MEMORIAS DE GETXO

lunes, 17 de marzo de 2014

FEDE MERINO LA FOTOGRAFIA DE CALLE EN ALGORTA


Cuando hablamos de la fotografía en Getxo, lo hacemos pensando en sus calles, sus gentes, sus edificios, pero pocas veces pensamos en el personaje que se sitúa detrás de la cámara. De cómo ve la imagen, a las personas, a la sociedad, cómo las siente, quién es, de dónde viene, a dónde quiere ir, qué desea transmitir. Esto es lo que trataremos de ver a través de Fede Merino. 
 
Pero, ¿quién es Fede Merino?, hay personas que necesitan presentación, pero el personaje que nos trae, lleva tanto tiempo entre nosotros, en nuestras calles, en nuestras fiestas, que se mimetiza en nuestro paisaje urbano. A pesar de ello haremos una retrospectiva de su historia. 
 
Fede Marino nace en Reinosa (Cantabria), en 1943, sus primeros estudios los realiza en el Colegio San Jose (un Colegio de Frailes). En aquella época Reinosa era una sociedad doble, por un lado ganadera y por otro industrial. En 1950 contaba con una población de 9.450 habitantes. Los juegos de calle de los niños de la época eran afines a los juegos vascos, en su opinión “...la industria allí asentada (una filial de AHV, con técnicos y gerentes vascos) daba presencia diaria a la cultura vasca...”, “...Todos los pueblos del Cantábrico son afines en paisaje, tipología y cultura, de hecho, cuando vinimos a vivir a Euskadi, apenas noté diferencias...”. 

 
A los 13 años fue a estudiar a Madrid, al seminario diocesano, realizando los cursos de latín y filosofía, permaneció en él hasta los 20 años. Con su título de Profesor de Letras bajo el brazo, viajará a Donostia, donde se habían asentado sus padres desde 1960. Vive durante un corto periodo de tiempo en Bilbao (1967-1968), hasta que se afinca en Algorta en 1969. 
 
En esos años tiene una vocación doble, está a medio camino entre el fotógrafo y el literato. Su primera vocación le lleva a escribir, “...las letras son mi universo...”, escribe poesía, teatro, cuentos, novela, aunque en ese tiempo no llega a publicar, salvo en alguna revista. Se presenta al Premio Planeta, en el año 1975, con una novela titulada “REVOLVER (arma y búsqueda)...”, novelando de su propia vida. 
 
Finalmente elegirá como medio de expresión la fotografía, “...literatura y fotografía son juegos mentales, que empiezan en la cabeza..,...luego tienes un instrumento, puede ser la pluma, puede ser la cámara, pero el espacio de creación es común, es el cerebro...”. 

 
Desde pequeño siente una gran atracción por el dibujo, tiene una inclinación clara a todas la formas de expresión gráfica. Cultiva con exquisitez la caligrafía, llena de casas y cerditos los azulejos de la cocina y aún hoy sigue abocetando sus trabajos. Y siente preferencia por el lápiz y la tinta china. 
 
Sus primeras fotografías las realiza a los 10 años. Alguno de esos negativos los conserva gracias a su ama. En su casa siempre había una cámara, que para él era “...un instrumento mágico..”. Sus primeras fotografías las realiza con una cámara “Kodak/cajón”, que utilizaba una película 120, “...eran unas cámaras cuadradas, negras, misteriosas e impracticables, en las que a duras penas veías lo que pretendías fotografiar, que parecían cajas de zapatos...”. Las fotografías que realizó en aquella época, estaban fundamentalmente relacionadas con temas familiares. 
 
Siempre piensa mucho las fotografías. Guarda en su recuerdo una que con 11 años, realizó a su tío Pedro, que era ganadero y posaba junto a una pareja de vacas, “...oye el disparo!, pero duda que haya tomado la fotografía, así que vuelve a disparar, …”, al final dos tíos Pedro y cuatro vacas con sus ocho cuernos!!! No conserva el negativo, pero en su memoria la imagen permanece indeleble. 

 
Del mundo de la fotografía, lo que más le atrajo fue su capacidad de contener mensajes, “...si no los contiene, también los contiene: la cámara siempre muestra la intención y la voluntad del fotógrafo...”. La capacidad de la cámara de interpretar y comunicar pensamientos, es tan grande como la de la literatura. Para él, esa fue una de las razones que le empujo al mundo de la fotografía, y otra razón fue la inmediatez, que en un momento “... resuelve y contiene todo lo que se quiere decir...”.

Fede, al preguntarle qué es la fotografía, responde: "...El fotógrafo es testigo, memoria, intérprete y trasmisor de la Realidad...", al preguntarle si un fotógrafo se hace o nace, me dice que “...todo depende del mundo interior de cada uno, es en ese mundo interior donde se están produciendo las cosas..”, por eso afirma que todo oficio responde a necesidades interiores. La técnica viene a continuación a resolver los problemas para manifestar adecuadamente ese mundo interior. 
  
Respecto a sus maestros en la fotografía, según él, provienen del mundo de las letras, más que de la imagen. Uno de ellos (desde 1973) es Julio Caro Baroja, de él tiene una retrato en su estudio “...a la izquierda, bajo la ventana, es el único ser humano que me acompaña todos los días. Ya no me habla como entonces, pero me basta ver sus ojos y sentir su aliento para saber lo que tengo que hacer...”. Otras fuentes han sido la literatura Taoista, la novela americana del siglo XX, Henri Cartier Bresson, magnífico fotógrafo francés, considerado por muchos el padre del fotorreportaje, y viejos amigos y maestros como Oteiza y Chillida. 

