lunes, 4 de diciembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -5-



En la anterior entrada veíamos cómo la guerra causaba las penurias de Getxo, mientras el consistorio se veía entre la espada y la pared para poder cobrar los impuestos, ya que el barrio de Santa María estaba controlado por las tropas Carlistas y lo cobrado del barrio de Algorta no alcanzaba ni para el pago de un mes al ejercito Liberal.

El 22 de octubre de 1874, el Gobernador de la provincia, enviaba un oficio en el que informaba de: “...la colocación de un cable telegráfico entre Bilbao y Santander...”

El control de entrada de artículos importados era rigurosamente supervisado por el Jefe de la guarnición de Las Arenas. El consistorio advertía al caminero D. Ángel Egusquiza, que ejercía el control en el puesto de guardia establecido a la entrada de la carretera de Bilbao a Las Arenas para que no dejara paso a dichas mercancías. Los artículos que habían sido prohibidos importar eran: “...Petroleo, alpargatas de cáñamo y suela para zapatos. Se ordena al caminero permanezca en dicha entrada para impedir la entrada de estos productos...”

La valija municipal era trasladada a Bilbao en una cartera de cuero, la cual tenía un rótulo indicando Guecho e iba cerrada con un candado. El coste de la misma era de 130 reales y fue adquirida al vecino de Bilbao D. Gregorio López.

Comenzaba diciembre de 1874 con noticias de la guerra, el teniente coronel de la guarnición Liberal de Algorta D. Bonifacio Ruiz, reclamaba al Ayuntamiento lo siguiente: “...Sabiendo extrajudicialmente que en la secretaría de este Ayuntamiento, existen instancias de vecinos de esta población dirigidas a los Carlistas o sea a la Diputación, solicitando a la misma se exima del servicio de armas rebeldes, alegando que sus hijos o parientes se hallan ausentes; en ultramar unos y de marineros otros; bajo la más estrecha responsabilidad e ese Ayuntamiento, proceda a efectuar su entrega a mi autoridad para inutilizar dichos armamentos, aun no estén en poder de las fuerzas de ocupación Liberales...”


Los sellos de impuesto eran también sujeto de fraude, por lo que el 3 de diciembre se leyó un oficio del Administrado Económico de la provincia. Ordenado se evitará el uso de los sellos de impuestos de guerra fraudulentos, el Alcalde solicitó de la Diputación: “...que la misma emitiera una regla de conducta a seguir...” En esa fecha se hizo presente el informe sobre el cobro de arbitrios de 1873: “...estando presente al frente de este Pueblo Autoridad ilegitima o fieles Regidores, fueron sacados a subasta pública los arbitrios de vino tinto, blanco, chacolí, aguardiente y licores, que el rematante valoró en 34.600 reales…, estando el mes de enero esta población totalmente ocupada por fuerzas Carlistas rebeldes También se hizo entrega de vino a las fuerzas de la Nación destacadas en Portugalete así como para las rebeldes...”

El decomiso de bebidas alcohólicas, por no pasar las normas establecidas, estaba a la orden del día. Entre los barriles decomisados se encontraba alguno conteniendo Ron y otro de una bebida dulce llamada Marrasquino, (un licor delicado, incoloro, glutinoso, dulce y fragante. Que se hacía de una variedad de cerezas llamadas marrascas, a las que se añadía azúcar, almendras y miel).

Aunque a decir de las actas, no todo eran noticias de represalias, ya que a veces la tropa colaboraba en el salvamento de náufragos. Era el caso del siniestro acaecido frente al Puerto Viejo de Algorta el día once de diciembre de 1874. Se hablaba: “…del naufragio y destrozo de la barca “Juanita Bilbao”, en que hallándose entre las olas y los cascos del buque los náufragos fueron salvados, algunos de estos por D. Joaquín Roca y Beltrán, soldado de la quinta compañía del segundo batallón de infantería del regimiento Saboya...” En la barca, cargada de madera y con destino a Barcelona, a consecuencia de un fuerte temporal, murieron siete de los doce tripulantes.


Finalizaba el año con malas noticias para la educación de los niños, la crisis económica llevaba al consistorio a adoptar una de las medidas más controvertidas: “...en las actuales circunstancias por falta de fondos…, por las cargas que ocasionan las Escuelas Públicas de Primera enseñanza de niños de ambos sexos…, y considerando que suprimirlas completamente traería consecuencias quizá irreversibles…, acordamos suprimir y se suprime…, desde el día 1 de enero de 1875, mientras otra cosa no se determine, las retribuciones a los maestros, que correrán a cargo de los padres, quienes deberán satisfacer directamente al maestro...” El sueldo del maestro de Algorta era de 3.300 reales anuales más otros 990 como compensación de casa habitación; el de Santa María recibía 2.200 y tenía casa habitación puesta por el pueblo. No parece que aquella decisión contentó a los maestros, ya que el día 3 de enero el maestro de Santa María de Getxo D. Carlos de Salazar, con razón, renunciaba a la oferta de hacerse con la plaza de Algorta, ya que según su escrito: “...No conviene a sus intereses el regentar la escuela de Algorta con la rebaja y supresión acordada…, por lo que me quedo con la de Santa María, por la que tengo 5.000 reales pagados en todos los conceptos...” El Ayuntamiento para mantener su criterio afirmaba que: “...teniendo en cuenta que hallándose abandonada, como se halla, la escuela de Santa María por las circunstancias actuales es imposible dar la enseñanza. Acuerda el Ayuntamiento que dicho maestro dé la enseñanza como sitio seguro y sin peligro, en el edificio titulado “Escuela de Náutica” de la feligresía de Algorta, reconociendo a su favor 5.000 reales anuales. Pero como se expresaba en el acuerdo del 31 de diciembre, debe de pasar a los padres las papeletas del importe de las retribuciones...”


