MEMORIAS DE GETXO

jueves, 23 de noviembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -II-


En la anterior entrada terminaba con las fricciones que se hacían sentir entre los barrios de Santa María y Algorta. En esta iremos viendo cómo la guerra afectaba a la maltrecha economía de nuestros vecinos y cómo las fricciones continuaban.

Corría el año 1874, durante la tercera guerra entre Carlistas y Liberales. Para prevenir que los papeles cayeran en manos de los Carlistas, quienes gobernaban Getxo en 1874, decidieron trasladar toda la documentación a un piso de Bilbao, escondiéndola en un camarote. En dicha casa cayeron varias bombas, provocando un gran incendio que destruyó la mayor parte de la documentación histórica municipal, dejando inservible lo poco que se salvó de las llamas. Entre esta documentación se encontraban los justificantes de propiedad de la mayor parte de los solares de Las Arenas, que más tarde serían vendidos por el Estado.

Para situar las posiciones de los contendientes decir que: “...el Ejército Liberal concentraba sus fuerzas en las capitales. Los carlistas se hacían dueños del interior y establecían allí sus propias Diputaciones para administrar el territorio. Dominaban toda Vizcaya, salvo Bilbao y Portugalete…”

No eran esas las únicas demandas que Carlistas y Liberales hacían a nuestro pueblo. El Comandante de Armas de Portugalete remitía un oficio al Ayuntamiento de Getxo en el que reclamaba: “...diferentes útiles para los hospitales de Portugalete y Santurce...” Nuestros ediles contestaron que: “...se halla establecido en este pueblo un hospital de sangre para hacer frente a todos los pedidos de esa Villa y Munguia...”

Sin embargo, los enfrentamientos entre los regidores de ambos barrios (Santa María y Algorta) continuaban. Mientras que a las Juntas de Vecinos acudían como regidores, el de Algorta D. Robustiano de Larrondo y el segundo de Santa María D. Juan Bautista de Aguirre, en las actas se hacía constar, refiriéndose al díscolo regidor de Getxo D. Ramón de Azcorra que: “...tendía a malquistar ambos barrios con el fin de perjudicar al de Algorta...” Quien al parecer se negaba a obedecer las ordenes emanadas de la Diputación Provincial y las autoridades militares. Se referían en el acta municipal, al oficio por estas remito con motivo del empréstito acordado en la junta del 19 de febrero, dejando constancia que : “...su actitud lleva las de comprometer gravemente al barrio de Algorta, a fin de que sus vecinos, en particular los que no son de su devoción sean atropellados...” Por lo que decidían destituirle y ordenaban que entregara su vara de mando a su segundo D. Juan Bautista de Aguirre.


Aquel estado de cosas llevó a la celebración de una junta de los vecinos de Santa María. Dicha junta se celebro el día 9 de abril de 1874 en la casa escuela de Sarri, aunque con anterioridad se venían celebrado en San Nicolás. La presidieron D. Robustiano de Larrondo y D. Ramón de Azcorra, junto a un número importante de vecinos. La presidencia hizo notar que el motivo de aquella convocatoria no era otro que: “...tratar y resolver convenientemente sobre la circular del 2 del actual, relativa a que pague este pueblo dentro de cinco días el contingente de 34.991 reales…, del reparto forzoso impuesto por la Diputación...” En esa junta se trataron también los “grades y extraordinarios” pedidos que estaba suministrando el Pueblo al almacén de Munguía. La queja en general era que los impuestos y las reclamaciones de guerra, estaban haciendo imposible que muchos propietarios pudieran abonar las cantidades a ellos asignadas. Otro de los problemas que atormentaba a nuestros vecinos era los: “...continuos atropellos, que por no estar establecido un turno de asistencia a las trincheras y demás trabajos de fortificaciones, se han visto sometidos los vecinos por las fuerzas armadas...” Para evitar que unos pocos vecinos sufrieran aquellos atropellos, decidieron establecer una lista de moradores, que debían de prestar aquel servicio. Sin exceptuar pobres, artesanos, ricos o viudas, ni ausentes siempre que no sean pobres. La convocatoria a aquella junta se realizó mediante notificaciones a domicilio y tañidos de campanas. No obstante, al día siguiente, celebraron una nueva junta, porque los impuestos acordados no eran suficientes para hacer frente a: “…las extraordinarias necesidades actuales de la guerra...” Decidieron aumentar la contribución en un 300%, en lugar de la establecida hasta ese momento, que era de un 120%.

Finalmente cuando parecía que la guerra entre el barrio de Getxo y Algorta quedaba zanjada, ya que el 19 de abril de 1874 D. Ramón de Azcorra y D. Robustiano de Larrondo acordaron nombrar una comisión para: “...examinar todas las cuentas que se produjesen por aquellas personas que hubiesen manejado fondos públicos...” Formaron parte de dicha comisión, por el barrio de Getxo (D. Antonio de Cortina y D. Justo Barrenechea) y por el de Algorta (D. Juan Bautista Basagoiti, D. Juan Bautista Elortegui y D. Pedro de Urquijo). Se comprometieron a entregar las cuentas en el plazo de ocho días y fijaron como centro de reuniones la casa Altamira de Algorta. Curiosamente el mandato era expeditivo, ya que se fijó una multa de100 reales diarios en caso de retraso. Las rencillas entre D. Ramón de Azcorra y D. Robustiano de Larrondo continuaban. El segundo, refiriéndose a Azcorra, en la junta vecinal acusaba: “...en la Junta el día 31 de marzo atropelló los derechos de la mayoría de la misma, respecto de una proposición presentada y aprobada, que Azcorra en lugar de acatar y obedecer la voluntad de los concurrentes, hizo pedazos dicha proposición que había sido firmada por la mayor parte de los concurrentes...” Así que Larrondo puso el tema en conocimiento del Corregidor y la Diputación. Azcorra no parece que compartía esas afirmaciones, ya que en la misma junta afirmaba: “...el papel al que se refiere Larrondo no estaba firmado por vecino alguno, y como la convocatoria de aquel día era para tratar otros asuntos, relacionados con crear recursos, rompí aquel documento que entorpecía la marcha del Ayuntamiento...”