 
Cuando hablamos de Getxo, de sus lugares preferidos, cita el Puerto Viejo. Un lugar poco mediatizado por las prisas y los ruidos, donde conviven los perros y los gatos, los niños y los mayores, donde la conversación es fácil y los personajes entrañables. Como gran observador que es, lo que más le interesa es lo que ocurre en la calle, la vida de la gente ordinaria, que tan bien, ha sabido plasmar en sus fotografías: los juegos de los niños, las escenas del mercado, los trabajos de cada día, esos momentos mágicos entre los últimos rayos de sol y el humo de los cigarrillos, en torno a un vaso de vino. 
 
A lo largo de este reportaje reproduzco algunas esas fotografías, que ven ese Getxo plácido que tan bien ha sabido mostrar, donde la vida era muy diferente a la actual, el espacio estaba menos lleno de ruido, había menos prisa, los vestidos eran más baratos, los coches más pequeños. La gente en las casas tenía menos cosas, era una vida más simple, donde las relaciones eran pausadas, donde los conflictos eran fáciles de resolver. 
 
Sus recuerdos de las fiestas son agradables, más centrados en el Puerto Viejo, para él “...las fiestas grandes eran las del Puerto...,... luego la gente empezó a desplazarse para arriba...”, pero los buenos momentos del Puerto son imborrables. 
 
Sus recuerdos de las movidas reivindicativas de los años 70-80, los verbaliza como de mayor afinidad que la actual, fundamentalmente de carácter abertzale, con unos objetivos más focalizados. Quizá una de las mayores celebradas en Algorta fue la de la reivindicación de la legalización de la Ikurriña, en 1977, en la que participó la mayor parte de la población. Todas aquellas reivindicaciones, tenían su espacio en las fiestas del Puerto. 

  
Volviendo a la fotografía, para Fede, lo más importante es el contenido, el significado, Y a la hora de manifestar el significado, casi siempre se queda con el blanco y negro, en el que el color es descartado a favor del contenido. Para él las arrugas del rostro son relatos “...como me dijo un bermeano, cada arruga es una galerna sufrida en la mar...”. 
 
En una de sus fotografías, sacada en el Bar Gurugú de Algorta, se plasma la magia y el poder de la fotografía. “...Es media tarde, los viejos amigos juegan, como cada día, su partida de cartas, a esa hora la luz que se cuela por la ventana es asombrosa, viste de modo diferente a cada personaje, el momento es silencioso y sosegado, el humo del tabaco da cuerpo a la luz...: es en ese momento cuando la fotografía se ofrece a tus ojos en todo su esplendor, como una flor o un atardecer. Entonces sacas la cámara que llevas siempre en el bolsillo y disparas, y ya está...” Es más importante el mensaje que los instrumentos y las técnicas, da lo mismo fotografía analógica que digital, lo importante es lo que quieres transmitir. 
 
Entre sus trabajos fotográficos está el libro editado en 2012 “La Nobleza de la Vida Cotidiana, Getxo 1973/1998”, el Archivo Gráfico del Teatro Arriaga (Bilbao) entre 1987 y 2003, y considera como su preferido el que realizó en 1986/87 en AHV, editado en 2013 bajo el título “Altos Hornos de Vizcaya y la Industrialización”, que, como refleja en su presentación “...es la historia de los titanes, que levantaron en vilo las montañas, y cambiaron el destino de los tiempos...”. 

 
A lo largo de su vida profesional ha utilizado varias cámaras, pero dos son sus preferidas, una Reflex Nikon FM2, cargada con TRIX y su objetivo preferido: el 24 mm., y una cámara Rollei 35S que habitó en su bolsillo durante 30 años y que aún se conserva en buen estado. 
 
Hablando de los mensajes que contienen las fotografías, matiza “...toda fotografía (incluso la más banal) tiene un mensaje político, unas más implícito, otras más explicito, que corresponde al sentir político del fotógrafo. Por otro lado el sentir político del receptor de la fotografía condiciona su percepción, como la caja de resonancia condiciona el sonido de la cuerda...”. 
 
Aunque a veces depende de los canales, de los intereses de venta de esa imagen, de la distribución que de la misma hagan las agencias. Por ejemplo: “...Guerra de Vietnam, la campaña con imágenes que hace Paris March, contra la guerra generan conciencia y opinión en todo el mundo hasta obligar a EEUU a retirarse...”. 

 
Aunque como él mismo reconoce “...soy poco viajero...”, entre las fotografías que aún le gustaría realizar están los paisajes nevados y ese mundo mágico que es China y su cultura milenaria. En su momento se quedó con ganas de haber bajado a la mina y retratar aquel mundo de cuarzo, oscuro y violento, de rostros sudorosos tiznados por el carbón. 
 
Desde 1985-86 tiene como colaborador a su hijo Karlos, con quien pacta todos los trabajos, “...hay que pactar todo, debe ser así y es muy bonito que así sea...”, de otro modo aparece la imposición y fallan los resultados. También reconoce que existen territorios en los que su hijo tiene más capacidad “...es un gran técnico en el laboratorio y en informática...”. Buscando definirlo lo hace hablando de la música: "...Karlos es más interprete que compositor...”.
 
Opina que su legado fotográfico está reflejado en su libro “La Nobleza de la Vida Cotidiana, Getxo 1973/1998”, impregnado por el pensamiento de Julio Caro Baroja: “...La Vida Cotidiana es un territorio no atendido, y sin embargo es el origen, el contenido y el sostén de la vida entera...”. 

 
Hasta aquí un pequeño semblante de este fotógrafo, que vive actualmente en Berango, que ha sabido plasmar con su cámara muchos de los momentos más entrañables que en los diferentes rincones de Getxo han protagonizado algunos de sus vecinos. En el mismo, para justificar algunas de las afirmaciones sobre su magia como fotógrafo, incorporo algunas de sus obras de arte, que amablemente me ha permitido utilizar.

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