MEMORIAS DE GETXO

lunes, 17 de diciembre de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -71-



En la anterior entrada veíamos algunos aconteceres de la traída de aguas, los conflictos y la descripción de las obras.

El barrio de Algorta estaba creciendo y la construcción de viviendas y la revisión de propiedades se hacía sentir en la vida municipal. En Alango era D. Juan Luis Uriarte, uno de los solicitantes de permiso para construir una nueva casa y D. Juan Bautista Urresti quien solicitaba se completaran los terrenos, que según el plano de Algorta, tenían menos superficie de la que señalaba su propiedad.

El 16 de junio de 1887 se inscribían nuevas edificaciones, una en el Puerto Viejo de Algorta “Jacobena”, que era inscrita en el registro por D. José Julian de Mandaluniz; y la otra en Santa Maria de Getxo “Bescoeche”, que era inscrita por D. Domingo de Arancibia y D. Juan de Arrieta (1).
(1) Los nombres de estas caserías los escribo tal y como fueron consignados en el libro de actas.

Y por fin la plaza de tamborilero y encargado del alumbrado público de Las Arenas se iba a cubrir. Para ella se presentaron dos vecinos, uno de Bilbao y otro de Abando, D. Vicente Azpeitia y D. Eusebio Uriona. Siendo elegido para el cargo D. Eusebio Uriona y Barrenechea a quien se le fijó como asignación anual la cantidad de 912 pesetas.

A mediados de junio de 1887, el 23 de ese mes, volvían a la palestra los mozos del pueblo declarados prófugos. A algunos de ellos incluso viviendo en la lejana República de Chile, como era el caso de los jóvenes Mariano Zubiaga Bilbao, Juan Bautista Encera Artolozaga, Anselmo Uria Uria, Cándido Rodríguez Larrabeiti, José María Dios Eguia, José Antonio Ondiz Inchaurraga y Nicolas Eiguren Osticoechea; a otros residentes en la República de Argentina (Buenos Aires) Vicente Acha Domenchín y José Domingo Larrazabal Bilbao, se les reclamaba, aunque parece que había más interés por el abono de los estipendios para librarse del servicio militar: “...sin que ni ellos ni sus padres hayan puesto la consignación de 2.000 pesetas que previene el Art. 33…, considerándolos culpables y condenándolos al pago de de los gastos que ocasione su busca, captura y conducción ante la Excelentísima Comisión Provincial... ” En todos estos casos los padres o madres quedaban exonerados del pago de responsabilidades penales.

Las averías en las fuentes monumentales (Efigie Egipcia) del Mercado de Algorta, San Ignacio y Las Arenas eran frecuentes, por lo que se decidió encargar la realización de un plano con los modelos de las llaves a D. Pascual Urresti, a fin de conseguir que las averías fueran prontamente reparadas, aunque el ejecutor de las reparacioes fuera D. Felipe Charroalde. Uno de los suministradores de faroles para la iluminación de las calles fue D. Bautista Carrandi. Y el suministro de carbón mineral para las estufas de las oficinas municipales le correspondió a D. Juan Bautista Elortegui; D. José Larrazabal era el encargado del encendido y apagado del alumbrado público de Las Arenas.


En esas mismas fechas el rematante de vinos, chacolíes, aguardientes y otros alcoholes, así como de abacería y degüello de cerdos era D. Benigno Zarranz, actuando como fiadores D. Francisco Elorriaga y D. Lucio Frías; y el rematante de carnes frescas era D. Juan José Bilbao, todos ellos vecinos del municipio.

