lunes, 11 de septiembre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO -II-



En la anterior entrada veíamos el inicio de los cambios que se iban a producir en nuestro pueblo, las normativas que a ello conducían y cómo la Ley de Desamortización afectaba a nuestros propiedades comunales.

En marzo de 1845, siendo Alcalde D. Francisco Antonio de Zalduondo, algunos vecinos, seguramente necesitados, recurrieron a sembrar en los arenales comunes de Romo. El Consistorio tomó cartas en el asunto nombrando a D. Juan Antonio Cortina para que esos parajes volvieran a ser utilizados siempre de acuerdo con la autorización municipal y para que su cesión repercutiera en las arcas comunes. No eran estos solamente los terrenos de la comunidad que inquietaban al consistorio, ya que los argomales de la zona de Baserri eran sometidos a litigio por apropiación no debida de algún personaje de la época.

La importancia de esos parajes para las arcas municipales y sus habitantes era debida, entre otras razones, a la necesidad de abonos para los terrenos de los arenales y a que el efecto de las guerras que se sucedieron durante el Siglo XIX, junto al expolio que supuso la desamortización de Mendizabal por la que estos terrenos pasaban a propiedad de ricos hacendados, provocaron que el municipio y los vecinos vieran sus empobrecer sus escasos recursos.

Las protestas del consistorio de poco sirvieron, ya que años más tarde, en 1894, los terrenos hasta esa fecha de propiedad común, fueron vendidos a acaudalados hacendados. La zona de Baserri fuere adquirida por Víctor Chavarri, la correspondiente al área de Aiboa-Alango lo era por Ignacio Ituarte, y la de la Galea hasta Sopelana por José María Martínez Rivas.

Mientras, los estragos ocasionados por la última guerra, hicieron que en enero de 1847, el consistorio procediera a la recuperación del camino de Mandavide en el alto de Las Arenas, así como el puente del Gobela, que se hallaba en ruinas, que daba paso hacía los arenales, y cuyo concurso era necesario para el servicio público por lo que encargaron un proyecto al maestro de obras José Antonio de Olascoaga. Aquel proyecto debía ser aprobado por: “...el Jefe Político de esta Provincia...” En junio de ese año el consistorio decidía intervenir para reparar los caminos, deteriorados como consecuencia de decisiones militares en la última guerra. Uno de los motivos para tomar aquella decisión era, a decir del consistorio: “...la necesidad de la inmediata reparación para el debido ornato público, por las muchas gentes que anualmente vienen a los baños de mar...” La remodelación alcanzó al “Camino Real Calzada” que iba desde la llamada “Iglesia Matriz”, que no era otra que la de “Andra Mari” (Getxo), hasta el punto conocido como: “...la Avanzada o Alto de los Arenales...” que se hallaba ya trazado por el maestro de obras Juan Antonio de Menchaca.


Sobre este puente y otras obras, consecuencia de la última guerra, ya hablaba en agosto de 1842 el consistorio regido por D. Juan Antonio de Sarria, que acordó: “...que a fin de que esta Comunidad no carezca de los beneficios concedidos por el Decreto de Cortes de abril de este año, donde se establecen ciertas reglas de indemnización para de daños causados durante la última guerra, se acuda a la Diputación Provincial de este Señorío con la solicitud y la manifestación de los perjuicios que sufrió esta Comunidad...” Entre los elementos que requerían ayuda se encontraban el Puente anteriormente citado, la taberna que en dichos arenales tenía Getxo, así como la casa del barquero, que atendía el paso a la Villa de Portugalete y que producía unos beneficios anuales a nuestro municipio de 1.200 reales.

Entre los años 1851-1852, el inventario de bienes del Municipio de Getxo arrojaba los siguientes datos:

En lo relativo a propiedades rusticas:

Disponía de sesenta peonadas de terreno en las Vegas que le rentaban un capital de 9.000 reales y le dejaban una renta anual de 189 reales.

Un terreno en San Martín que le aportaba un capital 800 reales y una renta anual de 15 reales.

Diversos prados y juncales en Lamiako que le aportaba un capital 27.000 reales y una renta anual de 540 reales.

Otros en la playa de Lamiako le aportaban un capital 34.267.

Y las canteras de Alango le aportaban un capital 16.000.

En lo relativo a claustros y capellanías:

El Convento de Santa Mónica de Bilbao le aportaba un capital 11.000 reales y una renta anual de 247 reales.

El Convento de la Esperanza le aportaba un capital 8.400 reales y una renta anual de 189 reales.

El Convento de Santa Clara de Portugalete le aportaba un capital 49.270 reales y una renta anual de 1.231 reales.

La Capellanía de Lekumberri le aportaba un capital 15.675 reales y una renta anual de 391 reales.

