El Bar de Kolas, no era un bar cualquiera, era un lugar de encuentro de la gente del barrio, en el se podían degustar , ademas de vino, cerveza y otros licores, los bocaditos de carne picada y merluza frita. El vino lo servia en los vasos de la época, los de txikito, eran de culo de cristal macizo, pesaban un montón y no había riesgo de que su néctar se derramase.
En sus mesas se jugaban partidas interminables, dicen que corría mucho dinero por aquellas mesas, al menos por la dedicación que a diario hacían algunos clientes, es posible que así fuera.
Era un bar grande, acogedor, donde Kolas con su eterna sonrisa y su voz amable te hacia sentir gusto.
En su primer piso solía poner unas cazuelitas de callos y otras delicatessenn que ya nos gustaría volver a recordar, no se si era Blanqui o Mari la que tenia buena mano para los guisos, pero lo hacían verdaderamente bien..
Hoy como otros muchos lugares del viejo Romo, ya han pasado a la historia, aunque los nombres permanecen y hasta en fiestas se dice “Txupinazo la Plaza de Kolas”. Su lugar es hoy ocupado por una entidad que en nada nos recuerda a la sonrisa y bien hacer de Kolas.
Nuevamente traigo a estas paginas una foto del Grupo de Dantza Zasi Eskola de Romo. Esta foto es de 1958 y fue tomada en la Plaza de Las Escuelas de Las Arenas.
En entradas anteriores ya di una reseña del Grupo y su relación con la Sociedad Gobela de Romo, así como quienes fueron sus fundadores.
Cabe mencionar en esta foto a las siguientes personas, Dn. Ignacio Goikouria (Apaiz), Genaro Agirre (Txistulari) y Santiago Marin (Preparador).
Incluyo la relación de todas las personas que aparecen en la fotografia.
Nuevamente traigo a estas páginas algunos de los Caseríos (Baserriak) de Getxo. No todos, aunque poco a poco, trataré de traer el máximo posible de ellos.
Responden a una época en la que, en Andra Mari, la forma de vida se desarrollaba en torno al campo, combinada con la actividad industrial, naciente, fundamentalmente en torno a la Ría de Bilbao.
Forma de vida que generaba, por un lado mucho trabajo, pero por otro la satisfacción del contacto con la naturaleza y la vida animal. Ambas desarrollaban una economía de subsistencia, que junto con la actividad fabril, facilitaban y mejoraban la vida de muchos habitantes de la zona.
Los Caseríos (Baserriak) que aparecen son por orden alfabético:
ARETXETA (NEGURI)
ARRIGUNAGA ARRUNE
EL PORRON VILLAMONTE
ERREMENTARIENA
IBARRETXUENE
Animo a todos aquellos que deseen agregar a la memoria de Getxo las fotos de los Baserris que aporten a este o a cualquier otro foro sus fotos.
La “Prolon” era la frontera de aquellos años, en ella se juntaban Romo y Leioa, entonces, igual que hoy, todo uno.
En la parte más próxima al Cine Arenal, estaban las nuevas edificaciones de protección Oficial de Viviendas de Bizkaia, a su derecha el limite con la Calle Santa Eugenia lleno de arbustos, justo enfrente, empezaban los arenales, lugar de mil juegos, desde pistas de canicas con sus peraltes, hasta partidos sin fin de fútbol, que habilidad tenia Jesús Mari Legarreta, persona invalida, pero provista de una destreza y fuerza increíble en sus brazos, lugar de famosas Sanjuanadas y charlas interminables a la luz de las hogueras.
Mikel Atxaerandio, todos los años cosía el muñeco, que presidía la cima de la hoguera, para la que se recorrían todas la zonas limítrofes, hasta conseguir, no sin competencia, de otras cuadrillas del barrio, las ramas y maderas que se iban amontonando, en torno al mástil de madera central, también se aprovechaba para quemar en ella todos los mueble o enseres que ya no tenían utilidad. La guinda de la fiesta siempre la ponía Antonio Cordón, que cuando llegaba del trabajo, sin previo aviso, daba fuego a las hoguera, lo cual provocaba un montón de carreras y algún que otro “taco”, por haberse perdido el comienzo de la Sanjuanada. El resto eran canciones y fiesta hasta las últimas brasas.
