En la anterior entrada de esta serie sobre el último cuarto del Siglo XIX, veíamos como, se declaraba el Estado de Guerra en la Provincia.
Seguía al pleno municipal de 12 de mayo de 1898, y en el mismo se informaba sobre nuevos ingresos en el Hospital Hospicio de Algorta. Se trataba sobre una vecina de la Anteiglesia de Getxo, que al igual que otros demandantes reunía la condición de ser pobre, enferma y no disponer de persona que pudiera hacerse cargo de ella: “...Se dio cuenta de una instancia de María Iglesias La..., vecina de esta localidad, quien solicita que hallándose enferma y sin recurso alguno, ni persona que la pueda atender en dicha enfermedad, se le admita el ingreso en el Hospital Hospicio Municipal. El Ayuntamiento tomando en consideración la situación angustiada de interesada, y teniendo presente la certificación expedida por del medico D. Pascual Pérez, haciendo constar que la misma padece una enfermedad contagiosa; acordó que se le admita en el Hospital en clase de enferma...”
Como decía al finalizar la anterior entrada una de las maestras del la Escuela de niñas Pobres de San Martín (Algorta), solicitaba permiso para ausentarse unos días para contraer matrimonio: “...Se da cuenta de la instancia de Dña. Carmen Ugarte, maestra auxiliar de la Escuela de la fundación de Niñas Pobres, en la que manifiesta que el día 14 del presente trata de contraer matrimonio, y siéndole por tal motivo ausentarse por espacio de seis o siete días, suplica se le conceda autorización para ausentarse, dejando regentar la escuela de forma interina a Dña. Benita Bengoechea, maestra superior...”
Por la lectura del Libro de Actas del 12 mayo de 1898, en lo referido a los pagos que justificaba en las mismas por el Ayuntamiento de Getxo, podemos conocer los abonos realizados en concepto de carbón y traslado de cadáveres al cementerio: “...Que se abonaron a D. Ramón Mota 24,50 pesetas por 13 quintales de carbón mineral, suministrado para la estufa del Municipio durante el invierno último.
Así mismo se pague a D. Ángel Egusquiza 21 pesetas por conducción de cadáveres de dos niñas al cementerio, fallecidas por la enfermedad contagios de la viruela...”
En ese pleno municipal de Getxo del 12 de mayo de 1898, en el barrio de Las Arenas, se estaban realizando labores de injerto, de las aguas sucias de las casas particulares a la alcantarilla municipal, y debido al alto costo de las conducciones por las largas distancias desde los edificios al alcantarillado, se iba a acordar modificar las tarifas aprobadas en 1892: “...Se hace presente la necesidad de modificar la condición 5ª de la tarifa aprobada en la sesión del 17 de noviembre de 1892, para realizar injertos de las aguas sucias de las casas a la alcantarilla del Municipio en el barrio de Las Arenas, por haber demostrado la experiencia, que debido a las largas distancias a que de la alcantarilla general se encuentran muchas casas, les cuesta grandes cantidades el hacer los injertos, fijando en dicha tarifa 5ª que decía: “Los caños que tengan mayor extensión que 50 metros de la vía pública a la alcantarilla general del municipio, serán libres de pago del derecho de injerto, pero deberán ser construidos por los propietarios, dándoles de luz 60 centímetros de ancho y 80 de alto en toda la vía pública”. La modificación acordada por el Ayuntamiento dice: “Que con el deseo de facilitar a dicho barrio la construcción de caños que conduzcan las aguas sucias de la casa al alcantarillado general del municipio, se acuerda que desde hoy quede modificado la citada tarifa 5ª como sigue: Los propietarios comprendidos en la misma podrán construir caños injertos para llevar aguas de sus casas a la alcantarilla general de Las Arenas, ejecutándolos a sus expensas en la vía pública, previo permiso del Ayuntamiento, con luz de 40 centímetros de ancho y 50 de alto, siendo responsables de su conservación sin que nada puedan reclamar al municipio, determinando que los propietarios D. Lucio Frías, D. Darío Jado y Dña. Nicolasa Astiazaran que están construyendo actualmente para sus casas un injerto, que antes de haberse publicado dicha reforma, sean los primeros a quien se aplique la misma...”
