En la anterior entrada de esta serie sobre el último cuarto del Siglo XIX veíamos como, la vida en Las Arenas, transcurría placida para las gentes acomodadas, tanto de Bilbao como de Madrid y otros lares, nada se sabía o contaba la prensa de nuestros vecinos.
Y mientras se acercaban las fiestas de Algorta (San Ignacio), la guerra de ultramar seguía perturbando en las mentes inquietas de nuestros vecinos, contaban en la prensa bilbaína: “...¿Los yanquis en el Abra?.- En Portugalete, en Las Arenas y hasta en Bilbao, circuló el rumor entre los alarmistas, de que entre Cabo Machichaco y Punta Galea, se veía un buque de guerra americano. La noticia, claro, resultó inexacta, pues el buque visto no era otro que el mercante inglés «Empress». Aclarada la nacionalidad del buque, renació la tranquilidad entre la gente...” Y como el tiempo del verano animaba a acudir a nuestras playas a famosos personajes, nadie más ilustre que el padre de uno de los elementos emblemáticos de Las Arenas y Portugalete, acudía a nuestro pueblo: “...Hemos tenido el gusto de saludar al reputado arquitecto, autor del «Puente-Vizcaya», D. M. Alberto de Palacio, que con su distinguida familia ha venido a pasar la temporada veraniega en su chalet de Las Arenas...” (La Voz de Vizcaya del 30 de julio de 1898).
Los transportes públicos aumentaban sus frecuencias con motivo de las fiestas: “...La Compañía del ferrocarril de Las Arenas a Plencia pone en conocimiento del público que, con motivo de las romerías de San Ignacio en Algorta, los días 31 de julio y 14 de agosto, establecerá trenes especiales entre Las Arenas y Algorta, en combinación con los de Bilbao a Las Arenas, desde las dos de la tarde hasta las nueve de la noche salida de Las Arenas...” (El Noticiero Bilbaíno del 30 de julio de 1898).
Uno de los prohombres, que dio nombre a la Vega de Santa Eugenia, mantuvo una discusión en la prensa a cerca de la propiedad de unos vagones de tierra: “...Muy Señor mío: He leído en su numero de ayer que la Guardia Civil de Las Arenas ha dado parte de haberse detenido dos wagones de tierra; y como no dice la causa, bueno será que se sopa. Yo había comprado dichas tierras a D. Bas Otero, del desmonte que está haciendo en San Agustín; y con objeto de poner en conocimiento del Jefe de Estación fui a Las Arenas a primera hora de la mañana y mandé detener bajo mi responsabilidad dichos dos wagones de tierra, dando parte de lo que ocurría a la Guardia Civil, por no hacerme caso la compañía. El señor Aramburu, director de dicho ferrocarril, desobedeciendo la orden de la justicia mandó descargar y entrar en la propiedad del señor Chavarri sin razón ninguna, pues las mercancías no podían ser más que para el que las había comprado y llevado anteriormente la cantidad de 230 wagones. Además, no me creo tan mal cliente para la Compañía de Las Arenas y Plencia, pues en los últimos 29 meses he pagado facturas por valor de 19.860 pesetas, o sea 735 pesetas mensuales. ¿Así paga el diablo a quien bien lo sirve?. Formaba el comunicado de prensa: D. Matías Romo...” (El Noticiero Bilbaíno del 30 de julio de 1898).
Las reclamaciones de las Diputaciones Vascas, en alguna ocasión fueron atendidas por el Gobierno Central. Un diario tan poco sospechoso de veleidades, republicanas o nacionalistas, ya que la rotativa era de ideología conservadora, publicaba en su primera plana un artículo de opinión, titulado «La razón se Impone»: “...Cuantas veces las Diputaciones Vascongadas han acudido en queja al Gobierno, por la injeréncia de este en asuntos que consideraba de su competencia, han obtenido la inmediata y satisfactoria reparación, y no puede resultar otra cosa, dado el celo con que las Corporaciones Provinciales de nuestra región atienden a todos sus compromisos.
El Estado no puede estar quejoso de las Provincias Vascongadas; estas defienden en todos los momentos los derechos concedidos por aquél en el concierto económico.
