jueves, 7 de febrero de 2019

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -79-



En la anterior entrada veíamos cómo a finales de 1887 la forma habitual de transportar los materiales de desecho o para obras nuevas, así como las mercancías entre nuestros barrios eran mediante carros de bueyes. Y cómo el socorro de lactancia era una de las actividades de beneficencia que el Ayuntamiento de Getxo cubría para evitar que algunos niños recién nacidos no llegaran a su primer año de edad.

Acabábamos de entrar en 1888 bajo la alcaldía de D. Pedro Amezaga. A pesar de que pueda parecer chocante que a un mozo que emigró a los 14 años a la república de Chile, se supone que para mejorar su calidad de vida, se le reclamara como prófugo por el simple hecho de tener que abandonar su País para mejorar sus condiciones de vida: “...Que se ausentó en 1881 a la República de Chile con todos los documentos, en los que señalaban las disposiciones vigentes en aquella época, entre ellas la de abonar las 2.000 pesetas en caso de no acudir al requerimiento del reemplazo...” Fuera reclamado como prófugo, reclamándole el pago que ocasione su busca y captura, ya que si no se presentó y si no abonó dicha cantidad, fue debido a sus extrema pobreza.

Para empezar bien el año, el Ayuntamiento de Getxo hacía balance de ingresos y gastos del ejercicio 1886-1887 en las que, sobre un presupuesto de 270.223 pesetas, se habían gastado 258.480 pesetas, quedando un remanente para el siguiente ejercicio de 11.743 pesetas.


La educación de nuestros jóvenes fue algo que a lo largo de los años preocupó a nuestros mandatarios, tal es así que ya el 12 de enero de 1888 uno de nuestros primeros ediles, D. Eladio Sustacha, presentaba una moción sobre dicho tema: “...Obligado a corresponder a la confianza que han depositado en mi los electores, no puedo menos que dentro de mis cortos alcances y de la experiencia fruto de muchos años de trabajo, cooperar en beneficio de los intereses generales, entre los que se encuentran las escuelas de esta población...” Planteaba que la escasa dotación de profesorado a una de esas escuelas perjudicaba seriamente al alumnado: “...En la escuela municipal de varones de Algorta tengo entendido que se hallan matriculados 155 alumnos, y está dotada desde hace dos años de un solo maestro, que por entendido y celoso que sea, y cualquiera que sea el sistema de enseñanza que emplee, no puede satisfacer el objeto de las escuelas cual es, el dar conocimientos, desarrollar la inteligencia y hacer que todo esto sirva a la educación moral. El corto profesorado de esta escuela para tan crecido número de alumnos, explica lo atrasados que estos se encuentran, perjudicados por que no reciben la educación que precisan...” Por ello planteaba que: “...Se hace preciso que este Ilustre Ayuntamiento sin perder más tiempo acuerde dotar e esta escuela con un profesor o auxiliar más, para que distribuyendo el trabajo entre ambos, no pase de cuarenta o cincuenta alumnos cómo máximo...” Tratado el asunto en el pleno, dicha moción fue aprobada por unanimidad, acordando: “...Señalar ochocientas setenta y cinco pesetas al año para establecer un maestro auxiliar o pasante...”


Pero no parece que fuera el barrio de Algorta el que presentara carencias educativas, ni que esta fuera gratuita, ya que en aquel mismo pleno se acordaba: “...Nombrar una comisión para arreglar el establecimiento de una escuela de niños y otra de niñas en el barrio de Las Arenas. Ya que muchos niños y niñas no pueden recibir la instrucción necesaria en aquel barrio a causa de no poder satisfacer sus padres, de escasos recursos, las retribuciones que exigen los maestros. Son muchas las familias que dejan de mandar a sus hijos a las escuelas ya que se les hace muy gravoso el abono de dichos emolumentos…” Por ese motivo acordaba la corporación municipal que: “...Desde el 1 de febrero próximo sea gratuita la enseñanza en las escuelas del citado barrio de Las Arenas, así como el suministro de la tinta y plumas, al igual que se hace en el resto de las escuelas de la Anteiglesia...” Para satisfacer los costes de la enseñanza estipulaban: “...Desde dicho día primero de febrero hasta el 30 de junio venidero, se abonarán las siguientes cantidades: A la escuela de niños 250 pesetas y cinco más por tinta y pluma para todos los niños; y a la de niñas 240 pesetas y cinco más por tinta y pluma para todos las niñas. Se ponga este acuerdo en conocimiento de los citados maestros a fin de que indiquen su conformidad...” ¡No queda clara la diferencia de 10 pesetas menos para las niñas a qué pudo ser debido!.

Las necesidades del barrio de Las Arenas no quedaban ahí. También demandaban ayuda sanitaria, hasta el punto que el 14 de enero de 1888 colgaban un anuncio en el “Noticiero Bilbaíno”: “...Se necesita medico cirujano para el populoso e importante barrio de Las Arenas. Se le abonarán por los vecinos 1.500 pesetas anuales, calculando que pueda sacar en la temporada de baños otras 1.500. Las solicitudes pueden enviarse a D. Ángel Lorente...” Días más tarde, el 20 de enero, aparecía en el mismo diario la siguiente noticia: “...De las ocho solicitudes presentadas para la plaza de medico del barrio de Las Arenas, ha sido preferida por la comisión de vecinos del barrio la de D. Severiano Lorente y Azpiazu...”