Todos los baserritarras de la próxima Leioa temblaban, porque con la llegada de la noche de San Juan, comenzaba una azarosa invasión de sus huertas, en busca de patatas y cualquier otra cosa que pudiera ser asada en las brasas de las hogueras.
Mirando hacia la Boronita, en la subida a Gaztelueta estaban las casas de la Montañesa, a la izquierda, estaba la central de Iberduero, mas su izquierda había un charco, tan grande, que para los niños de la zona aparentaba un gran lago, el cual facilitaba todos los juegos “náuticos”, lugar de caza de ranas, sapaburus y libélulas, de alas increíblemente bellas.
Junto a este charco y por detrás estaba el primer “monte”, no tanto por tamaño, si no que comparado con aquellos chiquillos se pretendía inmenso, servia para un sinfín de juegos, así como para la caza de lagartos, de múltiples colores.
Continuaba una campa, a su izquierda, como todas ellas, llena de cardos, vegetación típica de zonas marítimas, flores, por supuesto en la primavera, así como multitud de mariposas de alas de arco iris. Era el territorio de los grillos y las cigarras, que por las tardes y noches, llenaban de sonido y misterio, aquellos campos. Zona de mil batallas de pedradas, luchas con hondas, barricadas de piedra desde las que los enfrentamientos se creían más seguros.
Para llegar al Gran Montículo (Monte de pequeño tamaño), pero mayor que el anterior, y a su izquierda el gran ”lago”, charco entre montones de arena, lugar de baños, perdidas de alpargatas y playeras y en alguna desgraciada ocasión de vidas. Era la zona de los pinos, con sus sinuosas cuestas de blanca área, lugar para deslizarse y albardarse de aquella inmaculada y fina arena, de la que llegábamos a casa rebozados, y con las playeras chorreando agua y barro.
Con ello llegamos a la finca de Chavarri, sitio idílico para incursiones, con mayor o menor riesgo, por los perros o el guarda, lo que daba mayor aliciente a aquellas pequeñas travesuras.
Aquella frontera, como todas, paso a mejor vida y con ella llegaron, el cemento, los coches, la polución y todo aquello, que por un lado mejora nuestras vidas, pero por otro, acaba con una forma de vida, mas tranquila, armoniosa, sana, sin el estrés que provoca la ciudad, con ello se pierde la proximidad de la naturaleza y sencillez de las gentes.
Hay años en los que la nieve se hace sentir. En 1986 se dejo sentir y a partir de media mañana un manto blanco cayó sobre Getxo, causando la paralización de toda actividad productiva.
Sin embargo durante unas horas la actividad festiva se adueño de las calles y mayores y niños disfrutaron de unas horas de diversión.
La gente, que disponía de ellos, bajaba por las calles, en cuesta, con esquíes, los niños andaban por los parques y calles nevados con trineos, cualquier cosa servia para darse al juego. Durante dos días se podía apreciar las caras de felicidad, tanto de mayores como de pequeños.
Algo poco habitual había sucedido, la aparición del blanco manto transformo a niños y mayores en compañeros de juegos. Y Getxo quedo cubierto de un manto de alegría desbordada.
No es algo habitual aunque tampoco extraño, hubo años en que el silencio blanco se adueñaba de las calles, campas, montes y playas, entonces defenderse del frió no era tan fácil como ahora.
Pero para quienes podían disfrutar de la nieve era igual la alegría de su aparición, solo que entonces los trineos, para los más pobres eran las cajas de pescado de madera, no había trineos, o no se podían comprar, el plástico no había contaminado nuestras vidas y la imaginación suplía al consumismo.
