MEMORIAS DE GETXO

miércoles, 2 de mayo de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO19 EN GETXO -XXXIV-



En la anterior entrada veíamos la importancia que se daba a los fondos municipales Las necesidades de información administrativa y legal parece que anidaban en nuestro munícipes. También leíamos cómo trataba la prensa en agosto de 1882 al barrio de Las Arenas, del que decía que hacía veinte años, tan solo había en él no más que dos ó tres edificios, y aquella llanura era toda arenales y dunas sin ninguna vegetación. Y en ese año estaba cubierta de bosques y Jardines frondosos, entre los que se alzan multitud de lindos y suntuosos edificios. En esta veremos los enfrentamientos entre los poderosos hacendados y el Ayuntamiento al tratar estos de pasar por encima del Consistorio, acudiendo a los favores del Gobernador. Y cómo en marzo de 1883 se anunciaba, con carteles colocados por el pueblo, la feria de ganados en la campa de Alango.

Los enfrentamientos entre los poderosos hacendados y el Ayuntamiento seguían repitiéndose al tratar, éstos, de pasar por encima del Consistorio, acudiendo a los favores del Gobernador. El 28 de diciembre de 1882 D. Fernando Mieg, que en julio de 1865 había adquirido uno de los terrenos de Las Arenas, solicitaba al Gobernador permiso para: “...«elevar 5 litros por segundo del rio Gobela a fin de regar la finca Sagarra-Barrena de mi propiedad»...” El Ayuntamiento de Getxo se opuso alegando que: “...«los ganados no podrán abrevar, impedirán que las lavanderas acudan a sus orillas, no pudiéndose utilizar las aguas para beber y uso doméstico, no pudiendo desarrollar su industria las tejeras e impedirá que los dueños de terrenos de Santa Eugenia puedan regar sus fincas»...”

Y finalizaba el año con un acto, que seguro que a los implicados no gustó excesivamente, el “Sorteo de Mozos” para el remplazo del ejército del año 1883. Entre los llamados a quintas aparecían nombres conocidos en el barrio: Luis Arondo, Santiago Luis Saitua, Eduardo Sarria, Juan Bautista Larrinaga, Hilario Aguirrechu, entre otros.

En la próxima entrada veremos la llegada del nuevo año, 1883 con sonsonetes cuarteleros referidos a los suministros de materiales bélicos, hechos por el consistorio durante la última Guerra Carlista


En la anterior entrada vimos las necesidades de información administrativa y legal que anidaban en nuestros munícipes, y cómo eran tratados los impuestos sobre la sidra. En ésta veremos la llegada del nuevo año, 1883, con sonsonetes cuarteleros referidos a los suministros de materiales bélicos hechos por el consistorio durante la última guerra. Y los conflictos con la Cofradía de Mareantes del Puerto de Algorta.

Y así comenzaba el año 1883, con sonsonetes cuarteleros, referidos a los suministros de materiales bélicos, hechos por el consistorio durante la última guerra a las tropas del Gobierno (a los Liberales), que habían sido suministradas por el vecino de Madrid D. Baldomero Burreros.

Entre las obras que se iban a acometer nada más empezar el año estaban la Plaza y calles de Las Arenas, un lavadero cubierto en el río Gobela en el punto llamado Lejarreta. En enero de 1883 se acordaba establecer el sistema métrico decimal en el Matadero de Algorta.

Y para que no quedaran dudas de la religiosidad del barrio, se ordenaba hacer los listones para colocar las tablillas con las láminas del Antiguo Testamento en la Escuela de Niñas de Santa María de Getxo. Y como no fuera que las iras divinas descargasen sus rayos celestiales, el 25 de enero el consistorio encargaba a D. Julián Torre la colocación de un pararrayos en la torre de la iglesia de Andra Marí.


A mediados de febrero de 1883 eran varios los vecinos de Las Arenas quienes ofrecían al Ayuntamiento la cantidad de 27.000 reales para arreglar la calle que iba desde la carretera, junto al Balneario de Baños de Mar Bilbaínos, a la capilla de Santa Ana. El proyecto quedó encargado al maestro de obras D. Francisco Ciriaco de Menchaca.

Para cumplir la orden del Gobierno Civil, del 19 de febrero de 1883, que demandaba: “...«la construcción de un lugar independiente al cementerio para enterrar a las personas que fallezcan fuera de la religión Católica»...” El consistorio acordaba estudiar la ampliación del cementerio de San Nikolás, y la construcción del citado recinto para los no católicos.

El 19 de marzo de 1883 se anunciaba con carteles colocados en el pueblo la feria de ganados en la campa de Alango. Y aunque no era el caso, en esos días, las pruebas de bueyes que estaban prohibidas, demandaban el interés de la prensa: “...«por el gobierno civil de Vizcaya se prohibieron las repugnantes pruebas a que se sometían en nuestros feriales las yuntas de bueyes, pruebas que consistían en hacer arrastrar a los pobres animales, a fuerza de gritos, rejonazos y palos, enormes piedras cuyo peso era cuando menos doble del que buenamente podían arrastrar las yuntas…, las pruebas no eran más que pretexto para las apuestas y, a decir de la prensa, levantar las más bajas pasiones de crueldad contra los animales...»” A pesar de ello, varios municipios del interior de Bizkaia recogían firmas para levantar la prohibición.


A finales de marzo se trataba sobre un documento de propiedad de las casas denominadas Goñi-bekoa nueva y vieja, presentado a requerimiento del consistorio por D. Juan Antonio de Goñia, el cual adjudicaba la propiedad de la campa llamada “Goñí” a la primera casa. No obstante el Ayuntamiento se reservaba el uso de la misma, si lo consideraba conveniente.

Y como la custodia de los fondos municipales era cosa importante, el 29 de marzo, el consistorio adquiría a “Gostcher y Cª de Bilbao” una caja de hierro, cuyo precio fue de 880 pesetas, reforzada por tres cerraduras, no fuera que alguien habilidoso pudiera abrir alguna.

En la próxima entrada veremos cómo para mediados de abril de 1883, los vecinos y concejales ya eran conscientes de que el cementerio de Algorta (Campa del Muerto) se había quedado pequeño, y pensaron en comprar un terreno cercano a éste, de propiedad particular, para ampliarlo. Y cómo para finales de abril de 1883, ante la invasión de ganados que pastaban por los jardines próximos al tranvía, en Las Arenas, incluido el recinto de las cocheras, el Ayuntamiento acordó prohibir toda clase de rumiantes en la zona.

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