MEMORIAS DE GETXO

jueves, 7 de diciembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -VI-



La anterior entrada terminábamos viendo cómo al finalizar el año con malas noticias para la educación de nuestros niños, y cómo la crisis económica llevaba al consistorio a adoptar una de las medidas más controvertidas.

El nuevo año comenzaba al igual que el anterior, con ruido de sables, caballos y una tropa que comía mucho, y al parecer bebía más. Aunque algunos actos lúdicos venían a dispersar la negrura del pesado horizonte bélico.

Ante la crítica situación en que se hallaba el Pueblo, el Ayuntamiento en pleno presentó ante el Gobernador de la Provincia su dimisión el día 9 de enero. Dimisión que no fue aceptada.

La tropa, como decía anteriormente estaba acuartelada entre el Pórtico de la Iglesia de San Nicolás y el tinglado de la plaza. Algún fenómeno al que llamaban “exhalación” había causado daños en el tejado del pórtico, por lo que ordenaban al consistorio que reparase dicho tejado y cubriera con tablas el tinglado de la plaza, para mejorar el acuartelamiento de la tropa Liberal.

El ambiente parece que empezaba a relajarse de ruidos de sables, y aunque el final de la contienda no estaba aún próximo, faltaban todavía dos años, ya empezaban a conocerse noticias relacionadas con acto lúdico Uno de los personajes relacionados con los mismos era el “Tamborilero”, cuya plaza había quedado vacante por fallecimiento del que hasta entonces había cubierto la misma. De sus habilidades hablaba lo escrito en las actas municipales: “...el Pueblo no puede prescindir de él, en las romerías, procesiones y fiestas locales…, y traerlo de fuera costaría tanto o más que si fuera propio...” Por lo que decidieron cubrir la plaza de ese funcionario, cuyos emolumentos ascendían a 1.900 reales anuales. Entre sus funciones estaba la de: “...Recorrer el Pueblo, tocando el tamboril la mañana de todos los días festivos. Tocará en la plaza después de la misa mayor todos los días de fiesta, asistirá al servicio de ella por la tarde, y en los carnavales. También tenía obligación de tocar siempre que se lo ordenara la autoridad local. No podía ausentarse en los días festivos del pueblo, salvo causa justificada de enfermedad…”


Sin embrago, en el barrio de Santa María, que se hallaba dominada por las fuerzas Carlistas, algunos miembros de la misma que se llamaban fieles regidores: “...Hay dos individuos llamados D. Juan Bautista de Aguirre y D. Ramón de Osticoechea, que titulándose autoridad, llevan a cabo exacciones en dicha feligresía, llevando suministros a dichas fuerzas rebeldes...” Era el regidor de la corporación de Algorta D. Juan Manuel de Ugarte quien realizaba aquel informe y lo trasladaba al Gobernador: “...A fin de que no recaiga sobre esta corporación ninguna responsabilidad...” Los caballos de la tropa comían mucho, ya que devoraron 212 arrobas de paja en un corto espacio de tiempo. Incluso simples materiales de obra, como un madero, fueron expropiados por el Coronel del regimiento de Infantería Saboya, que le fue incautado a D. Juan Bautista de Eguia, para las fortificaciones que se estaban realizando en Algorta. Eran días de embargos, que bien por los militares o por falta de pago de contribuciones, hacían que muchos de nuestros vecinos fueran cada vez más pobres. El miedo a las represalias por el otro bando se hacía sentir.

Y a pesar de que los recursos municipales escaseaban, no fue obstáculo para que el 8 de abril de 1875 el símbolo de la autoridad municipal fuera cambiado: “...Hallándose en mediano estado y poco decentes los bastones de insignia de autoridad del Alcalde y el teniente de este pueblo, acuerda el Ayuntamiento sean cambiados por otros más decentes...”

El estiércol en los laterales de los caminos también fue objeto de un bando en esas fechas: “...A fin de corregir los abusos que se cometen en algunas calles y vías públicas, colocando en las vías públicas y a la vista del público montones de estiércol para uso en jardines y propiedades particulares, siendo los mismos perjudiciales para la salud, acuerda el Ayuntamiento colocar bandos prohibiendo colocarlos en las calles más que un día, bajo la pena de 25 reales, el primer día, y diez por cada uno de los siguientes...” Los coches y carruajes también eran objeto de bando y multa, cuando se dejaran abandonados en la población de Algorta: “...bajo la pena de 10 reales, a los dueños o conductores...” Se establecía como lugar de aparcamiento obligado una plazuela o terreno público a la que llamaban “Flor de Alangüetas”. Eran los tiempos del mandato de D. Juan Manuel de Ugarte.


La picaresca de los consulados de algún país se hacía notar a la hora de esquivar impuestos de guerra, a decir de lo recogido en las actas del 8 de abril de 1875. En esa fecha algunos súbditos de embajadas francesas como D. Antonio Belín, residente en una casa de campo en el barrio de Las Arenas, presentaba la siguiente certificación: “...Consulat de France en Vizcaya & Alava. El Cónsul de Francia en Bilbao certifica, en virtud del artículo 4 de la convención consular entre Francia y España, de fecha 7 de enero de 1862, los súbditos franceses en España, y los mismos súbditos españoles en Francia, estan exentos de todas las contribuciones de guerra, por lo tanto la claúsula se aplica a D. Antonio Belín residente en Las Arenas de Lamiaco...” Se le había impuesto una contribución de 44 reales de vellón, no obstante el Ayuntamiento de Getxo se retrotraía a la Real Orden del 17 de noviembre de 1852 por al que si estaban obligados a pagar impuestos, y pasaba la última decisión al criterio del Gobernador. Parece que dicho francés, que tenía en el mismo barrio una casa de comercio de bebidas, era algo pillín ya que hacía unos días: “...se le ha decomisado un pellejo de vino, que introducía en su casa de contrabando, con objeto sin duda de eludir el impuesto municipal para dichos líquidos...”

En abril de 1875, ante la gran concurrencia de mendigos que se observaba en la población, el consistorio decía que : “...de un tiempo a esta parte se observa una gran afluencia de mendigos forasteros, y teniendo en cuenta lo dificultoso y perjudicial que podría ser en las actuales circunstancias, la tolerancia de los mendigos forasteros en la localidad, acuerda que dichos mendigos cualquiera que sea su sexo y clase, sean despachados inmediatamente...” Para ejecutar aquella decisión fueron autorizados el alguacil y los camineros.


En la próxima entrada veremos cómo durante la noche del 28 al 29 de abril de 1875 fuerzas Carlistas apoyadas por gentes del pueblo, en la oscuridad de la noche, se adentraron en el interior de la población de Algorta, esquivando las fortificaciones.

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