MEMORIAS DE GETXO

lunes, 8 de octubre de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -58-



En la anterior entrada veíamos cómo el vecino de Getxo D. Antonio Arechavala presentaba en el Gobierno Civil un proyecto solicitando autorización para construir un balneario en la playa de Erega, en Algorta.

Para el 3 de junio los avances de la traída de aguas ya aparecían en la prensa local, en concreto en el “Noticiero Bibíano”: “...Las obras para la conducción de aguas potables desde los vecinos montes de Berango, se están ejecutando con extraordinaria rapidez. Los depósitos donde brotan las aguas y la zanja para la colocación de la tubería, tocan ya a su término, y el depósito que se construye para la distribución de las aguas, está también muy adelantado. Por lo que tendremos ricas y abundantes aguas potables allá para últimos de agosto, lo mismo que para el popular barrio de Las Arenas...”

Los dineros de la escuela de “Niñas Pobres” de Algorta, que habían sido donados por D. Andrés Cortina y Piñaga, y que habían sido invertidos en 100 obligaciones de primera del ferrocarril de Tudela a Bilbao, que representaban las 50.000 pesetas de capital de la Fundación, daban unos intereses del 5% anual, estaban destinados al sostenimiento de la escuela. Ya desde que en el lejano 26 de marzo de 1876 se creara la escritura de donación, eran administrados por el Ayuntamiento de Getxo, bajo la tutela de los testamentarios D. Luciano de Alday y Dña. Rogelia de Cortina. La función de estos era que se mantuviera el capital invertido para garantizar la continuidad de las escuelas. Cuando salieron a sorteo amortizadas las acciones en el mes de abril de 1886, sorteo que se celebró en la Dirección de dicho ferrocarril en Madrid : “...El consistorio de Getxo, constató que para reponer las acciones en la misma compañía había que perder más capital que el interés que estas producían, y temieron que de seguir en esa tónica las sucesivas amortizaciones provocarían que el rendimiento de las mismas fuera disminuyendo, hasta hacer que los intereses no llegaran a cubrir las necesidades para el sostenimiento de la Escuela de la Fundación. El Ayuntamiento acordó la venta de las obligaciones y amortizaciones, con la prima que tenían en ese momento, y la compra de otros valores cuyo rendimiento asegurara el mantenimiento de la escuela, comunicando esa decisión a la Junta de Instrucción Pública y a los testamentarios de la fundación…”

La normativa sobre la forma en que los perros debían circular por Getxo, a primeros de junio de 1886, al parecer no eran respetadas por sus propietarios e iban a ser los canes quienes terminarían pagando la irresponsabilidad de sus dueños. El Ayuntamiento además de recordar la normativa que establecía la obligatoriedad de llevarlos amarrados y con bozal por las calles, acordaba que: “...Todos los perros que se encuentren por las calles sueltos y sin bozal, serán recogidos y llevados a la casa llamada Hospital, en la que permanecerán cómo máximo tres días. Si sus dueños los reclaman dentro de ese plazo, deberán abonar una multa de 5 pesetas. Pasado ese plazo, a los que no sean reclamados, se les dará muerte...”


Y cómo ya teníamos encima las fiestas de verano en Getxo, el Ayuntamiento nombraba una comisión de festiva compuesta por el Alcalde D. Francisco Ramón Diliz, el Sindico D. Pedro Amezaga y el Regidor D. Pedro Bonifacio Sarria para tratar de ajustar los gastos a lo recogido en el presupuesto municipal. Decía en aquella acta: “...Que siendo conveniente y de utilidad la celebración de fiestas y festejos en el Pueblo, con la misma lucidez que en años anteriores, a fin de que tanto el vecindario como los forasteros que vengan a veranear tengan entretenimiento y diversión, se nombra una comisión para disponer y dirigir la celebración de dichas fiestas...” Con aquellos presupuestos, además de los festejos, decidieron contratar una banda de música que tocara los domingos y festivos durante los meses de julio y agosto: “...Con inclusión de los días y moches de romería...” Estaba claro que los forasteros suministraban a las arcas municipales algunos de los fondos que tan beneficiosos era para el municipio y que uno de los objetivos de aquellas fiestas era atraerlos al Pueblo.

El día 10 de junio de 1886, se informaba en el pleno de un oficio remitido por el Gobernador Civil referente a la traída de aguas potables. En él se recordaba al igual que en el del pasado mayo, que las aguas de las que se iban a abastecer los barrios de Algorta y Las Arenas no eran otras que las de los manantiales de Berango. Aquellas notificaciones se habían enviado a finales de mayo a los dueños de los manantiales donde nacían los manantiales, así como a los cuatro molinos que aprovechaban los recursos hidráulicos de los mismos. Daba un plazo a los dueños de los terrenos por los que pasaba la conducción de aguas para que pudieran reclamar por las expropiaciones que se iban a realizar. No se presentaron reclamaciones por lo que el Ayuntamiento público aquella decisión.


Los costes de la enseñanza para algunos vecinos de Las Arenas resultaban excesivos para sus mermados recursos, ya que un numero importante de los moradores de aquel barrio, el día 31 de mayo pasado, dirigían una instancia al Ayuntamiento: “...Los vecinos del barrio de Las Arenas suplicamos que se modifiquen la retribuciones que se pagan por la enseñanza en las escuelas de este barrio, por ser imposible satisfacer a muchos vecinos por la excesiva cantidad que se exige por el maestro y maestra...” Esta vez la comisión que iba a estudiar esta petición iba a estar compuesta, entre otros, por el concejal del barrio D. Andrés Larrazabal. Días más tarde era el Diputado a Cortes quien intercedía, seguramente a petición de los vecinos, para que el Ministro de Fomento: “...Conceda gratuitamente a este municipio, para las escuelas, una biblioteca...”

El 17 de junio de 1886 se sacaba a remate público el alumbrado para el barrio de Algorta. El anuncio se fijaba en todos los parajes públicos del Pueblo.

En esa misma fecha el Ayuntamiento trataba sobre al solicitud presentada por D. Antonio Arechavala sobre el proyecto para construir un balneario en la playa de Erega en Algorta. La única voz discordante entre los vecinos de la zona había sido la de D. Vicente Suárez, al parecer cuestionando que las aguas que pretendía utilizar Arechavala procedían de un manantial nacido en su propiedad. El asunto fue tratado en el pleno con las siguientes conclusiones: “...Después de una meditada discusión el Ayuntamiento ha decidido que se manifieste al Gobernador Civil que no encuentra por su parte inconveniente alguno para que se conceda la autorización solicitada por el Sr. Arechavala por ser muy conveniente y hasta de utilidad para el servicio público. Que debiéndose de emplazar el balneario a la distancia de diez metros de la propiedad del Sr. Suárez, y no siendo las aguas que intenta aprovechar el Sr. Arechavala del manantial que en su posición indica aquél, si no de otro distinto, no resulta a juicio del Ayuntamiento perjuicio alguno con la ejecución del proyecto...”


Los vecinos del Puerto, ante la próxima llegada de las aguas potables al barrio, el día 23 de junio de 1886, encabezados por D. José María Mota y D. Pascual Urresti solicitaban al Ayuntamiento que: “...Los vecinos de las calles Tánger (hoy Ribera), Calleja y Peligro (hoy Nueva), solicitamos que se coloque , cuando lleguen las aguas a esta localidad, una fuente en la plazuela a la que convergen dichas calles, entre la casa titulada Mugaburu y la de Segura...”

En la próxima entrada veremos cómo el consistorio de Getxo convocaba a los propietarios forasteros para nombrar un representante para la Junta de Estadística de la Anteiglesia.

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