jueves, 7 de mayo de 2020

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -162-



En la anterior entrada veíamos cómo una de las sociedad recreativas de Las Arenas, el Casino, animaba los veranos del barrio.

En julio de 1892 abría de nuevo sus puertas de la temporada de verano el establecimiento de Las Arenas “Baños de Mar Bilbaínos”, anunciaba su apertura con la siguiente nota de prensa: “...Este acreditado Establecimiento, en el que se han introducido importantes mejoras, queda abierto al público el Domingo 3 de Julio, siendo las horas do comida en mesa redonda a la una de la tarde y ocho y media de la noche...” Las reservas había que realizarlas dirigiéndose a D. Andrés Larrazabal. Y es que desde hacía ya días venían desembarcando en la Estación del Norte viajeros habidos de las brisas del Cantábrico: “...Que cuando saltan al anden lanzan un suspiro de satisfacción, como si hubiesen llegado al término del calvario. En los balnearios y las fondas se leen estos días con sumo interés telegramas que son señal de que ha comenzado la desbandada hacia el Norte, cuyas playas y balnearios, mientras se espera su llegada. Este año esa multitud de pueblecitos que van desde Las Arenas a Fuenterrabia serán la atracción de los visitantes...” Este era el ambiente que la prensa pintaba a la llegada del estío !Claro que otra de las razones de aquella huida masiva era el temor al cólera, que en Paris ya dejaba ver su patita negra!.

El 8 de julio de 1892, el Tranvía de Bilbao a Las Arenas y Algorta, que así se llamaba, ofrecía en el diario “El Nervión” su balance de resultados: “...Tenía en su activo 1.607.210,30 pesetas y en su pasivo la misma cantidad...” (Ver cuadro superior).


Por aquellos días pasaba, como era su costumbre todos los veranos, unos días entre nosotros el Senador Vitalicio D. Martín de Zavala y Andirengoechea por la provincia de Vizcaya, en el hotel “Baños de Mar Bilbaínos” de Las Arenas.

Ese mismo 8 de agosto de 1892 el Ayuntamiento de Getxo sacaba a subasta, por el sistema de pliegos cerrados, la ejecución de las obras de alcantarillado de Las Arenas bajo la base de 20.535 pesetas.

El 14 de julio de 1892, la Compañía del Ferrocarril de Las Arenas a Plencia realizaba obras en el paso sobre el río Gobela en Las Arenas. En la prensa local se hablaba sobre lo que dichos medios llamaban “Obstruccionismo” de una Ley que el diario “El Noticiero Bilbaíno” consideraba importante para la provincia y para todo el estado. Se trataba de un Proyecto de Ley que ya había sido aprobado por el Senado, referido a la elevación de las tarifas de los ferrocarriles, de la que decía el diario: “...Para el fomento y desarrollo de la industria siderúrgica, y por tanto para dar ocupación a miles de brazos...” Y que estaba en el Congreso pendiente de su aprobación; decían respecto de las consecuencias de la elevación de las tarifas que: “...Las minorías del Congreso dicen que la elevación de las tarifas beneficiará a las empresas del ferrocarril, en perjuicio del País. Pero esto no es exacto porque se refiere dicha subida a las expediciones en gran velocidad, que son las menos numerosas y menos importantes, y en cuanto a los viajeros, solo tendrán que pagar el mayor coste las clases pudientes, las que viajan con lujo y con toda clase de comodidades...” El día 12 de julio, el mismo diario informaba de una gran movilización de los obreros del la cuenca del Nervión, la cual se había producido la víspera y que a decir de los protagonistas era consecuencia del bloqueo de las minorías republicanas. En aquella gran movilización que en opinión de la editorial se debía: “...No tenía otro objeto que ejercer el derecho de petición para que las minorías cesaran en su posición obstruccionista...” Los trabajadores de ambas márgenes de la ría, los de Las Arenas y Algorta utilizando el tranvía y ferrocarril se dirigieron a Bilbao. Allí, junto a los otros trabajadores del resto de la cuenca del Nervión, dirigían un telegrama al Presidente del Gobierno Páxedes Mateo Sagasta en el que decían: “...Los obreros y obreras de una y otra orilla del Nervión, alarmados con lo que está pasando en el Congreso de los Diputados, le manifestamos que las industrias del hierro y el acero están muy escasas de trabajo, lo que provoca que nuestros escasos ahorros se van consumiendo, y vemos venir con espanto un triste invierno. Sin embargo, si esa Ley se aprobara esa pavorosa situación podría trocarse en próspera...” La Diputación Provincial se sumó a aquella petición.


Pero otras eran también las inquietudes de los habitantes de Algorta relacionadas con la llegada de los veraneantes que ayudaban a mejorar sus economías. Algunos propietarios anunciaban en la prensa el alquiler de habitaciones para los bañistas: “...Se alquila habitación, por temporada o por año, espaciosa, amueblada o sin amueblar, con vistas al mar, enfrente del casino. Para informes dirigirse al Café la Unión, frente al Casino de Algorta...” Entre los anunciantes estaba la “Fonda San Ignacio” de Algorta regentada por Dña. Josefa Uribe. Otro tipo de negocios, que en ese 14 de julio de 1892, venían a llenar la actividad de este barrio fue la empresa “Onagoitia y Compañía quien solicitó autorización para: “...Instalar con la maquinaria correspondiente una fábrica de bebidas gaseosas contra el camino que desde Amesti conduce al Colegio de D. Juan Dourte en Algorta...” El consistorio autorizaba realizar dicha instalación.

La música era otra de las actividades que se veía incrementada por la llegada del verano: “...En nombre de la junta directiva de la Sociedad Coral “Orfeón Algorteño”, D. Román Ibizate, solicita poder hacer sus ensayos en el local donde se reúnen los músicos...” El Ayuntamiento daba luz verde a aquella solicitud con la condición de que: “...Los ensayos tendrán lugar por las noches cuando no esté reunida la Banda de Música, alternándolos con ésta para evitar cuestiones...”

La llegada del verano y la gran afluencia de visitantes también afectaba al barrio de Las Arenas. Su plazuela, la del puente, era demandada por los vendedores ambulantes, que en ella plantaba sus quioscos con autorización municipal. Entre aquellos vendedores estaba D. Carlos Olea, vecino de Bilbao, quien vendía “galletas finas”, D. Juan Callizo y otros vendedores.

