miércoles, 24 de enero de 2024

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -363-

 

En la anterior entrada de esta serie sobre el último cuarto del Siglo XIX, veíamos como la prensa madrileña, se refería a nuestra Anteiglesia refiriéndose lo avanzado de las obras del Puerto de Bilbao.

Continuaba el pleno municipal de Getxo del 24 de diciembre de 1896, en él, entre otras cosas, se trataba sobre la lista de electores para nombrar Compromisarios para la elección de Senadores: “...Se da cuenta por integra lectura de las listas dispuestas de los electores para la elección de Senadores conforme a lo que prescribe la Ley del 8 de febrero de 1877. Acuerda este Ayuntamiento aprobar las listas en todas sus partes, disponiendo que según previene el artículo 25 de la misma Ley para efectos de del 26, se expongan al público en los sitios de costumbre, desde el día 1 de enero hasta el 20 del mismo mes...”

A continuación le tocaba el turno a los asuntos del Hospital Hospicio de Algorta, que estaba próximo a su inauguración: “...En seguida, teniendo presente la cercana inauguración del Hospital Hospicio, construido en esta localidad por cuenta del Municipio, acodamos que desde el día 1 de enero próximo queden suprimidos completamente los socorros domiciliarios que se vienen pagando a domicilio a los pobres con fondos municipales, a excepción de los de lactancia e imprevistos que pudieran ocurrir...” Precisamente, para aquel Hospital Hospicio, uno de los suministros para las camas, había sido realizado por un vecino de la Anteiglesia: “...Se abonen a D. Mateo Ajuria 304 pesetas por el suministro de 76 mantas para el Hospital Hospicio...” Una de las ayudas más frecuentes, aparte de la de lactancia, para los vecinos en situación de pobreza extrema, era la ayuda mediante medicamentos y la asistencia médica, las cuales en esas fechas eran facilitadas por: “...El farmacéutico titular D. Miguel García Salazar y la asistencia médica por el titular D. Ezequiel Anitua...”

Y como era tradición en aquellos tiempos con la llegada de la Navidad, (La palabra Navidad, que tiene varios orígenes, en latín nativitas, ‘nacimiento”, en francés Nöel, en italiano Natale, en portugués Natal, en inglés la festividad recibe el nombre de Christmas y en alemán se denomina Weihnachten “noche sagrada”), el Ayuntamiento de Getxo acordaba: “...Que en los días 25 del corriente mes, y los días 1 y 6 de enero próximos concurra en Corporación el Ayuntamiento a la misa mayor que en esos días se celebra en la iglesia de San Nicolás de Bari de Algorta...”

Algunos cambios venían aconteciendo en la costumbres navideñas, o así lo veía alguna prensa bilbaína, que añoraba viejas tradiciones de la tradición cristiana: “...Extinguida la fe, pérdidas las creencias, la Nochebuena ha dejado de ser la fiesta íntima de las familias que rezaban cantando, para quedarse solo en saturnal de la glotonería que come, bebe, y se emborracha mientras canta. Antes ocupaba el Nacimiento el primer lugar, que hoy pertenece únicamente al pavo. La Nochebuena no es ahora sino un banquete, un colosal banquete, en el que tras sentarse, el el cuerpo se siente con pesadeces de avestruz. En esto ha venido a quedar la Navidad, fiesta que ya solo conserva la glotonería con que se llena y ensucia los estómagos. Antes la Nochebuena era calor, vida y alegría en todos los hogares...” (El Nervión del 28 de diciembre de 1896).