En la próxima entrada veremos cómo el nuevo año comenzaba al igual que el anterior, con ruido de sables, caballos y una tropa que comía mucho y al parecer bebía más.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -4-



En la anterior entrada veíamos cómo las Juntas vecinales trasladaron su sede a Algorta. Y cómo la guerra afectaba a la maltrecha economía de nuestros vecinos. En esta seguiremos viendo como algunos de aquellos hechos bélicos continuaron preocupando a nuestros antecesores.

En septiembre de 1874 el regimiento de Saboya (Liberales) estaba acantonado en Las Arenas. El coronel de dicho regimiento demandaba la entrega de 300 reales diarios para pago de los jornales diarios de los soldados a su cargo. Por aquellos días se podía oír, por la noche en Las Arenas, la retreta que el regimiento tocaba frente a la casa del Brigadier Cassola. Es el día 24 de ese mismo mes, cuando el primer batallón del regimiento de infantería de Saboya solicitaba al Alcalde le fuera cedido el pórtico de la iglesia de San Nicolás como refugio de noche.

Con la llegada al Pueblo de nuevos contendientes las demandas arreciaban. Ahora era el Brigadier de la segunda brigada de Vizcaya, quien exigía que se lavaran los colchones que tenía en deposito el Ayuntamiento, y que habían servido para el Hospital de Sangre de las compañías Carlistas para utilizarlos en el hospital que los Liberales iban a instalar. Y sin embargo, el consistorio se veía entre la espada y la pared para poder cobrar los impuestos, ya que el barrio de Santa María estaba controlado por las tropas Carlistas, y lo cobrado del barrio de Algorta no alcanzaba ni para el pago de un mes al ejército Liberal. Los suministros de vino a las fuerzas de ambas márgenes de la ría, provocaban reclamaciones desde Portugalete: “...el 29 de septiembre el Alcalde de la Villa de Portugalete, reclamaba al de Getxo, se le hicieran efectivos a D. Juan de Acha 7.837 reales por el suministro de vino a las tropas allí acantonadas, y que correspondían pagar a esta Anteiglesia. El vino había sido pedido a la Columna del Sr. Segundo de la Portilla...” El de Getxo afirmaba que no se había comisionado a D. Juan de Acha para el suministro de dichas raciones de bebida a las tropas referidas.


Entraba octubre y el frío empezaba a hacerse sentir, las fuerzas acuarteladas en Algorta demandaban la entrega de madera para poder hacer la comida a la guarnición. Ante la imposibilidad de realizar tal suministro el Ayuntamiento acordó: “...se proporcione por cuenta del municipio carbón de piedra y hornillas para hacer rancho a los soldados...”

Seguimos en octubre, y las listas de contribuyentes que se había impuesto, para atender las necesidades de la guarnición Liberal establecida en Algorta estuvo expuesta al público durante cuatro días. Provocaron diferentes reclamaciones: las viudas y viudos solicitaban se les aplicara la mitad de la contribución que pagaban los matrimonios de su misma clase. Sin embargo, el Ayuntamiento aducía para no hacerlo, que: “...No es cierto ni verídico haber sido costumbre en este Pueblo pagar media contribución viudos y viudas...” Aunque parece que si se aplicó una sola vez, se acordaba pasar a las personas que estuvieran en esas circunstancias y que habían sido clasificadas en 1ª clase para pago de contribución, pasarlas a 2ª clase.

Hasta el cura de la ermita de Santa Ana, a la que llamaban la de Lamiaco, D. José E. de Gorrondona, venía provocar quebraderos de cabeza a las maltrechas arcas municipales ya que reclamaba: “...el pago de 2.000 reales por la celebración de misas en días festivos durante un año...” Algún pequeño ingreso venía a aliviar la maltrecha economía local, en Bilbao se habían matado tres bueyes de los carreteros que en mayo habían tenido que acudir a Bilbao para trabajar en la fortificaciones para raciones de la tropa, y el Ayuntamiento ingresó en sus arcas loa cantidad de 476 reales.

Los navegantes de Algorta reclamaban no hacer servicio de construcción de trincheras para la guarnición: “...habiendo sido llamados en el día de ayer, 18 de octubre, varios vecinos de este Pueblo para trabajar en las fortificaciones y trincheras que se están realizando, por orden de los jefes de la guarnición, se han opuesto a realizar dicho trabajo...” El motivo que aducían era que si realizaban trabajos por mar y tierra, iban a realizar el doble de los demás vecinos. El consistorio apoyó sus reclamaciones diciendo que no estaban en servicio activo.


La caseta de carabineros del Castillo había sido asaltada por algunos vecinos necesitados de tejas. El asunto se puso en manos del Juez, sin que se tenga conocimiento de que los “rateros” fueran localizados. En aquellos días, en el pueblo había muchas casas cerradas, y el municipio advertía a sus propietarios que: “...las abran inmediatamente, porque si los militares cometieran algún atropellos con las mismas, por falta de alojamiento, esta corporación no se hará responsable...”

Para conseguir mejorar la maltrecha economía municipal el Ayuntamiento solicitaba al Gobierno de la Nación, que de la venta que el estado había realizado de terrenos propios pertenecientes a Getxo entre 1866 y 1869, le fuera concedido convertir sus valores en bonos al portador: “...para que el Ayuntamiento pueda venderlos con intermediación de agentes de Bolsa, a fin de atender con su producto a las cargas municipales...”


En la próxima entrada veremos cómo nuestro consistorio tuvo que realizar el control de entrada de artículos importados.

lunes, 27 de noviembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -3-



En la anterior entrada veíamos como la guerra afectaba a la maltrecha economía de nuestros vecinos. En esta seguiremos el transcurso de la misma en nuestros barrios y cómo las Juntas vecinales trasladaron su sede a Algorta.

El día 10 de mayo de 1874, acordaban que las juntas que se venían celebrando en las Escuelas de Sarri, pasaran a celebrarse en los locales de la plaza de San Nicolás. Ante esa demanda el regidor D. Ramón de Azcorra abandonó la reunión. Algunos asistentes presentaron una protesta por el cambio de salón de plenos.