En esas mismas fechas era nombrado por el pleno municipal Inspector Sobrestante D. Gregorio Arruabarrena, como responsable de las obras de alcantarillado que estaba realizando en Las Arenas el vecino de Algorta D. Domingo Zubizarreta. El sueldo que se fijaba para dicho cargo era de 4 pesetas por día laborable.


El 14 de julio de 1892 Dña. Felicidad Perpetua de Unibaso y Zabala, solicitaba una certificación para poder inscribir la casa denominada “Tatoena Nueva” en el registro de la Propiedad. La edificación había sido erigida por su madre política Dña. Francisca Astorquiza, para entonces ya fallecida.

En pleno del 14 de julio de 1892: “...El Ayuntamiento de Guecho decidía dividir el Pueblo en tres secciones para la designación de vocales asociados...” Con esa división el municipio quedaba conformado de la siguiente manera: “...Cinco miembros por la 1ª Sección, cuatro por la segunda y dos por la tercera. Quedaban encargados de formar las listas los concejales Sres. Inchaurtieta y Azcorra...”

En el pleno municipal del 21 de julio de 1892 se daba cuenta de un oficio de la Compañía del Ferrocarril de Las Arenas a Plencia. En él se hablaba sobre el paso del Gobela: “...Hemos recibido un oficio relacionado con el paso o vado del ferrocarril en el río Gobela, el cual se está ejecutando. Acordamos enviar dicho oficio a los quejantes de aquel paso, D. Mathías Romo y otros propietarios interesados de Las Arenas, Lamiaco y al Ayuntamiento de Lejona. El Ayuntamiento de Guecho, una vez reconocido el paso, emitirá un informe…”

En la próxima entrada de esta serie veremos cómo se iba a extraer tierra del monte de Aiboa para emplearla en el ferrocarril de Las Arenas a Plencia.

lunes, 4 de mayo de 2020

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -161-



En la anterior entrada veíamos cómo Getxo crecía y las necesidades administrativas hacían que se necesitara nuevo personal para las oficinas municipales.

Ya se iba aproximando la estación del estío y el Ayuntamiento de Getxo, deseoso de atraer a los veraneantes y visitantes de ambas margenes de la ría, a propuesta de edíl Sr. Ortigosa, negociaba con la Banda de Música denominada “Bilbaína” para amenizar, durante esa temporada algunas tardes señaladas de los meses de julio, agosto y septiembre en el barrio de Las Arenas. Dicha banda, que estaba compuesta por 12 músicos, cambió en 1890 su nombre, que hasta entonces había sido “Santa Cecilia” por el de “La Bilbaína”.

Y como ya estábamos a 15 de junio de 1892 y en Algorta se celebraba el Corpus Christi, el Ayuntamiento de Getxo acordaba: “...Que todos los miembros de la misma que puedan asistan mañana a la misa mayor, que se celebrará en la Iglesia de San Nicolás de Bari de Algorta para solemnizar dicha festividad...”

El 25 de junio de ese mismo año en el pleno del Ayuntamiento de Getxo se daba lectura a una instancia de: “...D. Matías Romo, Dña. Dolores Zorrilla (Vda. del finado Urquiza) y otros 21 propietarios de la Vega de Santa Eugenia, interesados en que se construya un puente sobre el río Gobelas en el barrio de Las Arenas. Así como de un oficio del Ayuntamiento de Lejona interesado igualmente en la constricción de dicho puente. Todos ellos solicitan que se obligue a la Compañía Constructora del Ferrocarril de Las Arenas a Plencia a que dejara como estaba antes de iniciar las obras antes de que dieran comienzo las obras de construcción de dicha línea, vadeando el río en el punto de referencia en todo el ancho o calle, o sea en 10 metros, y que no se le permita rellenar el río con piedras, tierra ni otra materia. El Ayuntamiento de Guecho acuerda: Que teniendo presente el oficio que se remitió a la Compañía con fecha del 7 de marzo de 1891, porque conforme a él aceptó la autorización para comenzar las obras, con la condición de dejar aquel paso en buenas condiciones. Y que la Compañía no ha cumplido dicha condición, habiendo dejado el paso interceptado completamente, se les prevenga de que deberán de, sin demora, establecer un paso provisional cómodo, y entregue en este Ayuntamiento el proyecto con planos definitivos, en la inteligencia que de no hacerlo adoptará este Ayuntamiento las medidas que procedan...”


Una de las sociedades recreativas de Getxo, que durante algunos años animó los veranos del barrio de Las Arenas, estaba situada en las proximidades de la playa de Las Arenas, junto al muelle, y disponía de espaciosos salones para baile y billares. Su temporada álgida iba desde el 15 de junio al 15 de octubre. Entre sus actividades estaban los bailes, conciertos y representaciones, tanto teatrales como de artistas de varietés. Sus precios en este año eran para la temporada: Caballeros 20 pesetas, Señoras 10 pesetas; Por mes: Caballeros 10 pesetas, Señoras 5 pesetas y por tarjeta para 15 días: Caballeros 8 pesetas, Señoras 5 pesetas. También por esos días, se anunciaba en la prensa bilbaína el establecimiento de baños de mar calientes “Las Delicias” que estaba situada entre la Iglesia y la Playa.

El día 30 de junio de 1892 se daba cuenta en el pleno municipal de Getxo del oficio remitido el día 22 de ese mes por D. Fermín Unanue, agradeciendo su nombramiento como farmacéutico de Las Arenas, que iba a ser efectivo a partir del 1 de julio.

La Banda de Musica de Algorta solicitaba aumento de sueldo para sus componentes, así cómo poder aumentar el número de componentes, cosa que el Consistorio rechazó. No así el poder efectuar la compra de un saxofón por 16 duros.

El día 1 de julio de 1892 se anunciaba en la prensa “El Noticiero Bilbaíno” la venta de la casa “Meñaquena” con su huerto, que estaba situada en al calle Caridad de Algorta, la cual se decía en el anuncio se encontraba: “...Entre la Iglesia parroquial, el Casino y la proyectada estación de ferrocarril de Las Arenas a Plencia...”