En otros valores disponía de:

La testamentaria de Dña. Antonia de Mugica le aportaba un capital 5.000 reales y una renta anual de 2.000 reales.

La testamentaria de D. Juan Bautista Zabala le aportaba un capital 2.000 reales y una renta anual de 800 reales.

Los títulos de propiedad de aquel inventario se extraviaron con ocasión de la última guerra. Las discusiones entre el Estado y el Consistorio getxotarra, sobre la titularidad de las vegas, siempre estuvieron presentes. En octubre de 1851 el Alcalde D. Juan Antonio de Menchaca, en una entrevista mantenida con el Juntero de Caminos e Impuestos D. Felix de Uhagon, para decidir el amojonamiento de los arenales de Lamiako, al manifestar el Juntero: “...que todo lo que baña el agua del mar correspondía al Gobierno...” El Alcalde se opuso y afirmó que: “...dichos arenales se consideraban desde tiempos inmemoriales como propios de la Anteiglesia...”

En 1852 se iba a realizar el proyecto de camino real de Bilbao a Plencia por Deusto, Erandio, Lujua, Laukiniz y Urduliz, el Ayuntamiento de Getxo protesto el trazado, ya que le parecía más razonable que el mismo transcurriera por Deusto, Lutxana, Erandio, Leioa, Getxo, Berango, Sopelana y Barrika. Finalmente ese fue el trazado.

Un año más tarde, en 1853, se añadía el tinglado adosado a la iglesia de San Nikolas, en lo que hoy es el edificio de la Biblioteca, años más tarde en 1866 el suelo tuvo que ser reparado debido a su mal estado.


Dentro de las obras que se estaban realizando en la llamada “Playa de Lamiaco”, playa que al parecer era conocida popularmente como “La del Caudal”, y las marismas situadas entre el monte de Axpe y la playa de Algorta, en 1853 D. Antonio de Salcedo y Landecho solicitaba al Ministerio de Fomento la concesión de dichas marismas. Estas quedaban cubiertas por las pleamares por las aguas que se introducían por el puente llamado de los “Ocho Ojos” (En 1788 el Consulado de Bilbao realizó uno de los puentes que comunicaban Axpe con los llamados Arenales de Lamiako, estaba en el paso de Axpe, al lado del molino de Udondo, que pertenecía al mayorazgo de Barraicúa. Se le denominó “Puente de los ocho ojos”). Las intenciones del Sr. Landecho eran las de utilizar dichas marismas para cultivo, para ello se proponía cerrar el puente anteriormente citado, y canalizar los ríos Udondo y Gobela, encauzándolos y dándolos salida al puente. Por lo que el Ayuntamiento de Getxo no veía con buenos ojos aquella operación, que invadía terrenos de propiedad comunal del municipio.

En junio de ese año se tomaba la decisión de realizar las obras de desmonte de la Avanzada: “...Cuya vista arredra a los muchos transeúntes que por lo expuesto de aquel paso...” Se referían al paso de “Punta Begoña” hacía la playa de Ereaga. Ese mismo año por orden de la Diputación, y con encargo de realizar las obras al Ayuntamiento de Getxo, se derribaba el morro del castillete que daba a la ribera, se trataba del “Castillete de Arrigunaga”, que ya presentaba un aspecto ruinoso y suponía un peligro para los vecinos.


En las próximas entradas iremos viendo como todos aquellos acontecimientos influyeron en el devenir de Getxo.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO -I-



Esta entrada da paso a una serie de capítulos sobre los acontecimientos que, entre 1800-1900, se iban a producir en nuestro municipio. Y que empezaron a documentarse en la tercera decena del Siglo XIX, que es a partir de la que podemos encontrar documentación municipal en el Archivo de Getxo, aunque existen también en él, algunas fichas históricas de fechas anteriores.

En la Bizkaia del Siglo XIX se estaban produciendo una serie de transformaciones, provocadas por la necesidad de hacer circular las mercancías, fundamentalmente las derivadas del agro y de la ganadería, que dieron lugar a la construcción de los Caminos Reales, que las propias Juntas Generales del Señorío fortalecieron mediante los decretos que aprobaron entre 1812 y 1832. Las carreteras fueron realizadas por particulares, que los Ayuntamientos promovían formando sociedades, y que la diputación controlaba los impuestos que estos fijaban. Los cuales, en numerosas ocasiones, dieron lugar a conflictos entre ambas instituciones.

En estas entradas iremos viendo la evolución de nuestro Pueblo en lo referente a caminos, vegas y hechos, que por su contenido histórico local he considerado que merece la pena conocer. Sin embargo, no abordaré los referidos al transportes (Tranvía y Tren), así como los relacionados con la educación y sanidad, ya que sobre ellos he tratado ampliamente a lo largo de otras entradas de mi Blog, y solo lo haré de forma puntual, cuando considere que alguna fecha merece ser resaltada.

