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sábado, 9 de marzo de 2024

MIGUEL DORADO “PI-PI”

Personaje clásico del barrio, un invidente que caminaba con la mayor seguridad por el Romo de los 80, Miguel Dorado “PI-PI”, un viajero impenitente, que a pesar de su ceguera circulaba por las aceras de Romo, viendo más allá que otros videntes.

Siempre precedido de su bastón y con el “Cupón” colgando de su pechera nos sorprendía con su característico “Pi-Pi paraaaa hooooy”, y con su humor inalterable te decía aquello de “que crees, que soy ciego”.

Era un hombre de grandes manos y mirada azul, decían que tenía ojos de Sibila. Hombre polifacético, tanto en lo laboral como en su azarosa vida. Calderero, poeta que publicó “Coplas de Ciego”, vendedor y Secretario General de la ONCE por Bizkaia. Nacido en Asturias y criado en Baracaldo, eran un tipo “milonguero” que se fue a la Argentina con tan solo 19 años. Fue allí donde, En un pueblecito llamado “Comán”, un domingo de 1961, por una meningio-encefalitis, quedó ciego, pero hasta al contar ese desgraciado acontecimiento lo hacía con su gracia característica “...Era un domingo, precisamente el día del Carmen, lo recuerdo bien porque fue en fecha capicúa, el 16 de julio de 1961. Durante un tiempo pedí que me encendieran la luz, hasta que descubrí que las persianas nunca habían estado echadas. Decía de si mismo que era “un corto de vista”, desde que “la noche extendió su poncho” sobre mis ojos...”

Retornó a Sestao donde vivían sus padres en 1968, y se dedico a la venta del Cupón pro-ciegos en Areeta-Las Arenas y Romo, hay es donde e hizo popular por las calles del barrio. Mas tarde abrió la “Taberna de PI-PI” en la calle Santa Eugenia,13.

Fue uno de aquellos vendedores de la ONCE que nos acompañaron por nuestras calles, como el propio Miguel Dorado “PI-PI”, Alejandro Bilbao Y Mercedes Usobiaga. Que finalmente retornaría a su añorada Argentina.

Ahora nos llega la triste noticia de que ha fallecido en Santa Rosa, en la Pampa, de Argentina. Pensando uno de los versos de Neruda que decía:“...A lo sonoro llega la muerte como un zapato sin pie...” Desde aquí te despedimos y recordamos con uno de tus versos: “...Calme la sed de mi boca. El vino que con su vida le dió vida a mis tinieblas y me dió tierra en esencia que se hizo carne en mis carnes y se hizo sangre en mis venas. Yo me brindé generoso y di mi sangre a esa tierra y brotó mi sangre en carne riojana, criolla y chayera...”

QUE LA TIERRA TE RECIBA, DESCANSA EN PAZ “PI-PI” 

miércoles, 8 de diciembre de 2021

MARIANO EL DE LOS FRAILES

 


Todos los seres son importantes, no importa su condición y su origen, algunos nacen para grandes hazañas, otros los más, lo hacen para la hazaña de vivir y ayudar a sus semejantes.

Por eso, sin tener la relevancia del hermano franciscano de Arantzazu que recorría anualmente los caseríos, este criadito, Mariano el de los frailes, remedaba a un modesto pastor de trashumancia, ya que conducía a la “Campa del Moro”, situada en la confluencia de las calles Telletxe con María Goiri, sus ganados. Es por esto que hubo quien afirmo que: “...¡Algorta también tuvo su morroi urbano, se llamaba “Mariano el de los Frailes”!...”

Esa figura de sirviente fue habitual en los trabajos del campo y los derivados del ganado en Euskal Herria, sobre algunos se recogieron leyendas. Este morroi (criado) era conocido como “Mariano el de los Frailes”. Así que este apunte recogerá su paso por un barrio todavía a medio a medio urbanizar, con campas en las que aún se podía pastorear.

Mariano era oriundo de una aldea de Soria, desde donde llegó a nuestras latitudes tras la Guerra del 36. Al comienzo vivió en un caserío de Berango como criado. Cuentan los padres Trinitarios de Algorta que: “…Entonces aquí había un huerto muy grande, eran los tiempos posteriores a la guerra, había hambre y tuvimos que vender un terrenito que teníamos junto al lugar donde hoy está el parking para poder mantener la comunidad. Se hacía necesario comprar alguna vaca para obtener leche y alimentar a los jóvenes seminaristas, por ese motivo nos dirigimos al caserío en el que habitaba Mariano, aquellas gentes necesitaban también fondos y necesitaban deshacerse de su criado. Les dijeron a los Trinitarios, pues podíais llevaros las vacas y a Mariano, él sabe atenderlas, nos trajimos de Berango a cuatro vacas y su cuidador. Por lo que Mariano y las vacas vinieron rumbo a nuestro convento de la valle Trinidad de Algorta…”

Llegó al convento sobre los años 40-50 del Siglo XX, cuando era prior del convento el Padre Vicente. Por aquel entonces nuestro vaquero tenía entorno a los 30 años, sigue contando el padre Trinitario Marín Baraiazarra: “…En los años 50 llegamos al convento Pedro Bustiza y yo, para entonces Mariano ya estaba en el convento. En aquellas navidades pudimos conocer a un Mariano alegre que cantaba y bailaba, era toda una personalidad para nosotros, era un hombre muy vital. Vivió en la tercera plata del convento, donde tuvo su propia habitación, haciendo una vida independiente, compartía su vida con nosotros, comía en nuestros comedores junto a otros trabajadores que ayudaban en el huerto…”

Sobre algunas profesiones, sobre algunas personas se suele decir en euskera “…“Gauza gutxi dira diruditen bezala” (pocas cosas son como parecen)…” Mariano era lo que parecía una persona humilde, simple, una persona de pueblo. Quienes le conocieron en el convento de los Trinitarios de Algorta dicen de él que: ”…Era una persona muy autentica, muy de pueblo, recio y bondadoso, sin recovecos, alegre…”