Y como las fiestas del Pueblo estaban ya llamando a la puerta, el Ayuntamiento decidía: “...Crear una comisión para disponer sobre las fiestas y festejos en esta Anteiglesia durante el presente verano, que forme el programa de las mismas. Para ello se nombró a los ediles 2º Teniente de Alcalde señores Inchaurtieta, Ajuria y al Síndico Laca...”

En aquel verano de 1892 el Ayuntamiento de Getxo concedía licencias para la colocación de casetas de baño: “...Se iban a colocar 16 lotes en la playa de Las Arenas; en Erega lo harían los siguientes bañeros D. Antonio Arechavala, D. Ramón Bilbao y Francisco Elorriaga, en la playa del Puerto a D. Saturnino Fernández y en Arrigunaga a los solicitantes del año anterior…” Se nombraron como vigilantes de las playas de Las Arenas a D. José Marañon y para la de Algorta a D. Jesus Nuñez, desechado la solicitud de otros dos aspirantes D. Antonio Osticoechea y D. Martín Casado, se decía que: “...Los dos primeros reúnen condiciones de preferencia para optar a las dos plazas, porque presentan sus licencias absolutas de sus servicios prestados al Estado, quedando nombrados vigilantes de payas con el haber diario de dos pesetas y cincuenta céntimos...”


Y como el estío prometía negocio por la afluencia de veraneantes: “...En el punto de Algorta denominado Altamira se autorizaba a D. Bautista Carrandi, para que junto al despacho de carnes pudiera colocar mesas para la venta de refrescos durante el presente verano...”

El municipio empezaba a notar cambios con la afluencia de visitantes, tal es así que el servicio de alumbrado de Las Arenas era adjudicado al que luego sería afamado hostelero D. Juan Eguia, el día 7 de julio de 1892. Estableciéndose que: “...Durante los tres meses del verano los servicios de Alumbrado de Algorta y Las Arenas, permanecerán con el alumbrado, encendidos los faroles, hasta las doce de la noche en vez de hasta las once como se viene haciendo. Pasado ese periodo festivo se apagaran a partir de la nueve de la noche...” El suministro de las latas de latón con combustible para los faroles, se adquiría entre otros a “Arechavaleta y Richter” a razón de 125 pesetas los 50 depósitos.

En esa misma fecha, 7 de julio, D. Juan Cruz Mezo y Compañía solicitaban permiso para instalar una fábrica de gaseosas en su propiedad de la calle San Nicolás de Algorta.

Otro industrial que deseaba mejorar sus instalaciones para que los veraneantes pudieran ver sus productos, era el zapatero D. Ángel Marquínez de Las Arenas: “...Quien tenía su tienda de zapatos en la calle Mayor N.º 17 y deseaba colocar a ambos lados de la puerta de su taller unas vistosas vidrieras o muestrarios con objetos de su arte de zapatería...”

El tranvía de Bilbao a Algorta ya preparaba las vías a través de la calle Mayor de Las Arenas: “….Tomando como base para la colocación y elevación de los raíles, la rasante de los cordones de las cunetas más próximas de la calle...”


Algún industrial de Algorta, de reputado renombre que anunciaba sus productos de cemento, mosaicos y otros componentes para la construcción en la prensa bilbaína, con sus instalaciones en la Avanzada, solicitaba la construcción de: “.. un puente sobre el río Gobelas, ocupando un terreno del municipio frente al camino o terreno del Sr. Mieg, con el fin de poder pasar por el mismo carros con materiales para mi fabrica “La Algorteña”...” El Ayuntamiento de Getxo decidía: “...Conceder al citado Sr. Uria la autorización con la condición de que cualquiera que guste podrá pasar con su carro o yunta por ese puente sin impedimento de ninguna clase...”

Finalizaba el pleno del 7 de julio acordando el Ayuntamiento: “...Que los exámenes de los alumnos de Francés y Comercio se celebren el día 12 de este mes a las nueve de la mañana, y el día 13 a los alumnos de la escuela de música y solfeo, poniendo en conocimiento de los profesores y algunas personas que deban de presenciar los mismos...”

En la próxima entrada de esta serie veremos cómo se nombraba un inspector sobrestante para el alcantarillado del barrio de Las Arenas.

jueves, 30 de abril de 2020

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -160-



En la anterior entrada veíamos cómo salía a subasta voluntaria por parte de su dueño la casería denominada “Arrigunaga”.

Getxo crecía y las necesidades administrativas hacían que se necesitara nuevo personal, por ese motivo el día 5 de mayo de 1892, en el pleno municipal se acordaba: “...A propuesta de la Comisión de Hacienda la necesidad de contar para la formación del presupuesto municipal con la figura de un Contador, ya que para realizar los trabajos de contaduría y secretaría, será necesario lo siguiente: Contratar a un Secretario con un sueldo de 2.000 pesetas a partir del 1 de julio. Nombrar con la dotación de 625 pesetas como escribiente permanente de la secretaria a D. Juan Bautista Larrazabal. Nombrar para el cargo de Contador, con un sueldo anual de 1.125 pesetas a D. Emilio Saliquet bajo la inspección y supervisión del Secretario...”

En esa misma fecha la Casa Alhóndiga, que había sido construida en 1873 con los fondos propios de D. José Ramón Uriarte, se sometía a aprobación por parte del consistorio el que pasara a propiedad Municipal: “...Siendo que el citado Sr. Uriarte cede para siempre la Casa Alhóndiga al Ayuntamiento, subrogándose este todos los derechos y acciones de aquel, en la cantidad de 7.500 pesetas, con la obligación de abonarle el 5 % de interés anual de dicha cantidad...” Cómo la operación resultaba altamente beneficiosa para el Ayuntamiento se acordó hacerse cargo del edificio a partir del 1 de julio de 1892.

Mientras, los transportes ferroviarios seguían ganado viajeros, el Ferrocarril de Bilbao a Las Arenas, durante el mes de abril había transportado a 54.999 viajeros, 8.800 más que en el mismo mes del año precedente.


En el pleno del 12 de mayo de 1892 se acordaba, tras haber permanecido expuesto al público por si hubiera reclamaciones el Proyecto de Ordenanzas Municipales, rurales y de la Construcción, enviar al Gobernador Civil las mismas para que diera su autorización para la entrada en vigor de las mismas.

