MEMORIAS DE GETXO

jueves, 13 de diciembre de 2018

LAS INUNDACIONES EN LA VEGA DE SANTA EUGENIA



Los seres humanos nos empeñamos, con las tecnologías de cada época, en modificar la naturaleza y ésta nos pasa su peaje al reclamar terca sus espacios por los que han transcurrido las rieras y los cauces pluviales.

A lo largo de los años, han sido muchas las reflexiones que sobre las inundaciones, en el barrio de Romo, se han realizado. Barrio por otro lado denominado a lo largo de su vida por varios nombres, Grezalzu, Las Arenas, Romo, pero quizá el más generalizado en la prensa bilbaína, desde 1850 sea el de “Vega de Santa Eugenia”.

La Vega de Santa Eugenia, como su propio nombre indica, era una zona, que a lo largo de su existencia fue anegada por las mareas y lluvias en la que se concentraba el exceso de aguas provenientes de los montes de “Gasteluz” (Leioa). Referencias a las inundaciones en el barrio, aparecen recogidas ya desde 1922 en el Diario Bilbaíno. Una de las inundaciones más graves fue la de 1933, en la que las aguas llegaron a alcanzar 2,5 metros de altura en las escuelas de Santa Eugenia. Situación que se volverían a repetir en 1977 y 1983, en las que todo el barrio quedo bajo un manto de agua al igual que la de 1933.

A raíz de las inundaciones de 1933, el Ayuntamiento de Getxo iniciaba las gestiones para poder realizar las obras que evitaran la repetición de aquellos desbordamientos. Para abril de 1936 ya tenía estudiadas dos soluciones del aliviadero del río Gobela, una de las cuales, la que consideraron más eficaz, se iba a llevar a la práctica dentro de aquel año.

El consistorio consideraba que las dos zonas que mayores perjuicios sufrían con las inundaciones eran las de Lexarreta y Romo, que estaban habitadas en su totalidad por gentes de condición modesta, obreros en su mayoría.

En la inundación del año 1933 el Ayuntamiento atendió con la mayor diligencia al alojamiento de los vecinos de la barriada obrera de Romo, a su alimentación y a socorrer a todos aquellos vecinos, que sufrieron daños en el mobiliario de sus viviendas. Viendo que la inundación del barrio de Romo se produjo por el desbordamiento del Gobela por su margen Izquierda, efectuó Inmediatamente las obras de recrecimiento del malecón de ese lado, desde la calle de la Caja de Ahorros Vizcaína hasta la de los Puentes.

En marzo de 1936, durante los días previos al 2 y 3 del dicho mes, se produjeron fuertes lluvias en Bizkaia que derivaron en inundaciones en varias poblaciones, entre ellas Somorrostro, Galdames, Erandio, Baracaldo, Leioa y Getxo. La crecida del Gobela del día 3 de marzo causaron grandes daños en fincas y caseríos: “...«Las inundaciones en las vegas que riega el rio Gobelas han crecido extraordinariamente…, el río venía sobrado en su cauce por Berango, Neguri, Las Arenas y Lejona»…” La causa principal de la crecida fue provocada por la fuerte lluvia que durante trece horas consecutivas cayó intensamente. Desde las cinco de la tarde del lunes hasta las seis de la mañana del martes. Según decían los habitantes de Getxo: “...« Los aldeanos de Sopelana y Berango han limpiado el cauce del río, causa principal de las inundaciones, con lo que han conseguido no sólo que el agua no se desborde o lo haga en menor grado en sus términos municipales, sino también que se precipite más rápidamente hacia su desembocadura»...”


En Fadura las aguas anegaron todas las vegas; en Neguri las aguas cubrían las tierras de labor y las vegas bajas, alcanzando un metro. En Jolaseta la inundación alcanzó por entero al campo de fútbol, al golf de Neguri y al de tenis de Jolaseta, así como la parte destinada al tiro de pichón.

