MEMORIAS DE GETXO

miércoles, 20 de septiembre de 2017

UNA FIESTA LIGADA A “UNA LINDA CAPILLITA”, LAS MERCEDES



La Iglesia Parroquial de Las Mercedes de Areeta-Las Arenas es una construcción centenaria. El deslinde para la edificación del templo se realizó en 1.886, se terminó de construir en julio de 1887. El día 16 de julio del mismo año D. Pedro Lorenzo de Castañares (Arcipreste de Bilbao), bendijo el templo, que en un principio estuvo anejo a la Parroquia de San Nicolás de Algorta. El diario madrileño “El Siglo Futuro” del 21 de julio de 1887 recogía también el evento “...El sábado fue bendecida la nueva iglesia construida en Las Arenas de Bilbao, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Mercedes...” Sin embargo, fue el 28 de marzo de 1912 cuando el Ministerio de Gracia y Justicia aprobó por Real Decreto su paso a Parroquia.

Aunque ya antes de su construcción se celebraban las fiestas de Las Arenas, pero estas se circunscribían al entorno de la ermita de Santa Ana, fiestas que se celebraban por todo lo alto con presencia de numeroso público procedente de otros municipios, sobre todo de Bilbao. De ellas ya he escrito en varias de mis entradas.

Las fiestas de Las Mercedes comienzan a celebrarse a partir de la creación de una pequeña capilla en el lugar que hoy ocupa la iglesia del mismo nombre. Ya en los diarios bilbaínos eran recogidas desde 1887, año de su inauguración. Era anunciada el viernes 23 de septiembre de 1887 por el diario “El Noticiero Bilbaíno”: “…Mañana sábado se celebrará una misa solemne, en la nueva iglesia de las Arenas. El resto del día se solemnizará con el toque del tradicional tamboril y los acordes de la banda de Algorta, así como también en la mañana del domingo…” Es esta la primera referencia de prensa que se he encontrado. Incluso el “Liberal” de Madrid, de septiembre de ese año, ya hablaba del importante cambio que estaba experimentando nuestro barrio: “...para ir de Bilbao a Las Arenas, hay además de los infinitos vapores que recorren la ría, dos ferrocarriles y dos tranvías (se referían a los de Las Arenas y Portugalete). ¿Será necesario decir más en demostración del rápido florecimiento de la zona?” Y refiriéndose a nuestra playa decía: “...La playa de Las Arenas no es tan hermosa como la de San Sebastián, pero sí una de las mejores de España. Cuantos la visitan se enamoran de ella. Pocos de estos enamorados la son infieles…” 


Para hacerse una idea del movimiento de viajeros en esas fechas, baste recordar lo que escribía el diario madrileño “El Liberal”: “...Se calcula que durante el mes de Agosto han circulado sólo por el tranvía de Bilbao a Las Arenas 140.000 personas. Añádase a esto la circulación que habrá habido por el tranvía de la orilla izquierda, por el ferro-carril de Portugalete y podrá formarse una idea del asombroso movimiento de viajeros habido entre Bilbao y las dos orillas del Abra durante este verano...”

Otras fiestas acontecieron como las de septiembre de 1903, que transcurrieron con diversos espectáculos; mientras que en la Plaza del Mercado se realizaba el juego de “Los Ciegos Inteligentes”, a la vez se realizaba un concurso de dantzas vascas por parejas; más tarde actuaron los “Barrenadores” de piedra. Le seguiría por la tarde la romería y el baile. Todos los festejos fueron amenizados por la banda de música y los gaiteros de Etxarri Aranaz, y como no, con los siempre presentes tamborileros.

Pero no serán recogidas en un programa festivo hasta 1907. Y siempre, según los hábitos de la época, precedidas de la consabida misa mayor, en la iglesia de su nombre. También formaban parte de las costumbres de esos tiempos, los pasacalles encabezados por los tamborileros, así como la celebración de juegos para los pequeños, en la plaza contigua a la iglesia. Aunque la fiesta de mayores se celebra, a otras horas, en la llamada “Plazuela” (situada frente al actual Puente Bizkaia).