Un nuevo nombramiento como ordenanza de telégrafos y cartero encargado de recoger la correspondencia de los buzones se producía en la persona de D. Manuel Hernández.

En el pleno municipal del 19 de mayo se hacía constar los problemas que para la traída de aguas estaban causando las tuberías de barro: “...A consecuencia de haberse roto e inutilizado la mayoría de tubos de barro colocados entre los manantiales de Jaunco-Erreca y Basarte, en el monte de la jurisdicción de Berango, no pasa ni la mitad del agua que debiera venir a esta localidad para el abastecimiento del vecindario, y que mientras durante el invierno ha bastado, en el verano no llegará ni para la mitad de los vecinos. Y aunque se está formando un proyecto por parte del Ingeniero D. Laureano Gómez de Santa María, en el que se incluye la sustitución de los tubos de barro por otros de hierro, no es posible aguardar pues habría que conseguir en primer lugar la declaración de utilidad pública y reformar el proyecto sin demora alguna para la sustitución de los tubos de barro. Por lo que acordamos por unanimidad y sin levantar mano se instruya el oportuno expediente para la ejecución de las mencionadas obras...”

El Consistorio necesitaba adecuar sus comunicaciones: “...Con motivo de haberse hecho cargo el estado de la Estación Telegráfica y su línea. Por lo que acordaba gestionar la instalación de un teléfono para los servicios municipales en la Casa Consistorial de San Nicolás...” Cosa que el encargado de dicha gestión, el Alcalde D. Santiago Diliz, había logrado ya para el 25 de mayo: “...Por la cantidad 180 pesetas anuales, siendo la suscripción por un año, por lo que se deberá de conseguir que la misma se realice de forma permanente...”


Y como ya estaba cerca la estación del verano acordaban: “...Se dicte bando para el servicio de baños, lotes y casetas en las playas de mar de esta jurisdicción...” Uno de los primeros bañeros en solicitar permiso para instalar sus casetas en la playa de Arrigunaga fue: “...D. Pedro Beascoechea, junto a otros cuatro vecinos, a demás de la solicitud del lote para las casetas pedía permiso para colocar una caseta para el despacho de refrescos...”

Ya se preveía la llegada de los calores del verano. Estábamos a 2 de junio de 1892, y la Compañía del Tranvía de Bilbao a Algorta enviaba una instancia al Ayuntamiento de Getxo, solicitando autorización para regar la larga fila de tamarices del terraplén de Las Arenas. El arbolado de tamarices iba desde la llamada Plazuela (Bizkaiko Zubia) hasta Miramar (comienzo de Zugatzarte), a continuación, hasta la Avanzada, a ambos lados de la carretera continuaba con dos filas de plátanos, este tipo de árbol era el que discurría a lo largo de la calle Mayor y otras de Las Arenas.

Una de las vecinas de Algorta, propietaria de un inmueble situado junto a la calle de la Carretera, en el N.º 49, entre las casas “Torrena” y “Amesti Nueva”, era “Amesti Vieja” la cual era propiedad de Dña. Timotea Larrauri y disponía de una tienda en sus bajos. Esta señora solicitaba al Ayuntamiento de Getxo: “...Para evitar que mi propiedad se vea invadida por la obras que la Diputación va a realizar en este punto. solicito el deslinde de la misma...”


Ya desde octubre de 1891 en los círculos bilbaínos, prensa incluida, se hablaba sobre la necesidad de honrar la memoria de uno de los hijos ilustres de la Provincia. De hecho la anterior Corporación Provincial ya había tomado la decisión de honrar a D. Antonio de Trueba realizando algún tipo de monumento. En el diario “El Noticiero Bilbaíno” del 28 de octubre de 1891 escribían: “...DEUDA SAGRADA. Próximo a abrirse el nuevo periodo de la Diputación, con cuyo motivo han de reunirse en esta capital todos los señores Diputados, creemos oportuno recordarles la existencia de una deuda contraída con un hombre ilustrísimo de este honrado solar, nuestro inolvidable amigo D. Antonio de Trueba...” En este estado de cosas que venía coleando desde su fallecimiento. El día 15 de junio de 1892 el Ayuntamiento de Getxo en el pleno municipal acordaba: “...Dada cuenta de la circular de la Comisión encargada de la erección de un monumento o estatua para perpetuar la memoria del insigne poeta Vizcaíno D. Antonio de Trueba. Acuerda este Ayuntamiento suscribirse de los fondos municipales con la cantidad de 250 pesetas. A la vez acordamos se publique en el vecindario que queda abierta la suscripción hasta el 25 de julio...”

En la próxima entrada de esta serie veremos cómo con la llegada del verano el Ayuntamiento negociaba con la Banda de Música Bilbaína para amenizar, durante esa temporada, el barrio de Las Arenas.

lunes, 27 de abril de 2020

LA MORAL Y EL TAMBORIL



Aunque en alguna ocasión he hablado sobre estos temas tan delicados de la “moral”, no me resisto a contar lo que aconteció en nuestra Anteiglesia allá por la cuaresma de 1882.

Unos años en los que hasta se receleba con la moralidad en los bailes: “…Ya que hablamos de bailes, decir que el baile mas peligroso no es el “can-can”, es el flamenco. Véase la diferencia: En el can-can todo es saltos, en el flamenco movimiento de caderas; el primero es inmoral, el secundo voluptuoso; el primero es un río de corriente bulliciosa que nos asusta; el segundo un río de mansa corriente pero de pérfido lecho...” Tal es así que en algún pueblecito de Bizkaia ocurrió que en 1880, fue la primera autoridad quien objetó sobre lo que él consideraba inmorales movimientos del baile agarrado: “...En el primer pueblo de Vizcaya por la carretera de Villareal. Hete aquí que aparece por allá una guitarra vieja y uno la coge y la templa, alrededor se reúne la gente, más de ellas que de ellos, suena el instrumento clásico, se hace corro, empieza el baile y corre el chacolí. Apenas hacía cinco minutos que se movían a su compás nuestras piernas, cuando llega la primera autoridad del pueblo y con acento grave nos indica que si queremos bailar agarrados, tengamos la bondad de irnos a tierras de Álava...” Estas noticias aparecían en “El Noticiero Bilbaíno” de 1881.

