MEMORIAS DE GETXO

lunes, 21 de noviembre de 2016

EL VERANO DE 1886 -I-




El verano de 1886 se presentaba alegre, bullicioso y con gran afluencia de visitantes en Algorta. De hecho el barrio comenzaba a salir de su habitual monotonía con la llegada del verano. Aquella hermosa estación era esperada “cual náufrago en triste y apartada isla al buque salvador”. Se preveía que la afluencia de bañistas iba a mejorar la de años precedentes, al menos así lo indicaba la demanda de habitaciones, que familias procedentes de Madrid, Zaragoza y otras poblaciones del interior, estaban alquilando. Esto se percibía como una evidencia del crédito y renombre que la población estaba empezando a adquirir como puerto de baños, aunque Getxo tan solo contara con 2129 habitantes.

Tras la decadencia de Las Arenas como lugar de baños, debida fundamentalmente a la pérdida de su inmensa playa por las obras, que de la mano de Evaristo Churruca, verían nacer los contramuelles. Poco a poco irían desapareciendo sus emblemáticos establecimientos veraniegos (Baños de Mar Bilbaínos, Felipa Bustingorri, Las Delicias...), los hoteles y fondas que cubrían la demanda veraniega, verían también mermar su demanda.

Empezaban a ganar terreno los algorteños; primero en 1886 “La Perla” y más tarde en 1913 “Igeretxe”, según se escribía en la época “debido a los altos precios de los de Las Arenas”. Sus fondas y hoteles (“La Fonda San Ignacio”, “Hotel de Justo Ugarte”...) y las casas particulares venían a mejorar la oferta. La compañía de tranvías de Bilbao a Algorta estableció un servicio diario de carruajes con salidas desde Algorta a las 9,30 de la mañana y 6,30 de la tarde. El precio del transporte era de 2 pesetas.


Por otro lado sus nuevas obras de conducción de agua potable desde los cercanos montes de Berango, se estaban ejecutando con extraordinaria rapidez y los depósitos así como las conducciones estaban llegando a su fin. Se preveía que su puesta en marcha fuera para últimos de agosto de 1886. El proyecto de la traida de aguas potables llegaba hasta el barrio de La Arenas, lo que ayudaba a mejorar los servicios para esta población. El consistorio contrató aquel verano una “renombrada charanga” para que animara el ambiente en el barrio. La prensa decía “...para alegrar el concurrido y lindo paseo de La Avanzada...”

Algún vecino señalaba como prioritarias las obras a realizar para realzar el barrio. Decía de la playa de Ereaga : “...¿Porqué se tiene tan olvidada, o mejor dicho, tan abandonada la playa de Ereaga?...”También animaba al consistorio a emprender las obras de la carretera desde Algorta al Semáforo (La Galea), criticando que se invirtieran dos mil duros en la realización de la carretera que conducía a la playa de Arrigunaga. No parecía que el referido sujeto fuera amante de las diversiones mundanas, ya que al referirse a la celebración aquel año de la festividad de San Antonio en Martiartu, que había visto transcurrir en medio de un desapacible tiempo, comentaba: “...el día de San Antonio en Martiartu, donde se venera en humilde ermita al “Martillo de los herejes”..., tuve ocasión de ver a la mayor parte de las señoritas de este pueblo, rindiendo culto, primero con especial fervor al santo de Padua , y después a “Terpsicore” !contrastes de la Vida!...” Relataba la vuelta a casa tras la romería: “...se efectúa por estrechas veredas, interrumpidas por riachuelos. Esto hace que los “pollos” rivalicen en finura y galantería con las damas. ¡Qué cuadros tan pintorescos y animados!...” Añadiendo a continuación una aseveración que hoy resultaría incomprensible: “...los que ya somos casi viejos...”, y citaba a Espronceda: “...!Treinta años! Funesta edad de amargos desengaños...” Parece la crónica de un joven convertido en viejo prematuro.