Mientras, las actuaciones militares seguían afectando al Pueblo. El martes 10 de marzo: “...La entrada de la ria está cerrada de muelle a muelle por siete cadenas y calabrotes. En la punta de los muelles de Portugalete y las Arenas, tenían hechas, ambos ejércitos, barricadas con grandes pipas de vino y arena, y en las Arenas tenían una batería de cuatro piezas en forma de corchete, mirando una parte al mar y otra parte a la ría….” El 20 de abril se daba cuenta de una comunicación fechada el día anterior, enviada por el Oficial de la Brigada General del Ejercito del Norte. Ordenaba que aquel mismo día se enviaran a Retuerto y pusieran a su disposición tres carretas con sus yuntas y carros. El consistorio acordó que por el prejuicio que para los labradores suponía tener que abandonar sus haciendas, se pagara a estos 100 reales, la mitad en su casa y la otra mitad a su retorno. Y respecto de los carros y yuntas, que si por algún motivo sufrieran daño, fuera el Pueblo quien abonase los daños. Para realizar la evaluación y para efectuar la entrega en Retuerto se designo D. Donato Acha, D. José de Zuazo y D. Santiago Zubiaguirre. Por otro lado las fuerzas reales acantonadas en Las Arenas, exigían que desde el día 25 de aquel mes, fuera abastecido el Hospital y toda clase de tropa situada en de dicho barrio, bajo apercibimiento de que si no se realizaba tomarían medidas contra el pueblo. Nuestros ediles parece que tenían dificultades para suministrar la bebida (vino), ya que los continuos requerimientos habían dejado muy mermadas las barricas del pueblo, y temían que la falta de suministro del líquido reparador provocara atropellos de las tropas a la población. Por si esto fuera poco, el coronel de operaciones del ejército del norte exigía fueran enviadas a Bilbao cuarenta carretas para relevar a las de Erandio.

En la próxima entrada veremos cómo las juntas que se venían celebrando en las Escuelas de Sarri (Santa María), en adelante pasarían a celebrarse en los locales de la plaza de San Nicolás.

lunes, 20 de noviembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -I-



A partir de esta entrada iremos viendo una sería de acontecimientos que afectaron a Getxo, algunos relacionados con las guerras entre Liberales y Carlistas, otros del devenir del día a día del Pueblo.

Parte de la historia de nuestros barrios transcurrieron, en el último cuarto del Siglo XIX, influidos por un acontecimiento bélico: la “Tercera Guerra Carlista” (1872-1876), que para nuestro municipio terminaba el 29 de febrero de 1876, con la lectura de un Boletín enviado por el Gobernador de la Provincia al Ayuntamiento de Getxo. Aquellos y otros acontecimientos que iremos viendo, formaron parte del devenir de nuestros vecinos y de las calamidades que las guerras llevan a los ciudadanos de a pié, pero también del día a día y de la transformación de nuestro Pueblo.

Comenzaba el año 1874 bajo la presidencia de los regidores D. Robustiano Larrondo y D. Francisco de Urrutia. Quienes, el día 8 de enero, daban lectura a un oficio remitido por el Comandante General del Norte D. Antonio Cosío, en el que ordenaba que: “...a las cinco de la tarde se presenten en la Avanzada 60 hombres, provistos de seis barras de hierro, diez picos, diez cacos, veinte palas y veinte cestos, para contribuir a las fortificaciones que se van a realizar dentro de este pueblo…” La guerra estaba en su punto más álgido con enfrentamientos entre liberales y Carlistas a ambos lados de la ría. El sábado 17 de enero la prensa madrileña (La Época) informaba que: “...El cuerpo alto de la torre de la iglesia de Portugalete se vino abajo después de haber resistido siete días de fuego de cañón. En Portugalete ardía una manzana de casas en el muelle nuevo, quemada por los carlistas; en Las Arenas ardían otras incendiadas por los proyectiles de los Liberales, y a cada nuevo disparo se oía el ruido de los escombros que producían las casas al desplomarse...”

El consistorio decidía: “...que para todos los servicios personales, que se vean obligados prestar los vecinos del pueblo a las fuerzas Carlistas, sea de día o de noche, se establece el jornal de 14 reales para todas las profesiones de artesanos y navegantes, llenado el cupo por medio de voluntarios, siempre que los hubiese, y si no se sortearan. Para pagar dichos jornales se recurrirá a una contribución vecinal…” Acordaron dentro de aquella contribución que: “...se imponga inmediatamente 100.000 reales de contribución, 60.000 sobre las propiedades y 40.000 sobre los vecinos. Procediendo al cobro en el plazo de dos meses...” La demanda de pago, en este caso de las raciones, que desde Munguía se exigían era tan asfixiante para el municipio, que decidieron reunir a varios vecinos para que ayudaran a reunir las cantidades, en forma de un préstamo de 8.000 reales. Lograron que 14 vecinos aportaran cada uno 900 reales.

En la Junta de Vecinos celebrada en las Escuelas de Sarri el 28 de enero de 1874, las espadas de los vecinos parecían estar en alto, ya que días antes se había celebrado una reunión en: “...la casa escuela pública de niñas del barrio de Santa María, bajo la presidencia del fiel regidor D. Ramón de Azcorra a la que se quiso dar el nombre de Junta General de Vecinos, sin haber contado con ninguno de los otros fieles regidores...” Incluso se llegó a cuestionar que la sede municipal de Santa María fuera el sitio idóneo para celebración de juntas: “...la Escuela dejó de servir para tales reuniones y demás actos públicos desde que el año 1860 se construyó en el barrio de Algorta o San Nicolás otro destinado a tal efecto, donde han venido celebrándose elecciones, sesiones y demás actos públicos , por cuyo motivo deben seguir celebrándose en este local...” Por ese motivo daban por anulados los acuerdos tomados los días 15 y 18 de ese mismo mes, en las que se eligieron fieles regidores, en el pórtico de Santa María.


