MEMORIAS DE GETXO

viernes, 10 de abril de 2015

EL ABRAZO DE DOS PUEBLOS



Complementado mis entradas anteriores sobre los Balnearios de Getxo, traigo a estas páginas uno de los hechos que facilitarían, no sólo el tránsito (casi medio millón de personas cruzaban en bote ambas márgenes), si no el aumento de un turismo incipiente, que veía trasladar a nuestro pueblo las instalaciones, que antes habían estado en Portugalete y Santurtzi (la industrialización de esa margen, provocaría el traslado a nuestro municipio, de las élites asentadas hasta entonces en la margen izquierda). El abrazo de dos pueblos, la unión de ambas orillas de la ría (Ibaizabal), ese hecho que unió para siempre ambas márgenes, fue la inauguración del Puente Palacio o Puente Bizkaia.

Previamente hubo un intento de construcción de un puente giratorio. Sucedía el 1 de abril de 1891. La solicitud partió de la mano del vecino de la villa de Bilbao Pedro María Mercadet. El constructor obtuvo una real patente por 20 años. En su escrito definía la instalación como: “...un puente giratorio, suspensible y fijo, mediante el cual, sin interrumpir la navegación, puedan pasar con absoluta seguridad personas, caballerías, carros, coches y tranvías...”. Afirmaba en el escrito haber solicitado del gobierno la autorización para montar cinco puentes de ese género. El presupuesto previsto para el mismo era de 300.000 pesetas, solicitaba al Ayuntamiento de Getxo una subvención reintegrable, sin intereses de 10 a 15 años. Aquella propuesta fue rechazada por la corporación municipal. Adjuntaba un plano con el diseño de ese puente (ver fotografía inferior).


Finalmente el puente que cruzaría la ría fue el de Alberto Palacios. Durante su construcción el Sr. Palacios solicitó el 8 de enero de 1893 la autorización para la construcción de un pozo para alimentar de agua el puente. Dicho pozo iba a estar situado junto al muro del jardín de la antigua casa del Sr. Maturana, en Las Arenas. De dicho pozo de 1,60 metros de diámetro partía un colector de cinco centímetros de diámetro, hasta la base del puente. Como curiosidad en la parte inferior se puede ver la fecha de solicitud junto a la firma del Sr. Palacios.


Su inauguración estaba prevista para el domingo 23 de julio de 1893, pero su puesta en marcha definitiva se realizó el viernes 28 de julio. ¿Quizá el retraso se debió a que la bomba de alimentación de agua, fabricada en Orleans, llegaba el 15 de julio?. La prensa bizkaina (El Noticiero Bilbaino), en la columna “Sección Literaria” que titulaba “El Puente Movible”, decía: “...Hoy quedará abierto al público el puente movible entre Las Arenas y Portugalete...”. En esa columna se deshacían en elogios “...Obra grandiosa, prodigio de la ciencia, arrogante torre...”, para describir a continuación su composición y funcionamiento. Las pruebas oficiales se habían verificado la víspera, bajo la supervisión del Ingeniero Jefe de Bizkaia D. José Lequerica. Para verificar su resistencia, se colocaron en la barquilla sacos de arena, hasta alcanzar una carga de 40 tn., peso que excedía en siete u ocho veces el mayor peso que se pensaba trasladar entre ambas orillas.

El banquete de inauguración fue servido en el Hotel Ventura (Recreo). Ocupaban la presidencia el Arquitecto Sr. Palacio, a su derecha estaba el gerente de la empresa constructora Sr. Murga y a su izquierda el ingeniero parisino Sr. Brull. En el ágape participaron 22 comensales. Llegada la hora de los brindis, tomó la palabra el Sr. Murga quien expreso su agradecimiento a cuantos habían participado en la construcción del transbordador. A continuación tomo la palabra un emocionado Alberto Palacio, padre y diseñador de tan magna obra, quien expresó su lucha ante tan ardua tarea y agradeció a todos los participantes su ayuda para hacer realidad aquel acontecimiento con palabras gratitud y orgullo: “...He luchado con las dificultades de la ciencia, de la sociedad, de lo desconocido, y cuando veo realizada mi obra, atrevimiento de la mecánica, una locura para negocios bursátiles, rasgo de soberbia de juventud, no acierto a expresar con la sinceridad de mi corazón, mi gratitud a cuantos me han ayudado...”.


Entre los que habían colaborado con él citaba, además de los anteriormente nombrados, a Ferdinad Arnodin, ingeniero constructor apodado “El Rey del cable”, y al Sr. Gory (jefe de montaje). Adelantó sus proyectos para el futuro, entre ellos mencionaba un puente entre Erandio y Baracaldo, que no se llegó a construir. Hacía a continuación una defensa de la utilización del hierro en la nueva arquitectura religiosa, tan pobre en esos momentos, y se preguntaba: “...¿Que razón existe para que sea tan pobre el estilo arquitectónico religioso?, si los egipcios tomaron al granito como base de sus milenarias pirámides, los griegos el pentélico mármol, el hormigón los romanos, y la arenisca calcárea los góticos y renacentistas para sus catedrales y templos, ¿Por qué razón nuestro tiempo que ha descubierto las maravillosas condiciones del hierro, no ha de hacer de él la base para sus santuarios religiosos?...”. Le siguió en la palabra el Sr, Brull, dirigiéndose a los presentes en francés, realizando un encendido elogio a Bilbao. Finalmente el Sr. Palacio anunciaba que tras una misa que se iba a celebrar en la plazoleta del puente se procedería a la inauguración oficial y apertura al público.