Ante lo agobiante de la situación provocada por la guerra y las sucesivas demandas de los bandos contendientes, en la junta celebrada el primero de junio acordaban en lo referido al cobro de los impuestos: “...Que se proceda inmediatamente al cobro todas las contribuciones…, pasando aviso a domicilio a los deudores para que en el plazo de tres días pasen a pagar…, autorizando a esta comisión a pasar en unión de la autoridad local para proceder contra los morosos…, pidiendo la autorización del señor juez municipal para la entrada en el domicilio de los mismos…” También crearon una lista de vecinos con obligación de acudir al servicio de trincheras.

El 12 de junio de 1874 una nueva demanda de dinero venía, esta vez desde el lado Carlista. Lo hacía el Comisario de Guerra desde Zamora, quien exigía la entrega de 6.400 reales como adelanto para el pienso para la caballería del cuartel general de Deusto. La entrega debía realizarse a D. Pedro Yarritu. Terminaba el escrito con la frase: “...a fin de que no sea atropellado este pueblo...” Pidieron a la Diputación que se repartiera la cantidad entre los pueblos del distrito.

En esas fechas la Escuela Pública de Algorta veía la petición del maestro de primera enseñanza, solicitando el cesar en su cargo. Se presentaba por los vecinos de Santa María la propuesta de que fuera D. Carlos Salazar, de aquella feligresía, quien ocupara el cargo con la dotación de 4.400 reales al año y 500 reales por casa habitación.


El 30 de junio en relación a la demanda del Comisario de Guerra de Zamora, la comisión que se había nombrado para tratar sobre el pago exigido fue: “...que la tarde del día 31 de mayo fueron conducidos al retén Carlista, bajo amenaza, por el Sr. Yarritu, con fuerza armada, donde les exigieron el pago del al cantidad antes mencionada...” Las demandas seguían y tuvieron que llevar al Almacén de Munguia los listados de entregas realizadas en los últimos tiempos.

El 22 de junio el gobernador de la provincia, en nombre del Brigadier de los Ejércitos Nacionales D. Manuel Sarasola, nombra de forma provisional a los ediles del municipio. Recayó aquel nombramiento el los Alcaldes 1ª, 2ª y 3ª D. Martin Berreteaga, D.Pedro de Urquijo y D. Miguel Garcia Salazar; y como secretario a D. Jose María Sarria.

Las fuerzas del gobierno estaban ya acantonada en Santa María: “...y tenían un parapeto en el punto denominado San Martín...” Lo que dificultaba el traslado del maestro Sr. Salazar desde dicho barrio a Algorta con sus enseres, por lo que de forma provisional continuó ejerciendo de maestro en ambos barrios. El señor presidente, en aquel acta, informaba: “...de los grandes dispendios que tenía el pueblo con motivo del acantonamiento de las fuerzas Liberales en él...” Se dividió al vecindario en ocho clases, señalando a cada una la cuota que le correspondía pagar. Las fuerzas acantonadas demandaban gran cantidad de alimentos y forraje, por lo que establecieron una tarifa: “...para que las reses que se trajeran a este Pueblo a matar pagaran un impuesto...” Desde que se establecieron las fuerzas armadas en nuestro municipio, para compensar las continuas demandas de suministros, estaba establecido que: “...a toda persona que adelante bueyes y otros efectos se le abone un seis por ciento de intereses...” Por lo que el ayuntamiento acordó: “...Que en todo tiempo sean validos los vales y documentos que se hayan expedido o expidan con el referido seis por ciento...” De los carreteros que en mayo habían tenido que acudir a Bilbao para trabajar en la fortificaciones, doce de ellos en el mes de diciembre continuaban realizando trabajos, con lo que esto suponía de gastos, que aún no habían sido abonados.


Las libaciones de aquellas tropas debían ser considerables, ya que el día 28 de agosto de 1874, la vecina de Getxo Dña. Manuela de Cortina solicitaba que: “...se le abonen 2.360 reales procedentes de varias pipas y barricas que dio a las tropas atrincheradas en esta localidad...” Tal era la precariedad en la que se encontraba Getxo por las continuas demandas que acordaron: “...se gestione por todos los medios que se le exima en adelante de suministrar raciones a las guarniciones establecidas en él…, y que los carreteros de Bilbao sean relevados...”

El 3 de septiembre de 1874 renunciaba a su cargo el organista de San Nicolás de Bari de Algorta D. Blas de Madariaga.

Y a pesar de las continuas advertencias de la precariedad por la que estaba pasando el municipio, quien ejercía las funciones de Alcalde D. Pedro de Urquijo, fue llamado por el teniente coronel jefe de la guarnición de Algorta: “...exigiendo se pongan a su disposición raciones para tres días para la tropa...” El Ayuntamiento le informaba que: “...Constando este pueblo de dos barrios Santa María y San Nicolás de Algorta, teniendo el primero ciento setenta vecinos y el segundo de trescientos y pico, la mayoría de los del primero no atienden al pago de las contribuciones, encontrándose el barrio de Algorta, por más esfuerzos que haga, en la imposibilidad de atender al suministro de dichas raciones...” Y en vista de esta situación acordaba el Ayuntamiento establecer derechos de tarifas para los siguientes géneros introducidos o exportados: “...Para las harinas de trigo y maíz que se introduzca 3 reales; el pan un cuarto de libra; la alubia que exporte el Pueblo dos reales en fanega; el salvado que se introduzca medio real; la patata que se introduzca, vaya en transito o exporte un real el quintal; los garbanzos, arroz y fideos que se introdujeran un real en fanega; a la castaña y nuez que se introdujera dos reales en fanega; al café en grano o molido medio real la libra; al cacao un cuartillo de real en libra; para el azúcar sin refinar cuatro medios de libra y para la refinada ocho medios de libra. Para el chocolate fuera importado o exportado un cuartillo de real en libra. A todas las conservas en lata medio real en lata. El jabón bien introducido o en tránsito era gravado con dos reales. Los cabritos o corderos introducidos o en tránsito un real y medio por cabeza. La sardina prensada (gallega) diez reales en millar, a la fresca que se exportara dos reales en millar. Para todas la aves de corral que se introdujeran, en transito o exportaren cuatro cuarto de real por cabeza. A cada docena de huevos exportada o en transito cuatro cuartos de real. Al bacalao, aceite y petróleo medio cuarto o dos en libra. Las velas de sebo o espelma (*) dos medios en libra...” Para poder hacer frente a la entrega inmediata de raciones acordaron matar un buey del barrio de Algorta y que en adelante se acudiera para el efecto al barrio de Santa María. Para poder hacer efectivo el cobro de aquellos nuevos impuestos, decidieron trasladar al barrio de Las Arenas al regidor D. José María de Larrazabal y al caminero D. Juan Antonio de Miragaray. (*) El “espelma” que escribían en las actas, era en realidad “esperma”: una cera o aceite blanquecino, que se conocía también como “blanco de ballena”; estaba presente en las cavidades del cráneo de los cachalotes.