En esas mismas fechas el cura párroco de Santa María solicitaba al consistorio que nombrara: “...Vocal de la Junta de Fábrica de esta iglesia para el bienio 1888-1889, conforme se halla dispuesto por al autoridad eclesiástica...” El Ayuntamiento decidió nombrar para tal cargo a D. Dámaso Ibarra vecino de aquella feligresía. Según describe en su libro “Historia de Getxo” el eclesiástico D. Carlos María Zabala: “…Para no distraer a los sacerdotes de las funciones de sus ministerios y a fin de que los feligreses, que contribuían con sus diezmos y limosnas al sostenimiento de la iglesia, conociesen el buen uso que se hacía de sus aportaciones, funcionó en la anteiglesia el cargo de Mayordomo, Fabriquero o Manuobrero. La asamblea vecinal o “cruz parada” le nombraba y daba posesión. Solía recaer el nombramiento en vecinos destacados, “con casa abierta”...” El primer libro de fábrica de Getxo se remonta a 1713.

Desde aquel 17 de mayo de 1882 en que se hablaba de la instalación del Semáforo en nuestra localidad y con el la llegada de la línea telegráfica, muchas voces de nuestros primeros representantes municipales y hombres de negocios venían reclamando la instalación en Getxo del servicio telegráfico. Nuevamente el 19 de enero de 1888 esa reclamación aparecía en las paginas de los libros de actas municipales. Varios concejales de la Anteiglesia proponían en dicho pleno: “...La gran necesidad de que se establezca en esta localidad una estación telegráfica municipal, la cual además de prestar un servicio importante, que se hecha de menos por el vecindario y extraños, especialmente en verano, proporcionaría alguno recursos al municipio...” Por lo que el pleno tomaba en consideración la propuesta de la instalación del servicio telegráfico en nuestra localidad: “...Considerando, que el estado de progreso y categoría que ha alcanzado esta Anteiglesia merece que se le dote con una instalación telegráfica. Que los Ayuntamientos que nos han precedido siempre han reconocido la gran falta de dicho aparato, han tropezado siempre con la falta de fondos para llevarlo a efecto. Ahora que contamos con recursos suficientes, acordamos se practiquen todas las diligencias conducentes encaminadas a que se establezca dicha instalación telegráfica en esta localidad...”


Incluso el ferrocarril de Bilbao a Las Arenas, el 26 de enero de 1888, gestionaba la traída de dicho servicio. Algunos días más tarde comenzaba las tramitaciones para la colocación de los postes telegráficos.

En las siguiente entrada veremos cómo un conflicto, probablemente debido a que en la mentalidad de la época el Ayuntamiento era sobre todo de Algorta, excitaba los ánimos de los vecinos de Las Arenas, quienes junto al entonces Diputado a Cortes por Bilbao, D. Eduardo Aguirre, presentaban en el Congreso una proposición de Ley pidiendo la segregación del barrio de Las Arenas.

domingo, 3 de febrero de 2019

AGATE DEUNA EGUNEKO KOROAK


Los coros de Santa Águeda, en Getxo, a lo largo de los años han recorrido nuestros barrios, calles y plazas con personas de todas las edades animando la fría noche de febrero, cantando diversas estrofas que en algunos casos recordaban el martirio de la santa y en otros demandaban un aguinaldo. Tradición de gran raigambre en algunas zonas de la margen izquierda, reflejada incluso en la ermita de Santa Agueda de Baracaldo, donde existe un mural del Siglo XX que recuerda a estos coros.

Resurrección María de Azkue decía que: “...En Bizkaia se tocaban las campanas de las parroquias y ermitas la víspera de Santa Águeda desde el crepúsculo hasta la media noche, y que durante todo ese día (4 de febrero) grupos de postulantes suelen andar de casa en casa por todos los barrios recogiendo dinero para los tañedores de campanas...” También respecto de esta fiesta decía Julio Caro Baroja: “...Que mientras exista un ritual, no es nunca una supervivencia, sino una vivencia...” Y qué cierto es, pocas vivencias han mantenido tanta raigambre engarzando sucesivas generaciones en torno a algo tan sencillo como un viejo farol y una makilla.

Grupos compuestos por cuadrillas del barrio que además de recordar esa tradición iban por calles, sendas y caseríos solicitando el aguinaldo de Santa Agueda, que en algunas épocas se recogía en forma de huevos y chorizos. Y en otras, con sus bolsas tintineantes, recaban unas monedas para celebrar alguna merienda. También esa festividad se celebró con fines benéficos, por ejemplo la de febrero de 1929, en la que la Sociedad Gobela Sport de Las Arenas destino el dinero recaudado para ayudar a una viuda de la localidad, la de Donato Ibarra.


Pero no siempre fueron autorizadas las rondas de Santa Agueda. En 1917 el Gobernador Civil Queipo de Llano prohibía que los postulantes recorrieran las calles, los periódicos bilbaínos recogían la noticia: “...Prendida en el aire esa poesía de invierno, melancólica canción, el Gobernador la prohibió. Cómo un decreto puede prohibir las emociones del espíritu...” Aquella misma tarde: “...Un agente de Queípo de Llano manifestaba a Juventud Vasca que quedaban prohibidas las serenatas, alegando fantásticos temores de alteraciones, disturbios y fieros males...”

