jueves, 19 de julio de 2018

PAELLAS EN AIXERROTA, UN DÍA ÚNICO.



Paellas en Aixerrota, un día único, así se puede denominar a una de las fiestas, para mi, más emblemáticas de Getxo. En un paraje sin igual, sobre los acantilados del Abra, con una de las concentraciones de gentes más importantes del año, con un tiempo y ambiente increíbles y unos aromas que embriagan, se celebran las fiestas más bonitas del municipio.

Explicar lo que es el día de Paellas es algo complicado porque seguro que es diferente para cada asistente, aunque hay cosas que creo que serán comunes para casi todos. Es un día donde cualquiera puede perderse por la campa de Paellas y encontrar a innumerables amigos, entre la neblina del humo de las fogatas con laboriosos sukaldaris, algunos ayudados por pequeños aprendices que en unos años cogerán la titularidad; todos ellos dispuestos a compartir conversación y suculentas viandas. Donde la música, la dantza y como no, la paellas a cual más vistosa y suculenta, alegran un día, que para quienes nos visitan, puede resultar inolvidable.

Como todos los años, éste toca rememorar otros pasados. Este año he elegido la “XVII” edición, la fiesta de Paellas de 1972. En medio de un día radiante de sol, que hasta eso garantiza Itxas Argia, aparecía en la prensa ya desde la víspera con un: “...«Hoy, en Aixerrota, la Olimpiada de la Paella”»...” En el que parecía que todo conducía a Getxo, pues hasta el primer premio del concurso de perros de muestra de Amorebieta, con la perra “Petula” de José Antonio Arenaza, volaba para nuestro municipio.


La afluencia fue masiva. Más de 25.000 asistentes, a decir de la prensa, llenaban las landas de Aixerrota. El número de paellas presentadas hacían honor a la amplia concurrencia. Se presentaron a concurso 264 pellas. Los ganadores fueron la cuadrilla “Deriotarrak”, un grupo compuesto por 40 amigos, cuyo sukaldari era Rufino Landa, quien creó una vistosa paella para 48 personas. A la misma añadió 2 pollos, almejas, cigalas, langostinos, 2 langostas y nada menos que 5 kilos de arroz. Entre los clasificados de Getxo figuraban en tercer puesto “Paúl y Gema”. Junto a esa habilidad gastronómica, otro de los alicientes era el “Concurso de Txosnas”, que ese año contó con nada menos que 15 espléndidas construcciones y cuyo ganador resultó ser la Sociedad Algorteña “Itxas Gane” ¡Aquellos chicos del Scout eran auténticos arquitectos!.

Bajo la paellera anunciante de la fiesta aparecía el grupo organizador de Itxas Argia. Entre ellos algunos amigos que ya nos abandonaron: el párroco de Andra Mari Francisco Antxustegi y Jenar Serrano.


En ese año de 1972 ya se anunciaban las próximas fiestas de Santa Ana en Las Arenas, con concurso de tangos incluido. Y las de Algorta y el Puerto, con uno de los espectáculos de la época en este reducto marinero, la novillada en la plaza portátil del relleno. Fiestas, estas últimas, que los ayuntamientos de la dictadura organizaban todos los años muy al gusto de sus ediles.

Este año, como no puede ser de otra manera, con el tiempo garantizado y más ganas que nunca, muchos getxotarras y otros venidos desde distintos municipio vascos, acudirán a las landas de Aixerrota. Por ellas han pasado gentes venidas desde Irlanda, Escocia, Bélgica, Australia, Suiza y Japón, y cómo no, en los últimos años, nuestros vecinos llegados de Sudamérica, que siempre nos acompañan en esta fiesta de paellas. Algunos buenos amigos de la cuadrilla “Irurena”, promotores de esta fiesta, Antonio Bilbao (Txirri) y Félix Iurrebaso a pesar de que ya nos dejaron seguirán con nosotros en el recuerdo. Seguro que Damián Ayo nos acompañará y charlaremos con él por la campa, recordando viejos días.


Será un día mágico. Desde días antes empieza la actividad de Paellas: quedar con los amigos del toldo y hacer una relación de asistentes, preparar la lista de compras, de bebidas y viandas. La víspera hacer las compras, muchas de las cuales quedarán en los coches para subirlas a la campa al día siguiente. Y por fin llega el día esperado, la actividad empieza desde primeras horas de la mañana, la cola de vehículos si no se madruga es agotadora; descargar junto al toldo mesas, sillas, bidones y todos los enseres que ese día se utilizan. Ir a por hielo y leña, mientras algunos amigos empiezan a montar el toldo y a preparar el espacio para el esperado amaiketako.

Mientras los amaiketakos van cogiendo forma, las paellas comienzan su primer aderezo. Y antes de que los de Itxas Argia comiencen a deleitarnos con sus dantzas en la campa, aprovecharemos para visitar los toldos de los amigos, probando en ellos sus suculentos guisos y afrodisíacos néctares báquicos.

Tras las dantzas, las paellas van subiendo al estrado para que el jurado pueda ir probándolas. El ambiente festivo y el colorido, va a más y las landas presentan el aspecto de no hay sitio. A medida que se van colocando en las mesas expositoras las paellas, los jugos gástricos se revelan por la continua agresión olfativa de aromas, complementos gastronómicos y colores. ¡Qué envidia da el jurado, aunque después de probar 50 paellas todavía les falten por probar más de 150, seguro que es agotador!


Después, tras tomar algo en el bar de la organización, charleta con amigos y conocidos, llega el momento de comprobar si el sukaldari de nuestra txosna, ha acertado en la condimentación de la paella. Tras la comida y los primeros tragos de champán, surgen espontáneas las primeras canciones, a las que acompañarán otras del cancionero popular guardado con mimo para la ocasión. La tarde será larga y hay que dosificarse, así que un paseo por la campa, además de ver el ambiente, nos ayudará a hacer la digestión.