Las fricciones entre los barrios de Santa María y Algorta se hacían sentir, así lo expresaban en las actas del 8 de febrero de 1874, cuando el regidor de esta última D. Robustiano de Larrondo decía: “...los actos del fiel regidor de Santa María D. Ramón de Azcorra, acerca de la contribución, inducen malicia con propósito, sin duda, de perturbar la tranquilidad y la paz de ambos barrios...” Convocado a la Junta del Pueblo, el regidor Azcorra se negó a asistir, dar cuenta de las raciones suministradas y de la cobranza de la contribución. Por ese motivo el regidor de Algorta, hacía constar en acta el acuerdo de la Junta celebrada: “...Que dicho fiel regidor ha fijado en público varios anuncios, con dañada intención, con intención de entorpecer la cobranza de la contribución de propiedades…, que dicho fiel D. Ramón de Azcorra hace uso de todos los medios con el firme propósito de perturbar la paz y concordia…, la Junta acuerda que es de necesidad la destitución del citado fiel, designando al mando a segundo fiel D. Juan Bautista de Aguirre...” Las diferencias de criterio, no estaban claras si se debían a las cuantías de la contribución, o si eran debidas a diferencias de posición respecto de las simpatías políticas de los bandos contendientes en la guerra. Que bien pudiera ser así.

El 19 de febrero de 1874 se celebró una Junta General de Vecinos: “...bajo la presidencia de D. Robustiano de Larrondo, fiel regidor del barrio de San Nicolás y Juan Bautista de Aguirre, fiel regidor segundo del de Santa María, por haberse negado a concurrir el primero de dicho barrio D. Ramón de Azcorra...” A esa junta acudieron numerosos vecinos, las actas recogían: “...la mayor y más sana parte de los que a semejantes actos acostumbran a concurrir ordinariamente...” El secretario municipal, dio cuenta de una circular remitida por la Diputación General desde Durango: “...relativa al empréstito forzoso de dos millones de reales, impuesto sobre la riqueza territorial del Señorío en 117 raciones…, habiendo correspondido a este pueblo treinta y cuatro mil quinientos cincuenta y un reales, pagaderos y amortizables a un año de la toma y conservación de la Villa de Portugalete...” Aquel impuesto según seguía la circular era : “...para dar mayor impulso al estado actual de la guerra, como para suministrar a la división del cargo de la Diputación el equipo de invierno...” Debian realizar la entrega de la mitad de la cantidad asignada como impuesto para finales del mes en curso, y la otra mitad a finales del mes de marzo. Aconsejaban a los pueblos que para hacer los pagos ordenados recurrieran a empréstitos, derramas, o a la venta de terrenos comunales. El Ayuntamiento de Getxo acordaba para poder realizar dichos pagos: “...sin prejuicio de seguir cobrando la contribución actual, se imponga otra inmediatamente sobre la propiedad, procediendo a su cobro sin demora...” Para ello tomaron como base la riqueza territorial de 1848. Tal era el ahogo que aquella medida suponía para las mermadas arcas del Pueblo, que dieron un plazo de 15 días para que si algún vecino deseaba prestar dinero a bajo interés, fueran las propiedades comunes de la Anteiglesia quienes garantizaran el cobro. La Diputación de Durango, amenazaba con imponer a los pueblos que no abonaran las cantidades asignadas, con aplicar un recargo del 3% diario sobre la cantidad establecida.


En la próxima entrada comenzaremos con uno de los acontecimientos que supuso la pérdida de gran parte de la historia escrita de Getxo.

jueves, 16 de noviembre de 2017

LAS CÉDULAS PERSONALES EN GETXO



Padrones de Vecindad, Cédulas de Vecindad, Cédulas personales, muchos nombres para casi una sola finalidad, mantener controlados a los ciudadanos: los primeros aparecen por vez primera en la legislación general de régimen local, en un Decreto del 3 de febrero de 1823. Eran utilizados como medios de control para policía y reparto de contribuciones y cargas. Las Cédulas de Vecindad vinieron a sustituir a los pasaportes que hasta 1854 eran necesarios para circular por todo el territorio del estado, en ellas se recogían toda clase de datos relativos a los vecinos (nombre y apellidos paterno y materno, estado, profesión, domicilio, provincia a que se pertenecía); las cédulas de vecindad, por la Ley de Presupuestos de 8 de junio de 1870, fueron convertidas en un impuesto con el nombre de cédulas de empadronamiento, que más tarde en 1872, por una Ley de Presupuestos, pasaron a ser gratuitas, solo estaban exentos de su aplicación los pobres de solemnidad, los peregrinos, menores de catorce años, las religiosas profesas, los penados y las viudas siempre que su pensión no excediera los 1.500 reales. Por un Decreto junio de 1874 pasaron a ser denominadas “Cédulas Personales”. Las “Cédulas Personales” eran un medio que según algunos servía para identificar a los habitantes y para controlar sus obligaciones con hacienda.

En algunas latitudes lejanas, como Filipinas, que en su día estuvieron bajo la corona española, en 1894 las describían así: “...Dáse el nombre de cédula personal al documento que la Administración y con arreglo a la fortuna o sueldo, entrega mediante pago correspondiente, a los tributantes, para que puedan identificar su personalidad...”


De la elaboración de las mismas se tiene conocimiento en Bizkaia, a través de los documentos existentes: En primer lugar a partir de una circular emitida en 1872 por el “Caballero Corregidor del Señorío de Vizcaya” D. Juan Jauregui. En ella informaba que: “...Con fecha 17 de febrero de 1872, el Iltmo. Sr. Director de General de Contribuciones me dice lo siguiente: Se ha dispuesto quede en suspenso la Real resolución por la que se obligó a los habitantes de las Provincias Vascongadas a proveerse de la oportuna Cédula de vecindad...”


En nuestro entorno, decir que: a finales de octubre de 1878 el consistorio getxotarra trataba el tema de las “Cedulas Personales”, y lo hacía anunciando la distribución de las mismas y los días en que se iban a expedir. Era algo que ya desde hacía años se venía realizando de forma anual. Cada vecino tenía una, eran de diferentes clases, dependiendo de la riqueza contributiva y económica de sus propietarios, y de su relevancia social, por lo que se establecieron varias categorías.


Y a pesar de que en 1872 se publicó una circular del “Caballero Corregidor del Señorío”, en la cual se decía: “...quede en suspenso la Real resolución por la que se obligó a las habitantes de las provincias Vascongadas a proveerse de la oportuna Cedula de vecindad...” Volverían a ser utilizadas, prueba de ello es el documento de segunda clase que acompaño, de 1900, que estaba a nombre la vecina de Algorta Dña. Maria Landarte, cuyo visado realizaba el encargado del negociado D. Emilio Saliquet.


