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domingo, 19 de marzo de 2023

UN ALEMAN QUE PASÓ POR EUSKAL HERRIA EN EL SIGLO XIX

 

A lo largo de nuestra historia, muchos han sido los visitantes que han pasado por Euskal Herria, también a lo largo de la ría desde Bilbao al Abra, personajes de distintas disciplinas artísticas que por diferentes motivos han sido recordados, desde Gaspar de Contarini (diplomático de la República de Venecia), Jaime Morera (Paisajista), Andrew Thomas Blayney (militar y escritor), Victor Hugo (poeta y dramaturgo francés), Kurt Tucholsky (periodista), M. Giot de Beogrant (agrimensor frances), Edmund O'Shea Phillips (comerciante y constructor del Molino de Aixerrota) y otros muchos, que al igual que el ingeniero alemán George Alexander Dick, dejaron algo de su impronta en nuestros pueblos.

Uno de estos visitantes fue George Alexander Dick, nacido en Alemania, continuo la estela de su progenitor que gestionaba “una fábrica de carrozas”, demostrando una notable “capacidad” que llamo la atención de la familia Ibarra, que le contrató “cuando tenía 23 años para que ayudara a montar la fábrica Nuestra Señora del Carmen” de Barakaldo. En ella: “...Modernizaría las técnicas de producción de hierro y acero en calidad de jefe de laboratorio en los años que vivió en Bizkaia, hasta que abandonó el territorio por las convulsiones políticas de las guerras carlistas...” Al despedirse, sus anfitriones le regalaron una escribanía para depositar tinteros y plumas. En París, como consecuencia del conflicto franco-prusiano, fue declarado “Persona non grata por ser alemán” y finalmente se instaló en Inglaterra.

En referencia a este ingeniero, comentar que se ha inaugurado en el Museo de las Encartaciones de Abellaneda, la exposición De Alemania a Barakaldo. El viaje de un ingeniero alemán por Euskal Herría en el siglo XIX”. Dicho técnico, que fue contratado por la fábrica Ntra. Sra. del Carmen de Barakaldo, nos legó una serie de gravados que tenían como trasfondo la ría bilbaína; entre ellos una vista del Abra (Portugalete-Las Arenas) dibujada desde la playa de Sestao, en ella que se puede ver, a la derecha, el molino de Esacerrota; además de otro gravado de Ereaga y la Galea, tomado desde la Punta la Begoña.

Cuentan en el Museo de las Encartaciones, que: “...George Alexander Dick (1837-1903), en el trastero de su vivienda de Inglaterra, escondía un tesoro en los baúles. Más de un siglo tardó una de sus nietas en descubrir que entre sus pertenencias olvidadas había varios cuadernos con dibujos originales de este dibujante, en los Dick plasmó con su lápiz imágenes de diferentes pueblos de Euskadi en un tiempo en el que la fotografía era todavía incipiente, y de ahí buena parte de su valor.

Dick nos regaló además de sus 9 dibujos de diferentes lugares de Gipuzkoa (Aia, Tolosa, Pasaia, Hernani, Errenteria e Irun), 20 de Bizkaia del entorno de la Ría de Bilbaína (Barakaldo, Sestao, Santurtzi, Portugalete, Getxo, Abando, Begoña, Deusto y Bilbao).

Son dibujos inéditos que hemos traído de Inglaterra, lo que supone la recuperación de parte de la historia de Euskal Herria. Nos dan, además, una visión fidedigna de la Euskal Herria en el siglo XIX, todavía en un proceso de cambio hacia el mundo industrial. Recordemos que, para esta época, la fotografía estaba aún poco desarrollada por lo que estos dibujos adquieren un valor especial.

Además, la presencia de Dick en la fábrica de El Carmen nos permite hablar de la primera industrialización y de los cambios que esta provocó en el País Vasco, recordándonos el importante papel de los ingenieros europeos en este proceso...”