Era un hombre que sabía ganarse afectos, cuentan que: “…Se hizo muy amigo del padre Juan Borrego, un trinitario, de Salamanca, que llego a ser Provincial y Vicario General ¡Le quería mucho!, le solía llevar los recaditos a correos, traer y recoger las cartas…”

Durante algún tiempo, la comunidad trinitaria, también tuvo unos cerdos, a los que Mariano sacaba a pastar. La zona a la que trasladaba sus rebaños, se encontraba situada tras la llamada “Campa del Muerto”, el antiguo cementerio de Algorta. Su trabajo diario era sencillo, desde el convento llevaba las ovejas a la “Campa del Moro”, en ella había un pequeño cobertizo en el que pastoreaba una pequeña piara de aspecto sucio y maloliente. Dicen que a veces descansaba sobre un lecho, que realizaba con helechos o hierbas, en dicha caseta. El aspecto de nuestro morroi era el típico de los pastores de la época, de semblante bonachón, bajo de estatura y ancho de espaldas, sus ropajes mostraban sus humildes orígenes, sobre todo su raído bombacho lleno de recosidos de otra tela y color, larga chaqueta de bolsillos profundos y cargados, que hacían las veces de bolsa para transportar sus escasas pertenencias; bajo ella una camisa azul marino desabrochada, dejaba entrever una bien alimentada pechuga, cubría su cabeza con una txapela quemada por largas horas de exposición al sol, en su mano lucía un bastón a modo de garrota, que empleaba para conducir su rebaño; y como cerrando el cuadro, sus pies estaban enfundados en unas botas de las llamadas chirucas.

En algún momento de su vida en el convento, Mariano, acompasó su rebaño con unas ovejas, estas al igual que los cerdos y gallinas, sirvieron para alimentar a los frailes y seminaristas. Él se encargaba todos los días del ordeño y arreglo de las camas del establo. Además de este trabajo, era el encargado de ir a cortar la hierba para alimentar a la cabaña, lo hacía acompañado de un viejo asno, ambos parecían tener la misma edad, en uno de los cestos, que llevaba a lomos del jumento, transportaba su inseparable guadaña que utilizaba para recolectar el ansiado alimento de los rumiantes, recorría las campas de Santa María de Getxo, y también seleccionaba los pastos de la campa que se encuentra entre el “Ugartena” y la calle Aretxondo. Tras la siega acarreaba subiendo por la calle Trinidad, en los cestos, fardos de oloroso y apetecible forraje, que el sufrido animal portaba. Aunque previamente, según me cuentan los frailes: “…El jumento, como si lo tuviera programado, paraba junto a una pequeña tasca, donde nuestro personaje engrasaba su reseco gaznate, antes de emprender al subida hacia el convento…”

Algunos de Algorta, que le conocieron, afirman que tenía un paladar agradecido, gustaba de bebidas traídas desde la vecina Francia. Seguramente aquellos líquidos galos engrasaran sus gastadas cuerdas vocales, puesto que había quien afirmaba que algunas de sus cacofonías producían una combinación inarmónica, casi gutural, agreste.

Cuentan los frailes que: “…Una vez fue a Madrid y se quedó asombrado por la cantidad de gente y tráfico que allí había, claro que Algorta era un pueblito aun empezando a crecer…” Pero lo que fue un auténtico bombazo para él fue la llegada del primer televisor al convento: “…Cuando compramos aquel televisor, que pusimos en la que llamábamos la sala de la televisión, allí pasaba las horas Mariano. No te puedes hacer idea lo que sufría cuando veía aquellas películas de vaqueros, que conducían a toda velocidad a las vacas a través de ríos y desiertos, solía exclamar: ¡No hay derecho a hacer eso a unos pobres animales! Muchas veces confundía la realidad con la ficción del cine…”

Este convento fue su alojamiento durante muchos años. Cuando cayó enfermo y fue atendido por los médicos y hermanos del convento, hasta que la enfermedad hizo necesario su traslado al Hospital Asilo de Alango (Algorta) en los años 70.

Hasta aquí un retazo de la vida de un hombre de pueblo, de quien no he logrado conocer su apellido que nos acompañó durante los años 50-60, en un barrio que empezaba a crecer.


miércoles, 22 de octubre de 2014

AURELIO TOVAR “BURGOS”


Hace algún tiempo que empecé a traer a estas páginas algunos “Personajes de raigambre Getxotarra”. Al menos así eran reconocidos por las gentes de los distintos barrios y épocas. 
 
Continúo con otro de ellos, uno del barrio de Romo. De este barrio ya traje a “Memorias de Getxo” a Ignazio Sáez “Inazito”, Nikolás Gómez “Kolás”, a Adolfo Tornero “El Bolo”, a José Luis Martínez de Luna “Txutxo”, a Vicente Rozas “Cosechero” y a Dominica Lombide “Dominica la Colchonera”. 
 
En esta ocasión se trata de un personaje que daba al barrio un toque peculiar: Aurelio Tovar SantosBurgos”. Nace en “Hurones”, pequeña población de tan solo ocho kilómetros cuadrados en (Alfoz-Burgos). Lo hace el día 16 de Julio de 1903. Desde esta población, años más tarde, se trasladaría a vivir a Romo, a la calle Kresaltzu Nº 7. 
 
Hombre dedicado a la jardinería, fue amigo de otro de los personajes que pasaron por estas paginas “Kolás”. Precisamente fue en el “Bar de la Viuda de Armentia”, conocido popularmente como el “Bar de Kolas”, donde estableció su templo gastronómico. Comía a diario en dicho establecimiento, pero era de buen yantar, así que, si la comida del día no era de su agrado, subía a la cocina del bar, y a Agustina (la cocinera), suegra de Kolas, le pedía que le pusiera algo más sustancioso. Siempre tenía como compañeras de plato unas buenas guindillas picantes, y a cualquiera que entraba en el bar y le decía: !Que aproveche!, el contestaba !Escabeche!. Tenía la costumbre de ponerse en la primera mesa del bar, junto al mostrador. Tenia un fiel acompañante de cuatro patas, que le esperaba todos los días para recoger alguna sobra de su comida, a este canino le puso el nombre de “Jose Mari”, se trataba del perro de Manolo Sertutxa. 
 