Las Cédulas Personales se expedían todos los años. Cada vecino tenía una, y eran de varias clases, dependiendo de la riqueza contributiva y económica de sus propietarios y de su relevancia social. Por ello se puede afirmar que las mismas tenían claras implicaciones de tipo impositivo y socio-económico, así como político y jurídico. Eran a su vez utilizadas como documentos identificativos, que había que presentar a las autoridades en procesos legales, testamentarios, o de carácter legal y jurídico.

Buena prueba de ello son los datos que se recogían en el llamado “Padrón de los individuos sujetos a impuestos de cédulas Personales” de los años 1885 a 1900. En ellas se recogía, además de los datos personales (Nombre y apellidos, domicilio, estado civil y profesión), otro datos relativos a la contribución directa que debía de abonar, el lugar donde prestaba sus servicios, los alquileres que pagaba, la clase de cédula que tenía y el importe del recargo municipal.


En el ejercicio económico de 1885 a 1886 se aplicaban 11 clases de cédulas, a personas de ambos sexos, que eran asignadas a empleados públicos o particulares (18 personas), inquilinos (618), individuos no cabeza de familia (933) y finalmente a jornaleros y sirvientes (98). Las categorías de cédulas aplicadas iban desde la de 6ª clase a las de 11ª clase, siendo las más numerosas estas últimas que suponían 1235 sobre un total de 1667 cédulas. 


El listado iba por calles, y estaba encabezado en la calle Tetuán (actual Avda, Basagoiti) por Dña. Francisca Aizterola de 20 años, también aparecía la figura del farmacéutico en la persona de D. Cándido Zugazagoitia que tenía 35 años; la calle Carretera la encabezaba Dña. Dominga Eguzquiza de 60 años y el panadero D. Maximo Llantada de 41 años; la de la calle Alangüetas lo era por D. Manuela Urrutia de 58 años; la de Las Arenas lo era por Dña. Daría Fernández de 23 años y la de Santa Maria por D. José Uriarte de 68 años. Respecto de personas de renombre, por su profesión, cabe mencionar a D. Ciriaco de Menchaca (Maestro de Obras) que vivía en la calle Tetuán que tenía 44 años; la del médico D. Manuel Hormaechea de la calle Carretera de 40 años; la de los maestros de Las Arenas D. Juan Antonio Muñio de 55 y D. Joaquín Romance de 55 años; de ese mismo barrio aparecía el ingeniero D. Eduardo Aguirre Labroche de 48 años y sobre todo uno de los maestro que pasaría más tarde al callejero municipal D. Paulino Mendivil Otaolea de 27 años. De Santa María caben citar al sacerdote D. Justo Barrenechea de 47 años y a las maestras Dña. Teresa Ansorena de 56 años y Dña. Andresa Cortina de 20 años.

Respecto de los alquileres pagados, los precios iban desde 1 peseta que abonaba el carpintero D. Miguel Lejarza de Las Arenas, pasando por las 25 pesetas de Dña. Dominica Zalduondo de Santa María, las 75 pesetas del cantero D. Antonio Larrabeiti Larrazabal de Alangüetas, las 200 pesetas que pagaba D. Andrés Larrazabal Tellería de Las Arenas y a las 250 pesetas que pagaba el comerciante D. Manuel Zubiaga de la calle Tetuán de Algorta.


Entre las profesiones destacaban los labradores (de los 159 dedicados a esa profesión, 95 de ellos eran de Santa María); le seguían los marinos (37); a continuación iban los canteros (34); los carpinteros (34); los jornaleros (26); los comerciantes (15); albañiles (9); los maestros (8); panaderos (5); herreros (4). Le seguían otras profesiones, estas menos numerosas, como los zapateros (3), camineros (2), farmacéuticos y cocineros (1), barberos, sacristanes, pintores, cesteros, notarios, armeros, cocheros, mayorales, hojalateros, y 1 empleado de la empresa del tranvía.


Para el ejercicio 1896 a 1897 los alquileres habían subido, D. Andrés Larrazabal Tellería de Las Arenas que en 1886 pagaba 200 pesetas, había visto subir su alquiler a 248 pesetas. Pasados otros 10 años nuevos vecinos habían llegado al pueblo, en Las Arenas estaba la fondista Dña. Felipa Bustingorri que instalada en la calle Barria, pagaba por su alquiler 280 pesetas; en la Vega de Santa Eugenia tenía su vivienda, la Luiandesa Dña. María Romo, por la que tan solo pagaba 50 pesetas; mientras que en la calle Carretera de Algorta el naviero D. José Ramón Uriarte pagaba 500 pesetas. La calle María Cristina de Las Arenas era otro lugar de alquileres altos, la familia de Dña. Aurora Zamacona pagaba 501 pesetas por su domicilio. Nuevas personas nos visitaban como el vecino de Wiesbaden D. Teodoro Serbold o la Strasburguesa Elisa Picquart, que vivieron en la calle Máximo Aguirre de Las Arenas, pero sus alquileres no aparecían en aquel listado. También lo hicieron otros llegados desde Navarrete (Logroño), como los Muro (Eusebio y Ángela) que se afincaron en la calle la Estación.

Todos los datos relativos a las Cédulas Personales están sacados de los padrones de los individuos sujetos a impuestos, durante los años 1885 a 1900, expedientes 2940-8, 2940-9 y 2940-10).


Hasta aquí un pequeño recorrido por lo que se dio en llamar las “Cédulas Personales”, que según se puede ver en el cuadro que acompaña de 1886, formaban parte del padrón de los individuos sujetos a impuestos.

lunes, 13 de noviembre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO y -XII-



En esta entrada finaliza esta serie, en ella veremos, entre otras cosas, como se convocaban los plenos y recaudaban los arbitrios.

