MEMORIAS DE GETXO

miércoles, 26 de abril de 2017

BAÑOS DE MAR BILBAINOS y -III-



El consistorio, al que entonces llamaban “Algorta”, parece no hacía excesivo caso a las necesidades del barrio de Las Arenas, por lo que los establecimientos comerciales, junto a la Compañía del Tranvía y la Galería de Baños de Mar Bilbaínos, principales beneficiados por la presencia de los veraneantes, decidieron preparar una campaña de publicidad que presentaron a toda la prensa madrileña, con el fin de animar a que acudieran a Las Arenas un mayor numero de visitantes. Dicha campaña publicitaria arrancó en julio de 1882, y se repartieron en la Villa y Corte más de 4.000 prospectos, en los que se decía: “...La playa de las Arenas en la costa Cantábrica, de unos dos mil metros de extensión, posee las mejores condiciones para baños; porque además de su clima saturado por las frescas brisas del mar, tiene una pendiente imperceptible, y está tapizada toda de finísima arenas sin escollos ni peligros...” Respecto de sus comunicaciones: “...Dista de Bilbao 11 kilómetros, que los recorren cada quince minutos elegantes coches, tranvías, y también vaporcitos por la ría, unos y otros por módicos precios y empleando de 50 a 60 minutos a lo más...” Las orillas del Nervión las comparaban con las del Rhin. Decían que junto a la playa, se hallaba en una vega encantadora, desde la cual se podía contemplar la entrada de centenares de buques de todas las naciones.

Para entonces la galería balnearia ya había cambiado de nombre y se llamaba “Hotel Bilbaíno”, el cual ofrecía: “...en unión de otras fondas y casas de huéspedes y particulares, vistosos chalets y casas de campo, que hacen de dicha playa un lugar de esparcimiento y recreo frecuentado por numerosa y distinguidas familias...” Respecto de los divertimentos se decía: “...En una bonita y cercana plazoleta rodeada de jardines hay música todas las tardes de los jueves y días festivos, y también hay otros espectáculos que suelen organizar algunas empresas, romerías y expediciones...”


Respecto del establecimiento balneario se decía: “...El gran Hotel Bilbaíno, esta provisto de suntuosos comedores, elegante casino, salón de baile, capilla y amenos jardines. En dicho balneario, además de poderse tomar baños de ola, para lo cual se dispone de casetas fijas y movibles en la playa, de bañeros prácticos que cuentan muchos años en esta faena, además se ha montado con todo esmero y perfección el servicio de baños y duchas calientes; departamento de baños calientes, dotados de pilas de mármol blanco y gris, y el de la hidroterapia, que contiene la ducha general o de circulo, la escocesa, dorsal, hidromezcladora, de chorro, lluvia y otros aparatos destinados a ciertas enfermedades…, ofrecen la ventaja de poder aplicarse el agua pura del mar, que por medio de una maquina de vapor es conducida mediante una cañería a las bañeras y depósitos de la hidroterapia…”

En julio de 1882 se decía en la prensa local sobre los baños: “...En la galería Balnearia de Las Arenas se siguen administrando los baños de mar templados con resultados verdaderamente notables y eficaces en las afecciones reumáticas, parálisis, dolores, debilidad y otras enfermedades análogas, siendo ya muchísimas las personas que con el uso de estos baños se evitan el tener que recurrir a otros puntos del interior. Se advierte que el carruaje del establecimiento hace viajes continuos desde la plazuela de Las Arenas al balneario, proporcionando la consiguiente comodidad al bañista…”


En septiembre de 1882 un acto vino a romper la monotonía de los últimos días del estío, a pesar de que la galería permaneciera abierta desde primeros de junio hasta finales de septiembre, se trataba de una “Fiesta Veneciana”. A pesar de que la noche amenazaba agua, hubo una gran concurrencia, la iluminación acorde con el nombre de la fiesta resulto muy llamativa; los fuegos de artificio llegaron de la mano de D. Francisco Hernández sucesor de D. Paulino Charlen, tampoco deslucieron la noche. La responsable de la música y de que las parejas bailaran sin cesar fue “La Unión Artística”. En las inmediaciones de la plaza se instalaron txoznas para la venta de alimentos y refrescos. Casi como en la actualidad, los más beneficiados, en cuanto al transporte resultaron los vecinos de Bilbao, ya que la compañía del ferrocarril dispuso la salida a las once de la noche de un llamado por ella misma, “Un Tren Mostruoso”, consistente en 20 coches.