Mientras que las Juntas Generales aprobaban entre 1820-21 los arbitrios para la construcción de caminos desde Bilbao a Pancorbo y Durango, ya que el pago de estos hasta entonces, no se hacía con uniformidad por los municipios. La situación de los caminos vecinales de Getxo y algunas vegas de Las Arenas, presentaban un estado lastimoso a comienzos del Siglo XIX. Los primeros debido a que en los últimos seis años no se había realizado ninguna actuación sobre ellos, las segundas debido a las grandes avenidas pluviales, habían cegado en algunos tramos el curso del rio Gobela.

Uno de esos caminos eran los caminos reales. Ya en octubre de 1826 el Consistorio estudiaba la forma en que se debían realizar los pagos con fondos municipales para evitar que fueran gravosos para las arcas municipales, y que hasta entonces se confundían con las travesías y caminos vecinales. Se decretaba que los 2.000 reales de sisa de los azumbres de vino común, se tuvieran en caja separada para destinarlos a reposiciones y obras de los caminos reales de entrada y salida del Pueblo. Siendo los mismos vecinos quienes debían de costear los de travesía y vecinales con aportaciones complementarias. Los fuertes desniveles entre Las Arenas y Algorta darían lugar a que el trazado discurriera en paralelo al antiguo camino de la Avenida Basagoiti, en lugar de comunicar a través del Puerto Viejo ambas poblaciones. El trazado de una nueva vía para acceder a la nueva capitalidad, la actual Algortako Etorbidea, era paralelo a la Avenida Basagoiti.


En esos años apareció la llamada “Ley de Desamortización”, también conocida como “Ley Madoz o de Mendizábal”, que buscó fundamentalmente obtener recursos para financiar los gastos provocados por las guerras entre Carlistas y Liberales y liberar deuda pública sacando a subasta pública algunos bienes de la iglesia (monasterios) y sobre todo municipales (comunales). Y cuya aplicación, desde su creación en 1836, se iba a dejar sentir en nuestro Municipio hasta finales de siglo. Pero sobre todo, tuvo un periodo de máxima actividad tras la finalización de la primera guerra entre Carlistas y Liberales en 1839. En esa época se intensifico la enajenación de terrenos hasta entonces de propiedad comunal. Hacia mediados de ese siglo más de la mitad del los terrenos de Getxo, casi un tercio, eran de propiedad comunal. Aquella desamortización se realizó concentrando las propiedades en pocas manos, ya que las subastas se realizaban en parcelas de gran tamaño. Los terrenos comunales de Alango fueron los primeros en enajenarse.

Algunos de aquellos terrenos y vegas comunes eran los de Konporte, que a decir de los responsables municipales: “...desde hace varios años están incultos en la mayor parte y además nada producen en beneficio de la Comunidad...” Al parecer además de no aportar nada, los trabajos de limpieza y saneamiento de esas zonas recaían sobre las mermadas arcas municipales. Por lo que decidieron sacar a remate los mismos, para que quienes las adquirieran realizaran la limpieza de zanjas y terrenos, que según narraban: “...el rematante ha de barrer y limpiar y tener a su cargo la presa o ría que baja por Konporte para que no dañe las vegas particulares de la parte de arriba del Pueblo...” Otra de sus misiones consistía en mantener la: “...la ría llamada de Basáñez...”

En 1826 algunos vecinos “excusaron” su colaboración a la hora de ayudar en la reparación los caminos y travesías vecinales, por lo que el Ayuntamiento decidió que: “...Consideramos conveniente que se sepa y conste los nombres, y que los Cabos que han dirigido las reparaciones de los caminos, den parte de tales personas y se estampen sus nombres para que haya memoria de ellos...” Firmaban aquel decreto Juan Antonio de Ibatao y Juan Maria de Sustacha.

Ya desde 1839 el Pueblo se había divido en: “...Seis trozos o barrios, desde la casa de Cortina por Palacio al molino de Mimenaga; por la parte del Norte del camino que dirige desde la primera casa hasta otro molino; desde Goicoeches por Trampena, Ángel, Ibatao a Zubilletas y Baserri; desde Jauregui, Arrigunaga a Arana con exclusión de San Martín; desde este siguiendo al camino de Amorotoena a la carnicería por lo que queda por el lado del Norte de la calzada con inclusión del barrio de Gobelas; desde la carnicería siguiendo dicho camino a Jardingana y de esta a la Iglesia; desde esta volviendo por otro camino a Venturillena lo que se halla por la parte de poniente...” Para definir aquellas divisiones se comisionó a D. Juan Antonio de Ibatao y Francisco Antonio de Acha para el primero; a D. Antonio de Ibarra y D. Juan Antonio de Goñia para el segundo; a D. Antonio de Sarria y D. Manuel de Libano para el tercero; a D. Juan Antonio Cortina Ugarte y D. Jose María de Sarria para el cuarto; a Jose María de Amusategui y D. Domingo de Ansoleaga para el quinto; a D. Juan Bautista de Cortina Ugarte y D. Francisco Antonio de Libano; el sexto quedó pendiente de decidir para el siguiente día.

