MEMORIAS DE GETXO

lunes, 10 de julio de 2017

LOS RESCATADORES DE LA JEUNE-MARTHE



El rescate del Jeune-Marthe es la historia de unos valientes que, aun a riesgo de sus vidas, se adentraron en las embravecidas aguas de la mojijonera de Las Arenas, cuando los contramuelles no eran todavía ni un proyecto para salvar a la tripulación de ese bergantín.

A lo largo del tiempo la costa de Getxo ha visto embarrancar y en muchos casos hundirse infinidad de vapores, goletas y otro tipo de embarcaciones, algunas con perdidas humanas. La prensa histórica conservada en “Liburuklik” y otras bases de datos recogen alguno de esos desastres marítimos, de los que en otras ocasiones he hablado. En este caso veremos el naufragio del la Goleta Jeanne o Jeune Marthe, naufragio acaecido en Las Arenas el 16 de marzo de 1863, y a sus rescatadores.

El 16 de marzo de 1863, la goleta Jeanne o Jeune Marthe quedó varada en Las Arenas, atravesada de codaste a la mar. Sus tripulantes permanecieron subidos a las jarcias tratando de que la mar del noroeste no les arrastrara. Con un bote que trajeron desde la ría a la playa, por las zonas secas de Las Arenas se consiguió atracar la goleta a sotavento de mares.

Esa noticia era recogida por varios diarios, alguno local como el “Irurak Bat”, y otros madrileños como “El Lloyd”, “La Iberia”, “La Regeneración” y “El Contemporáneo” que en su cuarta página del viernes 20 de marzo de 1863, hacía referencia a otra del diario bilbaíno “Irurak Bat”, en la que daba cuenta del naufragio de la goleta francesa y de la heroica conducta de los marineros de las Arenas que según el mismo diario: “...tan generosamente expusieron sus vidas para salvar la tripulación del buque náufrago...”


El relato del naufragio aconteció según el diario de la siguiente manera: “...El bergantín goleta Jean-Marthe, a consecuencia sin duda del espantoso temporal reinante, no pudiendo sostenerse por más tiempo en la mar se aventuró a acometer la barra a media marea y fue como era natural arrojado por una embravecida mar sobre los bancos del N. E. próximos a ella.

A las cuatro y media se encontraba atravesado, sufriendo el furioso embate de las olas y separada de la tierra la gente que lo tripulaba, por el abismo de esas mismas olas, a distancia de dos cables.

En la situación que ocupaba el buque era imposible la intervención de las lancha del puerto. Mientras, cinco hombres se distinguían, a lo lejos, subidos en los palos del bergatín, y aunque la fuerza del viento impedía oír sus clamores se comprendía la angustiosa desesperación en que se hallaban….”

El comandante de marina, que había participado en el naufragio del “Rita”, que había naufragado el 11 de marzo 1863, también junto a la mojijonera, se hallaba en Las Arenas. Viendo la imprudencia de enviar lanchas en auxilio de los náufragos, decidió arrojar algunos cohetes con un disparador que se utilizaba en esos casos, con intención de darles un cabo, pero la distancia y sobre todo la violencia del viento lo impidieron: “...Entonces el capitán Sr. Arano le indicó la conveniencia de emplear uno de los botes salva-vidas, que perteneció al vapor Rita. Acogida la idea como última esperanza, en un momento fue trasportada en volandas la pequeña embarcación, y a la primera solicitud de la autoridad marítima, se presentaron seis valientes marinos cuyos nombres se indican a continuación, quienes arriesgaron heroicamente sus vidas para salvar a los náufragos, que seguían con ansiedad creciente los movimientos de la gente en la playa.

El pequeño bote salva-vidas fue llevado a hombros hasta las mismas rompientes de la playa, y allí a flote sus valientes tripulantes avanzaron sobre el hervidero de mares en busca de sus compañeros de la goleta, teniendo un delgado cabo de retenida de tierra.

El espectáculo que ofrecía la pequeña cáscara luchando con las embravecidas olas era impresionante, al ver cómo avanzaban al impulso del vigoroso aliento de los remadores hacia los náufragos. Un grito de alegría y entusiasmo salió del pecho de todos los que contemplaban la heroica acción cuando el bote llegó al costado del bergantín goleta, y cuando algunos momentos después desembarcó en la playa conduciendo a los cinco hombres que aguardaban la muerte hacía un instante en los palos, y el capitán cuyo mal estado le había impedido subir con sus tripulantes. No es posible describir el sentimiento general que en todos se experimentó al estrechar en sus brazos a aquellos desgraciados y a los valientes marinos que los habían salvado, exponiendo sus vidas.


El capitán M. Thibaud, afectado sin duda por las violentas emociones que recibió como mayor responsable, llegó a tierra en un estado de completo desvarío, así como otro marinero, atontado por efecto de algunas contusiones. A todos se les prodigaron prontos auxilios y merced a las disposiciones que se tomaron, aquellos hombres que creían perdidas sus vidas pocos momentos antes, se hallaron perfectamente atendidos y a salvo...”

Al salvamento acudieron multitud de personas de Getxo, distinguiéndose entre ellos los capitanes Sres. Arano y Andres Cortina, el Alcalde de Getxo Juan B. Manene, los Sres. Bareño, Arechavala y otras personas, que contribuyeron con gran abnegación al salvamento de los náufragos. Los nombres de los salvadores de la Jeunne-Marthe fueron los siguientes:

De Algorta: Ramón de Larrondo, Julián de Menchaca, Anastasio Sánchez,

Del vapor Pelayo los tripulantes: Víctor Ayala, Braulio de la Hoz y Epifanio de Garay, los cuales, iban a ser recomendados al gobierno para homenajearlos, por la Comandancia de Marina y Fomento y el cónsul de Francia.

El día 2 de noviembre de 1863 el diario marítimo de Barcelona “El Lloyd Español” anunciaba en su portada: “...Han sido agraciados por S. M. la Reina, con la cruz de beneficencia de tercera clase, los marineros Ramón de Larrondo, Julián de Menchaca, José Atanasio Sánchez , Epifanio de Garay, Braulio de la Hoz y Victor Ayala, por la abnegación que demostraron en el salvamento de la tripulación de la goleta francesa Jeune Marthe que naufragó en la boca del puerto de Bilbao…”


No fue esa la única mención, ya que el cónsul de Francia en Bilbao, según informaba el diario madrileño “La Regeneración” del miércoles 27 de mayo de 1863: “...El ministro de Marina y de las colonias del vecino imperio, sometió a la firma de Napoleon III un decreto confiriendo la medalla de oro de segunda clase al capitán retirado y guardia-ría de Portugalete, D. Juan José de Arechavala, y medallas de plata de segunda clase, a sus convecinos los Sres. Aspiazu y Gómez . En lo que concierne al salvamento de la tripulación de la Jeune Marthe, el cónsul recibió la orden de entregar a cada uno de los marinos que tripulaban la lancha salvadera la suma de 40 francos y además proponerlos para medallas de plata de segunda clase...”

La Jeune-Marthe y sus rescatadores, cuántas escenas similares se produjeron en aquellos tiempos en que la barra obstruía el paso de los buques a través de la ría, cuando los contramuelles no existían y los temporales barrían nuestras costas. Esta es una más de esas historias de salvamentos, que poco a poco iremos viendo pasar por estas páginas.

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