MEMORIAS DE GETXO

lunes, 9 de octubre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO -IX-



En la anterior entrada veíamos cómo se empezaban a reformar algunos caminos deteriorados de Algorta, así como algunos aspectos de la vida diaria que incomodaban a nuestros antepasados. En esta veremos las actuaciones en la zona del Castillo, en Algorta, el inicio de la instalación del cable submarino entre Inglaterra y Getxo, así como las tribulaciones vecinales debidas a las guerras.

En 1872 tocará comenzar obras en los caminos de la zona del Castillo para facilitar el acceso a la nueva Escuela de Náutica. Y la construcción de otro desde Jardingana hasta dicha escuela, que partía desde Benturillena. Los presupuestos municipales en ese año eran de 17601 reales de ingresos y tenían unas previsiones de gastos de 17.366 reales.

El 20 de enero de 1.873 se conocía que por el Real Decreto del 5 de noviembre anterior se concedía a M. Charles Scott Stokes, representante de la compañía “The India Rubber Gutta and Telegraph Works” de Londres, para establecer y explotar un cable submarino desde Inglaterra hasta Getxo. El 16 de noviembre de 1.873, el vapor Dacia se echó a tierra en Las Arenas. Dicho cable, que se instaló el día 29 del mismo mes en una caseta de cinc, que estaba: “...a 300 pasos contados desde el punto llamado la Avanzada dirección al barrio de Las Arenas, a mano derecha del camino carretero...” En mayo de 1873 el Ayuntamiento presidido por D. José Mandaluniz acordaba la limpieza de las vegas para evitar el deterioro de las mismas.

Contaban los vecinos que la noche del 5 al 6 de mayo de 1873: “...los Carlistas de la partida de Munguia, con su jefe Sebastián de Gorordo, llegaron al Pueblo y exigieron al Ayuntamiento 6.000 reales de dinero y raciones consistentes en 30 libras de pan, dos cántaras de vino, 20 pares de borceguíes y 102 pares de alpargatas...” Los ediles entregaron aquellos enseres para evitar según decían: “..Que se llevaran rehenes, dejando constancia en el libro de actas de tal hecho para que en todo tiempo conste a los efectos que fueran...” A tal efecto se preparó un recibo de aquellas entregas: “...El importe de las alpargatas ascendía a 510 reales y los borceguíes 890 reales...” Al parecer querían prevenir posibles represalias por parte del bando Liberal, en caso de que estos llegaran al Pueblo. Aquellas entregas a los Carlistas llegados desde Munguia supusieron para el municipio una multa de 29.024 reales, que fue impuesta por el General de las tropas del Rey D. Gerardo Martínez de Velasco.


Las noticias referidas a las actuaciones de las milicias gubernamentales en julio de 1873, creaban zozobra entre nuestros vecinos, a tal decir, que por el Pueblo corrieron rumores de que en los municipios vecinos de Portugalete y Santurtzi se habían llevado a la mayor parte de los mismos, decían el el acta municipal: “...cometiendo algunos excesos con los mismos. Al saber que dichas fuerzas se dirigían hacia nuestro Pueblo, algunos vecinos alarmados tomaron la decisión de huir hacia lugares donde no pudieran ser arrestados...” El consistorio, quizá por miedo a las consecuencias de aquellos rumores, si dichas tropas llegaban y se enteraban de la propagación de los mismos, tomaron la decisión de colocar bandos en los lugares más concurridos del pueblo, negando dichos rumores.

Las coacciones de aquellas fuerzas armadas provocaron que el consistorio no pudiera satisfacer los sueldos de maestros y empleados públicos, ya que habían tenido que desembolsar la cantidad de cerca de 40.000 reales a las fuerzas Carlistas y Liberales. Y a pesar de que se había acordado cobrar un impuesto a todos los vecinos para resarcir las maltrechas arcas municipales, a mediados de julio todavía no se había llegado a cobrar ni la tercera parte del mismo.

Era el propio Gobernador Civil de la Provincia quien reclamaba, el 22 de julio de 1873, que se entregara a las fuerzas republicanas, acantonadas en Las Arenas y Portugalete, diariamente 47 raciones de pan, carne, vino y pienso para el caballo, además de mobiliario y luz. El Ayuntamiento acordaba en esa fecha: “...pagar a razón de una peseta cada ración de las 47, y además dotar para el caballo de 2 celemines de cebada y media arroba de paja diariamente...” Así mismo se llevaron a las fuerzas acantonadas en Portugalete: “...cuatro faroles y otros útiles...” Y ello a pesar de que según relataban en las actas municipales, durante los días en que se reclamaron aquellas entregas, no parece que hubieran fuerzas republicanas acantonadas en ambas márgenes, se trataba de los días 19 y 20 de julio de 1873. Lo que obligó al consistorio a proceder al cobro de impuestos municipales en el plazo de tres días para poder satisfacer aquellas entregas.

Pero no eran éstas las únicas reclamaciones que los republicanos realizaban al consistorio. El 28 de julio de ese año, las fuerzas al mando del Comandante del destacamento de Luchana, exigía la entrega: “...para mañana temprano para alimentar a su fuerza 135 onzas de carne, 217 cuartillos de vino...” Al parecer aquellos militares tenían buen apetito y sobre todo sed, ya que durante tres días disfrutaron de: “...419 onzas de carne y 669 cuartillos de vino...” A las fuerzas Carlistas acantonados en Munguia se les suministraron por otro lado: “...790 raciones de carne, pan y vino, además de tres fanegas de cebada y cuatro arrobas de paja...” Las fuerzas carlistas que llegaron al pueblo la noche del 27 de julio, dieron buena cuenta de 2 cántaras de vino que les suministró Dña. Agustina de Sustacha. Así que mientras los soldaditos jugaban a la guerra, nuestros vecinos veían disminuir sus raciones diarias, endeudándose el municipio para poder hacer frente a las reclamaciones de ambos bandos. Y el Alcalde Dn. Justo de Ugarte se las veía para conseguir que se recaudara lo preciso entre los afligidos vecinos.


Incluso las cuestiones de culto se veían afectadas, ya que en ese mismo mes, se reclamaba por parte del párroco de Las Arenas el cobro de la anualidad ya vencida, de las misas celebradas en la ermita de Santa Ana, único lugar de culto con que contó Las Arenas entre los años 1864 y 1876, cuyo importe ascendía a 2.000 reales.

Aquellas coacciones llegaban incluso a afectar a los rematantes de arbitrios municipales. Eran estos los encargados de las ventas al por mayor de vinos y aguardientes en el municipio. Quienes solicitaban que: “...por las circunstancias excepcionales que atraviesa la provincia, debido a los excesivos impuestos de dichos líquidos impuestos por las fuerzas armadas, se les hiciera una rebaja en los impuestos. Así como se dictaran las oportunas disposiciones para evitar que se produjera el contrabando de dichos líquidos...”

En la próxima entrada veremos cómo el Ayuntamiento, para tratar de hacer frente a los problemas derivados de la escasez de fondos motivados por la guerra, presentó una propuesta para su solución, así como dichos actos de guerra iban ahogando la economía de nuestro municipio.

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