Suelen decir que año de nieves año de bienes, pues para variar no estaría mal una nevada, y ya que los mercados agotan y precarizan nuestras vidas, a ver si nos da una alegría al cuerpo y congela sus desenfrenadas ansias de algo que, a su pesar, no se podrán llevar.
Hoy traigo a estas paginas, nuevamente, dos fotos de actuaciones del grupo Zasi estola de Romo.
La primera corresponde a una actuación en las fiestas de Romo, sobre el año 1965, el baile que se representa es San Miguel de Arretxinaga.
La segunda de 1966, es en Fadura, el día que la Sociedad Bidebitarte, de Algorta, celebraba la fiesta de cazadores y pescadores a beneficio de la Residencia de Ancianos de Getxo, entonces se decía Asilo de Algorta.
Una de las cuestiones más espinosas en discusión que había en Algorta en 1808 y que provocaba discusiones entre los Cabildos de Santa Maria y San Nicolás era el de los enterramientos.
Hasta 1832 no trascendió a la feligresía ya que cada familia tenía su enterramiento en los sepulcros de la iglesia.
En Octubre de 1854 Miguel Antonio de Uriarte, y Juan Antonio Cortina Arrate, obtuvieron del Ayuntamiento presidido por D, Valentín de Eguiraun, la cesión de la “Campa de Múgica” para construir la actual Iglesia de San Nicolás, y solicitaron al Obispado de Calahorra la creación de un cementerio.
El Provisor encargó el caso al Vicario Arcipreste, D. Claudio Simón de Arrospide, párroco de Sondika, el cual solicitóal párroco de Santa Maria D. Juan Bautista Victor de Ibarra que diera el visto bueno. Dicho párroco se reafirmó en su anterior negativa, lo que obligó al Vicario, el 15 de Enero de 1846, a escribir al Provisor suplicando el aplazamiento.
Nuevas demoras se produjeron debido a que, el 5 de Junio de 1846, el Beneficiado de Getxopor medio del Procurador, Tadeo Iruegas, intentó llevar judicialmente el asunto, pero el obispado le contestó que no procedía. Pidió la nulidad del Auto pero le informaron que era materia gubernativa. Recurrió al responsable Político, pero el Gobernador en Mayo de 1848 denegó el permiso, quedando el asunto congelado.
Posteriormente las autoridades eclesiásticas y civiles concedieron las respectivas licencias. La legislación vigente, en aquella época, preveía en cuanto al emplazamiento que “el cementerio debía estar a 500 metros de distancia de la población, en un punto elevado, contrario a la dirección de los vientos dominantes, en terreno calizo o arcilloso y lejos de corrientes de agua para usos domésticos”.
El 7 de Junio de 1863 el Alcalde D. Pedro Goikoetxea y los miembros del Ayuntamiento solicitaron al obispo de Vitoria la bendición del Camposanto.
El 21 de Junio de 1863 el coadjutor D. Antonio Estanislao de Kortina, con asistencia de todo el pueblo, dio la bendición al que seria el primer cementerio de Algorta.
En esos años comenzó a denominarse “Camino del Cementerio” a la actual calle “Andikoetxe”.
Hoy es un parque lleno de arboladado, con un pequeño monumento dedicado al primer Lehendakari del Gobierno Vasco Jose Antonio de Agirre y Lekube, y aquella “campa del muerto” ha quedado olvidada, solo la historia mantendrá su recuerdo.
En la Euskal Herria primitiva el agua servía para determinar la forma de medir el tiempo y para cerrar el ciclo anual como nos indican loss vocablos urtea o urtarrilla.
Las viviendas no disponían de agua potable, por lo que la provisión de la misma debía realizar en las fuentes públicas.
Las fuentes y las conducciones de agua potable hasta ellas eran otros elementos del mobiliario urbano conflictivos desde el punto de vista sanitario.