Nuestra Sra. del Carmen, fue una fábrica de hierro fundada en 1854 en el llamado “Desierto” de Barakaldo (Bizkaia): “...Su fundador, Fernando Luis Ibarra y Arambarri, con 22 años viajó por Inglaterra, Gales y Francia aprendiendo nuevos procedimientos y estableciendo contactos con fabricantes y posibles clientes para los minerales explotados por la familia Ybarra. Se inició pronto en los negocios familiares y en ellos impulsó las actividades de sus empresas: "Ybarra Hermanos y Cía" y "Nuestra Señora del Carmen" de Barakaldo, luego convertida en "Altos Hornos de Bilbao" (de cuya comisión ejecutiva formó parte desde 1882)...” (Bilbaopedia). Según una página Web de Barakaldo: “...Los orígenes de AHV están en tres fábricas siderúrgicas integrales (Nuestra Señora del Carmen, luego AHB, la San Francisco y la Vizcaya) y en una fábrica de hoja de lata, la Iberia...” (“Ezagutu Barakaldo” del 22 de septiembre del 2022).

domingo, 18 de julio de 2021

EL HOMEAJE A REGOYOS


Cercano ya a cumplirse el centenario, ya hace 95 años del acontecimiento, recordar que: Entre los virtuosos visitantes que compartieron vida y colores con los vecinos de Getxo está Darío de Regoyos y Valdes, pintor nacido en Ribadesella (Asturias) el 1 de noviembre de 1857. Quien quedó huérfano a temprana edad, perdió a su padre D. Darío de Regoyos y Molenillo el 13 de enero de 1876, en Madrid; su madre Dña. Benita Valdés y Sieres falleció el 24 de octubre de 1888 en Donosti.

Regoyos fue un artista que por distintos motivos estuvo ligado a nuestro Pueblo, también, a través de sus lienzos.

Y digo ligado a Getxo, porque en 1907 se desplazó con su familia a Bizkaia, instalándose primero en Durango y más tarde en el barrio de Areeta-Las Arenas, cerca de la casa de D. Juan José Rochelt Amann, quien fuera discípulo suyo. Barrio donde, casualidades de la vida, en la vivienda en la que yo nací del mismo barrio, en la pared del portal, están colocados dos de sus dibujos, uno de ellos dedicados a la Estación de Las Arenas (1909).



Sobre sus primeros tiempos, los del aprendizaje, decía un crítico de arte en 1913, en el diario “El Pueblo Vasco”: “…En 1890 Darío de Regoyos, salió de Bélgica para regresar a España. Desde Bruselas había pasado por Holanda, Inglaterra y Francia. En París se entusiasmó con las obras de Millet, Corot, Rousseau, Díaz y Puvi de Chavannes, y aumentó su admiración hacia las de Manet, Degas, Monet, Renoir y Pisarro…”

En 1888 el pintor junto a su amigo, el poeta flamenco Emil Verhaeren, a quien había conocido en 1881, realizaron un viaje por el País Vasco, Aragón y Castilla, fue el momento de su visión de “La España negra” a la que definieron como (una España antigua y primitiva, cortada con tijeras, oscura y melancolía), que Regoyos plasmaría en sus pinturas. De aquel viaje Darío de Regoyos diría: “…Acompañándole en su itinerario le seguí en sus ideas dibujando algunas cosas que vimos juntos. Allá va la traducción de sus impresiones de viaje empezando desde San Sebastián y siguiendo la costa de Guipúzcoa. Que no me tomen por escritor, sino por compañero del poeta flamenco. Buscábamos una diligencia a todo trance con muías viciadas, dispuestas a rodar por los precipicios, a romper los arreos y matar al mayoral…”

A cerca de este pintor y sus obras se dijo: “…Alguien le llamo peregrino del arte, y Juan de la Encina, con definición exacta, hombre humilde y errante…” Una de esas personas celebres que le dedicaron ese apelativo fue Pío Baroja quien se vio obligado a estampar en el álbum del Museo de Arte de San Sebastián su firma y un pensamiento a cerca del pintor, escribió Pío Baroja: “…Fue un hombre humilde y errante…” Otros, un semanario de tirada nacional, en 1915, definían su carácter cómo: “…En la humildad y en la afición a la vida del viandante está la clave del espíritu de sus pinturas. Regoyos pasó el mayor trecho de su vida errando de ciudad en campo y de campo en ciudad; en las manos, los trebejos de pintar; y a la espalda, cuando era joven, la guitarra. Por su porte humilde y la ingenuidad de sus ojos brillantes y arrobados, por su sonrisa jovial y aniñada, diríase era uno de aquellos juglares que por un «vaso de bon vino» cantaban por los caminos…”


Sobre su asentamiento en Bizkaia un diario bibaíno dijo: “…Darío llego a nuestra villa con una recomendación para una distinguida familia bilbaína de lejano parentesco con la suya; con unas cuantas telas de paisajes flamencos y gipuzkoanos; con una modestia sincera y cautivadora, y una cultura artística extraordinaria; con un humorismo fino y ocurrente, que le hizo en el acto íntimo amigo de muchísimos amigos; con una guitarra y un repertorio de cantos populares, de todas las regiones y países que había visitado…”

Los muelles de la ría de Bilbao, los paisajes del Duranguesado y los rincones de Las Arenas en los primeros años del siglo XX quedaron reflejados en sus cuadros, fruto de sus años de estancia en Bizkaia.