Eran tiempos de guerra y los ediles se quejaban de las actitudes de la tropa, que lo mismo sacaban a los vecinos a deshoras de sus casas para ocuparlas, que ocupaban las de otros, como consecuencia de no haber nombrado al responsable de repartir las boletas de alojamiento. Para este menester se nombró a D. Juan Antonio de Cortina y Arana. Otras cosas que trataron de localizar, dado el desbarajuste motivado por la guerra, fueron las pesas y medidas del pueblo, así como el cepo, esposa y grillos, que se utilizaban para retener a los delincuentes. Firmaban el acta los regidores D. Santiago de Aguirre y D. José María de Arias.

En enero de ese año, al abrir el Archivo Municipal, se encontró que toda la documentación presentaba un lastimoso estado, prácticamente estaba reducida a ruinas. Por lo que para salvar los pocos documentos que se pudo, decidieron orearlos en la casa de la viuda de D. Juan Bautista de Arias, logrado así salvar algunos documento de inventario, costas y pagos, que parece era lo que más interesaba. Alguno de aquellos libros, que tras orearse se pudo salvar, hubo que reescribir con cuidado algunos de sus párrafos.

Los efectos de la guerra se hacían sentir en Getxo, el 11 de abril de 1839, se reunían en la campa de la Anteiglesia, algunos ediles, ya que otros ediles se hallaban arrestados por no haber pagado una multa, impuesta por el General de las tropas del Rey de mil pares de zapatos, el consistorio decidía pagar la multa a fin de : “...rescatar o liberar al resto de fieles...” Para ello fueron de casa en casa pidiendo aportaciones para poder abonar la multa. También intercedieron ante otro General, pero lo único que lograron es que este redujera la cantidad a cien pares de zapatos.


La presencia de ganado extraño en las vegas también causaba desazón entre nuestros vecinos, por lo que decidieron imponer una multa de 10 reales por cabeza, que se repartían entre el dueño de la heredad y el aprehensor o denunciante. Otra de las causas de enfado entre nuestros regidores era el contrabando de aguardiente, que las tenderas y la milicia realizaban, evadiendo impuestos. Se acordaba imponer una multa de nueve ducados a los infractores.

Por otro lado numerosas heredades se hallaban incultas, entre ellas las de Aixerrota, propiedad de la viuda de Arias, por lo que se sacaron a remate para pasto de ganado.


En la siguiente entrada veremos cómo algunos vecinos necesitados, recurrieron a sembrar en los arenales comunes de Romo.

domingo, 3 de septiembre de 2017

LA FOTERÍA DE JULIÁN (BAR GURUGÚ)



Algunos establecimientos hosteleros de Algorta nacieron con nombres que con el paso del tiempo fueron olvidados, y a comienzos del Siglo XX tomaron otros que se han guardado en la memoria popular. Este es el caso de la “Fotería de Julián”, más tarde bar “Gurugú”.

Nombre curioso, unos dicen que derivado de “Botería”, que quizá por error tipográfico derivo en “Fotería”. Otros y parece los mas probable, de un pequeño pan (Gallofa) al que llamaban ”Fote ó Fota”, pan abizcochado que se tomaba en el desayuno o se empleaba para confeccionar postres. Según cuenta la “Arratiako Udalen Mankomunitatea”, en su pagina web: “...Fot, conocido también con los nombres de Pota o Txozna, es un pan especial, delgado y larguirucho, que se comía por las mañanas, untado con anís o chocolate...” Dan como origen del termino “Foterie” a una casa de Artea donde se hacía “Fotea”, una especie de pan. De echo, el sufijo “eria” aplicado a “Fote” significa lugar donde se hace o fabrica algo por ejemplo: Arotzería, Jabonería, Bolandería o Fotería.


En otras zonas de Euskal Herria este alimento tomaba el nombre en euskera de: Ogitxo, Opiltxo, Otarro, Panpot. Euskaltzaindia lo define como “Fot”: “...Bollo de pan especial para el desayuno…, que se hacía en Arratia...” Por lo que en sus comienzos en Algorta, pudo funcionar también como taberna en la que se expendía ese tipo de pan.

La fotería en 1833 perteneció a la familia de José Ramón de Zalduondo y su esposa Josefa de Uria, fue cedida más tarde a su hijo Juan Bautista Zalduondo.