A finales de junio de 1887 se estaba gestionando la posibilidad de establecer una estación telegráfica en nuestro municipio. Por otro lado la mendicidad seguía preocupando a nuestras autoridades provinciales y locales, se recibía en las oficinas municipales una circular de la Diputación de Vizcaya, de fecha 25 del ese mismo mes, referente al contingente provincial y de beneficencia municipal. En la prensa local aparecía lo siguiente: “...Es de todo punto injustificable lo que con la mendicidad está pasando en Vizcaya y sobre todo en las inmediaciones de Bilbao. Tal es la muchedumbre de mendigos forasteros que pululan en las romerías, por las avenidas, atajando a los transeuntes, echándose encima de las viandas de las familas que meriendan en el campo, que parecían haber caído sobre Vizcaya los mendigos de toda la España septentrional. Al ver esa muchedumbre de mendigos rebosando miseria, atrevimiento y descompostura con sus gritos, los forasteros no pueden menos que formarse un malísimo concepto de nuestras costumbres y de nuestra administración local...” Y era ahí donde les dolía, pues pensaban que podían creer que: “...Vizcaya toda carece de la organización de beneficencia...” Seguían diciendo que: “...El gran lunar, la gran vergüenza, es el espectáculo de la mendicidad. Aquí son rarísimos los naturales del país que la ejercen, porque el necesitado encuentra amparo bastante para abastecerse de ella en sus parientes, y hasta se abstiene de ejercerla considerándola vergonzosa...” Parece que en esa época lo que molestaba a algunos sectores de la población, no era la pobreza en si, si no el espectáculo público de que la misma existiera.

Pero en el Pueblo nuevas obras empezaban a perfilarse. Una de ellas se estaba proyectando. Su artífice era D. Laureano G. Santa María, autor de la traída de aguas potables desde Berango. Se trataba del nuevo paseo desde la playa de Ereaga al Puerto.


El 1 de julio de 1887 se escribía la última acta de la anterior corporación municipal, en la misma se iba a cambiar a parte de sus componentes que habían sido elegidos para reemplazar a los actuales, en los anteriores comicios de mayo. En aquella sesión causaban baja los ediles D. Andrés Larrazabal, D. Manuel Valle y D. Damaso Ibarra. Iniciado el pleno resultaba elegido Alcalde D. Pedro Amezaga, quien pasó a ocupar la presidencia recibiendo el bastón de mando. A la vez se nombraron dos Tenientes de Alcalde, D. Pedro Bonifacio Sarria y D. José María Aizpiri. Seguido se nombró al Sindico Municipal, responsable de sostener la defensa del Ayuntamiento en futuros pleitos y de revisar y censurar las cuentas y presupuestos municipales, cargo que recayó en D. Irineo Ramón Diliz.

Al de unos días de la celebración de aquel pleno, el día 7 de julio, se nombraban las comisiones y a sus componentes. Las cuales fueron formadas de la siguiente manera:

COMISIÓN DE HACIENDA
D. Juan Antonio de Aldecoa y D. León Beitia.

OBRAS PÚBLICAS, CAMINOS Y CALLES

D. Pedro Bonifacio Sarria, D. Irineo Ramón Diliz y D. Eladio Sustacha.

FOMENTO, DESLINDES, POLICÍA URBANA Y RURAL, CUIDADO DE MATADERO Y ALHÓNDIGA

D. Pedro Bonifacio Sarria, D. Mateo Ajuria y D. Idelfonso Arrola.


RECONOCIMIENTO DE PAN ELABORADO, LECHES, PESAS Y MEDIDAS DE LOS ESTABLECIMIENTO PÚBLICOS

Para el mes de julio D. Pedro Bonifacio Sarria y D. Irineo Ramón Diliz.

Para el mes de agosto D. Juan Antonio de Aldecoa y D. Eladio Sustacha.

Para el mes de septiembre D. Mateo Ajuria y D. Idelfonso Arrola.

A partir de ese mes volvían a rotar, empezando por los primeros nombrados. Turnándose dos concejales cada mes. Para resolver los asuntos de Las Arenas y las comisiones que en dicho barrio se pudieran conformar se nombró al residente en dicho barrio, D. José María Azpiri.

Para preparar las fiestas tanto profanas como religiosas se nombraba a los señores D. Pedro Bonifacio Sarria, D. Mateo Ajuria y D. Idelfonso Arrola.

En la próxima entrada veremos cómo se negaba la autorización para la extracción de piedra y arenas en la playa de Areatxu (Arrigunaga).


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