Por ello, los concejos extremaron las medidas destinadas a conseguir que de las fuentes manara un agua en condiciones seguras para la salud de los vecinos, prohibiendo que en ellas y en las conducciones se diera de beber a los animales, se lavara ropa, utensilios de
cocina u hortalizas, se pusieran cueros a remojo, etc. o se asearan los pies y manos, como recogen las ordenanzas de algunas poblaciones como las de Lekeitio y Portugalete.
En algunos lugares de Euskadi se prohibía a las mujeres que por las noches salieran a por agua a las fuentes públicas, sobre todo en los días de celebraciones festivas, para evitar cualquier encuentro desagradable con algún varón o grupo de ellos. Esto no es si no un hecho mas del machismo estacionado en nuestra sociedad en algunas epocas, y que aun hoy desgraciadamente perdura, aunque en menor medida, en hábitos de nuestro pueblo.
En Getxo existe una red bastante amplia de fuentes Publicas, algunas modernizadas, traigo a este Bolg algunas de las existentes en Algorta, faltan algunas de Elorri, Barrio de la humedad y la zona de Bolue.
FUENTE DE LA CALLE ANDIKOETXE
FUENTE DEL PARQUE DEL LEHENDAKARI J.A. AGIRRE
FUENTE DE MARIA CRISTINA
FUENTE DEL PARQUE DE LA PLAZA DE SAN MARTIN
FUENTE DE SAN IGNAZIO
FUENTE DE PIÑAGA ( LA BOROBIA )
Esta ultima es de diseño mas moderno, aunque en mi opinión, no es tan bonita como las de hierro fundido.
El Basetxe, nombre en euskera que se le da al caserío, en cuanto a la construcción material, fue en un principio de madera y posteriormente se fueron haciéndo de materiales más durables, con piedra en la parte inferior y madera en el primer piso. Más tarde, la madera se reemplazó con un entramado relleno con mampostería o ladrillos. Finalmente fueron enteramente de piedra.
Se puede hablar de dos tipos de caseríos:
El de labranza
En el que se utiliza el desván como granero, disponiéndose la cocina y algún dormitorio en la planta baja, habilitando la primera planta para dormitorios y de sala.
El ganadero
En el que se utiliza toda la planta baja como cuadra, ubicándose la vivienda en la planta primera, dedicando el sobrante zaguero a pajar. Se mantiene así abrigada la cuadra, pues la gran preocupación lógica del baserritarra es su ganado, a la vez que se facilita el abastecimiento y la conservación del pienso.
La vida en los caseríos vascos ha sido siempre dura. Para llevarlos adelante, todos los miembros de la familia, desde los niños a los más ancianos, trabajan todo el día, todos los días del año.
Las mujeres se encargaban, entre otros muchos que haceres, de ordeñar las vacas, trabajar la huerta, dar de comer a cerdos, conejos, gallinas, preparar la comida, hacer la casa, lavar la ropa y un sin fin de tareas.
Muchos recordamos aún el gran cariño que nos unía a nuestra casera-lechera, que nos traía la leche todas las mañanas, algunas leches tenian algo de birzai, no habia ascensores y tenian que subir andando, con las pesadas cantimploras, los piesos que hubiera.
El hacerse mayor en el caserío no significaba jubilarse: las ancianas ayudaban en la preparación de las comidas, la limpieza, cuidar a las gallinas, darles de comer, recoger los huevos, distribuir la comida a los cerdos, limpiar la cochiquera.
En todos los caseríos, de noche, cerca de la chimenea, siempre había una amama atareada, desgranando maíz, habas o guisantes. Callada generalmente, pero trabajando siempre.
En el Caserío, el hombre no tenia horario de trabajo. Todo el día lo tenia distribuido en un sin número de actividades diversas, arreglar las cercas, el carro, labrar, viéndole con frecuencia, aun en los días de mayor horario solar, aprovechando hasta las últimas luces para efectuar labores del campo.
En esta entrada voy a incluir las fotos de alguno de los caseríos de Getxo, los situados en la zona de del barrio de Sarri. En primer lugar una foto del Barrio de Sarri.
