medida que se iba convirtiendo en un día de “fiesta culta”, de mero recuento de masas obreras, fueron condescendientes en su celebración, entendiendo como tal, el de disponer de un día libre y remunerado. El 1º de Mayo se celebraba en Las Arenas, en torno a una romería en la campa de Santa Ana, a la que acompañaban la banda de música y los pianos de manubrio.

Diez años más tarde, mientras un famoso hombre de izquierdas, que entonces lo eran, decía: “...hay gentes que quieren renovar sus ídolos para sentir con más viveza en los nuevos la pasión de adorarles…” A las nueve de la mañana, grupos, de jóvenes entusiastas recorrían las calles de Las Arenas, alegrando con canciones e himnos el ambiente festivo. Entre ese gentío que llenaba la calle Mayor, un grupo de mozalbetes que iba haciendo mofa de un lisiado, a quien imitaban el andar, entonaban un viejo estribillo que parece pensado para hoy: “...A ese que roba un pan le llaman !el ladrón! y a ese que roba capitales le llaman “El gran señor de la sociedad!...” Por la tarde se celebró una romería en la campa de la Avanzada, acto seguido se procedió a sortear una cabrita y un cordero. A la noche se realizó una representación teatral poniéndose en escena el drama de Dicenta “El señor feudal” y el entremés “Solico en el mundo”. A pesar de las reivindicaciones, también tenían tiempo para las diversiones. Pero: ¡Cuántos panes nos han robado desde entonces!

!GORA MAIATZAREN LEHENA!