Según relataban en noviembre de 1873, la forma de convocatoria vecinal a los plenos se realizaba: “...previo aviso a los domicilios y a son de campana tañida en el salón de la casa Consistorial, según uso y costumbre foral...” Ya desde 1860 hasta 1928 las reuniones se celebraron en el Ayuntamiento situado en la Plaza de San Nikolas. Precisamente, y volviendo a las demandas de las fuerzas armadas, el 17 de noviembre del año 1873, el Consistorio trataba en un pleno sobre un oficio remitido por el Almacenero del distrito militar de Munguia, en el cual se indicaba: “...se ordena la remisión al mismo de 3.588 raciones de pan de primera, las cuales incluirán un cuartillo de vino y libra de carne; y para la caballería 1.816 libras de maíz, 450 libras de salvado, 73 arrobas de paja y 18 libras de velas…” El Ayuntamiento solicitaba que de las mismas fueran descontadas las: “...raciones suministradas en la última semana a la fuerza que ha permanecido en esta Anteiglesia...” Aquellas raciones habían sido suministradas por el Regidor D. Robustiano de Larrondo y el vecino de Getxo D. Juan José de Ibatao. No fue esta la única demanda de las partidas armadas, ya que el Comandante de Armas de Sondica exigía la entrega en Erandio de: “...240 reales y 16 celemines de habas y pienso de caballo para ocho días antes de las dos de la tarde de ese día...”

Los arbitrios era otra de las preocupaciones de nuestros ediles. Las condiciones de los remates en noviembre de 1873: “...de vinos, aguardientes, chacolis y otros líquidos, además de las carnes frescas, se realizaban en dos bodegas de la taberna de Echebarria en Las Arenas...” La graduación de los aguardientes quedaba al criterio de los vendedores, eso si, se advertía que: “...deben de ser de buena calidad, y no dañar la salud pública, no debiendo el aguardiente bajar de 19 grados. Siendo el precio base de partida de 78.000 reales...” Para el precio de la carne también se fijaba el precio de partida, el cual debía de ser de: “...como en el presente año, y también para el próximo durante todo el año, para veinte cuartos será de 24.000 reales...” Quedaba clara la intervención municipal en la fijación de precios.


Y la guerra seguía creando conflictos, que afectaban a ambas márgenes de la ría. El 11 de diciembre de 1873 llegaba una orden del Jefe de Distrito de Munguia D. Sebastián de Gorordo, por la que se hacía saber que: “...se prohíbe en absoluto el paso de la parte de acá de la ría a la de la rebelde Villa de Portugalete, al barquero D. Antonio de Mendieta...” Sin embargo el consistorio decidió que no entraba dentro sus atribuciones el establecer aquella prohibición, y echando balones fuera, dejaba al criterio del barquero la decisión. Otro de los asuntos afectados fue el correo, el administrador de la cartería de Munguia comunicaba que: “...desde ayer, desde Munguia se conduce el correo para Francia, Navarra, Álava y Guipuzcoa, pudiendo pasar una persona de su pueblo a recoger o llevar la correspondencia...”

Terminaba el año con la prohibición de extraer arenas y césped de la vegas, ya que según una queja presentada por D. José Ramón de Urresti, quedaban las vegas, al extraer la capa de césped, decía en la misma: “...se produce un daño notable a la propiedad comunal, en las arenas y vegas de esta jurisdicción, ya que algunos se dedican a arrancar el césped dejando el terreno estéril...” El Ayuntamiento acordaba la prohibición ya que se dañaban los pastos comunales.


En las próximas entradas continuaré con un paseo a lo largo del último cuarto del Siglo XIX, viendo algunos de los aconteceres de aquellos días, que a nuestros vecinos creaban no pocos sinsabores y a veces alguna alegría.

jueves, 9 de noviembre de 2017

UN DEPORTISTA DE SANTUKO



Un deportista de “Santuko”, Javier Hormaza Garay. Nace en el caserío de ese nombre en noviembre de 1944, hijo de José y Jesusa, el primero de Piñaga (Andra Marí) y la segunda de Galdakao. Algunos de sus recuerdos y algo de su vida deportiva es lo que voy a recoger en esta pincelada de su vida.

Santuko” estaba situado en la plaza de Alango (Algorta). En sus recuerdos de niñez describe la plaza como un espacio grande, cruzado por un camino de piedra, que servía para dar servicio a los comercios que había en esos años. En la parte superior de la plaza había una zona de hierba, que fue en la que dio sus primeros chuts a un balón, que como el dice: “…!el que podíamos encontrar!, porque en aquellos tiempos, hace más de 60 años, se jugaba con lo que se podía, incluso con pelotas de trapo y papel. Salvo algún privilegiado como Andoni Uribarri, que tenía un balón de los de reglamento. !No era fácil hacerse con un buen balón y aquel sí que era una gozada, era un esférico autentico! A él dedicábamos todo el tiempo que nos dejaban Amelia Bidegorri y Mari Andikoetxea, las de la Academia San Ignazio (Bidegorri). Esa fue mi primera escuela, hasta que con 14 años empecé a trabajar en la “Unquinesa”...”


En la fotografía superior podemos ver la plaza de Alango, Santuko era el tercer edificio empezando por la izquierda: “...Era una vivienda compartida, nosotros vivíamos en el lado de la derecha y a la izquierda vivían los Fullaondo. Debajo había dos chatarrerías, en la parte delantera estaba la de Pablín Deusto y en la parte trasera la chatarrería de Antonio y Clara, que era también su vivienda. Santuko estaba flanqueado, a su izquierda por la casa de los Uribarri y a su derecha por la Academia Bidegorri. Entre los comercios de la plaza de Alango estaba la tienda de D. Pablo, la carpintería de Bidegorri, la chatarrería de Pablín Deusto, y la de Antonio Lorenzo...” Finalmente aquella plaza se urbanizó y hoy tan solo queda un pequeño monolito en su recuerdo.

Javi, paso de jugar al balón, en los tiempos en que como palos de porterías se colocaban los jerséis, en las campas de Alango y Arkotxa, a la competición como deportista del balompié. Esta última campa estaba entre la “Casa Barco” y el “Convento de Las Adoratrices”: “...era una campa inclinada que, hasta tenía porterías...” (En ambas campas se celebraron torneos juveniles).