Según relataba la prensa bilbaína, también en otras naciones del resto de Europa el precio del pan provocaba conflictos: “...Austria, Hungría.- A consecuencia de la subida del precio del pan, han ocurrido graves desórdenes en Lemberg, Colomea y otros pueblos. Bandas de obreros asaltaron y saquearon las panaderías y muchas tiendas pertenecientes a judíos. Las tropas atacaron a los alborotadores con dureza...” (El Noticiero Bilbaíno del 13 de mayo de 1898).
Los temporales y el Abra eran antónimos, mientras que los primeros provocaban desastres y naufragios a los pescadores, el Abra interior y la habilidad de nuestros lemanes ofrecía cobijo y seguridad a quien arribaba a ella. Algunas balandras francesas a veces llegaban maltrechas a nuestra costa huyendo del los temporales y vendavales. Este fue el caso de la balandra Francesa “Pierre B. 1996): “...Ayer, A las diez y media de la mañana se presentó en el Abra la balandra de pesca francesa «Pierré B. 1.996», que venia huyendo del temporal y fuerce viento del N. o., que levantaba un fuerte maretón y rompiente. La balandra fondeó dentro del rompeolas; el vapor de los prácticos, aprovechando una pequeña escampada del viento, embarcó en ella al práctico lemán D. Juan Bautista Belarreinaga, el que, con acertadas disposiciones, logró poner el buque en condiciones para que pudiera aguantar el fuerte viento y la gran marejada que había. Hacia las tres de la tarde, arriando el ancla con que estaba fondeado y largando un foque, pudo avanzar algo y enfilar la entra la del puerto, yendo a embarrancar. A a playa de Sestao, pues no traía ninguna ancla disponible; el foque lo trajo hecho pedazos, pues fue la única vela que trajo larga al entrar en puerto. Merece el práctico señor Belarreinaga los mayores plácemes; pues el instó a sus compañeros en el vapor de prácticos a que lo llevaran a bordo de la balandra y con su presencia en este buque consiguió reanimar el espíritu de sus tripulantes y con sus acertadas disposiciones y maniobras logró, entrar el buque en puerto salvándolo, así como las vidas de los que lo tripulaban...” (El Nervión del 13 de mayo de 1898).
La construcción de las defensas del Abra, ante la posible invasión de la flora de EEUU, avanzaba con rapidez, decía la prensa bilbaína: “...La junta local de armamentos prosigue con rapidez la construcción de las baterías en el Mazo y en la punta de San Ignacio. A pesar de que nada puede temerse de la osadía yankee, pues esos malvados no han de atreverse a llegar a la península, porque saben que no lea tiene cuenta; sin embargo, conviene estar prevenidos a todo evento. El señor comandante de Marina de este puerto, estudia el medio más a propósito y eficaz para colocar torpedos en la entrada del puerto y cuando esto se lleve a la práctica, se hará de todo punto inexpugnable. La generosidad de la Diputación, comprometiéndose a la fortificación de las costas vizcaínas, no puede llegar tan allá como el pensamiento y en la realidad se habrán de tropezar con insuperables inconvenientes en las obras de defensa. Conviene pues, que sin desatender las necesidades de la patria se tenga muy en cuenta que es preciso la fortificación de nuestras costas; y nadie más interesados que los que aquí vivimos, pues tenemos el deber de contribuir a las obras de defensa. Cuando el plan acariciado por el comandante de marina se trate de poner en práctica, entonces se verá la manera de buscar los recursos necesarios para que la defensa resulte verdad. Las fábricas de ambos lados de la ría contribuirán seguramente a que las obras de defensa, sean todo lo más eficaz posible, y esta conducta sería imitada por muchos particulares. comenzadas, es ^seguro que se ocupará de ampliar las defensas por medio
Tan pronto como la junta local de armamentos termine las obras comenzadas, es seguro que se ocupará de ampliar las defensas por medio de los torpedos...” Y no contentos con esto se ponían en manos del “Altísimo”: “...Ayer tarde, según estaba anunciado, dio principio en San Antonio Abad el solemne triduo para hombres solos, a fin de implorar del Altísimo el triunfo de las armas españolas...” (El Nervión del 14 de mayo de 1898).
En la próxima entrada de esta serie veremos como un vecino de Bilbao, D. Ramón de la Sota, solicitaba suministro de agua para su mansión de Zugatzarte en Areeta-Las Arenas.




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