A media tarde empieza la entrega de premios, que será larga, los ánimos se van caldeando, y aunque todos parecen los ganadores por la alegría con la que reciben los premios, a medida que se acercan los primeros se empiezan a desbordar los gritos de entusiastas. El nerviosismo se adueña de las cuadrillas sabedoras de que tienen posibilidades; aún no las han nombrado. Llega el esperado primer premio, los gritos, las carreras, el champán, las fotos, todo es un conjunto festivo que desborda el lugar.


Finalmente ha llegado la hora de preparar la merienda, que hay que macizar un poco para seguir libando. Las parrillas vuelven a crear suculentos platos y algunos perezosos retornan a los toldos, después de haber bailado y cantado por el recinto festivo. Viene el momento temido, hay que retornar a casa, pero antes hay que recoger y eso después de un largo día de frenesí. Es duro, la verticalidad en algunos casos es complicada de mantener.

Pero para algunos la vuelta será como continuar la fiesta por el barrio donde seguirán las canciones y libaciones, resistiéndose a que pase ese día que recordaremos durante años, esperando la próxima celebración de “Paellas”.

!Ya falta menos, se acercan las fiestas de Santa Ana, San Ignacios, Romo y el Puerto! Así que, como todavía está por llegar el día de la “Olimpiada de las Paellas”, nos vemos en Aixerrota:

“
Eraso sexistarik

Gabeko Jaien Alde”


“Por unas fiestas libres


de agresiones sexistas”


NOS VEMOS EN AIXERROTA

!ONDO PASA!



domingo, 15 de julio de 2018

LAS FIESTAS DE SANTA ANA DE 1894



Las fiestas de Santa Ana en el barrio de Las Arenas, aunque seguro que algunos preferirían llamarlo por su propio nombre “Santa Ana”, a lo largo del Siglo XIX fueron muy concurridas, sobre todo en lo concerniente a romerías y publico.

En otras entradas, hablando de ese siglo, ya he relatado como transcurrían las fiestas. Hoy voy a contar las de 1894. Algunos diarios bilbaínos nos ayudan a recordar aquellos tiempos en los que los romeros acudían en tropel a las romerías de los pueblos.

Aquel jueves 26 de julio de 1894 comenzaba la romería en la campa de Santa Ana y como era tradición, seguramente por la influencia de la Iglesia Católica, empezaban tras una solemne misa cantada, que contó con la voces de los jóvenes del barrio de Algorta, quienes actuaron bajo la dirección del profesor y organista D. Pablo Mugica.

La romería se haría esperar hasta la tarde, entonces se celebraba en una amplia campa, junto a la actual ermita dedicada a la Santa. La música corrió a cargo del Director de la Banda Municipal D. Millán de Armero. Romería que iba a continuar por al noche en la campa contigua al Puente de Bizkaia. La campa estaba armoniosamente decorada con luces al estilo veneciano, que incluían farolillos y curiosos mecheros de gas encerrados en bombas blancas, azules y verdes.


El domingo día 29 se celebró la repetición de Santa Ana, que en aquellos años recibía el nombre de “Infraoctavo de Santa Ana”. La fiesta comenzó a las 11 de la mañana con unos festejos en los que participaron las mujeres del barrio. Se trataba de una carrera en la que portaban cántaros sobre sus cabezas, que iban protegidas con un “sorki” (rollo de tela que colocaban sobre la cabeza para protegerla). El festejo recibía el nombre de “La Samaritana”. El juego de la Samaritana ya era tradicional en muchos festejos que se celebraban en Bizkaia y aparece recogido en el “Noticiero Bilbaino” desde 1879: “...«El juego del Paso de la Samaritana consiste en disputar un premio entre las mujeres que quieran optar a él, ganándolo la que saliendo del nuevo puente del Arenal con un cántaro de agua en la cabeza, llegue la primera a la iglesia de San Nicolás, sin retirar, durante el trayecto, las manos de la cintura»…” La diversión ya se venía celebrando en nuestros barrios por lo menos desde 1884. De ella ya hablé en mi entrada “Los Juegos en la Fiestas de Getxo” del 2 de septiembre del 2013 .

Esa misma tarde, la del 29 de julio, se celebró una cucaña en la ría con suelta de patos al finalizar la misma; a continuación se dio paso a la tradicional romería que terminó con la quema de una vistosa colección de fuegos de artificio.


Incluso el ferrocarril, dada la gran afluencia de público que desde otras poblaciones, Bilbao incluido, se acercaban a nuestro barrio, ampliaba sus horarios. La Compañía de ferrocarriles de Bilbao a Las Arenas anunciaba: “...«Con motivo de la repetición de la romería de Santa Ana, la Compañía establecerá el domingo 29 un servicio de trenes cada veinte minutos, desde las 2,40 hasta las 4,10 de la tarde, y desde las 6,40 hasta las 8,20 noche, más otros a las 9 y 10 de la noche»…”

A lo largo de los años 50-60 (ya en el siglo XX) dichas fiestas organizadas por el Ayuntamiento, tan solo incluían atracciones mecánicas de ferias ambulantes (barracas) y diversos puestos de feria (tiro, curros, tómbola…). La calle Santa Ana, desde el cruce de Gobela hasta la ermita, estaba repleta de atracciones, desde las más humildes hasta las más novedosas. Una de las primeras era el puesto de tiro al bote de la familia Carrillo. Era un rudimentario puesto fabricado mediante un bastidor de madera y una lona que lo cubría, dentro del cual iban los bastidores sobre los que se colocaban botes vacíos de conserva, los cuales el jugador tenía que derribar lanzado desde cierta distancia unas pelotas de trapo, que caían en la tripa que formaba la lona; los segundos eran más mecanizados y electrificados. Ya emitían sonidos musicales, máquinas tragaperras en las que ingenuos mozalbetes trataban obtener regalos. La campa alrededor de la ermita estaba dividida en cuatro sectores, los dos situados a la derecha mirando hacia la calle Amaya ocupaban, el primero nada más acceder desde la gran avenida, la txozna merendero, el segundo, justo enfrente, el kiosko de la música donde se celebraban las verbenas; al lado izquierdo el sector que estaba junto a la clínica de Goyoaga, estaba ocupado por las atracciones para los más pequeños (las cadenas, los barquitos…), el siguiente, próximo al colegio San Agustín (hoy iglesia) solía estar ocupado por los autos de choque y el gusano loco.