Pero lo que nos ocupa en esta historia, estaba más cerca, en nuestra propia Anteiglesia y acontecía un 28 de marzo de 1882. Decía la “Opinión”, un periódico de época madrileño que recogía la noticia: “…Bonito apólogo se puede escribir teniendo a la vista el originalísimo bando que el Alcalde de Guecho, ha dado para asombro de moralistas y deleite de tamborileros...”


Y le seguía el bando de nuestro primer edil D. Manuel Zalduondo: “...Habiéndose visto prácticamente en años anteriores lo perjudicialísimo que es a la moral el que en los días de cuaresma no toque el tamborilero en la plaza pública, dando lugar con ello a que en las portaladas y casas se produjesen escándalos por la juventud sin que fuera posible evitarlos. El Ayuntamiento que presido, en sesión del 28 del actual acordó que en todos los días festivos de la cuaresma se toque el tamboril en la plaza pública de este Pueblo, desde las cuatro de la tarde hasta el toque de oración. Lo que anuncio al público para su conocimiento, y con el fin de que pueda reunirse la juventud en la citada plaza a divertirse con la debida decencia y moderación, en la inteligencia que de no hacerlo así y de averiguarse que “en los rincones ocultos se falta a la moral” y buenas costumbres, serán castigados los infractores con la multa de 1 a 5 pesetas y demás penas que se diese lugar...” Y apostillaba el junta letras: “...Ahí tiene Trueba un sencillo y conmovedor asunto de cómo la influencia del tamboril obra en la moralidad de la juventud y aún en la edad madura...” Aquel bando también fue recogido por otros diarios de la Capital del Reino como “La Crónica Meridional” del 16 de marzo de 1882 que lo llevó a su primera plana.

Aquel bando tuvo amplia difusión en la corte y Villa Madrileña ya que también fue recogido por “El Liberal” de Madrid, que se publicó el 10 de marzo de 1882, que recogía el texto íntegro, al igual que el del diario “Opinión”, decía al finalizar refiriendo al Alcalde Madrileño José Abascal y Carredano: “...Proponemos al Sr. Abascal que organice un batallón de tamborileros para distribuirlos en las plazas y plazuelas de Madrid, impidiéndose de ese modo que se falte a la moral en los rincones ocultos... y en otros que están muy a la vista...” Apareció la noticia en el periódico satírico semanal, madrileño, “El Motín” del 12 de marzo de 1882: “...El alcalde de Guecho (Vizcaya), ha dado un bando disponiendo que en los días festivos de la Cuaresma se toque el tamboril en la plaza, porque ha notado, según dice, que la juventud de aquel pueblo, a falta de música, se entretiene en faltar a la moral, en las portaladas y rincones ocultos. Conocidas las ventajas del tamboril, propongo que se toque dicho instrumento en algunas sacristías de esas que suelen ser teatro de escenas que dan materia para las “Flores místicas”…”

También la noticia del Bando llego hasta nuestra prensa local “El Noticiero Bilbaíno”. Ante aquel aluvión de chanza sobre el dichoso Bando del Alcalde de Getxo, aquí en casa, intervino hasta el mismísimo “Antón el de los Cantares”, D. Antonio de Trueba, quien en el diario bilbaíno decía, defendiendo a nuestro Alcalde: “...El alcalde de Guecho, a cuya jurisdicción pertenece la hermosa Algorta, dio últimamente un bando que, si no decía, quería decir: Es aquí costumbre que el día festivo, después de cumplido el precepto religioso, se reúna la juventud en la plaza, donde al son del tamboril baila y se solaza durante algunas horas, desquitándose así del trabajo de la semana saliente y cobrando placidez y aliento para la semana entrante. Santo y muy bueno sería que durante la cuaresma aun esta diversión cesase para que sólo alternara el trabajo con la meditación en los misterios de la redención humana que la Iglesia conmemora en este tiempo llamado por excelencia santo; pero ya que a las autoridades no sea dado conseguir del pueblo, y muy particularmente de la juventud, esta abstención de solaces mundanos, deber es de las mismas autoridades aminorar en cuanto les sea posible el escándalo y el pecado. El solaz, a que la juventud se entrega en la plaza pública los días santos por la tarde, es uno de los menos ocasionados al quebrantamiento de la moral, porque la presencian las autoridades y los padres de familia, que de este modo pueden poner y ponen un inmediato correctivo a cualquiera demasía en que la juventud incurra. Si fuera posible recabar de la juventud que durante la cuaresma pasase tardes de los días festivos entregada a prácticas religiosas, o cuando menos absteniéndose de todo solaz verdaderamente profano, no admitiría disculpa el que la autoridad local permitiese la música y el baile en la plaza; pero como por desgracia no es posible recabar tal cosa de la juventud y si esta no se reuniese y solazare en la plaza se dispersaría en busca de solaz por sitios donde la autoridad y los padres de familia no pudiesen ejercer vigilancia alguna, ha parecido al alcalde que suscribe que obligado a escoger entre dos males, debe dar la preferencia al menor, que es el de autorizar la música y el baile en la plaza pública los domingos por la tarde durante la cuaresma como en el resto del año. Este bando del alcalde de Guecho, que podía tener mala expresión , pero de seguro tiene buena voluntad, ha sido tomado en cuenta y comentado hasta por la prensa periódica de Madrid más discreta y con mas títulos a presumir de tal; y con este motivo, uno de sus órganos más autorizados “El Liberal”, ha dicho y ha repetido lo anunciado y dispuesto por el alcalde de Guecho, lo cual le ofrece excelente tema para trazar un delicioso cuadro de costumbres vascongadas...”


Y continuaba diciendo el cronista y escritor Encartado con su agudo ingenio: “...Lo que el alcalde de Guecho ha revelado en su bando, no debía haber sorprendido a nadie, y menos a los periódicos de Madrid, que saben lo que es la humanidad desde que apareció entre el Tigris y el Eúfrates hasta que sentó sus reales entre el Manzanares y el Abronigal. Ni aún el que asó la manteca pudo vivir en la creencia de que en la región vascongada no participase la humanidad de las misma debilidades que en la región Carpetana, es a saber: de gustarse mutuamente los chicos y las chicas y de preferir el vino al agua y el jamón a las sardinas gallegas, hasta el extremo de ser capaces de hacer lo que hicieron Adán y Eva: contravenir al mandato de Dios probando del fruto por éste prohibido...”

