MEMORIAS DE GETXO

jueves, 14 de marzo de 2019

LA CUEVA DE SORGUIÑSULO



Nuestro pueblo a lo largo de los años ha aparecido cuajado de mitos y leyendas, unas relativas a sus montes y valles, otras a sus costas y acantilados. Algunas de estas leyendas han llegado a nosotros por vía oral. Aunque desvirtuadas por el paso del tiempo, se han ido filtrando en el acerbo y la imaginería popular con historias fantásticas donde aparecían magos, brujas u otros seres fabulosos que vivían en cumbres o acantilados.

Así brotarán en Euskal Herria las leyendas de Mari, Akerbeltz, Basajaun o las de los “Jentillak”. Algunas han pasado a formar parte del folklore de nuestro pueblo. Otras, relacionadas con la mar de los útiles marinos, nos contaban cómo se inspiraron observando al cangrejo para trazar la línea del ancla.

Algunas de estas leyendas hablaban sobre las lamias. En una de ellas, sobre la “Lamia de Gresalchu”, relataban que un marino de Plentzia, Juan Askondo, que navegaba en la balandra “La Golondrina” proveniente de la Habana, encalló en la ría del Nervión. Y es precisamente sobre las lamias en nuestra costa, la de Getxo, que casi por casualidad voy a desempolvar una de esas leyendas, de las que a finales del Siglo XIX se hablaba en uno de nuestros barrios.

En octubre del 2018 se llevó a las Galerías de Punta Begoña (Algorta) una representación teatralizada bajo el título “Euskaraldia en Sorginzulo-Euskaraldia Sorginsulon”, basada en la investigación etno-toponímica impulsada por el bertsolari Fredi Paia, de la mano del Ayuntamiento de Getxo, la Cátedra Unesco y Euskaraldia Getxo. Esta obra había sido compuesta por la escritora Toti Martinéz de Lezea y hablaba de la existencia hace 100 años de una cueva bajo las Galerías.

En la presentación decía Maider Maraña: “...Esta actividad aúna paisaje, toponimia, género, euskera y memoria local, ya que las Galerías guardan el alma de Getxo, que se puede conocer a través de la memoria y eventos de este tipo...” Por otro lado uno de sus impulsores Fredi Paia comentaba que “...Tuve conocimiento de esta cueva a través de testimonios de personas mayores del municipio, y con posterioridad, a través de unos escritos de 1910 del capitán Basañez de Algorta. La Cátedra Unesco encontró un documento oficial y eso ayudó a materializar el proyecto...”

Las leyendas urbanas se trasladan con gran facilidad y pierden encanto con el paso del tiempo. De esta cueva se hablaba ya en 1899, en el Semanario “La Voz de Guecho”, rotativa que tuvo un año de vida. En su número trece aparecía recogido un artículo firmado bajo el seudónimo “Sorguintsu-arr-bat” que era encabezado por el título “Sorguisulo”. En ese relato probablemente fruto de las fantasías de un Getxo que a finales del Siglo XIX tan solo tenía 5.442 habitantes de hecho, se hablaba de los recuerdos de los algorteños de la época y se preguntaba en voz alta: “…Sorguiñzulo! ¿Qué algorteño no tiene algún recuerdo de Sorguiñsulo? ¿Quién no entró alguna vez a esa cueva?…”


Describían las sensaciones que al entrar en la cueva sentían los mozalbetes de la época: “...¿Quién al entrar por primera vez de niño en ella, no se sintió atrapado por el miedo y aún el terror al recordar la espeluznante leyenda de esa gruta?...” Continuaban con la descripción de los recuerdos de juventud, a pesar de estar ya entrados en años y lo hacían en primera persona: “...Recuerdo yo que no había muchacho alguno que se atreviera a permanecer en Sorguiñsulo una vez entrada la noche por temor a quedar preso entre las aceradas garras de las brujas….. Sentíamos tal pavor ante la sola idea de vernos perseguidos por las brujas, que más de una vez, creyéndolas cerca, atravesábamos corriendo la entonces extensa playa y no cejábamos en nuestra carrera hasta dominar por completo la altura del pueblo...”

