En la anterior entrada de esta serie sobre el último cuarto del Siglo XIX veíamos como, se celebraron las fiestas de Las Mercedes en el barrio de Las Arenas.
Seguía el pleno municipal de Getxo del 29 de septiembre de 1898, y en el se trataba entre otras asobre las necesidades materiales del encargado del Cementerio de San Nicolás de Algorta (la Campa del Muerto), para realizar sus trabajos en dicho cementerio: “...En vista de una instancia de D. Ángel Egusquiza, encargado del Cementerio de San Nicolás de Bari de Algorta, suplicando que para el servicio de dicho cementerio se le faciliten una sierra y una lima para afilar aquella. Acuerda el Ayuntamiento: Se facilite a D. Ángel Egusquiza dichos materiales...”
Y finalmente, en aquel pleno municipal, acordaba el Ayuntamiento: “...Asistir en Corporación el 1º de octubre próximo a la misa mayor , que con motivo del Santo Ángel se celebrará en la Iglesia de Santa María de Guecho...”
Por aquellos días, el 1 de octubre de 1898, fallecía en Algorta D. José Ramón Arecheta, esposo de Dña. Serapia Mugica. Sus misas funeral se celebraron en varias Iglesias de Algorta: En San Nicolás de Bari, en la de San Ignacio y en el Convento de los padres Trinitarios. (El Noticiero Bilbaíno del 1 de octubre de 1898).
La explotación de los niños, con diversas escusas, venía de viejo. Ya en el Siglo XV Enrique VII de Inglaterra dictó una orden para actuar contra los mendigos: “...Bajo el reinado de Enrique VII el azote de la mendicidad progresó de un modo tan alarmante, que se hizo necesario recurrir a leyes de represión draconianas, las cuales disponían que a individuo, válido de quien se probara que vivía de limosna, se le castigara azotándole; en caso de reincidiera se le debía cortar lo punta de la oreja derecha, y si incurría en la misma falta por tercera vez, había que encerrarle en la cárcel del condado...” Esto llevo a que las familias más menesterosas recurrieran a sus hijos para ejercer al mendicidad: “...Gracias a esas medidas crueles, el número de los mendigos adultos disminuyó rápidamente; pero el de los niños, que sin ningún peligro imploraban la caridad pública, aumento en la misma proporción...” (El Nervión del 4 de octubre de 1898). Aquí, en casa, a los mendigos se les dispenso el siguiente tratamiento. La prensa bilbaína, el día 15 de diciembre de 1896, llevaba a sus portadas una iniciativa de la Diputación Provincial a cerca de la mendicidad: “...Impulsada por la Diputación Provincial por el deseo de extirpar la mendicidad en Vizcaya, o por lo menos de atajar el gran desarrollo que viene adquiriendo con la afluencia de gente forastera, atraída por tos trabajos de la zona minera de Somorrostro y las grandes industrias de la ría de Bilbao, y con objeto de poner enérgico remedio a este estado de cosas, inspirándose en las acertadas medidas adoptadas por las Juntas Generales, el Gobierno general del Señorío de Vizcaya y la Diputación Provincial, acordó lo siguiente:
Los mendigos no podrán postular mas que en los pueblos donde se hallen avecindados, o en su defecto, en los de su naturaleza, y necesitaran para ello la autorización de su Alcalde, para lo que deberán ir provistos de placa o documento acreditativo.
Los puestos de miñones enclavados en las fronteras de la Provincia impedirán, así como los Alcaldes, la entrada de los mendigos forasteros.
Los gastos de traslación de los mendigos naturales o avecindados de un pueblo a otro de la Provincia, serán sufragados por los respectivos Ayuntamientos, y la conducción de los forasteros hasta el limite de aquella se costearán por la Diputación con cargo a la beneficencia...”
En el pleno municipal del 17 de diciembre de 1896, el Ayuntamiento de Getxo, en relación a lo ordenado por al Diputación Provincial sobre la mendicidad acordaba: “...Se cumpla todo cuanto sea posible acerca de lo que se dispone en la referida circular para recoger y despachar a los mendigos forasteros...”
Pero entre tanto, aquí en casa, las autoridades sanitarias mostraban su preocupación por una enfermedad digestiva: “...Con objeto de adoptar algunas medidas encaminadas a evitar la propagación de la disentería que se ha extendido por algunos pueblos de esta provincia, se reunirá mañana en el Gobierno civil la Junta provincial de Sanidad...” (La voz de Vizcaya del 5 de octubre de 1898).
En el pleno municipal del 6 de octubre de 1898, se trataba entre otros asuntos, sobre las pruebas de bueyes en el barrio de Santa María de Getxo (Andra Mari): “...Se da cuenta y queda enterado el Ayuntamiento de Guecho de la autorización concedida por el Gobernador Militar de la Provincia, para celebrar el arrastre de una piedra, por parejas de bueyes, para el día 2 del presente mes de octubre...”
Algún desacuerdo entre la corporación Municipal de Getxo y la Compañía del Ferrocarril de Bilbao a Las Arenas se dejaba entrever en el acta del 6 de octubre de 188: “...En vista del oficio del 30 de septiembre de 1898, remitido en contestación a otro de esta Alcaldía, referente a una pared en la zona del río Gobelas, junto al Ferrocarril de Bilbao a Las Arenas, remitida por el Presidente del Consejo de Administración de dicho ferrocarril. Acordó el Ayuntamiento se obtenga consulta del Abogado de la Corporación acerca del contenido de dicho oficio...”
De la pronta llegada del fluido eléctrico a nuestros barrios, daba cuanta uno de los puntos tratados en el pleno del 6 de octubre de 1898: “...Se da cuenta del informe emitido por la Comisión de Gobernación y Policía acerca de una instancia presentada por el Presidente de del Consejo de Administración de la Sociedad “Eléctrica de Plencia”, solicitando permiso para colocar postes y palomillas en los terrenos y edificios municipales, con objeto de establecer fluido para el alumbrado eléctrico particular en esta población. El Ayuntamiento acordaba dar su conformidad bajo las condiciones que se fijan, dando comunicación al exponente...”
En la próxima entrada de esta serie, veremos como se abonaban cantidades al tamborilero y atabalero de Las Arenas para tocar en los días festivos.



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