Juzgábase poco menos que imposible que las representaciones de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya, que se encuentran en Madrid, consiguieran del Gobierno que este transigiera con lo que se le proponían: Que las Vascongadas queden excluidas del tributo transitorio de Guerra, alegándose que no podía modificarse la Ley de presupuestos, sin la venia de las Cortes.
El Gobierno ha reconocido al fin que los Impuestos Concertados con las Diputaciones de Alava, Guipuzcoa y Vizcaya, son inalterables...” (El Nervión del 30 de julio de 1898).
De aquellas reclamaciones, participó un tal D. Dionisio de Zubiaga, de Algorta, quien en un artículo de prensa decía: “...Todo ser viviente que forme parte de una agrupación, denomínese esta: Imperio, reino, república, confederación, es decir, un Estado, esta obligado a satisfacer una cuota prudente, proporcional y adecuada a sus recursos para que el estado subsista y el tributario no decaiga, ambos, el Estado y el contribuyente, se deben, pues, un mutuo apoyo.
El Gobierno de un Estado, pues, debe, si ha de vivir y ha de tener vigor, procurar que la menor tributación posible que se imponga al tributario sea del mayor rendimiento posible para los intereses del Estado. En primer lugar economizando gastos. Si el contribuyente no respondiese con una cuota justa y equitativa para el suministro de aquella, entonces tendría el Gobierno el derecho de investigar e inquirir la ocultación de la riqueza del tributario.
Si
España alguna vez puede conseguir que todas las provincias que
la
componen acudan con su contingente, limpio, Integro y con
puntualidad a ingresar en el Tesoro Nacional, como con curren
Vizcaya, Guipuzcoa y Alava, se hallará la Nación libre de ese
enjambre de investigadores, recaudares, apremios y gabelas que
consumen las fuerzas del trabajador pobre.
Para llegar a tal desiderátum debe lo Gobierno, obrando de buena fe retirar de sus presupuestos de gastos los innecesarios y presentar aquellos por los correspondientes ministerios al de Hacienda, bien depurados de todo lo superfluo, y este señalará a cada provincia su contingente adecuado a los sacrificios que el Gobierno le impone. Y entonces se verá, además de la fácil recaudación, que las tres Provincias Vascongadas son las que con mayor cantidad contribuyen a las cargas del Estado...” (El Nervión del 31 de julio de 1898).
La prensa bilbaína escribía sobre la celebración del día de San Ignacio: “...El día de ayer.- Aunque por la mañana se presentó el horizonte un tanto oscuro, despejó luego el cielo y lució el sol alegremente, animando al vecindario a participar de las mil distracciones, espectáculos y romerías con que nos brindó el día de San Ignacio.
Pero sin exageración de ningún género en Algorta fue, donde se celebró con más gentío la famosa y popular romería del 31 de Julio. La amplia campa de Guecho era a las seis de la tarde un verdadero hormiguero de seres humanos. Hubo música, tamboril, pianos de manubrio y corros de ciegos, y hasta el anochecer miles de parejas de jóvenes de ambos sexos tuvieron a sus piernas en acción.
El regreso a Bilbao fue tan animado como difícil. Los trenes y tranvía eran tomados por asalto y los asientos se los disputaban poco menos que a bofetadas los millares de romeros. La aglomeración de gente a la venida se hizo mayor con la multitud que acudió a Las Arenas y Portugalete, a solazarse en las playas y respirar la fresca brisa del mar. Aquel día se produjo un descarrilamiento en la Estación de Las Arenas: Todo se redujo a que uno de los coches del tren que salió de Bilbao a las siete de la tarde descarriló, y a en agujas, en la estación de Las Arenas, siendo encarrilado al poco tiempo, sin que hubiera que la mentar la menor desgracia en ningún viajero...” (La Voz de Vizcaya del 1 de agosto de 1898).
En la próxima entrada de esta serie veremos como, las niñas de la Colonia Escolar de Bilbao disfrutaban plácidamente de los días del verano en el mes de agosto en Algorta.



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