viernes, 10 de julio de 2026

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -488

 

En la anterior entrada de esta serie sobre el último cuarto del Siglo XIX veíamos como, se estaban tendido de cables eléctricos entre Las Arenas y Plencia.

El tiempo de aquellos días de finales de julio y comienzos de agosto de 1898, a decir de la prensa era espléndido: “...De tan espléndido tiempo como desde hace unos quince días a esta parte, gozan los vecinos, y que aprovechan, como es natural, tan propicia ocasión para divertirse y solazarse. El calor que se dejó sentir ayer invitaba a la gente a abandonar sus respectivos domicilios, y así lo hizo, para distribuirse entre los diversos puntos en que había atractivos y distracciones más o menos agradables.

En Las Arenas y Portugalete, inútil creemos manifestar que los trenes de ambas orillas del Nervión y el tranvía eléctrico condujeron a aquellas playas multitud de expedicionarios que, en estas tardes de estío y mucho más en días de fiesta, elijen tan pintorescos y agradables sitios como lugar de recreo, aspirando como se aspira allí la pura y fresca brisa del mar. En la playa de Las Arenas se bañó muchísima gente. Se repitió además la romería de Santa Ana en dicho barrio de Guecho y ya pueden suponer nuestros lectores lo que sería a media tarde la campa de los Pinares: un hormiguero, un verdadero maremágnum de gentes. Al regreso fueron tomados por asalto y poco menos que a bofetadas, los trenes y tranvías...” Y como en todo evento multitudinario los amigos de lo ajeno merodeaban por la campa de Santa Ana: “...En la romería de Las Arenas fueron ayer tarde detenidos cinco timadores muy conocidos en Bilbao que sin duda merodeaban por allí para limpiar las carteras de los romeros que se descuidasen...” (La Voz de Vizcaya del 8 de agosto de 1898).

Aquellos días de verano, en que la canícula apretaba, independientemente de si eran días de fiestas o simplemente un día corriente, calor hacía que la afluencia hacia nuestras playas fuera enorme. Contaba un diario bilbaíno a cerca de como era el comportamiento de aquellas gentes: “...Llega un domingo o un día festivo cualquiera, y haya o no haya romería, la gente se desborda y llena los tranvías y los trenes para trasladarse a las playas de Portugalete y Las Arenas. El viaje de ida suele hacerse con relativa comodidad. Al regreso, para tomar asiento en un tranvía o en un carruaje de los trenes, hay que reñir casi una batalla campal. Grupos de individuos penetran en las estaciones y pretenden ocuparlo todo. !Pero señores, les dice algún empleado, si hay otro tren enseguida; si sale otro tranvía al momento. No hay que apresurarse!. La avalancha no atiende a razones; no oye, no ve. Se precipita, lo arrolla todo, lo estruja, lo revienta, si a mano viene, y penetra en montón en el carruaje por cualquier sitio. Ayer tarde un expedicionario, viendo que en ninguna parte encontraba sitio, por que estaba invadido todo, se metió en el ténder y vino a Bilbao en clase de carbón. Cuando puso el pie en el anden echaba chispas...” (El Noticiero Bilbaíno del8 de agosto de 1898). El ténder de ferrocarril era el vehículo remolcado inmediatamente detrás de una locomotora de vapor, diseñado para transportar el combustible (carbón o leña).

Las obras del Contramuelle de Arriluze, requirieron de mucha mano de obra, para ello se hizo necesaria la contratación de muchos trabajadores, algunos de ellos de procedentes de otras provincias. Y como sucede en la actualidad, no se sabe si por malas condiciones de trabajo o imprudencia, algunos sufrían accidentes laborales: “...Hallándose ayer tarde trabajando en las obras del muelle que se construye en Algorta, un operario llamado Manuel García, de 24 años de edad, soltero y natural de Villafranca del Bierzo (León), fue cogido por el engrane de una máquina, resultando con la mano derecha destrozada. Fue conducido para su curación al hospital civil, en cuyo establecimiento quedó en una sala de cirugía, en bastante mal estado...” (La Voz de Vizcaya del 8 de agosto de 1898).

Y aún inmersos en Estado de Guerra, se acercaba el momento de convocar elecciones Provinciales: “...Según nos anuncia el telégrafo, el gobierno tiene el propósito de no aplazar las elecciones provinciales. Las elecciones se celebrarán, por lo tanto, en la primera quincena de Septiembre, época señalada por la ley, el gobierno levantará la suspensión de las garantías constitucionales durante el período da elecciones...” (El Nervión del 10 de agosto de 1898).