Recogiendo noticias del diario “Euzkadi”, quizá como anécdota decir que 1927 fue el último en que D. Luis de Arana y Goiri pudo escuchar desde su lecho, en Iralabarri, estaba muy enfermo, los coros de santa Agueda: “...Teníamos conciencia de que al año siguiente no podríamos cantarle. Y él estaba persuadido de que los Coros de Santa Agueda resonaban por última vez para él. Fue triste y fue dura la escena. Al terminar, con los recios garrotes elevados hacia la ventana, donde un resquicio de luz nos anunciaba al maestro enfermo, dijimos a una voz que resonó con triste potencia: ¡Agur!...” Aquellos coros recogían donativos para el “Ropero y la Junta de Socorros”. En 1928 salía a cantar por las calles a contar los tradicionales bertsos de Santa Agueda: “...El grupo de la Asociación de Obreros Vascos de Algorta...”. Al año siguiente, 1928, les tocaba el turno a los jóvenes del Arenas Júnior y del Gobela Sport:”...Que recorrieron los diferentes barrios de esta anteiglesia interpretado los clásicos coros de “Deun Agate”. La recaudación obtenida la dedicaron a fines benéficos...”


Curioso el día de Santa Águeda de 1933, no porque se cantaran coplas diferentes, si no porque se celebró un partido de fútbol entre dos de los coros que aquella noche recorrieron las calles de Algorta. Se trataba de los coros:
Deun Agaten en el que jugaban: Bilbao; Leandro, Germán; Fernán, Carmelo, Ayestarán; Arenaza, Ari, Félix, Zalduondo y Solagaistúa.
Y el Aintzaldu de Algorta con: Bueno; Gerón, Ramón; Gaspar, Rioja, Julián; Enrique, Bretos, Manu, Sanderson y Agirre.

Como árbitro actuó el cancerbero del Club Deportivo Getxo, Ortega.

Mientras en algún lugar de Gipuzkoa cantaban un bertso de Santa Agueda que hablaba de los sueños del cerdo con las bellotas, del hambre y el frio de los crudos días de invierno, que sonaba así:

...Txeri goseak amets ezkura
bihar su ilak egura
gure anayak gose ta otzak
aurten bai negu makurra...”

...El cerdo hambriento sueña con bellotas
el fuego apagado necesita leña
nuestros hermanos tienen hambre y frío
Este año el invierno está crudo…”

1935 fue quizá el año en que más proliferaron los coros de Santa Águeda, muchos de ellos compuestos por agrupaciones de distinta ideología. A pesar de lo cual en palabras del entonces Gobernador Civil: “...El número de estos fue superior al de otros años, no registrándose a pesar de la confluencia de diferentes ideologías, ningún incidente...” Por aquella época los únicos golpes que se repartieron fueron, según decía la prensa: “Los de un Viejo Zorro”, se referían al púgil de Berango más tarde afincado en Getxo, Gabriel Zubiaga, que vencía en un combate no exento de polémica a Garcia-Lluch. Incluso en época de guerra, en 1937, al anochecer salieron los coros de Santa Águeda, luciendo en sus farolillos las insignias o distintivos de las agrupaciones a las que los mismos pertenecían.


Tal es el apego de esta tradición que en el 2018, el pianista Stephen Hough compuso por encargo de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, “Agata: a Basque Fantasy”. Para esta obra el pianista tomó como base la canción tradicional de Santa Ágeda.


El próximo lunes día 4 de febrero, a la tarde noche, volverán esas viejas estrofas de: “...Aintzaldu daigun Agate Deuna, bijar daba, Deun-Agate...” Que se repiten en nuestras calles al compás de las makillas y que gracias a los coros de nuestros barrios, podremos escuchar en su XXXIII edición. Por la mañana las actuaciones correrán de la mano de los niños de las ikastolas y escuelas de cada barrio. Por la tarde noche los coros transitarán por nuestras calles, cantando en una actuación conjunta a las 20:00 horas, en dos zonas: Los de Andra Mari y Algorta en la Plaza de la estación de Algorta; y los de Romo y Areeta (Las Arenas) en la Plaza de la Estación de Areeta.

jueves, 31 de enero de 2019

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -78-



En la anterior entrada veíamos cómo algunas obras del barrio de Algorta servían para mejorar la zona de Jardingana.

A finales de 1887 la forma habitual de transportar los materiales de desecho o para obras nuevas, así cómo las mercancías entre nuestros barrios, era mediante carros de bueyes. Avanzada la primera mitad del Siglo XIX, en la que se abrieran los caminos que recorrían las orillas del Nervión, el tráfico de carretas era intenso entre la Villa y Getxo y los carreteros acercaban a nuestro pueblo las mercancías que el mercado demandaba. Muchas fueron las actividades carreteriles, que ya en el lejano mayo de 1874, en el que los carreteros habían tenido que acudir a Bilbao para trabajar en la fortificaciones, sus descuidadas formas de transporte: “...Dejaban que sus “caballerías” se movieran sin ir ellos en cabeza...” Dieron lugar a la publicación de un bando: “...Ordenando a los carreteros que vayan delante de los bueyes dentro de la población para evitar desgracias personales...” Carreteros que ya eran mencionados en las actas de las Juntas Generales celebradas en la Villa de Bilbao el 3 de septiembre de 1876: “...Que los carreteros de Guecho que devengaron jornales en Bilbao acudan con sus reclamaciones al distrito a que pertenece la Anteiglesia...” Incluso los carreteros eran contratados para transportar desde Bilbao el petróleo que se utilizaba para el alumbrado público durante las fiestas de Las Arenas. Terminaron con sus servicios a la comunidad, siendo tratados con gran deferencia por el propio Consistorio, quien en muchas ocasiones se preocupaba de que estuvieran debidamente alimentados, ya que durante el otoño eran los encargados de mantener en buen estado los caminos rurales.