CASERIO ABADENE
CASERIO DENDARIÑE
CASERIO SARRI AURREKOA
Agradecer la colaboración de Ramón Bilbao, por las fotos de esta entrada.
El Convento de los Padres Oblatos es otro lugar de Romo que ya ha desaparecido. Este Convento estaba situado en las casas de Remar, aproximadamente entre las calles Santa Eugenia, Urkizu y Alonso de Romo. Los Padres Oblatos compraron esta finca propiedad del Sr. Camaño.
Instalaron en ella un convento. Abrieron la capilla privada al culto público: pero el acceso a la misma era incómodo y el local reducido.
En 1934, invitadas por el entonces Párroco de Las Mercedes, D. Manuel Escauriaza, llegaron a Romo las “Hijas de la Unión Apostólica”.
Construyeron la casa-convento y la capilla “Ntra. Sra. de los Ángeles”. que se inauguró en 1935. Comenzó a funcionar como “anexa” de Las Mercedes. Estaba servida por un sacerdote de la parroquia. Con donativos de personas de Las Arenas, a ambos lados de la capilla, se construyeron dos edificios: uno, para escuela de enseñanza primaria, y fuera de las horas de docencia, para atenciones asistenciales; y otro, para “Casa de Ejercicios” y vivienda para el capellán.
Hasta aquí los datos históricos. Desde este punto los datos son simplemente recuerdos de una época ya pasada.
El convento de los Oblatos fue también lugar de encuentro de los vecinos de Romo y lugar de juego de los niños entre los años 50-60.
La finca de los Oblatos tenia el siguiente aspecto: A su entrada, por la calle Sta. Eugenia, y a la izquierda se encontraba un amplio frontón. En la zona derecha del camino hacia la Capilla estaba un campo de fútbol, testigo de encuentros entre vecinos y seminaristas. A la izquierda del camino y tras un amplio arbolado se encontraban lo que pudieron ser en su día cuadras o caballerizas.
En estas cuadras los Oblatos, orden misionera, solía celebrar, en una época del año una tómbola en la que sorteaban diversos objetos y exponían, cual museo, objetos traídos de las misiones, fundamentalmente útiles de los esquimales, dientes de foca, mandíbulas de pez espada, trajes de iñuit, etc. Esta tómbola era muy visitada por todos los vecinos del Barrio, hay que tener en cuenta que en esos tiempos, los lugares de diversión eran escasos, aun no había empezado la tiranía de la televisión.
Entrando por el camino mencionado, y al final del mismo, se hallaba una enorme campana, objetivo por las noches, de todos los niños del barrio, era una autentica odisea el saltar la tapia que hacia el cierre de la finca y tocar la campana, lo que provocaba la ira de los frailes y el regocijo de los niños. Para dificultar el acceso a los niños, los frailes recibían con mortero cachos de cristales, no obstante esto no era un problema para poder acceder, ya que los niños golpeando con piedras los cristales dejaban el acceso expedito.
Tras esa campana estaba el edificio conventual y la Capilla, la cual tenia acceso por la entonces calle General Echagúe (Hoy Urkizu).
El día 24 de Abril de 1937 sobre las 11,40 horas se produjo una incursión de la aviación facciosa, compuesta por cuatro aparatos que arrojaron cinco bombas sobre lugares ocupados por población civil indefensa.
Las bombas cayeron en varios lugares causando varios muertos, entre ellos niños. Los lugares sobre los que se produjo el bombardeo fueron: Calle Lertegi (en un chalet ocupado en esa fecha por refugiados) que habitaba antes de esa fecha Juan Curruca, en los pinares del Sr. Valdes situados en esa calle, otra en el cierre del edificio donde estaba instalada la Maternidad, otra en la calle Nugubide y otra en el pinar propiedad del Sr. Aznar, esta ultima causo la muerte del vecino de Algorta calle Sarrikobaso Sr. Adolfo Garcia.