Hombre de humor, hubo quien quiso propasarse en aquello que más quería: su comida; así que esperó e ideó una fórmula para que el intruso no volviera a mancillar su plato; parece que aquel molesto convidado tenía por costumbre introducir en su plato una rebanada de pan. Con todo cuidado, un buen día, preparó un trozo de pan al que untó a conciencia una rabiosa y picante guindilla y esperó pacientemente a que el perillán, cual lazarillo de Tormes, hendiera su pan en el plato y lo llevara a su boca, “...!!fuego salía de la misma!!, tras lo que Burgos exclamó: "!!Mañana, si quieres, repite!!...”. 


Era un personaje querido por todas las cuadrillas del barrio, precisamente en la (fotografía superior) aparece junto a las escuelas de Romo. En ella podemos ver a alguno de los jóvenes veinteañeros de los años 60, que gozaron de su amistad. En la fila de arriba y de izquierda a derecha (con gafas): Jose Manuel Fernández “Zurdo”, Emiliano Zubiaga (+), Aurelip Tovar “Burgos” y Ramón Mambrilla (+). En la segunda fila: Iñaki Etxeandia “Berdulo”, Iñaki Erekatxo, Paco López (+) y Juan José Imaz. Agachado en la última fila, la de abajo, aparece con gabardina, Valentín Sanz de Icaza “Tino”. 
  
Personaje de costumbres curiosas, chirenes y populares, cuentan que asistió a la boda de un vecino, en Zaragoza, con su inseparable bota de vino en ristre, ofreciendo al sacerdote oficiante un buen trago de aquel néctar, seguro que pensó !!el mio es mejor, aprovecha que no siempre se presenta la ocasión!!. Era todo un espectáculo como enófilo, tomaba el vino en porrón, derramándolo suavemente sobre su frente, y acariciando su tez, lo dejaba deslizar por ambos lados de la nariz hacia su boca. 

  
De su humor y amistad nos dejó un bonito recuerdo cuando en los años 60, acudió a la despedida de solteros de: (José Antonio Fernández “Zurdo”, Paquito López y José Andrés Egaña), en compañía de Julen Aresti. Ambos perfectamente disfrazados, “Burgos” con levita y sombrero de copa “...!me recordaba a Jhon Huston, en una de sus interpretaciones como predicador, en uno de sus míticos western!...”; su acompañante “Julen”, igualmente serio en su papel, disfrazado de chófer con gorra de plato, llevó a bordo de su blanco Seat 600 a “Burgos” y “Zurdo”, hasta el “Restaurante Serapio” de Berango (actual Batzoki). Junto a ellos y con gafas también ataviado con disfraz, sentado a la mesa, estaba el padre de uno de los homenajeados, el padre de “Zurdo”. En la fotografía superior podemos ver a (Fernandez padre, Burgos y Julen Aresti).
 
Son varias las fotografías que nos recuerdan a “Burgos”, entre ellas esta, que aparece (bajo este texto), en la que se puede ver de izquierda a derecha a Peña, Aurelio Tovar “Burgos” y Manuel Isart. 


Aún quedan muchos más. Irán apareciendo en estas páginas por sus respectivos barrios. Quizá con la ayuda de todos los que siguen esta página, podamos completar la relación de los personajes que se han ganado el reconocimiento y el recuerdo de todos sus vecinos.

martes, 5 de noviembre de 2013

HIGINIO ORTUZAR, UN FUTBOLISTA CHILENO DE AREETA


En el mes de Junio de este año, me llegaba un email desde un país de Sudamérica. Se trataba de un periodista del diario “El Mercurio de Chile”. Este redactor investigaba entorno a la vida de un futbolista del “Athletic de Bilbao”, y me pidió ayuda para contactar con su familia, se trataba de un vecino de Areeta-Las Arenas, de Higinio Ortuzar Santamaria.

Higinio nació en Santiago de Chile el 11 de enero de 1915. Hijo de vascos volvió muy pequeño a Euskadi, tras la muerte de su madre. Este arenero destacó pronto como jugador de fútbol, se inició en dos equipos cercanos, en la Sociedad Deportiva Erandio Club y en el Barakaldo F.C.B. Fue cedido al “Racing de Santander” en 1936, pero esta cesión no llegó a materializarse, sólo una semana después de anunciarse el traspaso, vendría el Golpe de Estado de 1936, que truncaría aquel traspaso.


Se puede afirmar que fue el primer chileno de origen vasco en jugar en el Athletic, equipo por el que fichó al finalizar la guerra en 1939. Disputó 70 encuentros en Primera División, siendo campeón de Liga y Copa en la temporada 1942-1943. 
 
Formó parte de una mítica alineación, que el 20 de Junio de 1943, junto a Gainza, Panizo, Nando y Zarra, vencería al real Madrid por 1-0. Aquel partido tuvo como protagonista al tiempo, media hora antes de comenzar, cayo un fuerte aguacero que dejó anegado el terreno de juego, con algunas zonas convertidas en autenticas lagunas. El partido finalizó con un empate a cero, al ser la final de Copa, hubo de disputarse una prórroga de treinta minutos para decidir el campeón. La Copa acabaría en la vitrina de San Mames.

A mediados de 1943, fue traspasado al “Valencia”, donde disputó 90 partidos (60 en Primera). Jugó cuatro temporadas con el equipo Valencianista. El único gol de su carrera profesional, lo logró en 1947, su último año en primera división. El Valencia recibía a Deportivo La Coruña derrotándolo por 2-0.