El 31 de enero 1868 la “Secretaria de Estadística del Señorío de Vizcaya”, remitió al Ayuntamiento de Getxo un impreso, en el que requería datos de los bares existentes en el Municipio. El 3 de marzo de ese año el consistorio devolvió el documento debidamente cumplimentado. En dicho escrito figuraban las tabernas existentes en la Anteiglesia, según el libro del Trinitario Carlos María Zabala: “...había 11 tabernas, a las que semanalmente, y en total, concurrían 162 personas...” Entre ellas estaba “La Fotería de Julián”, establecimiento antecesor del bar “Gurugu”.


La Fotería de Julián”, nombre que tuvo inicialmente, estuvo situada en 1868 en la calle Carretera n° 41 (Actual Algortako Etorbidea). Fue una de las tabernas emblemáticas de Algorta, (hablamos del ya desaparecido “Bar Gurugú”). En ese año aparecía registrada en la calle Carretera n.º 41 la Fotería.

El 27 de septiembre de 1868 se publicaba un bando con los horarios de cierre de todos los establecimientos públicos y en particular de las tabernas. En él D. Domingo de Arteta, primer teniente de Alcalde, hacía saber a todos los vecinos : “...que a fin de prevenir todo desorden que pudiera ocurrir a consecuencia de las circunstancias extraordinarias por las que atraviesa la Nación, ordeno y mando que se observen las disposiciones siguientes:

1º- Toda persona que se encontrara fuera o en la calle a partir de las nueve de la noche, sin motivo justificado y probado, se le considerará como sospechosa, y será juzgada y castigada como corresponda.

2º- Todas las tabernas y establecimientos públicos, se cerrarán por sus respectivos dueños a las nueve de la noche, bajo pena de cuatro escudos cuando fuera por primera vez, sin perjuicio de aumentarla si alguno reincidiera...”


Los números de calles iban cambiando a medida que Algorta crecía. En 1887 estaba situada en la entonces denominada “Calle de la Carretera”, se denominaba “Fotería de Julián”, estaba entre las casas “Santuena Mayor” y “Chisquiena Nueva”. Actualmente ocupa el nº 70 de la calle Algortako Etorbidea. En ese año en la misma calle, en su mano izquierda, existían varios comercios, algunos como el de “Artasena” en el nº 3, o el de “Saitua” en el nº 21, dedicados a panadería; otros como el del nº 45 eran un depósito de vinos, o el del nº 63 “Mariandresena”, eran bodegas.

En 1897, en los números pares, estaba en el nº 4 la Alhóndiga de “Tatoena Zubiaga”; en el nº 16 el “Hospital Viejo” que ya estaba deshabilitado.


Fotería de Julián”, nombre que más tarde derivaría en bar “Gurugú””, término que a principios del Siglo XX, algunos que estaban en edad militar, y fueron destinados a África, y vivieron los primeros compases de la Guerra contra Marruecos, utilizaron para designar algunos lugares y calles de Algorta. Unos de esos acontecimientos bélicos que tuvo lugar en el monte Gurugú (fronterizo entre Melilla y Marruecos), hizo que al regresar a Algorta, comenzaran a denominar determinada zonas con nombres relacionados con aquellos lares. Uno de los motivos de que el término la “Fotería de Julian” se pusiera al bar “Gurugú” en 1900 pudo tener que ver con aquellos comienzos de las guerras del norte de Marruecos. Ese termino “Gurugú” es una adaptación castellana del nombre originario de dicho monte marroquí “Adrar n gurgu”. El propio Ayuntamiento de Getxo daría nombre a una de sus arterias principales con nombre derivado de aquellas latitudes, la Calle Mayor que pasó a llamarse Tetuán en 1863, como conmemoración de las guerras coloniales. Y no será hasta 1899 que pasará a llamarse por su actual nombre “Avenida Basagoiti

En 1900 arrienda el local “Tiburcio Sasiain” que será quien dará el nombre de “Gurugu” al bar. Más tarde en 1920 pasó a manos de otro bodeguero andaluz “González”, cuya familia era conocida como la de “Las Andaluzas”; un familiar de este tasquero fue un conocido jugador del Athletic de Bilbao “Nando González”. En 1928 se cerró el local, utilizándolo como garaje el propietario del local “José Uribarri”.

Existe una fotografía de 1908 (ver fotografía del encabezamiento), en la que aparecen a las puertas del “Gurugú” varios vecinos de Algorta, entre ellos están, a la izquierda con sombrero Cortina, pero además sin localizar en la fotografía estaban los Capetillo, Etxeandia, Zubiaga, Uribarri, Legarreta, Sarria, Ostikoetxea.


En 1936 pasará a manos de la familia de Lauri Azkorra. En ese año el horario de trabajo solo variaba en cuanto al cierre del local: en invierno lo hacía a las ocho de la noche y en verano a las nueve. Fue un almacén que se dedicó a la distribución de “Vinos y Chacolíes”. En la fachada del bar siempre lució el anagrama con su nombre, en la fotografía superior de 1962 podemos ver la entrada del local con el letrero que lo confirma.