En la próxima entrada veremos cómo, con la llegada al Pueblo de nuevos contendientes, hacía aumentar las demandas de víveres para la tropa, empobreciendo cada vez más a nuestros vecinos.

jueves, 23 de noviembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -2-


En la anterior entrada terminaba con las fricciones que se hacían sentir entre los barrios de Santa María y Algorta. En esta iremos viendo cómo la guerra afectaba a la maltrecha economía de nuestros vecinos y cómo las fricciones continuaban.

Corría el año 1874, durante la tercera guerra entre Carlistas y Liberales. Para prevenir que los papeles cayeran en manos de los Carlistas, quienes gobernaban Getxo en 1874, decidieron trasladar toda la documentación a un piso de Bilbao, escondiéndola en un camarote. En dicha casa cayeron varias bombas, provocando un gran incendio que destruyó la mayor parte de la documentación histórica municipal, dejando inservible lo poco que se salvó de las llamas. Entre esta documentación se encontraban los justificantes de propiedad de la mayor parte de los solares de Las Arenas, que más tarde serían vendidos por el Estado.

Para situar las posiciones de los contendientes decir que: “...el Ejército Liberal concentraba sus fuerzas en las capitales. Los carlistas se hacían dueños del interior y establecían allí sus propias Diputaciones para administrar el territorio. Dominaban toda Vizcaya, salvo Bilbao y Portugalete…”

No eran esas las únicas demandas que Carlistas y Liberales hacían a nuestro pueblo. El Comandante de Armas de Portugalete remitía un oficio al Ayuntamiento de Getxo en el que reclamaba: “...diferentes útiles para los hospitales de Portugalete y Santurce...” Nuestros ediles contestaron que: “...se halla establecido en este pueblo un hospital de sangre para hacer frente a todos los pedidos de esa Villa y Munguia...”

Sin embargo, los enfrentamientos entre los regidores de ambos barrios (Santa María y Algorta) continuaban. Mientras que a las Juntas de Vecinos acudían como regidores, el de Algorta D. Robustiano de Larrondo y el segundo de Santa María D. Juan Bautista de Aguirre, en las actas se hacía constar, refiriéndose al díscolo regidor de Getxo D. Ramón de Azcorra que: “...tendía a malquistar ambos barrios con el fin de perjudicar al de Algorta...” Quien al parecer se negaba a obedecer las ordenes emanadas de la Diputación Provincial y las autoridades militares. Se referían en el acta municipal, al oficio por estas remito con motivo del empréstito acordado en la junta del 19 de febrero, dejando constancia que : “...su actitud lleva las de comprometer gravemente al barrio de Algorta, a fin de que sus vecinos, en particular los que no son de su devoción sean atropellados...” Por lo que decidían destituirle y ordenaban que entregara su vara de mando a su segundo D. Juan Bautista de Aguirre.


Aquel estado de cosas llevó a la celebración de una junta de los vecinos de Santa María. Dicha junta se celebro el día 9 de abril de 1874 en la casa escuela de Sarri, aunque con anterioridad se venían celebrado en San Nicolás. La presidieron D. Robustiano de Larrondo y D. Ramón de Azcorra, junto a un número importante de vecinos. La presidencia hizo notar que el motivo de aquella convocatoria no era otro que: “...tratar y resolver convenientemente sobre la circular del 2 del actual, relativa a que pague este pueblo dentro de cinco días el contingente de 34.991 reales…, del reparto forzoso impuesto por la Diputación...” En esa junta se trataron también los “grades y extraordinarios” pedidos que estaba suministrando el Pueblo al almacén de Munguía. La queja en general era que los impuestos y las reclamaciones de guerra, estaban haciendo imposible que muchos propietarios pudieran abonar las cantidades a ellos asignadas. Otro de los problemas que atormentaba a nuestros vecinos era los: “...continuos atropellos, que por no estar establecido un turno de asistencia a las trincheras y demás trabajos de fortificaciones, se han visto sometidos los vecinos por las fuerzas armadas...” Para evitar que unos pocos vecinos sufrieran aquellos atropellos, decidieron establecer una lista de moradores, que debían de prestar aquel servicio. Sin exceptuar pobres, artesanos, ricos o viudas, ni ausentes siempre que no sean pobres. La convocatoria a aquella junta se realizó mediante notificaciones a domicilio y tañidos de campanas. No obstante, al día siguiente, celebraron una nueva junta, porque los impuestos acordados no eran suficientes para hacer frente a: “…las extraordinarias necesidades actuales de la guerra...” Decidieron aumentar la contribución en un 300%, en lugar de la establecida hasta ese momento, que era de un 120%.