Anotó su único gol el 2 de Febrero de 1947, con el triunfo de 3-0 ante Deportivo de La Coruña. Al finalizar la temporada, fue campeón, al igual que en 1943-1944.

Terminó su carrera futbolística en el “Real Sociedad”, en la temporada 1948-49. Hizo el curso de entrenador en 1949, mas tarde sería entrenador de los equipos Cadiz, Logroñes, Indautxu, Burgos y Salamanca.

Higinio vivió con su familia en Areeta, donde regentó un bar en la Calle Mayor. Allí trabajó hasta su fallecimiento el 7 de Noviembre de 1982 a los 67 años.

lunes, 28 de octubre de 2013

LOS VELOMARES DE AREETA -II-


Cuando el pasado miércoles 2 de octubre de 2013, hablaba en estas paginas de Claren Velasco, introducía una fotografía alegórica, del año 1956. En ella aparecían, junto a un grupo de jóvenes de Areeta-Las Arenas, un municipal de Getxo, con su impoluto traje, de color blanco, traje que utilizaban durante los veranos, la policía municipal de nuestro pueblo. El motivo para incluir esta fotografía, no era otro que dicho agente municipal, al igual que a nuestro personaje, también le faltaba un brazo.

Como mi amigo Ignacio Perez Aldecoa hacia observar, en la misma aparecían otros personajes de la época. El barquillero, personaje popular, sobre todo entre los mas jóvenes, siempre acompañado por su bombo de ruleta, lleno de aquellos deliciosos barquillos, que cargaba cual mochila sobre sus espaldas. Mas tarde llegaría el vendedor de “parisién”, con su bandeja llena de aquellos barquillos, con forma de abanico, cubierta por un plástico, que evitaba que el viento los llenara de arena. Personaje que con sus gritos de !!!Al rico parisién, hay parisién rico!!!, recorría la playa, bajo el sol abrasador.

En la misma aparecía a lo lejos, el barco el “El Chupón” de la Junta de Obras del Puerto que, en alternancia con la draga, limpiaba los fondos de La Ría y El Abra. Mas cerca de la playa se veían los siempre solicitados botes de remos, en los años 50-60, muchos veraneantes llegados de pueblos cercanos, sobre todo de la margen izquierda de la ria, tenían por costumbre alquilar uno de aquellos botes de remo, en el dique de Portugalete.


Por la orilla, vigilantes, algunas señoras, vestidas, algunas de riguroso negro, con el bolso bajo el brazo, vigilaban la evoluciones de sus retoños, con aquellos sombreritos de paja a la cabeza, para protegerlos de la canícula.

Pero el objeto de esta nueva entrada, sobre todo, es presentar al personaje objeto de aquella entrada, “Claren" el hombre que gestionaba aquellos velomares, siempre provisto de su sombrero de paja. Gracias a su familia, he podido conseguir unas fotografías de los años 50. Aquellos velomares, casi como coches de agua, con su banco de madera, provistos de pedales y timón, para guiarlos, llevaban en su proa un salvavidas.

Como el aquiler se realizaba por un tiempo limitado, iban numerados, lo que facilitaba que Claren advirtiera conductor al hidropedal, mediante un silbato, de que su tiempo estaba a punto de terminar, y que se acercara a la orilla. Eran muy solicitados aquellos viejos coches de agua, para recorrer la ensenada, bañarse, y como no lucirse, en algunos casos, !!seguro que mas de uno así lo pensaba!!, ante las chicas.


Claren Velasco, tuvo ademas durante los años sesenta y parte de los setenta un pequeño taller al lado del que hoy es numero 22 de la calle Los Puentes de Romo; en este taller hacia mantenimiento y carpintería de las piezas de madera de la parte de abajo de los pedalos flotantes, también los pintaba de color verde; el vivía en el numero 27 de la calle Lope de Vega de Romo. 
Hasta aquí una pequeña ampliación de aquella entrada, que gracias a su familia podemos disfrutar, con una visión de como eran aquellos veraniegos días en nuestra playa.

miércoles, 2 de octubre de 2013

VELOMARES EN AREETA


Claren Velasco, era uno de los habituales que se ganaban la vida en la playa de Areeta-Las Arenas. Junto con Rita “La Bañera”, una mujer de edad que gestionaba las casetas y los toldos de la playa y alquilaba bañadores (los llamábamos trajes de baño) a quien quería bañarse y no disponía del equipo necesario, y el fotógrafo “Morenito de Talavera”, otro clásico de los veranos de los años 50. Provisto de aquellos trípodes de madera, en cuyo pie tenia la cubeta con agua para lavar las fotografías con su cámara-carcasa rectangular provista de viejas fotos, y su característico fuelle.

A finales de los cincuenta o principios de los sesenta aparecieron en la playa de Las Arenas unos hidropedales de madera y alguna pieza metálica (pedales, palas motoras y pala del timón) que se sumaron a los servicios de la playa. Estos artilugios los regentaba Claren, un hombre todavía joven, al que le faltaba un brazo, pero se las arreglaba muy bien en las labores de botadura y varado de los velomares. 

 
Llegó a tener seis velomares, pero solían funcionar cuatro. Nuestro hombre empujaba esas embarcaciones a donde ya podían flotar y cuando volvían las arrastraba con su único brazo hasta vararlas en seco. Años más tarde (después de 1976). Formó parte del personal no docente de algún colegio privado. No conozco su nombre ni procedencia, pero es una de esas personas que conservo en mi memoria.

Algunos de éstos hidropedales o velomares se guardaban en invierno en la huerta de Zarraga en el barrio de Santa Ana, en la cual algunos, averiados se quedaron para siempre, y servían para jugar a los chavales de la zona.