Sus primeros partidos los hizo como aficionado y más tarde como profesional. Algunos de los equipos que participaban en las competiciones de aficionados tenían nombres locales o alegóricos de la zona: “...Alango, Neguri, San Ignacio; Chupacharcos, este último del barrio de la humedad (Villamonte)...” Javi jugó en el Alango, en ese equipo jugaron entre otros: “...Manolo Fullaondo, Txomin Fullaondo, Antonio Ahedo “Panizo”, de portero Juantxu Azkorra, Ismael Moral (+) y su hermano Ignacio Moral “Paiño”, Alfonso Maguregui…, algunos de esos futbolistas aficionados pasamos a jugar en los juveniles del “Katipunan F.C.”...”

El “Katipunan F.C.”, fue un equipo que creó Javi González “Tatxinda” (el nombre venía de una hermandad revolucionaria Filipina que en 1892 contribuyó al final del Imperio español en Asia). Con él participamos en un torneo a nivel de Bizkaia organizado por el Athletic. En ese equipo había algunos jugadores que no eran de Algorta: “...El primer torneo celebrado en 1959 lo jugamos en los Salesianos de Deusto. Aquel año jugamos la final contras el Racing de Gobela (un equipo de Gaztelueta), que nos ganó por 3 a 0”…” Participamos en unos 7 u 8 partidos.


En la fotografía superior se puede ver a los componentes del equipo:

En la fila superior y de izquierda a derecha están: Ignacio Moral “Paiño”, Bolibar, Garay, Pérez, Asanza, Javi González “Tatxinda” e Iñaki Aresti (Portero).

En la fila inferior y de izquierda a derecha están: Javi Hormaza, Juan Artaloitia “El Mexicano”, Aburto, Alfonso Maguregui y “Erandio”.

Recordando ese torneo comenta Javi: “...De aquel torneo salieron jugadores del Athletic como Fidel Uriarte que jugaba en los “Boinas de Sestao” y Txutxi Aranguren que lo hacía en el “Portugalete”...”

Más tarde, en el año 1960, me llamaron para jugar en los juveniles del Athletic: “...pero yo dije que no quería saber nada, que quería jugar en el Getxo...” De 1960 a 1963 estuvo jugando como federado en el Getxo en juveniles en tercera división. El presidente del Club era Ángel Astorqui; en juveniles el primer entrenador fue Merodio, y de masajista Eduardo Martínez. En la fotografía inferior podemos ver al equipo del Getxo en tercera división, en la temporada 63-64, entre aquellos jugadores aparecen:


En la fila superior y de izquierda a derecha: Javi Etxebarria, “Mauri” (+), Salva (+), Katxas (+), Garay, Kike Madariaga (Portero).

En la fila inferior y de izquierda a derecha: “Justito”, “Menoyo” (+), Ibarra, Manchón y Javi Hormaza.

En el Getxo, Javi jugo durante tres años en juveniles y dos en tercera. Su primer gol en el equipo getxotarra lo metió: “...jugando contra el “Baskonia” en Basozelai…, allí empecé una racha de meter goles hasta que me lesioné jugando contra el “Rayo Cantabria” en el Sardinero en el año 1963, íbamos ganado por dos a cero, yo había metido los dos goles. Me lesioné y me llevaron al Hospital de Valdecilla en Santander...” De esos tiempos recuerda Javi: “...Que no pocas chuflas las corríamos en el Bar El Porrón de Villamonte, también solíamos caer por EL Bar la Marina de Telletxe...”

En mayo de 1965 ficha por el Athletic de Bilbao: “...Yo estaba trabajando en la Unquinesa y me vino a buscar Txano Echevarría, en un taxi con mi Aita. Me dijeron !Vístete que vamos a Bertendona, que vas a fichar por el Athletic!, eso fue tremendo para mi, el lunes fiché y el martes ya estaba jugando con el equipo rojiblanco...” Debutó en el Athletic el 28 de noviembre de 1965: “...Entonces estaba de presidente del club bibaíno D. Julio Eguskiza y como entrenador Antonio Barrios...” Su primer gol en el equipo bilbaíno fue en dicho año, jugando contra el Real Madrid, partido que finalizó con el tanteador 2 a 0 a favor del Athletic. Los goles fueron metidos, el primero por Fidel Uriarte y el segundo por Javi Hormaza: “...llevaba una racha el Athletic, de unos 8 partidos sin ganar al Real Madrid, y en aquel partido nos desquitamos...” En la fotografía superior podemos ver a Javi Hormaza, en aquel partido, en cuclillas sujetando el balón, debajo de Iribar. Javi jugó con el Athletic de Bilbao hasta 1970.


De sus días de gloria en el Club rojiblanco hablan titulares de prensa, como el del 30 de noviembre de 1965, en que en el diario “La Gaceta del Norte”, el comentarista deportivo “Joma” decía: “...ORMAZA, BIEN, y no le pongo “muy bien” para que no se enfade Gainza...”.

Posteriormente jugó en la “Agrupación Deportiva Ceuta”, durante dos años 1970-71 y 1971-72: “...fueron dos años estupendos, me encontré con una gente fabulosa…, En el club jugaba Javi Etxebarria, que fue suplente de Iribar, de portero; también estuvo Antón Azurmendi, un chico de Elorrio, que paso del Oviedo al Ceuta; al año siguiente vinieron Ituiño y Doro, que habían estado en el Bilbao Athletic...” Al fallecer el presidente del Ceuta decidió fichar por el Levante, equipo en el que estuvo una temporada 1972-73. La siguiente temporada 1973-74 ficho por el Tudelano.

En esa temporada (1974), cuando iba a cumplir 30 años, tuve que tomar la decisión más importante mi vida, pues mis hijos empezaban a la Ikastola de Algorta. Tenía propuestas de otros Clubs como el Salamanca, Girona, Cartagena, equipos que pagaban bien y ofrecían un buen contrato, pero para entonces ya tenía tres hijos, y tenía que ir yo solo. Así que junto con mi esposa Marieli adoptamos la decisión de dejar el fútbol.

Tenía 30 años y estaba en plena plenitud física: “...seguía yendo a San Mamés a ver jugar al Athletic, pasaba unas envidias tremendas al ver jugar a mis antiguos compañeros...” En el año 1975 empezó a jugar con los veteranos del Athlétic, jugó con ellos durante 10 años: “...hasta que un tirón fortísimo en los isquiotibiales me envió al dique seco...”

