MEMORIAS DE GETXO

miércoles, 3 de diciembre de 2014

REVUELTA DE LOS LANCHEROS DEL PUERTO


En muchas ocasiones los hombres de mar se han revelado contra las ordenanzas que afectaban a sus maltrechas economías, pero quizá una de las mejor documentadas sea la de los Lancheros del Puerto de Algorta en 1806, que se negaron a la Ordenanza que les obligaba a numerar sus lanchas. 
 
En esa fecha los Lancheros del Puerto y la Cofradía de Algorta se negaron a colocar en su popa la numeración que les era requerida . El 27 de octubre de 1806 dirigían un escrito al Consulado de la Villa de Bilbao justificando su negativa. Era el Mayordomo de la Cofradía Antonio de Múgica quien firmaba el escrito en el que decía: “...estando los lancheros de esta Cofradía en el libre ejercicio de abordar y dirigir en la barra los barcos de comercio, se han visto en la sensible necesidad...,...por una providencia firmada por el Comandante Militar, para que las lanchas no se alejen más de dos leguas y vuelvan sin pernoctar en la mar...,...y deban dar cuenta de la salida generada al pueblo al que pertenezcan y sean numeradas en las popas...”, seguían con sus alegaciones diciendo: “...para evitar las gravosas consecuencias que sobrevendrían, han resuelto abandonar el uso de las lanchas, si no es que la piedad del Reino...,...se digne a conceder que no se realice esta novedad...”. 


 
El 1 de noviembre de 1806 el Consulado de Bilbao intercedía ante una autoridad a la que denominaban “Excelentísimo Señor de Mar y Tierra Príncipe de la Paz”, en ella decían: “...El Consulado de la Villa de Bilbao …,...faltaría seguramente al desempeño de su más principal obligación, si difiriese un solo momento en trasladar a manos de V.E. El adjunto memorial de los Lancheros del Puerto y Cofradía de Algorta en la Anteiglesia de Guecho...”. En esa instancia el Consulado defendía y explicaba la posición de los afectados, a los cuales atribuía la virtud de: “...ser los más diestros, y atrevidos remeros, y pilotos lemanes de esta costa...”. Recordaba en la misma los importantes servicios que en todos los tiempos habían hecho a la navegación, y advertían del posible abandono de sus Lanchas en caso de no ser exonerados de la numeración de las mismas y de los graves perjuicios que para el comercio ocasionaría. 

Le seguía una declaración de servilismo al monarca, o bien un formula cortesana, de las de quedar bien, ¿quizá no sentida?. En la misma se pronunciaban sobre el desconocimiento de las causas que habían provocado aquella circunstancia y dando coba decían: “...siempre ha reconocido una constante fidelidad y amor al soberano...”. Indicaban en la misma carta: “...Ellos son los que generalmente por no decir los únicos, que se emplean en el lemanage, o ministerio de dirigir los navíos, cuando se avistan en la costa, llenando este destino con un esmero y desvelo incomparables, sin que se conozcan en esta circunstancia otros de su ejercicio, que puedan suplir la falta con igual diligencia y exactitud...”. 
 
En estas afirmaciones sí que expresaban con sinceridad y justicia la actividad de aquellos hombres de mar, que desde la atalaya de su Puerto, avistaban la barra, que les había visto realizar innumerables salvamentos de buques, que se habían estrellado contra las rompientes en circunstancias a veces heroicas, y afirmaban: “...que de no haber sido socorridos oportunamente por estos lancheros, que exponiéndose al ímpetu y furia de las olas, han sabido prestar auxilio en los lances más arriesgados...”. 

 
Finalizaba ese escrito con la solicitud al monarca de: “...se digne escuchar favorablemente el recurso de aquellos individuos de la Cofradía de Algorta, accediendo a la gracia, que imploran en el estado de amargura, que les aflige...”. Seguían con otra ración de coba al soberano: “...Así lo espera el Consulado de la inalterable justificación, y piedad de V.E., a quien el cielo conserve dilatados años para bien general y de la nación...”. No hay noticias sobre el resultado de aquellas adulaciones, pero tras las duras condiciones de aquella vida, la desaparición de la barra, hizo que las catástrofes marinas en nuestra costa decayeran y con ella un modo de vida.

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