Hasta aquí un pequeño recuerdo de una actividad náutica, que en aquellos años, causaba la envidia de todos los pequeños. Y de aquel personaje que llamaba la atención por su característica física y su inmaculado uniforme de color blanco.

lunes, 9 de septiembre de 2013

“MIREN LARREA, ALMA DEL PUERTO”


Bajo el título “Miren Larrea, Alma del Puerto” sale a la luz uno de los hijos más queridos de Miren: su libro. Su confesión, que la he vivido, expresa con serenidad su inmenso amor por El Puerto Viejo, el entrañable afecto por sus gentes y la atracción por cada rincón de su amado barrio.

Leemos en el prólogo: “...Es imposible encontrar a una persona más singular. La belleza de su alma, la bondad de sus sentimientos, contagian a quien con ella está. Su amor por su Puerto Viejo, por sus gentes, por esos lugares que ella idolatra, su Genaratxu, Etxetxu, Riberamune… Todo en su voz es un canto a esos bellos lugares, a los que se fueron, a los que están, a sus niños, a aquellos días de intensa actividad, cuando el trabajo desinteresado, la imaginación de su alma, sacó, seguro, a más de uno de un futuro incierto...”.

Contemplar cómo se enciende su rostro cuando presiente la llegada de “…mi legado a mis amigos, al Puerto…”, es difícil narrar. Sólo desde la pasión que profesa a su Puerto, se podría entender. Para quienes la apreciamos, poder compartir ese día, será fantástico. Ahora corresponde a “sus niños” ser sus propagandistas. Porque son ellos los que harán llegar a cada esquina del Puerto Viejo, en Getxo, esas páginas que han salido de lo más hondo de su alma.

viernes, 30 de agosto de 2013

PILI AGUIRRE


Pili Aguirre, dicho el nombre, no habrá nadie nacido en Areeta-Las Arenas que no sepa del personaje, que no lo haya conocido, que no añore aquella panadería, charcutería y pastelería, que con sus enormes carolinas, su magnifico jamón de york y su huevo hilado hicieron nuestras delicias.

Pilar Aguirre Garcia (Pili), nació en Getxo el 13 de Noviembre de 1918. Fue la última hija de Juana Garcia y Eusebio Aguirre. Su abuelo Cirilo Aguirre, procedente de Bilbao, se ubico en Portugalete por el año 1850, donde instaló la primera “Panadería Aguirre”.

Con los años y viendo que Getxo se estaba transformando en un municipio próspero, se traslado a la margen derecha del Nervión, con sus cuatro hijas y su único hijo varón Eusebio, poniendo una nueva panadería con entrada por la calle Maria Cristina y salida por la calle Gobela.

Trascurrieron los años, hubo bodas y bautizos. Eusebio se casó con una guapa moza de Portugalete de nombre Juana y tuvieron seis hijos, dos varones y cuatro mujeres. La panadería al morir el abuelo Cirilo pasó a manos de Hijos de Aguirre, tanto las hijas como el hijo tomaron parte en la continuación del negocio, subiendo mucho el número de empleados, así como los punto de venta de su preciado pan, incluso añadiendo al nombre de panadería, la de confitería.

Detentó despachos de pan en Portugalete, Las Arenas y Neguri, con sus “típicos” carros, repletos de pan recién hecho, que las empleadas repartían por los domicilios de dichos municipios.

La pequeña de los hijos de Juana y Eusebio, Pili, se educó en el colegio de la Divina Pastora, como muchas de las chicas del barrio. Al principio por los años 30, se iban turnando en los despachos, como empleadas, todas las primas de Pilar, incluso sus hermanas, hasta que el destino les llevara al casorio o al convento.

Allá por los años cuarenta, apareció Pilar, mujer de mucho nervio, avispada, trabajadora sin horarios. Como comerciante se gano a la clientela, con aquel genio y dinamismo que le caracterizaba. Una época en blanco y negro (años 40-50). En la que, casi ni la radio (aún no llegaba a todos los hogares), ni la Tv (empezó a emitir en 1956), habían invadido nuestros hogares.

En diez años, hablamos de los años 1950-1955, con la ayuda de dos dependientas (las hermanas Miren y Carmen Uriarte ), hicieron del despacho-panadería, una autentica confitería con unos pasteles de quitarse el sombrero (como reza el dicho). La panadería–confitería cada vez se llenaba mas de productos de charcutería, envases con los mejores productos e incluso bodega de las mejores reservas de caldos.


Aquella tienda con su característico olor, una mezcla de pan, pasteles, chorizo y café. El suelo rojo y blanco desgastadísimo, hasta con baches. Las velas amarillas y rojas en la base colgando en la ventana. Deliciosos los bollos de mantequilla. 
 
La fama de Pili fue en aumento, acompañada de la buena repostería y su genial visión comercial. Surtía a los mejores restaurantes de las zonas limítrofes con sus deliciosas tartas de Arroz, mil hojas, ponches, San Marcos etc. En los diez años (1965) se precisó de mas personal, pues el negocio continuaba viento en popa. Allá por los años 1970 y 1980 fue la locura en prosperidad. Areeta-Las Arenas se transformo en un centro comercial de primera categoría, con unos comercios muy especializados.


Si hacemos un repaso a la historia de los típicos comercios y personas que los gestionaban, en la mitad del siglo pasado, nos encontraremos con sitos emblemáticos en nuestros recuerdos de la niñez:

Rita “la bañera”, los hermanos Rioja “Transportistas”, la carbonería de Arkarazo o de Burgoa, el estanco de Moreno y Maria Luisa Blanco, la ferretería de Berecibar e Hipolito Michelena, la joyería de Gomis, la armería de Irusta, la droguería San Jose, Piliquis, las Castañeras, los Encajeros, el garaje Vasconia, o Muguerza, los arreglos de bicicletas a manos de Rufino y Niki, las peluquerías de Blanco, Paco, Galilea, y de señoras Chari.