Otras personas que resultaron heridas de gravedad y que posteriormente fallecieron fueron:
Josefa Arana Gueresta (Refugiada) , de 16 años, domiciliada en la calle Negubide, fue traslada grave al mismo hospital.
Jose Laria, de 12 años, domiciliado en la calle Travesía Cresaltxu, grave, enviado al Hospital Iñaki Deuna, esta persona falleció esa misma noche.
Así mismo se produjeron varios heridos de carácter leve entre ellos Vicenta Arrieta San Sebastian, que fue hospitalizada en el Hospital Artetxe y Beatriz Velasco Sobradillo, de 25 años, domiciliada en la calle Caja de Ahorros, ingresada en el Hospital Iñaki Deuna. Pilar Lopez Oses, de once años de edad, fue herida con metralla. Estaba domiciliada en la calle Ibaiondo, fue enviada al Hospital Artetxe situado en Zugazarte.
También cayeron algunas bombas sobre la zona de Askorri causando heridas al vecino de Getxo, Castor Beitia, del caserío Etxebarretxu, que fue trasladado al Hospital Iñaki Deuna.
Todos los días, de forma casi mecánica, ejecutamos una serie de actos y gestos relacionados con el agua sin concederles mayor importancia, de forma automática, abrimos los grifos y fluye el agua, abundante, caliente o fría, según seleccionemos.
El agua elemento esencial para nuestra vida, gracias a las técnicas de aprovisionamiento, fluye en nuestros hogares, pero no siempre fue así. La vida no siempre fue tan cómoda como lo es ahora. Para obtenerla era necesario un proceso muy laborioso.
El agua había que traerla de pozos, manantiales y arroyos, por diversos medios tales como las vasijas de barro y otros recipientes, por otro lado costosos de transportar por su peso, normalmente se portaban sobre la cabeza o el hombro, también se idearon unos balancines para llevar colgados los recipientes a ambos lados del cuerpo.
Era como muchos otros duros trabajos, asignados a las mujeres, afortunadamente el paso del tiempo y la lucha que ha desarrollado el feminismo, va eliminando estas lacras.
Los sistemas de conducción de aguas para el consumo humano en la antigüedad se realizaba mediante tuberías de arcilla, madera o plomo elementos que no resistían siquiera presiones moderadas. Posteriormente se empezó a utilizar conductos de hierro fundido.
A muchas viviendas no llegaba el agua, por lo que se construyeron diversas fuentes y lavaderos por todo el municipio. Son muchas las referencias a lo largo del Siglo XIX y XX de la construcción de ambas.
Las fuentes y los lavaderos solían ser públicos y por ello existía alguna construcción de este tipo en cada núcleo de población.
En su origen, los lavaderos eran de "terrones"; se aprovechaba un lugar donde el agua era abundante, al lado de un manantial o rio y se estancaba rodeando una pequeña zona por medio de terrones. Los vecinos utilizaban piedras más o menos planas, que apoyadas sobre los terrones servían de base donde frotar la ropa. Estos lavaderos solían estar al lado de una zona de prados o campo que les servían para poner la ropa a clarear, posteriormente se harían los lavaderos íntegramente de piedra y cubiertos.
En cuanto a las fuentes podemos distinguir dos tipos:
Fuentes de manantial.
Fuentes de caño.
Las primeras consisten en la construcción de un depósito en la que al estancar el agua para de este modo poder recogerla más fácilmente. Suelen ser construcciones cuadradas de pequeñas dimensiones y, en algún caso, se encuentran cubiertas por un tejadillo; generalmente son de piedra por tres de sus caras y la posterior es en muchas ocasiones el propio talud, en el cual se encuentra el manantial; tienen acceso por su cara anterior.
Las fuentes de caño consisten en la simple construcción de un muro que cierra la salida del manantial, permitiendo canalizar el agua a través de un caño por el que se le da salida al exterior. Este tipo de fuente suele estar complementada por un tanque en el que se vierte el agua, el cual puede ser de cantería o cemento.