Finalmente cuando parecía que la guerra entre el barrio de Getxo y Algorta quedaba zanjada, ya que el 19 de abril de 1874 D. Ramón de Azcorra y D. Robustiano de Larrondo acordaron nombrar una comisión para: “...examinar todas las cuentas que se produjesen por aquellas personas que hubiesen manejado fondos públicos...” Formaron parte de dicha comisión, por el barrio de Getxo (D. Antonio de Cortina y D. Justo Barrenechea) y por el de Algorta (D. Juan Bautista Basagoiti, D. Juan Bautista Elortegui y D. Pedro de Urquijo). Se comprometieron a entregar las cuentas en el plazo de ocho días y fijaron como centro de reuniones la casa Altamira de Algorta. Curiosamente el mandato era expeditivo, ya que se fijó una multa de100 reales diarios en caso de retraso. Las rencillas entre D. Ramón de Azcorra y D. Robustiano de Larrondo continuaban. El segundo, refiriéndose a Azcorra, en la junta vecinal acusaba: “...en la Junta el día 31 de marzo atropelló los derechos de la mayoría de la misma, respecto de una proposición presentada y aprobada, que Azcorra en lugar de acatar y obedecer la voluntad de los concurrentes, hizo pedazos dicha proposición que había sido firmada por la mayor parte de los concurrentes...” Así que Larrondo puso el tema en conocimiento del Corregidor y la Diputación. Azcorra no parece que compartía esas afirmaciones, ya que en la misma junta afirmaba: “...el papel al que se refiere Larrondo no estaba firmado por vecino alguno, y como la convocatoria de aquel día era para tratar otros asuntos, relacionados con crear recursos, rompí aquel documento que entorpecía la marcha del Ayuntamiento...”


Mientras, las actuaciones militares seguían afectando al Pueblo. El martes 10 de marzo: “...La entrada de la ria está cerrada de muelle a muelle por siete cadenas y calabrotes. En la punta de los muelles de Portugalete y las Arenas, tenían hechas, ambos ejércitos, barricadas con grandes pipas de vino y arena, y en las Arenas tenían una batería de cuatro piezas en forma de corchete, mirando una parte al mar y otra parte a la ría….” El 20 de abril se daba cuenta de una comunicación fechada el día anterior, enviada por el Oficial de la Brigada General del Ejercito del Norte. Ordenaba que aquel mismo día se enviaran a Retuerto y pusieran a su disposición tres carretas con sus yuntas y carros. El consistorio acordó que por el prejuicio que para los labradores suponía tener que abandonar sus haciendas, se pagara a estos 100 reales, la mitad en su casa y la otra mitad a su retorno. Y respecto de los carros y yuntas, que si por algún motivo sufrieran daño, fuera el Pueblo quien abonase los daños. Para realizar la evaluación y para efectuar la entrega en Retuerto se designo D. Donato Acha, D. José de Zuazo y D. Santiago Zubiaguirre. Por otro lado las fuerzas reales acantonadas en Las Arenas, exigían que desde el día 25 de aquel mes, fuera abastecido el Hospital y toda clase de tropa situada en de dicho barrio, bajo apercibimiento de que si no se realizaba tomarían medidas contra el pueblo. Nuestros ediles parece que tenían dificultades para suministrar la bebida (vino), ya que los continuos requerimientos habían dejado muy mermadas las barricas del pueblo, y temían que la falta de suministro del líquido reparador provocara atropellos de las tropas a la población. Por si esto fuera poco, el coronel de operaciones del ejército del norte exigía fueran enviadas a Bilbao cuarenta carretas para relevar a las de Erandio.

En la próxima entrada veremos cómo las juntas que se venían celebrando en las Escuelas de Sarri (Santa María), en adelante pasarían a celebrarse en los locales de la plaza de San Nicolás.

lunes, 20 de noviembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -1-



A partir de esta entrada iremos viendo una sería de acontecimientos que afectaron a Getxo, algunos relacionados con las guerras entre Liberales y Carlistas, otros del devenir del día a día del Pueblo.

Parte de la historia de nuestros barrios transcurrieron, en el último cuarto del Siglo XIX, influidos por un acontecimiento bélico: la “Tercera Guerra Carlista” (1872-1876), que para nuestro municipio terminaba el 29 de febrero de 1876, con la lectura de un Boletín enviado por el Gobernador de la Provincia al Ayuntamiento de Getxo. Aquellos y otros acontecimientos que iremos viendo, formaron parte del devenir de nuestros vecinos y de las calamidades que las guerras llevan a los ciudadanos de a pié, pero también del día a día y de la transformación de nuestro Pueblo.

Comenzaba el año 1874 bajo la presidencia de los regidores D. Robustiano Larrondo y D. Francisco de Urrutia. Quienes, el día 8 de enero, daban lectura a un oficio remitido por el Comandante General del Norte D. Antonio Cosío, en el que ordenaba que: “...a las cinco de la tarde se presenten en la Avanzada 60 hombres, provistos de seis barras de hierro, diez picos, diez cacos, veinte palas y veinte cestos, para contribuir a las fortificaciones que se van a realizar dentro de este pueblo…” La guerra estaba en su punto más álgido con enfrentamientos entre liberales y Carlistas a ambos lados de la ría. El sábado 17 de enero la prensa madrileña (La Época) informaba que: “...El cuerpo alto de la torre de la iglesia de Portugalete se vino abajo después de haber resistido siete días de fuego de cañón. En Portugalete ardía una manzana de casas en el muelle nuevo, quemada por los carlistas; en Las Arenas ardían otras incendiadas por los proyectiles de los Liberales, y a cada nuevo disparo se oía el ruido de los escombros que producían las casas al desplomarse...”