Todo aquel asunto ya había tenido su antecedente en el municipio encartado de Balmaseda, en el Siglo XVIII, cuando: “...Unos misioneros del convento de Zarauz desde el púlpito aconsejaron se suprimiese el baile que al son del tamboril se verificaba en la plaza todos los días festivos por la tarde, o cuando menos no promiscuase en él hombres y mujeres...” La villa alegó que no le parecía conveniente tal suspensión, por lo que los misioneros: “...Calificaron de Serrallo a la plaza en la que se realizaba el baile. La Villa ofendida se dirigió a seis teólogos afanados de Burgos, Valladolid y Madrid consultando el hecho en estos términos: “…Desde tiempo inmemorial la juventud de esta villa se reúne en la plaza pública el día festivo por la tarde después de los oficios divinos, y allí, en presencia de las autoridades civiles y eclesiásticas y de los padres de familia, se solaza bailando al son del tamboril, los padres misioneros creen que esta costumbre es pecaminosa y se debe suprimir, y la villa, que se tiene por honrada y religiosa, desea saber si los padres misioneros incurren en excesivo y mal entendido celo, en cuyo caso continuará la costumbre antigua, ó si esta costumbre es mala y nuestros antecesores han errado por espacio de siglos al consentirla, en cuyo caso se hará lo que los padres misioneros desean, porque la villa antepone a todo el continuar mereciendo el nombre de noble y honrada con que hasta aquí se ha envanecido...” Los seis teólogos consultados opinaron unánimes: “...Pesadas las ventajas e inconvenientes del baile en la plaza pública, superan en mucho las primeras a la segundas, porque muchísimo menor mal era que la juventud se divirtiera bajo la vigilancia de las autoridades y los padres de familia, que no se divirtieran donde no fuera posible la vigilancia...”


Y concluía Antón el de los Cantares: “...¿Deben ser excepción los disantos de cuaresma? Las razones de la Villa de Balmaseda fueron las que ha alegado el Alcalde de Guecho, si este no ha acertado a explicarlas como lo hubiera hecho cualquier periodista de Madrid, alguna disculpa merece por la consideración de que ni aun presume de explicaderas como las mías, que es cuanto se puede decir para encarecer su modestia...”

Son hechos y conductas de un tiempo pasado, con prejuicios moralistas fruto de la gran influencia religiosa, tanto laica como eclesiástica, que consideraba al cuerpo y la sexualidad como algo pecaminoso. ¿Quién sabe si algunos añoran aún aquella moral del tamboril?.

jueves, 23 de abril de 2020

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -159-



En la anterior entrada veíamos cómo los llamamientos a reemplazo de los mozos en edad de servir al ejército no siempre eran atendidos por los afectados.

Durante la Semana Santa de 1892 amanecía el Domingo de Resurrección en medio de alegres sonidos de las campanas anunciado la fecha, pero ensombrecida por un tremendo aguacero, cuya fuerza casi mitigaba su tañido. Los sermones de esta Semana Santa fueron predicados en la Iglesia de San Nicolás de Bari de Algorta:”..Eran abonados, según costumbre, por el Ayuntamiento de Getxo por la cantidad de 105 pesetas...” Mientras que dichos servicios en el barrio de Las Arenas eran oficiados por los reverendos Santiago y Pajares de la Compañía de Jesus de Deusto; esos días se celebraron en el barrio: “...Los Sermones de la Pasión y la Soledad, los Divinos Oficios y adoración de la cruz, con misas cantadas, con música a cargo del organista de la capilla de Las Mercedes D.Juan Lazcano a quien acompañaron la voces de los niños Antonio Bartolomé y José Apeceches. Las misas cantadas del jueves y Pascua de Resurrección fueron compuestas por el Sr. Vidaurreta en do mayor. Dentro de la Capilla aparecía un ostentoso Monumento, obra del capellán D. Bonifacio Egusquiza. Se oía por esos días que la Capilla de Las Mercedes hasta esa fecha adscrita a la de San Nicolás de Bari de Algorta, se iba a solicitar por parte de los vecinos que fuera elevada por el Sr. Obispo a la categoría de Parroquia debido a la importacia que había adquirido el barrio y a la distancia en que se encontraba respecto de la de Algorta...” (La noticia fue recogida por El Noticiero Bilbaíno del 21 de abril de 1892).

El domingo 17 de abril de 1892 salía a subasta voluntaria por parte del dueño de la casería denominada “Arrigunaga” dicha heredad. La subasta se realizaba en la Notaría de la calle Lotería de Bilbao de D. Isidro Esquiaga.

El 21 de abril de 1892, en el pleno Municipal, se daba cuenta del: “...Proyecto formulado por acuerdo de esta Corporación por el ingeniero D. Laureano Santa María para la traída de aguas de los montes de la jurisdicción de Berango a esta población de Algorta, pero antes de resolver cosa alguna sea examinado por una Comisión Especial...”


Hasta el 28 de abril de 1892 la estación telegráfica de Algorta había sido de propiedad Municipal. En esa fecha el Ayuntamiento se daba por enterado de: “...Una comunicación del Director General de Comunicaciones manifestando que se dispone de lo necesario para que el Estado se incaute de la Estación Telegráfica municipal de esta localidad...” Cómo consecuencia de aquella orden el telegrafista y el ordenanza que hasta la fecha habían venido prestando su servicio en la Estación de Algorta recibían la notificación de que: “...El día que tome posesión de la misma el individuo designado por el Estado quedarán cesados de los cargos que vienen ejerciendo. Y se comunica también al encargado del mantenimiento de la línea D. Valentín Abascal que el día 1 de mayo quedará sin efecto el convenio firmado con dicho señor...”

En esas fechas, en Las Arenas, volvían a ser demandado por los vendedores de frutas la colocación de tinglados para su venta. Tres eran las personas que demandaban la colocación: D. Juan Callizo, D. Regino Rodríguez y Dña. Romana Zugazagoitia, quienes solicitaron permiso para colocarlas y vender frutas en el barrio arenero. El Ayuntamiento de Getxo accedió con las siguientes condiciones: “...Que el lugar señalado fuera el indicado por el 2ª Teniente de Alcalde residente en Las Arenas. Que las casetas fueran de madera, bien construidas y decentes para que no desdijeran del ornato público, ocupando cada una a lo más dos metros de anchura, dos de largo y otros dos de alto. Y que cada interesado abonara la cantidad de 50 céntimos de pesetas diarios por esta concesión, que debía de ser retirada en cuanto fuera solicitado por el Consistorio...”