Las Arenas, cada poco tiempo, en la época del estío, aparecía en la prensa, debido unas veces a la climatología, otras a sus instalaciones veraniegas y otras a sus celebre visitantes, y en algún caso permitía adivinar la ideología del corresponsal y del medio. Parecía aquel artículo, más, una crónica palaciega: “...De veraneo en Las Arenas.- La temporada estival se desliza en medio de un tiempo seco, como hace muchos años no se ha conocido. La playa se ve animada a todas horas, formándose tertulias, en las que se hace la crónica del día, hablándose de todo un poco, hasta de política inclusive, cosa, que a mi juicio debiera estar desterrada, dado que aquí venimos a buscar salud por medió del oxigeno que vivifica nuestros pulmones, y la política, en la época actual es ante-higiénica en grado sumo; a tal estado ha llegado.

Se habla de reuniones de confianza para dar expansión al ánimo. Por de pronto voy a dar cuenta de una noticia agradabilísima para las numerosas familias de la buena sociedad que veranean en esta linda playa. El distinguido clubmann D. A. Levison, que como dije en una de mis anteriores crónicas, pasa la época actual, como de costumbre, en esta playa, ha organizado para el próximo lunes, festividad de Nuestra Señora de Begoña un baile de confianza.

Este se celebrará en el magnifico salón del balneario de los Baños de Mar Bilbaínos. A la fiesta habrán sido ya invitadas por su simpático organizador, las distinguidas familias que habitan en Las Arenas, y por descontado se puede asegurar que el baile será magnificó, y la perspectiva de tan agradable fiesta habrá llevado la alegría a la gente joven que arde en deseos de divertirse. Según, mis noticias, el señor de Levison tiene empeñó en que estas fiestas se sucedan para solaz de la buena sociedad que aquí reside, y si esto es asi y logra sus laudables propósitos, puedo afirmar que obtendrá el más completo parabién de los veraneantes.

Y ya que hablo del Gran Hotel de los Baños de Mar Bilbaínos, en donde va a celebrarse tan agradable fiesta, diré que se halla muy animado, y más teniendo en cuenta el estado, anormal por que atraviesa la nación, Entre las numerosas familias que han llegado últimamente se encuentra la señora de Ugarte y sus hijas que han venido de Madrid. El distinguido director de la escuela de Arquitectura de Madrid, D. Federico Aparicio, con su apreciable familia. La señora, de Godó e hijas, procedentes de Barcelona, donde fijaron hace tiempo su residencia; D. Eduardo Meléndez y familia de Zaragoza; D. Ramón de la Peña y familia de Madrid, y otras distinguidas personas cuyo nombre siento no recordar.

Pero, cuando la animación llega a su colmo en este, elegante establecimiento, es en los días festivos, en que se ocupan todas las mesas de la terraza, por conocidas familias bilbaínas, que van a disfrutar de las brisas marinas y de la admirable perspectiva, que desde aquel punto se divisa, y sobre todo de la buena mesa, pues el simpático Ángel, general en jefe de la cocina, es un verdadero maestro en el arte culinario. Esto, unido a la amabilidad exquisita de los señores de Larrazabal, dueños del establecimiento, hace que este sea preferido por la buena sociedad bilbaína y forastera.

Entre las distinguidas personas que últimamente han llegado a esta playa, se encuentra senador vitalicio bilbaíno D. Martin Zabala, a quien tanto debe Vizcaya, pues no descansa un momento en cuantas ocasiones son necesarios sus servicios para beneficio de la provincia.

Los demás hoteles y fondas se ven también muy concurridos, y el establecimiento de Baños de Mar Calientes «Las Delicias», al que acuden muchísimas personas en busca de alivio para sus dolencias, y donde encuentran agradable trato.

En mi próxima crónica daré a los lectores cuenta de lo más saliente que ocurra, y sólo les diré, para terminar, que si la romería del domingo último en Lamiaco fue un verdadero maremágnum» de gente, la que se prepara para el próximo domingo en la avanzada de Algorta, no lo será menos. Firmaba la crónica un tal, Juan de Amorebieta...” (El Nervión del 10 de agosto de 1898). Juan de Amorebieta era el seudónimo utilizado por el escritor, poeta y periodista vasco Juan Iturralde y Suit para firmar sus crónicas estivales y artículos periodísticos en ese diario.

En el pleno del Ayuntamiento de Getxo del 10 de agosto de 1898, se daba cuenta de: “...La renuncia del vocal asociado, D. José Ignacio Sarria, fundándose en que ha pasado la edad de sesenta años. Por lo que el Ayuntamiento de Guecho acuerda proceder al sorteo para cubrir dicha vacante...”

En la próxima entrada de esta serie veremos como, se realizaban las obras de reposición de las Escuelas de Getxo.

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