El consistorio decidía: “...que para todos los servicios personales, que se vean obligados prestar los vecinos del pueblo a las fuerzas Carlistas, sea de día o de noche, se establece el jornal de 14 reales para todas las profesiones de artesanos y navegantes, llenado el cupo por medio de voluntarios, siempre que los hubiese, y si no se sortearan. Para pagar dichos jornales se recurrirá a una contribución vecinal…” Acordaron dentro de aquella contribución que: “...se imponga inmediatamente 100.000 reales de contribución, 60.000 sobre las propiedades y 40.000 sobre los vecinos. Procediendo al cobro en el plazo de dos meses...” La demanda de pago, en este caso de las raciones, que desde Munguía se exigían era tan asfixiante para el municipio, que decidieron reunir a varios vecinos para que ayudaran a reunir las cantidades, en forma de un préstamo de 8.000 reales. Lograron que 14 vecinos aportaran cada uno 900 reales.

En la Junta de Vecinos celebrada en las Escuelas de Sarri el 28 de enero de 1874, las espadas de los vecinos parecían estar en alto, ya que días antes se había celebrado una reunión en: “...la casa escuela pública de niñas del barrio de Santa María, bajo la presidencia del fiel regidor D. Ramón de Azcorra a la que se quiso dar el nombre de Junta General de Vecinos, sin haber contado con ninguno de los otros fieles regidores...” Incluso se llegó a cuestionar que la sede municipal de Santa María fuera el sitio idóneo para celebración de juntas: “...la Escuela dejó de servir para tales reuniones y demás actos públicos desde que el año 1860 se construyó en el barrio de Algorta o San Nicolás otro destinado a tal efecto, donde han venido celebrándose elecciones, sesiones y demás actos públicos , por cuyo motivo deben seguir celebrándose en este local...” Por ese motivo daban por anulados los acuerdos tomados los días 15 y 18 de ese mismo mes, en las que se eligieron fieles regidores, en el pórtico de Santa María.


Las fricciones entre los barrios de Santa María y Algorta se hacían sentir, así lo expresaban en las actas del 8 de febrero de 1874, cuando el regidor de esta última D. Robustiano de Larrondo decía: “...los actos del fiel regidor de Santa María D. Ramón de Azcorra, acerca de la contribución, inducen malicia con propósito, sin duda, de perturbar la tranquilidad y la paz de ambos barrios...” Convocado a la Junta del Pueblo, el regidor Azcorra se negó a asistir, dar cuenta de las raciones suministradas y de la cobranza de la contribución. Por ese motivo el regidor de Algorta, hacía constar en acta el acuerdo de la Junta celebrada: “...Que dicho fiel regidor ha fijado en público varios anuncios, con dañada intención, con intención de entorpecer la cobranza de la contribución de propiedades…, que dicho fiel D. Ramón de Azcorra hace uso de todos los medios con el firme propósito de perturbar la paz y concordia…, la Junta acuerda que es de necesidad la destitución del citado fiel, designando al mando a segundo fiel D. Juan Bautista de Aguirre...” Las diferencias de criterio, no estaban claras si se debían a las cuantías de la contribución, o si eran debidas a diferencias de posición respecto de las simpatías políticas de los bandos contendientes en la guerra. Que bien pudiera ser así.

El 19 de febrero de 1874 se celebró una Junta General de Vecinos: “...bajo la presidencia de D. Robustiano de Larrondo, fiel regidor del barrio de San Nicolás y Juan Bautista de Aguirre, fiel regidor segundo del de Santa María, por haberse negado a concurrir el primero de dicho barrio D. Ramón de Azcorra...” A esa junta acudieron numerosos vecinos, las actas recogían: “...la mayor y más sana parte de los que a semejantes actos acostumbran a concurrir ordinariamente...” El secretario municipal, dio cuenta de una circular remitida por la Diputación General desde Durango: “...relativa al empréstito forzoso de dos millones de reales, impuesto sobre la riqueza territorial del Señorío en 117 raciones…, habiendo correspondido a este pueblo treinta y cuatro mil quinientos cincuenta y un reales, pagaderos y amortizables a un año de la toma y conservación de la Villa de Portugalete...” Aquel impuesto según seguía la circular era : “...para dar mayor impulso al estado actual de la guerra, como para suministrar a la división del cargo de la Diputación el equipo de invierno...” Debian realizar la entrega de la mitad de la cantidad asignada como impuesto para finales del mes en curso, y la otra mitad a finales del mes de marzo. Aconsejaban a los pueblos que para hacer los pagos ordenados recurrieran a empréstitos, derramas, o a la venta de terrenos comunales. El Ayuntamiento de Getxo acordaba para poder realizar dichos pagos: “...sin prejuicio de seguir cobrando la contribución actual, se imponga otra inmediatamente sobre la propiedad, procediendo a su cobro sin demora...” Para ello tomaron como base la riqueza territorial de 1848. Tal era el ahogo que aquella medida suponía para las mermadas arcas del Pueblo, que dieron un plazo de 15 días para que si algún vecino deseaba prestar dinero a bajo interés, fueran las propiedades comunes de la Anteiglesia quienes garantizaran el cobro. La Diputación de Durango, amenazaba con imponer a los pueblos que no abonaran las cantidades asignadas, con aplicar un recargo del 3% diario sobre la cantidad establecida.


En la próxima entrada comenzaremos con uno de los acontecimientos que supuso la pérdida de gran parte de la historia escrita de Getxo.

jueves, 16 de noviembre de 2017

LAS CÉDULAS PERSONALES EN GETXO



Padrones de Vecindad, Cédulas de Vecindad, Cédulas personales, muchos nombres para casi una sola finalidad, mantener controlados a los ciudadanos: los primeros aparecen por vez primera en la legislación general de régimen local, en un Decreto del 3 de febrero de 1823. Eran utilizados como medios de control para policía y reparto de contribuciones y cargas. Las Cédulas de Vecindad vinieron a sustituir a los pasaportes que hasta 1854 eran necesarios para circular por todo el territorio del estado, en ellas se recogían toda clase de datos relativos a los vecinos (nombre y apellidos paterno y materno, estado, profesión, domicilio, provincia a que se pertenecía); las cédulas de vecindad, por la Ley de Presupuestos de 8 de junio de 1870, fueron convertidas en un impuesto con el nombre de cédulas de empadronamiento, que más tarde en 1872, por una Ley de Presupuestos, pasaron a ser gratuitas, solo estaban exentos de su aplicación los pobres de solemnidad, los peregrinos, menores de catorce años, las religiosas profesas, los penados y las viudas siempre que su pensión no excediera los 1.500 reales. Por un Decreto junio de 1874 pasaron a ser denominadas “Cédulas Personales”. Las “Cédulas Personales” eran un medio que según algunos servía para identificar a los habitantes y para controlar sus obligaciones con hacienda.

