MEMORIAS DE GETXO

jueves, 1 de junio de 2017

LA ACADEMIA SAN IGNACIO



A pesar de que mi entrada “Las Fiestas y la Plaza de Alango” del 15 de mayo del 2013, causó un encendido debate sobre si el nombre de la cofundadora de la “Academia San Ignacio”, también conocida como “Academia Bidegorri” era Amalia o Amelia. Estas diatribas generalmente buscan el contraste de pareceres, sobre todo cuando están sacadas de la memoria oral, para entre todos recobrar las pequeñas historias que forman parte del devenir de los tiempos de los barrios de Getxo.

Me atreveré a traer nuevamente esta academia a mi Blog en una mezcla de tiempos y recuerdos de alumnos que asistieron a ella. El centro nace en la calle Marticoena de la mano de Amelia Bidegorri y de Mari Andikoetxea. De allí se traslada a la Plaza de Alango ocupando la vivienda de Amelia. Como decía en mi anterior entrada, en la fotografía que encabeza este artículo, a la derecha del Caserio Santuku donde vivió el futbolista del Getxo y más tarde del Athletic de Bilbao, Javier Hormaza, se ve una parte del edificio que ocupaba la academia. En la planta superior vivía el Comandante Scanelles; en el primer piso se ubicó la academia; abajo en la bodega se encontraba la carpintería Bidegorri.


De la década de los 50 al 60 alguno de sus ilustres alumnos decía: “...Mi educación infantil fue entre monjitas de La Caridad y el bachiller en el famoso “centro de acogida o campo de concentración y exterminio de neuronas virginales”, conocido como "Academia Bidegorri". Este nombre significa “Camino Rojo” y al terminar el periplo de unos años, estaría totalmente convencido de que no existía mejor calificativo para semejante antro educativo…”

Pero como para gustos están hechos los colores, otro de aquellos alumnos, me comentaba recientemente en un correo electrónico: “...Creo que entre padres, hijos, hermanos y sobrina (hablo de l@s Bidegorri), yo me quedo con Amelia (la original) y María Andikoetxea que era la socia de Amelia Bidegorri. Eran maestras de época, y sus métodos de enseñanza no tenían parangón en toda la zona (Getxo y sus alrededores). Yo estuve en la academia para aprobar el bachiller elemental (con 14 años benditos), pero estoy muy agradecido de lo que allí aprendí. Se hacían las duras porque tenían un objetivo, que vag@s, rebeldes sin causa y despistad@s fuesen en el futuro personas de provecho. Sí, claro que había tirones de orejas y calienta manos con la regla y algún estirón de pelos y muchas hojas copiadas repitiendo frases y frases y domingos a la mañana muy tempranito (madrugón) entregando trabajos en la casa de Mari y....domingos a la tarde castigados en la academia “estudiando” toda la tarde y...más y más, pero, cuando llegaban los resultados a fin de curso y veías que ibas tan preparado y que aprobabas todo, eso para ti y para ellas no tenia precio. Más de una vez se les veía la vena tierna en sus ojillos y aquello no tenia precio para los allí presentes. Hoy en día seria impensable aquel método de enseñanza pero, visto lo visto, a mi, que era un vago redomado, me sirvió como revulsivo para dar una satisfacción a mis padres y un cambio de ritmo, que lo tenia adormilado. Sería bonito y justo que, desde una información más detallada, les dedicasen un poquito de atención a estas maestras de antaño, que formaron, en su tiempo, a personas con desapego al estudio y que, más tarde, bastantes alumnos de Bidegorri hicieron carrera como buenos profesionales...”


Como se puede ver por estas dos percepciones de dicho centro, las opiniones eran para todos los gustos, aunque todas tenían algo en común con los métodos de enseñanza de la época “La letra con sangre entra”, no era el único centro que aplicaba esa máxima, muchos recordaran otros de Romo y Las Arenas.

Pero no todo eran penas, los cumpleaños de Amelia Bidegorri y de Mari Andikoetxea eran días no lectivos, los alumnos acostumbraban a regalar a escote algún presente a ambas profesoras, disfrutando de un merecido día de asueto. Algunas veces, en esos días, algunos discípulos amantes de las artes realizaban representaciones teatrales en la biblioteca. Precisamente en la fotografía inferior, realizada en la calle Martikoena en 1957, podemos ver a alguno de aquellos galanes.


En el curso 1964-1965, en Ingreso de Bachiller tenían como discípulos, entre otros, algunas caras conocidas de Algorta, entre ellas: las hermanas Sarria y Ansoleaga, Itziar Garate, Rosa María Fernández, María Begoña Igual; los hermanos Moragués y Garate, Javier Anchia, Ángel Garaizar y Saturnino Aguirremota.

Muchos otros cursos poblaban aquellos pupitres, en los que sufridos estudiantes trataban de superarse día a día. En 1965-1966 aparecían cursos, separados de chicos y chicas, entre ellos estaban Javier Berger, Alberto Basterrechea, Ángel Mari Guerediaga, José Ramón Pérez Albeniz y José Ramón Deusto; y entre las chicas Isabel Sarria, María Pilar García de Andoin, Begoña Learra y Mari Carmen Trebolazabala.

También se impartían cursos de verano, en el curso académico de 1.966-1.967, aparecían nombres como: Los hermanos Romo, Zulueta, Zalduondo y Echegaray. El verano del 70 debió de ser muy demandada la academia por los padres de los alumnos, ya que los inscritos ascendieron a 47, entre ellos aparecían: Los hermanos Mesanza, Maria Jose Achutegui, Juan C. Batarrita, Victor Vidaurrazaga, Juan Miguel Abellanal, las hermanas Unibaso y María José Santamaría.


Los recibos del centro se expendían en 1.969 bajo el manto del “Grupo Económico Autónomo de Centros de Enseñanza no Oficial”, del Sindicato Nacional de Actividades Diversas, y el centro figuraba como “Academia San Ignacio”, con domicilio en Alangoeta N.º 1.


Este pequeño apunte sobre la vida de este centro, de Algorta, ya desaparecido, nos acerca a los métodos de enseñanza y las personas que lo recibían. !Cuántos habrán bajado a la carpintería de Anselmo a recoger el trozo de tabla, que les iba a estimular en sus conocimientos, bien aplicado sobre sus manos! ¿Y quizá inocentemente frotaron la palma de la mano con ajo, en la que iba a ser depositada aquella infusión reveladora de ciencia, pensando que mitigaría el dolor del castigo iluminador. !Toda una generación crecimos bajo el amparo de truculencias didácticas como ésta!.

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