Entre los años 40-80, fruto del crecimiento de Algorta, comienza a funcionar como restaurante, tenía entonces el n.º 60 de la calle “Avenida del Ejercito”, se daban comidas de diario para obreros de la construcción, y los festivos mejoraba la carta incluyendo bacalao, txipirones, cazuelitas de callos y asadurilla, chuletas de buey con las que adquirió fama de buen asador. En su factura del comedor de los años 60 ya figuraban algunas de sus especialidades (Vinos y Mariscos), señalando que daban meriendas. Era íntimo amigo de “Florencio Isla”, que tenía por entonces la carnicería frente a su local, incluso Lauri tenía las llaves de su carnicería !por si se le terminaban las chuletas!, las cuales servía en las cenas de su tasca.


En esos primeros años solían acudir muchos tratantes de ganado, de Gatika, Urduliz, Barrika, Sopelana, que llevaban sus reses al Matadero de Alango, para las nueve de la mañana almorzaban, era habitual ver en el bar los akullus y arreos con los que llevaban los animales al matadero. Llamaban la atención sus viejas botellas de Chinchón y otras bebidas espiritosas, que tras la barra hablaban de los años pasados.


Hay pocos locales en el barrio que hayan sobrevivido al tiempo sin perder ni un ápice de su solera, el bar Gurugú era una de esas excepciones. Desde su privilegiada esquina, permaneció inalterable a los cambios estéticos, solo en algunas ocasiones y para proporcionar confortabilidad se modificaron algunos pequeños detalles. Fiel al paso del tiempo era su cámara frigorífica de 1949 de “Frigoríficos Chiloverg” de Bilbao, que costó en la época 25.500 pesetas, compendio de carpintería e historia, también lo eran sus mesas y bancos de madera. El restaurante tuvo entre sus comensales célebres en 1952, un Obispo de Moyobamba (Perú) Martín Fulgencio Elorza (Pasionista), nacido en Elgeta (Gipuzkoa) el año 1899, que había sido profesor de Lauri Azkorra, en el seminario de Gabiria. En la fotografía superior aparece el obispo Elorza junto al Papa Juan XXIII .


En 1986 celebraron su 50 aniversario. En la fotografía superior se puede ver, a parte de la familia, enarbolando una hogaza de aniversario, su cocinera Puri (a la izquierda de la foto).

Era un lugar clásico para disfrutar del circuito ciclista de Getxo, fuera del bar, se solían colocar mesas y una barra supletoria, incluso se instaló una ducha en el interior del local, en la que algunos ciclistas, al terminar el recorrido, aprovechaban para quitarse el sudor. En la fotografía inferior podemos ver un momento de aquella celebración. En sus paredes aparecían como parte de su historia, fotografías de las cuadrillas, y de algún que otro buey de descomunales dimensiones, fruto del buen hacer de Isla.


Otro clásico de aquella taberna era Javi Hormaza, el mismo recordaba que: “...en mis tiempos de gloria en el Athletic, cada vez que horadaba la portería contraria, Isla me obsequiaba un chuletón...”, que le preparaban en el Gurugú. Pero no el único, también solía frecuentar el local el portero del Athletic Josetxu Etxebarria que era de Alango.

De las partidas de cartas de aquel local habla una magnífica fotografía que el fotógrafo de Reinosa “Fede Merino”, supo inmortalizar en su libro “La nobleza de la vida cotidiana”. La misma transcurre en medio de una niebla de cigarrillos con el sol entrando por las ventanas, mientras los curiosos observan a los jugadores, uno de ellos ojea un periódico. La rana era otro de los juegos, que solían practicar sus clientes en la calle.


El local se fue apagando en los últimos tiempos, ya no era aquel sitio donde corrían las meriendas y el buen vino, su clientela al igual que el local se fue haciendo mayor, y solo los fines de semana su concurrencia era de cuadrillas jóvenes que le daban al “kinito”.

A la hora de la despedida se agolparon, en muchos de sus incondicionales, recuerdos de otras épocas y un nudo de orfandad se notaba en las gargantas de sus parroquianos. El propio Bernar Azkorra reconocía, cuando se produjo el cierre: “...me siento el malo de la película por clausurar el Gurugú...” Hasta un taciturno Javi Hormaza mostraba su tristeza afirmando: “...no me lo puedo creer...”.


El bar “Gurugú” era un sitio mítico para los txikiteros de Algorta, después de regentarlo la familia de Lauri Azkorra durante 74 años, cerró en el 2009 y con él, el barrio perdió parte de su historia popular. Este local, al igual que otros del barrio, han ido cerrando sus puertas. Antes lo hicieron La Marina, Berango, Aldatza, La Bodeguilla de Hormaza, Isidro, nuevas tabernas han abierto pero el calor de aquellas aún no se ha apagado.

