MEMORIAS DE GETXO

lunes, 5 de marzo de 2012

UN MEDICO DE LAS ARENAS, DON JOAQUIN ARIZAGA

Algunas entradas requieren complemento grafico en este caso el personaje abarca todo el interes, incluso su tratamiento es algo que requiere de respeto.

Habia un medico de Las Arenas, aunque nacido en Portugalete, que en mi opinión no ha sido reconocido como merecía, por sus méritos tanto humanos como profesionales, tiene una calle dedicada en Punta Begoña (Arriluze), a pesar de que toda su vida profesional la desarrollo en el Barrio de Las Arenas, pero su biografia es tan rica en la entrega a su Pueblo a sus vecinos, a sus amigos a todos, que requiere algo mas, requiere que su recuerdo perdure entre nosotros con el cariño que el nos demostro desde su entrega profesional y personal.

Don Joaquín Arizaga Elgarresta, nació el 22 de junio de 1911 en Portugalete, hijo de Joaquín y de Nieves, estudio su Carrera en Salamanca, comenzando a ejercer la medicina en el año 1933, acabó la carrera de Medicina con 22 años, comenzando a trabajar en el Hospital de Basurto en la especialidad de Pediatría.



Cuando se produjo el golpe de estado militar de 1936, el Gobierno Vasco movilizó a los médicos para los Hospitales de Sangre, nombrándoles Capitanes. Con la entrada de los golpistas, tras la caída del frente de Bilbao, Dn. Joaquin fue detenido y llevado al Penal del Dueso (Santoña-Cantabria), allí fue “juzgado” y condenado a 30 años y un día. De allí junto con otros muchos prisioneros políticos, fue trasladado en vagones de ganado “Como los que trasladaban los Nazis a los Judíos” al Penal de Santa Maria. Durante ese viaje les dejaron en una vía muerta, a la altura de Mérida, durante un día entero con un calor infernal, sin comida ni bebida.

Volvió a su casa en 1941, con tan solo 54 kg. de peso, tras permanecer durante tres años en aquel penal. Como a otros muchos ciudadanos de Getxo y por ser lo que aquellas hordasas denominaban “desafectos y traidores”, le quitaron su plaza del Hospital de Basurto, teniendo que comenzar a ejercer su profesión en Las Arenas como medico de Medicina General.

Casado con Doña María Asunción Maguregui Luzeret, tuvo cinco hijos, dos chicos y tres chicas, Jokin, María, Begoña, Antón y Susana.

Según contaba su esposa, la prisión le marco de por vida, y probablemente los problemas de salud que arrastro luego, fueran consecuencia de su estancia en el Penal de Santa Maria, lugar inmundo llenos de parásitos, hambre y miseria, a donde fueron conducidos miles de Presos Politicos Vascos. Lugar en el que la falta de higiene, las condiciones de vida infrahumanas y el hacinamiento fueron germen de epidemias entre los presos, que originaron muertes y enfermedades difíciles de erradicar.



Tenia su consulta en el Nº 3 de la Plaza de Las Escuelas de Las Arenas, la portera de la casa “Petra”, siempre te preguntaba -“a donde va”-, y eso que Petra te conocía de toda la vida. Su consulta estaba en su domicilio familiar, allí todas las tardes recibía a sus pacientes, y también a los del Cuarto de Socorro Municipal, que al estar en los soportales de la Plaza de las Escuelas, acudían frecuentemente a ser asistidos por él.

Era de una estirpe de aquellos viejos médicos de los que, de alguno, se solía decir que tenían “ojo clínico”, era el caso, sus diagnósticos eran rápidos y precisos, un hombre que desprendía respeto y afecto, de un trato con sus enfermos extremadamente humano, su presencia influía confianza. Medico comprometido con su Pueblo ayudo a muchas personas, incluso en momentos difíciles. Era sobre todo el médico de la gente del pueblo, vivía su profesión preocupándose de la gente necesitada, sin preocuparle si le podían pagar. La característica que le definía era su cercanía, su generosidad tanto como padre y como ser humano. A pesar de tener mucho carácter era muy, muy cariñoso.

Era uno de esos médicos de Familia, que conocían y eran conocidos por todos, incluso por quienes no les tenían como médicos, cualquier hora del día o de la noche era para ellos de consulta, y acudían raudos a la llamada de sus pacientes. De Don Joaquín era característico su abrigo y sus sombrero, sus andares, siempre ligeros, delataban su presencia cuando llegaba a la casa.

Recuerdo que mi Ama siempre le tenía preparada, para cuando terminaba de auscultarnos, una jaboneta nueva y una toalla limpia, tenían la costumbre de lavarse las manos al terminar la inspección.

Su gran afición era la lectura, siempre tenía junto a su butaca un libro de medicina, siempre estaba estudiando. Su otra gran afición era la de hablar con los amigos, sobre todo de política.

En su día el Ayuntamiento de Getxo le concedió “el Molino de Aixerrota” en plata “como Medico encomiable y muy querido por sus vecinos”. Así mismo se procedió a cambiar de nombre a la Calle Atxekolandeta por el de “Joaquin Arizaga” en un Pleno Ordinario el 28 de Mayo de 1999.

Deseo expresar mi agradecimiento por la ayuda de su familia para realizar esta entrada.

2 comentarios:

  1. YO SOY VECINA DE ESTA CALLE Y NO SABÍA QUE EL MOTIVO DEL CAMBIO DEL NOMBRE FUESE ESTE ESTIMABLE DOCTOR. Por ello me encuentro muy afortunada, siempre es agradable que personas con importantes tengan una calle en el pueblo donde prestaron sus servicios. Sin embargo quiero hacer un comentario de esta calle. Ha pasado de convertirse en una de las mejores de Getxo a una calle en la que se concentran una media de entre 10 y 20 chavales a dar la lata y ensuciar nuestra calle. El perjuicio para el nombre de la calle es evidente y si hay alguién que puede ayudar a que esta calle recupere su antigua buena fama, tal y como corresponde a una calle con un nombre tan honorable, les agradecería que lo hicieran. Los vecinos ya lo hemos intentado todo. Dando las gracias de antemano y agradeciendo la información que nos habeis proporcionado de la historia de nuestra calle, me despido atentamente.

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  2. No puedo dejar de comentar el grandísimo afecto y agradecimiento a éste gran médico al que tuve la inmensa suerte de conocer como paciente y como vecina de la casa donde vivíamos. De noche y de día, siempre atento y dispuesto. Cuando tuvo que dejar de ejercer la medicina me sentí un poco huérfana. Miro con añoranza aquella nuestra casa de la Plaza de las Escuelas y recuerdo con el mismo cariño a su esposa Asun que fue conmigo especialmente cariñosa. Y me permito añadir, ya que Karla se regodea en recordar los horrores de la guerra que asoló nuestro país, que la grandeza éste hombre era que trataba de igual manera a los que pensaban como él y a los que no, entre los cuales se encontraba mi familia. D.E.P. una excelentísima persona.

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