La Sociedad Constructora estaba formada por los señores: Murga, López de Letona, Palacio, Elgoibar, Trucios, Arratia, Otola, Ajuria, Zunzunegui, Vildosola, Bustamante, Acha, Retuerto y Rourville, que habían realizado un desembolso de cerca de 4 millones de reales, para hacer realidad aquel monumento de hierro, aunque parece que fue Lopez de Letona quien aporto la mayor parte del capital necesario. Hablaron de la previsión de montar un restaurante en un balcón corrido sobre el mecanismo del motor del carro, obra que nunca vio la luz.


La música también formó parte de aquella celebración, que contó con la presencia de la Banda de Música de Portugalete y tamborileros, que interpretaron piezas, entre ellas música vasca. Realizaron tres viajes inaugurales, uno de ellos con la banda de acompañamiento, sobre el carro del transbordador y una multitud que llenaba la barquilla. Un inmenso gentío llenaba los muelles de ambas riberas, pugnando por entrar en el novedoso transporte. Finalizó el día con una estruendosa colección de fuegos de artificio.

Durante los siguientes días el Puente Bizkaia fue objeto de comentarios de prensa y encendidas loas a su construcción. Mientras, la celebración de las fiestas de Santa Ana (26 de julio), competían en protagonismo con esa inauguración, los trenes y tranvías llegaban abarrotados de visitantes, las inmediaciones de la ermita eran un verdadero hervidero de gente, a pesar de lo desapacible del tiempo (no paró de llover). El día de San Ignacio se presentó con un mar alborotado, las olas rompían sobre los muelles, supuso un motivo de estreno del transbordador para miles de visitantes. Se calculaba que pudieron cruzar cerca de 12.000 personas, cuando el número de habitantes de Getxo no llegaba a los 5.000 (en 1897 éramos 5.211 habitantes). La prensa decía: “...!Parece que todo el mundo se ha dado cita para inaugurar el Puente!...”.


El precio del pasaje fue objeto de crítica por su elevado precio de 10 céntimos en primera y 5 en segunda !Qué aquí también había clases!. El abuso fue de tal calibre que la compañía, en las horas de máxima afluencia, tan solo ponía a la venta billetes de primera. Lo que motivo que el diario “El Nervión” publicara en primera plana la denuncia que ya la víspera realizaron al Gobernador sobre este hecho que titulaban: “...!Un Abuso!...” En ella divulgaron el cuadro de tarifas que la empresa debía aplicar, decían en dicha denuncia: “...el cuadro de tarifas y el reglamentó por que debe regirse ese servicio, debiendo advertir que los precios que se fijan en el cuadro y las disposiciones del reglamento de que daremos conocimiento están aprobados por Real orden y ni estas ni aquellas pueden ser modificadas sino por otra disposición análoga...”. Advertían que la empresa no podía aplicar el reglamente a su conveniencia económica, de hecho lo hacían de tal forma que: “...si se presentaban más viajeros y mercancías de los que podían ser transportados en un viaje, se daba prioridad a los pasajeros de primera...” !Por interés te quiero Andrés!. En la fotografía superior se puede ver el cuadro de tarifas.


En la fotografía superior podemos observar la separación entre las clases, siguiendo la marcha de la barquilla, en su derecha (izquierda de la foto), se sentaban los de primera, se distinguían por sus ropajes, salvavidas incluidos. Mientras que los viajeros de segunda a la izquierda, !Como debía ser!, con delantal blanco y cestos de mimbre, iban más agolpados. Y en el centro los carreteros expuestos a las inclemencias del tiempo. Puestos a quejarse, otra de las criticas, quizá por la novedad del momento, era la escasa duración del viaje.

Mientras esto sucedía, para sofocar los calores veraniegos, y surtir de hielo a los balnearios, en Bilbao se anunciaba la llegada de agua congelada, desde la lejana Noruega.



2 comentarios:

  1. Estimado amigo:
    La foto central, de la escalinata hacia Las Arenas y con la basílica de Santa María de Portugalete al fondo, está girada en horizontal, por lo que aparece la iglesia a la izquierda (cuando debe aparecer a la derecha de la escalinata).

    Saludos y enhorabuena por este magnífico blog.

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  2. Rectifico mi comentario anterior. Pensaba que era una foto frontal hacia la plaza del puente, pero repasando veo que es la escalinata hacia la playa de Las Arenas. Saludos, de nuevo, y felicitaciones.

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