El Crisantemo, una flor originaria de Asia, que dio lugar a exposiciones en Getxo en el Siglo XX. Planta perenne que ya en la denominada “Zhòngguó” (China), era símbolo de nobleza, salud y longevidad y que fue cultivada hace más de 3.000 años. Planta ornamental que con posterioridad los japoneses adoptarían como emblema imperial.
Las flores siempre fueron consideradas como símbolo de sentimientos y estados de ánimo; a ellas un diario bilbaíno le dedicaba los siguientes: “...La Amapola la esperanza; al Cardo la austeridad; al Clavel la altivez; la Camelia la bondad; la Malva la dulzura; el Ciprés el duelo; el Jacinto la benevolencia; el Jazmín la amabilidad; el Lirio la humildad; al Loto la elocuencia; al narciso el egoísmo y al Crisantemo la dignidad...” (La Tarde del 11 de mayo de 1935).
El crisantemo, botón de oro o flor de los muertos, tiene una larga tradición a lo largo y ancho del mundo. En China apareció en los antiguos escritos en el Siglo XV a.C., donde se usaba como planta medicinal, otorgándole el poder de la vida, siendo también utilizado como hierva culinaria. En Japón, donde llegó procedente de China en el año 400 a.C., se celebraba el día Nacional del Crisantemo al que llamaron «Festival de la felicidad; a esta flor, en Japón le atribuían su creación la siguiente leyenda: “...Una leyenda del País del crisantemo, cuenta que el mismo nació, hace muchísimos años, de la alianza de la tierra con una estrella, aquella flor fue cortejada por el Sol, de la unión entre ambos nacería el primer emperador de Japón...” (Alrededor del Mundo del 7 de septiembre de 1905).
En el siglo XVII, el crisantemo fue introducido en Europa por el padre de la taxonomía moderna Karl Linnaeus, quien le dio su nombre occidental «crisantemo». El nombre se deriva de las palabras griegas «chrysos» que significa oro, y «anthemon» que significa flor. Posteriormente al crisantemo se le asigno la función de honrar a los fallecidos.
En 1890 la Sociedad Nacional de Horticultura de Francia celebró en Paris, en el Gran Salón de la calle Grenelle, una exposición de Crisantemos. A partir de entonces paso de los parajes de la muerte a la elegancia de las bien cultivadas «serres». También en Iparralde, en San Juan de Luz existió una agrupación de crisantemistas en 1911.
Entre nosotros esta planta ornamental, a comienzos del Siglo XX, adquirió importancia entre la alta sociedad del llamado Neguri. En el Club Marítimo del Abra del barrio de Las Arenas, instituyeron la «Fiesta de los Crisantemos». La primera de aquellas fiesta-exposión de crisantemos, se celebró el domingo día 29 de octubre de 1905, lo anunciaba el diario “El Noticiero Bilbaíno”.
La apertura del aquella primera exposición de crisantemos, en el Real Club Marítimo del Abra de Las Arenas, que tuvo lugar el día 29 de octubre de 1905 a las dos de la tarde. Sobre ella la prensa bilbaína decía: “...A semejanza de los que se hace todos los años en importantes capitales del extranjero, el Club Marítimo del Abra a acordado celebrar el próximo mes de octubre una “Exposición y Concurso de Crisantemos”, que tan preferente atención merece en la sociedad elegante. Las condiciones para el concurso serán las mismas que las del «National Chrysanthemum Society» de Londres, debiendo entregarse diez pesetas por cuota de inscripción...” (El Nervión del 2 de mayo de 1905). Llegado el día de la exposición los datos a cerca de la misma eran ofrecidos por otro de los diarios bilbaínos: “...La apertura de la exposición celebrada ayer en el Club Marítimo del Abra, de Las Arenas, constituyo una lucidísima fiesta. El local se hallaba adornado con exquisita elegancia. Al evento acudió lo más selecto de la la sociedad bilbaína de los alrededores, numerosas damas asistieron con elegantes atavíos.
Se habían establecido seis series, la Serie A: para doce ejemplares de crisantemos de diferentes clases; la Serie B: para doce ejemplares de flores con tres variedades; la Serie C: para doce ejemplares de flores de igual color de diferentes clases; la Serie D: para tres clases de flores del mismo color o de igual variedad; la Serie E a base de jarritos pequeños con crisantemos y el premio a la las serie F para profesionales, con doce flores distintas.
La Serie A con Premio de honor y las siguientes distinciones: Jarrón de plata, medalla de oro y 100 pesetas, fue otorgado a las flores presentadas por D. Jaime A. Allison.
La Serie B: medalla de plata y 50 pesetas, fue otorgado a las flores presentadas por D. Jaime A. Allison.
La Serie C: Se otorgaron dos primeros premios, consistentes en medalla de plata y 50 pesetas, para los señores Jaime A. Allison y Carlos Kinfton.
La Serie D: Con medalla de plata y 50 pesetas, fue otorgado a las flores presentadas por D. Alejandro Plangray.
El premio de las Serie E, para crisantemos con tres o más variedades de flores, quedó libre.
La Serie F: Dedicado a profesionales, con medalla de bronce y 50 pesetas, fue otorgado a D. Diógenes de Orueta...” (El Noticiero Bilbaíno del 30 de octubre de 1905).
En 1911, se celebro la exposición de crisantemos, el día 28 de octubre, el premio de la “Serie E”, para flores del mismo color, recayó en la Sta. Lola Sota. En la de 1912, que se celebró un 27 de octubre, se ampliaron las bases del concurso exposición, incluyendo entre sus clausulas que para tener en propiedad la copa del Club era condición haberlo ganado al menos durante 4 años consecutivos. En 1916, se celebro la exposición de crisantemos el día 28 de octubre, una novedad se incorporaba a aquella exposición de flores, la «Cena de Crisantemos»; en ella se concedió un premio especial, por al presentación de un precioso conjunto de palmeras, a la señorita María de la Sota y Aburto.
Aquellas exposiciones duraron hasta 1920, aquel año se celebró el día 31 de octubre.
Y quizá por aquello que publicara en 1935 D. Andima de Orueta, dejaran de hacer aquellas exposiciones de crisantemos: “...¿A que ir a su descanso eterno con nuestra pobre vanidad, si las flores olvidadas en las tumbas, al mustiarse, proclaman impiedad? Crisantemos y dalias, pobres flores de este día de muertos oficial. !Cuanto mas bello y dulce el homenaje floreciendo en la tierra por Igual!...” (La Tarde del 1 de noviembre de 1935).

