De las sensaciones escalofriantes del miedo que les producía la presencia en aquella cavidad de las temidas brujas, narraban: “...Tal era nuestro miedo, que todos creíamos haber visto en alguna ocasión a una legión de brujas cabalgando sobre escobas y gesticulando asquerosamente, procurando darnos caza para castigar con inaudita crueldad nuestra imprudencia de acercarnos a su guarida a la hora en que ellas tenían costumbre de habitarla; a la puesta del sol…” Aquellas creencias eran fruto de la transmisión de los muchachos mayores a los más jóvenes.

Relataban lo que aparecía ser La Leyenda de las Brujas de Sorguiñsulo, según contaban: “...Había brujas en aquel agujero desde los primeros años del siglo primero, en que un día de horrorosa tormenta embistió una colosal embarcación con tal furia al Morro de la Begoña que practicó en la roca un enorme agujero. El barco se hizo añicos y sus tripulantes, que eran brujas, tuvieron que refugiarse en el hueco que su embarcación produjo, y viéndose primero por fuerza obligadas a instalarse en el referido hueco, quedáronse después en él de buen grado, recibiendo desde entonces esa cueva el nombre de Sorguiñsulo, o Agujero de las Brujas...” Decía la leyenda que:”...Las indagaciones practicadas hasta principios de este siglo para saber lo que se hizo con los restos del buque no dieron resultado alguno, pero posteriores y más afortunadas averiguaciones hacen creer, casi con perfecta seguridad, que los citados restos fueron por completo recogidos por los moradores de este pueblo quienes, arrostrando las furias de las brujas, llenaron sus cocinas de abundante combustible...” Algo tenía esta historia de cierto, ya que el habito de recoger restos de embarcaciones naufragas llegó hasta bien entrado el siglo XX, sobre todo en los hogares más humildes, como los del Puerto Viejo de Algorta.

Pasados los años se fue perdiendo la tradición de la Leyenda de las Brujas de Sorguiñsulo, pero según decían: “...Es seguro que habrán seguido viviendo tan contentas y felices en su poético escondite; más, ¡ay! Que tanta felicidad había de concluir alguna vez, y vean ustedes cómo (con el formidable murallón de Algorta), a las pobres brujas de Sorguiñsulo les han tapado el agujero...” Hasta que 120 años después de escrita aquella “historia” volvían a las murallas de Punta Begoña de la mano de Fredi Paia, el Ayuntamiento de Getxo, la Cátedra Unesco y Euskaraldia Getxo y con un guión de Toti Martínez de Lezea, trayendo a nuestros días el alma de las viejas tradiciones/Leyendas de Getxo.


De forma seguro mal intencionada aquellos periodistas de Algorta dejaban caer: “...¡Pobres brujas! ¿Que harán ahora? ¿Vendrán a vivir arriba? Entonces…. ¡pobres de nosotros! …¿Cómo podremos vivir con tanta bruja?...”

Ahora se habla de nuevo de esa cueva de la que unos dicen conducía hasta los bajos del Fuerte las Canteras de Aiboa, aunque esas afirmaciones parece no son ciertas. Seguro que en un plazo razonable de tiempo nos será desvelado por los investigadores de la EHU/ UPV, que desde hace ya cinco años trabajan en ese hermoso anfiteatro obra del arquitecto bilbaino D. Ricardo Bastida y Bilbao, cómo esa cavidad se pudo producir. Pero el romanticismo de esa leyenda seguirá flotando sobre las brumas del atardecer en Algorta durante largos años.

La fotografía que encabeza esta entrada pertenece a la Autoridad Portuaria. Me fue facilitada por una de las integrantes del grupo de Investigación en Patrimonio Construido de la EHU (Universidad del País Vasco). Forma parte del Centro de documentación que están generando en el marco del proyecto de Punta Begoña.

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