En algunas latitudes lejanas, como Filipinas, que en su día estuvieron bajo la corona española, en 1894 las describían así: “...Dáse el nombre de cédula personal al documento que la Administración y con arreglo a la fortuna o sueldo, entrega mediante pago correspondiente, a los tributantes, para que puedan identificar su personalidad...”


De la elaboración de las mismas se tiene conocimiento en Bizkaia, a través de los documentos existentes: En primer lugar a partir de una circular emitida en 1872 por el “Caballero Corregidor del Señorío de Vizcaya” D. Juan Jauregui. En ella informaba que: “...Con fecha 17 de febrero de 1872, el Iltmo. Sr. Director de General de Contribuciones me dice lo siguiente: Se ha dispuesto quede en suspenso la Real resolución por la que se obligó a los habitantes de las Provincias Vascongadas a proveerse de la oportuna Cédula de vecindad...”


En nuestro entorno, decir que: a finales de octubre de 1878 el consistorio getxotarra trataba el tema de las “Cedulas Personales”, y lo hacía anunciando la distribución de las mismas y los días en que se iban a expedir. Era algo que ya desde hacía años se venía realizando de forma anual. Cada vecino tenía una, eran de diferentes clases, dependiendo de la riqueza contributiva y económica de sus propietarios, y de su relevancia social, por lo que se establecieron varias categorías.


Y a pesar de que en 1872 se publicó una circular del “Caballero Corregidor del Señorío”, en la cual se decía: “...quede en suspenso la Real resolución por la que se obligó a las habitantes de las provincias Vascongadas a proveerse de la oportuna Cedula de vecindad...” Volverían a ser utilizadas, prueba de ello es el documento de segunda clase que acompaño, de 1900, que estaba a nombre la vecina de Algorta Dña. Maria Landarte, cuyo visado realizaba el encargado del negociado D. Emilio Saliquet.


Las Cédulas Personales se expedían todos los años. Cada vecino tenía una, y eran de varias clases, dependiendo de la riqueza contributiva y económica de sus propietarios y de su relevancia social. Por ello se puede afirmar que las mismas tenían claras implicaciones de tipo impositivo y socio-económico, así como político y jurídico. Eran a su vez utilizadas como documentos identificativos, que había que presentar a las autoridades en procesos legales, testamentarios, o de carácter legal y jurídico.

Buena prueba de ello son los datos que se recogían en el llamado “Padrón de los individuos sujetos a impuestos de cédulas Personales” de los años 1885 a 1900. En ellas se recogía, además de los datos personales (Nombre y apellidos, domicilio, estado civil y profesión), otro datos relativos a la contribución directa que debía de abonar, el lugar donde prestaba sus servicios, los alquileres que pagaba, la clase de cédula que tenía y el importe del recargo municipal.


En el ejercicio económico de 1885 a 1886 se aplicaban 11 clases de cédulas, a personas de ambos sexos, que eran asignadas a empleados públicos o particulares (18 personas), inquilinos (618), individuos no cabeza de familia (933) y finalmente a jornaleros y sirvientes (98). Las categorías de cédulas aplicadas iban desde la de 6ª clase a las de 11ª clase, siendo las más numerosas estas últimas que suponían 1235 sobre un total de 1667 cédulas. 


El listado iba por calles, y estaba encabezado en la calle Tetuán (actual Avda, Basagoiti) por Dña. Francisca Aizterola de 20 años, también aparecía la figura del farmacéutico en la persona de D. Cándido Zugazagoitia que tenía 35 años; la calle Carretera la encabezaba Dña. Dominga Eguzquiza de 60 años y el panadero D. Maximo Llantada de 41 años; la de la calle Alangüetas lo era por D. Manuela Urrutia de 58 años; la de Las Arenas lo era por Dña. Daría Fernández de 23 años y la de Santa Maria por D. José Uriarte de 68 años. Respecto de personas de renombre, por su profesión, cabe mencionar a D. Ciriaco de Menchaca (Maestro de Obras) que vivía en la calle Tetuán que tenía 44 años; la del médico D. Manuel Hormaechea de la calle Carretera de 40 años; la de los maestros de Las Arenas D. Juan Antonio Muñio de 55 y D. Joaquín Romance de 55 años; de ese mismo barrio aparecía el ingeniero D. Eduardo Aguirre Labroche de 48 años y sobre todo uno de los maestro que pasaría más tarde al callejero municipal D. Paulino Mendivil Otaolea de 27 años. De Santa María caben citar al sacerdote D. Justo Barrenechea de 47 años y a las maestras Dña. Teresa Ansorena de 56 años y Dña. Andresa Cortina de 20 años.

Respecto de los alquileres pagados, los precios iban desde 1 peseta que abonaba el carpintero D. Miguel Lejarza de Las Arenas, pasando por las 25 pesetas de Dña. Dominica Zalduondo de Santa María, las 75 pesetas del cantero D. Antonio Larrabeiti Larrazabal de Alangüetas, las 200 pesetas que pagaba D. Andrés Larrazabal Tellería de Las Arenas y a las 250 pesetas que pagaba el comerciante D. Manuel Zubiaga de la calle Tetuán de Algorta.


