En las próximas entradas, incluyendo esta, voy a iniciar una serie de ocho capítulos dedicada a “Las Romerías y Bailes de Plaza en Getxo”.
Las Romerías y Bailes de Plaza en Getxo, formaron parte de las diversiones y enamoramientos de nuestros antepasados desde tiempos lejanos, desde, por ejemplo 1864, hasta finalizados los años 60 del pasado Siglo XX. Desde esos tiempos, tanto en el Archivo Municipal, como en hemeroteca pode encontrar datos que lo avalan.
Los bailes a lo largo de la historia de nuestra Anteiglesia coparon los momentos de ocio de una juventud con escasas alternativas festivas, estos bailes mixtos tenían al principio un único contacto entre los ejecutantes, lo que se denominó de “enlazado de manos”, modalidades que dieron paso, más tarde, al baile “suelto” o “agarrao”. Bailes que antaño se realizaban mediante aurreskus y cadenetas, corros de acordeón y ciegos, y más tarde gracias a las orquestinas en las plazas públicas durante las fiestas, y en domingos y festivos.
Unas crónicas escritas hacia el año 1588, denominadas de “Ibargüen-Cachopin”, relataban: “...A los sones de tamborines, flautas y albocas, bailan y danzan “a su uso vizcaíno, trabándose por las manos muchos de ellos y todos los que quieren danzar y así hacer un muy grande corro de danza, tomando por las manos a una mujer o moza entre medias de dos hombres, y de esta manera, cantan y bailan y se huelgan y regocijan...”
Estos bailes no fueron bien vistos por algunas autoridades, tanto eclesiásticas como por regidores políticos. Durante el Siglo XIX, la moral pública generalmente estuvo establecida por los tonsurados. Se establecieron como únicos lugares de diversión las plazas públicas y las romerías en lugares de culto campestre como ermitas o santuarios. Pero con unas limitaciones debidas a calendarios eclesiásticos: No se podía bailar en tiempos de Cuaresma y Pascua, nunca durante los oficios religiosos y siempre en pública concurrencia, bajo la atenta vigilancia de las autoridades locales y padres.
Asi que, para ver como se establecían las normas para aquellas romerías, vamos a observar lo que se decía sobre ellas en un Bando del Ayuntamiento de Getxo de agosto de 1864. Bando que era firmado por el Segundo Teniente de Alcalde D. Antonio de Zubiaga: “...Que con motivo de las romerías públicas de costumbre inmemorial, que se celebran en este pueblo los días 11, 12 y 16 del presente mes, ordeno se observen las disposiciones siguientes:
Que durante los oficios divinos, se guarden la religiosidad y decoro correspondientes.
Se prohíbe a toda persona paisana de cualquier clase, el introducirse con armas de ninguna especie, ni garrote, al punto donde se celebra la romería pública.
Nadie podra usar juegos, sean de la clase que fueren, sin permiso de la autoridad competente.
Todos los concurrente guardaran el buen orden y consideración para que no se altere la tranquilidad pública.
Quedará desierta la campa a la primera señal de retirada por el instrumento tamboril.
Por la noche no se permitirán bailes ni otras diversiones sin previa autorización para ello.
Se recomienda la observación de todo cuanto va expuesto, bajo las penas que se impondrán a los infractores según la gravedad de la falta que se cometa...” (Expediente de Romerías del A.M.G. Código1113 Signatura 4554-15 de 1864).
En otro bando, de agosto de 1876, este publicado por el del Alcalde de Getxo, D. Juan Manuel de Ugarte. Este añadía un nuevo punto a los anteriores: “...En los bailes campestres dispuestos por el Ayuntamiento para las noches de las expresadas romerías, no se consentirá el menor abuso, debiendo observar los concurrentes el buen orden que se requiere...” (Expediente de Romerías del A.M.G. Código1113 Signatura 4554-14 de 1876).
Decían a mediados del Siglo XIX que a los bailes de salón de las clases acomodadas, las clases trabajadoras opusieron los bailes de calle. En una publicación de 1870 editada por D. Juan Delmas, “Bosquejo de la Organización Social de Vizcaya” se decía: “...Cuando no hay necesidad de pasar la tarde del domingo trabajando en las heredades, jóvenes y ancianos se reúnen en el campo de la iglesia donde después de asistir a los oficios divinos que se celebran a las primeras horas de la tarde, se entregan a las diversiones. Una de estas diversiones es el baile. La juventud de las Villas que suele asistir a las romerías de las aldeas y sobre todo los forasteros que en la estación de tales fiestas abundan en Vizcaya, han introducido en dichas romerías bailes que eran en ellas desconocidos. Los alcaldes de los pueblos creen que estos bailes se avienen mal con la honestidad y pureza de las costumbres del país, y si son tolerables en un salón donde el abuso y la licencia son menos posibles, no lo son en un ancho campo ocupado por muchos miles de personas. Se fijan en las romerías bandos prohibiendo tales bailes, y por regla general ni en la fiebre del placer y el delirio de la embriaguez, hay quien infrinja esta disposición...” (Juan Delmas “Bosquejo de la Organización Social de Vizcaya” 1870).
