MEMORIAS DE GETXO

jueves, 5 de abril de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -XXVIII-



En la anterior entrada veíamos cómo en octubre de 1881, un grupo importante de vecinos se unía en torno a la reivindicación de que se construyera el camino que enlazaba San Martín con la carretera provincial que iba hasta Urduliz y cómo en octubre de 1881, el Ayuntamiento recepcionaba las obras de la nueva Casa Consistorial de san Nicolás.

En diciembre de 1881 se exigía a los médicos y farmacéuticos que se hacían cargo de la atención de las familias pobres, un listado de las familias que necesitaban de su atención, y a quienes, se suministraban los medicamentos gratuitos por su condición de pobreza. Al parecer ya desde octubre de 1873, el reglamento provincial de atención sanitaria a familias pobres, establecía que hubiera un medico cirujano para la atención de estas familias en poblaciones de menos de 4.000 vecinos, así mismo por cada grupo de 300 familias pobres era suficiente con que hubiera una oficina de farmacia para dicha atención, la cual tenía asignados 1.000 reales anuales para dicho fin. Las listas fueron elaboradas por los facultativos D. Manuel Hormaeche y D. Antonio Barrera, así como por el farmacéutico D. Miguel Garcia Salazar, aunque los suministros de medicinas para los más necesitados los realizaban de forma semestral entre el primero y otro farmacéutico de Algorta, D. Cándido Zugazagoitia. A su vez los pobres del Puerto eran atendidos por la Cofradía de Mareantes, quien pagaba la asistencia facultativa y las medicinas. La lista de estos desamparados también fue solicitada al Mayordomo de la Cofradía.

Comenzaba el año 1882 con una “sana discusión” sobre si debiera repartirse el suministro entre los dos farmacéuticos o si debiera ser uno solo quien suministrara las ayudas a las familias pobres. D. Asensio Inchaurtieta había planteado que el suministro lo realizara el farmacéutico Sr. Garcia Salazar, mientras que el primer teniente de Alcalde D. José Ramón de Ansoleaga planteaba que fueran los dos farmacéuticos quienes lo hicieran. Al parecer eran celos comerciales, adornados de quien fue el primero en instalar la farmacia, los que mediaban en la discusión. El Sr. Ansolega apoyaba sus argumentos en que no existían derechos adquiridos, y era un derecho del consistorio el revocar los acuerdos con los farmacéuticos, además de que: “...«En la vecina Portugalete dos son las farmacias que suministran medicamentos a los enfermos pobres, y la población de Vergara se halla en idéntico caso»...” Tras un largo debate el Ayuntamiento decidió aprobar su acuerdo anterior, por lo que fueron los dos farmacéuticos quienes suministraron los medicamentos.


A mediados de enero de 1882 algunas obras del municipio iban concluyendo: El Puente de Larrañazubi, que había realizado el finado D. Domingo de Aurrecoechea; la colocación de faroles en la calle de la Carretera (actual Algortako Etorbidea). Mientras que otras generaban polémica, era el caso de la carretera de Urduliz al Ángel de Getxo; varios vecinos de la Anteiglesia escribían a la Diputación Provincial solicitando: “...«Se digne acordar que desde el Ángel continúe la carretera por el camino actual de carros, a empalmar en San Martín»...” El Ayuntamiento se retrotraía un informe que había elaborado en 1881, dando el asunto por zanjado.

No todos los barrios disponían de alhóndiga municipal, por lo que algunos fondistas solicitaban poder descargar, pesar y almacenar los vinos que introducían en el Pueblo en sus propios almacenes, era el caso del vecino de Las Arenas D. Miguel París. Romo, en esa época, también pertenecía a ese barrio. La condición establecida por el consistorio fue que: “...«Careciendo el municipio en dicho barrio de deposito y pesas, deberá facilitar gratis su bascula para pesar cuantos vinos se introduzcan en el barrio»…"

En esas mismas fechas se plantaban tamarises en la playa de Ereaga, y en otras zonas de litoral del municipio. El empedrado del camino de Las Arenas lo realizaba D. Francisco Mezo, con cantos procedente del la playa de Arrigunaga.


A primeros de febrero de 1882 se terminaba de confeccionar el padrón de ese año. Los responsables de confeccionarlo fueron los vecinos de Getxo D. Manuel Ugarte y D. Emilio Saliquet.