De los años de jugador en el Athletic conserva muchos recuerdos, uno de ellos ligado al Bar Gurugu y su entorno: “...Mi ama compraba la carne donde Lombera, y José Ignacio Isla (+) me dijo: Con cada gol que metas en el Athletic te regalo una chuleta de kilo. Aquel chuletón solía compartirlo con mi Aita en casa, las piezas eran de tal calibre que le dije !Dame dos más pequeñas! Hubo varios partidos en los que marqué dos goles, así que le dije que solo me enviara una...” El Gurugú era casi como su txoko particular, allí comentaban los partidos e incidencias del domingo.



Una de las cosas que recuerda, no sin cierto cansancio físico y hasta mental, son los desplazamientos “...Con el Getxo los más largos eran a Cantabria o a Reinosa, íbamos en los autobuses de “Mamba” de Las Arenas. Pero luego en primera, con el Athletic, !buff aquello si que era duro!, por ejemplo, para jugar en Sevilla teníamos que salir el viernes a las 9 de la mañana en autobús a Madrid, !entonces no había autopista (hace 50 años)!, parábamos a comer en Aranda de Duero, llegábamos a la capital el oso y el madroño a eso de las nueve de la noche. Allí, tras cenar un poco, cogíamos el coche cama dirección a Sevilla, y después de toda una noche de viaje, llegábamos el sábado por la mañana, habían trnscurrido casi 24 horas de viaje. Por la mañana entrenábamos hasta la hora de comer, un poco de siesta, cine, para luego ir pronto a la cama. El domingo por la mañana íbamos a misa !entonces era costumbre!, los partidos casi todos comenzaban entre las 16:30 y 16:45, al terminar cenábamos un poco y otra vez al coche cama. El lunes desembarcábamos en Madrid a primera hora, vuelta a coger el autobús y para Bilbao que nos dejaba en San Mamés. Luego yo tenía que coger el tren hasta Algorta. En aquella época no tenía coche, así que llegaba a casa baldado a las 9 de la noche ! Aquel viaje era toda una odisea!...”

Y como una de las anécdotas más agradables recuerda que: “...el primer viaje que hice con el Athletic en 1965, fue a Pontevedra. Allí jugamos contra el equipo local el partido de cuartos de final de Copa, a mi me tocó compartir habitación con Iribar. Aquel partido lo ganamos por 0-3. Durante mi vida deportiva en el Athletic, aunque sin jugar, estuve en tres finales, perdimos dos, una contra el Zaragoza en 1966 y otra contra el Valencia en 1967 y ganamos la de 1969, contra el Elche por 1-0, gol que metió Antón Arieta...”


Hasta aquí un pequeño recorrido por la vida deportiva de uno de los vecinos de Algorta, que pasó de un equipo juvenil, el Katipunan F.C. a lucir los colores del equipo rojiblanco, junto a viejas glorias como Iribar, Arieta, Argoitia, y Uriarte.

lunes, 6 de noviembre de 2017

EL CATAFALCO DE DIFUNTOS DE ÁNIMAS



El catafalco de “Difuntos de Animas” de Getxo era un mueble destinado a rezar por los difuntos, que en algunos lares llevaba dibujada la llamada “Danza de la Muerte”, representada en la parte superior por un esqueleto pintado portando una guadaña, y en el paño frontal una calavera con un bonete de tres picos. El túmulo iba cubierto por un manto de seda negra, armazón funerario que representaba el féretro de un difunto. Una vieja tradición del barrio de Getxo (Andra Mari), perdida y ya casi olvidada.

Pero antes de pasar a esta celebración, hacer un pequeño resumen de otras, anteriores:

Hay fiestas cuyo origen se remontan al origen de los tiempos, una de ellas es el “Día de difuntos”, también llamada popularmente como “Todos los Santos”. Las tradiciones ligadas a las misma llegan desde ceremonias de los druidas en tiempos anteriores al cristianismo. Muchas son las tradiciones que se celebraban en otros lugares, los celtas lo hacían al dios de los muertos llamado Samhain, fiesta que coincidía con el día primero de noviembre.

Pero no iremos hasta la época de las persecuciones de Diocleciano. Ni a los distintos cambios de fecha en su celebración, acaecida por primera vez, en tiempos del Abad del monasterio de Cluny (998 d.C.), que la instauró el 2 de noviembre para honrar a los difuntos. La fiesta de “Todos los Santos” en sus comienzos se celebraba en mayo, hasta que el Papa Gregorio-III la traslado al 1 de noviembre, fecha que ha venido celebrándose hasta nuestros días.


De sus costumbres nos llega como acto de ceremonial religioso-mundano, el acudir a los camposanto para adecentar las tumbas y llevar flores a los familiares fallecidos. Pero existen distintas formas de celebrar el día de difuntos con distintas tradiciones a lo largo del Pueblo Vasco. En la provincia de Bizkaia, en Beriz era costumbre colocar una calabaza, a la que se daba forma con ojos y boca, en la torre del campanario al anochecer. Esa costumbre estaba bastante extendida por toda la geografía vasca, y no pocos niños de los años 40-50 recordarán tradiciones similares.

Pero respecto de ceremonias, sobre todo religiosas, me gustaría recordar una tradición muy peculiar relacionada con los rituales de recuerdo a los difuntos, que como casi todas, por transmisión oral, me la ha contado un buen amigo, ya entrado en años, que la vivió. Esa celebración era un ritual que en los años 40-50 se realizaba en la Iglesia de Andra Mari de Getxo el día 2 de noviembre.