Uno de los puntos de reunión, comentario, información y cierto “relajo” para las lavanderas, aguadoras y mujeres en general, eran las fuentes y lavaderos, tanto de los pueblos como de las ciudades.
Así en 1864 aparece la primera refencia de la construcción de un lavadero y fuente en Aretxondo (Algorta), que era utilizada por los vecinos del Puerto Viejo para consumo, lavadero que tuvo sus pleitos. Un boticario de la epoca construyo fuentes y presas para limpieza de sus herramientas por lo que las aguas bajaban sucias y no eran validas para el consumo humano.
En 1883 se construye la fuente lavadero de Txatxarro en el barrio Ibarra de (Andra Mari).
En 1901 el de Las Arenas, cuyo titular fue el Sr. Romo.
En 1912 se construye el del barrio de Sarri, también en (Andra Mari).
Entre 1913 y 1930 se construyen los de Salsidu, Alango y Los Puentes en Algorta.
Entre 1930 y 1950 se construyen los de Iberre (Andra Mari), Usategui, Avenida Basagoiti, Andikoetxe en Algorta y Perune en (Andra Mari).
Así mismo se construyen muchas fuentes publicas a lo largo de los barrios del municipio.
Una de las fuentes, quizá mas populares, en los años 50-60, a pesar de no estar dentro del municipio, fue la de Artaza (Leioa). A esta fuente acudían, sobre en verano, una autentica procesión de vecinos de Romo y Las Arenas, en busca de su fresca y sabrosa agua.
Romo siempre fue un barrio diferenciado de Las Arenas, ademas era un barrio de un gran dinamismo societario. Barrio de clase obrera, muchos de sus habitantes eran gentes que perdieron la Guerra. Gente trabajadora con unos niveles de conciencia, tanto social como de pertenencia muy claras.
En este sustrato sus hijos y ellos mismos generaron una dinámica asociativa y de recuperación de sus señas de identidad que llevaría a crear la que fue Sociedad Gobela. A ello colaboro, también el apoyo de algún sector, de base, de la iglesia local, facilitando con locales y a veces cobertura “legal” las actividades de los distintos grupos.
La Sociedad Gobela se creo aproximadamente en 1961, hoy no existen libros de actas de la misma. Se presentaron varios estatutos pero el Gobierno Civil de Bizkaia siempre encontraba pegas. Finalmente pusieron que los bienes de la Sociedad en caso de disolución irían a las obras de Caridad de la Parroquia y la legalizaron.
Fue el propio funcionario del Gobierno Civil, que una vez legalizados les dijo que podía haber servido con la formulación que hizo en los suyos el Club de Fútbol de Romo para haber logrado la legalización.
Los fundadores fueron Felix Etxebarria y Jesús Andres.
El primer presidente de la sociedad fue Jesús Andres, Vicepresidente Jesús ferrero, Tesorero Julio Ugarte, por lo que Jesús Andres porto el carnet Nº 1 de la Sociedad Gobela de Romo.
Fue la propia Sociedad a través de su legalización quien aporto la cobertura legal al resto de los grupos que luego la compusieron.
La Sociedad Gobela de Romo tubo una gran actividad durante varios años. Tenia el local social en el primer piso de la hoy Aula de cultura de Romo. En dicho local tenia una barra de bar.
La Sociedad tuvo varios grupos de actividad cultural recreativa, Coro, Montaña y mas tarde Dantza.
Zasi Eskola que en aquella época lo llevaba Agustín Manzano, era un Grupo de Dantzas de Acción Católica, en un principio los ensayos los hacían en el Convento de los Frailes Oblatos, este Convento estaba situado en las casas de Remar, aproximadamente entre las calles Santa Eugenia, Urkizu y Alonso de Romo.
Cuando Agustín Manzanos dejo el grupo, continuaron con el Santi Marin y Begoña Sarralde. Pero como se consideraban muy jóvenes para llevar un grupo y querían darle mayor seriedad, pidieron ayuda y se la dieron entre otros, Iñaki Uria, Santos Hervas, Paco Tudela, Felix Etxebarria, Rafa Vallejo, Txema Oliveros.
