MEMORIAS DE GETXO

lunes, 8 de diciembre de 2014

El PROFESOR DESTERRADO


A lo largo de los siglos los destierros se sucedían por motivaciones políticas. Incluso en el Fuero Nuevo de Bizkaia, en la ley XVII del Titulo -I- se contemplaba esta pena con la pérdida de la mitad de sus bienes y destierro a perpetuidad. En algunos casos como en del encartado Antonio de Trueba, de quien ya hablé en otras ocasiones, fue bajo la acusación de formar parte de las filas Carlistas. Tras la segunda guerra Carlista y la victoria de los Liberales, en el municipio vecino de Leioa, se solicitaba una relación de alistados en el bando contrario. Se les embargaron sus bienes y se les desterró a ellos y sus familias. También en Getxo, en 1833 se realizaron listados de aquellos que habían participado en las filas carlistas y se realizaban inventarios de sus caseríos y bienes. 
 
Estas prácticas nos llevan a ver esas mismas actuaciones, años mas tarde, en nuestro propio pueblo. En esta ocasión el desterrado iba a ser un vecino de Getxo, un profesor de música, D. Martin Pérez de Anuzita, profesor de música en las Escuelas Municipales del ayuntamiento bilbaino. El acontecimiento, la celebración de la “Fiesta de la Raza”. El motivo de aquel castigo fue su negativa a tocar la “Marcha Real” durante una ceremonia en la Iglesia de Las Mercedes de Areeta-Las Arenas. Era organista de dicho centro religioso. 
 
Corrían los tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), En la alcaldía de Getxo estaba Luis Urresti Campuzano y en Bilbao Federico de Moyúa y Salazar. También se creó en todo el estado el partido único “Unión Patriótica”, partido de corte conservador y derechista, cuyos afiliados provenían principalmente de las filas del catolicismo, funcionarios y caciques rurales. No es de extrañar que la denuncia sobreviniera de aquellas almas, que al no oír su marcha favorita, provocaron la denuncia. 

 
Y así, mientras en el Arenal bilbaino celebraban los miembros de la “Juventud Monárquica” con un popurrí de música que comprendía “...música de autores exclusivamente españoles...”, en la que una de las melodías interpretadas era el pasodoble “España Cañi”, a la vez que Julio Lazurtegui calentaba motores con motivo de esa celebración: “...la España conquistadora y descubridora...,...la fe de sus sacerdotes...,...que conquistó para la civilización esa inmensa heredad...,...con levadura de su sangre y lengua...”. 
 
En marzo de 1924 el Presidente del Directorio, refiriéndose a un famoso desterrado bilbaino decía: “...para mi no es sabio, ni nada que se le parezca...,...yo creo que un poco de cultura helénica no da derecho a meterse con todo lo humano y lo divino y a desbarrar sobre las demás cuestiones...,...ahora se entretiene enviando cartas a sus amigos...,..si vuelve a ocurrir lo meteremos en cintura...”, demostrando la falta de respeto que aquella dictadura tenía hacia la cultura y las personas.

El destierro se le comunicó a Martin en ese aciago año de 1924. Y por aquella providencia se veía obligado a permanecer alejado de su domicilio, durante dos meses, a una distancia no inferior de 200 kilómetros. Lo que obligó al desterrado a dirigirse al ayuntamiento en el que prestaba sus servicios solicitando poder ausentarse, durante el periodo de destierro, para cumplir su condena, sin perder su puesto de trabajo, solicitud que realizaba el 23 de octubre de 1924. El Alcalde de Bilbao aceptaba a medias la solicitud, ya que la perdida de sueldo durante aquel tiempo le fue mantenida. 

  
El 1 de diciembre de 1924, Martin recibía una comunicación del Ayuntamiento de Bilbao, en la que se le comunicaba que “...habiendo sido indultado del cumplimiento del resto de la pena de destierro que le fue impuesta, desde esta fecha toma posesión del cargo de profesor de clases especiales música, de las escuelas municipales de esta Villa...”, recordada a la alcaldía que “...habiendo sido indultado al de un mes del cumplimiento del destierro, y que el abandono de mi actividad académica, no fue debido a mi deseo, si no a fuerza mayor impuesta. Solicito del consistorio me sea abonado el mes que tuve que dejar de asistir a clase...”. Sin embargo, el consistorio bilbaino no estimó oportuno abonar aquellos emolumentos, castigando al vecino de nuestro barrio por negarse a tocar una marcha contraria a sus ideales, acontecimiento que se había producido en un centro religioso. 
 
Y así, como si de una romanza del desterrado se tratara, con lamentos a su musa perdida, expresando pesares de su memoria y paisajes perdidos, del lecho abandonado, con hambre, sin palabras que le alentaran, temeroso de no volver a ver sus lugares queridos, se despedía un pobre maestro de música, que por negarse a entonar una partitura indeseada, por la que fue castigado a vagar por campos extraños. Y quizá como el poeta Ovidio pensara: “...Carmina nil prosunt: nocuerunt carmina quondam prímaque tam miserae causa fuere fugae...”.



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