MEMORIAS DE GETXO

jueves, 26 de mayo de 2016

LAS LEYENDAS DE KAROLO



Eduardo Larrea Echevarria, “Karolo”, el nieto de Jenara, personaje del Puerto Viejo sobre el que ya escribí anteriormente, es uno de los últimos vestigios de un Puerto de aventureros y mareantes, que seguro a nadie deja indiferente. Tiene admiradores y detractores. Quizá todos tengan algo de razón. Sus historias son cuestionadas por unos y ensalzadas por otros, pero es indudable que muchas de sus afirmaciones son rigurosamente ciertas. Personaje polifacético, ha practicado casi todas las facetas relacionadas con el arte. Fue bailarín, cantante, pintor, actor, incluso modelo. También viajero y niño de la guerra.

Al cabo del tiempo de ir narrando sus vivencias, seguramente las ha ido mezclando unas con otras y de sus historias, en muchos casos reales, ha ido confundiendo realidades y fantasías. Y es que, en su maraña de recuerdos salta constantemente de un tema a otro, lo que hace muy difícil distinguir la verdad de la fantasía.




Durante cierto tiempo, algunos miembros de la Productora algorteña “Old Port Films”, de quienes hablaré en una próxima entrada, estuvieron en su casa del Puerto Viejo realizando entrevistas y grabaciones de sus testimonios. En algunos casos lograron confirmar sus afirmaciones, entrevistando a los artistas aludidos, hurgando en filmotecas para encontrar sus imágenes.



Una de estas facetas que él afirma haber realizado, la de actor, es absolutamente cierta si le añadimos el adjetivo “extra”. Porque Eduardo intervino como tal en varias películas del spaghetti western, como “El más fabuloso golpe del Far-West” de Jose Antonio de la Loma. (ver fotografía inferior).


Pero también en una gran producción del 1964, de Henry Hathaway, junto a Jhon Wayne, la película “El fabuloso mundo del circo”. En la fotografía inferior podemos verle junto al mítico interprete del western americano. En esa escena, en la que se estaba hundiendo un barco, Karolo entra en escena como elefante en cacharrería y tapa la imagen del protagonista. Entonces el director montó en cólera y le gritó: “...¿quién es éste? ¡Qué me lo quiten de aquí, qué me ha estropeado el plano...!” Jhon Wayne salió en su defensa diciendo “...No le trates así, que es un buen chico...”.




También lo hizo como extra en otras películas como “¿Dónde vas Alfonso XII?”, cinta española de 1958 del director Luis César Amador, en la que aparece bailando un vals en un salón de palacio. 

Durante su vida en Barcelona asistía a “La Buhardilla”, que era propiedad de Gustavo Smtih, un piso donde se juntaba gente que se dedicaba al teatro, principiantes de las artes escénicas, donde el que sabía cantar, cantaba y el que sabía interpretar, interpretaba. Allí Karolo entabló varias amistades. Una de ellas con la luego gran dama del teatro, una jovencísima Núria Espert. Años más tarde al entrevistarla en su piso de Madrid y mostrarle un video de Karolo sacado en el Puerto Viejo de Algorta, al darle al play y ver su imagen, se le ilumino la cara, le recordó y dijo “...Nos juntábamos en casa de Gustavo Smith, gente muy joven, entre los 16 y 25 años. La actriz Julieta Serrano paso por allí..., !Sí, sí, es él, pero entonces le conocíamos como Eduardo Larrea! Me ayudaba a hacer las replicas en la buhardilla. Era muy ameno, especial, tenía una vena espiritual muy interesante. !Esta lucidísimo!...” Y le dedicó unas palabras muy bonitas de cariño.



En su faceta como modelo basta ver la realizada por el Doctor Carta en Italia. La técnica que utilizó para retratar a Eduardo fue mediante una proyección de la foto tomada previamente y proyectada sobre una sábana, dibujarla como cuando calcábamos de txikis en el cristal de la ventana de nuestras casas. En su época más bohemia se dejo una barba muy larga y en Barcelona, por las Ramblas, era conocido como “El Cristo de las Ramblas”. Sobre la pintura es de sobra conocida sus características, por él llamada, pintura naif. Una de sus exposiciones la realizó en el “Viejo Café” de Algorta. También hizo sus pinitos como cantante, actuando en algunas emisoras bilbaínas.



De sus viajes y andanzas fui testigo de excepción en el año 1973, en la población gerundense “Lloret de Mar”. Allí pude verle, en la playa, con una de sus creaciones, mientras contaba sus fantásticas historias a turistas alemanes. Tuvo su época sudamericana: un familiar había montado un restaurante y estuvo por esos mundos (Chile, Argentina). También lo hizo por Europa (Estocolmo, Dinamarca, Francia, Bélgica, Grecia, Florencia, Nápoles, Suecia, ...).

Como niño de la guerra, con tan solo 8 años fue llevado junto a otros pequeños de Algorta a Iparralde, donde existía una colonia de acogida sostenida por D. Manuel de Intxausti, con 34 niños. Una de las colonias más numerosa era la de Donibane Garazi (Saint Jean Pierd de Port), que al 13 de agosto de 1917, tenía un total de 401 niños acogidos. entre ellos estaba Eduardo.

Y aprovecho la ocasión para mencionar un proyecto que un vecino de Algorta prepara relacionado con el Puerto viejo. Dentro de él, una de las figuras, podríamos decir estelares, es Eduardo Larrea. Este evento (en preparación) recogerá entre otros actos un memorial de sus habitantes “...donde se reconozca a sus gentes, a sus tradicionesdonde recuperar la memoria histórica de éstas y que sea trasladada y asumida por las nuevas generaciones y así garantizar el relevo...” En este acto quieren distinguir a Edu, “Karolo, El Divino” y a la “Comisión de Fiestas”. El cual contará con una exposición de fotos en vinilo, reproducciones de personajes del Puerto, carteles de fiestas, exposición de botes tradicionales. Y diversas actividades creativas como cine, pintura, música, poesía y talleres infantiles. Además de con actividades relacionadas con la gastronomía local. En la fotografía superior podemos ver el programa de festivo que están preparando.



Sirva este pequeño recorrido por la vida de uno de los personajes del Puerto para que algunas de sus historias, a veces cuestionadas, las nuevas generaciones a quienes asaltaba con sus ”fantásticas historias”, sepan que realmente eran vivencias reales.

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