En los últimos años un grupo de jóvenes del barrio han tomado las riendas de las fiestas. Ahora comienzan como en el resto de barrios de Getxo tras el txupinazo. En su programa festivo han incluido conciertos, concursos de pesca, dantzas, comidas populares y concursos, deporte rural o cine.

Pero ya no se ven aquellos trenes rebosantes y aquellos desfiles de romeros, que desde la vieja estación de Las Arenas, entonces estaba en la calle Mayor junto al cruce de Santa Ana, cómo si de una procesión se tratara, recorrían la calle Mayor enfilando a la de Santa Ana, hasta desembocar en la ermita, donde los tamborileros, la banda y los corros de ciegos eran los animadores de la fiesta.

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!ONDO PASA!



miércoles, 11 de julio de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -48-



En la anterior entrada veíamos cómo las obras del nuevo puerto seguían dando quebraderos de cabeza a nuestro munícipes. Así como las órdenes del gobierno de la provincia sobre enterramientos y cementerios debían de ser cumplimentadas.

Las relaciones vecinales no siempre eran fáciles, los vertidos y alcantarillados no eran cómo los actuales y muchas veces provocaban enfrentamientos, ya que cada cual los vertía según su criterio y muchos eran poco amigos de pagar las tasas municipales. Algo de eso sucedió en marzo de 1885, en el edificio que albergaba las clases de Francés y Comercio, cuando una vecina, cuyo nombre omitiré, decidió realizar un agujero en la pared par verter las aguas fecales al deposito del edificio contiguo, decían en las actas municipales de un incipiente alcantarillado municipal: “...«Siendo aquellas aguas perjudiciales y peligrosas para la salubridad pública y especialmente para los que asusten a dichas clases. Y que si desea dicha señora injertar sus vertidos en el caño maestro de la calle San Nicolás deberá pagar previamente la cuota establecida de 734 reales de vellón»...”

Por otro lado las actividades de la sociedad de Salvamento de Náufragos en nuestra ría, llamaba la atención de los vecinos de ambas márgenes. El día 3 de marzo de 1885, según relataba “El Noticiero Bilbaíno”: “...«La curiosidad que naturalmente despierta el anuncio de un espectáculo desconocido, al deseo de ver funcionar aparatos adquiridos por la caridad pública, y el afán que se nota en nuestra población y sus cercanías por dar esplendor a las “Fiestas marítimas”, reunieron anteayer un gentío inmenso en los muelles y sus cercanías de Portugalete y Las Arenas»…” Entre aquellas pruebas de aparatos de salvamento se incluían: disparos con un cañón Ewans, lanzacabos con sistema Alemán “Spandau”, lanzacabos Boxer y falconete que fueron colocados sobre el remolcador Algorta. Las mismas consistieron en una simulación de salvamento de dos embarcaciones naufragadas, teóricamente en la Galea. Uno de aquellos marineros salvados era un joven de Portugalete de nombre F. Ayarza. Las pruebas estuvieron deslucidas por la lluvia y el frío, mal tiempo que en forma de casi un huracán, la víspera había arrancado en Las Arenas cristales y tejas, mientras que en la ría las olas saltaban hasta el camino de sirga.


En cuanto a las obras públicas, se estaban realizando el 26 de marzo de aquel año el camino de carros desde el alto de San Martín a Telletxe (Algorta), y el peatil desde este último punto hasta la encrucijada de Jauregi (Andra Mari). El presupuesto para estas dos obras alcanzaba las 2.000 pesetas.

Las costumbres religiosas del Pueblo se seguían manteniendo, la influencia de la iglesia en los ámbitos civiles era muy potente y cómo ya estábamos llegando a la Semana Santa, el Ayuntamiento de Getxo, preparaba los actos religiosos externos, probablemente por indicación del cabildo de San Nicolás de Bari de Algorta: “...«Invitando al sargento jefe del puesto de Carabineros de Algorta, para que con el mayor número de individuos a su mando tenga el obsequio de concurrir a la procesión religiosa que se celebrará en la parroquia de San Nicolás de Bari el próximo viernes día 3 de abril de 1885, a las cuatro de la tarde»...”

Hasta finales de abril no se tenían más noticias referidas a la vida municipal, y estas eran relacionadas con el tranvía de Bilbao hasta Las Arenas y Algorta. Algunos viajeros de este último barrio se quejaban de que dicho medio de transporte, para dirigirse hasta Algorta, hacía previamente transbordo en Las Arenas, lo cual incomodaba a los viajeros de esta población, y reclamaban que: “...«Los coches del Tranvía que vienen de Bilbao, sigan sin transbordo en Las Arenas hasta enfrente del Casino de Algorta, sin detenerse ninguno en la llamada Carnicería (Junto a María Cristina)»...”

La pobreza extrema seguía afectando a las familias más humildes del Pueblo, y el Ayuntamiento establecía ayudas para ellas. El 30 de abril de 1885 acordaban: “...Declarar al vecino de Guecho “ pobre”, y en consecuencia suministrarle gratis a dicho señor y su familia asistencia facultativa y suministro de medicamentos, avisando para el efecto al médico y farmacéutico titulares, para que también presten igual asistencia a los pobres a quienes se conceda socorro domiciliario»...”

Cómo cosa curiosa decir que el 12 de mayo de 1885, aparecía en el “Noticiero Bilbaíno” un informe del autor del “Reconocimiento Geológico de Vizcaya” D. Carlos Collette que decía que: “...«La caliza arcillosa de Algorta, en la orilla del mar, al sur del puerto, de color gris blanco, constaba del 80,5% de carbonato de cal y un 19,5% de arcilla, composición que correspondía a la cal hidráulica; Mientras que otro yacimiento bajo el Castillo arruinado antes de llegar a Algorta, era de color gris oscuro, y constaba de un 58,19% de carbonato de cal y un 41,81% de arcilla»...”