En el mismo pleno se daba cuenta de: “...Los títulos administrativos concedidos el 17 de febrero último por el Director General de Instrucción Pública a favor de los maestros de Santa María de Guecho y Algorta D. Valentín Cuartango y Dña. Josefa L. de Aspegorta, reconociendo a favor de ellos el sueldo de 1.100 pesetas anuales...”

En aquellos días el Gobierno de Cánovas tenía entre manos la Ley de Presupuestos. Dentro de ella aparecía un tema recurrente que incluso hoy nos preocupa, se trataba de la edad de jubilación. La prensa local “El Noticiero Bilbaíno” recogía el debate en sus paginas: “...En este desdichado país no hay que pensar jamás en que prevalezca o se abra paso nada que sea útil, sensato o provechoso, en cambio es cosa corriente que tomen cuerpo, triunfen y se consoliden hasta los mas descabellados abortos de cualquier Perico de los Palotes...” Y comentaban que no era extraño, que según decían algunos plumillas, que dentro de aquella Ley se fuera a recoger: “...Que ningún empleado podrá jubilarse por enfermo hasta que haya cumplido los 65 años...” Por lo que el diario afirmaba: “...Es posible que así se piense y así se legisle?, ¿No merecerán ser exceptuados, ironizaban, aquellos que, contando los años de servicio que marcan las leyes, aunque no tengan los años de edad, justifique que está ciego, loco, manco, sin piernas o sin cabeza?. No se nos oculta que al amparo de los preceptos de una Ley humanitaria y justa, que señale un pedazo de pan a los que tras dilatados años de servicios se vean obligados por sus achaques o inutilidad verdadera a jubilarse sin aquella edad, entonces se habrá dado un gran paso en el camino de la justicia...”


Llegaba mayo y con el la fiesta por antonomasia de los trabajadores, el día primero de ese mes. Los derechos de lo trabajadores se habían limitado y el Gobernador Civil lanzaba su proclama en la prensa local, “El Noticiero Bilbaíno recogía el día 1 de mayo en su portada: “...Las circunstancias aconsejan hoy ejercer el derecho de reunión pacífica en lugar cerrado, ya sea en teatro, circo o jardín privado, separado materialmente del transito público, o en despoblado lejos de las ciudades; y prohibir en todas partes los séquitos, procesiones cívicas o reuniones en plazas, calles o paseos, ya sea con insignias o banderas, ya sin ellas. El orden público estaba blindado por fuerzas militares, el Regimiento de Garellano, el Regimiento de África (acuartelado en Portugalete) y la Guardia Civil, por fuerzas de Orden Público cómo los Forales y la Guardia Municipal; las fuerzas de la Guardia Civil acuarteladas en Las Arenas decidieron que no era necesaria su presencia en Bilbao ya que había suficiente fuerza en la Villa para prevenir altercados. Los mitines se celebraron a puerta cerrada en Gallarta y Vista Alegre, interviniendo en ellos Perezagua, Varela, Aldaco, San Emeterio y Solano…”

Mientras los actos religiosos se celebraban sin ningún impedimento, el día 5 de mayo, la Cofradía de San José establecida en el barrio de Algorta, en la Iglesia de San Nicolás de Bari, invitaba al Consistorio a una función solemne que se iba a celebrar el domingo día 8 en dicha parroquia en honor al santo.

Aquel mismo día se daba cuenta en el pleno municipal de un oficio del Jefe de Comunicaciones de Telégrafos de Bilbao en el que se indicaba: “...Que el día cuatro de ese mismo mes se iba a presentar en la estación telegráfica de Algorta el auxiliar D. Julián Martínez Hinojosa nombrado para hacerse cargo de la Estación Telegráfica de Algorta...” De mientras, D. Emilio María Saliquet, que había estado prestando sus servicios en dicha estación telegráfica desde su establecimiento, volvía a su antiguo puesto en las oficinas de la Secretaría Municipal, con un sueldo de 950 pesetas anuales.

El correo peatón, cuya función seguía siendo la de recoger y llevar la valija a los vecinos, portándola a pie hasta Bilbao, requería de una mejora salarial, por lo que el autor de aquel servicio, que era D. José Centeno, solicitaba se le aumentara su soldada a setenta pesetas anuales, cosa que el Ayuntamiento acepto de buen grado.

En la próxima entrada de esta serie veremos cómo se hacía necesaria la figura del Contador Municipal.

lunes, 20 de abril de 2020

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -158-



En la anterior entrada veíamos cómo algunas personas, en general de cierta edad, enfermas, y de avanzada edad, recurrían a las ayudas municipales para poder atender sus mínimos vitales.

El 24 de marzo de 1892 el Alcalde de Getxo informaba al pleno de haber cobrado: “...La cantidad de 5.713,79 pesetas en la sucursal del Banco de España de Bilbao, por los intereses de las suscripciones que posee este Municipio, del trimestre vencido, correspondiente al día 1 de enero último, suma que se ha ingresado en la Depositaría de este Municipio...”

Los llamamientos a reemplazo de los mozos en edad de servir al ejército no siempre eran atendidos por los afectados, en muchos casos por haberse ausentado a otros lares en busca de mejor vida. Ese fue el caso de algún vecino de Getxo: “...Que los mozos Eulogio Victoriano Fano Uriaguereca, Juan Cruz Cortina Torre, José María Mota Encera, Rafael Martín Madariaga Urresti y Román Uria Uria, no concurrieron ante el Ayuntamiento al acto de la clasificación y declaración de soldados, a pesar de haber sido llamados por medio de edictos publicados en esta localidad y en el Boletín Oficial de la Provincia. Resultando que se encuentran, sin duda de proporcionarse su modo de vivir, el 1º y 2º desde hace cinco años en la República de Chile; el 3º y 4º hace tres años en la de Argentina y el 5º desde hace tres en la de Chile. No habiendo hecho previamente el depósito de las 2.000 pesetas en metálico que previene el artículo 33 de la Ley de Quintas de julio de 1885, ni hallarse comprendidos en ninguna de las reglas que el artículo 88 establece para dejar de concurrir: El Ayuntamiento acordó declarar y declara prófugos a los citados cinco mozos, condenándoles al pago de todos los gastos que ocasione su busca, captura y conducción ante la autoridad competente...”

