MEMORIAS DE GETXO

lunes, 24 de septiembre de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -54-



En la anterior entrada veíamos cómo se acordaba la exención de cupo del servicio de marina para los mozos que, siendo hijos únicos y con madres viudas, que por su condición de pobreza, no tuvieran más ingresos que los derivados del trabajo de sus hijos.

A finales de octubre de 1885, la actividad de extracción de piedra en Ereaga, era de gran utilidad para las obras de Algorta. Una de las personas que realizaba la misma era D. Juan Bautista Eguia. La piedra era depositada a ambos lados de la carretera de la playa para ser conducida posteriormente a Algorta.

El monte o derrumbadero, que así se llamaba, de Satistegui, daba no pocos quebraderos de cabeza a los vecinos de la zona. El 5 de noviembre de 1885 D. Martín Berreteaga y otros 22 vecinos se dirigían al Ayuntamiento solicitando: “...Que teniendo presentes los terribles derrumbamientos y hundimientos producidos últimamente por la aguas en el monte o derrumbadero de Satistegui, se acuerde que aquel terreno sea reconocido por un ingeniero...” El consistorio aceptaba la propuesta vecinal, acordando fuera inspeccionado todo el acantilado desde Satistegui hasta la plazuela de Erega por un ingeniero de minas con la condición de que dicho informe: “...Solo se obliga el Ayuntamiento a pagar la mitad de los honorarios de dicho inteligente, debiendo satisfacer la otra mitad los propietarios...”

Aunque pocos días más tarde el consistorio decidía: “...Prohibir, como acordó este Ayuntamiento el 31 de octubre de 1878, la saca y extracción de toda clase de piedra en la ribera del mar, desde bajo el punto llamado Castillo de San Ignacio hasta la línea de pared de la propiedad del finado Gana, que confina con la plazuela de Ereaga, y tomando en consideración los derrumbamiento ocurridos en los montes colindantes, como consecuencia de haber sido extraídas de su pie las piedras de mar, que amontonadas servían de base al monte Satistegui...” Y hacían extensiva la orden a toda la zona de la playa de Ereaga: “...Prohibición absoluta de extraer piedra en toda la playa y costa de Ereaga, dado que a causa de la gran cantidad de piedra y arena que se quita en la parte no prohibida, puede quedar inútil la playa para baños, y hasta desaparezca en una época no muy lejana toda la plazuela y hasta el camino a la fuente, debido a los abusos cometidos...” Añadían que para realizar las obras del barrio: “...Existe arena de sobra en el terreno comunal de la Avanzada y paseo de mar próximo a aquella punta..”


En esos días, a primeros de octubre de 1885, y a pesar de que el establecimiento “El Café de la Marina” del Puerto Viejo de Algorta, ya había sido dado de baja el 8 de octubre cómo lugar de internamiento de coléricos, la Feria de Las Arenas era suspendida: “...Teniendo presente lo perjudicial y peligroso que es en la actuales circunstancias la reunión de gentes, cuando la epidemia colérica existe en varia localidades próximas, y teniendo en cuenta las órdenes emanadas del Gobernador de la Provincia, acuerda el Ayuntamiento suspender por ahora, y mientras las circunstancias actuales continúen, la feria que se celebra en el barrio de Las Arenas...” Tal era la preocupación sanitaria, que el 12 de ese mes el Gobernador ordenaba una inspección sanitaria del barrio. El alojamiento y alimentación de la brigada sanitaria, que estuvo 12 días en el establecimiento de D. Antolín Urteaga de Las Arenas, supuso para las arcas públicas la cantidad de 308 pesetas, así como otra partida de 28,25 pesetas por carbón y velas que utilizaron para sus labores. También los alguaciles y peones camineros fueron recompensados por su ayuda durante aquellos días de prevención del cólera con 25 pesetas.

En esas fechas la llamada “Casa Caba”, que al parecer se encontraba en los alrededores de Talayeta, era compartida por varias familias. Entre sus propietarios se encontraba la señora Dña. Rafaela Araras.

A su vez el párroco de Santa María de Getxo reclamaba al consistorio 504 reales en concepto de los servicios religiosos de las fiesta locales de los días 15 y 16 de agosto pasados.