Los reglamentos para el uso del agua también fueron necesarios en Getxo, el 24 de noviembre de 1887, el Consistorio informaba del: “...Proyecto de reglamento formulado para los lavaderos de Alango y San Martín, construidos últimamente...” En dichos lavaderos fueron colocados colgadores de ropa con ganchos de hierro. Constaba de siete artículos y fue puesta una copia en cada uno de los lavaderos. Para el acceso desde algunas zonas alejadas del municipio se arreglaron algunos pequeños puentes, como fueron los de “Iturguichi e Ibatao”. También algunos de iniciativa privada como los solicitados para construir por D. Miguel Antonio Victoria y D. Teodoro Urtueta: “...Para construir a su costa dos puentes sobre el río Gobelas al este del cerrado de D. Niceto Urquizu, en el barrio de Las Arenas...” Se trataba de unos terrenos situados en la Vega de Santa Eugenia.

El registro de propiedades continuaba y a primeros de diciembre de 1887 le tocaba el turno a la llamada “Goicoeche-vieja” de Santa María de Getxo, que era registrada a nombre de D. Irineo Ramón Diliz.

La actividades comerciales eran otras de las actividades que se iban abriendo paso en nuestros barrios. El 1 de diciembre de 1887, D. Miguel Paris y D, Juan Eguia solicitaban por separado permiso para: “...Expender vino y otros licores al por menor en los establecimientos que hemos abierto en el barrio de Las Arenas...”

El 7 de diciembre de 1887, el Ayuntamiento de Getxo acordaba: “...Según costumbre de años anteriores, se alquile un coche tranvía, para que el día 10 del actual, se transporte a los mozos del reemplazo de este Pueblo hasta Bilbao para ser entregados en caja para el sorteo...” El importe de aquel transporte supuso un gasto de 23,87 pesetas para las arcas municipales.


El socorro de lactancia era una de las actividades de beneficencia que el Ayuntamiento de Getxo cubría para evitar que algunos niños recién nacidos, sobre todo de familias pobres, no llegaran a su primer año de edad. En algunos casos esta leche era sustituida por la de cabra y asna. Y en familias pudientes por amas de cría (nodrizas). Como decía, los actos de beneficencia se realizaban a petición de familias humildes, fundamentalmente debido a carecer de recursos, cuando por ejemplo habían tenido más de un hijo a la vez, o no tener suficiente leche materna la madre. En algún caso como el de un matrimonio en esta condición: “...Por carecer de recursos el exponente para pagar nodriza...” El Ayuntamiento acordaba: “...Conceder socorro de 15 pesetas mensuales durante 15 meses. Y si antes muriese la madre se pagaran a la persona que amamante de la niña…” Para comprobar que el servicio contratado era efectivo se estipulaba que: “...La nodriza deberá presentar a la niña en el Ayuntamiento el primer jueves de cada mes...” Por esos días los anuncios en la prensa de nodrizas que se ofrecían para amamantar a recién nacidos eran habituales. En el “Noticiero Bilbaíno” aparecía el siguiente anuncio: “...Se ofrece como nodriza, casada de 23 años, con mes y medio de parida para criar en casa de los padres a una criatura...” Algunos más curiosos, cómo si se tratara de un expendedor comercial de los actuales, ofrecía: “...Nodriza con buenas condiciones de leche fresca...”


El estado de algunas carreteras de competencia de la Diputación Provincial estaban en un estado lamentable por lo que el Ayuntamiento de Getxo acordaba dirigirse a dicha autoridad: “...Llamando su atención sobre el mal estado en que se encuentra la carretera de Las Arenas...”

Y llegando ya la época de las fiestas navideñas, era el 22 de diciembre de 1887, algunos puentes levantados en el Gobela, en la zona llamada bajo de Villabotas, creaban problemas a los propietarios de algunas heredades, por lo que D. José Antonio Bareño y otros seis propietarios se dirigieron al Ayuntamiento: “...A consecuencia de los puentes levantados sobre el río, les causan muchos perjuicios en sus heredades los carreteros que transitan por las mismas debido al mal estado de camino. Por lo que solicitamos se prohíba el paso de carros por aquel punto...” El Ayuntamiento, que no deseaba enfrentarse a los carreteros, adujo: “...No tener atribuciones para intervenir en las propiedades particulares...” Algunas heredades del municipio como la de D. Asensio Lugaresaresti estaban sembradas con cepas de vid.

Por aquellos días el responsable de los trabajos de cantería en el Campo Santo era D. León Landeta.


Todavía en esa fecha Getxo no tenía teléfono, y el único número enganchado a la línea existente en Bilbao era el del Ferrocarril de Bilbao a Las Arenas que tenía de los 89 números existente asignado el N.º 77.

Finalizaba diciembre y con ello el año 1887. El 29 de diciembre cuando se daba lectura a la formación de la comisión nombrada para la selección del compromisario para las elecciones a senadores, la formaban los diez concejales y el cuádruplo de los mayores contribuyentes (Pudientes). Al terminar el año 1887 a punto de empezar el año 1888, la prensa bilbaína decía: “...No podemos menos que pensar en lo que acaba y en lo que empieza, esos odios políticos implacables y esas descaradas ambiciones de poder, esa desconfianza, esa ojeriza constante...” Da la sensación de estar leyendo un capítulo de la actual historia.

Y terminaba el año con una relación para las buenas mesas de los precios de un producto muy demandado por entonces, las ostras, cuyo precio iban desde las 120 pesetas para las de 9 a 12 milímetros, el millar a las 40 pesetas las de tercera clase, también el millar. Mientras que una buena botella de vino francés de “ Saint Emilion” tan solo costaba 3,5 pesetas.