A la misa de difuntos, que se celebraba el día 2, acudían todos los feligreses de getxo (Andra Mari), siguiendo una costumbre que aún hoy se mantiene, los de la zona de arriba (Goierri) lo hacían por el pequeño pórtico que da al actual Batzoki, y los de la zona de abajo (Bearri) por el pórtico que da a la campa de la iglesia. Todas las señoras iban vestidas de negro, cubiertas con mantillas largas del mismo color; los señores con chaqueta y boina negra. Durante la misa de difuntos del mes de noviembre, misa mayor de las 10 de la mañana. Entonces las mujeres se colocaban en la parte trasera del templo, que era el lugar donde, en el XVIII estuvieron las sepulturas de los difuntos. Allí, guardando el mismo sitio que de forma oral se transmitía de padres a hijos, las etxekoandres colocaban un paño negro con cuatro candelabros en las cuatro puntas del paño. Familia y amigos acudían a las “sepulturas” y depositaban en los paños un puñado de monedas que después de contarlas las dejaban en el bonete que el párroco llevaba en una mano. El párroco rezaba “in situ” un Pater Noster por cada tantas pesetas. Después asperjaba con el hisopo en la falsa sepultura. Había un grupo de chirenes que decía invariablemente: “...Hoy en casa del párroco comen chuleta...”. También era tradicional colocar un enlutado catafalco, de forma rectangular, bajo el cual llevaba unas ruedas que permitían su desplazamiento. El túmulo iba cubierto por un manto de seda negra con diferentes grabados relacionados con la muerte, a ambos lados se alzaban unos imponentes candelabros (tres en cada lado); en su frente se colocaba un banco-sillón para tres en el que se sentaban los celebrantes. Este armazón era colocado en el pasillo central de la nave, frente al altar. Junto a él se cantaba el “Liberame Domine de viis inferni”.

En un momento de la ceremonia religiosa, los celebrantes, junto a los asistentes y los monaguillos salían por la puerta que da a la campa de la iglesia, por Bearri; se desplazaban en procesión hasta la parte posterior de la iglesia (detrás del altar mayor), junto a la calle Maidagan, allí, en el centro del la pared, en una hendidura de la misma, existía una especie de pequeña sepultura, coronada por césped, de unos dos metros de altura, en la que decía la tradición que era una antigua huesera. Tras realizar una breve ceremonia con cánticos en latín, el celebrante provisto de acetre e hisopo bendecía los restos. La comitiva regresaba al interior de la iglesia, esta vez por la puerta de acceso de Goierri, junto al Batzoki, donde continuaba la misa de difuntos hasta su finalización.


Parece que la prohibición de introducir cuerpos de difuntos en la iglesia durante las exequias, en algunos tiempos, dio origen a una práctica de carácter formalista, que consistía en colocar en el centro de la iglesia y ante las gradas del presbiterio un armazón funerario que representaba el féretro del difunto.


Esta tradición, quizá con aportaciones de mayores que vivieron aquellos días, más adelante pueda ser completada. Pero quede esta referencia de una tradición funeraria de nuestro Pueblo.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

LA CALLE PELIGRO



La Calle Peligro, también llamada por otros “Carretera del Peligro” de Algorta, es una de las desconocidas en el callejero municipal.

La primera vez que aparece recogida dicha calle es en una fogueración de 1862 en la que se menciona: “...se rotulan por primera vez algunas calles de Algorta entre ellas la “Del Peligro...”

De ella ya hablaba en mi entrada del miércoles 24 de octubre del 2014: Calle Nueva: Así era denominada en 1887, la calle del Puerto Viejo que empezaba en el punto denominado “El Farol”, a la terminación de la calle Caridad, y terminaba en su encuentro con la calle Rivera. Esta calle anteriormente recibió el nombre de calle “Peligro”. En aquellos años contaba con tan solo dos edificios en su mano derecha “Tatoena” y “Aquechena”; y en su mano izquierda tres “Entelladorena”, “Nebaoena” y “Mugaburu nuevo”.


El colegio del Colegio del Puerto, que por su emplazamiento estaba ubicado en la calle Caridad, parece que primitivamente era también de la llamada “Del Peligro”.

Muy probablemente el nombre deviniera por estar en antiguos caminos, todos ellos, agrestes, peligrosos, estrechos e incómodos para transitar, por los que había que caminar cara al norte al descubierto en los días de lluvia.

Otra de las veces que va a aparecer esa denominación, en un expediente municipal, es en 1890, cuando Dña. María Justa de Ajeo el 3 de julio de 1890 solicitaba: “…que teniendo que construir un caño que desahogue, en la casa de mi propiedad Gorostiondo, situada en la calle del Peligro...” Hoy esa casa ocupa el numero 11 de la calle Nueva.

También aparece el nombre en varios escritos:

Entre ellos en el libro “Getxoko Leku Izanak” de Mikel Gorrotxategi, cuando habla de la casa de 1842: “...nombrada “Arteguiena” con sus pertenecidos, radicante en jurisdicción de la Anteiglesia de Guecho, en la carretera del Peligro, hoy calle de la Caridad, barrio de Algorta...”

Cuando lo hace sobre la casa Basaldua”: “...1873 La referida Casa Basartena parte oriental, está situada en el barrio de Algorta...es conocida también con el nombre Aquechena de Basaldua...por la calle o carretera llamada del Peligro...”

O cuando menciona a la casa: “...titulada Gorostiondo, señalada con el numero catorce, sito en la calle de peligro en 1879...”

Nuevamente al hablar de: “...Gorostiondo la nueva 1866 casería denominada Gorostiondo la nueva, finca rústica, sita con sus pertenecidos en jurisdicción de Guecho, radicante en el barrio de Algorta, entre la Carretera nueva que en el termino de Arechondo baja al puerto y la carretera llamada del Peligro, se halla señalada en la numeración local con el nº 22...”

Y cuando lo hace de la calle Caridad: “...1894 sita en la carretera del "Peligro", hoy calle de la caridad, en el barrio de Algorta...” En 1881: “...de las obras que se hayan ejecutando en la carretera del peligro, desde la casa de Padrena a la plazuela de Mugaburu...”

Finalmente cuando menciona: “...Tatoena la nueva 1860, 1860, 1860, 1884 cuya nueva casa que es en la que habita, se conoce con el nombre de "Tatoena la nueva" y se halla situada en la plazuela intermedia de las calles de Tetuan y del Peligro de este barrio de Algorta...”


Los motivos por los que esta calle llegó a llamarse “Del Peligro” o “Peligro” pueden deberse a diferentes motivaciones, pero sin duda es una de las más atractivas del Puerto Viejo de Algorta, de sinuoso y estrecho trazado que de barandillas precisa, sobre sus fachadas lucen hieráticos los faroles, mientras sus escaleras nos conducen cadenciosas hacia Tatoena y Etxetxu.