En 1907 se trasladará a Las Arenas, relacionándose cultural y comercialmente con Bilbao. En 1910 Darío de Regoyos residía en el Nº 6 de la calle de la Estación de Las Arenas. De su paso por la Anteiglesia de Getxo dejo varias obras, entre ellas citar “Jardín en Algorta”, “Las Arenas” (1908) y “Estación de Las Arenas” (1909).


Su arraigo por nuestra tierra se desprendía con claridad de unas palabras que pronunció en 1913:“…Nació mi arte en las provincias vascongadas…” Durante ese tiempo se granjeó amistades, simpatías y reconocimiento entre nuestros antepasados, lo que derivó en un reconocimiento a sus méritos artísticos en 1926.

Ese reconocimiento llegó en 1926 con el homenaje y la creación del monumento a Darío de Regoyos, en la confluencia de las calles Avda.Algortako Etorbidea con Avda. de Neguri. El homenaje se celebró el domingo 5 de septiembre, se trataba de un sencillo banco de piedra, con forma de herradura, en cuyo centro se encuentra su efigie y bajo la cual aparece grabado su nombre: “…Proyectado por el arquitecto Manuel Smith, con un relieve de la cabeza del pintor, esculpido por Higinio Basterra y una lacónica inscripción como todo el ornamento conmemorativo…” En la crónica se decía: “…Tan solo unas pocas sensibilidades avizoras acertaron a percibir la belleza de sus lienzos. Con este grupo exiguo de centinelas estéticos ha ganado Regoyos, después de muerto…” Continuaba la crónica comparando el banco-fuente y su emplazamiento con la vida del artista: “…Un banco en el cruce de dos caminos, parce el símbolo de la vida de Regoyos, un andariego infatigable que solo reposó para rumiar lentamente la luz en sus ojos…” Continuaba el cronista diciendo: “…También aquí, en Las Arenas, hizo un alto y pintó repetidamente lugares que nos son habituales. Los pueblos se honran a sí mismos cuando honran a las almas excelsas. Desde hoy Algorta, nuestro Algorta, será por virtud de este sencillo monumento un poco mejor…” Al acto inaugural acudieron el Alcalde de Getxo, D. Luis de Urresti, Joaquín de Zugazagoitia, el arquitecto Manuel María Smith, Juan José Rochelt y el doctor Pereiro, junto a sus familiares. El Alcalde de Getxo pronunció las siguientes palabras, que fueron recogidas el día 8 de septiembre de 1926 por el diario “El Pueblo Vasco”: “…Unas palabras nada más bastan después de las primeras cuartillas leídas por el señor Zuazagoitia, que van unidas a la belleza de la forma y la profundidad del concepto, que ponen una vez más en evidencia sus cualidades y su talla de escritor. En ellas quiero expresaros, en nombre del pueblo y del Ayuntamiento de Guecho, nuestro agradecimiento a la feliz iniciativa de los amigos y admiradores de Regoyos, patrocinada por la Junta de Cultura de la Diputación, que el Ayuntamiento ha hecho suya. Así, en la diaria contemplación de este bronce, que hoy entregáis a la cultura y cariño del pueblo de Guecho, las futuras generaciones se sentirán reconfortadas contra el olvido y se establecerá entre el pasado y el porvenir, entre el muerto y nosotros unos lazos indestructibles que hacen a un Pueblo fuerte…”


Tras su fallecimiento en Barcelona el 29 de octubre de 1913, algunos diarios le dedicaron menciones a modo de epitafio. El diario “Euzkadi” del 31 de octubre de 1913 decía sobre él, en la sección “Titirimundi Bilbaíno”, refiriéndose a unas palabras de Juan de la Encina: “…Él nos dirá en sus lienzos la hermosura de un árbol frondoso y florido; la sonrisa con que se iluminan nuestras casas campesinas en un claro del sirimiri pertinaz; la gracia que un regato bebe del cielo en que se mira y del campo que enlozana. ! Pobre Regoyos; descanse en páz!...”