En la próxima entrada veremos cómo con la llegada del año 1888 el Ayuntamiento hacía balance económico de sus arcas. Y la preocupación del edil Eladio Sustacha por la educación en nuestro Pueblo.

lunes, 28 de enero de 2019

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -77-



En la anterior entrada veíamos cómo tras la vista al concesionario de la estación telefónica de Bilbao y conocer las tarifas y bases para el enganche, acordaron que cuanto antes se instalara dicha red en esta población.

Era el 13 de octubre de 1887 y la Alcaldía estaba a cargo de D. Pedro Amezaga. En esos días las obras en el municipio se extendían y la solicitud de permisos para ellas llegaban de la mano de varios vecinos, uno de ellos pertenecía a una de esas familias que arraigaron en Algorta, los Cortina. La solicitud venía firmada por el vecino de esta localidad D. Bonifacio Cortina, quien actuaba en nombre de D. Juan Bautista Cortina de Uribe, este último vecino de Bilbao. Se trataba de la autorización para realizar unas obras en el exterior de la casa “Amorotoena de Cortina”, situada en la calle San Nicolás, haciendo esquina con la calle Mayor (Actual Avenida Basagoti), en la plazuela de “Jardingana”, en el edificio donde se encuentra actualmente “Kafe Mamarro”, en el N.º 76 de dicha Avenida. Aunque con el mismo nombre de casa, “Amorotoena”, existían otras dos propiedades, estas estaban a la izquierda de la plazuela de “Jardingana”, una de ellas frente a la actual calle “Abasota”. Para situar un poco la zona en esos años, decir que frente a esta plazuela se encontraba el huerto de Alday y dentro de dicha propiedad el edificio donde actualmente se encuentra el “Centro de Salud Mental Uribe”, un edificio de 1868. Pero siguiendo con los datos referidos a la obras de los Cortina, en esa fecha, decir que el solicitante D. Bonifacio Cortina vivía en la casa llamada “Basalduena”. Para mejorar el aspecto de la plazuela se acordó colocar tres bancos con respaldo de madera.

En esa misma fecha el presbítero de Getxo D. José Gorrondona y Diliz solicitaba inscribir a su nombre en el Registro de la Propiedad la casa de Santa María de Getxo llamada “Cortiñe”, junto a todas sus propiedades.

El 20 de octubre de 1887 todavía seguía dando el consistorio vueltas qué sistema de comunicación era más adecuado y económico para Getxo, si el teléfono o el telégrafo, tanto para el servicio municipal como del resto del público de la Anteiglesia.


En esa fecha fue cuando por primera vez se solicitó, por parte del maestro de la Escuela Pública de Niños de Algorta, que se estableciera cómo festivo para los alumnos los jueves por la tarde. El tema pasó a la Junta de 1ª Enseñanza para que se pronunciara al respecto.

Y teniendo en cuanta el real Decreto del 18 de de septiembre último sobre el Censo General, el consistorio acordaba nombrar una Junta para confeccionarlo. La Junta estuvo compuesta por diversas personalidades de la vida local: estaba encabezada por el Alcalde D. Pedro de Amezaga y todos los concejales; los dos curas párrocos de la anteiglesia D. Julian Arrien y D. Francisco Ugartechea; el Juez Municipal D. Alejo Zalduondo; el Médico titular más antiguo D. Manuel Hormaeche; el Farmacéutico D. Miguel García Salazar y el Maestro de Primera Enseñanza D. Juan Antonio Muñio. Acordaban que dicha Junta, en la que iban a estar presentes algunos vecinos, comenzara a funcionar para el día 24 de octubre de 1887.

Era ya casi finales de octubre de 1887, en concreto el día 27, cuando el consistorio de Getxo acordaba autorizar para que en el muelle de Las Arenas se habilitaran algunas zonas para descarga de materiales. Ya que al no disponer de lugares apropiados tenían que transportarlos en carros y encarecían los costes finales de las mercancías que vendían en el pueblo.

El 3 de noviembre de 1887 renunciaba a su cargo el medico titular de Santa María de Getxo, Dr. D. Enrique Alberca.


Por esas fechas el local de “Alangüetas”, situado en la calle de la “Carretera” (Actual Algortako Etorbidea), donde despachaba carnes frescas, el arrendatario de abastos, presentaba muy mal estado, por lo que el consistorio decidía reparar dichas instalaciones, autorizando al concesionario de forma temporal, solamente abrirlo hasta las 9 de la mañana y, mientras se realizaban las reparaciones poder distribuir las carnes en otro local próximo de su propiedad.

Y ya estábamos a mediados de noviembre que fue cuando el consistorio tuvo un 17 de dicho mes, el Real Decreto del 20 de octubre por el que se fijaba como fecha tope para el nombramiento de un senador por la provincia, el 27 de noviembre. Las normas acerca de los compromisarios con derecho a voto fueron publicadas por el Gobierno el día 3 de noviembre de 1887. En ellas se establecía que no podrían participar en la elección de compromisarios aquellos concejales que no hubieran estado inscritos antes del 1 de julio; tampoco lo podían hacer los nuevos concejales, salvo que figuraran entre los mayores contribuyentes. El Alcalde convocó a los concejales con derecho a voto para elegir un compromisario, que era el que correspondía a la Anteiglesia de Getxo, para el día 20 de noviembre. La elección de la mesa provincial de verificó el 26 de noviembre, quedando propuestos los señores D. Robustiano Elorriaga, D. Federico Mugartegui, D. José de Eguilior y D. Miguel Aldama. Resultaría elegido como senador, el 27 de noviembre D. Bruno López de la Calle Malax-Echevarria. En su nombramiento participaron 146 electores, aunque no parece que su paso por el senado fuera fructífero, ya que al parecer no tuvo ninguna intervención en aquella cámara.