El 13 de noviembre de 1885, el Gobernador Civil de la Provincia aprobaba el proyecto de traída de aguas potables a Getxo, desde los montes de Berango, declarando de utilidad pública el aprovechamiento de las mismas. El autor del estudio fue el ingeniero D. Laureano Gómez Santa María.


Y los desprendimientos, en la zona de Satistegui, de los que hablaba con anterioridad, afectaban esta vez a una de las sociedades más antiguas de Algorta, al “Casino Algorteño”, quienes se dirigían al consistorio indicando: “...La Comisión Directiva del Casino manifiesta que a consecuencia del desprendimiento o corrimiento de tierras ocurrido en la barranca de Satistegui el 31 de octubre, ha quedado el edificio en condiciones poco satisfactorias para seguir habitándolo. Solicitamos que mientras se repara el local adecuadamente, se prepare el salón de la casa Consistorial para que en él tenga efecto la reunión de los señores socios de este casino...” El Ayuntamiento accedió a dicha petición y el Casino agradecía el 25 de noviembre la concesión del salón consistorial.

Las canteras de los terrenos comunales de la Galea eran otro de los lugares para la extracción de piedra para realizar obras en el Pueblo. El 26 de noviembre de 1885 eran utilizados por D. Manuel de Egusquiza para realizar obras en su casa de Sarri-Pepilloena del barrio de Sarri (Andra Mari). Algunas piedras procedentes de la cantera cercana al: ”...Molino Viejo de Viento de la Galea...”, fueron amartilladas y colocadas en la bajada de Arechondo.

El 3 de diciembre de 1885 era nombrado como mayordomo vocal de la Junta de Fábrica, a petición del cura párroco de Santa María de Getxo D. Francisco Ugartechea, para los próximos dos años D. Manuel Larrianaga.

El cura párroco de San Nicolás de Bari de Algorta decidía cantar un “Te Deum” el 8 de diciembre de 1885, después de la misa mayor: “...En acción de gracias a Dios por haber librado a este pueblo de la enfermedad colérica...” El acto contó con la presencia de la corporación municipal.

Algunos hechos que acontecieron en nuestro pueblo durante aquellos días fueron: El 10 de diciembre de 1885 era registrada la “Casa Amorotoena” a nombre de D. Juan Bautista Cortina, vecino de Bilbao. Y el panadero D. Máximo Llantada suministraba el pan a la fuerza de artillería acantonada en Algorta en octubre de 1885. El boticario D. Manuel García Salazar suministraba al Ayuntamiento medicinas y desinfectantes para varios casos de cólera ocurridos en pueblos próximos y para otro sospechoso en nuestra localidad.

Y ya dentro de las navidades de 1885, el 24 de diciembre, le llegaba la hora de reclamar débitos de la última guerra a Dña. Tomasa Galdós. Aquellos aguerridos soldados de las tropas del gobierno, debieron tener mucha hambre, ya que consumieron nada menos que 33 libras de buen tocino (15 kg.) en el año 1874. Pero los botines de guerra no se anotan, se consumen, así que la pobre señora vio cómo el producto de su trabajo volaba en los estómagos de aquellos guerreros, sin que a ella le compensara nadie.


Era costumbre en la época colocar a las entradas de las casas unas losas de piedra, las cuales además de estrechar las ya angostas callejas, impedían el discurrir del agua de la lluvia, o la que los vecinos arrojaban para limpiar las entradas o simplemente evacuaciones de aguas fecales que salían al exterior por los caños de cada vivienda. En el pleno del 24 de diciembre de 1885 el consistorio decía: “...Teniendo presente el perjuicio que causan en las calles las aguas, a consecuencia del paso muy estrecho que existen en las cunetas para la entrada a las diferentes casas de la población; acuerda este Ayuntamiento autorizar a la Comisión de Fomento y Policía Urbana, encarándose con los propietarios, trate de poner las losas de entrada a las casas, de modo que el agua pase por debajo de las mismas, dando libre paso a las aguas por las cunetas...” De esta forma evitaban los encharcamientos y retenciones de aguas que más tarde pudieran ser focos de contagios de enfermedades cómo la fiebre tifoidea o el propio cólera.

En la próxima entrada veremos cómo al comenzar el nuevo año se procedía a la recogida de las cedulas personales en la Administración de Hacienda Provincial y comenzaba a construirse la iglesia de Las Mercedes.

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