En la sesión del día 15 de mayo acordaba la Diputación de Bizkaia pasar a informe de la comisión de Gobernación: “...«El oficio en que el ingeniero jefe del distrito forestal da cuenta de la comunicación que ha dirigido al Sr. Gobernador civil con motivo de las quejas que ha recibido sobre venta de diversos montes de aprovechamiento común; encargarse de la conservación del trozo de carretera de las Arenas a Algorta, salvo en la parte de los caños ó alcantarillas de servicios municipales...”


Justo algunos días más tarde, el 28 de mayo de 1885, se daba lectura a un oficio remitido por el Presidente de la Diputación Provincial, del 20 de mayo, en el cual se informaba del acuerdo tomado por aquella corporación el día 15, disponiendo que a nuestro municipio le fuera abonado el reintegro señorial, que cómo decía en mi entrada 44 (Los Ayuntamientos dependientes de la Diputación de Bizkaia obtenían por su participación en la construcción de las principales vías de comunicación una rebaja en los tipos concertados para el sostenimiento de dichas carreteras por las cantidades que invertían en esas obras), hasta el 31 de diciembre del pasado año; y que la conservación de la carretera desde Mantequena (Algorta) hasta la Plazuela del barrio de Las Arenas, que había sido construida a expensas del municipio, corriera a cargo de la Diputación, salvo el coste de los caños y alcantarillado que sería por cuenta del municipio.

En esos días se hablaba del presupuesto de gastos e ingresos señalado para nuestro consistorio por la Diputación Provincial, que ascendía a 6.305 pesetas.

La caza de los depredadores nocturnos, que asolaban las aldeas, surtiéndose de aves y otros pequeños animales de corral (conejos), incluso en ocasiones de frutas y miel, era recompensada por nuestro Ayuntamiento. Uno de esos afortunados cazadores fue en el mes de mayo, D. Manuel Ignacio de Ugarte quien recibió 5 pesetas, al haber matado una garduña y su cría.


Ante la cercanía de la época festiva, algunos feriantes solicitaban al Ayuntamiento permiso para colocar tiovivos en los espacios festivos. Uno de ellos fue D. Francisco Carrillo, a quien el Ayuntamiento autorizaba: “...«Para poner un tiovivo en el barrio de Las Arenas durante la próxima temporada de verano»...”

En la próxima entrada veremos cómo la prensa bilbaína, y sobre todo algunos articulistas, ensalzaban la evolución de nuestros barrios.

lunes, 9 de julio de 2018

UN APEADERO LLAMADO GOBELA



Gobela, río que ya desde el lejano 1501 viera cambiar el curso de su cauce, del que ya en 1502 se dijera: “...que dicho río trae mucha arena.., por la parte de Las Arenas, debajo del Gobela, junto a las peñas que van a dar al mar...” iba a tener cuatrocientos años más tarde una polémica en torno a su nombre que curiosamente coincidía con la creación de un apeadero que lleva su nombre.

En 1928 se decía del Gobela que era: “...un riachuelo al que en la actualidad llaman Gobela y también Gobelas, que tomó su nombre en época todavía reciente, de un caserío antiguo llamado Gobela y por junto a cuya puerta pasaba el camino que conducía al río o regato que en aquella época llamaban sencillamente “Errekea”, sin adición alguna. Algún tiempo después de la última Guerra Carlista, los en aquel tiempo escasos habitantes de los caseríos de Algorta dieron en llamar “Gobela’ko errekea” al citado riachuelo, y traduciendo la denominación al castellano le llamaron “el río de Gobela”, después “El rio Gobela”…” (Al referirse a la última Guerra Carlista lo hacían a la de 1872-1876.)

El 27 de junio de 1928 ya se hablaba de la reciente construcción del apeadero de Gobela, o “Gobelas” en el diario “Euzkadi”, situado entre Neguri y Las Arenas. A partir de ese apelativo surgía un interesante debate sobre cuál de los dos nombres era el más correcto. Decían: “...Le han dado, sin duda, este nombre por ser el del río que pasa junto a él; pero he aquí que surge una duda; a dicho río hasta ahora todos le conocíamos por “ El Gobela” , y ahora pregunto yo : ¿en qué se habrán fundado los señores que componen el Consejo de Administración de dicho ferrocarril para ordenar que se le ponga el nombre de “ Gobelas”; es decir, para agregar esa “S ” final?...”

Y un lector curioso se dirigía al mañaritarra Don Ebaristo Bustinza Lasuen “Kirikiño”, a fin de que: “...a usted, que es un enamorado de estas cuestiones que afectan a la toponimia de nuestro país, acudo, a fin de que procure se aclare este asunto; es decir, si es “Gobelas” o “Gobela”...” Afirmaba el lector que: “...Con la “S” está bien, pues el nombre del riachuelo es Gobelas. Así consta en las geografías de nuestro país, aunque no puedo decirle la etimología de ese nombre, sí puedo decirle que la “S” final viene bien ahí, porque en euzkera “lats” es riachuelo, y ese “las” final del nombre Gobelas es, sin duda, la misma palabra “lats”, dicha más suavemente, Azkue registra en su diccionario la palabra “gobel”, recogida en Urduliz y Txorierri con la significación de cal; y también en Orozco y Txoríerri con la de “pedruscos sueltos calcinados”. Yo no sé si podrá aplicarse eso al río Gobelas en su origen o en algún punto de su curso…” La respuesta de “Kirikiño” se inclinaba decididamente hacia la segunda de las citadas formas.


