En la anterior entrada de esta serie sobre el último cuarto del Siglo XIX veíamos como, el pleno municipal trataba sobre las ayudas realizadas para personas pobres atacadas de viruela.
Seguían los actos dedicados a las armas y la prensa bilbaína anunciaba: “...Hoy, mañana y el lunes tendrá lugar en parroquia de San Nicolás de Bari de Algorta, un triduo con sermones, que terminará con una solemne procesión a la capilla de San Ignacio, y regreso s la parroquia, a fin de implorar de la Virgen de las Victorias el triunfo de nuestras armas....” (El Noticiero Bilbaíno del 28 de mayo de 1898).
En la prensa bilbaína, también, se publicaban anuncios referidos al barrio de Las Arenas: “...Velocípedos.- En Las Arenas, calle Mayor, se ha abierto la sucursal de bicicletas de R. de Damborenea. Alquiler y reparaciones...” (El Nervión del 29 de mayo de 1898).
Y como en aquel final de mayo de 1898, las noticias referidas a nuestra Anteiglesia escaseaban, una simple esquela servía para ver con cuanto detalle informaban de los acontecimientos luctuosos: “...Ha fallecido la Sra. D. Higinia Eguia y Berreteaga. El día 28 de mayo de 1898, a las cuatro de la mañana, su esposo D. Bonifacio Zarate, el cadáver será conducido al camposanto de Algorta, hoy día 29 a las cinco de la tarde. Los funerales en sufragio de su alma se celebraran en la parroquia de San Nicolás de Bari, el miércoles 8 de junio...” (El Noticiero Bilbaíno del 29 de mayo de 1898).
Y sin embargo otros asuntos festivos llamaban a la puertas, estaban a punto de comenzar los romerías en Bizkaia, y la prensa contaba algo sobre aquellas celebraciones, y de como los hábitos de diversión iban cambiando: “...Comienzo de las romerías. Porque mañana es el comienzo oficial en Vizcaya de las romerías que se suceden sin interrupción desde los castañares de Castrejana y el alto de Santa Lucía del Yermo, hasta la campa de San Fausto, allá, a la caída de la hoja, cuando el otoño comienza a señalar las negras tristezas del invierno. Las romerías que se celebran en el castañar de Castrejana y en Santa Lucía de Yermo, suelen ser de las más concurridas. A la primera, dados los fáciles elementos que hay de transporte, acude numerosísima concurrencia que por la tarde de regreso converge en La Casilla.
Antiguamente esta romería tenía su parte final en la campa de Basurto, pero hoy nos hemos aristocratizado y ya no nos hacen efecto guitarras y violines tañidos sor ciegos más o menos auténticos y después del almuerzo bajo los castañares, viajamos en tracción eléctrica y nos refocilamos a los candenciosos acordes de una habanera o los rápidos de una polka.
Los que acuden a Santa Lucía de Yermo, son los más impertérritos de nuestros vecinos, que siguen rindiendo culto a las viejas costumbres. Tras un viajecito en tren hasta Llodio y luego de empechugar aquella interminable cuesta hasta la ermita, existen todavía algunos bilbaínos “araganes” que por el Pagasarri van tomando la fresca. Cerca de las neveras un traguito y hala que hala hasta Santa Lucia. Así que habrá que cantar el domingo la viaja copla de “Vamos al frontón”, pues se anuncia una solemnidad pelotística en el frontón Euskalduna...” (El Nervión del 29 de mayo de 1898). Quizá para subir aquellas cuestas fuera necesaria la ayuda, que rimara “Campoamor:
“...En las cuestas arriba
Quiero mi mulo,
Que las cuestas abajo
Yo me las subo...”
Aquellos versos eran publicados en la revista bilbaína “Ecos Literarios” de 1898-1899.
Y aquí, en casa, seguro que sonaron bien los compases, que la Banda de Portugalete, la “Euterpe”, interpretaba en la Plaza del Solar, ya que no eran tiempos de gran diversión: “...En el día de ayer comenzó la banda de música La Euterne, de Portugalete, a tocar en la plaza. Según nuestras noticias, seguirán tocando los domingos y días festivos amenizando el paseo del muelle de Churruca con sus tocatas...” (El Noticiero Bilbaíno del 30 de mayo de 1898).
Los temporales de viento, al igual que los actuales, a veces daban sustos, que afortunadamente terminaban bien: “...La balandra Concha, que ayer mañana navegaba con rumbo a Bilbao, fue empujada por el fuerte viento que reinaba contra la punta de la Galea. Ante el temor de un choque, los tripulantes pidieron auxilio al gánguil “San José”. Cuando este iba a prestárselo, una ráfaga de viento favorable puso en ruta a la balandra, sin más consecuencias...” (El Noticiero Bilbaíno del 30 de mayo de 1898).
Una carta desde Algorta, venía a animar la escasez de noticias en prensa referidas a nuestra Anteiglesia: “...En el periódico de su digna dirección, y en el extracto de la sesión celebrada el miércoles último por la Excma. Diputación, daba usted cuenta de haberse acordado conceder la pensión de 1600 a 2000 pesetas, por uno o dos años, a D. Miguel García de Salazar, para continuar sus estudios de escultura.
Con respecto al joven D. Miguel, hijo de este pueblo, puedo decirle que no estará mal empleada la pensión que a el pueda dársele, pues así lo demuestran las varias certificaciones presentadas a nuestra Corporación Provincial, y especialmente la expedida por la docta Real Academia de San Lucas, de Roma.
Según telefonema recibido de Barcelona, en la Exposición que allí se celebra ha obtenido el señor Salazar una segunda medalla por su hermoso trabajo escultórico titulado “Desierto”, siendo ésta la primera obra presentada por tan inteligente joven...” (El Noticiero Bilbaíno del 30 de mayo de 1898). El escultor algorteño Miguel García de Salazar Pinedo (1877-1959), el 6 de mayo de 1898, solicitaba a través de su padre una subvención a la Diputación de Vizcaya para continuar sus estudios de escultura en Roma. Su composición “En el desierto”, dos años más tarde, figuraría en la Internacional de Munich. Le seguirían obras como “Prometeo”, el monumento a Churruca, en el muelle de Las Arenas; también con obras funerarias como el Panteón de la familia Basagoiti del cementerio de Bostgarrena de Getxo.
Continuaba aquel escrito con la información del “Triduo a las Armas” celebrado en el barrio de Algorta: “...Ayer dio principio en la parroquia de San Nicolás de Bari, de este pueblo, el solemne triduo dispuesto para implorar de la Virgen Santísima el triunfo de nuestras armas. Comenzó la religiosa función con la exposición de S. D. M. rezándose a continuación el Santo Rosario. Seguidamente ocupó la catedra sagrada el profundo orador R. P. Sabino de la Natividad, religioso trinitario del convento de este pueblo.
Dio principio a su sermón bajo el tema siguiente del libro de los Macabeos: «Morir en el campo de batalla defendiendo a la patria es preferible a sufrir humillaciones, recordando a los valientes marinos de Cavite, que murieron en lucha desigual sin rendirse.
Terminado el sermón, tuvo lugar el ejercicio de las flores de Mayo, cantando la capilla parroquial bajo la dirección del organista de la misma D. Pablo Mugica, finalizó el primer día del triduo con la bendición del Santísimo. En la tarde de hoy, segundo del triduo, el encargado del sermón es el presbítero D. Rufino Iturriagoitia...” (El Noticiero Bilbaíno del 30 de mayo de 1898).
En la próxima entrada de esta serie veremos como continuaba aquel triduo religioso en Algorta.




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