En 1879 se había publicado una guía médica de Bizkaia. “El Noticiero Bilbaino” hacía referencia a la misma en julio de 1886. En ella se hablaba sobre la antigüedad y utilidad de los balnearios marítimos y terrestres en el tratamiento de enfermedades. Aquella guía fue elaborada por el Dr. Gil y Fresno. El galeno afirmaba que se remontaban a la más oscura antigüedad, fabulaba sobre Venus, diosa del amor: “...surgiendo resplandeciente y hermosa del fondo de los mares...” Para justificar sus aseveraciones recurría a Platón quien: “... a su paso por Egipto con objeto de ver a los adivinos, cayó enfermo, y los sacerdotes le curaron con los baños de mar...” Y añadía: “... Lava el mar las dolencias del hombre...” Tras hacer un recorrido por los balnearios y playas de Bizkaia (Pobeña, Zierbena, Portugalete, Plentzia, Baquio, Bermeo y Ondarroa...) llegaba a los de Getxo. Las Arenas ocupaba el primer lugar: “...Frente por frente con Portugalete se ha creado en nuestro tiempo una estación balnearia..., indudablemente es la primera de Vizcaya por la seguridad de su extensa playa..., por la hermosura de los edificios que la pueblan y sobre todo por Ia particularidad, rarísima, a orillas del mar, de los dilatados, sombríos y frescos bosques que casi tocan con su playa. El magnifico establecimiento que lleva el nombre de “Baños de Mar Bilbainos”, la galería balnearia adjunta, las fondas y casas de huéspedes que allí abundan, y la gran comodidad y seguridad de la playa hacen de Las Arenas un lugar recomendable como balneario..., se esta terminando, también en su centro, un teatrito, donde no tardara en actuar un cuadro de modestos artistas..., las comunicaciones entre Bilbao y Las Arenas son cómodas y baratas por medio del tranvía de Bilbao a Algorta y los vaporcitos que ya, merced a las grandes obras de mejora de la ría, pueden hacer el viaje sin necesidad de esperar a la pleamar...”


En ella se mencionaba el barrio de Algorta, del que se decía: “...la populosa, blanca, limpia y hermosa Algorta, de ricas y abundantes aguas potables. Se asienta en una planicie que se extiende hasta la punta de la Galea. Es una población naciente compuesta de elegantes y cómodas casas colocadas sin orden de alineación, edificadas en su mayor parte por navegantes que, cansados de romper mares, han venido a establecerse en este punto con el fin de pasar tranquilos el resto de sus días. Casi todos los edificios de Algorta son de purísimo color blanco. El forastero encuentra en este puerto todas las comodidades que puede apetecer. Playa de menuda arena y suave declive, resguardada de los vientos. Algorta no ha cesado de progresar en población, en embellecimiento ni en comodidades. La bajada y subida de la playa, que eran algo penosas, no tienen ahora aquel inconveniente, porque acaba de hacerse un hermoso camino, por el que transitan cómodos carruajes que por un insignificante precio facilitan la bajada y la subida. La gran fonda de San Ignacio los tiene propios para los que se hospedan en ella. En cuanto a hospedajes para el forastero, los tiene Algorta arreglados a todos los gustos y fortunas...” La Fonda San Ignacio era un establecimiento muy acreditado en los medios bilbaínos, disponía de habitaciones y mesas de comedor con vistas al campo y mar, salón de baile con dos pianos; disponía de hermosos jardines con frondoso arbolado; el tranvía de Bilbao pasaba junto al establecimiento. El fondista era el D. Jose Valle Toyos.

Tras un largo repaso de todos ellos concluía: “...Causan buenos resultados en las indisposiciones del aparato gastrointestinal, digestiones difíciles, gastralgias, infartos del hígado y bazo, de las vías genitourinarias como litiasis renal, cistitis crónicas, espasmos del cuello de la vejiga, cólicos nefríticos, enfermedades de los órganos respiratorios. como laringitis, catarros bronquiales y pulmonares...”

La propia Compañía del tranvía de Bilbao a Las Arenas mejoraba su oferta veraniega, poniendo al servicio de los viajeros desde el día 5 de agosto, su cochecito salón de diez asientos, haciendo un viaje diario, cuya salida de Bilbao tenía lugar a las cinco do la tarde, y el regreso de las Arenas a las diez de la noche. El precio del billete de ida era de dos reales. Aunque al parecer, en los días de lluvia, se mojara uno dentro del coche, tanto como si fuera en el exterior.


En la próxima entrada seguiremos viendo los cambios y costumbres de aquellos días del verano de 1886.

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