MEMORIAS DE GETXO

jueves, 1 de febrero de 2018

SANTA ÁGUEDA Y LOS CARNAVALES



Fiestas que este año casi se solapan. La primera será el día 5 de febrero. Las siguientes, en Romo los días 10 y 17 de febrero, en Algorta los días 16, 17 y 18 de febrero. Solamente se alejan un poco en el tiempo las de Areeta-Las Arenas, que se celebrarán en marzo.

Mientras que la primera celebración, Santa Águeda, se ha mantenido en el tiempo sin sufrir grandes alteraciones (incluso durante la dictadura) casi siempre se han realizado con celebraciones nocturnas, aunque también en algunos casos, diurnas. Efeméride en la que se aprovechaba para pedir el aguinaldo. Por ejemplo en 1930 los coros de Santa Águeda ayudaron al Hospital Hospicio de Getxo, con donaciones del producto de su recaudación.


Esta celebración iba acompasada de bertsos, que iban variando sus estrofas, dependiendo de la zona en que se cantaban. En Bizkaia, muchos pueblos tenían sus propias coplas, aunque parece que existía una, quizá la más popular, que ha llegado hasta nuestros días y que se canta la víspera de la festividad, cuyas primeras coplas empiezan así:

...Aintzaldun daigun Agate Deun
bihar da ba Deun Agate….”

...Alabemos a Santa Águeda
Mañana es el día de Santa Águeda….”

Esta es una vieja tradición, en la que pequeños y mayores acompañan las coplas con los golpes de las makillas en el suelo, un rito que trataba de hacer que la tierra despertara y retornara, con sus sonidos la primavera, repitiendo viejas y paganas costumbres, que rememoran las creencias de nuestros ancestros.



Este año la conmemoración verá sufrir un cambio para aquellos que desde pequeños teníamos la costumbre de cantar la víspera de noche. Esta vez las coplas de los grupos, que habitualmente venía cantando el Agate Deuna, al caer la festividad el domingo día 4 de febrero, lo harán durante el medio día con los mismos recorridos, finalizando su ronda en la plaza de la estación de Algorta a las 14 horas.

La segunda, el Carnaval, no siempre ha contado con alegres celebraciones, como la de 1875, que en plena guerra Carlista, dejaba noticias relacionadas con los carnavales como: “...«Triste frío, como las circunstancias y el tiempo que atravesamos, se presenta este año el Carnaval, con pocas máscaras y sólo una estudiantina»...” Mientras que en Roma se celebraba la “Cervara” de los artistas, fiestas en la que las comparsas iban caracterizadas con espléndidas máscaras.



Hacía muchos años, antes de finalizar el Siglo XIX, que venía oyendo ¡El Carnaval se acaba, se va! Ya antes, el monarca Carlos-I prohibió esa fiesta, recuerdo de caléndulas, saturnales y lupercales. Y en algún caso más cercano fue objeto de solemnes funciones de desagravio, como la celebrada en Colegio de estudios Superiores de Deusto en 1899. A pesar de ello, se seguía celebrando, aunque en ocasiones algunos de sus protagonistas lo hicieran de diferentes formas. Una de las celebraciones más populares de Bizkaia eran los “Atorrak de Mundaka”, que viene celebrándose desde 1840, y que durante la dictadura tenía la particularidad para salvar la censura: cantaban sus coplas en inglés, francés, castellano y euskera.


En marzo de 1905, las adineradas familias de la sociedad bilbaína, que acostumbraban en esas fechas a pasear galas por el centro de la Villa en carruajes, celebraban esa festividad en los salones del Club Marítimo del Abra. Y la fiesta en 1907, al igual que las atracciones que llegaban para divertir a grandes y pequeños incluían espectáculos como el del “Cinematógrafo Ferrucini”, una barraca de feria que disponía de una bella fachada con dos puertas, de entrada y salida, con unos autómatas de un organillo, provistos de instrumentos musicales y que ofrecía como colofón la actuación de la adivinadora Teresita Pastor. Además de actos en nuestro pueblo para esa sociedad diferenciada, que era la del Club Marítimo, que ofrecía en sus instalaciones un gran cotillón de disfraces, seguido de el baile de máscaras amenizada por la “Orquesta Tziganes” llegada desde Madrid.



Incluso, ya adelantándose a lo que parece hábito, en algunos comercios en estas fechas algunos comerciantes en la época de Carnaval de finales de los años 20 del pasado siglo que se dedican a la venta de artículos de tales fiestas, presentaban escritos en los que se solicitaban la excepción de las leyes de descanso y jornada determinada por Real Orden de abril de 1921. En 1928 eran célebres en Getxo los llamados bailes de “Piñata”, algunos de ellos celebrados por la noche hasta la una de la madrugada en el Casino de Las Arenas, amenizados por orquestas afamadas en la época.

En 1932, en Getxo, las únicas notas que el Carnaval ofreció a nuestros vecinos, fueron los bailes celebrados en el Círculo Monárquico y en la Sociedad Recreativa, ambas en Las Arenas.


Algunos años más tarde, y en otras latitudes, la celebración recibía el nombre de “Boeuf Gros” (La fiesta del Buey Gordo), el escenario era el París de 1937. Abría el cortejo el “Príncipe Carnaval”, montado en una caprichosa bicicleta; iba seguido de velocipedistas, polichinelas, pierrots y arlequines. Este era seguido por “El Buey Gordo”. Esa comparsa estaba compuesta por dos carros, el primero llamado el Carro Galo a la que seguía el rey de la fiesta: el monstruoso héroe de la fiesta, que iba escoltado por los matarifes. Le seguían la “Carroza de los Mercados, “El Carro de la Alimentación”, “El Carro de los Crisantemos” y otras atrevidas carrozas.

No ocurría lo mismo en nuestras calles, en las que el Martes de Carnaval no fue un día festivo. Ello obedeció a una acertada disposición del Gobierno Vasco en 1936 con la convicción que abrigaba por todos de que no estaban aquellos días de Carnestolendas para fiestas, en plena guerra.



Y para no cansar y dejar algo para los próximos, recordar que en estos últimos años, el desfile de carnaval en Getxo ha ido cogiendo cada vez más auge, tanto el de pequeños como el de adultos, que cada vez es más vistoso. Y este año seguro que nos sorprenderá, con máscaras y disfraces cada vez más imaginativos, desde los más sencillos de nuestros colegiales hasta los más rebuscados, de esos amantes del carnaval, que año tras año, imaginan un nuevo modelo.

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