Una fiesta ligada a “Una linda Capillita”, Las Mercedes. Así definía la prensa bilbaina en 1910, la celebración de esta festividad en Las Arenas, vinculada a la iglesia del mismo nombre. Pero, aprovechando esa ligazón entre fiestas y edificio religioso, veamos cómo evolucionó, como describían en esos tiempos la “Linda Capillita”, y las costumbres de quienes nos visitaban:

Hacía tan solo diez años, aunque la tradición de nuestros visitantes ya venía desde el lejano verano de 1870, cuando se inauguraron los “Baños de Mar Bilbaínos”, que dichas gentes, en su mayoría procedentes de la Villa de D. Diego, acudían a nuestro barrio, y fervorosas ellas, cumplían su deberes religiosos en esa pequeña “Capillita”. Pero la colonia veraniega de familias bilbaínas fue en aumento, en tal proporción que hizo pensar en la necesidad de ampliar la capilla, construida bajo la advocación de Nuestra Señora de Las Mercedes.

La misma, al principio, tan solo contaba con una pequeña nave central, hablamos de la desaparecida tras la guerra de 1936, a la que se le añadirían dos naves laterales. Su arquitectura era severa y la patrona aparecía rodeada de flores y luces rojas y blancas que realzaba el conjunto. A ambos lados del altar mayor había otros dos altares más pequeños. De la iluminación se encargaban cinco magníficas arañas, regalo de orfebre D. Matías Romo. Estaban colocadas cuatro bajo los arcos laterales y una, de mayor tamaño, el la nave central. Otras luces de menor tamaño estaban repartidas por el coro y las naves. El adorno del altar mayor fue regalo de la señora de Olavarri, las obras se realizaron por suscripción popular, y fueron dirigidas por D. Lonardo Rucabado.


A las siete de la tarde, de ese día, con un templo rebosante de vecinos, se celebró un acto litúrgico. En una celebración de tal importancia no podía faltar el Alcalde de Getxo D. Idelfonso de Arrola, quien acudió portando la bandera del Ayuntamiento, acompañado por al banda municipal.

Ese año se inauguraba el órgano parroquial, que como venía siendo habitual, fue costeado por varias familias del ya populoso barrio y aprovechando los nuevos acordes, un coro compuesto de 40 voces de un orfeón de Bilbao, que cantó la Misa de Cesar Franck y el Credo de Gounod, dirigidos por el maestro Ansón y acompañados al órgano por el maestro D. Martín Pérez de Anucita; distinguiéndose en los solos los señores Laspiur y Arando. Durante el ofertorio se ejecutó una composición de Guridi, quien acudió personalmente.


La Junta de reformas tuvo un lugar preeminente en aquel acto. Ocupaban un lugar junto al presbiterio, los señores D. Ramón de la Sota, D. Alberto Aznar, D. Francisco Yermo y D. Enrique Borda. La homilía corrió a cargo de D. Tomás Gillin, quien disertó sobre “Todos los grandes hechos tienen un nombre y una historia”, en ella hizo historia de la institución de la orden Mercedaria. Al referirse a Las Arenas y al desarrollo que había adquirido en poco tiempo, dijo: “...Bendito pueblo que arrullado por la dulce sinfonía de unas olas en eterno rumor, has tenido las bendiciones del Cielo, sin que falte a tus anhelos esa prosperidad, que sueñan todas las municipalidades...” Para finalizar dedicó un recuerdo a los iniciadores de la reforma de la Iglesia y a los donantes.


Como venía siendo habitual en años anteriores, se celebró, por la mañana, una carrera ciclista. Por la tarde noche una romería y la proyección cinematográfica “Olimpia”. Durante años, en esas fechas se celebraron regatas en la ría. Mientras, los lugares de celebración fueron varios, la Plazuela de Las Arenas (junto al Puente Bizkaia), la calle Mayor y la propia plaza situada en la parte trasera de la iglesia. Actualmente vuelven a ser lugar de espacio festivo, la “Puente Zubia Plaza”, la de las Escuelas, la propia calle Mayor, y las calles María Cristina y Amistad donde se celebra el afamado concurso de caracoles, que ya va en su XXIII edición, y que como decía el pasado año:

!Zorionak a todos! por ser capaces de convertir nuestro barrio en un jardín gastronómico. ¡Getxo, además de su increíble atractivo urbanístico, forma un conjunto de barrios increíblemente alegres, que saben divertirse y hacer las delicias de sus visitantes también en la mesa!

Merece la pena hacer una visita ¡ No os lo perdáis!


¡ONDO PASA!

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