Entre las profesiones destacaban los labradores (de los 159 dedicados a esa profesión, 95 de ellos eran de Santa María); le seguían los marinos (37); a continuación iban los canteros (34); los carpinteros (34); los jornaleros (26); los comerciantes (15); albañiles (9); los maestros (8); panaderos (5); herreros (4). Le seguían otras profesiones, estas menos numerosas, como los zapateros (3), camineros (2), farmacéuticos y cocineros (1), barberos, sacristanes, pintores, cesteros, notarios, armeros, cocheros, mayorales, hojalateros, y 1 empleado de la empresa del tranvía.


Para el ejercicio 1896 a 1897 los alquileres habían subido, D. Andrés Larrazabal Tellería de Las Arenas que en 1886 pagaba 200 pesetas, había visto subir su alquiler a 248 pesetas. Pasados otros 10 años nuevos vecinos habían llegado al pueblo, en Las Arenas estaba la fondista Dña. Felipa Bustingorri que instalada en la calle Barria, pagaba por su alquiler 280 pesetas; en la Vega de Santa Eugenia tenía su vivienda, la Luiandesa Dña. María Romo, por la que tan solo pagaba 50 pesetas; mientras que en la calle Carretera de Algorta el naviero D. José Ramón Uriarte pagaba 500 pesetas. La calle María Cristina de Las Arenas era otro lugar de alquileres altos, la familia de Dña. Aurora Zamacona pagaba 501 pesetas por su domicilio. Nuevas personas nos visitaban como el vecino de Wiesbaden D. Teodoro Serbold o la Strasburguesa Elisa Picquart, que vivieron en la calle Máximo Aguirre de Las Arenas, pero sus alquileres no aparecían en aquel listado. También lo hicieron otros llegados desde Navarrete (Logroño), como los Muro (Eusebio y Ángela) que se afincaron en la calle la Estación.

Todos los datos relativos a las Cédulas Personales están sacados de los padrones de los individuos sujetos a impuestos, durante los años 1885 a 1900, expedientes 2940-8, 2940-9 y 2940-10).


Hasta aquí un pequeño recorrido por lo que se dio en llamar las “Cédulas Personales”, que según se puede ver en el cuadro que acompaña de 1886, formaban parte del padrón de los individuos sujetos a impuestos.

lunes, 13 de noviembre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO y -XII-



En esta entrada finaliza esta serie, en ella veremos, entre otras cosas, como se convocaban los plenos y recaudaban los arbitrios.

Según relataban en noviembre de 1873, la forma de convocatoria vecinal a los plenos se realizaba: “...previo aviso a los domicilios y a son de campana tañida en el salón de la casa Consistorial, según uso y costumbre foral...” Ya desde 1860 hasta 1928 las reuniones se celebraron en el Ayuntamiento situado en la Plaza de San Nikolas. Precisamente, y volviendo a las demandas de las fuerzas armadas, el 17 de noviembre del año 1873, el Consistorio trataba en un pleno sobre un oficio remitido por el Almacenero del distrito militar de Munguia, en el cual se indicaba: “...se ordena la remisión al mismo de 3.588 raciones de pan de primera, las cuales incluirán un cuartillo de vino y libra de carne; y para la caballería 1.816 libras de maíz, 450 libras de salvado, 73 arrobas de paja y 18 libras de velas…” El Ayuntamiento solicitaba que de las mismas fueran descontadas las: “...raciones suministradas en la última semana a la fuerza que ha permanecido en esta Anteiglesia...” Aquellas raciones habían sido suministradas por el Regidor D. Robustiano de Larrondo y el vecino de Getxo D. Juan José de Ibatao. No fue esta la única demanda de las partidas armadas, ya que el Comandante de Armas de Sondica exigía la entrega en Erandio de: “...240 reales y 16 celemines de habas y pienso de caballo para ocho días antes de las dos de la tarde de ese día...”

Los arbitrios era otra de las preocupaciones de nuestros ediles. Las condiciones de los remates en noviembre de 1873: “...de vinos, aguardientes, chacolis y otros líquidos, además de las carnes frescas, se realizaban en dos bodegas de la taberna de Echebarria en Las Arenas...” La graduación de los aguardientes quedaba al criterio de los vendedores, eso si, se advertía que: “...deben de ser de buena calidad, y no dañar la salud pública, no debiendo el aguardiente bajar de 19 grados. Siendo el precio base de partida de 78.000 reales...” Para el precio de la carne también se fijaba el precio de partida, el cual debía de ser de: “...como en el presente año, y también para el próximo durante todo el año, para veinte cuartos será de 24.000 reales...” Quedaba clara la intervención municipal en la fijación de precios.


Y la guerra seguía creando conflictos, que afectaban a ambas márgenes de la ría. El 11 de diciembre de 1873 llegaba una orden del Jefe de Distrito de Munguia D. Sebastián de Gorordo, por la que se hacía saber que: “...se prohíbe en absoluto el paso de la parte de acá de la ría a la de la rebelde Villa de Portugalete, al barquero D. Antonio de Mendieta...” Sin embargo el consistorio decidió que no entraba dentro sus atribuciones el establecer aquella prohibición, y echando balones fuera, dejaba al criterio del barquero la decisión. Otro de los asuntos afectados fue el correo, el administrador de la cartería de Munguia comunicaba que: “...desde ayer, desde Munguia se conduce el correo para Francia, Navarra, Álava y Guipuzcoa, pudiendo pasar una persona de su pueblo a recoger o llevar la correspondencia...”

Terminaba el año con la prohibición de extraer arenas y césped de la vegas, ya que según una queja presentada por D. José Ramón de Urresti, quedaban las vegas, al extraer la capa de césped, decía en la misma: “...se produce un daño notable a la propiedad comunal, en las arenas y vegas de esta jurisdicción, ya que algunos se dedican a arrancar el césped dejando el terreno estéril...” El Ayuntamiento acordaba la prohibición ya que se dañaban los pastos comunales.


En las próximas entradas continuaré con un paseo a lo largo del último cuarto del Siglo XIX, viendo algunos de los aconteceres de aquellos días, que a nuestros vecinos creaban no pocos sinsabores y a veces alguna alegría.