Al recordar a ese local la “Fotería de Julián”, más tarde “Gurugú”, quizá se pueda pensar en el poema de Pierre Dibarrate de Baigorri, que reproduzco parcialmente más abajo, si lo que llevaba a los bebedores del local, con su hígado ya satisfecho, hacia la barca de Caronte, era la afición a las jarrillas de buen vino, que algunos tomaban con fruición.

Osailuak hiltzen du
gizadirik erdia,
bertze erdia edailuak
dauka sutik bizia.
Arno onak

Las recetas al ataúd
llevan media humanidad;
la otra media está en salud
porque bebe en cantidad.
A beber….


Existen unos bertsos en Argentina del bermeano Tomás de Otaegi que dicen:

Una de entre ellas sale
emakume Isilla
y va a una fotería
ogui baten bila,
porque es de fresqueras
betiko ekandua
a sorbos de aguardiente

arguitu burua.

martes, 1 de agosto de 2017

UN PASEO POR GETXO EN LAS VACACIONES DEL 2017





Ya ha llegado el momento de coger vacaciones. El contador de visitas se ha declarado en huelga al pasar de las 950.000 entradas Y como todos los años, ya van siete desde que empecé a publicar, ha llegado el momento de disfrutar de este extraño, hasta ahora, verano del 2017.

Tras el inicio de las fiestas de Romo, de las que ya hice mención en la anterior entrada, han llegado los días para recorrer el Pueblo viendo sus calles, sus gentes, esos rincones mágicos, que cada uno tenemos en nuestros barrios.

Para mostrar mis sitios preferidos, mis paseos, como si de una ruta turística se tratara, inicio este recorrido por Getxo. Saliendo desde Malakate por Maidagan, iremos subiendo por Goñi y Torrebarria hacia Uri, último recuerdo vivo de lo que en su día fue la zona rural de Andra Mari. Para seguir por las estradas de Martiturri y Perune hacia Moreaga y Zientoetxe hasta salir a las landas de Azkorri. Desde allí seguiré la cornisa hacia la Galea, admirando los acantilados.


Mientras recorremos el camino de la Galea, podremos contemplar cómo entran los barcos y salen los prácticos a buscarlos, además de algunas embarcaciones de pesca de recreo. Desde allí pasando por el “Castillo del Príncipe” (fortificación del siglo XVIII, único ejemplar de este tipo de arquitectura militar, que se conserva en Bizkaia), seguiremos caminando hacia el Molino de Aixerrota, disfrutando de un bello ecosistema de brezales costeros y de las vistas de todo el Abra.

Una vez de llegar al Molino de Aixerrota bajaré desde Miramar, por la cuesta que conduce hasta la playa de Arrigunaga. Al llegar a la campa de Arrune, donde podemos contemplar los restos del “Blocao de Arriguna” (fortificación que formó parte de un conjunto de defensas, que en el Siglo XVIII sirvió para proteger el Abra). 

Desde allí podremos bajar a la playa de Arrigunaga, para sentir la brisa marina, mientras paseamos por la orilla, escuchando el susurro de las olas que acarician nuestros pies, percibimos como éstos se hunden ligeramente al caminar por la arena, será una delicia relajante. Al hacerlo veremos nuestra silueta dibujarse difuminada entre las brillantes aguas iluminadas por el sol, sintiendo ese relax, que un paseo matutino nos ofrece, mientras dejamos volar la imaginación. Podemos también adentrarnos en el “Cobo” (bajo el acantilado del Molino de Aixerrota) o en la singuera de Abasota, contemplando entre sus rocas, moluscos, crustáceos, mojarras y otras especies marinas.


Después de esta experiencia placentera, recorreré otros lugares de nuestro bello pueblo. Desde la playa ascenderé por ““Kabiokabe” hacia el paraje conocido como “Alicante” para dirigirme bordeando la cornisa, hacia el antiguo emplazamiento de la Batería San Ignazio (Usategi). Para, desde ese parque, bajar por el camino que lleva a “Jenaratxu”, en el Puerto Viejo de Algorta.


Una vez en este antiguo barrio de pescadores, callejearé disfrutando de las casas de los antiguos mareantes, dirigigiendome hacia Satistegi por la calle Rivera. Desde allí, tras entrar en Maria Cristina, seguiré por Miramar hasta San Ignacio, contemplado en todo su esplendor Ereaga. Tras llegar al comienzo de la Avenida Basagoiti, frente a la casa “Tangora”, bajaré por la cuesta de Suarez, sintiendo el inconfundible aroma de las algas, tras días de mar de fondo. Al final de la cuesta, al llegar a Ereaga, nos daremos de bruces con uno de los edificios, todavía existentes, resto de la historia de los balnearios de Getxo “Igeretxe” (Obra del arquitecto Antonio de Araluce y Ajuria de 1913) .