Aunque posteriormente los ensayos tuvieron lugar en el patio situado entre la Iglesia de San Jose y la actual Aula de Cultura, también se realizaban en los bajos y segundo piso, de la hoy Aula de cultura de Romo, entonces Sociedad Gobela.
Por iniciativa de Dn. Ignacio Goicouria, cura de San Jose de Romo, hombre de gran iniciativa y muy vasquista, que venia proponiendo que era mejor que los elementos entonces independientes, Coro, Sociedad y Grupo de Dantza, actuaran como uno solo, se llego a la unificación bajo el paraguas de las Sociedad Gobela de Romo.
Probablemente el preparador que dio mas vida y nombre al Grupo de dantza fue Santiago Marin. Hombre muy dinámico y de gran carácter, dirigía con mano de hierro el grupo, y le llevo al podium de varios concursos, probablemente a situarse como uno de los grupos referenciales de aquel entonces, ganando el Campeonato de Bizkaia.
Los locales de la Sociedad Gobela fueron donados con anterioridad a la Guerra al Barrio de Romo y se distribuyeron unas acciones entre algunos vecinos de Romo. Aun se conserva una placa con el nombre de la donadora. Después de la Guerra y para evitar el embargo cedieron las acciones a la Iglesia. Posteriormente las Monjas se hicieron con las acciones y la propiedad y tras varios pleitos con la Sociedad fueron obligados a abandonar los locales de la Sociedad Gobela, por lo que esta desapareció.
Los ensayos se empezaron a hacer en los bajos de la Parroquia, pero Santi Marin, que no estaba a gusto con esa situación, presiono para que se buscara un nuevo local, al no lograrlo Santi se enfado y abandono el grupo pasando a Las Arenas al Grupo Berantzagi.
El Grupo continuo con Begoña Txopitea, Maria Jesús Otegi y Gabriel Aretxabeleta. Mas tarde fueron algunas de aquellas chicas que bailaban en el grupo quienes continuaron pero fue decayendo, no volviendo al esplendor de aquellos años 50.
Agradecer la inestimable ayuda de Jesus Andres para reralizar esta entrada. Y a todos aquellos que diern vida a esta historia.
Desde principios del pasado siglo (XX) hasta mediados del mismo en el Ayuntamiento de Getxo se sucedieron multitud de actos administrativos, relacionados con la vida de sus vecinos, esta entrada trata simplemente de alguno de ellos, sus demandantes y la localización.
Lo que traigo a este Bolg es un simple apunte de los actos administrativos que a menudo se desarrollaban en Getxo, no como descripción de los mismos, si no como dato relacionado con el nombre del Baserri (Caserio), de la persona que lo realizaba y del año en que se produjo, es una simple lista, pero que nos da idea de alguno de los Baserris que existían en la época, alguno de ellos ya desaparecidos.
Como se puede apreciar la mayor parte son del barrio de Andra Mari de Getxo, aunque aparece recogido también alguno de Algorta, incluso de Neguri.
En algunos casos eran simples actos administrativos relacionados con la construcción de una tejavana, por lo que no necesariamente el solicitante tenia que ser propietario del Baserri.
A pesar de ello el simple listado nos aproxima a los nombres que en muchos casos hemos oído, pero que no siempre hemos sabido localizar.
Tambien es posible que la grafia del nombre pueda ser incorrecta, pero es tal cual como fue registrada en su momento, por un escribano, no siempre conocedor del Euskera, y por lo tanto analfabeto en dicha lengua que recogia lo que creia oir.
En estas fotos aparecen el caserio Jauregi que fue construido tras el incendio de la torre de Getxo, situado en la confluencia de las calles Avenida del Angel y Monte Oiz.
Y el caserio Abadene situado en el barrio de Sarri ambos de Andra Mari (Getxo).