En la discusión, el 29 del mismo mes, intervenía una persona de Algorta, de apelativo “Bingen”, quien afirmaba: “...He de declarar sinceramente antes de nada que nunca, en las mil ocasiones que he examinado la voz de marras, se me ha pasado por la imaginación que su sílaba terminal “las” fuera reducción de “lats” (arroyo). Ahora bien; esa “S” ¿es intrusa o no lo es? He aquí el verdadero meollo del problema, que nosotros resolveremos en el primer sentido y fundándonos para ello en las siguientes razones: Primera. Gobela es apellido de antiguo abolengo getxotarra. En una real provisión de nobleza y vizcainía librada a mi antepasado Vicente de Sarria aparece repetidamente el apellido Gobela o Govela en la información de sangre que a la misma acompaña. La partida más antigua en que este apellido aparece es de 1702 y en ella se habla de Ventura de Govela, hija de Pedro Asensio de Gobela, repitiéndose este apellido, siempre sin “S”, en otras partidas posteriores. Revolviendo viejas escrituras de familia he hallado asimismo a Damíana de Gobela, en la de constitución de un censo, y la misma en otro de fundación de memoria perpetua de misas. En ambas escrituras, que datan la primera de 1718 y la segunda de 1722, se repite muchas veces el apellido Gobela, que he hallado asimismo en otra escritura de 1791, en que aparece como testigo Antonio de Govela. Y ayer mismo me han informado que aparece un Govela, regidor que fue de esta anteiglesia, apareciendo en los documentos municipales siempre Govela como apellido de arraigo en Getxo. Y por si esto fuera poco todavía, hoy Gobela es el apellido de una honrada familia de labradores de nuestro barrio rural. Y en el barrio del Castillo de Algorta existe el caserío llamado Gobelene, con una estrada del mismo nombre. Dejo, pues, primeramente bien sentada la existencia de la voz Gobela como patronímica y toponímica propia de nuestro pueblo…”

Y al referirse a la nombrada “s-final” decía: “...Esa “S” que aparece en modernas escrituras y en el uso actual “de los que hablan castellano”, no es sino producto de la desdichada costumbre introducida por el bilingüismo de pluralizar los nombres vascos, en muchos casos porque se refieren a varias cosas, en muchos aun refiriéndose a una sola, por el fenómeno que me parece llaman los lingüistas de falsa analogía...”

A continuación ponía ejemplos de toponimia local, Ejemplo del primer caso es: “...Piñaga. Existiendo tres caseríos de este nombre Goiko, Erdiko y Beko, cuando los algortenos se refieren a ellos les llaman tranquilamente Pipagas, nombre que he visto así consignado en el Diccionario Hispano-americano juntamente con Hormazas, Ibarras, Govelas, etc., etc.; ¡toda una colección de lindezas!...” Del segundo tipo: Axerrota. A este simpático molino de viento y su clarísima etimología y disposición de su fábrica no me dejarán mentirle ha colgado el infeliz uso de que hablamos una “s” incomprensible, transformándole en boca de la inmensa mayoría de los algorteños en un “Axerrotas” burdo e irritante. Y sería el cuento de nunca acabar citar a Alango disfrazado en “Alangos”; Salsidu caricaturizado “ Salsidus” ; Abasota, en “Abasotas”, etc., etc., dándose, además, el caso de pleonasmo híbrido -passez le mot- que supone el convertir a Zubillete, plural de suyo, en “Zubilletas”; Fadureta, en “Faduretas”; Alangoeta, en “Alangoetas”, etcétera, etc...”

Y a partir de esa reflexión introducía a un famoso escritor y periodista de Algorta D. Jose Olivares Larrondo, “Tellagorri”, quien según la “Auñamendi Eusko Entziklopedia” se inició curiosamente en la publicación “Gobela”, y del que decía: “...Fue mi buen amigo “Tellagorri” quien tratando hace tiempo precisamente de esta cuestión, me dijo haber oído al Sr. Mourlane-Michelena que, leyendo documentos en que el nombre en cuestión aparecía en varias formas, le había chocado encontrar en alguno dé ellos la forma “Gobeleya”. Es forma ésta que refuerza considerablemente nuestra tesis. Pues así como de Gobela-Gobelea pudo hacerse Gobeleya sin sufrir violencia el genio de la lengua que vemos convierte a Bea en Beya y nos muestra Gorbea transformado en Gorbeya, ni en nuestra lengua, ni creo que en lenguaje humano alguno, se da el caso de la conversión del sonido sibilante “S” en vocal alguna…”

Y seguía diciendo: “...Admitiera yo la “S” en cuestión y abandonara la Historia, la Lógica y la Etimología que hasta aquí creo han podido acompañarme, aunque ésta sea la semiconsonante. De ese uso por medio de labios euzkeldunes de este pueblo, me dejó oír (Jobela, en Gobela’ko, Gobela’tik, Gobela’ra, etc. Probándome de una vez e incontestáblemente, a mi juicio, la legitimidad de la forma Gobela sin el aditamento de la exótica, intrusa y parásita “S”...”


Otro comentarista algorteño, que firmaba con “E”, incluía una reflexión de lo que hoy ya es un habito en nuestro pueblo: “...en este pueblo la costumbre de añadir “s” a muchas palabras vascas al usarlas corrientemente en castellano; así, tenemos una calle de Aretxeta que ostenta un letrero que dice “Calle de Arechetas”; un barrio de Alangueta al que en los documentos oficiales llaman “ Alangüetas”, un Azkanpe al que llaman “Ascampes”, etc. La “S” en cuestión, tanto en Gobelas como en los demás nombres en que se le añade, se debe únicamente al afán pluralízador, llamémoslo así, de los algorteños de las nuevas generaciones...”

Para poder actualizar la voz Gobela y su correcta forma al escribirla, he consultado con la Real Academia de la lengua Vasca “Euskaltzaindia” con uno de sus académicos, Mikel Gorrotxategi, autor del varios libros sobre toponimia. Incluyo lo que me ha comentado acerca del termino Gobela y la influencia de la “S-final”: “...En los topónimos en euskera la influencia de la -s final que se añade en castellano a los barrios, grupos de casas y lugares, es fundamentalmente de finales del siglo XIX; se extendía desde Somorrostro a Getaria, pero es muy común en Txorierri y Uribe Kosta. Añadirle la marca final plural de la -s es influencia del castellano y los mismos nombres usados en euskera por los mismos hablantes, no presentan la -s…”.