Por aquellas fechas el numero de alumnos que asistían a las clases de solfeo en el municipio era de 31, no se especificaba cuantos niños o niñas formaban parte del aula.

Se recibieron indicaciones por parte del Jefe del Instituto Geográfico y Estadístico para la creación del censo de habitantes de Getxo, que debería realizarse para el 31 de diciembre de aquel año. El consistorio ordenaba al alguacil proceder a la recogida, en las oficinas municipales, de las cédulas de inscripción para el empadronamiento de los vecinos de la Anteiglesia.

A veces las relaciones, aunque no menudeaban, con algunos clérigos eran gratificantes para el consistorio, demostrando que el dinero no era algo por lo que realizaban sus funciones. Tal fue el caso del antiguo capellán de la ermita de Santa Ana de Las Arenas, quien el 17 de noviembre de 1887 decidía reembolsar al Ayuntamiento parte de los emolumentos cobrados en 1882 por sus servicios al frente de dicha ermita. Dicho capellán, D. Cipriano Charroalde, que en esa época residía en Lujua, hizo entrega a través de D. Idelfonso Arrola del importe de su salario del primer trimestre de 1882. El Ayuntamiento acordaba dar un voto de gracias a dicho prelado por aquel gesto desinteresado.


Pero no todo eran noticias satisfactorias, ya que llegaban noticias del peligro que suponía el tener depositados, por parte del responsable del alumbrado público, una cantidad importante de litros de petróleo en la parte superior de la Escuelas de la Plaza de Algorta. Ante el temor de que aquel líquido inflamable, máxime cuando la estructura del edificio era de madre, pudiera provocar alguna desgracia, dieron un plazo de cinco días al rematante del alumbrado para retirar el petróleo. En su lugar decidieron colocar algo que sonaba bien, los instrumentos de música de la banda municipal.

En la próxima entrada veremos cómo se realizaba el articulado para el uso de los lavaderos municipales.

jueves, 24 de enero de 2019

LAS DESAVENENCIAS DE UN CUADRO


Era 1887, sucedió un hecho curioso. Contaban en aquella época que el suceso vino a trastocar la paz social entre el Consulado de Bilbao y ciertos frailes Carmelitas, cuyo convento estaba en un lugar de la ría llamado “El Desierto”.

El motivo de tal disputa: un espléndido cuadro que, aunque las crónicas decían que era de las postrimerías Siglo XVII probablemente lo fue del Siglo XVI. Estaba pintado al óleo y fue depositado en uno de los salones del Consulado de Bilbao. La pintura representaba: “...El Abra desde el cabo Lucero hasta Punta Galea en el momento en que atravesaba la barra, mal llamada de Portugalete, un bergantín a toda vela, amparado por varias lanchas de Lemanaje...” A ambos lados del Abra y de sus costas aparecían representadas algunas fortificaciones y baterías: “...En las del Oeste las de Santurce, Campo de Bilbao, del Cuervo y Portugalete y en las del Este, las de la Galea, Algorta, San Nazario y Begoña, cerrando todo el frente de tierra, menos la embocadura del Nervión, los Arenales, como entonces se llamaba a esa parte de Las Arenas...”

En esos arenales, según la crónica, se alzaban tan solo: “...Una escueta y alargada casa tejavana, con otras dos más pequeñas a sus lados, llamadas las casas del Consulado, por alojarse en ellas los aparatos de socorro para los siniestros marítimos; y los muelles nuevos, que contenían los arenales cual un fuerte dique contra las mareas. Por la parte exterior aparecía el río Gobela, con más franco curso que el que hoy le obligan a seguir las manos del hombre...”

Contaban las crónicas de aquel tiempo que ese cuadro trajo desavenencias al Consulado y a la comunidad de frailes Carmelitas del Desierto: “…Porque a causa de que habiendo costeado estos una parte de él y no floja, y otra algo mayor la Casa de Contratación, faltó el pintor al convenio...” Al parecer habían acordado representar en aquel cuadro la imagen del convento con todas sus pertenencia, bañada por el mar.


Esta desavenencia, a la que me refería anteriormente, pudo suceder en las postrimerías del Siglo XVI, ya que fue satirizada por el fabulista Samaniego (1745-1801). Debido al enfado el artista fue empapelado por la temida inquisición de Logroño. Le fue impuesta una pena por la que tuvo que permanecer encerrado algún tiempo en el convento de los carmelitas de “El Desierto”. Los frailes le recibieron y trataron con agasajo, y él les pagó con una sátira, que se hizo famosa, y que en algunas de sus partes resultaba muy ocurrente. En ella pintaba la vida monástica como tipo de ociosidad, regalo y glotonería.

Pero volviendo al autor del óleo, quien seguro que al revés que los frailes de la fábula pasó bastante hambre hasta que se dirimiera la cuestión, ya que no cobró ni un maravedí hasta que añadió un nuevo trozo de lienzo en el que representó el citado convento y sus pertenencias. Terminación que resultaba harto grosera ya que discordaba con el original en el colorido, amén de que le delatara el costurón que los unía, pero con la que los frailes se dieron por satisfechos.

Pasaron los años y aquella imagen que el pintor plasmó en el cuadro fue cambiando. Sobre aquellos muelles y arenales, en los que antaño crecieran solitarios cardos marinos de anchas y punzantes hojas, a los que el viento del poniente agitaba de uno a otro lado, fueron modificados, primero por un acaudalado bilbaíno, D. Máximo Aguirre (1856-1863), con la plantación de argomales y pinos mediterráneos que sujetaron los mismos. Más tarde, por el ingenio de un emprendedor, D. Miguel A. Victoria (1884), quien transformaba aquellas extensiones de arenas, antes estériles, en plantaciones de sabrosas y codiciadas plantas, que tanto juego dieron en nuestras cocinas, la patata Victoria.


