jueves, 25 de junio de 2026

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -486

 

En la anterior entrada de esta serie sobre el último cuarto del Siglo XIX veíamos como, una escuela de Algorta, servía, entre otras localidades bizkainas, como base para el cuidado de las niñas pobres, que se encontraban en estado sanitario precario en las Escuelas de Bilbao.

Finalizaba el mes de julio de 1898, y con el llegaban las fiestas de Algorta y Santa María de Guecho. Una asociación del barrio de Algorta se encargaba de animar el barrio. Una carta en la prensa, bajo el título, «Carta de Algorta», así lo anunciaba: “...Hemos entrado ya en el periodo de fiestas. El sábado último tuvo lugar en el Circulo Algorteño una hermosa velada. Varios jóvenes bilbaínos, unidos a otros de esta localidad, pusieron en escena tres bonitas obras tituladas «La Calentura» (continuación de «El Puñal del godo»), «Noche toledana» y «Los dos sordos». Tomaron parte en el desempeño de dichas obras las señoritas Mercedes Bilbao y María Balana, y los jóvenes Rochelt (J. J.) Garigoitia, Inchaurtieta(G. y R.) e Ibargurengoitia (J.), que lo hicieron como consumados artistas. El salón, en el que se veían muchas y forasteras junto a otras algorteña, ofrecía un hermoso golpe de vista.

Ayer, con motivo de la festividad de San Ignacio de Loyola, patrón de Vizcaya, estuvimos todo el día de continua fiesta. Por la mañana la banda de música recorrió la población ejecutando alegres pasa-calles. A las diez se celebró en la elegante y artística Iglesia de San Ignacio, que se hallaba profusamente iluminada y adornada con sumo gusto, una solemne función religiosa.

Un nutrido coro de buenas voces, dirigido por el afamado pianista D. Román Ibisate, cantó muy bien la misa original de dicho autor, y varios motetes.
Ocupó la sagrada cátedra el R. P. Lorenzo de la Concepción (Trinitario) quien con facilidad de palabra ensalzó, haciendo un brillante panegírico del fundador de la Compañía de Jesús. A la misma asistió el Ayuntamiento con bandera y música, acompañado de una numerosa concurrencia.

Por la tarde tuvo lugar la renombrada romería, y tanto en la campa contigua a la Iglesia cuanto en el magnifico paseo de la «Avenida Basagoiti», por el que era casi imposible transitar, la concurrencia fue tal, que nunca se había conocido cosa igual. Los amantes de Terpsicore tuvieron donde divertirse, pues no faltaron los ciegos y no ciegos con sus guitarras, bandurrias y acordeones, además de los tamborileros y banda de música. Por la noche, de diez a doce, hubo baile campestre en el mismo lugar, que estuvo muy concurrido.

La autoridad local, representada por el Concejal D. Francisco Goicoechea, no tuvo que hacer uso de su derecho, pues a pesar de la mucha concurrencia no hubo que lamentar la más mínima pendencia.

Las próximas fiestas serán en Las Arenas, como repetición de Santa Ana, y más tarde las de Algorta los días 11, 12 y 13, y las de Santa María de Guecho durante los días 14, 15 y 16 de agosto...” (El Noticiero Bilbaíno del 2 de agosto de 1898).

Un escultor, vecino de Algorta, D. Miguel García Salazar, que había obtenido una medalla de segunda clase en la Exposición de Industrias Artísticas de Barcelona, exponía su obra en un escaparate bilbaíno: “...Llama la atención de los visitantes una estatua a ecuestre titulada «Desierto», obra del joven escultor vizcaíno D. Miguel García Salazar, expuesta en el escaparate de la camisería inglesa, en el Arenal, que representa un camello sobre el que va sentado un Árabe. Notable trabajo, que ha obtenido medalla de segunda clase en la Exposición de Industrias Artísticas de Barcelona, la cual revela inspiración en en su autor, que ha sido pensionado por la Diputación de Vizcaya para que prosiga sus estudios en Roma...” (El Noticiero Bilbaíno del 2 de agosto de 1898).

Algunos accidentes originados en los tranvías, debidos a la gran afluencia de público en días festivos, como uno reciente acontecido en el de Bilbao a Las Arenas, en el punto de Elorrieta eran objeto de la mirada del gobernador Civil: “...Atribúyese al señor Gobernador Civil el propósito de obligar a las empresas de los tranvías y ferrocarriles a que no consientan montar en los carruajes más personas que las que el reglamento señala.

El domingo último en la estación del ferrocarril, desde las seis de la tarde en adelante, los trenes eran materialmente tomados por asalto, hubo imprudentes que se colgaban a los coches y trepaban a las plataformas y hasta invadían las cubiertas de los mismos.

Otro tanto pasaba con los coches del tranvía. Y es que la inmensa multitud que acude a Las Arenas, en días tales como el domingo último, de diversión y de romería, no quiere sacrificar nada de su comodidad, y exponiéndose
a toda clase de peligros y despreciándolos, se empeña en regresar a Bilbao a una misma hora, a la que más apropósito y más cómoda le parece, para cenar tranquilamente antes de ir a oír la música en el Arenal.

Para impedir que esto suceda, no encontramos más que un medio, y es aumentar cuanto sea necesario el contingente de fuerza pública en las estaciones a la hora de la salida de los ferrocarriles y de los tranvías...” (La Voz de Vizcaya del 3 de agosto de 1898).

Como consecuencia del Estado de Guerra proclamado en Bizkaia, en relación a las guerras de Ultramar, la autorización para la celebración de aquellos festejos requerían del permiso de la Autoridad Militar de la provincia. En el pleno municipal de Getxo del 4 de agosto de 1898, se decía: “...Se da cuenta de un oficio del Gobernador Militar de la Provincia autorizando el Programa de Fiestas y Festejos dispuesto por esta corporación municipal, y que han de celebrarse durante el presente verano. Esta autorización militar es a causa de hallarse en Estado de Guerra la nación española, y estar suspendidas sus garantías Constitucionales...” Obviamente, la autorización se había recibido con retraso, las fiestas habían empezado ya a celebrarse (Santa Ana).

En la próxima entrada de esta serie veremos como, un oficio del Director de al Banda Municipal confirma que esta seguiría prestando sus servicios.

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