Hasta aquí una pequeña aportación al uso de la “S” en los nombres de nuestros lugares y barrios de Getxo, que gracias a la inauguración del apeadero de Gobela en 1928 he podido traer a estas paginas.

miércoles, 4 de julio de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -47-



En la anterior entrada veíamos cómo los pobres del municipio requerían de ayudas dada su depauperada situación. Y cómo Las noticias referidas al transporte eran primera plana de los diarios bilbaínos.

El 24 de febrero de 1885 el Ayuntamiento de Getxo volvía a tratar sobre el nuevo puerto en proyecto de construcción y daba cuenta de una carta remitida por el Diputado a Cortes D. Rafael de Mazarredo. El consistorio consideraba indispensable: “...«Emitan un informe en dicho proyecto, el Ingeniero Jefe de la provincia y el Comandante de Marina para la debida tramitación, ya que está declarado puerto de interés general de segundo orden. Acuerda el Ayuntamiento de suplique encarecidamente al Sr. Gobernador Civil interese a los citados señores para que se sirvan emitir un informe favorable, por ser un asunto de suma utilidad para este Pueblo»...”

En esas mismas fechas, otro de los temas tratados por el Ayuntamiento de Getxo era el relativo a las instrucciones del Gobierno Civil sobre cementerios.
Se daba cuenta de la orden del Director General de Beneficencia y Sanidad: “…Publicada para su cumplimiento por el Sr. Gobernador Civil de esta Provincia en el Boletín Oficial del día 23 de febrero, ordenando se dote a los dos cementerios de este municipio de las dependencias, que en dicho resumen se indican y que son necesarias, deposito de cadáveres y capilla»...” Al parecer en la comunicación gubernativa se cometía un error ya que uno de los cementerios tenía ambas estancias (Iglesia de Andra Mari), mientras que el otro solo tenia capilla y osario (Algorta) y que, sin embrago,: “...«Este Ayuntamiento se halla instruyendo un expediente, el cual será remitido a la aprobación del Sr. Gobernador, para ampliación del actual cementerio de la parroquia de San Nicolás, y tendrá muy presente para ejecutar las obras de dotar de la sala de autopsias y habitaciones para los vigilantes, y que severamente se ordene a los enterradores o sepultureros se abstengan en lo sucesivo de dar menos profundidad de un metro y cincuenta centímetros a las sepulturas de los cadáveres»...”

La Dirección general de Beneficencia, el 27 de febrero de 1885, hacía circular un resumen de los cementerios que por diversa razones no tenían las condiciones sanitarias para seguir en funcionamiento: “...«La Dirección general de Beneficencia ha circulado a las provincias el resumen de los cementerios de cada una de ellas que necesitan reforma y de los que a toda costa deben cerrarse por sus malas condiciones higiénicas. Examinando el concerniente á Vizcaya vemos que ascienden a treinta los que se mandan cerrar, construyendo otros en buenas condiciones higiénicas de las que aquellos carecen. El inconveniente que se encuentra en muchos de ellos es el de no distar de toda habitación al menos quinientos metros, como prescribe la ley de sanidad vidente. Entre dichos cementerios está el de Bilbao»...”

Para el 3 de marzo de 1885 los estipendios por derechos del matadero, durante el mes de febrero ascendían a 18,50 pesetas. En esa misma fecha se encontraba terminada la obra del caño maestro en la calle Aretxondo, por lo que el Ayuntamiento notificaba a los vecinos de la zona: “...«A fin de que manifiesten si quieren injertar en dicho caño las aguas sucias de sus respectivas casas, pagando previamente para tener derecho a ello la cuota que viene siendo costumbre de 734 reales de vellón»...”


Y es en esas fechas que se iba a iniciar lo que luego sería el Hospital Hospicio de Alango. El mismo 3 de marzo, el Ayuntamiento acordaba, tras la recepción de un oficio de D. Luciano de Alday y de D. Mariano de Arana, albaceas testamentarios ambos de Dña. Francisca de Abaroa, de la casa llamada Hospital de Algorta construida por dichos albaceas, acordaba el consistorio: “...«Y deseando allanar en todo lo que se pueda las dificultades surgidas acerca de la expresada casa Hospital: que dichos albaceas no se oponen a que siempre que se intente un edifico mejor, se aplique el valor de este y de su solar para beneficio del nuevo»...” En esa fechas se esperaba la vista del arquitecto bilbaíno D. Severino de Achucarro con motivo de las obras de ampliación del cementerio de Algorta (Campa del Muerto), acordaba con ese motivo el consistorio: “...«Se comisione a dicho arquitecto a fin de que designando previamente un terreno aparente y adecuado, por esta corporación en unión de aquel, forme el correspondiente proyecto, planos y presupuesto para la ejecución de una casa que sirva para Hospital y Beneficencia en esta Anteiglesia»...”

El 13 de marzo de 1885, el Alcalde de Getxo D. José Antonio de Uriarte, en nombre de consistorio anunciaba en el “Noticiero Bilbaíno” la feria que anualmente se celebraba el día de San José en la campa de Alango: “...«El ayuntamiento de esta anteiglesia, siguiendo la costumbre de años anteriores, ha acordado celebrar feria de toda clase de ganados en la campa llamada Alango, situada en el barrio de Algorta, el día de San José, 19 del corriente mes, empezando a la una de la larde, cuya campa se halla cerca del punto donde para el tranvía»...”