En aquel lugar poco a poco irían surgiendo bellas villas y edificaciones, plazas y calles, con espléndidos paseos. Balnearios que formaron un pueblo de verano, atrayendo cada vez a más gentes animadas por la belleza del lugar y sus playas. Ante aquel crecimiento, a decir de la prensa local, se produjeron cambios en la forma de viajar: “...Era natural que al compás de aquel crecimiento de población y de vida se acrecentaran también los medios de comunicación, porque las personas que constantemente residían en Las Arenas y las que temporalmente habitaban en ella, no podían acomodarse ni al penoso viaje de las históricas carrozas, ni al de los coches públicos y ómnibus que las reemplazaron, mal organizados siempre, faltos de aseo en su totalidad; ni podían tampoco sujetarse a viajar en aquellos vapores de ría (zapatillas) tan incómodos y poco seguros, tan inconstantes en las horas de viaje, unas veces por indolencia o informalidad de sus patrones, otras porque las mareas y la falta de agua en los “Churros” se les oponían...” Aquellos hábitos de viaje sobre todo para las clases más pudientes cambiaron. Más tarde, lo harían para el resto de la población con la llegada del tranvía y el ferrocarril de ambas márgenes de la ría, garantizando con sus llegadas a horas fijas, tanto en su salida como en la llegada, un nuevo sistema más cómodo de viaje, que permitía calcular los tiempos de cara a la actividad laboral.

Tal era la belleza de los paisajes que la prensa de 1887, desde un medio de comunicación bilbaíno explicaba: “...Desde su salida de San Nicolás en Bilbao hasta su llegada a Las Arenas, baste decir que en el ferrocarril de Las Arenas se llega al término del viajo sin dar tiempo a los ojos para admirar tantas obras de la naturaleza festoneadas por el eterno verde de las montañas y valles...” Pero la mano del hombre se encargaría, años más tarde de transformar y degradar aquellas idílicas imágenes, que el pintor plasmó en su óleo y que causaron aquellas desavenencias entre el Consulado de Bilbao y ciertos frailes Carmelitas, celosos de aparecer en el cuadro. ¡Que para eso habían pagado!

Para ilustrar esta historia, en la parte superior de este articulo, he elegido un mural que fue reproducido por “El Mareómetro” de Portugalete, en un homenaje al pintor Echarte el 23 de febrero del 2015. El mismo responde a parte del oleo barra de Portugalete y desembocadura de la ría de Bilbao, del cuadro que existía en el Consulado de Bilbao del año 1740. 

lunes, 21 de enero de 2019

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -76-



En la anterior entrada veíamos cómo el pleno municipal de Getxo trataba, a solicitud del regidor D. Mateo Ajuria, uno de los asuntos que venía para modificar el aspecto exterior e interior del Abra, su Puerto exterior.

El 18 de septiembre de 1887 fue la fecha en la que el pleno municipal, tras la vista al concesionario de la estación telefónica de Bilbao y conocer las tarifas y bases que para el enganche estipulaban, decían: “...Con fecha del 15 del actual, y obligándose bajo las mismas bases a establecer una estación telefónica en esta población. Y teniendo en cuenta las ventajas que traería la instalación de dicho aparato en esta localidad, acordamos autorizar a los señores regidores Diliz y Aldecoa, presentándose ante la empresa concesionaria, traten de arreglar y concertar el medio más conveniente para el establecimiento de una estación telefónica en este Pueblo...” El 22 de septiembre, los regidores encargados de entrevistarse con la compañía: “...Tras la entrevista mantenida con el Director de la red telefónica de la Villa de Bilbao, informaban en el pleno, acordando que cuanto antes se instalara dicha red en esta población...”

El 18 de septiembre de 1887 D. Juan Bautista Cortina, vecino de Bilbao, como testamentario de su finada hermana Dña. Rogelia Cortina, solicitaba permiso para establecer un colegio en el Puerto Viejo de Algorta: “...Para construir en el punto llamado Mugaburu-ondo de esta población, un colegio para niños y niñas pobres por encargo que tiene de su citada difunta hermana...” El Ayuntamiento de Getxo concedía la autorización para realizar dicho colegio de acuerdo con los planos presentados.


A la vez que en esos mismos días, la comisión de obras estudiaba si la colocación de baldosas en las aceras del municipio era más barata y funcional que la que se había venido colocando con anterioridad, de piedra de las canteras de Durango.

Las carreras de caballos tan de moda en la época en la vega de Lamiaco, que por la prensa era llamada de Las Arenas, que se venían celebrando desde hacía tiempo, iban a ver su repetición el día 25 de septiembre de 1887. En la zona y los pueblos cercanos había gran animación, hasta el punto que un tal Sr. Solano dueño de uno de los equinos que iban a competir de nombre “Lucero”, era el motivo de las apuestas que ya se estaban cruzando. Incluso los trenes de Bilbao a Las Arenes veían alterar su horario, ampliándolo desde las 14:30 hasta las 19:30 con parada en el apeadero del Hipódromo de Lamiaco, con una frecuencia de media hora entre esos horarios. Incluso la compañía del tranvía iba a participar con un caballo llamado “Perla” que había sido el vencedor de la anterior edición. En la primera carrera el caballo vencedor fue “Polvorilla” de D. Tomás de Zubiria, mientras que en el llamado match de los de los 10.000 reales (apuestas) fue ganado por “Nicot” de D. Benigno Chavarri, que tuvo cómo jinete a D. Carlos Levison.