La estancia en las instalaciones balnearias en 1882 costaban 38 reales los adultos y 24 niños y personal de servio de estas familias. Las propinas de aquellos huéspedes eran sustanciosas, ya que en 1882 se repartió 4179 reales y al año siguiente habían ascendido a 5320 reales. Uno de sus edificios. el pabellón “Algorta”, disponía de un comedor principal con capacidad para 200 personas, contaba con un jefe de cocina, cuya escuela había sido la corte, dos ayudantes, treinta doncellas y dos cocineras especificas para los platos del país. Dicho establecimiento abría desde primeros de julio hasta finales de septiembre. En el se recomendaba como terapia para mejorar su salud: “...el paciente tomará las comidas recomendadas, como buen pan, buen vino y buena gallina...” La mesa más demandada por la clientela era la llamada “mesa redonda”, la cual abría sus puertas a los alojados a partir de la una del medio día. Uno de los alimentos más demandados en el establecimiento era el salmón, el cual se traía desde la “Venta de Ibarra”, de Irún; la carne era suministrada por un carnicero de Bermeo llamado D. Juan Martínez. 


Pero seguro que no se reducía a esos alimentos el menú que dicho establecimiento ofrecía a sus clientes. Uno de los elementos de aquél , que ha llegado hasta nuestros días gracias a la familia de D. Andrés Larrazabal, se trata de una aceitera y vinagrera junto a un juego de cubiertos de plata, así como una preciosa tetera del mismo material, todos ellos con la inscripción B. B. (Baños de Mar Bilbaínos).


Entre los ilustres huéspedes que acudieron a los “Baños de Mar Bilbaínos”, estaban un pastor protestante y su esposa, que en abril de 1883 trataron de ofrecer un baile, pero el gerente Sr. Larrazabal les denegó el permiso aduciendo que el salón se encontraba lleno de muebles, lo que hacía inviable su uso. Entre los huéspedes citados en 1881 se encontraban, entre otros, a los siguientes señores: Francisco Dumont, Martín Ojanguren, Luis Villabaso, Tomás López Doriga, María Urcullu, José Guardamino, Andrés Aguirre, Josefa Aute de Hoppe, Carlos de Enterria, Catalina Usera, Escolástica Salazar, Marquesa de Selva Alegre, Capitán General Moltó, Carmen Gumucio, Lepoldo Moyua.

El medio más utilizado para llegar desde Bilbao era el ferrocarril, pero también era muy demandado el tranvía. En dicho medio resultaba curioso ver las pérdidas u olvidos que la compañía relataba en julio de 1883, que iban desde boinas, pañuelos, blusas, velas de cera, cuellos de camisa, pecheros y puños, pantalones, abanicos y chales, instrumentos de música, paraguas y bastones. Algunas de las prendas abandonadas daban lugar a elucubraciones sobre la actividad sentimental en dicho medio de transporte.


Una de las atracciones a las que no se pudieron sustraer los visitantes del balneario fue a la actuación en agosto de 1883 de un artista, ciego de nacimiento, discípulo de los maestros Meyerbeer y Stanley, que acababan de llegar de los “Baños Viejos de Elorrio”. Además contaba con otras atracciones como la de Dña. Margarita Moreau, que divirtió al publico con difíciles ejercicios gimnásticos, con los anillos volantes a 10 metros de altura y la velada musical que ofreció el regimiento de Toledo. El administrador en esa época de los baños en Las Arenas era D. Enrique Gómez y Riera.

En 1884 las comunicaciones iban mejorando, se abriría el paseo que iba desde el establecimiento de baños hasta Lamiako. Pero como decía D. Antonio de Trueba en una ocurrente carta de mayo de ese año, respecto de la “tonta costumbre” de los bilbaínos de acudir a los establecimientos de mar, de Las Arenas, Portugalete y Santurce: “...Los baños casi fueron las primeras medicinas que se conocieron en el mundo y por eso tengo mucha fe en ellos. La dificultad está en atinar con los que convienen..” Está claro que aquellos veraneantes sabían elegir por su calidad, sus precios, y la belleza de nuestra playa los “Baños de Mar Bilbainos”.


Finalmente en septiembre de 1891, el propietario de los “Baños de Mar Bilbainos” D. Eduardo de Aguirre, sacó a pública subasta en la cantidad de 350.000 pesetas dicho establecimiento veraniego. Pero según un documento de 1903, en esa temporada veraniega seguía figurando como administradora la Sra. Viuda de D. Andrés Larrazabal.


Estos datos han sido obtenidos del diario “El Noticiero Bilbaino” y “El Liberal” de los años 1880 a 1884. Otros están sacados de unas microfichas, probablemente elaboradas por el que fuera Alcalde de Getxo D. Juan Bautista Merino y algunos de los descendientes de D. Andrés Larrazabal.

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