Pocos días más tarde, el 18 de marzo, una nueva amenaza en forma de enfermedad se cernía sobre nuestros vecinos, la temida Viruela; también lo hacía en otras poblaciones de nuestro entorno como Portugalete y Santurtzi.
Y llegó la temida viruela al barrio de Algorta, como casi siempre ocurría lo hizo a una familia de escasos recursos. Para prevenir la extensión de la epidemia el Ayuntamiento acordaba: “...«Inmediatamente se ponga un hombre en dicha casa por cuenta de los fondos municipales con el fin de que vigile rigurosamente que no salga de ella ninguna persona que se halle al cuidado de la enferma, ni entrar ninguna otra que se dedique a otros servicios. Se encargue a los tres médicos titulares para que den parte al Alcalde inmediatamente que tengan noticia de esta enfermedad en la localidad, para tomar medidas y aislar completamente la casa, a fin de evitar la propagación de esta enfermedad»...” Pero las medidas no solo eran para quienes contrajeran la enfermedad en el municipio, también alcanzaba a las provenientes de la vecina Villa de Portugalete, ya que a decir de los libros de actas de Getxo: “...«La enfermedad epidémica de la Viruela reina en la vecina Portugalete»...” Por lo que con el fin de evitar que dicha enfermedad saltara la ría, el consistorio de Getxo dispuso que: “...«Desde hoy hasta que otra cosa no se disponga, permanecerá el segundo alguacil D. Lorenzo Aguirre en el barrio de Las Arenas, con un sueldo de tres reales diarios, evitando que ninguna persona de dicha Villa venga al lado de esta jurisdicción a lavar ropas pasando por la Plazuela (Bizkaiko Zubia), pero sí se permitirá pasar a lavar las ropas partiendo de la calle que pasa por la casa del Sr. Barandica, por Santa Ana hacia el rio Gobelas, donde se permitirá en dirección Este (Aguas abajo del río), el lavado de las ropas a las lavanderas de la citada Villa»...” Y como quiera que esto levantó cierta polémica entre ambas poblaciones, el consistorio getxotarra comunicó al portugalujo que no se había prohibido a las lavanderas realizasen su habitual trabajo en el río Gobelas, si no que se les había asignado un punto para el lavado cómo se indicaba anteriormente. No era esta la única vez que se había producido un desacuerdo con la Villa de Portugalete, ya que en octubre de 1881 el Ayuntamiento de Portugalete escribía, sobre el mismo tema, en su libro de actas: “...«Manifestamos por unanimidad que hemos visto con disgusto y hasta indignación, la medida tan arbitraria, absurda e ilegal la medida adoptada por la Anteiglesia de Guecho, sobre la rigurosa prohibición del paso de personas de esta Villa a dicha Anteiglesia y viceversa, igualmente de las que van al río Gobela a lavar sus ropas, so pretesto de que en esta Villa habían algunos casos de viruela»...”


Pero las molestias de nuestros vecinos no solo eran debidas a epidemias, también los ruidos hacían que se expresaran, no sin cierta sorna que: “...«Para quedar uno sordo siempre hay tiempo»...” Y es que a decir de los mismos: “...«El ruido infernal que producen algunas plataformas del tranvía urbano al ser arrastradas por las calles, casi es tortas y pan pintado, como suele decirse, comparado con el de esos carros llamados “bolquetes”, que cuando marchan poco menos que disparados por algunos suelos, parece que se va a hundir la tierra»...”

El 23 de marzo de 1885 “La Gaceta” publicaba que: Con fecha del 21 del mismo mes, se declaraba cómo Puerto de Segundo Orden de Interés General al Puerto de Algorta.

En la próxima entrada veremos cómo las relaciones vecinales no siempre eran fáciles y los vertidos y alcantarillados muchas veces provocaban enfrentamientos, ya que cada cual los vertía según su criterio y muchos eran poco amigos de pagar las tasas municipales. Y cómo la influencia de la iglesia en los ámbitos civiles era muy potente, marcando las costumbres religiosas del Pueblo.

domingo, 1 de julio de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -46-



En la anterior entrada veíamos cómo la recaudación por casetas de baño aumentaba, y cómo el tránsito de ganados y carros por el camino peatil desde el jardín de Telletxe hasta el pórtico de la iglesia de Santa María de Getxo deterioraba la calzada.

Comenzaba el año 1885. Los pobres del municipio requerían ayudas, tal era su depauperada situación. Y a pesar de que las ayudas, a fecha de hoy, pudieran parecer escasas venían a aliviar las situaciones desgraciadas que algunas familias pasaban en algunos casos por perdidas de la matriarca de la familia. La cantidad asignada de carácter mensual ascendía a 18,65 pesetas.

Las noticias referidas al transporte eran primera plana de los diarios bilbaínos. El “Noticiero Bilbaíno” del 1 de enero de 1885 recogía el “...«Concurso para la ejecución de las obras del ferro-carril económico de Bilbao a Las Arenas. Los planos, presupuestos, condiciones facultativas y económicas, se hallan en las oficinas de la compañía (Campo de Volantín Nº 1. en Bilbao)»...” Mientras, el medio de transporte más generalizado era el tranvía. La venta de los billetes se anunciaban en este mismo medio: “...«Tranvía de Bilbao a Las Arenas y Algorta. Esta compañía expende en Portugalete, al precio de una peseta, billetes para venir a Bilbao y regresar a Las Arenas en el mismo día. EI despacho se halla establecido en casa de D. José Bilbao, en el muelle Viejo N.º 1 de Portugalete»...”

Getxo era una población solidaria con las desgracias de más allá de sus límites geográficos. El 29 de enero de 1885 entregaba en la sucursal el Banco de España de Bilbao la suscripción realizada en el municipio para ayudar a los damnificados por los terremotos ocurridos en Granada y Málaga, que el Noticiero Bilbaíno anunciara en sus paginas del 29 de diciembre de 1884: “...Granada 26. El alcalde de Talarraya participa que, a consecuencia del terremoto de anoche, se hundieron multitud de casas...” Entre las gentes que contribuyeron a aliviar aquella desgracia se encontraban algunas sociedades de nuestros barrios, como el Casino y una estudiantina, que al parecer existía por esas fechas en Algorta: “...Que recorrió sus calles, recolectando la cantidad de 1.847 pesetas, de las que una vez deducidos gastos se hizo entrega al Sr. Cura Párroco de Algorta (San Nicolas) la cantidad de 1.266 pesetas para que a través del Prelado (Obispo), se remita a las provincias de Granada y Málaga, para alivio de las victimas de los terremotos»...”