A veces los reconocimientos llegan tras la muerte: La casa Museo de Unamuno conserva un artículo, del escritor y filósofo bilbaíno, del diario “La Nación” de Buenos Aires, del 16 de diciembre de 1916, en el que decía a cerca de nuestro pintor: “…Cuando hizo una exposición de sus cuadros en Buenos Aires, me pidió que hablase de él en alguna de mis correspondencias. Y accedí, no solo porque era de justicia, si no, porque le creía uno de nuestros más grandes artistas…”


Decía sobre él, en 1919, la revista madrileña “Cosmópolis”: “…Entró en el arte vasco el impresionismo, que es la modalidad moderna más influyente, con Adolfo Guiard y Darío de Regoyos. Pero el impresionismo genuino fue de Darío de Regoyos, los dos fueron los primeros en poner en la paleta vasca los colores del impresionismo…”

Darío de Regoyos fue un pintor callejero, que captaba su visión de la luz y el entorno, muchas veces rodeado de curiosos que se agolpaban tras de él. Precisamente la publicación madrileña “España” del 18 de noviembre de 1915 captaba “el último retrato del artista de Ribadesella, captada en Durango. Darío de Regoyos falleció en Barcelona el 29 de octubre de 1913.

domingo, 27 de junio de 2021

UNA REPRESENTACIÓN GRAFICA, DEL PUERTO, EN LA AVENIDA BASAGOITI

 


Muchas veces, cuando transitamos nuestras calle, en los lugares más insospechados encontramos representaciones gráficas de artistas conocidos, otras de anónimos aficionados. En este caso la obra de arte que hoy traigo a estas páginas corresponde a un pintor de reconocida fama que tuvo por seudónimo “S de Albi”. Sobre él, Fernado Alcolea, en su pagina web, dice: “...S. de Albi es el pseudónimo adoptado por José Ribera y Font o Josep Ribera i Font (Albi, Lleida 1887 - Bilbao Circa 1873)...”


Este pintor, escritor y comerciante nació en Albi (Lleida), en el seno de una familia de músicos. A los 12 años, sus padres lo enviaron a estudiar pintura en París pero tuvo que regresar a Barcelona por problemas familiares, allí frecuentó la bohemia artística de la capital de Catalana. Tras contraer matrimonio, a los 25 años, con la concertista de piano Emma Chacón Lausanca, se estableció en Bilbao, donde desempeñó labores en la delegación de una empresa textil de origen catalán.


En la Villa bilbaína inauguró en 1919 la galería de arte Majestic-Hall, centro este donde expusieron artistas de la relevancia de Vázquez Díaz, Evaristo Valle, Julio Romero de Torres, Ricardo Verdugo Landí y Daniel Zuloaga. Durante ese tiempo continuó pintando para si mismo, hasta que en 1943 expuso sus obras en la galería de arte de Alberto Alonso en Bilbao, las acuarelas que realizó con la firma “S. De Albi”.


Expuso asiduamente en nuestra tierra, tanto en la Caja de Ahorros Municipal de Vitoria como en Casa Alonso, en 1946 en compañía de su hijo José María Ribera Chacón.



En 1963, Josep Ribera ilustro la revista “Vida Vasca”, en uno de sus apartados dedicado a la capital Bilbaína (Páginas 191 a 199), aparecían varios de sus lienzos, los cuales firmaba con su seudónimo “S de Albi”. La revista “Vida Vasca” se editó en Bilbao, de forma anual, tuvo una dilatada vida (de 1924 a 1981), en 1938 traslado su sede a Gasteiz. Fue una publicación de contenido extenso (tenía entre 200 y 300 páginas), con información sobre el territorio vasco-navarro en lo relativo a su geografía, su arquitectura, sus paisajes, sus costumbres y sus gentes.




Y como decía al comienzo, uno de sus cuadros, el que encabeza esta entrada, ocupa una de las paredes de un portal de la Avenida Basagoiti, frente a la calle Juan Bautista Zabala, en el podemos disfrutar en una “vista tipo Drone”, del Puerto Viejo de Algorta. Es esta una acuarela, que recrea ese viejo barrio de pescadores, antes de que la carretera de Punta Begoña llegara a sus empinadas escaleras. Que nos ofrece una perspectiva del Puerto coronado en lo alto por el “Etxetxu” y la vieja ermita de San Nicolás.


Hasta aquí una referencia a un pintor catalán, que dando testimonio de su paso por nuestra Anteiglesia, dejo plasmado en sus lienzos una imagen de uno de nuestros barrios favoritos allá por el Siglo XIX.