A finales de marzo de 1892, la Comisión de Policía Urbana de Getxo presentaba un informe: “...Solicitando el deslinde de un terreno por D. Juan Arrieta. Dicha delimitación, que era por la parte de la vía pública, trataba de cerrar su propiedad de “Bescoeche” en el barrio de Sarri...” El Ayuntamiento accedió a su solicitud de: “...Deslinde de la vía que se dirige desde Sarri a la fuente de su nombre con el fin de cerrar con pared su propiedad de parte de la casa de “Bescoeche”, que la Comisión de Fomento y Policía Urbana marcó previamente con estacas, debiendo dejar las vía pública existente en el estado que hoy tiene para el tránsito peatil y paso de carros...”


En esas fechas las obras del ferrocarril de Las Arenas a Plencia eran causa de repetidas quejas por parte de los vecinos, ya que como consecuencia de las mismas, se iban acumulando materiales de desecho procedentes de la obra en el punto donde los vecinos tenían costumbre de acudir por agua y para lavar sus ropas: “...En vista de diferentes quejas justas de los vecinos, habiendo examinado la Comisión de Policía Urbana la fuente y lavadero del punto de Hormaza, hemos visto con sorpresa que las mismas quedan ya inutilizadas como consecuencia de las obras del Ferrocarril de Las Arenas a Plencia, por la gran cantidad de tierras que van cubriéndolo, por lo que acordamos manifestar a la Compañía del Ferrocarril que con la mayor brevedad deberá de dejar en buen estado y sin obstrucciones la fuente y lavadero...” Por cierto que en esa misma Compañía, en algunas de sus estaciones, la empresa bilbaína de relojería “L. Anduiza”, de la calle Correo de Bilbao, había instalado el modelo de reloj que podemos ver bajo estas líneas.

La calle San Martín de Algorta, anteriormente cubierta de losas y con aceras, iba a ver cambiar su fisonomía por las necesidades de un herrero de la localidad. Era un 7 de abril de 1892 cuando el Ayuntamiento de Getxo autorizaba a D. Felipe Landaida a realizar cambios en dicha calle de Algorta. El herrero antes citado que era natural de Berango y llevaba en el barrio desde hacía dos años y medio, solicitaba permiso al Ayuntamiento que para:”...Poder acceder a su herrería atravesando con carros el camino peatil en el punto de San Martín...” El Ayuntamiento accedió a esta petición con las siguientes condiciones: “...Que el solicitante debía levantar por su cuenta en la anchura y dirección que proceda las losas o acera de ambos lados de la calle y entregarlas al Ayuntamiento en buen estado. A continuación deberá, a su costa, adoquinar con piedras lisas y fuertes la parte de donde se quiten las losas, además deberá hacerse cargo de la conservación de dicho adoquinado en todo tiempo…”

En el pleno del 7 de abril, otra vecina de Algorta, Dña. Carolina Mandaluniz, solicitaba permiso para: “...Abrir habitaciones en su tejavana de la casa quemada llamada “Dominguena” de la calle San Nicolás...” Que se hallaba a la parte del Noroeste de la calle San Nicolás de Algorta.

Por esos días la Compañía del ferrocarril de Las Arenas a Plencia iba a realizar las obras de acondicionamiento de la cama de las vías del citado ferrocarril, y cómo quiera que ya se veía la posibilidad de que las mismas, por la duración y complejidad de las obras, causaran perjuicios en la tubería de conducción de agua potable al barrio de Algorta, acordaban: “...Que habiendo visto que cerca de la casa “Villamonte” y sobre las cañerías de aguas de este Municipio se ocasionaran en una época más o menos larga perjuicios de mucha consideración, acordamos que antes de que se inicie ninguna obra por la referida Compañía quede asegurada dicha cañería para que en todo tiempo pueda hacer el Municipio todas las reparaciones que procedan en la misma...”


El punto de distribución de la pesca para nuestro Municipio y los vecinos era habitualmente el Puerto de Algorta (Puerto Viejo). En él, la pesca no siempre presentaba las debidas condiciones higiénico sanitarias, por lo que el pleno Municipal del 7 de abril de 1892 decidía: “...Que habiendo observado que la pesca que se presenta en el Puerto y se pesa en esta localidad para su venta en la misma y da a otros puntos o poblaciones no suele reunir siempre las debidas condiciones, acordamos se avise al veterinario municipal para que toda la pesca que se presente en esta localidad, sea para su consumo en ella o para exportar a otros pueblos como viene siendo habitual, la reconozca y la que no reúna las debidas condiciones para el consumo, la inutilice o prohíba su descarga...”

El acceso a Las Arenas y Lejona, atravesando el Gobela en el lugar que hoy une Las Arenas con Romo, se iba haciendo cada vez más necesario para unas poblaciones cada vez con mayor crecimiento demográfico, por lo que el 7 de abril de 1892 ambos Ayuntamientos acordaron enviar un escrito a la Compañía de Ferrocarril para que: “...Participe en la construcción de un puente sobre el cauce del Gobela en el punto de Las Arenas, el cual deberá de tener seis metros de ancho. El importe de las obras recaerá en un 40% en la Compañía del Ferrocarril de Las Arenas a Plencia...” Así mismo acordaban que en caso de ser aceptada su propuesta: “...Su Ingeniero Director formará el plano, las condiciones económicas y el presupuesto para la ejecución de las obras sin exigir derecho alguno a los dos Ayuntamientos solicitantes...” El 13 de abril de ese mismo mes la Compañía del Ferrocarril rechazaba la propuesta.

Como ya venía siendo habitual, el Ayuntamiento de Getxo decidió, con motivo de la Semana Santa, pagar de los fondos Municipales los tres sermones: “...Que han de ser predicados el jueves y viernes de dicha semana en la parroquia de San Nicolás de esta Anteiglesia...”

En la próxima entrada de esta serie veremos cómo el ingeniero D. Laureano Santa María había preparado un proyecto para la traída de aguas de los montes de Berango.