El nuevo puerto que se pensaba construir en Algorta, en la forma que se estaba tramitando el proyecto del nuevo puerto. En una carta enviada a los Diputados a Cortes D. Rafael Mazarredo y D. Ángel Allende Salazar, el Consistorio de Getxo expresaba su disconformidad. EL 5 de febrero de 1885 el Ayuntamiento de Getxo planteaba: “...«No estaba en el deseo de la corporación municipal, que el nuevo puerto que se proyecta construir en el barrio de Algorta, se clasificase de interés general de segundo orden, por cuanto realizándolo de esa forma, después de haber contribuido el Municipio con cantidad de alguna consideración, creemos no podrá establecer tarifas de carga, descarga y calado de embarcaciones, cómo podría haber hecho si su hubiera declarado puerto de interés local, sin prejuicio de que luego hubiera sido declarado de interés general. Que de acuerdo con estos deseos se practicaron los estudios, y se entregó el proyecto al digno Diputado Sr. Mazarredo. En consecuencia se ruega encarecidamente a los mencionados señores Diputados interpongan su valiosa influencia para hacer realidad el deseo de esta corporación municipal»...”

Volviendo al anterior tema relacionado con el Ferrocarril Económico de Bilbao a Las Arenas, el 25 de febrero de 1885 saltaba a la paginas de la prensa bilbaína el posible trazado y los beneficios que dicho medio de transporte iba a reportar, no solo a la Compañía, si no a los que iban a participar en dichas obras: “...«Obras que se han subastado estos últimos días. El ferro carril de Bilbao a Las Arenas podrá ser más ó menos útil a sus accionistas en el concepto económico, pero no cabe duda de que ha de reportar mucho bien a la comarca donde radique. Ha de proporcionar trabajo por largo tiempo a gran número de braceros, contribuirá por tiempo indefinido a beneficiar la industria y la vida en la comarca que recorra»...” A continuación venía una descripción del recorrido del mismo, que a su vez describía la zona por la que iba a transcurrir: “...«La nueva vía férrea arrancará en Bilbao de la colina que se alza sobre el que fue solar del convento de San Agustín, en la margen derecha de la ría.

Apenas partida de la estación de San Agustín, atravesará los pequeños declives que dominan inmediatamente las huertas de la villa, llanura o vega que se va poblando de elefantes casas y establecimientos industriales y es continuación del paseo titulado Campo Volantín. Inmediatamente encuentra el arroyo de Artaza-Mina, primera de las cañadas que descienden de la cordillera de Archanda.

Seguirá por las pendientes estrivaciones de la montaña, quedando entre la ria y la vía los hoteles de la Cava, propios de la familia de los Sres. Ibarra y la magnífica Universidad que poco más allá se levanta; y recorriendo la poblada anteiglesia de Deusto por centro, ósea por las cercanías de la iglesia parroquial atravesará el alto collado de Luchana, de forma prismática, por lo que en lo antiguo se le daba el nombre de “Sepultero”; salvará por un puente el río que desciende de los valles de Sondica y Erandio, atravesará otro collado de menos elevación que domina la casa de Ardanaz, y que desemboca en una hermosa vega frente al Desierto, donde tiene su casa de campo el Sr. Agustín M.ª de Obieta.

Las famosas canteras de Axpe que hoy surten de piedra de mampostería y sillería a la mayor parte de las obras que se ejecutan, tanto en la ría como en Bilbao y municipios circunvecinos, serán atravesadas por la nueva vía, y ésta al fin penetrará en las llanuras de Lamiaco, teniendo a corto trecho que salvar, en Udondo, por medio de un puente, no de gran importancia, el río que forma poco más arriba la unión de los ríos que descienden de Lejona y Berango.

Por último recorriendo la vía las huertas, jardines y pinares que esconden la Capilla de Santa Ana y la multitud de casas de campo, que preceden al núcleo principal de población de Las Arenas, terminará en estas, cerca del gran Balneario y en el paso del camino de Algorta.

El ferrocarril de Bilbao a Las Arenas, casi constantemente ira dominando la ría y las poblaciones que se agolpan casi sin interrupción en ambas riberas»...”


La nueva carretera de Las Arenas a Plencia parece que daba problemas de seguridad por la saturación de visitantes. Los numerosos robos que hasta fechas cercanas se venían circunscribiendo a zonas de Encartaciones, se empezaban a producir con mayor intensidad en las inmediaciones de Bilbao y sobre todo por la margen derecha de la ría y Las Arenas en particular. El 12 de febrero de 1885, el consistorio de Getxo acordaba solicitar al Gobernador de la Provincia: “...«Para conservar el debido orden y la vigilancia como protección de las personas y propiedades, debido a los numerosos forasteros de otras provincias que se vienen aglomerando en este Pueblo, haga el Sr. Gobernador establecer un puesto de Guardia Civil en esta población, y caso de no conseguir esto gestionar ante la Diputación Provincial poner un puesto de Miñones»...”

Ya para febrero de 1885 se abría una nueva calle que conducía desde la ermita de Santa Ana a la ría. El encargado de aquella obra fue D. José María de Aramberria vecino de Erandio, quien licitó la misma por 1.750 pesetas. El Ayuntamiento accedió a realizar la obra con la condición de que se echaran en dicha calle 25 centímetros de piedra machacada y 5 de recebo de grueso.

En la próxima entrada veremos cómo las obras del nuevo puerto seguían dando quebraderos de cabeza a nuestros munícipes. Así como las ordenes del gobierno de la provincia sobre enterramientos y cementerios que debían de ser cumplimentadas.