Fotografos como Cañada o Razquin, la fonda Zabala, menaje de Lupe, Radio Reguera, la cristalería de Pescador, la frutería de Andollo, Pepita la “corsetera”, Triqui, Arrancapinos, la patatería de Carballo, las mercerías de Deo, Genma y de Pantxi, almacenes San Ignacio, Quintana, Aresti, punto y ropa de calidad en Basauri “ las Mochas”, Juli “la “Maisson”, la hojalateria de Baudor y Enrique, perfumerías como la de Inda, Bernaola, Damian y Vizcaya, electricidad de Ortiz, Ondarreta, y Zuazo, flores Allende, la alpargatería de Albeniz.

La plaza del Mercado, con sus principales puestos de pescados y carnes, me vienen a la memoria la pescadería de Peña y las carnicerias de Zabala (Jose y Chomin), Artetxe y Luis Ateka. Maruja San Ignacio, el “Perlero”.

Bares y restaurantes con encanto como el Restaurante Zubia y el Amparo, el bar de Montxo, el Puerto, Arenas, Ortuzar, Amistad, Derby, el Recreo El pirao, Txarlazo, Cosmo , Novelty, y un etc. muy largo.

Helados de Aberasturi, Sierra, pastelerías Zuricalday, Sarralde, Aberasturi o la de Ayarza, los ultramarinos de Gallego, Villarreal, Lorenzo Moreno y de Miramar, !!!que tiempos!!!, !!perdón por no nombrar algunos mas!!, la mayoría de éstos comercios están desaparecidos.

Así llegamos al año de su jubilación, que se prolongo un poco. Cansada pero muy eufórica de haber hecho una autentica proeza con el negocio que empezó su abuelo Cirilo en Portugalete, se retiró acompañada de aquellas dos hermanas que entraron a trabajar por los años 40. Que vivieron casi toda su vida juntas (unos 70 años ). La Panadería de Hijos de Aguirre se vendió con su retirada.

Pili Aguirre nos dejó el día 12 de Abril del 2.012, pero su recuerdo permanecerá en las gentes del barrio. De los tiempos en que todos se conocían. De calles casi sin asfaltar, de aquellos carros que atravesaban la calle Mayor, desde su obrador de Maria Cristina.

Deseo agradecer a la familia de Pili Aguirre su inestimable ayuda para poder realizar esta entrada.

lunes, 19 de agosto de 2013

Dn. JUAN ASPURU, PÁRROCO DE GETXO


Dn Juan Aspuru Echeandia era un cura de pueblo, hijo de Juan Domingo Aspuru Leguinagoicoa y de Ricarda Echeandia Aldana, que tuvieron otros seis hijos: Juan domingo, León Lucio, Simona, José Antonio, Gregorio Manuel y Juan Bautista, nacido en Larrabetzu. Se ordenó sacerdote en el seminario de Gasteiz. Fue párroco de Getxo (Andra Mari).

Los sacerdotes de este barrio, vivían en la casa de los Mentxakatorre, cercana a la iglesia, que fue dejada por Ignacio Arias, solo para que vivieran en ella los curas con sus familias, en aquella casa vivieron en la misma época Dn. Juan Aspuru y Dn. Francisco Astandoa que fue capellán de las monjas del Puerto.

Sacerdote muy querido en su pueblo adoptivo, era de esas pocas personas de quien se puede decir que jamás tuvo un enemigo. Persona enjuta, rostro bonachón, cariñoso en el trato y muy amante de los niños. Tenía el aspecto de un hombre del pueblo que vestía una sotana, como los demás hombres de los caseríos vestían su traje de faena. Era apreciado por la gente de derechas y de izquierdas. Era cura de bonete (cubrecabezas de cuatro picos con una borla en el centro). Llevaba la sotana brillosa por el uso, quemada por el cigarro, con las patas de los pantalones a la vista y con botonadura delantera. Aunque también tenía ropa de vestir. capa de gran vuelo con cintas de amarrar al cuello y abrigo para los días de mucho frío. Gran fumador de cigarrillos de liar (caldo de gallina), arte en el que demostraba gran habilidad, gafas de montura dorada, muy austero en su vida privada, al igual que en los gastos parroquiales, no acometió obras en el templo, pero permitió, gracias a su austeridad, acometerlas a sus sucesores. En la foto inferior aparece con Gerardo Zubillaga en el barrio de Sarri.


Las tradiciones para la financiación de la iglesia eran varias. Además de los estipendios y propinas por bodas y bautizos, la parroquia de Andra Mari recibía donativos de gente acomodada de Neguri precisamente por su trato campechano. El pueblo donaba su óbolo en las misas dominicales, además de mandar oraciones a las benditas almas del purgatorio durante la celebración de las misas mayores dominicales. Para ello colocaban un tapete negro, sobre donde se creía que habían estado las tumbas familiares, y en el depositaban las limosnas. Un pater noster para el difunto costaba una peseta. El párroco contaba la cantidad de monedas que había sobre el tapete, rezaba los padrenuestros correspondientes y bendecía con el hisopo "la sepultura". Simona, la Sacristana y hermana de don Juan, se situaba en el centro de la iglesia con un gran tapete en donde las mujeres de los caseríos dejaban sus dineros. Era creencia que allí dejaban sus limosnas los que no tenían sepultura particular asignada. Algo así como "una fosa común". Estas costumbres se realizaban en todas las parroquias vascas. Era tradición que los hombres se colocaran delante y las mujeres detrás de la iglesia. Los de Goiherri en la parte izquierda y los de Beharri en la derecha.