El 9 de febrero de 1882 quedaban nombrados, por el cabildo de Getxo, como mayordomos de la Iglesia de Santa Maria, para el año 1882 D. Juan Bautista de Sarria y para el año 1883 D. Juan Bautista de Ayo.

Algunos vecinos solicitaban al Ayuntamiento la utilización de terrenos comunales para la labranza. En la zona de Alango, uno de dichos solicitantes fue D. Francisco de Guerediaga, a quien se le concedieron siete peonadas, en el punto de Iturribarri, cerca del matadero.

En esa misma fecha el Ayuntamiento recibía un oficio del Alcalde de Gernika anunciando que con fecha del 8 de enero se había producido la unión de Luno a dicha Villa.

A mediados de febrero de 1882 el tranvía avanzaba hacía el centro de Algorta. El maestro de obras (Arquitecto municipal) D. Ciriaco de Menchaca acordaba con el director de la Compañía del Tranvía de Bilbao a Algorta los trabajos de rasantes necesarios para que dicho transporte llegara desde la plazuela de la Carnicería, junto a la esquina de la casa de D. Cipriano Urquiola, hasta el Casino de Algorta. Las aceras fueron realizadas con piedra procedente de Santo Domingo y Enecuri.


El 9 de febrero se inscribía en el registro de la propiedad la casa llamada “Alango Mayor”, situada en Algorta, en la campa del mismo nombre. El Alcalde de Getxo disponía la colocación de mojones para delimitar dicha plaza, ya que era de propiedad municipal: “...«Una vez que sean colocados los mojones, se proceda a igualar dicha campa a fin de establecer en ella la feria de ganado»...”

En febrero de 1882 volvía a la palestra las buenas costumbres y la decencia de nuestros jóvenes en los días festivos, sobre todo en los de la Semana Santa. A instancias del Alcalde D. Manuel Zalduondo, la corporación abordaba el vidrioso tema: “...«Aunque hasta ahora no ha sido costumbre, lo útil e imprescindible es, que el día que en la plaza pública haya jóvenes de ambos sexos, ahora que llegan los días festivos de la Cuaresma entrante, puedan divertirse en ella con la decencia que requieren la santidad de esos días. Así por ese medio poder evitar toda indecencia y escándalo, que por experiencia se ha visto en años anteriores, marchando dichos jóvenes a puntos que no puedan ser vigilados como en la plaza»...” Por lo presentado por el Alcalde, y tomando en consideración todo lo relacionado, acordaba el Ayuntamiento: “...«Que durante los días festivos de la cuaresma, y después de terminar los divinos oficios de la iglesia, toque el tamborilero en la plaza pública, para que en ella se diviertan los jóvenes honestamente, teniendo la correspondiente vigilancia para que así se efectúe»...” Dicho acuerdo tuvo su replica en el diario bilbaíno “Beti-Bat” (Diario católico fundado en Bilbao en 1880), un 8 de febrero de 1882. Al parecer, la corporación municipal se vio agraviada por los comentarios que en él se hacían por: “...«Haber mandado tocar el tamboril en la plaza pública, los días de fiesta de cuaresma, con el fin de evitar que se promuevan escándalos en rincones ocultos»...” Lo que llevó a insertar un artículo de rectificación defendiendo la propuesta municipal, incluso el primer teniente de Alcalde propuso suprimir el pasacalle y toque de tamboril después de la misa, durante la cuaresma, incluso: “…«El balsear según acostumbran aquí los que asisten al toque del tamboril»...”

Y como los tiempos eran de división de sexos, como decían en las actas “por su clase”, a las niñas pobres de la escuela de la “Fundación Cortina” (San Martín) de Algorta, se les asignaba uno de los roles de la época destinados a las mujeres: “...«Que en la escuela de la Fundación de niñas pobres de esta localidad, se compre el periódico titulado “La Azucena”, para que las niñas de la misma aprendan a hacer los bordados correspondientes a su clase, se autoriza a la maestra directora para que pueda suscribirse al citado periódico»...”

En la próxima entrada veremos cómo comenzaba marzo de 1882 con una curiosa guerra de faroles y cómo las obras del tranvía volvían a las páginas de plenos.

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