La música callejera para los bailes se convirtió en una devoción en los días festivos. Así, frente al autoritarismo ejercido por curas y Alcaldes, además de por los padres, entre nuestros jóvenes, sobre todo en la zonas más alejadas de la capital, nuevos aires iban a traer otra modalidad de baile “el baile al agarrao”. Las mejoras en las comunicaciones mediante tranvías, diligencias y trenes facilitaron el acercamiento de aquella juventud a los bailes y romerías que se celebraban en otras poblaciones. Y como era inevitable, las antiguas costumbres entraron en colisión con los nuevos ritmos y maneras, la pugna entre las dantzas de nuestros padres, bien vistas por la iglesia, iban a colisionar con las polkas y otros ritmos de esa nueva época, batalla que tuvo su principal desenlace en el resbaladizo campo de la moral.
En esos años de 1876, durante las fiestas del verano, tanto en Las Arenas como en Algorta, los expedicionarios de Bilbao y otras poblaciones del entorno llenaban y animaban las plazas. Decía la prensa bilbaína refiriéndose a las romerías: “...Ayer por la tarde se celebro la pintoresca romería de Lamiaco (así llamaba la prensa a la fiesta de Santa Ana en Las Arenas), que tuvo gran concurrencia de público, volverá a repetirse el próximo domingo como todos los años, se espera que acuda más gente. Multitud de carruajes y vapores condujeron a gentes de esta Villa, Santurce y Algorta a la campa de Santa Ana de Las Arenas. Contaban, que los romeros bailaron sin cesar, a pesar del calor agobiante que daba la sensación que los arenales, nuevamente llamados de Lamiaco, asemejaran a los del desierto del Sahara; los anuncios de tempestad durante la tarde se hicieron cada vez más frecuentes, estallando por la noche un viento huracanado. A pesar del calor y el viento, actuaron la Banda Municipal y los tamborileros. Por la noche la animación se trasladó a Algorta donde se improvisó un baile campestre, a los acordes de una modesta charanga organizada por el Ayuntamiento. El ayuntamiento, ha conseguido organizar en poco tiempo una modesta charanga, dando así ejemplo a otras poblaciones de mas importancia que carecen de ella, y ha contribuido a la celebración de tan acreditadas romerías. Aquel año las romerías de San Nicolás y San Lorenzo se celebraron en la Campa del Castillo (Usategi) y en la Avanzada, decían, que con elegantes bailes...” Remataban el relato de la fiesta del domingo día 13 de agosto con la siguiente crónica: “...Hoy, domingo, desde las primeras horas de la mañana, nos anunciaba el tamboril que dispusiéramos el ánimo a continuas y agradables impresiones. Terminada la misa mayor, se situó en la plaza del pueblo la menciona la charanga amenizando, como es consiguiente, el lucido paseo del pórtico de la iglesia, lugar donde por la noche se celebraran los bailes. El pórtico del frontón, estaba sencillamente adornado con vistosos faroles venecianos que encerraba su espacioso recinto. A las seis de la tarde se ha reunido en la campa, llamada de la Avanzada, un inmenso gentío de todas estas inmediaciones y de Bilbao, el tradicional tamboril inspiró a un convecino de Algorta, que salió al centro formando una airosa y prolongada cadeneta para bailar uno de esos aurreskus que parecían haber desaparecido ya de la historia de nuestras populares fiestas...” (El Noticiero Bilbaíno y el Irurac Bat del 24 de julio al 15 de agosto de 1876).
Dos año más tarde, en 1879, la prensa bilbaína nos volvía a ofrecer una panorámica de las fiestas del verano en Las Arenas y Algorta. En el caso del barrio arenero, con una primicia sobre un salón de baile frente al establecimiento de Baños de Mar Bilbaínos: “...Mañana se inaugura en Las Arenas el Salón de Baile y el ambigú que los señores Novas y Mendizabal han establecido en la planta baja del magnifico edificio que se esta construyendo enfrente de los Baños de Mar Bilbaínos, ese salón responde a una necesidad que se hacía notar en la época de verano en Las Arenas. El baile, que en esas dos noches se prolongó hasta la una de la madrugada, estuvo bastante concurrido, habiendo asistido el domingo mas 100 personas, solo del sexo feo, los cuales regresaron a Bilbao en los coches del tranvía acompañados de los músicos de «La Armónica»...”
A la vez que dejaban la noticia de la orquesta que iba a amenizar las fiestas de Santa Ana: “...Mañana amenizará la concurrida romería de Santa Ana de Lamiaco, la orquesta “La Armónica” que tocará piezas escogidas...” (El Noticiero Bilbaíno del 25 de julio de 1879). Solo dos días más tarde el mismo diario anunciaba el aniversario de la colocación de la piedra cimental de la Iglesia de San Ignacio de Algorta: “...Deseando el Pueblo de Algorta solemnizar el aniversario de la colocación de la piedra cimental de la Iglesia de San Ignacio de Loyola, se celebrará el próximo jueves una gran fiesta, y con objeto de la que la romería no carezca de atractivos, asistirá una banda de música que amenizara la fiesta hasta el anochecer, momento en el que se trasladará la fiesta a la plaza del mercado que estará adornada a la veneciana. La fiesta duró hasta las dos y media de la madrugada...” Llamaban “Plaza del Mercado” a la plaza de San Nicolás, ya que este era uno de los puntos donde se realizaba la vendeja en Algorta. (El Noticiero Bilbaíno del 29 de julio de 1879).
En la próxima entrada iremos viendo los lugares de diversión pública entorno a las romerías y bailes en nuestra Anteiglesia, y como se desarrollaron en varios espacios abiertos del municipio.
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