Otras costumbres más bárbaras, en las que al reo se dejaba, tras su ejecución, encapuchado y en el cadalso a la vista del vecindario como escarnio, no eran bien vista por las gentes. A pesar del cruel parricidio, al que la prensa llamó “El de la mujer desaparecida”, que había sido cometido en 1894, por el que se acusaba al marido de haberla tirado al río, y que tras el juicio el reo había sido condenado a la última pena; no parece que entre nuestros convecinos, e incluso entre la prensa, al menos por como definían la figura del verdugo, este personaje estuviera bien visto. Contaba la prensa a cerca del sujeto y de los problemas para alojarlo en una fonda de Las Arenas: “...Por el tren del Norte que tiene su llegada a esta Villa, llegó ayer procedente de Burgos el verdugo Mayoral, encargado de ejecutar al desgraciado reo Baldoméro, autor del famoso crimen de “La mujer desaparecida”. El verdugo es bajo de estatura, regordete y lleva larga barba, es de figura repulsiva y antipática. Iba acompañado por una pareja de la Benemérita y de los alguaciles del Juzgado. Esta mañana, el ejecutor de la justicia, fue llevado a una fonda de Las Arenas. Parece ser que la dueña de la casa en cuanto se entero de la clase de huésped que tenía, le rogó que tuviera la bondad de marcharse. En vista de este contratiempo, la pareja, lo llevó a otras casas del mismo barrio donde también le negaron el alojamiento, recorrió algunas calles de la población, y después paso de Las Arenas a Porlugalele, siempre acompañado por la pareja de la Guardia Civil. En cuantos establecimientos entraron a comer, en todos les fue negado lo que pedían. Finalmente lo alojaron en una casa de la calle Zabalbide de Bilbao...” El reo, según contaba la prensa: “...Se encuentra muy abatido, para confortarlo dos sacerdotes lo acompañaron a la capilla; posteriormente pidió un te, luego solicitó un puro, y ya más tranquilo, un poco más tarde volvió a pedir le sirvieran una copa de jerez, unos bizcochos y un pitillo. A medida que el tiempo corría y no llegando el indulto que diversas personalidades habían solicitado, el recluso se fue excitando...” 

Los últimos momentos de Baldomero, y la historia que contaba el periodista, parecían sacados de la película de Berlanga: “...A las nueve de la noche comenzaron a oírse los martillazos que al clavar los clavos resonaban en todas las dependencias de la cárcel, causando pavor entro los reclusos. Era el verdugo que preparaba el cadalso. Desde dicho momento fue imposible que el reo conciliara el sueño. Pasado un tiempo, el verdugo le vistió con ropa negra y gorro del mismo color, se dirigió al reo y le dijo: “Me perdonas lo que voy a hacer en nombre de la Ley”; el reo le perdonó. Posteriormente el verdugo se dirigió al cadalso y comprobó que la argolla fatal funcionara bien. El ejecutor, tipo despreciado por toda la humanidad, vestía chaqueta de pelo, gorra de la misma clase y pantalón ceniciento. A las ocho en punto salió la comitiva de la capilla y se dirigió al patio de la cárcel, donde se había instalado el cadalso. El primero en subir al entarimado fue el verdugo que se colocó tras la argolla. Baldomero se dirigió al público asistente pidiendo perdón por algunas faltas cometidas. Le ataron manos, pies y cintura, tras taparle el rostro con un pañuelo blanco, el verdugo cumplió su misión. En aquellos momentos las campanas de Begoña tocaban a muerto...” Incluso hubo quien se lucro por aquella ejecución: “...Durante el día han sido numerosas las personas que han acudido a las inmediaciones de la cárcel, para presenciar la ejecución, ha habido un sujeto que a explotado este lamentable espectáculo, colocando frente al patíbulo un banco de elevada altura, y todo el que quería ver con anteojos el cadáver tenía que pagar cinco céntimos...” Aquella ejecución tuvo lugar en una cárcel cercana a Zabalbide, hacía 53 año que en Bilbao no se había realizado ninguna ejecución. El cadáver fue conducido, una vez realizada la ejecución al cementerio de Begoña. (El Nervión y El Noticiero Bilbaíno del 29 y 30 de diciembre de 1896). En 1995, después de una larga campaña de Amnistía Internacional y de la Comunidad de San Egidio, y de las acciones de diferentes organizaciones sociales e iniciativas individuales, con el acuerdo final de todos los partidos políticos, se abolió finalmente la pena de muerte, también, de la legislación militar.

En la próxima entrada de esta serie veremos como, en el pleno municipal, se daba lectura a la valoración a las obras ejecutadas del Hospital Hospicio de Algorta.

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