Ya de madrugada, a las tres y media: “...«El sereno del barrio de Errecagane, avisaba a los inquilinos del caserío, propiedad de José Manuel Gutiérrez, del peligro que corrían, dada la impetuosidad de la corriente del Gobela»...” El lavadero del río Gobela, en el término de Santa Ana, aparecía casi cubierto por las aguas. Incluso el ferrocarril de Las Arenas a Bilbao se vio afectado, teniendo la compañía que limpiar las vías para que pudiera seguir funcionando.

A decir de la prensa y de las imágenes que llenaban la primera plana y a pesar del trabajo realizado por el consistorio en diversos puntos de Las Arenas, Santa Eugenia y otros, fue preciso desalojar numerosas viviendas, por la altura del agua, que en algunos lugares llegó a ser casi la misma que en las memorables inundaciones de hacía tres años.

Gran número de chalets de Neguri y Las Arenas vieron sus sótanos inundados, teniendo que acudir los bomberos a desaguarlos. Los campos de tenis y de golf se convirtieron en lagunas, y en varios caseríos estuvieron los vecinos en grave peligro de perecer. Las cosechas de todas las huertas de la parte baja del término municipal se perdieron totalmente y algunos vecinos perdieron enseres, mobiliario y aves de corral.

La fuerte corriente del río Gobela destrozó varios puentes de madera y pasarelas, produciendo daños en las fábricas situadas en sus cercanías. Por la tarde empezó a descender el nivel de las aguas, dando la sensación de que el peligro había desaparecido. A pesar de ello se temía que, si seguía lloviendo con intensidad, subiera nuevamente la marea, provocando mayores inundaciones que podían aumentar los daños ya ocasionados.

En el pueblo se comentaba con amargura el hecho: “...De qué poco han servido, tras la triste experiencia de lo ocurrido en 1933, los avisos de la naturaleza, a pesar de lo cual siguen sin realizarse las obras de encauzamiento del río Gobela...” Obras que, a juicio de los técnicos, evitarían estas inundaciones. Para la tarde del día 4 las aguas habían bajado su cauce y la población respiró aliviada.

Pocos días después, el 4 de abril, el Ayuntamiento daba su versión en una nota de prensa que publicaba el diario “El Noticiero Bilbaíno”: “...«Durante la crecida se pudo comprobar la eficacia de aquel recrecimiento efectuado para librar de inundaciones el barrio de Romo; pues las aguas no desbordaron por aquel lugar. No obstante, como las aguas coronaron los malecones del cauce, en las proximidades de los campos de golf, y por allí podían llegar hasta la barriada de Romo, el Ayuntamiento desplazó a aquel lugar todos sus obreros municipales y bomberos, y otra cuadrilla de obreros eventuales, con objeto de cerrar el paso a las aguas, mediante la formación de otros malecones en la Vega de Santa Eugenia. Gracias a todos estos trabajos, el citado barrio no sufrió ningún daño, en aquella ocasión.

Después continuó recreciendo el malecón de la margen izquierda, hasta la carretera de Asua a la Avanzada, en forma que ya resulta difícil el desbordamiento del río hacia la Vega de Santa Eugenia y las calles del barrio de Romo. Por la margen derecha del río, sólo se había construido un pequeño murete, a manera de pretil, en la curva que formaba el río a la salida de la vía del ferrocarril; con lo que consiguieron que el río, que allí llevaba una mayor velocidad, no rebase la altura del cauce»...”


Como decía al principio le seguirían otras inundaciones, nuevas soluciones se fueron vislumbrando, y en las últimas crecidas parece que las aguas no han provocado desastres como los de 1933, 1977, 1983 o las del 2009. Pero como se suele decir el río busca su cauce, también para aliviarse. Las antiguas zonas de embalse han desaparecido, esperemos que no se vuelvan a repetir otras como aquellas. Y que el aliviadero Valdés y la ampliación de áreas de embalsamamiento deje dormir tranquilos a los vecinos, que hoy ocupan aquellos marjales y terrenos inundables que antaño recogían las aguas del Gobela y sus montes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario