MEMORIAS DE GETXO

domingo, 14 de julio de 2019

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -110-



En la anterior entrada veíamos cómo a lo largo de la historia de la Anteiglesia se había venido dividiendo el Pueblo en secciones para asuntos asociados a elecciones o de gestión económica.

Estábamos ya a principios de agosto de 1889 cuando reunidos en la casa consistorial bajo la presidencia de D. Pedro Amezaga, relataban nuestros mayores que: “...Manifestaban y hacían constar que ante el Notario de este Pueblo D. Pedro Jesús Vozmediano se habían otorgado las escrituras de los arriendos de vinos y otras bebidas, casa matadero y abasto de carnes frescas y de los artículos de abacería, siendo fiadores de dichos arriendos D. Asensio Inchaurtieta, D. José María Ordeñana y D. Juan Ramón Mota, siendo este último también fiador del rematante del alumbrado público...”

Las instancias del Ayuntamiento de Getxo a las más altas autoridades se tramitaban a través del Gobernador Civil de la Provincia. Eso fue lo que gestionó el regidor D. Eladio Sustacha el día 1 de agosto de 1889: “...Acerca del modo y forma de verificar y las obras de desviación de la carretera que se dirige del barrio de Algorta a Las Arenas. Aquella instancia fue remitida al Ministro de Fomento a través del conducto ordinario al Gobernador Civil de la Provincia...”

En esa fecha D. Santiago Diliz comenzaba las obras de su casa denominada “Gobelena” que estaba situada en la calle San Nicolás de Algorta. También Dña. Casilda Esesumaga solicitaba se le concedieran tres peonadas de terreno en el monte comunal de Aiboa para la edificación de una casa y un huerto.


Mientras la estación Telegráfica de Algorta, durante el mes de julio de 1889, arrojaba un saldo a favor del municipio de 69,42 pesetas. Y para reparar la línea de la que habían sido sustraídos varios aisladores, D. Francisco Guerediaga, de Alango, recorría el tendido revisando la línea para que posteriormente D. Valentín Abascal junto a dos peones y un capataz repusieran dichos componentes eléctricos, que fueron suministrados por D. Juan de Torre; toda la operación supuso 43 pesetas de coste para el municipio. Se anunciaba en el diario integrista católico “El Euskaro” del 2 de agosto de 1889: “...Que las obras del ferrocarril de Las Arenas hasta Algorta iban a comenzar en mes próximo, estableciéndose dos estaciones en el recorrido, una en San Ignacio y otra en el punto final, Algorta...” Por aquellos tiempo los carruajes de un solo caballo costaban 0,75 pesetas la hora y las diligencias salían de Algorta para Urduliz, Plencia y Gorliz; y los garbanzos entre 5 y 8 reales el celemín.

El día 1 de agosto de 1889 el Ayuntamiento de Getxo para dar cumplimiento a lo establecido en la Ley electoral decidía: “...Nombrar una comisión en su seno para formar las listas de electores y elegibles para concejales, disponiendo se proporcionaran impresos para la formación de las listas y el libro de censo...” 


Una vez cumplimentados todos los trámites de formación de listas y exposición pública, acordaron, según establecía el articulo 68 de la Ley, fijar el día 8 de agosto para realizar el sorteo de la asamblea de vocales asociados que junto a la corporación municipal iban a componer la Junta Municipal. Realizado el sorteo quedaron nombrados:

Por la Primera Sección: D. Juan José Unzaga, D. Ignacio Echeandia, D. José Madariaga y D. José Camiruaga.

Por la Segunda Sección: D. Francisco Uriaguereca, D. Pedro Icaza, D. Fausto Garachena y D. Agapito Elustondo.

Por la Tercera Sección: D. Marcelino Uribe y D. Juan Martín Aldecoa.

En el devenir histórico, 409 años después de que los reyes de Castilla y León lucharan contra los sarracenos, imponiendo en sus dominios su visión de unidad religiosa y para prevenir lo que llamaban actos de apostasía y escarnio al culto católico, decidieran castigar lo que entendían como profanaciones a su ideario religioso, solicitando la Bula para establecer el Santo Oficio de la Inquisición al Papa Sixto IV, nombrando inquisidor general del reino a Fray Tomás de Torquemada. A lo largo de Europa las fiestas creaban insólitos aconteceres: En París, en agosto de 1889, tenía lugar un “Banquete Monstruoso”. Iban a dar de comer a 16.000 invitados. Para aquel evento hicieron traer nada menos que 500 maitres de hotel, 1.400 cocineros y 300 mozos de limpieza; como utensilios para el servicio utilizaron 50.000 copas, 100.000 platos, 34.000 tenedores, 20.000 cucharas, 40.000 cuchillos, 10.000 botellas y 20.000 servilletas. Mientras, en nuestro entorno reinaba el ambiente festivo que animaba nuestros barrios. En Algorta se celebraban las de San Ignacio en medio de una gran concurrencia llegada desde distintos puntos de la provincia, sobre todo de Bilbao. Los fuegos de artificio de los días 28 y 31 de julio y 13 de agosto de aquel año fueron disparados por el pirotécnico D. Juan Anta y Miranda. Costaron 600 pesetas.


El domingo 4 de agosto se celebraba la repetición de dichas fiestas y el barrio de Las Arenas presentaba una concurrencia hasta entonces desconocida. Los hoteles y fondas llenaron sus plazas, el establecimiento de Baños de Mar Bilbaínos tenía alojados aquel día 140 huéspedes, quizá por aquello que decían en esa época de “El ánima bona, in corpore sano y un apetito voraz”. La playa de Las Arenas veía que su espacio quedaba saturado de visitantes ávidos de baños de mar y para dar más ambiente al barrio arenero el “Casino de Las Arenas” ofrecía un gran baile, además de un espectáculo de prestidigitación a cargo del ilusionista Rodereu Makallister, alias “Caballero de Voltary”. Para completar la vistosidad de ese ambiente festivo, en el pueblo vecino, Portugalete, al anochecer, se disparaba una vistosa colección de fuegos artificiales.

La demanda de actuaciones de la banda de música municipal en Las Arenas fue atendida por el consistorio tras el informe de D. Idelfonso Arrola por lo que se acordó que dicha banda tocara los días 22 y 29 de agosto, además de los días 5 y 12 de septiembre en la Plazuela del barrio (actual Bizkaiko Zubia Enparantza), así como durante las carreras de caballos que iban a tener lugar en Lamiaco.

Por aquellos días la nieve (hielo) era muy demanda en los hogares de Getxo para la conservación de los alimentos. En Las Arenas era D. Marcos Zamacona quien anunciaba sus “Depósitos de Nieve”, que tenía en su casa.

Y como suelen decir que “A perro flaco todo son pulgas”, a nuestro Ayuntamiento, escaso de recursos, le llegaban malas noticias de la Diputación Provincial, ya que en el reparto de los municipios para cubrir el déficit de la provincia, al de Getxo le había correspondido pagar 8.462,58 pesetas, 1.462,58 más de lo previsto en los presupuesto aprobados.

Los sucesos que habían alborotado el barrio de Las Arenas días antes, durante la festividad de Santa Ana, parecían esclarecerse: la aglomeración que se había producido en la estación y fuera de ella, la avalancha de viajeros, según un diario de la época, al parecer había estado motivada por: “...Los abusos de la Compañía, pues además de tener un número reducido de carruajes, en su mayor parte de primera clase, que hacían imposible conseguir asiento, de no llegar con una hora de antelación a la estación los empleados de la misma abrían a medias las puertas, decían que como una revancha porque los visitantes no acostumbraban a acudir el resto del año, haciéndolo solo en esa fechas...” Las quejas se referían también a la falta de luz en las unidades, lo que provocaba algunos excesos de gentes mal avenidas.

La inscripción de tierras por algunos indianos era demandada desde la lejana República de Argentina. Se trataba de unas tierras en las vegas de Algorta, que el vecino del barrio D. José Julián de Mandaluniz solicitaba en representación de Dña. Juana Basagoiti Capelo, residente por entonces en la “Terra Argetea”, que figurara con ese nombre en los mapas que el portugués Lopo Homen realizo en 1554.


Cómo la seguridad de los bañistas de la Playa de Las Arenas primaba para la corporación municipal, se decidía colocar las estacas para fijar aquellas gruesas cuerdas de esparto llamadas maromas, que garantizaban la seguridad de los mismos. Aquellas estacas para las maromas fueron colocadas por D. Rafael Elcoro. A la vez que se anunciaban las casetas más antiguas de esa playa, las de “Gerónima”, que eran atendidas por el popular bañero “Boni”.

En la próxima entrada veremos cómo algunos ilustres visitantes acudían a la playa de Las Arenas a tomar baños de mar.

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