Don Juan era una persona muy curiosa; conocía los nombres de sus feligreses, a casi todos los había bautizado o casado. Cuando preguntaba: "¿De dónde eres?", se refería a qué caserío pertenecías. Una vez respondido, automáticamente se sabia el nombre de todos los habitantes del mismo, le gustaba seguir las tradiciones populares, hábil en el arte de entresacar secretos, le encantaba saber cuánto ganaba la gente. Dicen bondadosamente de él, que solía tirar de la lengua a los pequeños y beatas, a cerca de la economía familiar, cosa que le era muy útil para establecer luego, el pago de las “Bulas Papalesa los vecinos, concesión de beneficios apostólicos que se compraban en las sacristías, en los años 1940-50 la Iglesia Católica no permitía la ingestión de carne ni caldo de carne durante los 40 días de la Cuaresma, pero permitía previo pago de dicha bula ingerirla, con la excepción del viernes de Semana Santa.

 

Gran aficionado al ciclismo, quizá porque uno de sus sobrinos, Benigno Aspuru, lo practicaba. Este fue ciclista profesional entre los años 1955-1961, de cuyo palmarés cabe destacar la victoria de etapa en la Vuelta a España de 1956, de quien quizá mas adelante incluya alguna entrada, Dn. Juan, cuando pasaba el criterium por Getxo, acostumbraba a bajar a Sarrikobaso, para animarle y reñir a los que tenían la costumbre de arrojar baldes de agua sobre los ciclistas en días calurosos.. "Eso es malo". "!Benigno no necesita agua!, clamaba con su bastón en ristre. Porque don Juan, en su vejez comenzó a usar bastón.

Existen muchas anécdotas referidas a Dn. Juan, como la sucedida en cierta ocasión, con motivo de una visita de un Monseñor a Getxo. En la misma sucedieron algunos hechos jocosos que a continuación relataré: el ilustre visitante no era otro que Casimiro Morcillo, Obispo de Bilbao, quien mas tarde sería Arzobispo de Zaragoza y luego Arzobispo de Madrid. Don Casimiro Morcillo fue el primer obispo que tuvo la Diócesis de Vizcaya. Antes, Vizcaya dependía de la Diócesis de Vitoria y tradicionalmente al obispado de Calahorra. Morcillo era un hombre bajito, que vestía como todos los obispos en la época con todas sus galas y boato, con teja cubriendo su cabeza, persona de aspecto malhumorado, solía venir sin previo aviso con su coche, con cierta frecuencia por Getxo. Parece que le gustaba el pueblo, además de haber conocido de tiempos de seminarista a don Juan. Venía con frecuencia a la casa de Dn. Juan Aspuru, hacia quien profesaba gran simpatía, siempre a primeras horas de la mañana y generalmente sin avisar.

 


Dn. Juan Aspuru, en una de las visitas que cursó el primer Obispo de Bilbao tras la contienda del 36, al barrio de Getxo, después de que este hiciera su obligada visita a la iglesia, y de perorar su sermón, se desplazo junto al obispo a la casa cural, que era cuidada con gran esmero por Simona Aspuru, hermana de Dn. Juan. Ambos eran personas euskaldunes, Simona etxekoandre que vestía de riguroso negro, con sorki y delantal, hablaba mal el castellano. Su idioma materno era el euskera. Les solía servir el desayuno, el café con leche con panecillos tostados con mantequilla, que al obispo le gustaba mucho. En aquella ocasión, el obispo le preguntó a Simona : "¿Simona, el azúcar dónde está?", a lo cual ella le respondió: "!El azúcar en el culo tiene, Sr. Obispo!" El obispo le miró con expresión incrédula, ante la extraña respuesta. Dn. Juan tuvo que terciar para aclararle "!Monseñor, Simona se refiere a que está en el fondo de la taza!". Martin Aspuru, sobrino de Dn. Juan, que por aquel entonces era un niño, casi no podía ocultar la risa que le provocó aquella situación. Aquel chascarrillo recorrió el barrio entero. La mayoría seguro que pensaron que aquel pastor no conocía a sus ovejas, ni su idioma. Para muchas de ellas el castellano resultaba un idioma extraño, por lo que tenían dificultades para expresarse en dicha lengua.

En otra ocasión, en una de sus visitas no anunciadas, a las seis y media de la mañana, cuando Dn. Juan estaba preparándose para empezar a confesar, (era muy madrugador), oyó pasos por la nave de la iglesia, se asomó desde el confesionario, observó que alguien se acercaba, a él, le pareció que era un monaguillo, y gritó -!Quien anda por ahí vestido de monaguillo a estas horas!-, era el Obispo que había venido a verle.

Dn. Juan Aspuru ejerció su función desde 1937 a 1954 (Ver en foto superior junto a su hermana Simona), tras su sustitución como párroco por Dn. Isidoro iturbe, al llegar a su mayoría de edad, fue designado como capellán de los Ángeles Custodios de Getxo, puesto que ocupó hasta su fallecimiento el 17 de Junio de 1963, fue el último sacerdote que vivió en la casa de los Mentxakatorre.



jueves, 15 de agosto de 2013

PATXO POMPOSO, SOLO EN EL AYUNTAMIENTO DE GETXO


Jose Francisco Pomposo Larrondo nacido en Getxo el 28 de Febrero de 1890, hijo de Valentin Pomposo Echebarria (Abadiño) y de Aniceta Larrondo Larrazabal (Urduliz), era una autentica institución en Getxo. Hombre polifacético, con un poblado bigote, trabajó en el Ayuntamiento de Getxo como oficial de obras.

Cuando llegaba el Corpus Christi, era el responsable de dejar las casas de pescadores inmaculadamente blancas; ayudaba a tirar los fuegos artificiales en Ereaga por San Ignazio, también lo hacia durante las fiestas de Andra Mari en Getxo; en todas las fiestas del pueblo iba delante de los txistularis y cabezudos tirando los cohetes anunciadores. Era el responsable de que la romería no decayera. Los domingos era el que cortaba los tickets de entrada al baile del Hotel Eguia de Algorta, trabajos que sumaban su popularidad.


