MEMORIAS DE GETXO

miércoles, 14 de junio de 2017

TXIRRI, UNA MONA REVOLTOSA



Habrá pocas monas en el mundo, que viviendo en un bar, se hayan hecho más célebres que la “Mona de Romo”. Se trataba de un espécimen de los llamados “Titis”. Tenía por nombre “Txirri”, y se hizo famosa por sus travesuras en los años 60. Pero previamente conoceremos el local en el que estuvo alojada, cómo llegó a él, y quienes la trajeron.

El local, una bodeguilla de vinos, situada en la calle Gobelondo de Romo, cuyo nombre fue “Vinos y licores Julian Santamaría”, establecimiento que en 1.965 abrieron Julian, su esposa Felisa y su hija Carmen. La bodeguilla tenía por mostrador unos toneles de vino, una balda alargada en su pared trasera hacía las veces de escenario por el que nuestra mona, realizaba sus cabriolas; su espacio interior lo ocupaban unos depósitos de uralita, apoyados sobre unas bases de ladrillo que servían para almacenamiento de vinos, que traía un camión cisterna.


Nuestra mona llegó al establecimiento de la mano del “Titi” y de “El Alemán”, apodos de dos clientes habituales del establecimiento. Al parecer estaban realizando unos trabajos en un chalet de Neguri, en el que habitaba nuestro bullicioso simio. Era un ejemplar de pequeñas dimensiones, de color gris oscuro y largo rabo, que había llegado a saturar a sus propietarios por sus continuas trastadas: era traviesa, gritona y muy astuta. Todo lo revolvía, por lo que sus dueños, hartos de sus travesuras, ofrecieron a ambos amigos que se la llevaran lejos.

Primero la llevaron al bar “Tudelilla”, donde José Mari, en la calle Santa Eugenia. La inquieta mona tiraba todo cuanto se ponía a mano, por lo que les indicó que se llevaran a tan revoltoso inquilino a otro sitio. A continuación la llevaron a su nuevo alojamiento, la bodeguilla de Julian. Allí recibió su nombre de guerra “Txirri”. Vivía atada con una fina cadena al cuello, sujeta a la pared, y correteaba sobre una barra de madera, que se hallaba situada tras los bidones que hacían las veces de mostrador. Aquel fue el hábitat de la mona, que con sus monerías causaba el regocijo de los clientes. Algunos afirmaban que los clientes alteraban a nuestro pequeño simio. Otros decían que era la propia mona quien los provocaba, mientras ellos reían sus gracias.


Cuentan que en más de una ocasión algún distraído cliente estuvo a punto de perder su cartera que llevaba en el bolsillo trasero de su pantalón. “Txirri” vació su cartera depositando con pulcritud en el suelo todo su contenido. Avisado por otros parroquianos, pudo recuperar sus pertenecias, !...“Txirri” era una carterista hábil y rápida..!. En otra ocasión una señora que acudía a comprar vino vio sorprendida cómo la mona, con un rápido movimiento, le chorizó un pendiente. Tuvo que ser el dueño, quien cogiéndola por detrás, le aplicó un buen correctivo, hasta que soltó aquella pequeña joya magullada por sus fuertes dientes. El perro de un comercio de comestibles de la calle Kresaltxu, también era objeto de sus travesuras. En cuanto lo veía entrar acompañado por su dueño corría hacia él para estirarle el pelo por lo que el can se resistía a entrar en el establecimiento de Julián.


Todos los clientes la conocían, sabían que era pillina y juguetona y reían divertidos sus ocurrencias, sobre todo por su habilidad para pelar cacahuetes, que degustaba con verdadera fruición. “Txirri”, junto a su dueño, sujeta por medio de una cadena, solía recorrer algunas calles del barrio, acompañando a su propietario, saludando cariñosa a los niños.

En ese establecimiento paso más de siete años, hasta 1.972, año en el que se acometió la reforma del local. Fue llevada a una bodeguilla de Karranza, allí murió; algunos decían que debido a unas aguas contaminadas que ingirió, pero quienes la conocían de cerca, afirman que fue debido a la cirrosis !Era una borrachina, asaltaba los vasos de vino con una rapidez y habilidad, digna de un malabarista!.


Pero su recuerdo cuajó en el barrio de Romo, y el establecimiento, tras su reforma, paso a llamarse “Bar la Mona”, aconsejado por el distribuidor de una marca de refrescos, que le hizo ver lo comercial y popular de su nombre. Hoy es uno de esos lugares de referencia que presta su nombre a la zona, antaño lugar de bailes para los mayores del barrio durante las fiestas.


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