Por el paseo de la playa, dirección al puerto de Arriluze, enfilaré el contramuelle hasta llegara a la punta del morro. Para, durante ese recorrido ver a los txipironeros realizando sus cadenciosas alzadas; a los pescadores de caña, aguantar estoicos las repetidas preguntas de los paseantes de !Qué, ya pican!. Habrá llegado el momento de un pequeño refrigerio para coger fuerzas.


Retornaré por la Casa de Salvamento de Naúfragos en Arriluze (proyecto del arquitecto Ignacio María Smith de 1920) hasta la playa de la Bola, y atravesando bajo la Areetako Etorbidea, pasaré a Zugatzarte, disfrutando de sus frondosos tilos, hasta llegar a Bake Eder (soberbio ejemplar de arquitectura de estilo norte-europeo, de 1910), y admirar la belleza de su nueva estructura.

Ya se adivina a lo lejos la iglesia de Las Mercedes, entraré por la calle Embarcadero. Una vez en él, seguiré el ritual de sentarme en sus bancos, viendo entrar gasolinos y botes, con sus pequeños baldes surtidos de txipirones, para oír las hazañas de los pescadores, cuando hablan de sus capturas, mientras la fabulación echa a correr y las capturas aumentan. Recordando días de chapuzones en sus aguas, entre viejos botes, buceando bajo el flotante.


No dejaré de adentrarme en Areeta-Las Arenas, y pasar por la Plaza de las Escuelas, y mirar con cierta nostalgia mi casa natal. Por Paulino Mendivil me dirigiré hacia la calle Barria, para salir a los jardines de la playa, y desde allí seguir hasta la Plaza de Churruca, donde se puede contemplar el monumento al creador de los contramuelles Evaristo de Churruca (obra del arquitecto de Algorta Miguel García de Salazar en colaboración con el arquitecto Ignacio Maria Smith, de 1939).

Tras pasear por la mojijonera, seguiré por la calle Evaristo Churruca hacía nuestra joya de la ingeniería, declarada patrimonio mundial por la Unesco, el “Bizkaiko Zubia” (obra del arquitecto Alberto Palacios, julio de 1893) .


Una vez en este antiguo transbordador, de haber contemplado desde sus plataformas el Portugalete antiguo y el barrio de Areeta-Las Arenas, seguiré por el muelle de Tomás Olabarri, hasta la calle Máximo Aguirre, disfrutando del paseo de la ria y sus vistas. Tras cruzar Areetako Erorbidea y pasar a Santa Ana, me dirigiré hacia la ermita de la Santa (proyecto de Pedro Belunzaran, ejecutado gracias a la donación de Francisca Labroche, inaugurada el 25 de Enero de 1865). Visitando el entorno, recordando sus fiestas, cuando la calle estaba repleta de barracas y atracciones. Seguiré por dicha calle hacia la calle Amaia, hasta llegar a Romo.


Callejeando por Romo, mientras veo sus Casa Baratas, la Mona o Ganeta, resulta grato adivinar cómo era el barrio, cuando todavía no había llegado esa cosa impersonal llamada televisión. A continuación seguiré el curso del Gobela, por Errekagane, pasando por Itzubaltzeta, hacia los Chopos (Neguri), hasta llegar a la zona de “Baserri”, denominación ya olvidada de uno de los lugares más vistosos y menos conocidos de Getxo.


Una vez en ella, tras pasar por el puente de Lexarreta hacia Larrañazubi, me adentraré en el humedal de Bolue, disfrutando de sus pequeños habitantes, oyendo sus sonidos y chapoteos. Seguiré paseando siguiendo la calzada de Larrañazubi, hasta llegar a Boluzareta, donde visitare el viejo molino, desgraciadamente en ruinas. Esa larga calzada que nos conducirá hasta la ermita de Santa Columba (S. XVI).


A partir de la misma retornaré hacía Andra Mari, pasando bajo Arzubi hacia la rotonda de Berango, giraré hacia la izquierda para llegar al cruce de Benancio. Por Bidezabal y la Avenida del Ángel iré hasta Aixerrota y allí, sentado en uno de sus bancos, mientras el sol empieza a bajar para ocultarse tras el firmamento marino, ver como el rayo verde explota en el crepúsculo de la tarde.


Tras un paseo cautivante y agotador, sentarse en el mirador de Aixerrota y pensar en un nuevo amanecer, será un auténtico placer.

Seguro que alguien conocerá lugares dignos de ver, pero este paseo es incomparable. !Y es que Getxo es así!

Volveré con nuevas fotos y temas el 4 de septiembre, hasta entonces espero que paséis un buen verano.

DISFRUTAD DEL VERANO Y DIVERTÍOS

¡ONDO PASA!