En la anterior entrada de esta serie sobre el último cuarto del Siglo XIX veíamos como, el verano animaba a acudir a nuestras playas a famosos personajes, entre ellos el diseñador del Puente Bizkaia, D. Alberto de Palacio Elissague.
Un comentario en la prensa, sobre uno de los instrumentos más utilizados en el Siglo XIX y siguiente, venía a poner en solfa la intrusión de nuevos elementos musicales en las romerías locales: “...El tamboril está en el esplendor de su reinado anual. El lunes en Amorebieta y Basurto. El martes en Bolueta y Lamiaco. Hoy en la Avanzada de Algorta. No se podrá quejar la gente joven y de buen humor, de falta de sitios donde dar expansión al ánimo y movimiento a las piernas. Las clásicas limonadas de Amorevieta el lunes; la espuelita el martes en Lamiaco, y hoy, para remachar el clavo, la Avanzada de Algorta.
Por eso el tamboril impera, si bien vienen a combatir su reinado las bandas de música que tocan schotís y habaneras más o menos cadenciosas, con harto detrimento de aquellas clásicas romerías donde, a lo sumo, algunos rasca tripas (vulgo/violines), venidos desde el interíor de Galicia, aprovechando los momentos entre aurresku y aurresku para dar contento a los incansables pies de inútiles y neskas y sacar algunos ochotes.
Todo cambia en estos tiempos y la clásica chozna ha sido sustituida por la elegante instalación, donde al vino helado o chacolí, sustituye la cerveza y el sorbete helado más o menos de limón o fresa. Hoy se verá esto último en la Avanzada de Algorta y allí se irá en tranvía eléctrico paseando la gente con la misma parsimonia que si lo hiciera en el paseo del Arenal y volverá a, Bilbao, diciendo que ha estado en la romería. Firmaba el artículo un tal, Juan de Amorebieta...” (El Nervión del 31 de julio de 1898). El Chacolí (Txakolin) o uno de sus derivados «El Cognac de chacolí), fue una creación de la casa bilbaína Barbier e Hijos, de Bilbao, creada en Bilbao a finales del siglo XIX (hacia 1890), por destiladores locales que buscaron competir con los licores franceses aprovechando nuestra materia prima local.
Nuestro Pueblo, nuestro barrio, Algorta, servía, entre otras localidades bizkainas, como base para el cuidado de las niñas pobres, que se encontraban en estado sanitario precario en las Escuelas de Bilbao. Lo cual ayudo a que las mismas recrearan una canción que hablaba sobre la placidez de su estancia y del entorno: “...Esta tierna canción eúskara con música llena de melancolía, del país vasco septentrional, cantaban los niños de la colonia escolar de Guecho el día de San Ignacio, cuando tuvimos el placer de visitarlos, su titulo: Nere Echea.
Ikusten dezu goizean
Argía
assten danean,
mendi pustacho batean
Eche
zuricho chiqui polit bat
Lan aritz andizen artean
Iturricho bat aurrean
Chakur chiqui bat atean
Anche bizi naiz pakean
(Mi
casa.- Cuando al alborear el
día, veo en la puntita de un
monte
una casita pequeña, bonita y blanca,
rodeada de cuatro robles que crecen,
una fuentecita en frente
y
en la puerta un pequeño perro,
allí vivo en paz).
Nada más adecuado que este canto, en el se retrataba, con toda felicidad, el lugar que temporalmente ocupaban, se trataba de la Escuela del Patronato de Niñas Pobres, de San Martín, en Algorta.
La escuela de Patronato de Guecho está llena de poesía, situada en un alto, sus paredes son blancas, sus dimensiones reducidas, con árboles que crecen y la rodean; solamente le falta para completarla de verdad, por la canción, la fuente y el perro.
En este retiro viven en paz, contemplando la belleza de un delicioso panorama, gozando de un ambiente de higiénica pureza, fortificando su debilitado organismo y curándose de las dolencias que engendra la miseria fisiológica y material, quince niñas de las escuelas municipales de Bilbao, hábilmente dirigidas por la distinguida profesora Dña. Juliana de Aguirrezabala, a quien Dios ha dotado del raro y envidiable privilegió de saberse identificar con el corazón, de los niños, de conocer sus inclinaciones e instintos y de transmitir, con facilidad los conocimientos necesarios a su espíritu y las obligaciones que tienen con Dios y la sociedad.
Comparte y ayuda en su caritativa labor, doña Ángeles Mardones, que estudiando algún tiempo bajó; la dirección de tan apreciable maestra, ha aprendido de ella mucho bueno y la secunda admirablemente en la formación de la Colonia Escolar.
Por la mañana en la playa, por la tarde en los higiénicos paseos, en todo tiempo en las obligaciones que las mismas tienen, en las ocupaciones inherentes a la familia y a la casa, no pierden ocasión estas profesoras para que a la par que el organismo de las niñas adquiere vigor, se corrijan sus costumbres descuidadas y aprendan lo necesario en los detalles domésticos de aseo, orden y compostura.
La instrucción es sencilla y práctica; cada niña anota sus impresiones de paseo y al día siguiente las confirman o rectifican oyendo las explicaciones da las maestras. Estas lecciones son muy breves pues el fin principal de las colonias escolares es higiénico y no conviene para llegar a él, sobrecargando de ideas el cerebro de las niñas.
Así lo ha comprendido la directora de esta colonia y por este motivo en el reparto del tiempo se ha fijado con mucha predilección que las niñas gocen del mayor tiempo posible de las distracciones de la playa, en donde a la vez que los baños de sol y de mar, destruyen los estragos del perpetuo hacinamiento en que las niñas han vivido, el ejercicio muscular de trepar por las peñas, para coger mariscos, y la respiración de una atmósfera pura, desarrollan sus encanijados miembros y dan vigor a los pulmones.
A esto ayuda poderosamente, la alimentación a que se hallan sometidas; por casualidad presenciamos la cena que tomaron el domingo, que consistió en una ensalada abundante de patatas, merluza en salsa y postres de frutas con vino. Con estos factores, hábilmente dirigidos, es seguro que los frutos que se obtendrán de estas colonias han de ser del todo satisfactorios.
Ha aquí una institución caritativa popular que merece perpetuarse y darle mayor extensión, cual sucede en Alemania y Suiza, en donde merced a la iniciativa particular de aquellos hombres prácticos que saben hacer la verdadera caridad, saliéndose de los moldes rutinarios, las colonias escolares han adquirido vida propia, poseen casas de su propiedad y todo el mobiliario necesario.
No desconfiamos que en Bilbao suceda lo mismo; la institución es tierna y simpática por que por ella los favorecidos son los niños...” (El Nervión del 2 de agosto de 1898).
En la próxima entrada de esta serie veremos como, el Circulo Algorteño, aprovechando las fiestas de San Ignacio, ofrecía al barrio un surtido de obras teatrales.


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