A veces la solicitud de obras de algún vecino era aprovechada por el consistorio para obtener alguna prebenda que abaratara sus siempre mermadas arcas. Ese fue el caso de la solicitud de D. Francisco Elorriaga, que habitaba en el Puerto Viejo de Algorta, a quien el 22 de septiembre de 1887 se le decía lo siguiente: “...De acuerdo con el convenio firmado, y habiendo solicitado el abono de 30 pesetas por haber realizado pesebres para caballos en su casa de Arechondo, tiene la obligación de alojar en dicha casa a la caballería de la fuerza armada de artillería cuando venga a este pueblo a sus ejercicios de tiro, no pudiendo presentar más reclamación que la de quedarse con el estiércol de dichas caballerías...”

La iluminación pública por aquellas fechas era escasa. Se realizaba mediante faroles de petróleo, hasta el punto que doce vecinos de Algorta encabezados por D. Juan Manuel Ugarte solicitaban al Ayuntamiento de Getxo: “...La colocación de un farol de alumbrado público entre las casas “Ugarteba-Nueva” y “Bastinchuena...” Y era en esa fecha el 22 de septiembre de 1887 cuando ya se hablaba de la próxima llegada del servicio eléctrico a uno de los barrios de Getxo, un tal “Norbait” escribía en el “Noticiero Bilbaino”: “...Se trata de establecer el alumbrado eléctrico. El Iniciador de este proyecto es el dueño de la fabrica de cementos, mosaicos y baldosas fundada en esta población hará cosa de dos años. Parece ser que el Ayuntamiento ha recibido con gran satisfacción la propuesta presentada por el citado fabricante. Así pues, todo hace creer que pronto tendremos el alumbrado eléctrico, siendo en este caso Algorta el primer pueblo de Vizcaya que disfrutará de esta incomparable iluminación…” Por otro lado la idea de mejorar las comunicaciones se habría paso: “...Se trata también de Instalar una estación telegráfica y dos correos diarios. En un principio se pensó en establecer un centro telefónico, pero esta idea va perdiendo terreno en vista de que es más ventajosa la comunicación telegráfica, al menos para Algorta...”

El 29 de septiembre de 1887 acordaba la corporación municipal: “...Asistir este Ayuntamiento en Corporación, el día 1 de octubre, a la misa mayor que se celebrará en la iglesia de Santa María, con motivo de la inauguración del traslado de la feria y romería de ese día, que hasta la fecha se venía celebrando el 1 de marzo, asistiendo a dicha misa el organista de San Nicolás de Bari de Algorta con algunos cantores...”

Así mismo se informaba en el pleno de la invitación del cura ecónomo de San Nicolás de Bari, invitando a la corporación a la procesión del santo Rosario, que iba a tener lugar el día 2 de octubre a las cuatro de la tarde.

También en esa fecha se daba cuenta de la multa puesta por el Gobernador a todos los componentes de la corporación municipal del año 1886: “...Por haber declarado soldado sorteable y no prófugo, sin estar presente en el acto, al mozo D. Juan Arnabar Aguirre...” Por ello debía abonar también, con arreglo a lo establecido por la ley, la cuarta parte de la multa el secretario municipal.

La cuenta de gastos e ingresos del primer trimestre del ejercicio 1887-88 daba un saldo positivo de 20.597,99 pesetas.

El 6 de octubre de 1887 D. Juan Arechavala y otros vecinos de Las Arenas solicitaban al consistorio de Getxo la reposición de un camino que comenzaba en Gobela y terminaba en Saconeta, se trataba de una estrada de carácter rural de escaso transito.


Algunas veces el Ayuntamiento de Getxo y el cabildo eclesiástico de San Nicolás de Bari entraban en conflictos, seguramente motivados por el exceso de celo respecto de sus pertenencias del segundo. Aquel 6 de octubre las actas municipales recogían una de aquellas desavenencias relacionada con unos locales situados en los bajos de la iglesia. El cura ecónomo de la citada parroquia se dirigía al consistorio: “...Que esa corporación manifieste si reconoce la pertenencia a esta parroquia de los locales que se hallan situados en el piso bajo del comulgatorio, sacristía y el pasillo de transito intermedio entre esta y aquel...” A lo que el consistorio respondía: “...Acuerda este consistorio significar al expresado cura ecónomo que desde el año 1864, época de la bendición de esta iglesia, viene haciendo uso el Municipio de los locales que se trata para depósito de bancos, necesarios para colocar en la plaza contigua y otros útiles, sin que en ningún tiempo se haya puesto impedimento alguno por sus dignos antecesores; por lo cual y por la completa independencia del templo y sus dependencias en los mencionados locales, cuyas puertas únicas dan a la plaza cubierta de este Pueblo, que cedió gratuitamente el terreno para la edificación de dicho templo, cree esta corporación que fueron construidos expresamente para el objeto a que se destinan. Además su conservación ha merecido siempre la atención de parte de la Municipalidad, como prueban la obras ejecutadas a sus expensas para conducir al caño general las sustancias fecales del retrete de la sacristía...” La utilización de los citados bancos era para los días en que se celebraba el mercado en la plaza.

En la próxima entrada seguiremos con estas historias de la vida municipal de Getxo, y de cómo el vecino de Erandio D. José María Aramberria solicitaba construir la casa que más tarde sería el “Hotel Aramberria” de Las Arenas.