Quienes le conocieron lo definían como una gran persona, extremadamente bondadoso, vivió en Alango, cerca de los Intxaurraga, en una casa de planta baja y piso. En el proceso de depuración, tras la llamada Guerra Civil, les despacharon de la casa por haber apoyado al nacionalismo, (una de sus hijas estaba casada con Enrique Bilbao, Capitán de Gudaris, quien estuvo en la cárcel muchos años con pena de muerte (Ver foto inferior).



A la entrada de las tropas franquistas en Getxo, solo quedaba en el Ayuntamiento uno de sus empleados, Patxo Pomposo. Este hombre sin miedo a las represalias, tuvo la sangre fría, pese a que ya se oía el ruido de la botas sobre el asfalto -!Pom, pon, pon...!-, avanzando por Algortako Etorbidea, Patxo cogió la Ikurriña del despacho del Alcalde Justo Zabala, junto a la fotografía de Jose Antonio Aguirre, las enrolló en su pecho y salio aprisa del Ayuntamiento, evitando aquella arteria. Conocía muy bien el pueblo. Con celeridad, por una calle apartada, dirigió sus pasos hacia Getxo (Andra Mari), al caserío Goñibarri, a casa de sus consuegros, salvando aquellos símbolos de una segura destrucción.

Aquella Ikurriña junto al cuadro del primer Lehendakari permanecieron ocultos en el caserío de la familia de Patxo, enrollados en una caña de bambú, metidos en un tubo de cartón, de los que se utilizaban para los telares. Así permaneció durante años, colgado en dos clavos, en el interior de una gran conejera, construida contra la pared de la cuadra. Más tarde, en 1980, al llegar las primeras elecciones democráticas, aquellos símbolos volvieron a recuperar la libertad. La Ikurriña fue izada en el mástil del batzoki de Getxo por su nieto Eneko, el día de la inauguración del mismo. Así como el cuadro fue colgado en la pared principal del local. (Ver foto superior).


Por su habilidad al lanzar las volanderas, cuentan que el párroco de Getxo Dn. Juan Azpuru tuvo la curiosidad de aprender a lanzarlas, la víspera de las fiestas de Getxo. Como el párroco estaba muy empeñado en aprender, Patxo le dio su primera lección, le explicó como agarrar el cohete, y le dijo -!cuando el cohete empiece a tirar, suéltelo corriendo Dn. Juan!-. Cuando el artefacto prendió y empezó a chispear Patxo le decía al sacerdote: "¡Suelte, suelte, don Juan!”-, parece que Dn. Juan, como buen novato que era, no soltó a tiempo el ingenio y le reventó en la mano. Casi le cuesta dos dedos aquella terca experiencia, lo que provocó que estuviera sin poder hacer misa durante un tiempo. Cuando más tarde Patxo le preguntó por qué no lo había soltado, Dn. Juan le replicó: !es que se me escapaba!. Lo que en alguno de los presentes dejo correr una ahogada carcajada.



Fallecio en 1963 en el Puerto Viejo de Algorta, donde vivía con su yerno Jose Mari Agiriano “Jagi”, en la casa que actualmente ocupa el Restaurante Zabala (El Puerto).

martes, 23 de abril de 2013

NIKI, LAS BICIS DE LAS ARENAS


Si hay un icono en Las Arenas entre los chavales de los años 50-60, ese es Jose Luis Diaz “Niki”, su vieja tienda, mezcla de radios, cuadros, grasa, y su inigualable presencia, Niki, su apodo surge de un ingles que paso por Las Arenas, de quien se hizo amigo.

Antes de la Guerra del 1.936 era empleado de la Cooperativa de Trabajadores Vascos de Ondarreta (Las Arenas), posteriormente, tras la guerra, a su vuelta a casa, trabajaria en Earle desde 1.938 a 1.947, es en esos años cuando su afición a las dos ruedas le llevaria a participar en competiciones ciclistas, aquellas competiciones, de las cuales ganó alguna, fueron las que le ayudarian a montar su taller.


Niki bien joven tuvo su tentación de las Americas, pero lo mas lejos que llegó fue a Canarias, la vida en Las Arenas no era facil, lo que le tentó a hacer aquella mitica travesia, pero no llegó a cruzar el charco, llego a aquellas islas junto a un amigo, junto a quien pensaba realizar la travesia, pero los aduaneros impidieron a su compañero viajar en el “Monte Oiz” hacia Barranquilla, por lo que tomo la decisón de que si habian llegado hasta alli juntos, juntos seguirian o volverian juntos a casa, asi que finalmente regreso a Las Arenas y montó, con la ayuda de algunos amigos su garaje.

Su aprendizaje como mecanico lo realizó en la Base de Zorroza, durante el servicio militar, su viejo garaje cercano a la Iglesia de Las Mercedes, frente al Bar El Puerto, estaba situado en unas lonjas que eran propiedad de los Anduiza, lonjas que se construyeron para los Campeonatos Mundiales de Lanchas fuera Borda.


Sus inicios como reparador de aquellas viejas bicis, iba acompasado por el uso que en aquellos tiempos era importante mas de 5.000 bicis circulaban por aquella Avenida de Las Arenas, aun no habian llegado aquellas motos que revolucionaron la vida de Las Arenas, llevando el ruido de sus escapes, hasta el ultimo y tranquilo rincon del pueblo, las carreteras antaño recorridas por aquellas maquinas de pedales dejaron paso a las Montesa, Lube, las Gucci incluso a aquella joya del cuatro ruedas el Biscuter.

Por sus garajes pasaron toda una generación de jovenes del barrio, era habitual oir “...Niki, me pones un parche...”, desde los mas humildes a los hijos de los poderosos, entre estos a quienes realizó multiples reparaciones estaban los Oriol, Zubiria, Olarra, Tapia y Satrustegui.


De el quedó un grato recuerdo, como una persona trabajadora, de fuerte creencias politicas, con una hermosa filosofía “...en este mundo hay que hacer amistades y nada mas, porque para ir al otro no vas a necesitar nada, ningun equipaje para recorrer aquel camino...”.